Deseo

Es suficiente.

Todos llegamos a esa conclusión alguna vez en la vida, y yo...he llegado a ella finalmente.

Ya nada importa. Mi único deseo era permanecer a tu lado...cuidarte...protegerte...pero fallé.

Fallé, mi querida hermana.

Espero que algún día puedas perdonarme. Nunca pensé que mis acciones terminasen lastimándote tanto...quería preservar tu vida...y en vez de eso, terminé destruyéndola...

Ya es suficiente...no quiero oír nada, no quiero sentir nada...solo quiero...irme contigo.

Nunca más estaremos separadas, lo prometo. Mi vida es tuya...siempre lo ha sido, ¿Lo sabes, verdad?

Recuerda esto...aún en la muerte, Elsa...siempre estaré contigo...

-/-

Tironeé con fuerza, tanto, que mi sangre se escapó de mi herida, haciéndome gritar de dolor.

-¡E-Elsa...aguanta!

De a poco, comencé a vislumbrar una ahora, blanca cabellera que emergía del hielo. Me aferré más a su brazo inerte, y con lo último que me quedaba de energía, jalé hasta sacarla completamente, provocando que cayese hacia atrás, con su cuerpo sobre el mío.

Al instante, y lo más rápido que mi ser me permitió incorporarme, la sujeté en mis brazos, apoyando su cabeza en mi pecho.

-¡Elsa!

La sacudí de los hombros, pero no parecía querer reaccionar. Su cuerpo se encontraba pálido como la misma nieve.

Mi corazón empezó a latir con una penetrante rudeza, que me hizo quedar casi sin respiración, al contrario del suyo, que no nada indicios de vida alguno.

-P-Por favor...no...

Reposé mi mano en su cuello, tratando de sentir su pulso. Nada, no había nada allí que me brindara esperanzas.

Sin darme por vencida, me acerqué a su nariz, con la intención de oír al menos un pequeño respingo de vida emanar de ella. De nuevo, nada, solo el insonoro sonido del terror y la soledad que comenzaba a invadirme.

Como si fuese yo quien estuviese succionando su existencia, mi respiración se descontroló. Mi pecho, agitado, se elevaba sin piedad y descendía al segundo, generándome un doloroso pesar en el alma.

-N-No...esto no está pasando...- musité, acercando su cuerpo al mío, como si mi calor fuese un elixir mágico que la despertase de su letargo.

Quedé plantada en mi lugar, observando su durmiente rostro, que a pesar de todo...parecía estar en paz.

-Elsa...

Mis reprimidas lágrimas emprendieron su atormentado recorrido, derrumbándose en su semblante sin vida.

-No...no... ¡NO! ¡NO PERMITIRÉ QUE ME DEJES SOLA, ELSA!- dije, sollozando y tumbándola en el suelo, para luego posicionar mis manos en su pecho e impulsarlas, una y otra vez, intentando revivirla.

-¡VAMOS! ¡ERES MAS FUERTE QUE ESTO!

Reiteré mis movimientos, pero no funcionaba. Parecía como si no quisiera despertar.

-¡ELSA, NO ME HAGAS ESTO!- exclamé, dando un apretón aún más fuerte.

Choqué los dientes, aferrándome de su ropa, mientras mi agonía se derramaba sobre ella. No podía estar pasando...no así...no por mi culpa.

-¡MIERDA, MIERDA, MIERDA!- mis manos perdieron el control y comenzaron a golpear su pecho, provocando que este saltara ante mis embestidas -¡DESPIERTA, DESPIERTA! ¡MALDITA SEA, DES...PIERTA...!- mi voz se entrecortó, dejándose llevar por la desesperanza de perderla.

-Su majestad...es suficiente...- escuché a un soldado, detrás de mí.

Abrí los ojos de par en par, pasmada, para luego voltearme con una amenazante lentitud -¿Cómo...me llamaste?

