Mía

La garganta se me cierra, mi estómago se revuelve, quiero hablar pero no me salen las palabras. El mundo se me cayó en mil pedazos, todo perdió sentido, ya no se qué hacer, no sé que decir, ni que sentir.

Hasta hoy, creo que nunca había conocido el verdadero dolor. Un sufrimiento que no puedo poner en palabras...solo se me ocurren dos: Odiar y Amar.

La medida del dolor es el amor, sin duda, mientras más amas, mas grande es el sufrimiento...ahora lo sé.

Me duele su amor, su recuerdo, mirarla, hablarle...todo.

Mi único temor siempre fue que desapareciese, y este se cumplió. Ya no sé donde quedó, donde está...no puedo verla, aunque esté parada frente a mi...

-/-

De sus cristalinas manos se dispararon aquellos hielos puntiagudos que ya tan bien conocía, clavándose en cada parte de su ropa, estrellándola contra la pared. Quedando completamente aprisionada.

-¡agh!- se quejó ante el golpe, deslizando su mirada, horrorizada, por los filosos objetos que le apresaban los brazos, el torso y las piernas.

Su garganta se seco, observando como la platinada se acercaba lenta y peligrosamente, para luego tomarla del mentón, retomando su sádica sonrisa.

-supongo que es mi culpa...que me rechaces...- musitó, acariciando su rostro -por no haberte demostrado bien lo que siento...- sonrió, de forma traviesa, traspasándola con sus palabras.

Su sonrojo iba en aumento, a pesar de tal situación. No podía creer que su dulce hermana le hablase de esa manera.

-...por favor, solo escúchame...- rogó, en un vago intento de disuadirla.

-no, ya no quiero escucharte mas...las palabras que salen de tus labios...me repugnan...- soltó con desdén, obviando la tristeza que la menor ya no podía ocultar.

Sonrió complacida, al percibir su agonía -así me gusta mas...esa mirada...esas lagrimas...todo tu lamentable ser...es lo único que me asegura que al menos un poco...me quieres...- atinó a decir, acercándose a ella, refregando su mejilla contra la suya. Su mirada se encontraba tan perdida en la locura...

-¿un poco?- despertó, entrecerrando sus ojos -te amo...Elsa...

Atónita por sus palabras, detuvo su acción.

-eres mi hermana... ¿cómo no voy a quererte?

Frunció el ceño al escuchar aquella expresión, alejándose un poco.

-¿por qué no puedes entender que solo quiero salvarte? ¿Crees que eres la única que sufrió todo este tiempo?- su voz comenzaba a desgarrarse, y su ira iba en aumento. No debía mostrar debilidad, le había quedado bastante claro que su acompañante se alimentaba de esta.

-dije...que no quiero escuchar más...

-¡lo harás, tendrás que hacerlo! debes creerme cuando te digo que...mmh!- Sus labios fueron sellados con los fríos de Elsa, dejándola sin habla.

Esta última se despego rápido de ellos, atravesándola con sus marinos ojos.

-Ya que mis labios no podrán callarte todo el tiempo porque estarán ocupados en...otra labor -enfatizo aquello ultimo, mordiendo los suyos propios y rompiendo un poco la manga de su vestido, para luego depositarla en la boca de la ahora, estupefacta joven, atándola detrás de su cabeza -esto te silenciara mientras tanto...- finalizó, riendo con malicia.

-¡mhh!- .Trató de hablar, pero evidentemente no podía, aquella tela se interponía en el medio de sus labios.

Sentía sus pupilas agrandarse ante el terror, que cada vez la invadía mas.

¡Escapa!

Pasmada, levanto el semblante, en busca de aquella misteriosa pero conocida voz que volvía a llamarla.

¡Por favor...no me dejes hacerte esto...escapa...Anna!

-¿Elsa...eres tú?- pensó, completamente desentendida.

La mayor la miraba extrañada -¿ya enloqueciste?- rió, observando con detenimiento como la joven giraba su cabeza, tratando de encontrar el paradero de aquella voz.

-bueno...no es que sea importante lo que sientas a estas alturas...- retomó su habla, acercándose de forma amenazadora, obligándola a desviar su vista a ella.

No podía estar pasando...sabía que su hermana había enloquecido...pero... ¿acaso estaba a punto de...violarla?

