Batalla

-Elsa...- la nombré, con un preocupante tono, tomando sus hombros.

Ella asintió, claramente insegura -Ha llegado el momento...antes de lo que preví.

El sonido de los gritos de aquellos desconocidos soldados, tratando de irrumpir nuestro castillo, hacía eco en nuestros oídos, provocando que tragásemos saliva con dificultad, ante el miedo que comenzábamos a experimentar.

Era momento de luchar, no cabía duda de ello.

-¡Su majestad!- interrumpió uno de nuestros fieles guerreros, abriendo la puerta apresuradamente -¡Ya están aquí! ¡Espero sus órdenes!- finalizó, mostrándonos una devota pose.

Mi hermana lo observó unos segundos, para luego cerrar los ojos con resignación y separarse de mi persona.

-Reúne a todos los soldados ¡Qué nadie entre al castillo!- ordenó, dirigiéndome una mirada inmersa de lamentación, que hundió por completo mis convicciones -Como dije antes, estaré a la cabeza de esto.

Me aproximé al instante, temiendo que me dejase afuera a pesar de sus previas palabras -¡Elsa...!

-Anna...- me cortó, reposando su mano en mi hombro, regalándome un silencio que me pareció eterno -Prepárate...- habló, con un dejo de duda, aliviando un poco mi alma.

Me alegraba que cumpliese su palabra...pero me carcomía el hecho de que mi ferviente lucha le causara tal tristeza.

Delineando una seria expresión, posé la mano en mi pecho -Lo haré, Su Majestad...

Hice una educada reverencia, que solo provocó que abriese los ojos con sorpresa.

Al ascender mi semblante, le guiñé un ojo, tratando de transmitirle que todo saldría bien, que no había nada por qué temer.

Como si leyese mi ser, sonrió tenuemente, estirando su brazo con delicadeza y dejándome el camino libre.

Pasé a su lado, deslizando mi mano por su mejilla, acariciándola con adoración -Todo saldrá bien, ya lo verás.

De inmediato salí corriendo de allí, no permitiéndole reaccionar, para dirigirme hacia mi habitación. Apenas entré, busqué mi valiosa espada, mi único recuerdo que me unía a mi ahora, amado padre. La mágica gema se encontraba al lado de esta.

-Papá...- no pude evitar nombrarlo, tomando la estrella con delicadeza -seguiré tu consejo. La protegeré con mi vida...te lo juro- afirmé mi discurso, colocando la gema en una cadena.

Levanté un poco mi cabello, atándolo con una coleta alta. Sujeté el collar y lo deslicé por mi cabeza, hasta quedar en mi cuello, como si este fuese una protección.

-Lo juro...- repetí, acariciando aquel objeto mágico, para luego comenzar a dar firmes pasos hacia las afueras de mi cuarto.

Corrí lo más rápido que mis piernas me lo permitieron, hasta llegar de nuevo al lado de mi amada hermana, que se encontraba detrás de la puerta principal, con un gesto realmente preocupante.

-Elsa...- solté, posicionándome a su lado, agitada, por el recorrido que me pegué. Sin embargo, mi habla se detuvo, al entretenerme con la armadura que llevaba puesta.

Parecía confeccionada por un metal plateado, casi transparente. Este cubría sus hombros y su pecho, pero dejando al descubierto su cuello. Mi visión descendió, detallando como sus caderas también estaban protegidas por una pollera del mismo elemento, al igual que sus rodillas y sus pies.

Seguramente que notó mi ferviente mirada, ya que una leve y cálido gesto se dibujo en sus labios.

-También tengo una preparada para ti...

-¿Eh?

Sin darme tiempo a reaccionar, me señaló con su dedo, empezando a girarlo. Hermosos copos de nieve revoloteaban a mí alrededor, fusionándose con mi cuerpo, brindándome la misma armadura de hielo que ella poseía.

Me miré asombrada, para luego pasar mi vista a la suya, con una sonrisa totalmente infantil.

-¡Elsa, es hermosa! ¡Gracias!

Delineó una sonrisa de lado, convirtiéndose a los segundos en una mueca preocupante, lo cual me alertó.

-¿Cómo va la situación?

