Pasado

Los giros del destino a veces te sorprenden...a veces te asustan...a veces te entristecen...a veces te alegran y otras veces, te hacen más fuerte. Quiero creer que este último, es el caso. Enfrentarnos a nuestros miedos, es algo que tarde o temprano todos debemos hacer. Este es mi momento, lo percibo.

Pero mi único temor, teme por mí. Teme perderme, al igual que yo a ella.

Solo espero que...pueda entender que mientras más tememos, más nos alejamos de la verdad, y de la felicidad.

Entiéndelo, Elsa...créelo y confía en mí.

Siempre estaré esperándote, siempre...

-/-

Anna observó la tumba de sus padres con tal frialdad, que juró que su corazón se congelaría ante aquel hecho.

Detestaba a aquel hombre, denominado su padre.

Las había separado, encarcelando a su pobre hermana en su fría habitación, y para colmo, le había hecho olvidar lo que sentía por ella.

Cerró los puños con fuerza, tratando de contener su odio, intentando pensar que solo fue un ser humano, al igual que ella, y como tal, cometió errores.

Su pecho se oprimió con dolor, al no percibir el perdón llegar a su corazón. Le costaba demasiado.

El atardecer adornaba el ambiente, tornándolo nostálgico, inundándola de memorias indeseadas.

Desvió la vista a la tumba de su madre. A pesar de que esa mujer fue su tesoro en su momento, también le guardaba rencor, ya que a su parecer, no se opuso a la idea de aislarlas.

Resignada a las circunstancias, llevó la mano a su frente, soltando un tedioso suspiro y ocultando su pesar.

-Déjalo ir...déjalo ir...si sigo pensando en esto...terminaré consumida por el odio...tal como...

Antes de poder acabar su frase, sintió una cálida mano sobre su hombro, apretujándolo un poco.

Se dio vuelta con cautela, para encontrarse con unos hermosos ojos que la miraban apaciblemente, despojándola de todos sus pecaminosos sentimientos.

-Olvídalo...

Abrió los ojos de par en par, por su certero consejo. Parece que los roles se invirtieron, ahora era Elsa quien adivinaba lo que pasaba por sus pensamientos.

Ladeó un poco la cabeza, tratando de evitar su honesta mirada -No es tan fácil...

-Lo sé...pero si yo lo he hecho, tú también puedes.

Era un buen punto. Después de todo, la platinada se había llevado la peor parte en esta historia, y como buena heroína, la había superado.

Sonrió para sí, concibiendo la lastima hacia su propio ser.

-Tú eres mejor persona que yo...

Sorprendida por tal mentira, tomó sus manos en un impulso y las junto con las suyas -Sabes bien que eso no es cierto...

El silenció formó parte de aquel hermoso lugar, inmerso de recuerdos. No sabía que decir...solo una cuestión venia a su mente, pero decidió que era demasiado pronto para liberarla...no quería hacerle pensar en cosas dolorosas.

-¿Volvemos?

-Si...

Debía dejar su odio de lado, este solo provocaba sufrimiento en su alma, y en el corazón de su hermana. No quería verla sufrir.

Tenía que aprender a vivir con ello. Ahora tenía a Elsa de vuelta, eso era todo lo que importaba.

-Espero de corazón...poder algún día perdonarte...papá...

La mayor se aferró de su brazo, emprendiendo su caminar.

-Te tengo una sorpresa...- susurró, mirándola de reojo.

-¿De verdad?

Ante su desconfianza, arqueó una ceja de forma divertida -¿Tanto te cuesta creerlo?

-Sabes bien que las sorpresas en esta familia nunca fueron...muy agradables que digamos...

-Esta te gustará...lo prometo.

Su sonrisa deshizo al instante todos sus pesares. Era como magia...magia para su oscurecida mente. Le hacía sentir tan aliviada...tan pulcra y limpia...

Caminaron con lentitud hasta los jardines del palacio. Ninguna moduló palabra alguna, disfrutando de su mutuo silencio. El viento revoloteaba sus cabellos, dándole a Elsa un especial aire de pureza.

Perdida en su armoniosa figura, dibujó una amable sonrisa al observarla tan tranquila. Realmente le encantaba verla de esa forma.

-Aquí es.

Manteniendo su radiante gesto, derivó la vista hacia donde señalaba, para luego pestañear varias veces, sorprendida por lo que sus ojos veían.

-Elsa...esto es...

-Un banquete...si- terminó su frase, acariciando su espalda e incitándola a acercarse.

