Mensaje
Sus pasos resonaban firmemente sobre el suelo, haciendo eco en el extenso pasillo que se dirigía a su habitación.
Estos se detuvieron antes de entrar, dudosos en abrir aquel mural que la separaba con su antiguo cuarto, el cual había decidido abandonar, para compartir las noches con la mayor.
Llevada por el instinto, se dio vuelta y observó a sus alrededores. Elsa ya no la perseguía.
El pecho se le oprimió con solo recordar sus gritos tratando de detenerla, de hacerla entrar en razón. Pero ya era tarde, había decidido su futuro, y ese era acompañarla inclusive hasta la mismísima muerte si era necesario.
Largando un resignado suspiro, abrió la puerta y la cerró de inmediato, quedando apoyada en esta.
-Elsa...- la llamó, dirigiendo su vista al techo -Espero que puedas perdonarme...pero por ti, por protegerte...haré lo que sea. No te dejaré sola de nuevo.- sus puños se cerraron fuertemente, ratificando su pensar.
Antes de que el pesar la invadiese de nuevo, caminó por su recamara, deteniéndose frente a su gran armario, abriéndolo en el acto.
-Debería estar aquí...
Comenzó a revolverlo por completo, para luego encontrar una pequeña puerta secreta, al final de este
-Si...esta es...
Tomó el pequeño picaporte y lo giró. De inmediato, vislumbró el largo objeto que tanto había buscado.
Sus ojos se abrieron de par en par, al sentir demasiadas emociones irrumpiendo sus recuerdos. Dudaba en apropiarse de aquel artefacto, pero debía hacerlo...por el bien de la dueña de sus pensamientos.
Su temblorosa mano se aferró a este, que se encontraba cubierto por una tela oscura y resguardado por un hilo rojo que lo envolvía.
Posó su otra mano en aquella arma, detallándola con la mirada. Nunca la había utilizado, ni tampoco entendido porque la dejaron a su cuidado.
Con un poco de temor, comenzó a despojarla de su protección, desenredando el hilo, y dejando caer la tela en el suelo.
Observó su propio reflejo en la ahora, descubierta espada, despertando extraños sentimientos en su interior. La nostalgia era una de esas tantas emociones, de la cual no podía escapar.
-Supongo...que llegó el momento de reconciliarnos, padre...- susurró, tomando la empuñadura de aquella espada, que su progenitor le heredó, antes de partir en el que sería su último viaje.
-"Úsala bien"...fue todo lo que me dijiste cuando me la entregaste- retomó su habla, levantándose y elevando el arma por encima de su cabeza -...en ese momento no sabía a lo que te referías, pero ahora lo sé...ahora sé lo que debo hacer- finalizó, determinada, para luego dejarla caer con extrema rapidez, partiendo en dos la puerta de su armario.
Sus ojos, asombrados, se alojaron en la abertura que creó -Increíble...- exclamó, delineando con sus dedos la rasgadura -Un corte tan limpio, después de tanto tiempo sin uso...
Una divertida sonrisa se dibujó en su semblante, provocando que su confianza aumentara.
Estaba segura, ahora podría pelear lado a lado con su querida hermana. Nada iba detenerla.
-Me alegra que me hayas enseñado a pelear, papá...con esto, podré protegerla, lo sé- reafirmó, sujetándola con firmeza.
Sin embargo, algo escapó de sus ojos anteriormente, un pequeño y hermoso detalle que no había notado, incrustado en el mango.
-¿Y esto?- musitó, rozando una oscura estrella, que se encontraba en ese lugar.
A penas la tocó, una cegadora luz la alumbró, provocando que cerrara los ojos con fuerza.
-¡¿Pero qué...?!
Su mente empezó a girar, sin darle tiempo a descubrir su cuestión, haciéndole casi perder la consciencia. Pero una voz, una amable y conocida voz, la hizo reaccionar.
-Anna...
Entreabrió los párpados con dificultad, para luego abrirlos absolutamente, ante la familiar presencia frente a ella, que impactó todos sus sentidos.
-¿P-Papá? No puede ser...
Aquel odioso y amado hombre se encontraba frente a ella, esbozando una sonrisa que nunca pensó presenciar en él, una inmersa de calidez. Su cuerpo se encontraba un poco disipado y transparente, como si fuese un espíritu.