-No nos dejan salir...- atinó a decir, entreabriendo el mural, vigilando con la mirada.

-Lo tendrán que hacer...- dije, reforzando el agarre en mi espada, percibiendo como mi corazón se transformaba en el de un guerrero en ese mismo instante.

Noté como sus ojos se clavaban curiosos en mi arma -¿Y esa espada?

La imité, observando también ese recuerdo que se había convertido en mi esperanza -Era de papá, me la heredó antes de irse...

Juré percibir un sentimiento desolador, proviniendo de ella, al nombrar a nuestro progenitor. Quizás se cuestionaba el por qué no le heredó nada a la mismísima reina.

-Lo hizo para que pudiese protegerte, y eso es lo que haré...ya que eres lo más importante para mi- proseguí, en un intento de calmarla, acariciando el filo, resguardado por su funda.

Mi devoción provocó que un precioso sonrojo apareciese en sus mejillas. Avergonzada, derivó su mirada al suelo.

-Tú también lo eres para mí...

Sonreí con ternura al verla.

Ya no me importaban mis alrededores, mi vida...nada de eso era importante. Solo proteger lo que más amaba era mi meta, y haría lo que fuese para conseguirlo.

Las flechas, impregnadas de un maligno fuego, se clavaban en nuestra entrada, estremeciendo nuestro amoroso momento, y no dándonos oportunidad de aparecer.

-Anna...- me llamó, dirigiendo su incierta mirada a la mía -abriré la puerta...apenas lo haga, corre lo más rápido que puedas y posiciónate junto a los soldados, ahí estarás más segura.

-Pero yo...

-Crearé un muro de hielo que detenga a nuestros enemigos por unos instantes.

Mi vista se posó con rapidez en las inmensas antorchas que tenían en sus manos nuestros atacantes -Pero el fuego podría derretirlo en un instante...

-Seguiré presionando hasta que podamos tomar la delantera- me interrumpió, sujetando mi mano con fuerza -haz lo que digo, por favor...ese fue nuestro trato ¿Recuerdas?

Sus honestos ojos me aflojaron, cuando claramente no era el momento para sentir remordimientos futuros, por lo que iba a cometer.

-Sí, de acuerdo...

Me sonrió con inocencia, ante mi fiel obediencia -Bien...- tomó aire -aquí vamos...

-¡E-Espera!

Sujeté su brazo en un arranque, soltándolo en el mismo momento, al percatarme de mi acción.

Me miró, expectante -¿Anna?

Mis resignados esmeraldas se adueñaron de sus zafiros, y con una sonrisa que escondía dolencia, me acerqué con lentitud a sus labios, sin perderla de vista.

-Anna...

Cerró sus ojos como respuesta, entregándose al contacto, sumiéndose en mi cavidad. Mis dedos rozaron su nuca, atrayéndola más hacia mí, intensificando el beso.

Cuando creí que este se tornaría demasiado apasionado para tal circunstancia, me aparté, un poco agitada.

-Te amo- dije, reprimiendo las lágrimas, recibiendo como respuesta una amable sonrisa, que provocó que el aire me faltase.

-Te amo, Anna...

Se abrazó a mí unos segundos. Pude notar su corazón descontrolado por su amor, por lo que iba a acontecer, y por el miedo de perderme. Sentía igual que yo...

-Es hora...- susurró en mi oído, alejándose, con un poco de resistencia -Recuerda lo que te dije, ve con los soldados apenas abra la puerta.

Asentí, observando cómo me daba la espalda, posicionándose contra la madera.

Una lágrima se resbaló por mi mejilla, cayendo en la cuenta de por qué la detuve antes.

Quería probar sus labios una última vez...era eso. Por si acaso...tenía que hacerlo. Mi vida estaba en juego, iba a arriesgar todo este día. Pero, si llegara a pasar...si mi vida encontrase su fin hoy, no podría estar más feliz de morir de esa forma...protegiéndola...amándola.

Una resonancia estridente, me hizo despertar de mis pensamientos.

Para mi sorpresa, de una patada, abrió el mural y salió disparada al instante contra nuestros agresores.

