Esta antología parte del reto lanzado por la página de Facebook Lo que callamos los fanfickers.
LO INEXPRESABLE
—el placer de los sentidos—
Reto XIII
Oneshot de romance más NOTP
"Descubrimiento"
Bra x Marron
—Bra, muchas gracias por invitarme —dice Marron con las mejillas rojas y una sonrisa en los labios, tan feliz como apenada.
Bra está conduciendo; han ido de compras juntas al centro comercial por primera vez desde que Marron es novia de Trunks, acontecimiento que, al suscitarse, trajo consigo infinita felicidad en el seno de los Guerreros Z. Que dos de los hijos que nacieron dentro de ese viejo grupo de amigos se enamoraran no pudo más que traer profunda alegría y nostalgia a todos.
Todos, menos ella.
—Bah, ¡somos cuñadas! Está bien que salgamos juntas. ¡Que se repita, oye! —responde Bra al voltear un momento hacia su acompañante—. Cuando lleguemos a casa nos probaremos todo.
Todos, menos ella, aunque ella no sea, aún, capaz de reconocerlo.
Llegan, bajan del auto y las cosas suceden mecánicamente, por costumbre e inercia. Un café en la cocina y luego al cuarto de la princesa de la casa. Una vez allí, Bra siente en su interior algo que ya ha sentido, una sensación que le oprime el pecho siempre que es Marron quien está cerca en ese preciso lugar, a solas con ella. ¿Por qué? Marron no le cae mal, ¡al contrario! Marron siempre le ha caído bien y no puede sentirse mejor con el hecho de que ahora sea su cuñada. ¡Y cuánto se miente! Pues hay algo que sí le molesta, en realidad, aunque no sabe qué ni por qué. Simplemente se limita a esto, sentirlo, saberse incómoda con algo de la situación.
Una dulce melodía de rock viejo y experimental la distrae de sus pensamientos; el teléfono celular de Marron está recibiendo una llamada. Atiende y es Trunks; la sonrisa de Marron es aquello que se lo hace saber.
—Hola, mi amor...
Y se pierde en la conversación.
Bra observa a Marron mientras habla. Sonrojada, sonriente, como siempre al tratarse de Marron, una mujer de naturaleza tan tímida y cálida, dulce como pocas, y sin embargo su gesto no es igual, no, porque es Trunks quien está al otro lado de la llamada, Trunks susurrándole, seguramente, pasiones, locura, el más explosivo sentir.
Es el gesto de Marron el que genera en Bra la molesta opresión en el pecho.
Con una sonrisa cómplice perfectamente fingida, Bra avisa a Marron que se ausentará. Lo hace, se dirige a su guardarropa, que por su inmensidad constituye un cuarto y no un mueble. Ante el espejo se cambia de ropa, se pone un vestido color salmón y lo mira ante el espejo en cada ángulo posible. Sus propios ojos, no obstante, la distraen ante el reflejo. El pecho le late tanto y tan fuerte que jura que lo ve contraerse.
¿Qué le pasa?
Se siente triste, y lee en sus ojos que ha llegado la hora de responderse esa pregunta. Mientras se cambia, mientras el vestido salmón pasa a ser uno rojo y ajustado, reflexiona: Marron siempre le ha caído bien. Su relación con ella es la de un par de primas que no limitan su vínculo a la familia; siempre han sido unidas, y Bra siempre ha visto en Marron una especie de referente. Tan bella, con tan buen gusto para la moda, tan inteligente también; Marron es como esas personas intachables a las cuales nada se les puede criticar, roza la perfección en cada cosa que dice o hace. Es la persona más sincera y humana que conoce.
Para Bra, Marron es inmaculada.
Y al fin su hermano. Trunks es un malcriado, soberbio, frío, antipático, que en el fondo de su corazón oculta una bondad genuina. Marron ha sido capaz de captar esa bondad, lo ha hecho a la perfección, como si su hermano fuera un libro fácil de leer. Y, oh, no lo es.
¿Y la opresión en el pecho, entonces?
Mientras intenta alcanzar el cierre del vestido con cierta torpeza en sus ademanes, Bra descubre la respuesta en el fondo de su ser, latiendo allí, al final: ¿serán celos?, se pregunta; celos de hermana menor, como cuando tu hermano, ese con el que te vives peleando pero que irremediablemente es tu héroe porque siempre ha sido el líder del vínculo de los dos, prefiere a una externa que a ti. Cuando elige a su novia para contarle que pasó la final de tal juego, cuando la elige para mirar esa estúpida película de la infancia, cuando la elige para esas tonteras que guardan en su interior el significado mismo de lo que es ser hermanos: ser camaradas de la vida cotidiana.
Sin embargo, no.
—¿Te ayudo, linda? —escucha decir a Marron detrás de ella—. Perdón, es que me llamó tu hermano y...
Siente las manos de Marron sobre su espalda, dos manos blancas y delicadas, pequeñas manos de hada posadas sobre su piel y dispuestas a ayudarla con el cierre del vestido; las siente y entiende, al hacerlo, que no, que no son celos de hermana, sino de otra clase. No obstante, aun cuando la respuesta es evidente dado el color rojo que la invade y que la cubre, no, no es capaz de leerla.
Tiene dieciséis años. Es joven, rebelde y hay mucho de sí misma que aún desconoce, por eso es que no lee la respuesta, porque no tiene herramientas para hacerlo y la ignorancia la condiciona. Conocerse lleva toda una vida; a veces nunca termina uno de hacerlo. Bra, apenas con estas manos sobre su espalda, emprende el camino para lograrlo. Esta es, aunque no lo imagine, la primera gran pista de su vida respecto de tan complejo tópico, aquella parte ineludible de cada esencia, la sexualidad.