-Anna...te haré mía...- susurró en su oído, confirmando sus temores, lamiéndolo con hambruna -plasmaré en tu cuerpo...todo el sufrimiento que he sentido a lo largo de estos años...- continuó, deslizando los dedos por su cuello, hasta su pecho, desabotonando con lentitud su camisa.

Abrió los ojos con pavor, revolviéndose en su lugar, pero era inútil, su magia la tenia atrapada, y siquiera podía gritar para dejar escapar su sufrimiento.

-quizás de esa forma...finalmente puedas entenderme...y aceptarme...

Se reincorporó, tomando sus pecosas mejillas entre sus manos -se mía...Anna...- murmuró, descendiendo sus labios y besando su cuello, mordisqueándolo levemente.

-¡mmh!- emitió, mordiendo con fuerza la tela que le impedía expresarse. Observó su sangre resbalar por su cuello, para luego cerrar los ojos al sentir como la mayor la lamia con desesperación, relamiendo sus propios labios al instante.

-delicioso...- exclamó, pasando sus besos a su clavícula, desabrochando el ultimo botón de su ropa, abriéndola con rudeza y dejando al descubierto su torso, solo tapado con la ropa interior.

Se maravillo ante aquella imagen -hermosa...- susurró, llevando las manos hacia sus debilidades, comenzando a masajearlas por encima de la tela.

-mmhh...- ahogó un gemido, cerrando los ojos, para no dejar al descubierto sus emociones, sabía bien que Elsa se aprovecharía de ellas.

Volvió a su cuello, mordiendo el otro lado, provocando que la pequeña se retorciese ante el extraño pero placentero dolor que estaba sintiendo.

Sonrió, ensombrecida. Esta vez dejo la sangre fluir con libertad, pasando las manos detrás de su espalda, acariciándola, clavando sus uñas en ella.

Chocó los dientes, impotente, mientras percibía como la mayor le quitaba con lentitud su brasier, dejando sus atributos ya desnudos, apoyados en los suyos.

Se separó un poco, deleitándose con la vista casi desnuda de la menor, ya que aún conservaba su camisa, aunque abierta.

Un leve sonrojo pervertido apareció en sus cristalinas mejillas al notar como sus pecas se detenían antes de llegar a su delicado lugar.

-realmente...hermosa...- repitió, pasando su mirada a aquel hilo de sangre que aun descendía por su cuello, fluyendo hacia su pecho, haciendo la imagen más encantadoramente perversa para la reina.

Llevo sus dedos hacia aquel liquido rojizo y lo esparció un poco por sus senos, dejándola completamente perpleja.

En ese momento, la desesperanza la invadió. Su querida hermana...definitivamente se había ido.

Elevó un poco la vista, consciente de su pesar -¿qué sucede...Anna...no disfrutas de mis caricias?- se burló, llevando la mano a uno, apretando su parte más sensible y estirándolo un poco hacia ella para luego soltarlo.

Observó con detenimiento como este se elevaba, dándole a entender, que la menor de alguna extraña forma, lo estaba disfrutando.

Desvió la mirada, avergonzada. Las lágrimas patinaban sobre su angustioso semblante.

-ah...Anna...- suspiró, excitada, acurrucándose entre sus pechos, posando las manos en ellos, frotándolos sin piedad.

Entreabrió sus traviesos labios, inundándose en ella, degustándola a su antojo.

-¡mmhh!- jadeó mas audiblemente, levantando la cabeza, perdida en su acción. La platinada pasaba su lengua por ellos, succionándolos y mordiéndolos ligeramente, sintiendo el sabor de la sangre que había esparcido en ese lugar.

Aun sumida en el acto, pasó los dedos por su vientre, formando círculos en él y comenzó a despojarla de su pollera.

-Elsa...ya basta...ya no...por favor... ¡que alguien la detenga!- Sofocaba sus gritos, en sus pensamientos. Estaba aterrada, y más todavía...porque empezaba a disfrutar de su acción. Se sentía sucia, debía controlarse, o todo terminaría entre ellas.

Deslizo la lengua por su estomago, provocándole cosquillas, mientras terminaba de quitarle aquella prenda, dejando su pureza, solo cubierta con una fina tela.

Sonrió para sí, gustosa, agachándose y hundiéndose en ella, inhalando su exquisito aroma -hueles delicioso...Anna...

Comenzó a lamer por encima de esta, lenta y tortuosamente.

