Esta antología parte del reto lanzado por la página de Facebook Lo que callamos los fanfickers.
LO INEXPRESABLE
—el placer de los sentidos—
Reto III
Viñeta de romance
"Instinto"
Oob x Pan
Las pieles no son del color que acostumbran; lucen distintas, idénticas la una a la otra: están rojas. Las manos tiemblan contra las manos, entrelazadas, y el sudor que desprenden es el mismo. Los nervios son extremos como siempre demuestran serlo ante lo desconocido, y pese a ello no, ya no pueden más: debe suceder. Se aproximan, así, boca y boca, y en el último segundo una, la de ella, retrocede. El beso no se concreta.
—¿Pan? —susurra Oob al abrir los ojos y notar cómo su flamante novia mantiene el rostro hacia un lado y los párpados apretados en demasía—. ¿Qué...? —No pregunta; se detiene. La entiende, pues está tan avergonzado como ella por esto que estuvo a un nervioso ademán de suceder. La suelta, y ella se lanza hacia atrás, sin aire, ofuscada consigo misma. Él la observa: siempre tan orgullosa, tan viva, tan distinta al resto. Una muchacha encantadora—. No te preocupes —dice él entonces, rascándose la nuca en un gesto similar al de su maestro, el mejor, Goku—. También será mi primer beso y no sé muy bien cómo se hace, pero...
Ella es una adolescente; tiene una vida de entrenamientos y dedicación por delante. Él tiene algunos años más, y esta situación le es un tanto desesperante, desear tanto besar a esta muchacha que siempre le ha gustado y no haber besado nunca a nadie en pos de aprender. Resguardar el primer beso para la chica a la que ama, quizá, no fue buena decisión. ¿O sí? El arrepentimiento le dura un instante; al siguiente, se disipa: así estuvo bien.
—Lo siento —dice Pan repentinamente. Su boca está arrugada y la furia se le nota a kilómetros—. ¡Ah! ¡No sé! —La ve sujetarse el cabello, revolvérselo, vociferar palabras inconexas—. ¡No sirvo para esto! Soy buena para pelear, o sea, pero…
Él ríe, enternecido. Es tan auténtica, tan bonita, tan pura como el agua del lago que está cerca de allí, ese a donde van a pescar con Goku de tanto en tanto. Es, ella, sinónimo de naturaleza: salvaje, bella y genuina como sólo la naturaleza puede serlo en un mundo tan confundido en superficialidades.
—No digas eso —dice él. Si bien está nervioso hasta lo indecible y jura que le tiembla la voz cuando habla, intenta mantenerse firme, maduro, cálido. Intenta ser el hombre que, considera, Pan se merece tener—. Es normal que estés nerviosa.
—¡Es que me enfurece ser tan… torpe!
Están sentados en el suelo: de fondo, el atardecer de Paoz se muestra en total esplendor. Llevan ropa de entrenamiento, y ni un puñetazo han dado, no hoy; han dedicado la tarde entera a observar el cielo, a explorarse con caricias inocentes sin atisbos de voluptuosidad, a susurrarse diálogos inexpertos. Entonces él le pidió besarla y ella dijo que sí. Y entonces esto, ella mirando el piso, irritada; él mirándola a ella y preguntándose cómo puede algo tan perfecto ser real.
Las manos de él sujetan las de ella, así, guiadas por esta fascinación que ella le provoca, por esta necesidad de tocarla, de tenerla, de saberla a su lado en la posteridad.
—Pan, mírame. —Ella se toma unos segundos para hacerlo. Cuando lo mira, él siente que el corazón se le sale del pecho—. Sólo dejémonos llevar.
—¿Y cómo sabes que así funcionará?
—Eh… ¡Es lo que todos dicen!
—¿Y si mienten?
Él aprieta los párpados sin saber qué más decir. En un brote de impulsividad, sigue:
—¿Aún quieres? —pregunta, tapado por el rojo pero sonriendo de oreja a oreja, sus ojos negros exhibiendo ante Pan una latente ilusión.