-Anna...- su habla la hizo saltar en su sitio, aun creyendo imposible lo que estaba presenciando -si puedes verme, significa que has hecho contacto con la estrella de los deseos.
Dio un paso atrás, entre asustada y pasmada, por lo que estaba aconteciendo frente a sí.
-¿E-Estás vivo?
-Me imagino que me estarás haciendo algunas preguntas en este momento, algunas que intuyo que puedo responder, como el hecho de que no, no estoy vivo. Si estás vislumbrando este recuerdo, significa que yo ya he muerto...
-¿Entonces...todo lo que estoy viendo es un recuerdo, provocado por esto?- dijo, dirigiendo la vista a aquella piedra que continuaba brillando -esto...no estaba aquí antes...
-Incrusté esa gema que tanto nos costó encontrar con tu madre, antes irnos de viaje, para protegerlas...para curar a Elsa de su temible destino.
Su voz resonante, la paralizó, pero lo que más le hizo temblar, fueron sus dolientes palabras. Su maldito discurso.
-¿Curar a Elsa? Ja...veo que murió con esa farsa en su mente...- sonrió para sí, con una ironía que ocultaba tristeza.
La figura de su padre, cerró los ojos apaciblemente, desconcertándola -Luego me di cuenta, que no había nada que curar, Elsa es hermosa y siempre lo será...tal como es.
Sus pupilas se ensancharon, incrédula por su cambio -Papá...
-Lamento haber ocultado su precioso talento, perdónenme...por haberlas separado, teníamos miedo de su futuro, del nuestro...fuimos egoístas, de verdad lo lamentamos mucho.
Sorprendida por aquellas palabras que jamás esperó escuchar, las lágrimas inundaron sus esmeraldas ojos, amenazando con escapar de estos. Costaba reprimirlas, su único incentivo era esa pequeña pizca de rencor que quedaba en su alma.
-Anna, si has decidido reencontrarte con esta espada, significa que el reino está en peligro. Solo tú puedes proteger a Elsa...ella no confía en sí misma, debes apoyarla, debes hacerle entender que no está sola- musitó él, dedicándole una tranquilizadora sonrisa que se clavó directo en su adolorido corazón.
Sabía bien de lo que estaba hablando. Pero todo era tan irreal, tenerlo de nuevo frente a ella...era demasiado.
-Lo sé papá...me encantaría que pudieses escucharme...- susurró, casi en un ruego, percatándose de que estaba flaqueando por su presencia.
El hombre amplio aún más su dulce gesto, como si de verdad, aquello no fuese solo un recuerdo y estuviese hablando frente a frente con su adolorida persona.
Pero no...lo que sucedía es que al contrario de su pensar, su padre la conocía mejor de lo que hubiera esperado. Cuando impregnó aquel recuerdo en la mágica piedra, debió haber adivinado todo lo que su pequeña le diría.
Este, continuó, impidiéndole recapacitar con velocidad lo que estaba aconteciendo.
-Esa, como dije antes, es la Estrella de los deseos, solo alguna de ustedes dos puede usarlas, de eso estoy casi seguro...solo alguien con el corazón puro es capaz de despertar su poder.
Su garganta se secó al escuchar la definición "puro". No creía ser capaz a esta altura de tener el corazón de tal forma. Habían pasado demasiados sucesos que poco a poco, fueron tiñendo su alma de un oscuro color. De eso estaba segura.
-Elsa te necesitará, protégela...si la necesitas, usa la gema, sabrás cuándo y cómo hacerlo, te lo aseguro.
Lo dijo con tanta convicción, que le intimidó, al sentirse imposibilitada de utilizarla.
La transparente visión de su padre, comenzó a desvanecerse, provocando que Anna, reaccionando, casi saltase sobre él, atravesando el recuerdo en la acción. No quería perderle, no ahora que había descubierto su verdad, su armoniosa verdad.
-Confío en ti...Anna...
-¡PAPÁ!
La imagen se disipó en un especie de humo, dejándola parada en su lugar.
-P-Papá...
Las lágrimas aumentaron, y sin poder contenerlas más, descendieron por sus afligidos ojos, provocando que su visión de volviese borrosa.
