Secuestro
He estado pensando...vivimos sin ver realmente ¿Lo sabías? ¿Por qué nos cuesta tanto enfrentar la verdad? Ver lo que es tan evidente ¿Será por qué no estamos preparados para encararla? si...debe ser eso.
La verdad siempre está a la vista, y si queremos, por supuesto que podremos verla. La respuesta que hallé, fue que el que no quiere ver, nunca verá, ni despertará.
Elsa...no importa lo terrible que sean tus demonios internos, vas a pelear, y vas a ganar, lo sé. También sé que no será fácil, tu contraparte tiene tu misma fuerza e inteligencia, pero tú tienes voluntad...y amor, mi amor. Es como ir contra el viento ¿No lo ves? es así de simple. Solo debes aceptar quien eres en realidad, y no importa quién quede en pie, yo te amaré de todas maneras.
Lamento haberlo descubierto tan tarde...me hubiese gustado poder decirte estas palabras antes...pero confío en ti, se que lo descifrarás, eres mi hermana después de todo, mi adorada...hermana...
-/-
Elsa se dirigía a paso firme, bajando las escaleras con elegancia, hacia la entrada de su castillo.
Al llegar, observó con desinterés, como varios soldados se encontraban en ella con armas en sus manos, listos para atacar.
Sonrió de forma maligna, clavando la mirada en ellos -¿Me buscaban, caballeros?- atino a decir, en un tono burlesco.
-Monstruo...
Llegó a escuchar. Alzó una ceja, para luego extender el brazo con rapidez y congelar al dueño de aquel insulto, de inmediato, confirmando su naturaleza.
Los demás, retrocedieron un poco, al percatarse de su poder.
-¿Quieren más?- amenazó, acercándose peligrosamente.
Los fieles soldados no perdieron la compostura, y tragando saliva con fuerza, se dirigieron hacia ella, rodeándola.
-vengan...- susurró, elevando ambas manos, demostrando de lo que era capaz.
-...na...Anna... ¡Anna...!
Su nombre siendo llamado, la hizo despertar. Se reincorporó con torpeza, pasando la vista a ambos lados de la habitación, encontrándose, para su sorpresa, con su prometido, Hans.
-¡¿Qué haces aquí?!- se exaltó al instante, tomándolo de los hombros -¡Debes irte, ahora!
El príncipe la miró, confundido -pero...he venido por ti...Elsa esta descuartizando a mis soldados... ¡Tenemos que detenerla!- expresó, ayudándola a pararse.
La pelirroja desvió la mirada, al oír el nombre de su hermana, emanar de sus labios. Era momento de decirle la verdad.
-Hans...te agradezco que hayas venido por mi...pero debes irte...Elsa no lastimará a nadie si se van, solo me quiere a mí
La observó, desentendido -¿A qué te refieres? ¿Qué es lo que ha sucedido en todo este tiempo?
Tomo aire, dando pasos hacia él -no importan los detalles en este momento...por favor...vete...- suplicó, con desconsuelo.
El joven entrecerró los ojos, acortando la distancia -no me iré...- sin esperarlo, la rodeó en sus brazos, aferrándola a su pecho -Anna...
La pequeña se dejó abrazar, rememorando los buenos momentos que había pasado con aquel muchacho, por más cortos que hayan sido.
-Anna...- repitió, para luego, comenzar a dibujar una tenebrosa sonrisa en su semblante -gracias por confirmarme su debilidad...- musitó aquello último, desprendiéndose del agarre.
Abrió los ojos de par en par, estupefacta -¿q-qué?
Ante su consternación, rió de forma desaforada -me imaginaba que no iba a ser fácil vencerla, pero ahora lo se...sé como derrotarla...
No creía lo que sus oídos escuchaban. Su corazón le apretaba, tanto, que le costaba respirar.
Observó su pasmado rostro, bufando -veo que estas confundida...bueno...es normal en una persona como tu...que se compromete con el primer hombre que conoció en su vida...- soltó, con descaro, caminando por la habitación.
