A partir de este capitulo, voy a agregar unas reflexiones, ya sean de Elsa o Anna, al principio. Las tenia pensadas ya, pero por falta de tiempo no las pude agregar.
Estas reflexiones hablan sobre lo que piensan, respecto a dicho capitulo, en este caso, éste.

yy con la noticia entregada, paso a actualizar los caps!


Rechazo

¿Quién no se acuerda de su primer beso? ¿Quién no recuerda aquellos besos que dio en el camino? Para mí, los imposibles de olvidar...son los inesperados.

Hay besos que no deseas o no esperas, simplemente llegan. Lo que te sorprende, tal vez, es que no sabes cómo ni por qué, pero te empiezan a gustar. Eso sí que es inesperado.

Sin embargo, en ese momento me di cuenta...un beso no significa solo respirar el mismo aire. Los besos son como una barrera, un muro que cruzas sin saber que te vas a encontrar del otro lado.

En mi caso, solo encontré dolor.

Con aquella unión comienza todo, y quizás...también termina.

-/-

-¿Estás segura que tu hermana podrá descongelar Arendelle?- inquirió, un joven de cabellera rubia.

-por supuesto que sí- asintió, una pelirroja, caminando con prisa.

-¿y cómo planeas convencerla?

Sonrió de medio lado -hablaré con ella

Kristoff alzó una ceja, inseguro -¿solo eso? quizás no quiere hablar...es decir, cuando una persona se interna en las montañas es porque quiere estar sola...

-no- sentenció, firmemente -a pesar de haber estado separada trece años de ella...la conozco a la perfección, solo está asustada...es por mi culpa que ella...- aferró la mano a su pecho, entristeciéndose -que ella terminó así...

El joven hizo silencio, comprendiéndola.

-¡chicos! ¡creo que encontré un atajo!- Escucharon la voz de Olaf, a lo lejos.

-¡genial! - exclamó Anna, corriendo hacia él, para luego visualizar unas hermosas escaleras de cristal, que llevaban a la entrada de un gran castillo de hielo.

-wow...- soltó, casi en un susurro.

Kristoff observó con una tonta sonrisa en el rostro, aquella increíble construcción.

Comenzaron a subirla, excepto Sven, que se resbalaba al tratar de escalarla.

-esto es increíble...podría llorar...- soltó, emocionado.

-adelante...nadie te lo impide- respondió con honestidad, su compañera.

Al llegar a la entrada, Anna se detuvo en seco. Dudaba, tenía miedo de que su hermana la rechazase, después de todo...fue su culpa que terminara congelando hasta el fondo de su alma.

-¿por qué no toca? ¿Crees que no sabrá tocar?- Escuchaba al muñeco de nieve, detrás suyo, dándole poca importancia.

Tomó aire, juntando valor, y golpeó tres veces la puerta. Esta se abrió sola, dejando encandilados a los jóvenes.

-oh...eso es nuevo- acotó, entrando en el, para luego detener su andar, volteándose hacia sus nuevos amigos -es mejor que esperen aquí...

Kristoff poso su mirada desesperanzada en ella - ¿qué? p-pero ¡el hielo es mi vida, necesito entrar!

-no...lo siento, la última vez que le presente a un chico congeló todo el reino...- dejo caer sus hombros, con resignación -mejor espera aquí...tu también Olaf- dirigió una amable mirada al pequeño y entusiasmado ser -denme un minuto- finalizó, adentrándose en el castillo, y cerrando la puerta tras de sí.

-uno...dos...- Emprendieron la cuenta regresiva, desganados.

Camino lentamente por aquel esplendido lugar, sorprendiéndose por la decoración. Patinó sin querer, casi cayendo, para luego vislumbrar una enorme escalera.

-¿Elsa? soy yo...tu hermana...la que te hizo congelar el reino entero... ¡lo lamento mucho! - la llamó, comenzando a subir aquellos ahora, tediosos escalones, se resbalaba constantemente.

-¿Anna?

Escuchó su voz, emocionándose. Subió más rápido, esperanzada, llegando finalmente a su destino.

Paso la vista a ambos lados buscando su paradero, hasta que finalmente la encontró, en el medio de aquel palacio, su hermana se encontraba en un gran salón, un poco oscuro, sentada en una silla hecha de hielo, parecida a la que debía ocupar en Arendelle, al convertirse en reina.

-Elsa...- la nombró, aliviada, acercándose a ella, pero se detuvo en seco, al notar la vestimenta de la joven.

Llevaba un vestido negro, incrustado de diamantes, escotado. Una de sus piernas quedaba casi al descubierto, de forma provocativa. Su pelo estaba trenzado de costado, con oscuros copos de nieve impregnados en el. Su maquillaje también era del mismo color que su vestimenta, dándole un aire misterioso y atractivo.