-¡mmggh!- emitió un sonido indescriptible al sentirla. Su interior comenzaba a descontrolarse. Entrecerró los ojos, sin poder hacer nada más que dejarse llevar. Sin embargo, su corazón no opinaba igual, ya que sus lágrimas no se detenían.

Elsa alzo la vista un segundo, dedicándole una siniestra sonrisa -relájate hermanita...de esa forma disfrutarás mas...- musitó, moviendo hacia el costado aquel mural que le impedía ver su sagrado lugar.

Sin pedir su permiso, se adentro en ella, lamiéndola vorazmente, dándole una especial atención a aquel punto tan sensible que poseía.

Abrió los ojos con fuerza, desbocada -¡mmmhh...!- .Se estaba agotando, necesitaba gritar, su alma se lo pedía.

Como si la mayor leyese sus pensamientos, levanto su brazo quitándole de forma brusca la tela de su boca, dejando rastros de saliva en el camino.

-¡ah...ahh...!- pudo liberarse finalmente. Cerró sus parpados en un impulso, negando hacia ambos lados, tratando de contenerse.

Delineó una sonrisa al oír sus estupendos sonidos.

-estas tan mojada...Anna...- ronroneó.

La menor sintió su aliento hacerle cosquillas, removiéndola por completo.

-Basta...Elsa...d-deten...ah!- jadeó, casi en un grito, apreciando como la lengua de la joven se adentraba en su interior, llenándola de miles de sensaciones.

Sus piernas temblaron ante la acción. El sudor ya era parte de su ser, recorriendo su cuerpo, al igual que el rostro de su hermana.

-deliciosa...- susurró, tomando con ambas manos su trasero, apretujándolo, ya que pelirroja se movía de forma estrepitosa, tratando de evitar el placer que la irrumpía.

-n-no...ya no p-pue...- escapó de sus labios, que inmediatamente se los mordió, deseando cancelar sus palabras.

Tenía que ser un error...no podía estar excitándose en un momento así. ¿Quién era el monstruo después de todo?

Elsa se alejo un poco de su lugar, dejando un hilo del néctar de su amada, conectado desde sus labios hasta su pureza.

-¿ya no?- repitió, con una burlona sonrisa, reincorporándose y quedando a la altura de su rostro, acariciándolo con ternura.

Al notar su cariño, se ruborizó intensamente, perdiéndose en sus ojos.

-¿me detengo entonces?- cuestionó, rozando sus labios contra los suyos.

No hubo respuesta alguna, solo su agitada respiración se escuchaba. Quería que se detuviese, por supuesto que sí, esto definitivamente estaba mal. Pero la reina la había dejado a punto de sucumbir, su interior se estrujaba de forma dolorosa, tanto, que juró que enloquecería.

Cerró los ojos, despreciando su propia conducta, incapaz de controlarse. Jamás pensó que su hermana mayor pudiese hacerla sentir tan bien...tan débil... ¿Eso significaba que ella le gustaba? ¿O que solo era un ser humano mas...con debilidades físicas...?

-por supuesto que te gusta...siempre lo supiste...- Habló su mente, dejando al descubierto su más profundo secreto, sorprendiéndose a sí misma.

¿Qué tan estúpida podía ser? ¿Cómo no pudo darse cuenta de sus propios sentimientos, que estuvieron atrapados años en su corazón?

-¿Qué pasa...princesa?- la saco de sus pensamientos, su sensual voz -¿estás pensando en lo mucho que me deseas?

Luego de unos segundos, levanto su rojizo semblante, derrotada -si...

Abrió los ojos de par en par, negada a creer lo que oía. Mordió su propio labio inferior, con deseo.

Sus ojos se profundizaron, perdiéndose en los esmeraldas ojos de la menor.

-Anna...- la nombró, uniendo sus bocas con lentitud, para luego adentrarse en ella de forma desesperada.

La pelirroja entreabrió los labios, sorprendiéndola aun más. La reina, complacida, la invadió, acariciando su lengua con la suya, moviéndose de forma armoniosa.

Sus labios se sentían tan bien...su interior era tan cálido...este contrarrestaba a la perfección con su helada cavidad.

-mmhh...- jadearon, ante las sensaciones de aquella gratificante unión.

Los dedos de la platinada volvieron a su pureza, provocando que la mordiese sin querer, ante el estimulo recibido.

Se separó unos centímetros, al notar cómo un poco de sangre emanaba de su comisura. Dibujo una traviesa sonrisa, dedicándosela -si que sabes cómo provocarme...hermanita...