Mis ojos se abrieron de par en par, al contemplar como miles de flechas se dirigían hacia ella.

-¡Elsa!

Sus manos se elevaron de inmediato, emanando hielo de ellas, para luego formar un gran muro que detuvo aquel asalto.

A pesar de la parálisis en mi mente, mis pies se movieron con rapidez, recorriendo el campo de batalla, llegando hasta nuestros honorables soldados y quedando protegida por el escudo de uno.

-¡AHORA!- escuché su grito de gloria, mientras lanzaba mas hielo de sus manos, derrumbando parte de la tropa enemiga.

Nuestros guerreros imitaron su tonada, dirigiéndose a grandes zancadas hasta ellos, con sus espadas en alto.

Luego de eso, solo pude escuchar el sonido de aquellas armas chocando entre sí, voces ahogadas por el dolor de ser atravesadas con estas, y galopes de caballos relinchando contra nuestra tropa.

Presenciando todo, quieta en mi lugar, algo en mi interior empezó a crecer. Una extraña sensación...una atrayente energía emprendió su recorrido, haciéndome temblar de pies a cabeza, llenándome de adrenalina, provocando que mis labios dibujasen una desafiante sonrisa, sin el permiso de mi mente.

Sin poder contener más mis ansias, mis pies saltaron de su lugar, despojándome de aquel escudo que me protegía.

-¡Princesa Anna!

Llegué a oír a uno de mis soldados. Pero nada iba a detener mis pasos, que ahora se dirigían de frente hacia mi enemigo.

Solo una frase se encontraba incrustada en mi mente "Acabar con el enemigo". Nada más, ni nada menos.

Transitando mi camino, mi mano atajó mi espada, situada en mi cintura, lista para desenvainarla en el momento preciso.

Un soldado desconocido se encontraba corriendo hacia mí, con su arma sobre su cabeza, dispuesto a cortarme en dos.

-Ni lo pienses...- musité, sin quitar mi satisfecho gesto, para luego con mi pulgar despojar mi espada de su funda y deslizarla con tal rapidez, que corte su pecho en un solo ataque.

-¡AGH!- escuché su grito de agonía, mientras su sangre me salpicaba, provocando que mi sonrisa solo aumentara.

Como si no me hubiese satisfecho con su lenta muerte, la giré, aún dentro de su cuerpo, moviéndola hacia el lado contrario.

Sus gritos de terror aumentaron, proporcionándome un extraño placer que nunca había descubierto hasta ese momento. Era extraño. Ese era mi primer asesinato, y sin embargo, me sentía tan liviana y pesada al mismo tiempo.

Cayó de rodillas ante mí, sosteniendo su herida, para luego desplomarse en el suelo. La sangre comenzó a fluir por el suelo, sin detenerse, permitiendo que mi persona se reflejase en ella.

Con una seria mirada, que no emanaba emoción alguna, desprendí mi arma de él, embistiéndola de un lado, derrochando su sangre en el suelo.

Observé de reojo como mas soldados se dirigían hacia mí, haciendo mí sangre hervir de nuevo.

-Vengan...

Lo sabía...tenía un especial odio por ese ejercito comandado por los familiares de Hans. Ese maldito me traicionó, y para colmo, trató de matar a mi hermana. Merecían morir.

Por otro lado, Elsa, por lo poco que pude ver, ya que me encontraba inmersa en las muertes que derrochaba cada vez que blandía mi espada, se encontraba un poco paralizaba.

-¡Retírense y no morirán!

La escuché decir, mientras enviaba su poder hacia varios soldados, que no habían hecho caso a su amenaza, congelándolos en la acción.

Juré notar como descendía su vista, arrepentida de sus actos. Pero esta era la guerra, no tenia porque sentirse de esa forma. Estaba en completa desventaja por sus sentimentales emociones.

Aligerando el paso, llegué hasta ella, cubriéndole la espalda.

-¡Elsa, deja de darles opción, no sobreviviremos si sigues haciendo eso!- exclamé, en medio de los gritos que nos rodeaban.

Sus dientes relincharon, preparando de nuevo su puño, dispuesto a atacar -Debo intentarlo al menos...

