Anna
Hay cambios que llevan tiempo, pero a veces, es tiempo de cambiar. Hay una gran diferencia en darle tiempo a algo, y dejar pasar el tiempo...créanme, lo aprendí de la manera más inesperada.
Una de las cosas más difíciles en un vínculo, es saber que quiere la otra persona de ti...y que quieres tú de esa persona...eso es algo que justamente, solo se aprende con el tiempo.
Asumimos y presumimos, terminamos actuando sin pensar. Antes, solía ser muy impulsiva, ahora, trato de ser mas paciente. Por qué se preguntaran...
Por mi...por ella...
Sé que le costará perdonarse, al contrario de mi persona, que solo se enfoca en vivir el presente.
Yo solo quiero que sea libre, que sea feliz.
Aunque la libertad es peculiar, angustia tanto no tenerla, como tenerla ¿Por qué? bueno...ser libre a veces te invade de temores.
La libertad te da miles de opciones, ese es el problema. Tú tomas todas las decisiones, responsabilizándote por ellas. Te obliga a elegir, y también te tienta...el poder que uno obtiene, no es fácil de manejar.
Y ahora yo, soy libre, y quiero que ella lo sea también. Por su bien...la liberaré.
-/-
Lo sabia...Elsa tenía una reunión importante, pero no me importó y la seduje hasta que sacié todas las sensaciones que inundaron nuestros cuerpos.
¿Egoísta? si...por supuesto que lo era. Pero mi ventaja era que mi querida hermana todavía no me comprendía por completo, desconociendo aquella perturbadora parte de mi ser.
No tenía miedo, sabía que iba a aceptarme de igual forma, como yo lo hice con ella. Por eso, me mostré tal como era. Caprichosa e infantil.
La amaba con desesperación, y eso me agotaba, ya que deseaba estar con ella a todas horas, en cualquier lugar, no importase donde. Todo eso era nuevo para mi...que siempre me destaqué por ser superficial.
Me asusté de mis propios pensamientos, desenredándome con lentitud de su abrazo. No quería despertarla. Finalmente tenía un tranquilo semblante, uno que no creí ver jamás.
Inmersa en su tierno rostro, sonreí de forma tonta, acomodando con sutileza su desordenado flequillo y depositando un beso en su frente.
Mis intenciones de levantarme se desvanecieron apenas la escuché.
-Anna...
Susurró mi nombre de una manera tan dulce, que me derretí al instante.
Volví a mi posición y la rodeé con mis brazos. Quería protegerla de cualquier mal...y sabía bien que yo misma era un mal para ella. Ya que yo...había despertado sus más oscuros sentimientos al rechazarla. Esa herida no sería fácil de curar.
Mis ojos se cerraron casi con dolor, al sentirla acurrucarse en mi, llevándome de nuevo con Morfeo, que hacía hincapié en mis más tediosos recuerdos, sumiéndome en ellos.
Discutía con su padre de tal forma, que pensó por un momento que aquello iba a terminar en una cachetada estampada en su rostro.
-¡Pero papá, necesito verla, es mi hermana! sé que sabes lo que sucede, dímelo por favor...- suplicó, apretando sus brazos con desesperación.
El hombre negó con la cabeza, deshaciendo sus esperanzas.
Solo eso hizo, para que la pelirroja chocara los dientes con fuerza. Se sentía tan impotente...deseaba verla...deseaba estar con ella. ¿Por qué se lo prohibían? ¿Siquiera podían darle una explicación que calme un poco su atormentada alma?
Antes de seguir oponiéndose a su rechazo, percibió como la temperatura comenzaba a bajar precipitadamente, provocándole escalofríos.
De forma inconsciente, llevó la vista hacia la ventana. No nevaba...entonces... ¿Qué sucedía?
Volvió a penetrar los ojos en su padre, que ahora poseía un semblante preocupado.
Extrañada por su actitud, ladeó la cabeza, dirigiéndola a la entrada del despacho, ya que el hombre parecía ensimismado en ese lugar.
Allí la vio, solo por unos segundos, a su querida hermana, esconderse con rapidez detrás de la puerta.
Era ella...estaba segura...
Instintivamente apresuró sus pasos hacia esta, pero una ruda mano detuvo su andar, apretujando con fuerza su muñeca.
Lo miró con odio. Porque eso era lo que sentía, odio por su padre, por aquel que estaba segura que las había separado.