Anna posó su perdida mirada en su carnosa boca nuevamente, anhelándolos. Los dedos de esta, seguían jugando con su intimidad, sin darle tregua alguna.

-¡ahh...!- gimió, arqueando un poco su espalda, y moviendo sus muñecas. Necesitaba soltarse, con urgencia.

Rió levemente por su comportamiento, y con un movimiento de su mano, la libero del hielo.

Casi cae rendida al suelo, pero los rápidos brazos de la joven, la atajaron a tiempo.

-¿mejor?

Emitió un sonido de vergüenza al observar su satisfecha sonrisa.

-haha...Anna...si te vieras... ¡oh! espera... ¡puedes verte!- inquirió, de forma maléfica, ocurriéndosele una penosa idea.

Elevó sus dedos, conjurando un gran espejo de cristal, al costado de ellas. Tomo su rostro al instante y lo giró hacia el.

Quiso morir en ese mismo momento, al observarse tan vencida, tan...domada.

Sus frías manos, ladearon su semblante otra vez, obligándola a mirarla -¿puedes ver...la verdad?- susurró, en su oído, paralizándola y estampándola de nuevo contra la helada pared, retomando su labor en su intimidad.

-¡mmhh...!- gimió, llevando un dedo a sus labios, mordiéndolo. La platinada le quito la mano de allí de inmediato -quiero escucharte...Anna...- sentenció, intensificando el ritmo de sus manos, para luego, al sentir su humedad en aumento, adentrar uno de sus dedos en ella.

Abrió los ojos de par en par, percibiéndola dentro de su ser. Sintiéndose completamente irrumpida.

Elsa entrecerró los párpados, estimulada por la imagen, uniendo sus labios de nuevo, y penetrando un segundo dedo, meneandolos con rapidez.

-¡ah! ¡e-elsa...n-no...!- jadeó, percibiendo su cuerpo absolutamente sobre el suyo, embistiéndola.

Sus ojos se encontraron, y otra vez...Anna la vio...a su hermana...la verdadera...allí estaba...vulnerable en aquella entrega.

-Anna...

-¡Elsa...!- .Al reconocerla, paso los brazos alrededor de su cuello, abrazándola y apegandola mas a si. Las lagrimas caían, ya sin saber bien el por qué.

Las emociones eran demasiado, estaba a punto de perder la consciencia.

-¡ya n-no...ahh!- gritó, haciendo eco en el lugar, elevando la cabeza hacia atrás y culminando finalmente.

Se quedo aferrada a la reina, respirando de forma entrecortada. Percatándose de aquella entrega desaforada, hundió el rostro en su hombro, con vergüenza.

Habían cometido el acto mas prohibido del universo. Pero si Elsa aun se encontraba allí...si lo que vio en su mirada hace minutos no fue solo una alucinación, nada de lo ocurrido importaba, solo deseaba estar con ella.

Con la poca energía que le quedaba, se alejo un poco para contemplarla.

El pavor la carcomió por completo, al observar nuevamente, la oscuridad en sus ojos.

Esta última deshizo el abrazo de forma brusca, provocando que Anna cayese al suelo con rudeza.

La menor la observó, desde ahí, desentendida.

-¿y? ¿lo sentiste?- inquirió, lamiendo sus dedos, donde aun yacía el néctar de su amada, con hambruna.

Pestañeo agotada, sin entender la situación -¿qué...cosa?

Rió, con ironía -mi sufrimiento...- respondió, dando pasos hacia ella, sin quitar su sádico semblante.

Estaba completamente confundida, solo por momentos juraba ver a su hermana en aquellos lúgubres ojos, pero eran segundos...la maldad resaltaba la mayoría del tiempo...

Descendió el rostro, ocultando su dolor. La angustia e intranquilidad invadieron su pecho. Se llevó la mano a el, apretándolo con impotencia.

Sus sollozos volvieron a escucharse. Su tristeza fue el estimulo suficiente para que la reina dibujase una maquiavélica sonrisa.

¿Elsa, será que jamás volveré a verte?


¡Caapitulo 4 entregado! Lamento todo el dramatismo, pero ya advertí que el fic iba a ser de esta forma haha! pero no se preocupen que Anna todavía tiene un as bajo la manga!

Nos vemos en el proximo cap! y muchas gracias por los comentarios!

Besos a todos/as!