-¡¿Intentar qué?!- me exasperé, tomando sus hombros en un arrebato -¡Ellos no tendrán piedad, por eso nosotras tampoco debemos tenerla!

Sus ojos se posaron en mi, incrédula. Era consciente de que no podía procesar las palabras que estaba diciendo. Yo...su inocente hermana menor, estaba incitándola a matar. Lo cual por lo que veo, estaba evitando, solo enfriando a sus enemigos, sin brindarles el golpe final.

Me dolió en el alma que me mirase de tal forma. Aún así, no tenía tiempo para preocuparme por ello. Si Elsa no luchaba, su vida peligraría.

-¡Elsa debes...ah!- chillé de improvisto, al notar como varias flechas se dirigían a nosotras -¡Congélalos!- ordené, al mismo tiempo que la tomaba de la cabeza, tumbándola sobre el suelo junto a mí, evitando que estas se clavasen en ella -¡Pero hazlo bien esta vez!

Sus ojos quedaron situados en la tierra, sin poder reaccionar. ¿Qué demonios le sucedía?

-¡ELSA!- repetí, ya desesperada, deteniendo aquellas flechas con mi espada, pero eso no duraría mucho, eran demasiadas -¡HAZLO!

-N-No puedo...

Solo eso dijo, impacientándome, mientras una flecha se dirigía directo a su pecho, amenazando con su vida.

Mi mano, en un rápido movimiento la detuvo, provocando que mi sangre comenzase a emanar de esta, deslizándose sobre su cuerpo, que se encontraba debajo del mio.

Sus ojos se abrieron como platos, presenciando mi defensa con temor -¡A-Anna...!

-S-Si tú no puedes pelear...- musité, tratando de recuperar la respiración, y levantándome en el acto, con mi arma en mano -¡Yo lo haré!

-¡ANNA, ESPERA!- detuvo mi andar con su mano, aferrándose con rudeza de mi brazo.

Mis fervientes ojos la penetraron, sin darme tiempo a presenciar la inminente bomba que nos estaba por aplastar.

Sus manos ascendieron de nuevo, creando el mayor mural de hielo que juré ver en mi vida, deteniendo aquella peligrosa piedra inmersa en fuego.

Al instante, tomó mi muñeca, alejándonos, y nos refugió detrás de una piedra, apoyándonos de espaldas a esta.

Su respiración se encontraba agitada. Nunca lo pensé...pero era probable que utilizar tanto su magia, la dejase agotada.

-Elsa...no podemos escondernos toda la vida...- solté, tratando de sonar delicada, rozando su hombro con mis dedos.

-Lo...sé...- susurró, aferrando su propio pecho con ímpetu, intentando recuperar su aire -pero...no quiero que derrames sangre innecesaria...no quiero que te conviertas en una asesina...

Mis pensamientos invadieron mi tormentosa mente, que hasta ese momento, se encontraba inmersa en el odio...odio por aquellos hombres.

Sin embargo, ya era tarde. Ya había creado un río de sangre en mis acciones pasadas. Detenerme ahora, no tendría sentido.

Al observarla, agitada, pude comprender por qué no podía -o no quería- atacar libremente...tenía miedo.

-Elsa...será que tú...

-Si...- me interrumpió, adivinando mis palabras -es probable...que si llego a derramar una sola gota de sangre, vuelva a ser la de antes...

-Elsa...ten fe, estamos luchando por una causa justa, no pienses en ello...no sucederá...

-Anna...- me nombró con tal sutileza, que me hizo debilitar el agarre en mi espada -Por favor, ve con los soldados...no quiero que tú...

-¡NO!- gruñí, dejando que mis instintos tomasen el control -Elsa, si tú no quieres pelear...yo lo haré por ti...

Sus zafiros ojos se plantaron en mí, desarmándome por unos instantes.

Refregué mis manos por mi frente, agobiada por la situación. Me estaba superando. Todo nuestro alrededor me transformaba en lo que nunca deseé ser, en lo que siempre temí.

Pero...no iba a permitir que ella sufriese...no más. Aunque perdiese lo poco que me quedaba de humanidad...la protegería.