Se desligó del agarre, percatándose del anonadado aspecto de él. No creía posible que su pequeña se rebelase de tal forma. Pero ya nada le importaba, iba a reunirse con Elsa, pasase lo que pasase.
-¡Ya no soy una niña!
Pestañeó varias veces, inmovilizado ante sus fervientes palabras, siguiendo con la mirada su ida.
La platinada ya no se encontraba ahí.
-Elsa...
Sin dudarlo, se dirigió a su habitación. Al llegar, se detuvo en seco antes de tocar la puerta, al escuchar leves sonidos emanar de esta.
-a-ah...
Abrió los ojos de par en par, analizando su quejido, intentando descifrar si se encontraba adolorida o...haciendo otra cosa.
Se animó a observar a través del agujero del picaporte, para luego quedar paralizada en su lugar, ante aquella imagen que invadió sus sentidos.
-a-anna...
Un escalofrío la recorrió de pies a cabeza al oírla. Tragó saliva con rudeza, llevándose la mano al pecho, apretujándolo. Necesitaba calmar con urgencia sus crecientes palpitaciones.
Su hermana se estaba masturbando...pensando en ella.
Era la primera vez que la cerradura no se encontraba oscura. Siempre le inquirió como lograba opacar la visión de esta, pero parece que esta vez la había agarrado desprevenida, realmente...desprevenida.
Examinó su cuerpo con detenimiento. La mayor había crecido de forma considerable, no la recordaba tan hermosa y...voluptuosa.
Cerró los ojos, avergonzada por su propio pensamiento, empezando a sentir una inevitable atracción.
-es mi...hermana...- susurró para sí, entreabriéndolos. Las eléctricas sensaciones que sentía en su vientre, le quitaban el aliento.
Sin pensar, su temblorosa mano se deslizó por su propio pecho, rozando su abdomen y deteniéndose en su muslo. Su entrepierna pedía a gritos una caricia. Algo que la haga recobrar la consciencia.
Había leído demasiados libros en la biblioteca, entre estos se encontraban algunos eróticos. Conocía bien el acto que estaba contemplando.
Descendió un poco la mirada, avergonzada, sin atreverse a continuar observándola. La estaba excitando...y no podía evitarlo, lo cual le atemorizaba.
¿Por qué? ... ¿Por qué con ella...?
Siempre soñó con encontrar a su príncipe azul. Uno que estaría dispuesto a liberarla de su tormento, de aquella cárcel que denominaba hogar. Uno que estaría dispuesto a acceder a sus más insensatos pensamientos, que con la edad, fueron creciendo. Sin embargo...ahí estaba, excitándose con la visión de su casi desnuda hermana.
Un dolor agudo atravesó su corazón, al percatarse de una verdad que no quería admitir.
Elsa...ya hace unos años, era una desconocida para ella... ¿Cómo no iba a sentir cosas? ya no la veía como una hermana...y para colmo, esta se encontraba brindándose placer pensando en ella ¿De verdad...cómo no pensar en algo incorrecto, con tal declaración visual?
-Anna...
Su voz ronca, debido a la ascendiente excitación que estaba sintiendo, la incitó a espiarla de nuevo.
La observó con detenimiento, pasmada. Esta pellizcaba sus pezones con ímpetu, elevando su cuello hacia atrás ante las sensaciones. El sudor la recorría, y su otra mano libre jugaba con su intimidad. Sus cristalinas mejillas se tornaban cada vez más carmesíes, delatando su deleite.
Su propia piel también mutó, ruborizándose. Tenía unas tremendas ganas de entrar ahí y complacerla.
Negó con la cabeza de inmediato, cancelando aquel pensamiento.
A pesar de todo, su alma se encontraba feliz. Si...aquella joven ahora la deseaba de una forma indecente, pero al menos no la había olvidado.
-¿Pero por qué? ¿Por qué conmigo? ¿Siquiera sabe cómo me veo después de tantos años?
Una vaga idea cruzó su mente.
-¿Será que...me ha estado espiando?
El sonido de unos pasos detrás de sí, la hizo incorporarse de un salto y girarse estrepitosamente.
Con temor, ascendió la mirada. Su padre se encontraba parado frente a ella. Se estremeció al notar sus maliciosos ojos.
-p-papá...no es lo que piensas...- Tartamudeó, quitando la mano de su muslo.
Inmutado, dio un paso adelante, lo cual solo provocó que ella diese uno atrás, golpeándose contra la madera en consecuencia.