Debajo de un gran árbol, en el que Anna solía tomar varias siestas de pequeña, había una manta, sobre ella se encontraban varios aperitivos, la mayoría hechos de chocolate.

-¡Wow!- exclamó al instante, corriendo hacia el lugar y agarrando todos esos postres con sus manos, sin saber cual elegir -Elsa... ¡Esto es...esto es...!

-Todo chocolate, sip- atinó a decir, llegando hasta ella, con una satisfecha sonrisa.

-No tendriaz que haberte moleztazo- deletreó como pudo, dándole una buena mordida a una torta.

Riendo por dentro, se sentó a su lado, con sus delicados modales -Me alegra que te guste.

-¡Todo ezta deliziozo!- Tragó con rudeza al hablar, casi atorándose -¡Come tu también! Sabes bien que esto en mi poder puede desaparecer en un segundo...

-Eso no lo dudo- bromeó, agarrando una porción también.

-¿A qué se debe este festín, mi Reina?- inquirió, con un sensual gesto.

Elsa, ruborizada, se acobardó un poco ante su actitud. Todavía le costaba acostumbrarse a sus picaronas bromas.

-Solo...quería sorprenderte.

-¡Pues sí que lo has logrado!- respondió al instante, llevando otro pedazo a su boca, relamiéndose en el acto.

Río por su comportamiento infantil, para luego elevar la vista y disfrutar del agradable clima -Esta paz es tan...

-Extraña...lo sé- finalizó sus palabras, dejando la torta en el plato, para poder acercarse a ella -Disfrútala Elsa...es todo lo que tenemos...

Aquello último sonó un tanto preocupante, lo cual la alertó.

-¿Por qué lo dices?

Como respuesta, se recostó en su hombro, cerrando los ojos apaciblemente -porque...eres la Reina, no está de más decirte que tienes responsabilidades y no siempre podremos estar así...

Sus párpados descendieron con tristeza, al escucharla -Pero yo...haré lo necesario para que siempre podamos estar juntas, no debes preocuparte por eso...

-Lo sé...tu siempre haces lo correcto... ¿Verdad?- esa cuestión la hizo girarse para verla -eres tan perfecta y hermosa...todo lo contrario de mi...

-Anna...

-Nunca cambies...Elsa...

Frunció el ceño, impotente por su lastimosa habla -¡Deja de decir tonterías!

La pelirroja posó la vista en ella, debido a su repentino cambio -Solo digo la verdad...

Incrédula, chocó los dientes, mientras su mano se descontrolaba, tomándola del hombro y volteándola hacia sí -¿Por qué estás diciendo estas cosas? Desde hoy que estas...muy extraña... ¿Sucedió algo?

Se quedó observando sus transparentes ojos, sin saber que decir.

-Sucede que he descubierto que yo misma...no he dejado mi oscuridad de lado...- pensó, desviando la mirada, hecho que no pasó desapercibido por su acompañante, que presionó con más fuerza su agarre.

-Anna.

La seriedad en su tono, provocó que se volviese, para encontrarse de nuevo con sus fervientes ojos.

-No tengo nada que decir...

-¿No confías en mí?

Notó un dejo de dolor en su pregunta, un dolor que no quería provocarle.

-No es eso, es solo que...- dudo unos segundos -no puedo olvidar mi rencor y temo que eso te termine lastimando...

La reina entrecerró los ojos, adivinando a lo que se refería -Anna...- sin más que decir, la rodeó en un cálido abrazo, alejando sus demonios.

Así de fácil, con un solo toque de su cuerpo, lograba apaciguarla. Por dentro se reafirmó, que aquello no podía ser más que magia...su precioso encanto lograba desarmarla.

-Elsa...

-Anna...entiendo por lo que estas pasando- musitó en su oído, reforzando el agarre -así que no dudes en confiar en mí, no me importa si me lastimas en el camino...nada se compara a lo que yo te hice...

La pelirroja se recostó en su hombro, deslizando las manos por su espalda, sintiendo su fuerte palpitar en el acto -No tienes que sentirte culpable por eso, ya te lo dije.

-Lo sé...pero lo que siento y lo que pienso es muy diferente...

Anna deshizo el aprecio, para poder observar los ojos de la dueña de sus pensamientos -Estoy bien...de verdad...

-¿Es por...nuestros padres que estás así?- adivinó, acariciando su mejilla con el pulgar.

Su vista se perdió en el prado, tratando de encontrar las palabras correctas -No puedo perdonarlos...en especial a él...