De repente, la verdad, la maldita verdad se derrumbó sobre mi. Observar su rostro inmerso de dudas, de padecimiento...de miedo por perderme, me hizo reaccionar.

-Fui tan egoísta... ¿Cómo pude pedirle que masacre gente de tal forma? Y pensar que fui yo la que en su momento le insistió en abandonar su oscuro camino...me detesto...soy...lo peor...- medité con agonía, reafirmando mi decisión.

-Yo lo haré por ti...- repetí, de forma entrecortada, perdiendo la poca sensatez que existía en mi alma, e incorporándome en el acto -¡No te perderé de nuevo! ¡PELEARÉ POR TI!

-¡Anna, detente!- tomó mi mano, pero al instante me zafé de su aprecio.

Haciendo caso omiso a su desesperado llamado, me giré y corrí hacia nuestros atacantes de nuevo, con la mano lista en el mango de mi espada.

-Por tu bien...yo... ¡YO...!

Observé casi en cámara lenta como los soldados se dirigían hacia mí. Un extraño instinto se apoderó de mí ser, al mismo tiempo que con un grito guerrero, desenvainaba mi espada, clavándola en el primer hombre que se dignó a atacarme, atravesándolo en la acción.

Desenterré rápidamente mi arma de él, para luego girarla, junto con mi cuerpo, contra uno que se atrevía a atacarme a mis espaldas.

Mis ojos siguieron con lentitud el recorrido de su cabeza desprendiéndose de su cuello, volando hacia mis pies.

-ha...ha...- resoplé, tratando de respirar con normalidad, con mi oscura mirada clavada en el decapitado -Nadie lastimará a Elsa... ¡NADIE!

Mi espada se alzó, amenazando al siguiente soldado que me interceptaba. Los sonidos de ambas armas chocando, me drenaron de una emoción aún mayor a la que había sentido.

Me encontraba tan perdida en mi ira...en mi cometido...

-¡DESAPARECE!- solté, volteando la empuñadura en mi mano, dejando la espada del revés y deslizándola por su garganta.

Mi cabeza cayo, al igual que mis manos, que ahora se sostenían de mis rodillas. De repente, percibí como más pasos se aproximaban hacia mí.

-¡Matenla!

Sonreí de lado, incitando con mi mano a los demás que yacían detrás de los guerreros.

Pude vislumbrar como varios pelirrojos emprendían un seguro paso hacia adelante, con un brillo especial en sus ojos.

-Esos deben ser...

Mi mente no tuvo tiempo de formular su pensamiento, ya que mi espada se encontraba luchando fervientemente contra ellos.

-¡¿Así que quieren vengar la muerte de su hermanito?!- me digné a decir, pasando por debajo de las piernas de uno, e interceptando su acción, amenazando su cuello con mi filosa arma.

-¿Vengar?- soltó el joven, con una sarcástica sonrisa -Eso nunca nos interesó, princesa...nuestro hermano era un perdedor, y hasta en su último aliento lo fue.

No sé por qué...pero ese comentario me invadió de una furia que no pude controlar.

Me acerqué a su oído, susurrando en el acto -¿Eres consciente de que esas fueron tus últimas palabras?

-¿Eh? ...¡AGH!

Corté su garganta antes de que pudiese modular más estúpidas frases. No necesitaba escucharlo para conocer la verdad.

Lo dejé caer en el piso, al mismo tiempo que aferré mi mano a mi pecho. Este se encontraba descontrolado, el palpitar era tan intenso que juré que se detendría en cualquier momento. Mi boca también, estaba tan seca, que me impedía tragar saliva con facilidad. Mi cuerpo tampoco ayudaba, ya que temblaba estrepitosamente, como si este no estuviese preparado para aquella batalla.

-Sigues tú...- sentencié, recuperando la compostura y observando al otro pelirrojo a mi lado.

-Inténtalo...

Mi vista se desvió unos segundos, al sentir una presencia cercana a mi existencia. Me volteé con sigilo, y lo que observé me paralizó en el lugar. Elsa me miraba con culpabilidad, con terror, con...impotencia.

Fui incapaz de responder a su llamado visual. No me daba la cara...estaba cometiendo una masacre frente a ella. Pero lo que mi querida hermana no entendía... ¡Es que lo hacía por ella!