-Hans...
No podía ser cierto...tenía que ser una broma, si, una de muy mal gusto.
-verás Anna, antes de que mueras...creo que mereces saber la verdad- sentenció, posando sus ahora, malignos ojos en los suyos.
Retrocedió, sintiéndose amenazada.
-los soldados contra los que está peleando tu querida hermana...son solo un señuelo, tú eres la parte importante de este plan, gracias a ellos, pude escabullirme y llegar hasta ti...
El silencio invadió la recamara. Solo se oían sus firmes pisadas.
-el plan siempre fue seducirte...para así llegar al trono- continuó, acariciando el mango de su espada -pensé en conquistar a Elsa antes que a ti...pero ella ya tenía fama de ser una persona difícil...pero tú...- rió, tapando su frente -estabas tan desesperada por amar y ser amada ¡Que aceptaste el compromiso en solo un segundo...!
La pelirroja frunció el ceño, impotente. Su príncipe la había engañado, después de todo...la reina tenía razón.
-eres tan estúpida Anna...fue tan fácil llegar a tu desolado corazón...- susurró, aproximándose a su ahora, enfadada persona.
-Maldito...
Tomó su mentón, obligándola a mirarlo -ahora...tú serás la carta que asegure mi triunfo...
Sin más que decir, golpeó con rudeza su nuca.
-h-hans...- lo llamó, entrecortadamente, para luego, desmayarse ante tal acción.
El joven la atajó entre sus brazos, sin quitar su maliciosa sonrisa.
-¡Mueran!- exclamó una platinada, congelando a sus agresores, atravesándolos con su puntiagudo hielo.
La sangre de aquellos soldados, salpicaba su extasiado semblante. Sonrió complacida por su reciente masacre.
Miró a ambos lados, pero ya no había nadie más que se le opusiese.
-ha...tan fácil...
Una macabra risa, que hizo eco en aquel castillo, interrumpió sus palabras de victoria. Elevó la vista, y lo que observó, la paralizó por completo.
Hans bajaba con lentitud las escaleras. En sus brazos se encontraba ni mas ni menos, que su pequeña hermana.
-¡Anna!- gritó, corriendo hasta ellos, pero el muchacho, velozmente depositó su espada cerca del cuello de la princesa, deteniendo su andar.
-ni se le ocurra...reina Elsa...- dictó, terminando de bajar, quedando a una corta distancia.
Sus pupilas se ensancharon, aterrorizada, al observar como la sangre corría por la nuca de su amada.
-¡¿Qué le has hecho?!- vociferó, cerrando con fuerza sus puños, comenzando a formar escarchas de hielo en estos.
-Lo necesario para destruirte. Si te acercas...le atravesaré la garganta...
-pero tú...se supone que tú la...
-¿Amaba?- terminó su frase, sonriendo con sarcasmo -vamos Elsa...los dos sabemos que todo fue una farsa
Chocó los dientes, impotente. Se lo imaginaba...e inclusive se lo había advertido, pero muy dentro suyo...pensaba que realmente se había enamorado de ella...que equivocaba estaba.
Tomó aire, tratando de recuperar la compostura -¿Crees que tu chantaje me intimidará? ¿Sabes lo que le hice a Anna antes de que llegaras?
Tenía que ganar tiempo y formular un plan, no debía dejar que se saliese con la suya.
El joven, sin perder los estribos, hizo una mueca, pensante -mmm...eso no lo sé su majestad...lo único seguro, es que hace unos minutos atrás, su querida hermana estaba rogando porque me fuera, y algo me dice...que no estaba pensando en mi seguridad exactamente...- le guiño un ojo, de forma burlesca.
-¿q-qué...?
Posó su mirada en la pequeña, acariciando su desvanecido rostro, para luego dejarla caer con brusquedad al suelo.
-¡Anna!- escapó de sus labios, tratando de llegar hasta ella, pero la espada del joven, nuevamente amenazaba con su vida.