La reina la miró pensativa. No se imaginó que la menor guardase tanto odio en su alma.

-Te entiendo...pero debes hacerlo, tienes que perdonarlos, si no, el odio te consumirá por dentro y podrías terminar como...

-¿Tú?- alzó la mirada, delineando una dudosa sonrisa.

Asintió, con cierta culpa -Tu luz fue la que me encaminó de vuelta...Anna...sé que tienes la fortaleza para aceptar lo que sucedió, ellos solo...se equivocaron...al igual que yo...

-Pero te hicieron sufrir tanto...

-También a ti...

Aquella respuesta la paralizó. No se había puesto a pensar en todo el daño que le hicieron a ella misma, solo estaba pensando en Elsa. Su mente se detuvo al descubrir lo que ya sabía hacia tiempo, que su hermana era lo que más le importaba en el universo. Aún así, seguía sorprendiéndola el hecho de amarla tanto. Por ella...dejaría todo atrás...inclusive, su propia inocencia.

-Créeme...- continuó, clavando su determinada mirada en ella -que si hubieran estado vivos cuando me dejé llevar por la maldad...los hubiese congelado al instante, por lo que te hicieron pasar...

Sus palabras sonaron tan firmes, al igual que su actuar, que la hicieron estremecer.

-Pero hoy en día, ya no pienso así, porque tú me hiciste recapacitar...me mostraste el camino correcto...el camino del amor...

-Elsa...

La nombrada derivó sus caricias a su cuello, acercando su rostro al suyo, rozando sus labios -En ese momento que me iluminaste, pude ver con claridad la verdad...mis errores todavía me pesan, pero ahora sé que he escogido el camino correcto...

Las lágrimas querían emerger de su ser. Estaba tan conmocionada. Jamás pensó que sus acciones habían hecho tanto por ella.

La mayor junto sus frentes, dedicándole una amable sonrisa -Eres todo para mi, así que cuenta conmigo para lo que sea...te ayudaré a enfrentar lo que te esté agobiando...no importa de qué se trate...

Luego de unos segundos, en los cuales se la pasó ensimismada en su persona, asintió con lentitud -lo sé...tú también eres todo para mi...eres lo más importante en mi vida...

Elevó sus dedos, para reposarlos en su pálida mejilla, recorriéndola con dulzura -Te quiero...Elsa...

-Y yo a ti...

Sin más que decir, la platinada, hipnotizada por sus carnosos labios, inclinó la cabeza, para luego comenzar a acercarse a ellos. Necesitaba sentirla.

La pelirroja, deseosa por poseerlos, acortó la distancia, uniéndolos finalmente, degustándola a su antojo.

Ya no había nada más que decir, sus caricias eran la prueba.

La noche llegó. Elsa se encontraba en su cuarto, poniéndose el pijama. Anna por su parte, estaba en una clase de política, ya que insistió en tomarlas nuevamente, con la excusa de poder ayudarla en su posición como reina.

-¿Excusa?- sonrió de lado -no...no lo es...sé bien que ella hace esto por mi...- susurró para sí, sentándose con desgano en la cama -pero...

Detuvo su habla, casi mordiéndose la lengua. Tenía miedo, sin embargo lo ocultaba. No quería perjudicar aun más a su pequeña y adorada hermana.

La realidad es que temía perderle. Por lo poco que pudo observar de su comportamiento en esos perdidos años, descubrió que Anna era una enamoradiza. Le atemorizaba que ella misma fuese solo una etapa de su existencia.

-No...ella dio la vida por mi...no tengo que pensar así...- se dijo, llevando las manos a su cabeza, presionándola con fuerza.

Aún así, sus molestos pensamientos no cesaron, provocando que perdiera la paciencia.

Tenía unas ganas tremendas de congelar todo a su paso. ¿Cómo podía ser que después de todo lo que sucedió entre ellas, siguiese estando intranquila?

Debido a como se crió, la confianza no era su fuerte, pero ahora tenía que serlo. Por su bien...por el de ella...

A pesar de que hoy le había aconsejado como una correcta hermana mayor, en su alma se encontraban terribles incertidumbres sin resolver, que la revolvían por dentro todos los días.

-Soy una...farsa...

La puerta de su habitación, abriéndose con lentitud, la hizo girarse con rapidez.

-¿Elsa?- inquirió, al observar su extraña posición -¿Qué sucede?

De inmediato, dibujó una nerviosa sonrisa, quitando las manos de su cabeza -n-nada... ¿Cómo te fue?