-¿Qué sucede, princesa?- me distrajo, el alto pelirrojo.

Volví mis ojos a él, dibujando una desafiante mueca -Oh, había olvidado que estabas aquí...

Frunció el ceño, ante mi descaro -Zorra...

Sin perder tiempo, se abalanzó contra mi, con el filo de frente, dispuesto a atravesarme. Choqué los dientes, y salté lo más alto que pude, evitando el ataque.

Ascendió su visión, ahora posicionando la espada hacia mi persona, que aún me encontraba cayendo como consecuencia de la gravedad. Tenía que admitirlo, había quedado desprotegida. Pero eso no iba a detenerme...no entrené tantos años para dejarme vencer por tal estúpida estrategia.

Llevé mi arma hacia mi cintura, cual samurai, dispuesta a darle un rápido golpe final en mi caída.

-¡Es tu fin!- vociferé, sin embargo, mi habla quedó sellada por un punzante dolor en mi hombro, que me hizo perder el equilibrio.

-¿P-Pero qué...?- murmuré con dificultad y dolencia, buscando al responsable, para encontrarme con otro de sus hermanos disparándome flechas.

Clavé mi atareada mirada nuevamente en la filosa espada que estaba lista para derrotarme. Como si un milagro fuese, logré esquivarla, para luego desplomarme estrepitosamente sobre el suelo.

Antes de siquiera poder reincorporarme, un poderoso puñetazo me tiró varios metros atrás, provocando que rodase sobre la tierra.

-¡Muere!- oí exclamar, al que me atacó por sorpresa.

Mis parpados se abrieron con terror, cuando su espada comenzó a descender directo a mi vientre. Con la poca energía que me quedaba, giré sobre el piso, logrando que solo quedase alojada en mi ya, herido hombro.

-¡AGH!- gemí con dureza, buscando mi propia espada con la mano. Pero tenía la vista nublada, no conseguía ver nada.

El temor me invadió ¿Acaso este sería mi fin? Bien...al menos moriría luchando por una buena causa...por ella...

-¡BASTA!- escuché un eco que despertó mis adormitados sentidos, mientras un frío me recorría como una caricia.

Traté de sentarme, sin mucho éxito. Lo que sí conseguí, fue presenciar en primera fila como aquel joven se congelaba al instante.

-E-Els...

No pude terminar mi llamado, ya que esta, atravesó a aquel muchacho con unas puntiagudas garras de hielo, que crecieron en sus dedos, destruyendo su figura.

Mis ojos se abrieron de par en par, con agonía. Había vuelto a matar...por mi culpa...

Se dio vuelta, observándome con los ojos impregnados en lagrimas -¡Anna, ya basta!

Sin poder reaccionar, solo pude seguir sus pasos acercándose hacia mi lastimada persona.

-Elsa...- murmuré, tratando de ponerme de pie, con la culpa invadiendo mi ser.

¿Qué demonios me pasaba? Me había dejado llevar tanto por mi odio, que mi querida hermana terminó haciendo lo que menos deseaba...terminó asesinando por mi causa. No debía permitir que ocurriese de nuevo.

-L-Lo siento...- musité, entre lágrimas, clavando la espada en el suelo, sosteniéndome de ella. Mis piernas no me obedecían, apenas era capaz de pararme.

-¡Mierda! ¿De verdad...este es mi límite?- medité, percibiendo como el peso de mi cuerpo me vencía.

-Basta...- repitió angustiosamente, llegando hasta mí, y derrumbándose sobre mi persona -¡No quiero...no quiero que hagas esto!

Luego de unos segundos, en los que sus sollozos me carcomieron el alma, se alejó un poco, detallando mi lesión con una notable culpabilidad en sus ojos. Su fría mano se poso en ella, emanando un poco de frio, anestesiándola.

Sin embargo, no sentía nada. Mis pensamientos se encontraban en un trance, perdidos en el limbo mismo, no lograba entender sus palabras. La única frase que formulaba mi mente, era la de siempre.

-Te protegeré...- susurré, con la mirada perdida, todavía tratando de levantarme, con demasiado esfuerzo para mi gusto.

