Por ti
Cuando te cuestionas el por qué...y no obtienes respuesta alguna, no hay paz. Eso es lo que siento ahora mismo. Me siento caer al vacío. No hay pregunta que duela más que el "por qué".
Me perturba, me paraliza, me genera ansiedad.
Pero luego...llega otro "por qué" este me hace pensar diferente, me hace aceptar que hay cosas que simplemente no tienen explicación, y si la tienen...ya no es de mi interés, porque mi vista está clavada solo en una persona, en el único ser que me importa.
Toda mi vida he hecho enormes esfuerzos por no necesitar a nadie, por no depender, por no...amar...ante tal negación, solo conseguí lo contrario.
Perdóname...Anna...discúlpame por depender tanto de ti.
-/-
Permaneció unos segundos apegada a sus labios, deseando no separarse nunca más. Pero ella ya no se encontraba allí...su frialdad era la prueba.
Se separó con lentitud, dejando caer lágrimas en su fallecido rostro.
La observó profundamente, acariciándolo, con un perdido semblante. Era el fin, nada podía igualar la vida de su hermana. Su hermosa existencia...era lo único que necesitaba para vivir, y ahora había desaparecido.
El odio que corría por sus venas, hacia su propio ser, la carcomía por completo.
Sin tan solo no hubiese perdido los estribos en la coronación...si no hubiese escapado de sus problemas...si no se hubiera perdido en la oscuridad...nada de aquello estaría pasando.
Su vida ya no tenia sentido, no sin ella...no más.
-Anna...sin ti...yo no...- comenzó a decir, descendiendo la vista, para luego conjurar una pequeña cuchilla y dirigirla a su propio cuello -yo no puedo...
Cerró los ojos con resignación, aproximando mas aquella arma. Una triste sonrisa se formo en su rostro, anhelando con todas sus fuerzas, que a pesar de sus actos, se pudiese reunir con ella en el mas allá.
-te veré pronto...Anna...
Antes de poder hundírsela, un resplandor de colores, emanando lentamente de su princesa, provocó que detuviese su acto.
-¿Pero qué...?
Aquella energía luminosa incrementó, descontrolándose, y traspasándola por completo.
Elevó la cabeza hacia atrás, ante el impulso. Su mente, al instante, se lleno de recuerdos, dulces memorias...de sus momentos mas felices. En estos se encontraban Anna y ella misma, jugando de pequeñas, riendo, durmiendo juntas... ¿Cómo pudo haberlo olvidado? ¿Cómo pudo olvidar lo feliz que fue a su lado ese corto tiempo? Las lágrimas la recorrieron, sin poder evitarlo.
Sus pensamientos, invadidos por la oscuridad, empezaron a blanquearse, dejando todas sus emociones lúgubres detrás. Al mismo tiempo, su vestido comenzó a mutar, tornándose de un color turquesa.
Se sentía tan lucida...tan...liberada...realmente liberada...
Sorprendida, llevó la mano a su propio pecho, al sentir las puras sensaciones y la nitidez envolverla, para luego posar la mirada, perpleja, en su hermana.
El cabello de esta, pausadamente volvía a su rojizo tono, al igual que el color de su piel.
Abrió los ojos de par en par, sin creer lo que veía.
-¿a-anna?- la llamó, estupefacta, sosteniéndola en sus brazos.
La nombrada, entreabrió los ojos con lentitud, encontrándose con el inocente semblante de su hermana.
-Elsa...- murmuró, dibujando una amable sonrisa en sus labios.
Paralizada por aquel acontecimiento, cerró sus lagrimosos ojos con fuerza, abrazando a la joven, hundiéndola en su pecho.
-¡ANNA!
-Elsa...- Deslizó las manos por su espalda, sintiendo su extraordinaria calidez, una que creyó jamás volver a sentir.
-p-pensé que te había perdido...y ahora estas aquí...y-yo...- sus palabras se entrecortaban, ante la conmoción.
Reforzó el abrazo, volviendo a percibir esa nostálgica esencia desprender de ella, aquella que juro haber olvidado.
-¿Qué sucedió? lo último que recuerdo es haberme desvanecido... - inquirió, confundida, reincorporándose un poco.
La mayor negó con la cabeza, impregnada en lágrimas -no lo se...ni me interesa...lo importante es que estas aquí conmigo...viva...
La reina sin saberlo, al besarla, realizó la magia más poderosa de todas, un acto de verdadero amor, destruyendo el hielo que se encontraba en el interior de la menor.
Sonrió ante su respuesta, reforzando el agarre. Había vuelto a la vida, internamente sabía que era obra de Elsa...pero no podría explicar como sucedió, solo lo sabía.