Los gritos ahogados de la futura reina, se detuvieron. Ahora sabía que se encontraba allí. Había sido absolutamente descubierta.
-déjame explicarte...
El hombre solo se llevó la mano a la sien, refregándose con brusquedad. Nunca lo había visto tan enfadado.
-papá...- repitió, aterrada, para luego sentir un fuerte golpe en su nuca.
-pa...- .No pudo continuar, ya que la oscuridad la rodeó.
Despertó en su cama, completamente confundida. Miró a sus alrededores, sin recordar nada de lo acontecido.
-¿Pero qué...?
Se puso de pie, y al instante sintió un fuerte dolor en su cuello. Las lágrimas querían emanar de ella, desconociendo la razón.
Cubrió sus ojos, concibiendo como la impotencia invadía su ser.
-¿Qué paso ayer? no recuerdo nada...es como si fuera...
Magia...
Habló una voz, dentro de su mente.
Otro sueño, dentro del suyo, emanó, trasladando la escena a un oscuro lugar.
Lo conocía...allí fue donde encontró a su hermana atada, por no decir, crucificada.
-Así que...él fue la razón de que yo olvidara mis sentimientos por Elsa...- pensó, recordando sus memorias perdidas.
-Sí.
Luego de esa cortante afirmación, escuchó una sombría risa, que hizo eco en aquel lúgubre sitio. La conocía...reconocía ese burlón sonido.
Pequeñas plumas negras comenzaron a caer de la nada, esparciéndose a su alrededor, revoloteando por doquier.
Deslizó la mirada al frente, para encontrarse con una platinada de espaldas. Esta llevaba un oscuro vestido, y se miraba con seriedad en un espejo.
Pestañeó varias veces, conmocionada, apartando sus dudas. Era ella...realmente ella...
-¡Elsa!
Corrió para alcanzarla, pero sus pasos se detuvieron, al notar como la joven se daba vuelta con cautela, posando su oscura mirada en la suya.
-Aun estas aquí...
-siempre estoy aquí...hermanita...
De alguna extraña forma se sentía aliviada. Anna amaba con todo su ser a la mayor, incluyendo a aquel tenebroso lado que poseía.
Elsa emprendió su caminar hacia ella, con paso firme, dibujando una confiada sonrisa que logró atravesar su psiquis, haciéndola perder el equilibrio.
Quedó hipnotizada en su lugar, anhelando que sus pasos acelerasen.
-No sabía que me habías extrañado tanto...
Su sensual voz, destruyó los pocos sentidos activos que le quedaban. Sus rodillas flaquearon, y cuando pensó que caería ante la gravedad, unos fuertes brazos la atajaron, para luego tirar de ellos y cubrirla en un apasionado abrazo.
Una familiar sensación la irrumpió al sentirla sobre su cuerpo.
Rendida a su tacto, cerró los ojos, con una paz que creyó increíble encontrar en su aprecio.
-Anna...
Haciendo caso omiso a su llamado, deslizó las manos por su espalda, deseando sentirla más. Sin ser consciente de sus acciones, acarició su sedoso cabello, entregada a ese reencuentro.
Elsa abrió los ojos de par en par, sorprendida por la gracia de sus caricias.
-Anna...Lamento todo lo que pasó...
Se paralizó ante su disculpa. Su oscura tonada no había cambiado, sin embargo, muy internamente sintió su pesar en el fondo de su alma.
-Elsa...
Con mucha fuerza de voluntad, se apartó un poco, quedando aferrada de sus hombros.
No sabía que decir. Allí se encontraba de nuevo la persona que le ocasionó tediosos momentos, pero al mismo tiempo, la que le hizo despertar, descubriendo gracias a ella...su amor por su hermana, es decir, por su persona.
Una radiante sonrisa empezó a delinearse en sus labios, regalándosela.
-¿Me extrañaste?- inquirió, guiñándole un ojo.
Rió ante su pregunta -no puedo extrañarte si te tengo conmigo...
Pero sabía que sus palabras no eran del todo ciertas. La reina volvió a la normalidad al profesar su acto de amor, el cual provocó que reviviese.
Aún así, muy dentro suyo, percibía todavía su tenebroso lado tratando de florecer nuevamente. Lo cual no era para nada extraño, después de todo...todos tenían un lado que trataban de ocultar, inclusive ella misma.
Se convenció a si misma hace un tiempo, que sin oscuridad no había luz...y viceversa. Esa era su filosofía de vida. La que había decidido ejercer.