-Quizás...siempre he visto el mundo de una forma un tanto...borrosa...- meditó, mientras sus sollozos se hacían más audibles.
-Elsa...
El solo nombrarla, le hizo caer de rodillas en el suelo, para luego golpearlo con rudeza.
No era consciente de su propio llanto, este solo emanaba, inundado de un especie de alivio y angustia.
Elevó un poco su rojizo rostro, encontrándose con la espada situada a su lado. Inmediatamente la tomó y la sujetó contra su pecho, como si de esa forma sus pesadumbres desapareciesen.
La debilidad no la abandonaba, estaba tan arrepentida por como lo trató en el pasado. Su dolencia se resbaló por sus mejillas de nuevo, derrumbándose en el filo del arma.
Observó aquellas gotas, inmersas de languidez, limpiándolas al instante. No tenía tiempo para lamentarse, era momento de ser fuerte...eso es lo que al menos debía aparentar.
-Perdóname tú también, papá...perdóname por haberte juzgado, por no haberme puesto en tu lugar...fui tan idiota...
Luego de unos minutos, en los que la gravedad parecían ganarle al peso de su cuerpo, sus temblorosos pies, en un dificultoso esfuerzo lograron ponerla de pie, provocando que se tambaleara hacia atrás, ante la carencia de firmeza en su pisar.
Clavó la espada en el suelo, utilizándola como bastón, porque eso necesitaba...un apoyo que la ayudase a continuar.
-Como compensación...- su voz se entrecortaba, formando un nudo en su garganta -protegeré a Elsa con mi vida si es necesario...- sonrió para sí con melancolía, elevando su vista a la nada, tratando de recobrar la cordura, que aquel encuentro le quitó -eso pensaba hacer desde el principio.
Derivó esta al suelo, agotada, y allí se encontró con la gloriosa la gema, disminuyendo su luz que le había cegado anteriormente. Con mucho cuidado la agarró, aferrándola contra su mano.
-¿Así que sabré como usarla, eh? Eso espero...papá...
-/-
-Déjate llevar por la oscuridad...Anna...
Escuché una temible y lúgubre voz detrás de mí, llamando a mi hermana. Al instante fui en su búsqueda, pero no podía ver nada, todo se encontraba rodeado por la oscuridad.
-¡Anna!- la llamé, de forma desesperada -¡ANNA!
-¿Esto es lo que buscas?
-Aquella voz de nuevo...
Me di vuelta de inmediato, sin darle tiempo a mis ojos para analizar lo que ahora estaban observando.
La silueta de Anna se encontraba detrás... ¿Mío? No...esa persona no era yo...era lo que solía ser...su malicioso gesto me lo hizo entender.
-Sé que lo deseas...- la provocó, dibujando círculos en su vientre, provocando que mi pequeña hermana sonriese perdidamente y que yo, hirviese de celos, siendo consciente de que esa pecaminosa persona...era yo misma, otro maldito lado de mi.
-La oscuridad es parte de ti también...hermanita...
Sus dedos ascendieron, atrapando uno de sus pechos, estremeciéndola.
Mi frente se frunció, al mirar tal escena, tanto que juré que me desfiguraría -¡DÉJALA!
La oscura mujer, penetró su odiosos ojos en mí, sonriendo con arrogancia -Ella no quiere que la deje...Elsa...
Chocando los dientes, traté de llegar hasta ellas, pero no podía moverme. Eso solo incrementaba mi impaciencia.
-Di que lo deseas...- continuó, hipnotizándola.
-Y-Yo...
Su voz sonaba tan perdida, igual que aquellas veces en las que yo, poseía por la maldad, le hacía sentir sensaciones realmente atrayentes.
-¡Anna, no! ¡Esto no es lo que quieres! ¡Busca en tu interior, sé que no deseas hacer esto!- solté, casi en un ruego, aun intentando zafarme de la gravedad.
Juré notar por unos segundos, como su debilitada vista se posaba en mí, pero al instante, el tacto de mi otro yo, le hizo elevar los ojos, perdiéndose en los lujuriosos movimientos que le profesaba en todo su cuerpo.
-¿Lo ves, mi reina? Ella no desea detenerse...