La reina se sostenía el rostro con su propia mano, apoyada sobre su codo y le dedicaba una sonrisa que Anna creyó indescifrable.

-wow...

-¿wow?- repitió, aun en esa posición. Su voz sonaba distante.

-Elsa...estas...diferente... ¡en el buen sentido!- acotó de inmediato, ruborizándose -te queda el cambio...

Rió levemente, al escucharla -me alegro que pienses eso...hermanita...

La pelirroja la observó, confundida. Había algo distinto en ella.

-eso hará las cosas más fáciles...- musitó, levantándose de su asiento, emprendiendo su caminar, lenta y sensualmente hacia ella.

Anna tragó saliva con fuerza ¿Dónde había quedado su inocente hermana?

-Elsa...perdóname por todo lo que paso...fue mi culpa...- habló, comenzando a sentirse invadida por la profunda y azulada mirada de la joven, que cada vez se acercaba más.

La platinada llegó hasta ella, dibujando una extraña sonrisa en sus labios. Levantó con delicadeza la mano y la reposó en su semblante. Se sorprendió por lo fría que estaba.

-r-regresa conmigo...- titubeó, sintiendo las heladas caricias en su mejilla.

La sonrisa de la mayor la intimidaba, se sentía como si estuviese frente a otra persona.

-no fue tu culpa Anna...- dijo finalmente, derivando las caricias a su nuca, provocando escalofríos en la joven -respecto a tu petición...no puedo cumplirla...

La pelirroja frunció el ceño, abrumada -por favor...debes volver a donde perteneces...

Negó lentamente con la cabeza -no, yo pertenezco aquí...sola...- enfatizo aquello ultimó, tornando triste su mirada.

Anna, afligida, tomo sus hombros con fuerza -¡eso no es cierto! ¡tu perteneces a Arendelle, conmigo!

Cerró los ojos, deshaciéndose del agarre -Anna...es mejor que te vayas...ve y vive tu vida...- musitó, dándole la espalda, tratando de controlar la poca cordura que le quedaba.

-e-eso no será posible...- soltó, tratando de encontrar las palabras adecuadas para contarle lo sucedido.

Elsa volvió su vista a sus esmeraldas ojos -¿a qué te refieres?

Desvió la mirada, dudosa -de alguna forma...has congelado a todo el reino...

Abrió los ojos con sorpresa, quedando plantada en su lugar.

No...no puede ser... ¿cómo he podido hacer eso?

Escuchó una voz en su interior. Inmediatamente, se llevo la mano a la frente, apretándola con fuerza, tratando de oprimir ese pensamiento.

Al percatarse de su acción, se acerco a ella -¿Elsa, estas bien? no te preocupes...sé que puedes descongelarlo...- la animó, sonriente.

La nombrada se destapó al escucharla, posando sus ahora, oscuros ojos en ella. Anna retrocedió un poco al percatarse de su vacía mirada.

-así que para eso has venido...para encarcelarme de nuevo...para...salvar tu reino...solo eso te importa...

Pestañeo varias veces, sin creer lo que escuchaba -¡claro que no! ¡He venido a buscarte, porque no quiero estar lejos de ti!

-mentirosa- la cortó, tomando sus cachetes entre sus dedos, con rudeza, paralizándola.

-e-elsa...me lastimas...

-tú me lastimas mas a mi...Anna...- sentenció, aflojando el agarre, para luego deslizarlo a su mentón, acercando su rostro, quedando a escasos centímetros de sus labios.

La menor la observó, desentendida. Esa no era la hermana que conocía, nunca había sido tosca con ella. Algo extraño estaba pasando.

-solo quiero estar contigo...- retomó, juntando valor -ya hemos pasado demasiado tiempo separadas... ¿no crees?

Elsa, al sentir su cálido aliento sobre sus fríos labios, sonrió con perversidad, perdiéndose en el deseo.

-pero hermanita...estaremos juntas...- susurró, acercándose a su oído, para luego lamerlo con lentitud.

Anna, estupefacta, trato de alejarse al sentir el contacto -¿e-elsa?

Volvió a su rostro, tomándolo con ambas manos -tú te quedaras aquí...conmigo...- decretó, agarrando su mechón blanco y llevándolo hacia sí, besándolo.

No podía creer lo que escuchaba ¿su hermana la estaba confinando?

-Elsa...sabes bien que no puedo...que no podemos ¡debemos volver! ¡Tenemos asuntos que atender!- insistió, soltándose del agarre.

La reina deshizo su sonrisa, dando paso a una mueca de disgusto, dejando caer el brazo que antes la aprisionaba, con pesadez. -no, jamás volveremos...