Anna alzó una ceja, intimidándola -bien...- comenzó a decir, acercándose -aburrido, para variar...

-Te dije que no era necesario que tomes esas clases, yo puedo ocuparme de todo.

-¡Shh!- la silenció, poniendo dos dedos en sus labios -quiero apoyarte en todo lo que pueda, así que quédate calladita- bromeó, guiñándole un ojo, y empezando a quitarse la ropa para ponerse la de dormir.

Elsa, sin el permiso de su mente, siguió detenidamente con la mirada todos sus armoniosos movimientos. Era tan hermosa...

La pelirroja, al notarla, se dio vuelta con lentitud, quedando en ropa interior y esbozando un sensual gesto -¿Te gusta lo que ves?

Tragó saliva con rudeza, incapaz de encontrar su voz. Sus ojos la observaban de arriba a bajo, sin ser consciente de ello.

-Puedes tenerlo si quieres...

-¿q-qué cosa?- se atrevió a preguntar, a pesar de conocer la respuesta.

Riendo por dentro, se aproximó con sigilo hasta su ansioso cuerpo, para luego sentarse en su regazo, rodeando su cuello con sus brazos -No te hagas la inocente...

La reina, como acto reflejo, deslizó las manos por su cintura, percibiendo su suave piel. Un suspiro escapó de su boca, comenzando a sentir un inevitable cosquilleo en su vientre.

-Anna...- susurró, arrimándola mas a su cuerpo y acercando sus labios a su cuello, provocando que su aliento le brindara escalofríos.

-d-dime...- musitó, sintiendo su húmeda lengua recorriéndola.

-Hay algo que quiero preguntarte...

Elevó su cabeza hacia atrás, al notar sus dientes marcándola -¿No p-puede ser en otro momento...?- deletreó con placer.

-No...lo siento...

Con mucha fuerza de voluntad, se apartó de su presa, pero sin soltarla, para luego mirarla con profundidad.

Anna, agitada, se incorporó un poco. Tenía que ser algo importante para interrumpir un momento así.

Luego de un silencio que le pareció eterno, Elsa finalmente formuló su cuestión.

-¿Realmente estuviste...enamorada de Hans?

Ante su inesperada pregunta, abrió los ojos enormemente, perpleja -¿Qué?

-Contéstame...por favor...

Su voz sonaba a súplica.

-Elsa... ¿Podrá ser qué...estás insegura respecto a lo que siento por ti, después de todo lo que pasamos juntas...?

Su silencio fue su agonizante respuesta.

-No puedo creerlo...

La platinada descendió la vista, avergonzada -lo siento...

Largando un gran suspiro, se levantó, para luego tenderle una mano, incitándola a pararse.

La observó con incertidumbre, para luego tomarla, reincorporándose también. Sus ojos indecisos se perdieron en los esmeraldas de su hermana, tratando de descifrarla. Tarea que le resultó imposible, como siempre.

-Elsa...solo hay una persona que amo...y amé toda mi vida...

De su boca no emanó sonido alguno por unos momentos. Se encontraba ensimismada en la melodiosa voz que emitía su pequeña.

Esta le dedicó una encantadora sonrisa, que terminó de desmoronarla.

-¿q-quién?- se animó a preguntar.

Al escucharla, sujetó su mano con más fuerza y la incitó a acercarse a un espejo que se encontraba en la recamara.

Obedientemente llegó hasta el, junto a ella, que optó por apoyar sus manos en su hombro, dejándose reposar en el. Observó su reflejo en detalle, intentando comprender sus intenciones, para luego regresar la visión de nuevo a la princesa, confundida.

-Anna...qué es lo qu...

-Eso es imposible...- la cortó en un murmullo, cerca de su oído, respondiendo aquella cuestión que la carcomía por dentro -ya que en toda mi vida solo he amado a una sola persona...

-... ¿A quién?- repitió, casi sin voz, sintiendo como su respiración se entrecortaba, debido a su cercanía.

Ahogó una risita, señalando el espejo -¿No la ves?

Volvió la vista a este, siguiendo su dedo, para luego alzarla y mirar su propio reflejo de nuevo.

Su corazón palpitó de tal forma al entender su mensaje, que pensó que se escaparía de su pecho.

-De esta hermosa persona...es de la que siempre estuve enamorada, Elsa...- susurró, besando su lóbulo.

Cerró los ojos, al percibirla. Su solo tacto, la llevaba a lugares desconocidos en su mente.

-Anna...

-Es imposible que haya amado a otra...una cosa es amar y otra enamorarse... ¿No lo sabías?

