Encontrándote
Solo llora quien se ahoga en recuerdos...leí en un libro, hace mucho tiempo, encerrada en mi helada habitación.
Llorar es un defecto, una debilidad, eso me enseñaron. ¿Entonces, por qué lloro? ¿En qué recuerdos me estoy ahogando?
Siento que lloro por memorias que no recuerdo, como si hubiese un mundo en el que yo existí, pero sin existir realmente.
Solo sabiendo quien fuiste, puedes saber quién eres. Y ese es el gran problema, lentamente...voy olvidando quien fui, si es que alguna vez, fui alguien.
Pero de pronto te veo...y todo vuelve a mí, eres mi llave maestra, la que abre aquella puerta que me separa de mi consciencia. Eres la única que puede salvarme...y ese saber, me destruye, porque sé que para hacerlo, tendrás que sufrir.
Y créeme cuando te digo -al menos en mi mente- que si pudiera absorber todo tu dolor para evitar tu agonía...lo haría, porque eres lo más importante para mí, aunque no lo creas, y siempre lo serás...
-/-
Abrió los ojos, encontrándose en un oscuro lugar. Ya había estado ahí...
Anna...
Escuchó aquella voz agonizante, que tanto conocía. Corrió hacia su paradero, en su búsqueda, pero la oscuridad la cegaba.
Huye...Anna...
Desesperada, giró su cabeza a ambos lados, tratando de hallarla - ¡Elsa! ¡¿Dónde estás?!
Detuvo sus pasos, al percibir como en frente suyo comenzaba a emanar una perturbadora luz. Se tapó un poco los ojos, para luego entreabrirlos. Lo que visualizó, la destruyo por completo.
Elsa se encontraba colgada en el aire, unas ramas oscuras ataban sus brazos de cada lado. Su semblante era lamentable. No llevaba su vestido negro, en su lugar poseía uno celeste brillante, dándole una imagen más inocente.
-¡¿Elsa?!- Asustada por su estado, corrió hasta ella, pero sus pasos se detuvieron al notar como la gravedad le impedía avanzar -¿Pero qué?- trató de moverse, sin caso.
-No podrás llegar hasta mi...lamento todo esto...Anna- habló su encarcelada figura, cabizbaja, mientras sus lágrimas caían sin retorno.
La menor, imito su dolor, sin poder evitarlo -Elsa... ¿Por qué está pasando todo esto? ¿Qué es lo que te sucedió?- inquirió en un susurro, una de las tantas cuestiones que la irrumpían. Quería decirle tantas cosas, pero las palabras se atragantaban en su garganta.
La mayor hizo un silencio, para luego clavar su angustiosa mirada en ella.
-Mis poderes...se salieron de control...demasiado...
-Elsa...
-Siempre tuve miedo de que esto sucediese...pero nunca pensé que tal persona habitaba dentro de mí...
-te refieres a...
-si...ella es otro lado mío...aunque no quieras aceptarlo...
Abrió los ojos de par en par, desentendida.
-¿Pero por qué no me lo dijiste? ¿Por qué no me contaste que tenías poderes? ¡Pude haberte apoyado, no te hubiese tenido miedo!
Su semblante decayó aun mas, recordando el inicio de toda su historia -tu lo sabías, cuando eras pequeña...pero un día, te lastimé sin querer...y a partir de ahí nos separaron...borrando tus recuerdos...
-¿Quien nos separó?
-Tú sabes quien...
-Elsa...- la nombró con pesar, adivinando en su mente al culpable.
-estuve de acuerdo en dejar de verte...ya que no sabía si podía llegar a controlar mi poder...solo quería protegerte...pero por eso...ella...
Detuvo su habla, le costaba respirar. La angustia la carcomía por dentro.
-ella...es el resultado de las emociones que reprimí todo este tiempo...desde mis miedos hasta...- tragó saliva con rudeza, desviando un poco la mirada. Un leve sonrojo comenzó a aparecer en su transparente rostro.
-hasta...mis sentimientos por ti...- finalizó, volviendo sus cristalinos ojos a la suyos.
Se ruborizó con intensidad, al escucharla. Su corazón se desbocó al instante, ante tales palabras mágicas.
Entonces era cierto...la reina no estaba jugando con ella...
Sonrió para si, extrañamente complacida. Era el momento, debía liberarse también. Quizás...esta seria su única oportunidad.
Se aferró a su propio pecho, juntando valentía -Elsa...yo también siento lo mismo por ti...
La platinada pestañeó varias veces, aludida, para luego formar una triste sonrisa -no es necesario que me mientas...Anna...
-¡No te estoy mintiendo! ¡Es la verdad! yo siempre...¡Siempre he estado enamorada de ti...! ya te lo dije...es solo que...somos hermanas, por eso pensé que...- se contuvo, entristecida.
Elsa se encontraba más que sorprendida con sus palabras. Pero la realidad era demasiado fuerte como para permitirle ser feliz, al menos unos segundos.