El abrazo duro segundos...minutos...no querían desprenderse, sin embargo, el sollozo de la mayor, provoco que se apartara, tomando sus mejillas entre sus manos, con delicadeza.
-¿Elsa...que sucede?
Ascendió la mirada, avergonzada -Anna...te he hecho tanto daño...con solo pensarlo...- el llanto entrecortaba su voz -no te merezco...
Al escucharla, le sonrió de forma tranquilizadora, acercando mas su semblante a ella, rozando sus narices -no Elsa...fui yo la que te hirió...lamento haberte rechazado tantas veces...lamento no haberte...aceptado...
-Anna...
Tragó saliva con rudeza. Sabía lo que tenía que hacer...debía...desaparecer de su vida. No podía flaquear, tenía que protegerla de su peligrosa persona. Con tan solo imaginar el riesgo que conllevaba estar a su lado...se le oprimía el pecho.
-somos hermanas...- lanzó la máxima bomba, dejando entre anonadada y pensante, a su acompañante.
Esta, luego de unos instantes, se alejó un poco, para luego dedicarle un radiante gesto, desconcertándola -¿Y? eso ya no me interesa...
No podía creer lo que oía ¿Estaba dispuesta a arriesgarse?
-¿Sabes? en este tiempo me di cuenta...- detuvo el habla, descendiendo sus ojos, nostálgica.
-¿d-de qué?-
Estaba intrigada, pero al mismo tiempo, era consciente de que dejarla hablar la debilitaría...no podía pasar un minuto más a su lado...su consciencia no se lo permitía...sin embargo, el seguro rostro de la menor, destruía su determinación.
-me di cuenta...de que no importa de qué manera te presentes...yo siempre te amaré- llevo la mano a su pecho, aferrándolo con fuerza -no importa si te conviertes en pura maldad...o en luz...siempre...siempre estaré a tu lado...
-a-anna...- escapó de sus labios, en un susurró, emocionada por sus palabras.
Cerró los ojos, derrotada. Su hermana no podía ser más amable y comprensiva...definitivamente no la merecía.
Se apartó un poco, desviando la mirada -no, te he herido...de miles de formas...jamás podré olvidar lo que hice...me destruye, Anna...no puedo...no...- negó el semblante, escondiendo un gruñido, ya que al hacer un movimiento brusco, la herida de su hombro se abrió mas.
-¡Elsa!- se aterró, al observarla.
Acarició su lesión, desconociendo que, la herida más profunda se encontraba en su alma.
-¡Déjame Anna!- dijo ya en un grito, cabizbaja, respirando de forma entrecortada -aléjate de mi...es lo mejor...por favor...abandóname...
-No lo haré
Chocó los dientes, impotente. Ya no toleraba aquella situación. Le parecía increíble que quisiese permanecer a su lado.
- ¡¿Es qué no te das cuenta de todo lo que te he hecho?! ¡¿No eres consciente?! ¡¿No lo recuerdas?! ¡¿Cuál es tu problema?!
-¡Tu eres mi problema!- se exaltó, sujetándola de los brazos.
-¡Entonces si lo soy, déjame ir! ¡No ves que no puedo vivir sabiendo lo que...mmhh!
Su dolor fue cayado por sus desaforados labios.
Pestañeó varias veces, incrédula. Estos eran tan suaves...cálidos...llenos de amor...
Anna...
Con pesar, descendió los parpados, dejándose llevar. Era un hecho, había perdido la batalla contra ella.
La pelirroja se apartó con cautela, penetrando su mirada en la suya.
Elsa ya no tenía palabras para responder. El impacto era demasiado para su destruido corazón.
De repente, sintió unos brazos rodeándola, reconfortándola, protegiéndola...
-Anna...- musitó, desplazando las manos por su espalda, incapaz de contenerse. Necesitaba sentirla.
-Te amo...-sentenció, abrazándola con todo su ser, escondiendo el rostro en su pecho, estremeciéndola -ya te lo dije, no me importa quién habite en ti...te amo de cualquier forma...no te dejaré ir...no de nuevo...no vuelvas a...- su llanto la interrumpió -dejarme sola...Elsa...
Se quedó muda, apreciando sus caricias. Su respiración volvía a retomar su ritmo, debido a su cariño.
-aun cuando estabas consumida por la oscuridad...- continuó -te pude ver ahí, agonizante...deseando salir, yo también...descubrí una parte de mi olvidada, gracias a ti...así que por favor, Elsa...no me dejes, te necesito...nos necesitamos...
Sorprendida ante su discurso, bajó sus parpados al instante, agradeciendo al cielo por enviarle una hermana tan especial.