Negó levemente, entreabriendo sus ojos. Un leve sonrojo comenzaba a aflorar en sus mejillas, gracias a las cautivantes frases que le dedicaba.

-El enamoramiento es algo pasajero, no es real- continuó, ahora besando su cuello -lo que siento por ti, es y siempre será...amor, puro...amor.

Conteniendo las emotivas lágrimas que querían escapar, sonrió para si, ladeando un poco el rostro hacia ella -...eres impredecible...

-¿mh? ¿Por qué lo dices?

Se giró con lentitud, quedando frente a frente con su iluminado semblante -Porque siempre me haces sentir...tan viva...tan...

-¿Amada?- terminó su frase, sujetando su cintura con ambas manos -Te amo...Elsa...si alguna vez sentí algo por alguien más, solo fue apego...nada más que eso...

-Anna...

-Eres tú a la que deseaba todos estos años, a pesar de no ser consciente de eso, perdóname por hacerte esperar tanto...

Percibió su tibio aire rozando sus labios, haciéndola perder el poco control que le quedaba -Perdóname tu...por no animarme a decirte lo que sentía, hubiese evitado todo lo que suc...

Su arrepentimiento fue interrumpido por su anhelada boca, tomando la suya.

La pelirroja la jaló contra ella, dando pasos hacia atrás, provocando que ambas cayesen sobre la cama.

Elsa, perdida en su esencia, se adentró en su cálida cavidad, recorriéndola con su lengua, jugando con la suya.

-Elsa...nunca me dejes...- pronunció, con falta de aire.

-Jamás...- la imitó, deslizándose por su barbilla, hasta llegar a su cuello, y devorarla con hambruna.

Estiró su cabeza hacia atrás, sintiendo como las manos de la platinada la despojaban de su ropa, acariciando sus sensibles partes con deleite.

-e-elsa...

La nombrada elevó su rostro, irrumpiendo su visión -Anna...yo...

El sonido de la puerta, las hizo saltar en sus lugares, interrumpiéndolas.

-¿Pero que caraj...?- detuvo su insulto, al notar la ceja arqueada de la mayor -lo sé...no tengo que insultar...

Le sonrió con picardia, incorporándose, no sin antes plantar un pequeño beso en sus labios.

-Tranquila, iré a ver quién es...ni se te ocurra escapar...

Delineó una amplia sonrisa, ante su impensable propuesta -Como si pudiese hacerlo...

Le correspondió el gesto, para luego ponerse su bata velozmente y dirigirse hacia la puerta, entreabriéndola.

-¿Si?

Sus ojos se posaron al instante en un rígido soldado que se encontraba detrás de la madera.

-Su majestad, lamento interrumpirla a estas horas, pero tengo una noticia importante que darle.

-Habla ya- dijo, de mala gana, saliendo por la puerta y cerrándola tras de sí.

-Debo informarle que el Rey de las islas del Sur se dirige hacia aquí, con un gran ejército armado.

Su respiración se detuvo unos segundos, no creyendo en sus palabras -¿Qué? ¡Pero si yo corté todos los lazos con su reino! ¿Estás seguro?

-Nuestro espía personal lo ha confirmado, no hay duda.

Su mirada se posó en el suelo, intentando asimilar tal información. Estaba impactada ¿Acaso esto significaba lo que estaba pensando?

-¿Cuándo crees que llegarán?

-Al amanecer, a más tardar. ¿Organizo el ejército para el ataque, su Majestad?

Aspiró el aire, tratando de mantener la calma. Guerra...esa sola palabra le hacía temblar por dentro, pero no podía escaparle, era la Reina, y como tal, tenía que proteger a su pueblo.

-Si...y yo estaré a la cabeza de él.

El soldado se sorprendió por su petición -Su Majestad...sin ofenderla, tenemos soldados suficientes para defender el castillo.

-No- sentenció, intimidándolo con sus penetrantes zafiros -Sabes bien de lo que soy capaz, no hay mejor arma que yo, esa es la realidad.

-Pero...

-Mientras antes termine todo esto...mejor. No me lleves la contra y haz lo que te digo- lo señaló, frunciendo el ceño de forma amenazadora.

El joven tragó saliva atemorizado, para luego hacer una reverencia, poniendo la mano en su torso -como usted deseé, en este mismo momento reorganizaré a mis hombres.

-Hazlo, al amanecer, atacaremos.

Asintió, dando pasos hacia atrás, para luego retirarse de allí.

A penas confirmó que el soldado se había esfumado de su vista, se apoyó contra la puerta, cabizbaja.