Sin más que decir, se acerco de nuevo, pasando los brazos por su cintura y apegándola a su cuerpo, rodeándola en un posesivo abrazo, hundiendo el rostro en su pecoso cuello.

-¿Elsa?- la llamo, dudosa en corresponder aquella acción -¿qué te suc...- no pudo continuar, al sentir como sus manos se deslizaban tortuosamente desde su cadera hasta su parte trasera. Perdió el equilibrio, ante las sensaciones, tropezando y aplastándose contra una columna, percatándose del peso de su hermana sobre su cuerpo.

Descendió la vista, ensimismada en su acto, pudiendo visualizar como la rodilla de elsa, invadía cada vez más su entrepierna.

Un sonrojo temeroso apareció en sus mejillas, hecho que no paso desapercibido ante la mirada de la mayor.

-¿q-qué te sucede...Elsa?- inquirió, tratando de zafarse con las manos.

La nombrada las tomó, para luego estamparlas contra la pared, por encima de su cabeza, aprisionándola más.

Al observar su asustado semblante, le dedicó una maligna sonrisa.

-¿e-elsa?- el miedo no la abandonaba, esa no era su hermana...no podía ser...

-Anna...- musitó, acercándose con cautela a su cuello -no debes asustarte...esta soy yo...la verdadera...Elsa...- finalizó, lamiéndolo con hambruna.

-ah...! detente...- jadeó, intentando escapar -e-esta no puedes ser tu...

Apenas termino su frase, recibió una fuerte mordida -¡aagh!

-eso te enseñara a no rebelarte ante mi- sentenció, observando perdidamente, como el lugar comenzaba a tornarse rojizo. Sin contenerse, beso su herida, pasando su lengua por ella, sintiendo el salado y dulce sabor de la sangre.

-n-no...elsa...- Las lagrimas amenazaban con escapar de sus esmeraldas ojos.

Se reincorporo con lentitud, al escucharla sollozar -oh... ¿acaso vas a llorar? ¿mi princesa?- la ridiculizó, sonriendo con malicia.

Bajó el semblante, derrotada y avergonzada -¿por qué...haces todo esto?- apenas pudo deletrear, la situación la estaba superando.

Puso un gesto pensativo, llevando el dedo índice a su barbilla -mmm...porque dices...creo que la respuesta correcta es... - hizo un silencio, volviendo la vista a sus estupefactos ojos, profundizando su mirada -porque te deseo...- expresó, congelando sus manos, que aun se encontraban acorraladas por las suyas.

-¡aagh!- gritó ante el dolor, sintiendo el hielo impregnarse en su piel. Tanto, que hasta quemaba.

-así no te escaparás...- atinó a decir, comenzando a desatar con una tortuosa lentitud, su corset, que cubría su ropa, sin quitar su vista de ella.

Las lagrimas, llenas de desesperación, recorrieron su rostro -Elsa...no...

-¡ANNA!- .Escuchó una conocida voz masculina -¡déjala en paz!

La reina giró su rostro, dedicándole una asesina mirada al joven -¿y este quién es?- su voz sonó a regaño.

Anna se petrifico al verlo -¡vete Kristoff!- exclamó, temiendo por su vida.

-¡no!- negó decidido, acercándose a ellas -¡Déjala en paz! ¡Es tu hermana! ¡¿Por qué haces esto?!- le cuestionó, tomándola con rudeza del brazo.

Elsa observó su agarre para luego posar sus indiferentes ojos en él, paralizándolo -tú...que podrías entender...- emprendió su habla, frunciendo el ceño -¡no entiendes nada sobre nosotras!- finalizó, estirando su brazo, apuntándolo.

-¡NO! ¡ELSA!- Extendió su cuerpo hacia delante, tratando de liberarse, pero era inútil.

Sin poder detener el ataque, de la mano de la platinada se dispararon peligrosas y largas puntas de hielo, dirigiéndose directo al muchacho.

-¡KRISTOFF!

Su grito hizo eco en el lugar. En cámara lenta observaba como su amigo era atravesado por aquellas puntiagudas agujas gigantes.

-a-anna...- fue lo último que oyó, antes de presenciar como caía al vacío, estampándose contra el suelo. La sangre paso a formar parte del decorado cristalino.

La reina sonrió con crueldad, dando un vistazo al cadáver, para luego posar sus ojos en la paralizada joven.

-bien, lamento la interrupción ¿en qué estábamos?- inquirió, acercándose a su perdido rostro, acariciándolo.

Observó complacida, los apagados ojos de su hermana.

-Ah...Anna...pero que hermosa mirada tienes...- susurró, pasando la mano por su pecho, deslizándola hasta su vientre.

-si me sigues mirando así...no creo poder contenerme...- mordió su propio labio, posicionando la vista en su carnosa boca.

-k-kristoff...- tartamudeó, atónita.