-lo sé...somos hermanas...por eso no puede pasar...- musitó finalmente, deslizando su mirada al suelo.
Verla allí, en tal estado, la destruyó por completo. Ya no le importaba nada mas, solo permanecer a su lado. Ahora lo sabía, no podía abandonarla, la amaba, sin importar en lo que se había convertido. Era su hermana, y eso nunca iba a cambiar.
-¡No, eso ya no me importa!- sentenció, tratando nuevamente de llegar hasta ella -¡No me importa si esto está bien o mal...o lo que piensen los demás...solo quiero estar contigo!
-Anna...
-¿Qué puedo hacer para liberarte?- cuestionó, en un ruego.
Cerró los ojos, con resignación -ya no hay nada que hacer...mi otro yo ha tomado por completo el control...como ves...siquiera puedo moverme...por eso...- detuvo el habla unos segundos, ascendiendo su ahora, determinada vista -debes irte, Anna...no sé de lo que soy capaz de hacer a estas alturas, aunque no lo creas, traté de controlar a mi bestia interior...si no lo hubiese hecho, todo Arendelle estaría destruido...
-Elsa...- la nombro, estupefacta.
-por eso...ahora que estoy desapareciendo, solo quedará ella...nadie podrá controlarla...siquiera tu...- las lagrimas emanaban de sus brillantes ojos, incapaz de contenerlas -...no quiero hacerte más daño...si pienso en lo que te he hecho...y-yo...- sus palabras quedaron atragantadas en su ser, ante los constantes sollozos.
Anna la observo de igual manera, aun tratando de llegar hasta su figura -¡no te culpes, Elsa! ¡Yo cedí ante ti...no es tu culpa! ¡Debe haber algo que podamos hacer...no puedo dejarte aquí!
El silencio invadió aquel lugar.
La platinada luego de meditarlo unos instantes, le dedico una amarga sonrisa -hay algo que puedes hacer...si de verdad quieres liberarme...
-¿q-qué?- Frunció el ceño. Tenia un mal presentimiento.
-Mátame...Anna...
Abrió los ojos enormemente, sin creer lo que oía. Sus peores temores se habían hecho realidad.
-es la única forma...por favor, hazlo
Su honesta sonrisa la desarmaba. ¿Cómo era capaz de pedirle tal cosa?
-¡n-no...NO! ¡NO LO HARÉ, JAMAS!- gritó, haciendo eco en ese lugar.
-debes hacerlo...si no lo haces, todo el reino peligra...en especial tú...por favor...si realmente me quieres...mátame...- le suplicó, sin quitar su amable gesto.
Cerró los ojos con rudeza, provocando que sus lágrimas cayesen ante el impulso. Las siguió, notando como se deshacían en el camino, al igual que su alma.
-n-no...no...no...- tartamudeó, negando con la cabeza y apretando sus puños fuertemente, impotente.
-por favor...- repitió, para luego comenzar a desvanecerse con lentitud.
De inmediato, ascendió la vista, aterrada por perderla -¡Elsa, no te vayas!- alzo su brazo en dirección a ella, desesperada.
-Perdóname...
-¡Elsa!
-te amo...Anna...nunca lo olvides...
Dejo al descubierto sus sentimientos, para luego cerrar los ojos apaciblemente y desaparecer.
-¡ELSA!
La joven se reincorporo se un salto. Su brazo aun se encontraba extendido y el sudor recorría su cuerpo.
Se cubrió el rostro, respirando de forma entrecortada.
-¿Estás bien?- escucho una dulce pero sombría voz, acercándose. No podía creer que aquella combinación existiese.
Se destapó el semblante, admirando a la platinada frente a sí. Esta tenía una bandeja en las manos, con aperitivos.
La miró, extrañada, recuperando el aire. No podía contarle lo sucedido -¿y eso?
-¡oh!- deslizó sus ojos hacia la comida -pensé que tendrías hambre, después de...
-¡no lo digas!- interrumpió, desviando la mirada, ruborizada.
Eso solo provoco que la mayor riese, dando pasos hacia ella y sentándose en su cama, dejando la bandeja allí -no debes avergonzarte de lo que sientes... -musitó, acariciando su confuso rostro.
Anna la observó con detenimiento ¿Cómo podía darse por vencida, si creía que aun se encontraba escondida en aquel caparazón? y pensar en matarla...
Las lágrimas inundaron sus esmeraldas ojos. Se sentía tan impotente...ya no le importaba nada, aunque la persona frente a si era pura oscuridad...la amaba...amaba a su querida hermana de igual forma...
La reina poso sus ojos en ella, de forma comprensiva -¿Qué sucede? ¿Otra vez tuviste una pesadilla?
Se reincorporó un poco, asintiendo -pude verte ahí...
Arqueó una ceja, adivinando su pesar -así que la viste...
Estupefacta, volvió la vista a su oscuro ser -¿Eres consciente de que tu otro yo está sufriendo...Elsa?