La mayor descendió la mirada con una indescifrable sonrisa. Su corazón palpitó con fuerza al percibirla.
-¿Elsa?
-yo...- tomó aire, reposando la mano en su mejilla y acariciándola con el pulgar. Parecía como si tuviese que juntar valor para pronunciar sus palabras. -gracias por liberarme...Anna...
Aquello sonó más a una disculpa, que a un agradecimiento.
-gracias a ti...-continuó -ahora puedo tener la consciencia tranquila y llenarme de tu amor...aceptar...lo que siento...
-Elsa...
-no sabes cuán bien has hecho en mi vida...al contrario de mi en la tuya...
Anna levantó su mano, incitándola a detener su habla -Elsa, ahora puedo ver las cosas más claras... ¿Sabes por qué es?
Negó con la cabeza, notablemente curiosa.
-Por ti...tú me has enseñado que esconder lo que uno siente, es incorrecto.
Sonrió con sarcasmo, tratando de comprenderla -¿De qué hablas? lo único que yo he hecho fue...hacerte sufrir...
Se quedó unos segundos en silencio, dándole la razón en parte -lo sé, pero también me has enseñado el camino correcto, el camino que debo seguir.
-¿Y ese cuál es?
Sonrió ampliamente, desarmándola.
-Tú.
Sus ojos se tornaron vidriosos al oírla. Esa pelirroja nunca dejaba de sorprenderla.
-Anna...
Se abrazó a ella de nuevo, escondiendo el semblante en su cuello. Necesitaba calmar sus crecientes sensaciones, en especial, por lo que se avecinaba.
La pequeña percibió su dolor en su cuerpo. Consolándola, la rodeó con sus brazos, estrechándola más hacia sí.
No quería soltarla, al igual que no quería soltar a su otra Elsa, que dormía plácidamente acurrucada en su pecho, en la realidad.
-¿Vas a...desaparecer?- cuestionó, su punzante duda.
El silencio fue su única respuesta.
Aferró mas su agarre, percibiendo la inevitable despedida. Despertando más sus inevitables miedos.
-jamás- susurró finalmente, apartándose un poco, para quedar frente a frente con sus honestos ojos -soy parte de Elsa...por si no te diste cuenta hace unos momentos...
Aquel comentario provocó que dibujase una sonrisa melancólica, al recordar como su hermana le había hecho el amor, minutos atrás.
-¿Te volveré a ver?
Su cuerpo se inmovilizó, creyendo imposible su cuestión ¿De verdad deseaba que permaneciese su pecaminosa persona?
-¿De qué hablas?- atinó a decir, escondiendo su dolor y tomando su mechón blanco, mimándolo con ternura -yo siempre estaré allí...recordándole a su majestad lo que es correcto y lo que no...
-Elsa...
-Ella es parte de mi...yo soy parte de ella...somos lo mismo, solo que ahora...nos hemos unificado...
Su semblante se mostraba tan transparente y sincero. La destruía por dentro.
-¿Y por qué estás aquí entonces?
Emitió una leve risita al escucharla, deslizando la mano por su cabellera, apreciando su suavidad, y acercándose más.
Sus labios rozaron, despertando en ambas, un deseo irremediable.
-quería despedirme adecuadamente...- musitó, penetrando la vista en sus carnosos labios.
Abrió los ojos de par en par, asustada de perderla -¿Entonces si te irás?
-no...te lo dije...ahora somos una...pero es probable que no vuelvas a verme de esta forma...
-¿A qué te refieres?
-gracias a ti, ahora puedo controlar mis poderes...mis deseos...eres mi soporte Anna, y eso lo sé bien...ya no necesito convertirme en esto para sentirme...libre...
Sin ser capaz de contenerlas, su agonía se resbaló de sus ojos.
La reina le sonrió, tranquilizándola -te quiero, Anna...- acortó la distancia y chocó sus labios contra los suyos, unificándolos con una tortuosa lentitud, al mismo tiempo que limpiaba sus lagrimas con el pulgar.
Se dejo besar, disfrutando de aquella quizás, última entrega.
Sin esperarlo, sintió su mano libre, desplazarse desde su espalda hacia su parte posterior.
Ahogó un sonido, notando como la joven reía en la unión. Su alma se tranquilizó al observarla juguetona.
El beso se deshizo, dejándolas solo con fervientes miradas.
-tu trasero sigue igual de apetecible...
-ya podrás probarlo de nuevo cuando despiertes.
