Esta antología parte del reto lanzado por la página de Facebook Lo que callamos los fanfickers.
Advertencia: el siguiente oneshot contiene temáticas yuri, es decir contenido sensual entre dos personajes femeninos.
LO INEXPRESABLE
—el placer de los sentidos—
Reto X
Todo lo que pasó en tu día más fantasía
"Amor"
Bra x Pan
«El prejuicio es hijo de la ignorancia».
(William Hazlitt)
—¡Odio esto, odio todo! ¡Odio! —exclama la muchachita a metro y medio de la puerta—. Bra, me voy. ¡Me voy!
—¡Ah, Pan! No seas boba: quédate. ¡Te irá bien, eres inteligente!
—¡No! ¡No quiero!
Algunas de las personas amontonadas junto a la puerta del aula giran hacia ellas: por supuesto, las reconocen. Pan y Bra, heredera de Mr. Satán y la heredera de la Corporación Cápsula; verlas es como ver gente de la realeza. Bra refunfuña por las miradas, pues no las tolera: ve cómo las miran y se percata de que hay rechazo en cada ojo que observa. ¿Pero por qué? Para ella, no hay motivos para sentir rechazo por ellas. ¿Acaso ellas eligieron nacer en el seno de esas familias millonarias y prestigiosas en dos ramos tan distintos como la lucha y la tecnología? No lo pidieron; sucedió, y nadie tendrá nunca derecho a verlas así.
Al fin y al cabo, son dos personas más entre mil.
¿O…?
—Son Pan —se escucha. Es el profesor —. Son Pan, adelante.
Pan avanza hacia el aula apretando los dientes, temblando mientras lo hace; los nervios se la están engullendo de un bocado. Bra ríe con cierto tinte de burla: así es la atolondrada Pan, de esas personas que no pueden sobrellevar la presión, que no toleran el fracaso, que se sobre-exigen al ciento por ciento. Una muchacha nacida en cuna de oro, nieta de a quien todos creen el campeón mundial, nieta del salvador del mundo, el segundo —primero Vegeta, su papá— guerrero más poderoso. Allá va, como una más, genuina y humana Pan, la persona más encantadora y testaruda que conoce.
¿Cómo no quererla?
Bra adopta la actitud de su padre: se cruza de brazos y se apoya contra una pared con gesto severo, la reina de la antipatía. Se dice, en los minutos que tarda el examen final de Pan, que es curioso lo que ha pensado antes de que su amiga entrara, en eso de que son dos más entre mil. ¡Qué extraño pensarlo así! Sentirse una más cuando sabe que no lo es, verse en una marea de gente y sentirse parte de ella. ¡Jamás! Bra sabe que su sangre, su personalidad, su inteligencia, que todo lo que sus padres le han heredado la hace distinta. No vive esa diferencia como una condena ni mucho menos; la vive con naturalidad. Aun cuando no siente por su lado saiyajin una pasión que la lleve a entrenar, sí siente orgullo, y mucho, de saberse parte de la raza más poderosa del universo. Y aunque le aburre hablar del tema, pues prefiere hablar de ropa, accesorios y electrónica, ser una princesa se siente bien. Y no: esa gente que incluso ahora la mira con rechazo no le interesa en lo más mínimo; nunca perderá el tiempo pensando en vidas ajenas; prefiere pensar en la suya y lo que le interesa. Los demás, bah.
Prefiere pensar en su nerviosa amiga, siempre tan visceral esa Pan a la que tanto quiere aun cuando no sea a la hora de expresarlo la más hábil de las personas. Herencia familiar, tal vez. Siempre la molesta, le hace burlas, la provoca, la contradice, le pelea todo cuando piensa para verle el ceño fruncido; le encanta pelearle hasta llegar a un punto donde sólo queda reír.
Le encanta todo.
Le encanta Pan.
Cuando la muchacha sale está nerviosa hasta lo indecible. Bra la observa a la distancia: un profesor asoma, le entrega su libreta y anuncia el veredicto, está aprobada. Pan agradece sin sonreír, temblando. Se aleja, y todas las miradas la siguen: bah, la aprueban por su abuelo, también por su papá; no la aprueban por ella en sí, por su esfuerzo, sino por haber nacido en la cuna adecuada, por su nombre y no por sus méritos. Pan se fastidia al escuchar las habladurías; Bra siente cómo el ki de su amiga da un respingo. Corre hacia Pan, la sujeta del brazo, se la lleva entre risas.