Las lágrimas comenzaron a recorrerme, sin poder evitar su caída al vacío. Realmente no quería que Anna terminase absorta por la oscuridad...solo sufriría, eso es lo que profesaba aquel siniestro lado. Te sume en una malicia tan inmensa, que te olvidas del resto, tu egoísmo es tu primera prioridad...pero luego...luego de que todo acaba, abres los ojos y solo quieres morir, desfallecer por todo lo que ocasionaste...conozco a la perfección ese sentimiento.
Una de sus odiosas manos se instaló en su cuello, apretujándolo, brindándole una placentera asfixia que claramente gozó, ya que de inmediato lo giró, dándole más espacio.
Quería que la saboreara, era consciente de ello. Y yo solo podía quedarme quieta, observando aquella pecaminosa escena.
La oscuridad, conociéndola bien, obedeció su silenciosa petición, y clavo sus dientes en ella, juntando sus labios de a poco, para luego terminar uniéndolos, impregnando su marca en su piel.
-¡Ah...!
La oí gemir, y juré en ese mismo instante que me desvanecería. Sus sonidos me hacían flaquear.
Su lengua, igual que la mía, la recorrió, curando la herida que le había proporcionado. Pero eso no fue lo que más me alertó, sino sus palabras...sus malditas palabras.
-Se que lo deseas...Anna...- repitió, lamiendo su oído -anhelas conocer el sabor de la sangre...hacerla fluir...
-N-No...-Habló con agotamiento y de forma entrecortada.
Mi boca quedó muda, incapaz de emanar palabra alguna. Estaba tan consternada, eso solo podía ser una pesadilla...una odiosa pesadilla.
-Dime la verdad...sabes que no puedes esconderla conmigo...
Sus ojos descendieron, junto con su perdida sonrisa, que todavía mantenía.
-Dime...
-Lo deseo...- dijo, a penas en un murmullo, pero lo suficiente audible para que mi corazón se detuviese en ese mismo momento.
Mis ojos se abrieron de par en par, tratando de asimilar tal información.
¿Anna, mi querida hermana...deseaba eso?
-¿Lo harías por mi?- continuó, provocando que mi ira incrementara, al igual que el forcejeo en mis extremidades.
-Por supuesto...todo...por ti...
Su maliciosa risa retumbó en mi mente, mientras sus caricias descendían hacia su entrepierna. Mordí mis labios con tanta impotencia, que el sabor salado de la sangre comenzó a irrumpirme.
-¿Estás diciendo qué...perderías tu inocencia por mi?
-¿Inocencia?- repitió mi pequeña, ahora levantando su semblante y clavando su vista en mí, de forma indecorosa -Ya la he perdido hace tiempo...a manos... ¡TUYAS!
Me señaló, haciendo que pierda el equilibrio, como si sus palabras fuesen un puñal que me atravesaron al instante. Sin embargo, la gravedad no me permitió caer, solo empezó a absorberme, cual arenas movedizas, perdiendo de vista aquella escena de a poco.
-Anna...- musité, con terror -Perdóname...esto...que tú seas a así...es mi culpa...
-Tuyas...
Seguía repitiéndose en mi mente, al igual que la macabra risa de mi némesis.
Mis ojos se inundaron en lágrimas, mientras mi brazos trataban de nadar hacia la superficie, sin conseguir emerger -¡Anna...! ¡ANNA!
Mi brazo se extendió tanto, que juré que se escaparía de mi cuerpo. El sudor me recorría, y mi respiración era incapaz de volver a su ritmo habitual, provocando que mi pecho se elevase reiteradas veces, desesperado.
-¿Un...sueño?- dije, cubriendo mis ojos, tratando de ocultar mi locura -¿Cuándo me quedé dormida...?
Gastaba saliva innecesaria. Sabía que cuestionarme las razones no me tranquilizaría. Las imágenes seguían impregnadas en mis recuerdos, devorando lo poco que me quedaba de lucidez.
Me levanté con tal rudeza, que mis pies dolieron cuando se posaron en el suelo.
-Ese sueño...
Aferré la mano a mi ropa, rasgándola, cayendo en la cuenta de un pequeño detalle que pase desapercibido.
-¿Podrá ser...?
Mi habla se detuvo, entendiendo el mensaje que aquel sueño me quiso mostrar. Mis miedos se reflejaron en él. Si...era eso.
Internamente sabía que Anna había apreciado la atracción de la oscuridad...y mi mayor temor era que se perdiese en esta.