No contestó. Quizás por la iracunda mirada que poseía.

-Déjela descansar...

-¿Descansar?- repetí, con ironía -¡¿Te parece que está descansando?!

-Debe permitirle cruzar en paz...

Fruncí el ceño, tanto, que mi subordinado dio dos pasos hacia atrás, aterrorizado.

-¿Qué sabes tú de eso? ¡¿Con qué razón me dices que me dé por vencida?!

-Yo...

-Como imaginé... ¡No sabes nada!

En un impulso, acurruqué a Elsa en mis brazos de nuevo, meciéndola sobre mi -Elsa...Elsa... ¡ELSA! ¡NO ME DEJES SOLA!- emití, aferrándome a su espalda, rasguñándola ante la desesperación que me carcomía.

-Te necesito...sin ti...no puedo...

-Escuche...debemos...

-¡DÉJAME SOLA! ¡NO ENTIENDES NA...!- mi habla se silenció, ante una maligna presencia que sentí cerca de mí.

Con sigilo, giré mi rostro, impregnado en lágrimas, para encontrarme con un alto pelirrojo aproximándose, con la mano lista para desenfundar en cualquier momento.

Oh no...no ahora...no ahora que la ira me consume...

-Es mi deber...- emprendió su asquerosa habla, quedando a centímetros de mi persona -vengar a mi hermanos y compañeros- finalizó, liberando su arma, y apuntándome con ella.

Acerqué más a Elsa hacia mí, como si a esta altura pudiera protegerla de algún mal.

Ese único mal...era yo misma. Yo la había sentenciado.

-¡Su majestad!- soltó aquel soldado, esperando mis órdenes.

-¡NO ME DIGAS ASI!

Él me miró, notablemente aturdido -Pero ahora usted es la rei...

-¡No! ¡La única reina aquí es y será siempre, Elsa!

Largué un gemido inmerso de agonía, al percibir como mis heridas se abrían cada vez más, con el solo emitir mi voz, desangrándome en el acto.

-Y...dentro de poco...dejaré de ser la princesa también...- dije, en un suspiro, mi última voluntad, percibiendo como mi cuerpo luchaba contra mi alma. Estaba perdiendo demasiada sangre, y las golpizas recibidas anteriormente, no ayudaban.

No me quedaba mucho tiempo, y eso...era un hecho que me hacia inmensamente feliz. Ya que podría al menos, reunirme con ella.

Con todo el desconsuelo en mi corazón, recosté a mi querida hermana sobre la nieve, dedicándole una sonrisa llena de arrepentimiento.

-Volveré por ti...espérame...

Reposé mi mano en su rostro, deslizándome por él, para luego posarla en la funda de mi espada, aferrada fielmente al costado de mi cintura.

Me puse de pie con un esfuerzo demasiado agudo para mi gusto.

-¿Has terminado?- atinó a decir, aquel hombre, con una lúgubre mueca.

Ahogué una risa, cojeando hacia él -¿Cuál es la voluntad que te mantiene en pie, soldado?

-Matarte.

-Por venganza...si mal no escuché...

-Exacto.

-Eso es un alivio- murmuré, analizándolo.

No era un guerrero cualquiera. En su energía se podía vislumbrar algo...extraño...diferente de todos los hombres que destruí. Con ese pensar en mente, mi respiración me traicionó aún más, debido a mis peligrosas heridas. Pero no debía ceder, por ende, mi semblante no se inmutó, desafiándolo.

-Te ves muy confiada.

-¿Confiada?- reí -Jamás, ese sería un gran error que me llevaría directo a mi muerte.

-¿Acaso no estás muriendo ya?- adivinó, clavando sus ojos en los míos.

El silencio fue mi respuesta. Por supuesto, con cada minuto que pasaba, el dolor aumentaba, al igual que el inevitable paso hacia el otro mundo.

Obviando su pregunta, continué -Estoy feliz...de que haya quedado todavía un imbécil con el que luchar...