-eso haré...- sentenció, robando sus labios de nuevo, pero esta vez, separándose con rapidez.
-te quiero Anna...- repitió, acariciando su cuello con sus finos dedos.
-lo sé...yo también te quiero...
Su imagen comenzó a desvanecerse, dejando una extraña sensación de vacío en su interior. A pesar de todo, su sonrisa, llena de lágrimas, no se esfumó.
-siempre te cuidaré...recuérdalo...
Escuchó aquellas palabras, conmocionada, observando cómo desaparecía entre las sombras. Como si la oscuridad la succionase.
Aquella persona, se volvió su ángel de la guarda. Si...aunque fuese difícil de creer. Después de todo, fue ella la que la protegió, en sus peores momentos.
Abrí los ojos con pesadez, encontrándome con el adorable semblante de mi hermana, durmiendo en mi pecho.
Incapaz de contenerlas, dejé caer mis lágrimas en sus mejillas, despertándola sin querer.
-¿Anna?- inquirió, desperezándose y acercándose hacia mí, recorriendo sus dedos por mi inquietante rostro.
Su preocupada mirada, derritió por completo mi alma.
Penetré mis ojos en los suyos, perdiéndome en sus hermosos zafiros. Instintivamente, me aferré a su cintura como nunca, arrimándola y hundiéndola en mi cuello, deslizando mis manos por su espalda, estrujándola más contra mí.
Sentí su cuerpo temblar, ante mi estrepitosa acción.
-¿Anna, estás bien? ¿Qué sucede?
Su apagada voz, me hizo reaccionar -te amo...
-Anna...
-te amo...te amo...- repetí, ensimismada en mis sentimientos, besando su sedoso cabello, para luego tomar su mejilla y sonreírle con gratitud.
Me miró, extrañada, debido a mi actitud. Pero al instante, me regaló una de las sonrisas más preciosas que juré ver en ella.
-yo también te amo...
Asentí, dejándome recargar en su regazo, asintiendo una y otra vez. Mis lágrimas se derrumbaban en él, llenas de una mezcla entre felicidad y tristeza.
Abrazo mi semblante, acercándome más a su cuerpo, conteniéndome.
Sin preguntar por mi estado, hecho que agradecí infinitamente, me mimo un rato, hasta que mi respiración poco a poco volvía a la normalidad.
Mi lamentación no se debía a ella...sino a mi misma...me carcomía el haberle hecho sufrir en su momento.
-te he retrasado- me anime a hablar, levantándome un poco, quedando cerca de sus labios -lo siento, se que tienes cosas que hacer...- dije arrepentida, pero sin poder dejarla ir. Mis brazos la aprisionaban sin mi permiso.
Me sonrió con amabilidad, cobijando mi pena -le he dicho a Kai que la reunión puede esperar, no te preocupes.
Su voz era música para mis oídos, tan armoniosa...tan...dulce...
En un impulso, tomé sus mejillas y junte mis labios con los suyos, acorralándola contra mí. Necesitaba sentirla, con urgencia.
Creí que enloquecería ante todo el amor que tenia dentro mío, ya no sabía cómo dejarlo en libertad.
Como si leyese mis pensamientos, correspondió mi acto, invadiéndome, explorando mi boca, y pasando sus manos por mi cintura, llevándose mi ropa con ella.
Sorprendiéndome, descendió sus dedos, rozando mi parte trasera, provocando que me estremeciera.
Ascendí la vista, estupefacta por su osadía.
-te dije que lo probaría...
Me guiñó un ojo, dándome una pequeña palmada a modo de juego.
Sentí en su ser, a aquella Elsa tan audaz que conocía bien.
Un alegre gesto alumbró mi rostro, destruyendo mi dolencia. No estaba perdiendo a ninguna de las dos...ellas eran una...Elsa siempre debió ser así desde el principio, después de todo, solo que las circunstancias la hicieron tomar otro camino.
Y yo...la amaba...con sus errores y todo, la amaba. No me imaginaba una vida sin ella. No quería...una vida sin ella...
Me dejé llevar por sus caricias, cayendo nuevamente en esa lujuria que ya nos caracterizaba. Pero ahora era consciente, deseaba sentirla...porque la quería...porque no deseaba que nadie me la quitase, porque...ella era parte de mí. Y siempre lo sería.
yyy estamos llegando casi al final!
Muchas gracias por los comentarios! Nos vemos en el próximo capitulo!
Besos!