-lo sabia...estas enamorada de ella...- descifró, sus mas internos sentimientos, dibujando un altanero gesto.
-n-no se de que hablas...
Ante su negación, largó una gran carcajada -pero que patético ¿Hermanas...enamoradas? ¡haha!
Presionó su propia mandíbula con rudeza, al percibir su ironía. Nunca había deseado asesinar a alguien tanto como ahora.
-¿Sabes lo que es esto, querida Elsa?- retomó su habla, sacando una antigua urna de su bolso.
Abrió los ojos, desentendida, analizando ese extraño objeto.
-esto...- continuó, acortando mas la distancia, dejando el cuerpo de su prometida, detrás de él -es un contenedor...
Dio dos pasos atrás, al percibir la cercanía, observando de reojo a su amada.
-esto...puede encerrarte...puede encerrar tus poderes... ¿Lo sabías?
No respondió, su atención seguía inmersa en otra persona.
Destapó aquel jarrón, apuntándola con este.
-es tu fin...
La platinada sonrió con humor -veo que no sabes de lo que soy capaz...- musitó, extendiendo su brazo.
-no importa lo que hagas, te detendré...
El silencio irrumpió el salón. Ambos se miraban de forma odiosa. Elsa por su parte, desviaba la vista de vez en cuando. Su única meta en ese momento, era rescatarla.
Hans, al notar su distracción, se abalanzó contra ella, con la espalda en alto. La reina desvió su ataque, emanando de sus manos un frio hielo, dirigiéndolo hacia él. Sin embargo, este posicionó la urna sobre su poder, absorbiéndolo en unos instantes.
-¿Pero qué...?- se exaltó, petrificada.
-¡Te lo dije! No hay nada que puedas hacer contra mi...si poseo esto...- resaltó, acariciándolo.
Frunció el ceño, tratando de idear un nuevo plan.
-no hay tiempo para eso, Elsa...- adivino sus pensamientos, ahora apuntándola con su filosa arma -mejor ríndete, quizás de esa forma...tenga piedad...
-¿Piedad? tú no sabes lo que es eso- contradijo, con una sarcástica sonrisa -enamoraste a mi hermana para tus sucios fines...jamás te lo perdonaré...
-oh ¿Eso hice? pero acaso... ¿No hiciste tú lo mismo? ¿Crees que soy tan idiota como para no darme cuenta que Anna está enamorada de ti? No tienes derecho de reclamarme nada...
Era suficiente, aquel joven había traspasado los límites de su paciencia.
Su mirada se volvió más tenebrosa que antes, tanto, que sus azulados ojos desaparecieron, dando paso a unos completamente oscuros.
Retrocedió unos centímetros, al notarlos. Sentía su peligrosa energía emanar por doquier.
El cristalino castillo, comenzaba a teñirse de un rojizo transparente.
-¿t-te arriesgaras por ella? ¿Tanto la amas?- inquirió, siendo consciente de que sus palabras, solo la irritaban más.
-tú... ¡DESAPARECE!- se lanzó rápidamente contra él, hundida en la furia, pero el muchacho, intuyendo sus intensiones, dirigió aquella mágica urna contra ella, succionando de nuevo todo su poder, para luego, ante su estado debilitado, clavar la espada en su hombro.
-¡aaggh!- gritó agonizante, llevando la mano hacia su herida y cayendo de rodillas.
El príncipe comenzó a dibujar una descarada sonrisa, desprendiendo su arma de ella, de la forma más dolorosa posible.
-¡AGGH!
-¿...Qué sucede su majestad? ¿Dónde quedó toda su energía?
La platinada percibía como su sangre hervía. Trató de congelarla, pero era inútil, la mayoría de sus poderes habían sido succionados. Se sintió débil e impotente al no poder contrarrestar su ataque. ¿Acaso iba a perder esa batalla?
La pelirroja reaccionó, al oír su grito desenfrenado. Se reincorporó con pesadez, llevándose la mano al cuello, apreciando la sangre caer por él.