Las lágrimas se resbalaron por sus mejillas, sin poder evitarlo. No quería pelear, temía que si lo hacia...volviese a ser como antes...pero era necesario, sus poderes podían terminar con esa locura. No era segura la victoria, si no estaba en ella.

-Tengo que hacerlo...por su bien...por el bien de mi reino...de mi gente...debo pelear.

Tomando aire de nuevo, junto valor, para luego volverse y abrir la puerta de su habitación. Ahora tenía que enfrentar a la posible defensiva de su hermana, lo cual no sería fácil.

Al instante de entrar, se encontró con unos firmes ojos que la observaban sin titubear. Claramente escuchó todo.

Debía ser fuerte, sabia bien lo que la menor le iba a decir.

-Anna, escucha...yo...

-También pelearé.

Una punzada se clavó en su alma, atravesándola por completo. Sinceramente pensó que la persuadiría para evitar la guerra, pero... ¿Pelear? ¿Ella? El solo pensar en perderla de nuevo...

-No, esta es mi responsabilidad- respondió con firmeza, enfrentándola.

-Y la mía también, te lo advierto...no me quedaré fuera de esto.

Sus dientes chocaron con impotencia. Había olvidado que se encontraba frente a la persona mas testaruda que conoció en su corta vida.

-¡¿Has perdido la razón o qué?!

-¿Crees que no se pelear, hermanita?- continuó, en un tono demasiado cortante para su gusto, obviando su exasperación.

-¡No es eso! solo no quiero perderte... ¿Por qué no puedes entenderlo?

-¡Yo tampoco quiero perderte! ¡Eres tú la que no lo entiende! ¡Deja de alejarme de tu lado!

Su voz se elevó de tal forma, que provocó que se alejase unos pasos.

No era correcto, no le permitiría tal suicidio. Ella no poseía poderes ¿Cómo iba a defenderse? Si se distraía solo un momento podría...

Con solo imaginarlo, perdió el control, alzando su mano en un impulso y estrellándola en la pared con fuerza, congelándola al instante. No soportaba mas esa situación. No soportaría perderle.

-No me lo hagas más difícil...Anna...- musitó, cabizbaja -mantente fuera de esto, si no lo haces yo...

Inmutada por su acción, dio un paso al frente, tomando su muñeca con rudeza -No vas a intimidarme, Elsa. No sabes de lo que soy capaz con una espada en mi poder ¡Tienes que confiar en mí! ¡No voy a dejarte sola en esto!

Pestañeó varias veces, paralizada por su determinadas palabras. De repente, una imagen de Anna ensangrentada irrumpió sus pensamientos, quitándole la respiración.

Perdida en su alucinación, llevo la mano a sus ojos, ocultándolos -No...no permitiré que te manches de sangre...ya sea tuya o de alguien mas...- pensó, entreabriendo sus labios para denegar, pero otra vez, su voz se lo impidió.

-Además... ¿Eres capaz de matar con tu mente en semejante caos?

Aquella cuestión la hizo retroceder aún más. Es cierto, se lo había planteado en su confuso corazón, pero escucharlo de tal forma, reafirmar su debilidad, la dejó pasmada. Su hermana conocía a la perfección su vulnerabilidad.

La pelirroja posó sus convincentes ojos en ella, despojándola de sus palabras.

-¿Lo ves? Necesitas mi apoyo, y eso haré, seré tu escudo, quieras o no. Lo siento...Elsa...

Sin más que decir, pasó a su lado, sin siquiera mirarla.

Reaccionando, se volteó al instante, intentando detener su andar -¡ANNA!

No obtuvo respuesta alguna, solo una gran sensación de soledad.

-No...- musitó, perpleja.

Sus pies se movieron instintivamente, comenzando a perseguir su ida.

-No...no te dejaré... ¡ANNA, DETENTE AHORA MISMO!

La menor no detuvo su caminar, a pesar de seguir escuchando los desgarrantes gritos de su hermana, que cada vez se alejaban más, y que destruían su alma en mil pedazos. No deseaba dañarla, pero tenia que aprender a enfrentarlo, ella la acompañaría a la batalla, con o sin su consentimiento.

Hans fue su error, y lo repararía, eso era un hecho. Pero más importante todavía, era que protegería la vida de Elsa, aunque le costase la suya propia.


Bueno, decidí alargar un poco mas el fic, ya que la inspiración me llego casi sin mi consentimiento jaja!

Nos vemos en el próximo capitulo!

Besos!