Ascendió la vista, al escuchar aquel molesto nombre -¿quién era ese?- cuestionó, tomándola del mentón y levantando su rostro -veo que no pierdes el tiempo hermanita...dos en un día...- sonrió de forma tenebrosa, pasando el dedo pulgar por sus labios.

-e-elsa...por qué...d-detente...vuelve por favor...- suplicó, sin efecto alguno.

Arqueó las cejas, desentendida -¿de qué hablas, Anna? esta soy yo... ¿acaso no te gusto?- soltó sin pudor, acercándose a sus labios, rozándolos.

La pelirroja se sonrojo ante su cercanía, aun aterrada.

-s-somos hermanas...- balbuceo. Su energía estaba desapareciendo.

Ensombreció el semblante al oírla -¿es eso? ¿Ese es el gran problema?- habló con sarcasmo, apartándose un poco -si supieras...- rió, pasando una de sus manos por su muslo, deslizando sus dedos por este, provocando cosquillas en su interior -Anna...yo ya no te veo como una hermana...

Abrió los ojos de par en par al escuchar tal confesión -¿q-qué?

-paso demasiado tiempo...es imposible para mí...- le sonrió, apretando su cuerpo contra el de ella -para mi ahora solo eres...una mujer...completamente preciosa...despiertas mis más oscuros deseos..."hermanita"...- enfatizó aquello ultimo, con una sensual voz, obviando el confundido y sonrojado gesto de la menor.

Desvió la mirada, no creyendo en sus palabras. Esto no podía estar sucediendo.

-a partir de ahora- retomó su habla -serás mía...y solo mía... ¿entendiste?- sentenció, cerca de sus labios.

-Elsa...basta...- imploró, sollozando -no quiero...no así...

-¿así?- pestañeó, fingiendo sorpresa -¿y de qué forma quieres? no pensé que eras tan exigente...Anna...- se burló.

La nombrada frunció el ceño, solo estaba jugando con ella.

-¿qué tal así?- continuó, acortando la distancia y lamiendo sus labios, uno por uno.

Abrió los ojos, estupefacta -d-deja de jugar...- jadeó, girando su rostro, comenzando a sentir su estómago arder.

-o quizás...así...- susurró aquello ultimo, obligándola a mirarla con sus manos y acortando la distancia, uniendo sus labios con lentitud.

Cerró los ojos con fuerza, para luego volver a abrirlos, todo era tan irreal. Escuchó la vaga risa de Elsa, que ahora comenzaba a entreabrir los labios, junto con los suyos.

-¡mmhh...!- ahogo un gemido, al sentir como la mayor adentraba lentamente su lengua en ella, profundizándolo.

Observó el sonrojo de esta, ensimismada en su tarea. Por un segundo, juro notar la inocente esencia de la antigua Elsa, en aquel acto.

Bajó sus parpados con pesadez, dejándose llevar, al sentir que su hermana aun estaba dentro de ese oscuro caparazón.

Elsa notó su relajación, aprovechándola e intensificando el beso, tomando su cuello, acercándola más a ella.

La respiración de la menor, comenzó a fallarle, provocando que se separasen, dejando un hilo de lujuria conectado entre sus bocas.

La platinada se relamió el labio, degustando el sabor de su princesa.

-Elsa...- la llamó, agitada y ruborizada -se que aun estas ahí...por favor...vuelve...

Lo siento tanto Anna... soy demasiado débil...no puedo enfrentarme a mi bestia interior...trato...juro que trato...

Al escuchar aquella voz en su mente, arrugó el ceño, llevando la mano a su propio pecho, contrayendo su ropa con fuerza.

Anna la observó, confundida.

-...tenias que ser tu Anna...me imagine que contigo podría llegar a aflojarme...- soltó, tapando su rostro.

Una sonrisa esperanzadora comenzó a formarse en el ya, agotado rostro de la pelirroja. Sin embargo, la lúgubre risa de la mayor, destruyo aquella luz.

-¡haha! ¿Acaso pensabas que iba a decir eso?- exclamó, estampando la mano contra la columna, acorralándola -...no hermanita...mejor vete acostumbrando...porque de ahora en mas...serás mi prisionera...- murmuró, llevando su mano a la cabeza de la joven.

Esta la miró, espantada. Su realidad se había transformado por completo, la angustia invadía todo su ser.

-por ahora...duerme un poco, te necesitaré intacta para lo que viene

Lo último que llego a ver antes de caer desmayada, fueron sus perversos ojos, junto con aquella sonrisa que ahora la caracterizada, una llena de maldad.


Segundo capitulo entregado! espero que les esté gustando! Toda la historia va a ser intensa, así que no se relajen mucho (? jajaja

Nos vemos en la próxima!

Besos!