Mi otro yo trataba de advertirme, lo sé.
¿Pero, que podía hacer? Mi hermana quería luchar a mi lado, dispuesta a presenciar un derramamiento de sangre. Sé que su intención era protegerme...pero yo...no quería exponerla a tal masacre...no quería que observase lo que iba a cometer.
Después de unos minutos en los cuales no pude reaccionar, me di una ducha bien fría, la cual, gracias al cielo, pudo despabilarme un poco de esos recuerdos que me atormentaban.
Tenía que hablar con ella, con urgencia.
Luego de vestirme con una extrema rapidez, me dirigí a su habitación casi tropezándome ante el apuro, pero ella no se encontraba ahí. Bajé por las extensas escaleras con intenciones de encontrarla en el gran comedor, pero tampoco estaba allí.
-Anna...
Mis ojos se perdieron en la ventana más cercana, y ahí la vi. Mis parpados, al igual que mi alma, descendieron, al observarla tan concentrada practicando con una extraña espada.
Me sorprendí al notar que sus movimientos eran realmente buenos, mucho más que los de mis confiables soldados.
¿Cuándo aprendió el arte de la espada? ¿En qué momento fue? ¿Por qué? Si ella siempre se había destacado como una persona pacífica, que solo solucionaba los problemas con el habla. Otra vez, sentía que me había perdido una gran parte de su vida. Una muy importante.
-Su majestad...
Escuché una armoniosa tonada detrás de mí. Me di vuelta con cautela, para luego posar la mirada en mi fiel mayordomo, Kai.
-Confíe en ella.
Solo eso dijo, y solo eso me hizo estremecer de pies a cabeza.
No tenía ganas ni fuerzas para articular alguna estúpida excusa, por ende, solo solté la verdad escondida de mi ser.
-No quiero...que ella se convierta en alguien como yo...
-Su majestad...
-No es que no confíe en ella- lo corté, frotando mi frente, como si necesitara explayarme desde hacía tiempo -es solo que...temo perderle...
-Lo sé.- atinó a decir, reposando una mano en mi hombro -y ella a usted, por eso quiere pelear a su lado...
Mi visión se perdió de nuevo en su exigente entrenamiento -No sé qué es lo que debo hacer...
Delineé una lamentable sonrisa, que solo provocó lastima en mi. Era tan débil...más de lo que creía. Anna siempre fue la fuerte, ahora podía confirmarlo.
Él solo me regaló un tranquilizador gesto, que por alguna razón logró calmarme un poco.
-Su majestad, ella cree que juntas pueden ser más fuertes...y yo creo lo mismo.
-Kai...
Su semblante mutó en un nostálgico, extrañándome -Realmente no deseo perder a ninguna de las dos, tengo miedo por ambas...son como hijas para mi...
No pude evitar dedicarle una amable sonrisa por su leal devoción.
-Pero...estoy de acuerdo con su hermana, las dos pueden triunfar, solo tenga fe en ella...eso es lo que más desea la princesa Anna, que confíe en ella.
Mi silencio fue absoluto. Sabía que tenía razón, pero no era capaz de aceptarlo, ya que eso significaría aceptar su peligrosa propuesta.
-Haga lo que usted crea correcto, después de todo el camino que elegirá, será el destino que les tocara enfrentar.
Mis zafiros ojos se abrieron de inmediato, al entender sus palabras.
-¿Yo...soy la única que puede cambiar su destino? Pero entonces... ¿Cuál es el correcto? ¿Cuál derivará en su felicidad y cuál en su sufrimiento?
-Eso nunca se puede saber con certeza, mi Reina...- adivinó mi pensar, retirando su cálida mano de mi -El destino no puede ser descifrado, lo único que puedo decirle, es que todos las apoyaremos en esta pelea.
Sin más que decir, se retiró de allí, dejándome con una incertidumbre que carcomió mi alma.
La realidad es que deseaba tenerla a mi lado...siempre, anhelaba aquello. Anna era la única que podía controlar mi bestia interior.
Temo que al batallar, mi sed de sangre que demostré disfrutar, al dejarme llevar por la oscuridad, reviviese.
-Con solo derramar una gota de sangre...es posible que yo...
-Elsa.