Ella me sostuvo, al ver que estaba a punto de caer. De inmediato la aparté, cayendo de rodillas en el suelo, y respirando entrecortadamente.

-Anna...

-T-Tú...no debes pelear...

Esa era la verdad. No quería que luchase, eso solo provocaría su pesar. Ahora podía entenderlo, lograba verlo con claridad. Su miedo, su dolor, su inquietud... ¿Cómo pude incentivarla a pelear? Me sentía lo peor. Yo era la que debía encargarme de esa misión, solo yo.

Sus manos atraparon mis mejillas, buscando con sus ojos los míos, que no se dignaban a mirarla.

-¿Anna...estás dejando entrar la oscuridad a tu corazón...a propósito?

Por supuesto, lo adivinó. Solo ella podía percatarse de tal cosa.

Si, esa es la realidad, la dejé entrar. Me dejé llevar por mis emociones más lúgubres, que reprimí durante tanto tiempo. Porque estas me daban valor, me brindaban lucidez para encargarme de esta el más mínimo enemigo. Me permitían no tener piedad. Solo de esa forma podía asegurar mi victoria...solo así...podría impedir su muerte.

Una ahogada risa comenzó a emerger de mis labios, desconcertándola.

-Elsa...- mi semblante descendió. Me sentía demasiado débil para observar su culpa reflejada en sus ojos.

-Si tengo que sacrificar mi luz para salvarte...lo haré...

Juré escuchar como tragaba saliva con rudeza, tratando de ahogar sus lágrimas, por ende, mi vista se elevó, perdiéndose en la suya.

-Anna...no...Pelearé, yo te protegeré...cuidaré esa luz que tanto amo en ti...

Mis dedos, de forma instintiva, se reposaron con dificultad en su mejilla, descendiendo por ella, dejando mi rastro de sangre en su piel.

-N-No quiero que asesines...n-no...

Su mano sujetó la mía, besando la palma, para luego reposarla otra vez en su propio semblante, cubriéndola.

Una honesta sonrisa se delineó en sus labios, estremeciéndome -Mi alma ya está manchada...pero la tuya aún tiene salvación...

-Elsa...no...

-Lucharé, eso es lo que debí haber hecho desde el principio...por mi indecisión...tú...

-Elsa, por favor...no...

Antes de poder terminar mi frase, observé con lo poco que me quedaba de visión, como una flecha se dirigía derecho a ella.

-¡ELSA!

Sin darle tiempo a reaccionar, la gire sobre mi cuerpo, dispuesta a aceptar aquel legado de la muerte.

Sin embargo, no sentí nada. Ningún dolor me invadió, solo la incertidumbre de conocer lo ocurrido.

-¿Qué...?

No fui capaz de culminar mi frase, ya que tardíamente, mi cuerpo se dio cuenta de que ya no protegía a mi adorada hermana, al contrario, ella era la que me cubría a mí.

Abrí los ojos de par en par, pasmada, al mismo tiempo que mis manos se posaban en su espalda, presionándola contra mi.

-Els...- la nombré, pero no recibí respuesta alguna.

Aún en mi consternación, mis dedos la recorrieron, encontrándose con un tibio líquido, que empezaba a emanar de su piel.

-E-Elsa...

Sentí su rostro relajado, descansando sobre mi hombro. Soltó un largo suspiro, con una indescifrable sonrisa, que me hizo temer lo peor.

Mis brazos, instintivamente se aferraron más a su persona, acurrucándola en mi pecho.

-Eres tan cálida...Anna...

Con el habla sellada por la amargura, tomé sus mejillas, incitándola a observarme de frente. Solo pude vislumbrar su honesta sonrisa, emanando de sus labios, ahora enrojecidos por la sangre que los recorría.

-Elsa...

Mi mirada, despertando, se dirigió a su espalda. Pestañeé varias veces, sin querer asimilar lo que veía, sin querer creer que esta se encontraba atravesada por completo por aquella maliciosa flecha.

Mis pupilas se ensancharon, entrando en un estado de pánico que nunca pensé sentir.

-¡ELSA!

Su mano detuvo mi hablar, reposándola en mis entreabiertos labios, deslizandose por estos.