—¡No vas a decirles nada, niña! —dice Bra—. Déjalos, son envidiosos.
—¡Pero a mí me cuesta tanto como a ellos! ¡Odio que den por supuesto que todo lo que me pasa me llueve del cielo! ¡No es fácil!
—Y tú lo sabes y yo lo sé. Que se vayan al carajo estos estúpidos.
—Pero...
—¡Ay, Pan! ¡Basta! Si insistes en estas tonteras te llevaré de compras sólo para fastidiarte.
—¡No!
—Entonces deja de hacer fuerza para que no te mueva. Camina y vamos por un licuado.
Eso hacen: abandonan el edificio de la prestigiosa universidad, van hacia la esquina, doblan a la derecha y caminan media manzana. Se detienen en Pride, una pizzería y cafetería. Pan pide un licuado de frutilla y Bra uno de ananá. Los beben en silencio, Bra mientras mira en su tableta marca Cápsula la página de su revista de modas predilecta; Pan con el ceño fruncido y los brazos cruzados, odio en todo su ser.
Bra levanta la vista. Sonríe.
—Estoy a punto de llevarte al centro comercial.
—No me importa.
Bra larga una carcajada.
—¡Claro que te importa! Odias ir allí, odias que elija vestidos para ti, odias que tarde dos horas elegir una prenda luego de probarme todas las del local, odias que te lleve a casa y haga un desfile de modas para ti, odias...
—Odio a esta gente estúpida que da tantas cosas por supuestas sin ponerse a pensar detenidamente en ello. Odio a la humanidad...
Bra se exaspera, sí, pero al mismo tiempo no puede evitar sentir ternura. Con total confianza, sujeta un brazo de Pan: está tenso, duro como una piedra.
—No seas tontita, Pan. No les tienes que hacer caso. Sí, ellos dan por supuesto que nosotras tenemos ventajas y ventajas por venir de las familias que venimos, y también dan por supuesto mil cosas de otras mil personas: que algunos son buenos alumnos porque son de mente privilegiada, que otros buenos alumnos son buenos no por serlo sino por tener alguna simpatía de un profesor, que esos alumnos a los que les va mal son vagos... ¡Y no! Son estupideces: cada caso es diferente y no podemos decir que las cosas siempre sean así. A la gente le encanta suponer y le encanta juzgar, le encanta que todo tenga una explicación superficial. ¡Sólo son insectos! Como dice mi papá: insectos, todos insectos, porque no tienen la capacidad de observar más allá de lo obvio. ¡Ellos se lo pierden! Olvídalos y deja de hacer respingar tu ki. Tu papá se preocupará si lo siente; estamos cerca de su trabajo.
Pan no cambia el gesto ni afloja sus brazos; se limita a calmar su ki luego de un minuto de luchar contra éste. Bra vuelve a apretarle el brazo.
—Vamos al centro comercial. ¡Y no acepto un no! Te fastidiarás tanto que olvidarás a esos imbéciles.
Terminan los licuados y se van al centro comercial más cercano, a unas diez o quince manzanas de ese lugar, lo hacen viajando en la nave rosa eléctrico que Bra recibió en su décimo octavo cumpleaños. Llegan al lugar, entran, miran vidrieras en planta baja, luego en el primer piso, luego en el segundo. En el tercero es donde Bra se enamora: en un local de ropa formal, un vestido fucsia la hace enloquecer.
—¡Lo necesito! —exclama.
Entran.
La vendedora es una mujer de unos treinta años, joven, delgada, piel bronceada y cabello castaño. Bellísima, aunque insulsa a ojos de Pan. Es muy amable y sostiene detrás de Bra todas las prendas que ésta saca de los distintos percheros. En su mayoría, sacando algún que otro pantalón, alguna que otra falda y alguna que otra blusa, son vestidos. Pan camina detrás de ellas con el mismo gesto del último rato: fastidiada, deprimida, aburrida. Bra todo se lo nota sin siquiera mirarla; la percibe.