Me miró, entre intrigado y enfadado -¿Y eso por qué?

Mi visión, que se encontraba impregnada en el suelo, se elevó con malicia, penetrándola en él -Porque ahora podré vengar la muerte de mi amada hermana- sentencié, dibujando una satisfecha sonrisa.

El pelirrojo, al oírme, largó una carcajada muy parecida a la de Hans, para mi pesar -¿En tu estado? No me hagas reír...

-Te haré sentir más que eso...

Sin perder más tiempo, me abalancé contra él, desenvainando mi espada. De inmediato, controló mi ataque, contrarrestándolo.

El choqué de ambas armas me hizo ahogar un chillido, ya que la herida en mi hombro se abrió demasiado.

-No puedes pelear así, ¡Ríndete y acepta la muerte!

-¡La aceptaré, pero no junto a ti!

Así es...el único rostro que quiero ver antes de morir...es el de Elsa...

Como si la energía proviniese de un milagroso lugar, salté sobre su cabeza, dispuesta a depositarle una buena estocada. Pero muy astutamente, me esquivó, logrando golpearme con la empuñadura en las costillas, en mi caída, destruyendo varias en la acción.

-¡AGGH!- chillé, rodando por los suelos, sosteniéndome aquella herida, que detuvo casi por completo mi aire.

Sin darme tiempo a levantarme, me encestó una patada en la quijada, derribándome varios metros atrás.

Estaba jugando conmigo, eso era obvio.

-¿Qué sucede princesa?

-Ha...ha...ha...

-Tu respiración me dice que no te queda mucho...- soltó, con descaro, jugando con su espada -No te preocupes, ahora mismo te enviaré al infierno...

Apuntó esta directo a mi cuello, y aún sin saber cómo, giré en mi lugar, reincorporándome con rapidez, pero cayendo al instante de vuelta en la fría nieve, ante la debilidad que cada vez más irrumpía mi lastimado cuerpo.

-¡Agh!- exclamé, al sentir una presión en mi espalda, amenazando mi andar.

Con todo el esfuerzo, posé mi vista en él, que sonreía triunfalmente -Suplica por tu vida...

-J-Jamás...

-¿Testaruda...ha? No podía esperar menos de la princesa de Arendelle.

Su pie me presionó con tal rudeza, que juré escuchar mis huesos quebrarse.

-¡Princesa!- oí a lo lejos, a mis soldados acercándose.

-¡NO! ¡Esta es mi pelea!

¿Testaruda? Si, tenía razón.

Como si mis órdenes no fuesen solo de una princesa, sino de una reina, se estancaron en su lugar.

-¡MUERE!

Mis pupilas se ampliaron ante su ferviente veredicto.

No iba a morir aquí...no al lado de ese engendro.

Sujeté mi espada con fuerza, y rodando en mi sitio, la extendí, penetrándola en su hombro.

-¡AGH!

Seguí hundiéndola en su piel, hasta que mi cuerpo no pudo más, y se desplomó en el suelo, dejando la sangre emanar libremente sobre él.

Mi vista se estaba nublando. No me quedaba mucho, tenía que terminar la pelea rápido.

-U-Un último golpe...e-eso...necesito...- deliré, clavando la espada en la nieve, tratando de ponerme de pie.

El rojizo y tibio líquido recorría mi frente, ocultando mis ojos. Me refregué con brusquedad, intentando encontrarlo con la mirada.

Y allí estaba, obviando su malestar y observándome con rencor.

Su futura posición me hizo alertar. El joven había vuelto a enfundar su espada, dejando reposar su mano en la empuñadura, dispuesto a desenfundar en el momento preciso.

-E-Esa posición...la conozco...

-No debí tomarte a la ligera...atacaré con todo lo que tengo, princesa- habló con seriedad, posicionando sus fervientes ojos en los míos.