-Anna... ¡Anna!- la llamó con desesperación, dejándose caer en su regazo, aliviando su dolor allí.
-Elsa...
Negó arrepentida en este, depositando sus lágrimas en él. Se le hacía imposible creer en las cálidas palabras que le dedicaba. Pero la realidad, es que su hermana la amaba de igual forma que ella. Quién sabe por que...cuál es la razón de su elección...ni quería preguntar, temía por su respuesta.
Era un monstruo...y no debido a sus poderes, sino por lo que se había convertido...sus acciones pasadas lo demostraban, y sin embargo...ahí estaba, una sonrisa cautivadora, perdonándola de todo pecado.
Acarició su cabeza con dulzura, depositando un beso en ella, desmoronando lo que quedaba de su alma -empezaremos de nuevo...afrontaremos esto juntas ¿De acuerdo?
Su alma estalló de alegría al escucharla, no podía negarse, aunque quisiese. Ansiaba quedarse a su lado, después de todo, ella era la razón de su existencia.
Las veces que trató de suicidarse en su solitaria habitación, fueron interrumpidas por las interminables insistencias de la menor, rogándole entrar. Le salvó la vida...más de una vez...y a partir de esos actos, se propuso que al convertirse en reina, la protegería de cualquier mal...aunque fuera ella misma quien lo ocasionara.
Por eso huyo...huyo lejos para evitar lastimarla más de lo que estaba, para evitar herirla con sus poderes...con sus palabras...con sus acciones...pero muy dentro suyo, sabía que sus sentimientos por su persona, irónicamente, a pesar de haber estado separada por una gran mural, habían crecido de forma descontrolada. Le bastó verla solo un par de veces, en esos olvidados años, para que su corazón comenzara a latir con fuerza, despertando emociones en su interior, que nunca creyó poseer.
La necesitaba...necesitaba su aire para vivir. No deseaba una vida sin ella...
¿Era egoísta de su parte permanecer a su lado? ¿Como podía estar segura de que no iba a perder el control de nuevo?
Se preguntaba muy inconscientemente, si Anna era consciente de como la sacudía por dentro.
-Elsa...- su adorable voz llamándola, la hizo reincorporarse, quedando a pocos centímetros de su rostro. Desvió la mirada, atemorizada por sus propias emociones.
Con solo observarla, perdía los estribos. Anhelaba abrazarla y besarla con todo su ser. Al parecer, su oscuridad no se había ido por completo, seguía allí, atormentándola con sus pecaminosos sentimientos.
-no me evites...no es nada malo...- murmuró, cerca de sus labios, leyendo sus pensamientos, pasmándola.
Una cálida sonrisa se dibujo en su rostro, provocando que la mayor se perdiera en esta -es amor lo que sientes...no oscuridad...
Pestañeó varias veces, estupefacta por sus milagrosas palabras. Era tan simple como eso...sin embargo, al haberlo ocultado tanto tiempo, pensando que era incorrecto, su mente había llegado a la conclusión de que era un error sentir aquello, despertando tenebrosas sensaciones en su alma.
Tomó su cristalino rostro con tanto cuidado, que sintió desvanecerse en ese mismo instante -Elsa...
Sin poder contener su arrepentimiento, la rodeó con sus brazos, escondiendo el semblante en su pecoso cuello -perdóname por todo...Anna...nunca quise...no de esa forma...y-yo...
-Elsa...ya paso...- la tranquilizó, acariciando su espalda, para luego, separarse un poco, y dedicarle una hermosa sonrisa.
-Anna...
Sin avisar, comenzó a acortar la distancia entre sus labios, rozándolos, para luego unirlos.
Se perdió en ellos. Decidida a dejarse llevar, entrecerró los ojos, entregándose a su afectivo acto.
Se besaron con tanta que ternura, que juró que el castillo se derretiría ante el amor que palpitaba en su corazón.
Era tan cálida...su cariño cobijaba su dolor, convirtiéndolo en esperanza. Solo Anna podía generar tales efectos.
Se separaron con lentitud. La pelirroja, sin perder su sonrisa, la incitó a reincorporarse, tendiéndole una mano -¿Volvemos?
Se quedo admirándola, desde su lugar -¿A dónde?
Una pequeña risita escapó de su aliento -a nuestro hogar...
Pasado unos segundos, le dedicó un agradecido gesto, tomando su mano, y parándose junto a ella.
Su mirada le hacía creer en un futuro, que nunca pensó posible.
Se dejo llevar por su andar, saliendo finalmente de aquella mansión de hielo que había creado para confinarse hasta la eternidad.