Como siempre.
Los probadores son inmensos así como el espejo que tienen al frente. Cada uno tiene un perchero de lado derecho. La vendedora acomoda todas las prendas en éste; Bra le da la espalda, dispuesta a probárselo todo. Antes de que la empleada cierre la gruesa cortina negra, Bra, sin mirarla, altiva como la princesa que es, dice una cosa más:
—Entra, Pan.
La empleada titubea; Bra lo nota a través del espejo. Pan ni se inmuta, avanza sin más. Bra la sujeta del brazo. Mira a la vendedora a través del espejo:
—¿Iba a decirme algo?
Bra sabe que la mujer la reconoce como la heredera de la Corporación Cápsula, nieta del Dr. Brief, hija de Bulma Brief, hermana de Trunks Brief. Lo sabe, pero no denota rechazo en su mirada; como buena vendedora, sólo la lleva el deseo de venderle a tan importante heredera todas las prendas posibles. A los ricos, sabe, hay que cumplirles sus caprichos, y si bien por política del local no aprueban que al vestidor entre más de una persona, se los permite. Lo hace sonriéndole a la potencial compradora, a la joven y hermosa heredera:
—Nada, señorita. Sólo le recuerdo que si necesita algo puede avisarme.
Victoriosa, Bra le da la espalda.
—Excelente, gracias.
Y la vendedora cierra la cortina.
Bra se quita la ropa con soltura y encanto; Pan ni la mira. En ropa interior, Bra le busca los ojos.
—¿Qué esperas? —pregunta.
—¿Para qué?
—¡Pues para sacarte la ropa! Anda, sácatelo todo y probémonos cuantas prendas podamos.
Pan no abandona el gesto.
—No quiero.
—¡Ay, Pan! ¡Anda! Será divertido.
—Para ti.
—¡Y para ti también puede serlo!
Y el gesto cambia, ahora; el gesto se convierte en una llama de furia.
—¡¿Por qué la gente no puede entender que hay cosas que duelen y que no podemos dejar de lado así como así?! ¡Probarme ropa no cambiará nada! Sigo enfadada, sigo odiándolos, sigo despreciando a la gente que me juzga sin derecho... ¡Siempre es lo mismo, cada vez que me reconocen y empiezan a decir estupideces! ¡Estoy harta! ¡Estoy triste!
Bra no deja un segundo de sonreír; Pan no la observa. Bra sabe qué debe hacer en estas circunstancias: Pan es un libro abierto aun cuando odie serlo con cada fibra de su ser.
Pincharla: eso debe hacer.
—¿Triste por qué? Explícate, niña.
—¡Porque ellos no saben! No es fácil para mí, nadie me regala nada... Estoy estudiando para poder hacerme cargo del legado de mi abuelo Satán en todos los aspectos. Sé que no lo hago por pasión, que no me gusta la administración, pero lo hago poniendo mi mejor esfuerzo. ¡Y me cuesta mucho! Estudio tanto o más que el resto, me mato, me destrozo, me esfuerzo más de lo que soy capaz para hacerlo bien, para poder lograr aprobar... ¡Y me dicen que seguro todo me lo perdonan por ser la nieta de mi abuelo! ¡Y no! Ya quisiera yo tener la capacidad de mi papá; no la tengo, nunca la tendré, ni para estudiar ni para pelear... ¡Por eso me esfuerzo tanto, en todo! ¡No soy un talento nato! ¡Y DETESTO QUE DEN POR HECHAS COSAS QUE SON MENTIRA! ¡Odio que me juzguen! ¡Odio que me miren así! ¡Odio que den por sentado que todo me llueve del cielo cuando me mato más que nadie en este maldito mundo para que las cosas salgan bien! ¡LO ODIO!
»Odio que opinen de mí y me cataloguen sin siquiera conocerme...
—Y yo odio este vestido azul. ¿Para qué mierda lo agarré? —dice Bra sin más, despreocupadamente, sosteniendo el vestido sobre su cuerpo—. Ya sé: pruébatelo.