Y Marron con sus dulces manos blancas dentro de su vestido, acariciándola fraternalmente. ¡Fraternalmente! ¡Como hermanas, como primas, como cuñadas! Cuñadas, y la caricia la irrita, pues no es esa la clase de caricia que precisa de esas manos. Y los ojos de Marron se posan allí, en el espejo, y las dos se miran y ninguna entiende, nada.
—¿Estás bien, Bra? —indaga Marron con la empatía a flor de piel—. Te noto angustiada, ¿puede ser? ¿Por qué, si hoy, si nosotras...?
—Yo...
Y Bra se desmorona ante su propia imagen sin ser capaz de comprender la magnitud del motivo, sin leer bien la respuesta real, aunque sabiendo que su angustia, esta que Marron le ha descubierto, no se limita a celos tontos de hermana menor. No. Es más.
Mucho más.
Marron baja el vestido hasta la cintura de Bra; de los ojos de la última caen desordenadas lágrimas que no entiende de dónde le salen. ¿Lágrimas? ¿Con qué motivo le caen? Llorar, para ella, nunca ha sido costumbre, a menos que se tratara de caprichos y nimiedades, no por la parte más verdadera de sus sentires. ¿Pero entonces por qué? Por qué llorar por ver a Marron hablando con Trunks, por saberlos enamorado sinceramente, por sentir que juntos constituyen una hermosa pareja a la cual no le da alegría alguna ver. ¿Por qué llorar por saberse relegada, en segundo plano por Trunks?
Marron se manifiesta delante del espejo. Dándole la espalda al reflejo, la abraza. No llores, le susurra con ternura.
Lo entiende: son celos de Trunks, no por Trunks. Son celos de amante, no de hermana.
Son porque le han arrebatado a Marron, no a Trunks.
Permanece congelada ante el reflejo, suspendida su imagen compartida con Marron, las dos abrazadas, Bra en sostén y Marron preocupada. Sin dejar de mirar sus propios ojos, allí donde la verdad siempre impera, Bra descubre dentro de sí el principio de la verdadera respuesta, la única que reina cuando es Marron quien está contra su cuerpo: me gusta. Es eso lo que lee en sus ojos con voz trémula en su fuero interno; Marron me gusta, y odio a Trunks por arrebatármela para siempre.
Ante la verdad de lo que se es en esencia sólo queda sonreír; Bra se sonríe sintiendo contra su pecho los latidos anhelados, los de ella, los de Marron. Siente cómo se eriza su piel, cómo se sonroja su rostro, y aprieta a Marron con fuerza, desconsolada, tanto como feliz se siente por tenerla en sus brazos este maravilloso instante.
—Dime qué te ocurre, Bra. Confía en mí. —Al hablar, hasta su voz es la de un ángel. Inmaculada e imposible, maldita sea.
—Es que... —Y las lágrimas caen, y Bra se va, se consume por el amor que la invade y el odio que la anula—. Me gusta alguien. Me gusta y... no me corresponde.
Marron frunce el ceño. Es pura empatía.
Es perfecta.
—Oh, Bra...
Y Marron la aprieta, y la acaricia, y la besa en la mejilla mil veces, mil besos que Bra siente sobre su desconsolado corazón. Bra todo lo capta en el reflejo: su piel erizada, las mejillas rojas, Marron apretándola. Y su boca sueña con besar esa espalda, con sentir esas manos, con unir esas bocas, las dos solas, las dos juntas y atrapadas en su inmaduro y desprolijo sentir. Y no, jamás. Marron nunca le pertenecerá.
—Estarás bien, linda —dice Marron, y no, no tiene idea—. Estarás bien, te lo prometo.
»Yo estoy contigo...
Aun cuando la vea en brazos de otro y la imagine feliz en el mutuo disfrute de algo que ella jamás vivirá, aun cuando sea su hermano aquel con quien la imagine hasta el hartazgo, Marron blanca y feliz en brazos de alguien más, no, no estará bien, porque ella es una princesa y no está acostumbrada a perder. Pero Trunks es el mayor, piensa, y aunque quiera no lo puedo odiar.
Sólo le quedará visualizar, con mejillas rojas y labios trémulos, la piel tiritando del frío de la soledad, que él es ella, que Trunks es Bra, que Marron delira junto a ella y no la abandona más. Eso le queda, imaginar, hacerlo mientras se cuestiona si esto es acaso un capricho o más bien el principio de descubrirse su verdad.
Nota final
Holi. ¡Gracias por leer! Siento mucho la tardanza de este update y aparecerme con una pairing tan rara (?), pero bueno, la vida. Laif is laif (XD), como me gusta decir.
No tengo mucho por agregar: esto lo escribí en enero de este año pero no lo había pasado. Helo aquí al fin.
El próximo, penúltimo ya, es un Trunks x Goten. Por su parte, el último es nada más y nada menos (?) el fic donde me voy a dar el gusto de escribir el final que me hubiera encantado darle a Triángulo. ¡Kyaaa! XD Trunks, Marron y Pan, por supuesto, son sus protagonistas.
Sin más, espero les guste y gracias por sus comentarios y favs. ¡Abrazo enorme!
Nos leemos. n.n
Dragon Ball © Akira Toriyama