Un firme llamado, provocó que casi saltase en mi lugar. Sabía de quien se trataba.
Me di vuelta con sigilo, clavando mi dudosa mirada en ella -Anna...
Se quedó observándome en su lugar, sin dar siquiera un solo paso hacia mi lamentable persona.
-Te he estado buscando- me animé a hablar, juntando valor y acercándome a ella, pero manteniendo cierta distancia.
Me impacté al notar su ferviente mirada, inmersa de valentía ¿Cuándo había cambiado tanto...o es qué siempre fue así?
Luego de un silencio que me pareció interminable, delineó una amable sonrisa, despojándome de la mayoría de mis temores.
-¿Hay algo que quieras decirme?
Titubee unos segundos, antes de contestar. Tenía en claro lo que tenía que decirle, pero costaba demasiado.
Tomando aire, sujeté su mano, que se encontraba demasiado caliente, debido al extenso entrenamiento que observé de principio a fin, sin que ella lo supiera.
Nunca había aprendido a pelear con la espada, pero su piel, ahora lastimada por la empuñadura, me dio a entender que no debía ser una actividad fácil.
-Sí...pero no aquí, sígueme.
La arrastré hacia mi habitación, que ahora compartía con ella, sin modular palabra alguna en el camino. Al llegar, le di el paso libre y cerré la puerta. Quedé apoyada en esta, con la vista perdida en el suelo. Odiaba percatarme de mi falencia respecto a las palabras.
-Elsa...
Su delicada voz fue mi incentivo, incentivándome a mirarla de reojo, pero a penas vislumbre su rostro, lo dejé caer de nuevo, avergonzada, sin saber bien el por qué.
-Aunque te dijera...- emprendí finalmente mi discurso, cabizbaja -que no te interpongas en mi camino... ¿Lo harías igual, verdad?
-Así es.
Respondió tan rápido, que ahogó por unos instantes mis siguientes frases, inmovilizándome.
-Aunque te lo prohibiese, de igual manera aparecerías a mi lado...y pensándolo bien- tragué saliva con rudeza, siendo consciente de que mis próximas palabras las recibiría con alegría, al contrario de mi, que la agonía me amenazaba con consumirme -Es más seguro que estés a mi lado, ya que si te lo impido, no podría controlar tus movimientos...no sabría donde ni cuando aparecerías...y eso te pondría en peligro...
-Eso es correcto.- atinó a decir, con tanta seguridad, que me hizo ascender mis afligidos ojos, chocando con su dulce gesto, que logró atravesar mis inseguridades, convirtiéndolas en esperanza.
Ella lo sabía, conocía la verdad detrás de mis palabras.
Mis poderes, traicionándome, comenzaron a formar escarchas de hielo en mis puños. Los cerré al instante, implorando que no se haya percatado. Pero claramente lo notó, sin embargo, para mi suerte...o mi mala suerte -ya no lo sé- no dijo nada.
Penetré mi visión en ella, tratando de descifrarla. Era imposible, ya debí haber aprendido eso hace tiempo.
-Estarás a mi lado- sentencié, con un valor que creí perdido, acercando mis pasos hacia ella -y seguirás mis órdenes al pie de la letra ¿Entendiste?
-Por supuesto, su Majestad...- susurró, haciendo una leve reverencia, elevando su rostro y dedicándome la más grata sonrisa que juré ver en toda mi vida.
Mordí mi labio inferior en respuesta a su acción. Me podía, siempre...me pudo.
Debido a que quedé inmovilizada, acortó la distancia, plantándose frente a frente a mí.
Su cálida mano se dejo reposar en mi helada mejilla, provocando que mi pecho se oprimiese con dolor y felicidad. Solo Anna podía brindarme tales sentimientos encontrados...solo ella me hacía sentir tan viva.
Sin dudarlo, me recosté contra ella, percibiendo más su suave tacto. Lo necesitaba.
-Todo estará bien...Elsa, yo te protegeré, lo prometo.
-No...- reaccioné, entreabriendo mis ojos -seré yo la que te proteja.
Largó una cortante risa por mi comentario -Deja de perseguirte con eso de ser la mayor- bromeó, acomodando un rebelde cabello detrás de mi oreja -nos tenemos la una a la otra, no tienes que sentir siempre que eres mi caballero personal, Elsa...