-T-Tranquila...estoy bien...

La quité de mi boca vorazmente, sujetando su muñeca con fuerza -¡No, Elsa, te llevaré con un medic...!

Sus intrépidos y dulces labios callaron mi desesperanza, provocando que mi alma se hundiese en un mar de lamentación.

Me recorrieron con desesperación, de una forma lenta, tortuosamente lenta. Como si quisiese grabar aquel aprecio en su alma y su mente por siempre.

Luego de unos segundos, se desprendió de mi estupefacto ser, descendiendo su cabeza, sin fuerzas.

Mi temblorosa mano la elevó, sosteniendo su mentón -Elsa...por favor...no...

Al presenciar su determinado gesto, sentí mi corazón latir con dolencia, sin darme lugar a modular palabra alguna.

Sus manos, que se elevaron con lentitud, se plantaron a ambos lados de mi rostro, acercándome hacia ella -Te amo...

-E-Els...

-Haremos el resto cuando regrese...- susurró, delineando mis labios con sus dedos, sin perder su brillante sonrisa, para luego reincorporarse con dificultad, y quitarse la flecha de su espalda, mordiéndose el labio en el acto, debido al dolor que le regaló aquella brutal acción.

Mi absorta persona, era incapaz de escapar de su consternación, quedando de rodillas en su lugar, observándola con una mirada aterrorizada por perderla.

Me miró por encima de mi cabeza, ascendiendo la suya misma al cielo -Te amo...Anna...- repitió, cerrando los ojos apaciblemente.

-¡E-Espera!

Me dio la espalda, comenzando a dirigirse hacia sus enemigos con un caminar lento y dificultoso.

Su legado me hizo reaccionar, tirándome una señal de alerta. Al instante me puse de pie, a pesar del dolor en mi hombro, tratando de seguir sus pasos con desesperación.

-¡ELSA!

Sus manos se elevaron, sin darme tiempo a detenerla, mientras esbozaba una confiable sonrisa que hacía tiempo que no presenciaba.

-Esta guerra...terminará...aquí...- musitó, regalándome una última mirada y extendiendo estas hacia adelante.

-¡ELSA, NO!

-¡AAHH!- exclamó, conjurando una enorme cantidad de hielo sobre las cabezas de nuestros enemigos. Descendió sus manos, con la misma rapidez que los había alzado, derrumbando su magia sobre todos los guerreros, que no pudieron hacer otra cosa que gritar horrorizados.

Intuyendo sus intenciones, corrí hacia ella -¡NO!- grité, estirando mi brazo lo más que podía, como si de esa manera pudiese detenerla.

Pero ya era demasiado tarde, su último gesto me lo hizo entender.

Continuó emanando toda su magia sobre ellos, y también, sobre su propio ser, que no se encontraba en condiciones de escapar a tiempo de su mismísimo poder.

Mi visión quedó nevada, observando sin poder hacer nada, como esa avalancha los aplastaba a todos, incluyendo a mí querida y amada hermana.

No era cierto...no podía ser cierto... ¿Esa era la única forma? ¿Llevar sus poderes a tal extremo, tanto, que no podría controlarlos?

Un estridente sonido, anunció el final de la embestida. La nieve vistió la tierra de blanco, sin dejar rastro de vida alguna.

Mi aliento escapo en forma de círculos, ante el frío que comenzaba a irrumpir nuestro castillo. Apreté los puños con tanta rudeza, que la sangre fluyó de ellos, resbalándose por mi piel.

-¡No...no...NOO!- repetí en un sollozo, dando grandes zancadas sobre la nieve, derrumbándome sobre esta, y comenzando a revolverla con mis manos desesperadamente, intentando hallarla.

Mi sangre teñía aquella blancura de un rojizo color, deshaciendo mis esperanzas.

-¡ELSA!

Mi voz se entrecortó, al enterrar mi mano más profundo y sentir un delicado brazo, helado como la muerte misma.

-Elsa... ¡ELSA!


Y ya queda poquito! Disculpen por tardar tanto en actualizar esta vez, estuve un poco ocupada.

Nos vemos en el próximo capítulo!

Besos!