-¡agh!- se quejó un poco, refregándose el lugar -qué suc...- Se enmudeció, al pasar la mirada al frente. Allí estaba aquel traidor, acercándose de forma peligrosa, con la espada en alto, a su hermana.
Abrió los ojos de par en par, espantada.
-Elsa...- murmuró, levantándose de inmediato, sin creer lo que sus ojos veían.
El joven le dio una bofetada a la rubia. Esta cayó al suelo con rudeza, golpeándose con él, provocando que la sangre resbalase por su frente, cubriendo sus ojos.
-escoria...- murmuró, tratando de visualizarlo, pero su visión se encontraba nublada, de un tinte carmesí.
-Hasta nunca... mi reina- .alzó su espada, sonriente, listo para cortarla.
Las lágrimas se hicieron presentes en el semblante de la pecosa muchacha.
-Elsa...no...
Sin pensar, comenzó a correr en dirección a ellos, con intenciones de salvarla.
-Elsa...Elsa... ¡ELSA!
La reina levantó su brazo de forma instintiva, dispuesta a atacarlo con lo poco que le quedaba de magia. El resplandor cristalino, se hizo presente en su palma, emanando una considerable cantidad de hielo de esta.
Anna, sin percatarse de su acción, los alcanzó finalmente, interponiéndose entre ellos y extendiendo sus brazos a ambos lados -¡DETENTE HANS! - gritó, tratando de evitar la estocada que estaba a punto de clavar en su hermana.
De repente, sintió un punzante frio penetrar su espalda, logrando atravesarla, poco a poco.
- ¿Pero qué...?
En estado de trance, observó su pecho, siento traspasado por este, y llegando hasta el joven, penetrándolo también.
A pesar de tal situación, dibujo una débil sonrisa en sus labios, al oír su grito de dolor.
-Si...así debe ser...así debe...terminar esto...
El príncipe terminó estampado contra la pared, inconsciente.
El ruido de la urna rebotando por el traslúcido suelo, provocó que la platinada se reincorporase, limpiando la sangre de sus ojos, con dificultad.
Logró visualizar una figura parada frente a ella, con los brazos abiertos.
Elevó la vista, para luego ahogar un grito al cielo, al observar que aquella figura, no era más que la de Anna. Esta comenzó a desplomarse con lentitud, para luego caer en el piso, haciendo eco en el palacio.
-¡ANNA!- exclamó, acercándose a ella con rapidez, agarrándola en sus brazos -a-anna...- sollozo, percibiendo su helado cuerpo.
La pequeña entreabrió los ojos, encontrándose con su angustioso semblante.
Sonrió con esfuerzo, desplazando su temblorosa mano hacia su rostro, reposándola en él.
-a-anna...- tartamudeó. No podía creer lo que sus ojos veían.
Esta comenzaba congelarse con lentitud, su cabello se estaba tornando blanco y su respiración se entrecortaba. Igual que aquella vez...donde su pesadilla dio inicio.
Sus lagrimas empezaron a recorrerla, sin poder evitarlo -¿p-por qué?- murmuró, abrazándola con fuerza.
Cerró los ojos de forma apacible, formando una tenue sonrisa en sus labios -porque...te amo...- susurró, acariciando su mejilla.
Elsa la observo penetrantemente. Su agonía aumentaba a cada segundo.
-p-pero yo...es mi culpa...yo...
-Elsa...- la detuvo, limpiando sus lagrimas -te amo...- repitió, deslizando los dedos por su cristalino rostro -perdóname...por todo...
-...Anna...n-no...
Tosió con debilidad, sintiendo su alma perecer.
La reina abrió los ojos de par en par, percibiendo la inevitable despedida.
-y-ya no puedo v-verte...
-¡Anna!
-ya n-no...puedo oírte...