-Anna, solo...no quiero perderte...
Sus caricias derivaron a mi nuca, proporcionándome ahogados suspiros.
-Ni yo a ti, lamento haberte gritado antes...solo quería que entendieses que puedes confiar en mí.
-Anna...
-Es por eso estoy aquí, dispuesta a pelear a tu lado.
Su mirada se transformó en una digna de una guerrera. Sé que vivíamos en tiempos difíciles, mejor dicho, sé que nacimos en una época de guerras y enfrentamientos...era solo cuestión de tiempo el que nos tocase luchar.
Al detallar el brillo en sus determinados ojos, por primera vez pude entender lo que significaba ser un guerrero, un soldado...lo que emanaba de esa vocación.
Luchar...proteger...perseverar... todo eso era la combinación que provenía de su ser. Aquello, esa misma perseverancia era lo que me faltaba, ya que el miedo me invadía, imposibilitándome pensar con claridad.
De nuevo, mi pequeña hermana me ensañaba el arte de la vida. A pesar de ser la mayor, nunca pude aportarle nada, jamás pude darle un consejo certero, lo cual, me desmoronaba por dentro.
-Tranquila, Elsa- presintió mi agonía, abrazándose a mi cuerpo, provocando que la electricidad comenzase a recorrerme -Todo estará bien, si estamos juntas...todo saldrá bien.
-Eso espero...Anna...- dije, en un susurro, sujetándome con ímpetu de su espalda.
Ella era mi apoyo, mi valentía, mi todo...
Cuando pensé que la calma finalmente había llegado, sus palabras vociferaron de nuevo, dejando en libertad una frase que me desconcertó.
-Elsa...ya no soy la niña inocente que piensas que soy... ¿Podrás tolerarlo?
Mi voz se silenció, no dándome lugar a contestar.
Ella solo se aferró a mi cuerpo, dando más énfasis en su habla -Aún así... ¿Decides quedarte a mi lado? ¿Aunque...mis acciones te decepcionen?
Sabía a lo que se refería...si, lo sabía bien.
Entrecerré los ojos apaciblemente, recorriendo su espalda con mis heladas manos -Si...nunca me decepcionarás, nunca harías nada que no fuese por proteger a la gente que quieres...
Al oírme, se desprendió del agarre. Su profunda mirada se clavó en mí, despertando fogosos deseos contra su persona, sin permiso de mi mente. No era el momento, y sin embargo...ahí estaba...ese maldito anhelo de hacerla mía todo el tiempo.
Extendió su mano hacia mí, incitándome a tomarla. Sé lo que significaba esa acción, si la sujetaba, todo quedaría sellado.
Y así sería...así lo decidí.
Elevé mi brazo cerca de ella, hasta depositar mi mano en la suya. De inmediato la sostuvo con fortaleza...fortaleza que a mí misma me faltaba.
-Todo saldrá bien.
Solo eso dijo, y el pesar en mi alma disminuyó notablemente, provocando que una sincera sonrisa aflorase en mis labios.
Mis ojos se perdieron en ella, al igual que mi cuerpo dejó de obedecer a mi mente, acortando los tediosos centímetros que nos separaban.
-Te protegeré...- musité, percibiendo su aliento contra el mío.
-Y yo a ti...
Sus amables palabras, su delicioso aroma, su armoniosa alma...todo lo quería.
Mis ojos se cerraron al instante, y mi rostro se acercó al suyo, anhelando su dulce contacto.
Ella, sintiendo lo mismo, imitó mi acción, rozando sus labios con los míos, para finalmente unirlos, suministrándome una agradable sensación, que calmó mis exaltados sentidos.
-Te protegeré...aunque me cueste la vida...
Pensé, y también supe que ella pensó lo mismo.
Ambas estábamos entregadas a nuestra misión, que sin esperarla tan pronto, tocó la puerta de nuestro hogar, provocando que nos desprendiéramos con terror de esa amorosa entrega y posásemos ahora, nuestras vacilantes miradas, en nuestros mutuos ojos.
Y ahora si! nos estamos acercando al final. Decidí alargarla un poco porque simplemente me inspiré -o quizás me encariñé demasiado con la historia y no quería terminara haha!-
Gracias por leer! Nos vemos en el próximo capítulo!