-no me interesa- sentencio al instante-¿Sabes todo lo que sufrí yo en estos años? no se compara con lo que ella está pasando...
Se aferro con fuerza a las sabanas, ante su descarada respuesta -no tienes que hacer esto...podemos volver y...- se enmudeció, al notar un color diferente en una parte de su negro vestido. Era...sangre...
-¿...eso es?
Bajo la mirada, observando esa mancha carmesí en su vestimenta -oh...esto...- atino a decir, desinteresada, llevando los dedos hacia el lugar y reposándolos ahí -hubo un invitado indeseado...así que me encargue de el- finalizo, con una radiante sonrisa.
Paralizada, la tomo de los hombros -¡¿De qué hablas?!
-mandaron a alguien, un espía supongo...así que tuve que matarlo- soltó, sin siquiera pestañear, como si fuese lo más natural del mundo.
-Elsa...- su agarre perdió fuerza, deslizándose por sus brazos -¿No te das cuenta que ahora vendrán mas soldados por lo que hiciste?
-lo sé- la cortó, llevando su propia mano ensangrentada a su estupefacto rostro, pintándola de aquel pecado -es lo que deseo, de esa forma me podre de librar de todos...en especial de tu querido Hans...- enfatizo aquello último, con una maligna sonrisa.
Chocó los dientes, aterrada por el futuro. Su hermana se encontraba en grave peligro, debía salvarla, aunque le costase la vida.
-¡Ya basta! ¡No harás nada de eso! no es necesario matarlo...he decidido quedarme contigo...- murmuró, clavando su determinada vista en ella.
Se sorprendió por su repentina confesión, sin embargo, su semblante no se inmutó.
Alzo una ceja, incrédula -eso no hará que evites su destino...Anna...
La menor arrugó la frente, ante su desconfianza -¿Por qué no me crees? ¡Te estoy diciendo que te elijo a ti!
Realmente la estaba escogiendo, ya no le interesaba su nueva faceta...quería estar a su lado, aunque la etiquetasen de loca por permanecer al lado de tal criatura.
-si, claro...- rió, gesticulando una maligna mueca -¿Con todo lo que te hice, ahora debo pensar que de un día para el otro me quieres?
Se mordió el labio inferior, impaciente -no es de un día para el otro, ya te lo dije...siempre te he amado...solo que mis temores me vencieron...- resaltó, tomando sus cristalinas mejillas entre sus manos, penetrando sus profundos ojos en ella.
Clavó su mirada en lo suyos, observándola con detenimiento, como si de esa forma pudiese traspasar la verdad detrás de sus palabras.
Quería creerle...realmente quería...pero su oscuridad no le permitía confiar.
Luego de unos segundos, sonrió para sí con lastima, soltándose del agarre, para luego levantarse, con intenciones de retirarse de allí.
Anna la siguió de inmediato, pero la joven estiró su brazo, apuntándola, provocando que se detuviese en seco.
-no caeré en eso...hermanita...
A pesar de sus fuertes palabras, sin contar su amenaza, que ahora empezaba a emanar de sus manos, la pelirroja no retrocedió.
Se paralizo por su ferviente mirada. ¿De verdad la quería? ¿Podía creerle?
-no me iré, Elsa...haz lo que quieras conmigo...pero no te dejaré...
Entrecerró los ojos, percibiendo como su corazón se derrumbaba con lentitud -Anna...
El sonido de la puerta principal abriéndose brutalmente, las hizo temblar.
La rubia dirigió su mirada al pasillo, emitiendo un sonido casi insonoro -esos inútiles...
Emprendió su caminar con intensiones de buscar a aquellos intrusos, pero una mano aferrada a su brazo, la detuvo.
-¡Detente! ¡Van a matarte! por favor...no quiero perderte...no de nuevo...- suplicó, abrazándose a él.
La observó, dibujando una amable sonrisa en su rostro. Hurtó su mano, que no tenía intenciones de soltarla y la llevo a sus labios, besando su dorso.
Ruborizada, se quedo sin habla, ante su caballerosa acción.
-no te preocupes, Anna...te prometo que...te protegeré- susurró, acercándose a su anonadado semblante y plantando un pequeño beso en sus carnosos labios -duerme ahora...mi princesa...
Agarrándola desprevenida, elevó su mano y la apoyo en su frente. Un resplandor blanco emano de ahí, desorientándola.
-Els...- no pudo terminar su llamado, ya que su mente se nublo, desvaneciéndose al instante.
Elsa atajo su caída, tomándola entre sus brazos. Hundió sus cristalinos ojos en ella, con desolación, para luego llevarla a la cama, recostándola con sutileza.
-te protegeré...- reiteró, con una profunda mirada.
Besó su frente, y comenzó a alejarse de allí, a paso decidido, lista para la batalla.
Nadie le quitaría a su amada, y si eso ameritaba destruir a todo el mundo, lo haría.
y se viene la parte que todos esperaban! ¿Qué va a pasar con Hans? en el próximo capítulo lo sabrán!
Besotes!