Se dio vuelta con cautela, observándolo por última vez -¿Crees que...el pueblo me aceptará de nuevo?
-por supuesto que sí, no has hecho nada más que defenderte...lo entenderán...
Sabía a que se refería. Las muertes que había ocasionado, yacían dentro de su refugio.
Descendió sus ojos, arrepentida. No había vuelta atrás.
Alzó sus brazos y con un movimiento, derrumbo aquel mural que encerraba su alma. El hielo cayó de forma estrepitosa, borrando todo rastro de su pecado.
Anna lo observó, ahora aferrada con potencia a su brazo. Sus pensamientos se derivaron inmediatamente a ese joven rubio que la había ayudado, y que ahora yacía sepultado bajo la nieve.
Trató de contener las lágrimas. No quería que se diese cuenta de su angustia, después de todo...ella no controlaba su mente cuando ocasiono tal pesar.
Como si la leyese, al bajar sus manos, derivó la vista a ella. Sus ojos se encontraban llenos de lágrimas.
-lo siento...- dijo, casi en un susurro, sin saber que hacer. No habia aprendido como reconfortar a las personas...y eso le pesaba.
Posó su mirada en la platinada, para luego acercarse y limpiar sus lágrimas -ya paso...Elsa...
Sus palabras la consolaban de una forma un tanto dolorosa. Pasarían años...siglos...para que pudiese olvidar lo que hizo. Pero sabía que a su lado, todo sería más fácil, Anna lograba emblanquecerla de aquel mal que la corrompía.
Lo único importante era que la había perdonado...a pesar de que ella misma no lograba perdonarse.
La tomó de la mano, alentándola a seguir. Al mismo tiempo, observó con curiosidad, como la menor miraba a ambos lados, en busca de alguien o algo.
-¿Qué sucede?
-nada...- atino a contestar, sonriéndole, pero ese gesto, escondía mucha tristeza.
Sven había desaparecido, quizás ya lo sabia...los animales son muy intuitivos...debió haberse dado cuenta que su amigo ya no se encontraba en este mundo, y por eso se fue.
-¿Anna?- Oyó una amable y juguetona voz.
De inmediato, buscó el paradero de aquella destacada tonalidad, que tanto conocía.. Su mirada se detuvo en una pequeña montaña de hielo.
-¿Olaf?- .El gracioso muñeco de nieve, emano de esta, al menos una parte de su cuerpo, ya que se encontraba absolutamente desmontado.
-¡Espera, ahora mismo te arreglaré!- corrió hasta el, comenzando a ordenar sus partes, para que pudiese moverse.
-¿Olaf?- repitió la reina, llenándose de nostalgia.
-lo siento Anna...trate de entrar cuando Kristoff corrió en tu ayuda, pero una avalancha me desarmo, y quedé aquí encerrado...
-tranquilo amiguito...todo está bien...- lo calmó, acariciando su cabeza.
El extraño ser, derivó su mirada a la estupefacta joven, sonriendo de forma divertida -¿Elsa?- la nombró -¿No me recuerdas? tu me hiciste...hace ya mucho tiempo...
Las memorias invadieron su mente en un segundo...si...fue aquel fatídico día...
¡Hola, soy Olaf! ¡y me encantan los abrazos!
Escucho su propia voz infantil en sus pensamientos, cerrando los ojos con dolor.
-¿Lo recuerdas?- repitió, un poco decepcionado.
-por supuesto que si...eres parte de mi ¿Y estas...vivo?
-mmm... ¿Eso creo?- dudo, extendiendo sus pequeños brazos.
Una afectuosa sonrisa se dibujo en sus labios, alegrando el corazón de Anna.
-vamos...- le tendió una mano al pequeño -es hora de volver...
-¿Y Kristoff?
No hubo respuesta alguna, solo el rápido caminar de la princesa, que no se dignaba a verlo, ya que no sabía cómo explicárselo.
El muñeco, entendiendo su contestación, bajo el semblante, entristecido.
-lo siento...- escuchó la voz suplicante, de su creadora, agarrando también su ramosa mano.
Luego de unos instantes, le dedicó un animado gesto -que bueno que decidiste volver- atino a decir, omitiendo el obvio detalle, de que su nuevo amigo, no iba a regresar junto con ellas.
Ambas de cada lado, aferradas con firmeza de aquel lazo que ahora tenía vida, continuaron su camino.
Era hora de afrontar sus miedos y remediar sus errores, debía hacerlo...por ella.
Quedan poquitos capitulos!
Gracias por los comentarios! estos me alegran un montooon! :D
Nos vemos en el próximo!
Besos!