Y se lo da a Pan, quien lo sujeta sin comprender.
—¡¿No me estás escuchando?!
—Sí, Pan: odias al mundo porque te juzga sin conocerte. ¡Ah, qué cosa tan extraña! Todos odiamos eso en mayor o menor medida.
—¡Pero eso no quita que me duela!
—Claro que te duele, ¡no estoy diciendo que no, eh! Pero sabes, en lo más hondo de ti, que no deberías sufrir por esas tonteras.
—¡No son tonteras! ¡Me duelen! ¡Y odio que siempre le restes importancia a las cosas que me duelen! ¡Yo no te hago eso a ti, Bra!
Y Pan amaga con escapar.
Y Bra la detiene al tomarla en sus brazos y hundirla en su pecho.
—¿Qué haces? —pregunta Pan sintiendo cómo Bra la aprieta con fuerza desmedida, con sinceridad, con entrega.
Con amor.
—Te consuelo. Ya que nada de lo que digo sirve, bueno, te abrazo. ¿Está bien? Relájate dos minutos, ¿quieres? Relájate…
»No pienses más en esos estúpidos; piensa en mí.
Pan refunfuña; a veces pareciera más hija de Vegeta que nieta de Kakarotto. Bra no escucha nada más; de un segundo al otro, nada. Pan está relajada en sus brazos, disfrutando el calor de su amiga, sin llorar y sin quejarse, sin emitir más sonidos que los que suscitan su respiración y su corazón. Es el último el que toma protagonismo: el corazón de Pan bombea cada segundo con mayor intensidad, chocando de frente con el corazón de Bra, al que le pasa lo mismo. Se abrazan con toda la fuerza que tienen en sus cuerpos, sin decir nada, sin hacer; sintiéndose y nada más.
Bra sonríe, divertida. Son amigas desde que tienen uso de razón, siempre se han mantenido juntas pese a que son, ni más ni menos, el agua y el aceite. Pero siempre han funcionado; nunca ha conocido, en su vida, un vínculo tal con otro ser. Es como si los corazones, al latir uno contra otro, dijeran todo lo que las palabras no podrán decir jamás. A veces le sorprende lo poco que debe dialogar con Pan para comprenderla, cuán fácil es leerle loa latidos, saber qué le sucede por el brillo de su mirada. Pan no tiene misterios para ella, ¡ni siquiera cuando Pan finge para no decir! No: ni fingiendo logra engañarla. La lee como a su propia mirada en un espejo, con sencillez, sin ningún tipo de dificultad.
Es fácil sentirla una extensión de sí misma, la imagen dada vuelta en el espejo.
Es fácil amarla.
El último pensamiento la hace reír. Pan, como si de un gatito se tratase, se revuelve en sus brazos. Qué a gusto se siente Bra por estar tan adherida a su mejor amiga, apretadas las dos por un abrazo que, evidentemente, no se limita a un abrazo de mera amistad. Siempre, con Pan, se siente diferente: siente, en esos momentos especialmente emocionales, que es fácil permanecer así junto a ella, abrazarla y hacerla callar, alejarle de adelante cada duda, cada queja. Es fácil, con Pan, sentir la necesidad de abrazarla, de estrujarla en sus brazos, de cuidarla, de nunca dejarla ir. Se siente bien, le genera un consuelo: abrazarla, apretarla, besarla en la frente justo como lo hace en este preciso instante, mientras disfruta de los latidos de la muchachita —Pan es mayor; Bra siempre se siente mayor aunque no lo sea— tan desbocados contra su propio corazón.
—Tonta —le dice mientras ríe contra la frente de Pan—. A veces eres muy tonta…
—No soy tonta…
—Sí que lo eres, tonta.
Y se miran. Y Bra se ríe. Y los latidos surten efecto. Y besa en los labios a Pan por un segundo, no más. Al alejar su boca de Pan, ésta está roja como un tomate.
—¡Bra, qué…!
—¡Ay, Pan! No me vas a decir que te da vergüenza que tu mejor amiga te bese.
—¡Claro que me da vergüenza! ¡No es normal!
—¡Al carajo con eso! No es que quiera acostarme contigo, tonta. ¡No se trata de eso; es un simple beso!