Su pecho se apretó, observando casi en cámara lenta, como sus parpados descendían cada vez mas. Aquel brillo que destacaba en sus ojos desaparecía, para finalmente cerrarlos por completo, dejando caer su semblante de lado.
Se quedó inmóvil. Anhélando que todo fuese solo un mal sueño.
-no...
Miró con detenimiento su rostro, como si de esa forma fuese a despertar.
-deja de jugar...Anna...- reaccionó, zarandeándola, pero esta, ya no tenía intenciones de reaccionar.
Sus sollozos se hicieron mas audibles, al caer en la dura realidad.
-¡n-no...NO!- exclamó, con el alma desgarrada, sosteniendo su ahora, fallecido cuerpo.
-¡ANNA! ¡NO!
Lloró, como nunca antes lo había hecho en su vida, aferrándose con impotencia a su ser, que ya no se encontraba allí.
-n-no...no...no...- repitió, fuera de sí, acariciando su rostro, llevándolo hacia su pecho y acurrucándolo en el.
Cerró los ojos con potencia, deseando morir. Todo era su culpa...su maldita culpa...y ahora su pequeña hermana, la única persona que la quería en el universo, había desaparecido. Y lo peor de todo...es que no entendía por qué le había pedido perdón...cuando era ella misma la que se arrepentía de sus atroces actos.
-Dios...por favor...no...no me la quites...no...
Se abrazó a ella, hundiéndose en su cuello, inhalando su fragancia, que aún permanecía allí.
-Anna...
El ruido de unos pasos, la hizo voltearse con lentitud.
Ahí estaba, aquel insistente joven, aproximándose de nuevo, rengueando, con la espada al frente -se lo merecía- musitó, limpiando su sangre de la comisura de sus labios -por descarada...
Reforzó el agarre, concibiendo como la ira la invadía.
Este, al notar su furia, emitió una carcajada burlona -no te preocupes, ahora mismo te reunirás con ella...
-por tu culpa...Anna está...- interrumpió sus propios pensamientos, la sangre hirviendo en su ser.
-Insecto... ¡TE MATARÉ!
Desenlazó un brazo, extendiéndolo ferozmente, emanando con rapidez la energía que le restaba, paralizándolo.
El joven ensanchó sus pupilas, pávido -¡n-no puede ser!
-¡VETE AL INFIERNO!
Hans, desprevenido, observó como una encandilante luz lo cegaba, para posteriormente ser atravesado por filosas cuchillas de hielo, que surgieron del suelo.
-¡AGGH!- gritó, concibiendo el punzante daño, para luego, entrecerrar sus ojos y perecer al instante. La sangre se deslizó por aquella cristalina nieve, dando a entender su fin.
La platinada descendió sus párpados, girando su rostro y volviendo a envolver con sus brazos, a su amada princesa.
-Anna...- la llamó, arrimándose a su mejilla, refregándola contra la suya -perdóname... ¡Lo siento tanto!- exclamó. Sus lágrimas se derrumbaban sobre sus mejillas.
Se quedó varios minutos rodeándola, observando su pacífico semblante.
-Anna... ¿sabes?- emprendió su perdida habla, deslizando los dedos por su sedoso cabello cristalino -lo único que quería...mí único deseo...era permanecer a tu lado...y por eso yo...- sus palabras se atragantaron en su alma, hundiéndola en la desolación -y por eso...por mi egoísmo, te causé tanto dolor...tanto...perdóname por favor...aunque no lo merezca...perdóname...Anna...
Penetró sus azulados ojos, en los callados de ella, esperando una respuesta, que nunca iba a llegar.
Sin pensar, acortó la distancia entre sus rostros -perdóname...- repitió, acercando sus labios a los ya, pálidos suyos -te amo...y siempre lo haré...
Los unió, plantándole un beso lleno de amor y amargura. Un beso...que significaba una tortuosa despedida.
Capitulo 8 entregado! no se desesperen...que todavia faltan unos capítulos más!
Gracias por leer mis queriidos/as!
Nos vemos en el próximo capitulo!
Besos!