Ella se paraliza: qué sonrisa tan bella y cuánta dulzura expresa la mirada. Qué le transmite este muchacho, hasta hace poco su rival en la lucha por ser el mejor alumno de Goku; ahora el chico que, con dulzura, la convenció de este vínculo. ¿Cómo pasó? ¿De qué manera? Y los ojos de él brillan tanto que ella, por un instante, logra ver su propio reflejo en las pupilas. Impactada, entrecierra los ojos: ¡sí, se ve a ella! Allí está, en el centro, y poder apreciarse en sus ojos, por algún motivo, la conmueve, tanto que sus brutas manos saiyajin aprietan con ahínco las manos de Oob. Cierra los ojos; él se anima.
Las bocas se acercan, se rozan, se posan en la otra y así se quedan, pegadas, sintiéndose. Las manos se aprietan más, y cuando los latidos aceleran como si estuvieran en pleno entrenamiento, volando por los cielos y no con los pies sobre la tierra, las manos terminan por soltarse. No entienden qué hacen, pero lo hacen y al mismo tiempo, sin acuerdos previos: se abrazan. Al apretarse y percibir el corazón del otro golpeteando contra el propio los inunda la misma alegría; ésta, impetuosa, se transforma en algo que les es conocido: calor. Y no: este calor no es como ese de los entrenamientos, cuando la sed los mata y el sudor los incomoda; es un calor feliz, uno que se siente bien; uno que, por algún motivo, desean pronunciar. ¿Pronunciarlo? Ella sospecha el porqué; él lo sabe a ciencia cierta. Estampan sus labios tres veces, cuatro, algunas más, hasta separarse. Al mirarse de nuevo luego de un sepulcral silencio, de un momento de necesaria respiración, están iguales que al principio, rojos.
Él, feliz, ríe como un niño. Ella se enfada por su risa, el ceño fruncido una impronta saiyajin.
—¡¿Tan mal lo hice?! —cuestiona, ofendida.
Y él no lo resiste: la atrae, la estrecha y la besa de nuevo. Desprolijamente, sin abrir la boca, pero lo hace.
—Jamás —responde.
Una última mirada antes de ceder una vez más: se miran y ven en el otro el reflejo en las pupilas. ¿Simbolizará lo que parece? Reflejarse; sentir lo mismo y con la misma intensidad. Sin más, se besan, y el instinto los guía en las caricias, en los latidos, en el lazo que juntos empiezan a construir.
Nota final
¡Oob x Pan! Me encantan, los dos. Me encanta él porque me parece tan noble y tan dulce que quiero abrazarlo y no dejarlo ir. Me encanta ella, por su parte, por lo auténtica que es. Son preciosos y se complementan, siento. Creo que son una pareja muy hermosa y muy desaprovechada en el fandom.
Fue un placer volver a usarlos luego de Triángulo. n.n
Quise darles un momento tierno, dotarlos de un calor distinto por ser tan jovencitos. Pensé en que éste sea el primer calor «feliz» compartido, cuando besás a alguien por primera vez y sos más instinto que experiencia.
Espero les guste.
Para inspirarme escuché la canción de amor que siempre me hace suspirar y ser feliz, Eres de Café Tacuba. Es una canción HERMOSA, y me ayudó con este amor adolescente. Se las recomiendo.
Se lo dedico a dos personas: Zary, porque los ama y los escribe maravillosamente, y Esplandian, que si mal no recuerdo tiene gusto por esta pareja. ¡Dedicado a las dos, hermosas!
Mil gracias por sus comentarios, ¡los aprecio de corazón! Y sin más me despido. Mañana viene un oneshot MUY retorcido, MUY oscuro y con un contenido que a mucha gente no le gusta, pero que a mí me encanta: el yuri.
Nos leemos en el próximo. n.n
Dragon Ball © Akira Toriyama