»Te lo di porque te quiero, no por algo más.
Pan no logra calmarse; Bra estalla en sonoras carcajadas. Tironea la ropa de Pan en total atrevimiento.
—¡Así que deja de chillar y vamos a probarnos la ropa! Anda, antes de que la vendedora nos asesine.
Sin más, Bra se prueba una cantidad alevosa de ropa; Pan sólo acepta probarse dos pantalones. Al final, Bra sólo compra el vestido fucsia de la vidriera. La vendedora no parece, al despedirlas, demasiado feliz. Al avanzar hacia las afueras del centro comercial, bajo gorros y con lentes oscuros, Pan frena un instante. Bra lo hace a dos pasos de ella.
—¿Qué sucede? —pregunta la princesita.
—Bra… —Pan se sonroja y Bra ya lo entiende: va a decirle lo que, efectivamente, le termina diciendo—: gracias. Me diste mucho ánimo.
—¡Para eso estoy! Ahora camina, ¡quiero hacerle el desfile de modas a papá!
—¡¿Qué?
—¡Sí! ¡Y tú me ayudarás!
Ríen como locas. Al final, mientras camina, las manos se unen solas. No es amistad ni tampoco un sentir cercano a lo erótico; a veces, esa palabra no parece abarcar la amplitud de su vínculo. Tampoco es de hermanas el amor que Bra le tiene a Pan y que bien sabe es recíproco.
A veces, simple y llanamente, la siente su mitad.
Su persona especial.
Su amor.
Nota final
¡Hola! Este reto lo empecé ayer y estaba dispuesta a terminarlo, pero no llegué, así que su contenido no refiere a hoy.
No, no rendí un final (?). Simplemente fui a que me firmen la libreta con la nota de una de las materias que promocioné. Estoy muy cerca de recibirme, falta poco, y estaba muy feliz ayer por la mañana. Sin embargo, mientras esperaba la firma en mi libreta veía cómo otras personas presentaban finales, y por favor, qué nervios se le ve a la gente cuando eso está por ocurrir. Quise imaginarme esta situación hipotética entre Bra y Pan y divertirme un poco.
Pienso que a Pan le importa lo que piensen los demás, eso es lo que Pan GT dejó en mi cerebro: Pan siempre pareciera jactarse de cosas, pero en el fondo es una chica sensible, no es tan de hierro como finge, y tiene cosas típicas de una chica jovencita: fingir que no le importa algo que sí le importa. Más de una vez le hice tener esta actitud, y si lo hago es porque lo veo posible en ella. No sé, mi interpretación.
Sobre Bra, pienso que ella es muy Vegeta y muy Bulma, pero hay gente que se olvida de un detalle de ella al escribirla: Trunks. No Trunks como hermano que le provoque alguna influencia, sino Trunks como el otro hijo de Vegeta y Bulma, como el ejemplo más cercano que tenemos para plasmarle una personalidad (nula en sus pocas apariciones en la serie). Si bien la imagino con más carácter que Trunks, también veo empatía en ella, una empatía parecida a la de su hermano aunque con sus variantes. La siento menos sensible que Trunks, pero pienso que se preocupa por la gente a la que quiere pese a que pueda parecer un poco fría a simple vista. Pienso que es buena mina, al fin y al cabo.
Y eso. ¡Espero les guste! Quise escribir algo que no fuera erótico, sino que partiera del vínculo emocional de ellas dos. ¿Es normal que una amiga bese a otra para darle cariño? Bueno, si leyeron Triángulo recordarán a Susu, que besaba a todo el mundo como si fuera su pareja. La basé en mi mejor amiga. XD Con eso les dije todo, supongo. XD ¡Para mí es algo natural! XD
Mañana… Mañana es especial para mí: voy a publicar algo que será parte de Pecados en la Sangre. ¡Sí! ¡Un fic de mi fic! XD Como vengo diciendo, hago esto para divertirme, estos retos son parte de mi diversión este mes, así que voy a hacer algo sobre Pecados por mero disfrute. OBVIAMENTE, la pareja será Trunks x Pan.
Nos leemos pronto. n.n
Dragon Ball © Akira Toriyama