Como si mi memoria fuese selectiva, las sabias palabras que una vez me dijo mi padre, irrumpieron mis pensamientos.

La única forma de vencer un ataque así, es imitándolo...debes ser más rápida, Anna. No pienses, actúa.

Inmersa en ese recuerdo, me posicioné también, resguardando mi arma en mi cintura, y colocando mi mano allí, al mismo tiempo que mi pie se adelantaba a mi cuerpo.

-No pienses...actúa...- me repetí, con escaso aire, mientras el silencio nos acobijaba.

Mi vista se clavó en su cuerpo, esperando detectar un mínimo aviso de su ataque. Eso definiría todo.

Y allí fue cuando lo percibí. Una presencia digna de un guerrero, emanar de su alma.

Mis ojos se abrieron instintivamente, impulsando a mi cuerpo, que se movió al mismo tiempo que el suyo.

-¡AAHH!- gritamos al unísono, al mismo tiempo que nuestras espadas chocaron, destruyendo la punta de la mía como consecuencia.

¡¿Fallé?! No puede ser...

Se suponía que ese golpe tenía que cortarlo en dos, pero él también debió notar mi energía al igual que yo, logrando adivinar mis movimientos.

-¡Es tu fin!

Escuché en un eco, aquellas seguras palabras, sin querer creer en ellas.

No...no moriré aquí... ¡NO CONTIGO!

En ese mismo instante que nuestras armas descendían del furioso encuentro, tomé la funda de mi espada, agarrándola con la mayor firmeza que pude y la deslicé con fuerza en un movimiento en diagonal, directo hacia él.

Impulsé mi muñeca, y la estrellé con toda la fuerza que me quedaba en su brazo derecho, oyendo como este se quebraba en el acto.

-¡¿Q-QUÉ?!

Aún empuñándola, lo impulsé varios pasos atrás, provocando que se estrellará contra una roca, resbalándose por esta, hasta caer al amortiguado suelo.

Mis piernas flaquearon, pero antes de permitirme caer, dediqué mis temblorosos pasos a su lamentable persona, que se retorcía en el lugar.

-Nunca más podrás usar una espada...tu vida termina aquí...

Ascendió la cabeza, apretando los dientes, para luego bajarla, dispuesto a aceptar su derrota.

Elevé mi espada, dispuesta a brindarle el golpe final. Pero en ese instante, las palabras pasadas de Elsa, vinieron a mi mente.

No te dejes llevar por el odio...

Las lagrimas escaparon de mis ojos, con solo recordar su suave voz dedicándome aquella salvadora frase.

Observé al muchacho, con el odio impregnado en mi corazón. Mis motivos para eliminarlo habían desaparecido. Ya nada tenía sentido, siquiera su miserable vida.

Bajé mi espada, para luego tirarla en el suelo.

Él solo me miró, desorbitado.

-Vete...avisa a tu reino que han perdido la guerra...y ni se les ocurra volver, ya sabes las consecuencias...

No contesto, solo atinó a levantarse con esfuerzo, y dedicarme una mirada inmersa de odio.

Sonreí con lastima, dándole la espalda.

Mis pasos se adelantaron a mi pensar, guiándome hacia mi difunta hermana, que todavía yacía en la helada nieve.

-Elsa...- murmuré, percibiendo como la flama de mi propia vida, cada vez se extinguía más.

Quedaba poco...ya casi llegaba...sin embargo, antes de encontrarme con ella, sentí un terrible dolor atravesar mi pecho.

Mis párpados se abrieron, aturdidos. Con la mente en blanco, descendí mis ojos, para encontrarme con la punta de una daga, brillando a través de mi pecho.

Me giré con debilidad, vislumbrando como aquel joven sonreía con malicia.

-T-Tú...

Sin contestarme, se retiró de allí, sujetando sus heridas.

La sangre comenzó a emanar de mi boca, mientras me quitaba el arma que había clavado en mi espalda.

-¡AGH!- grité, desenterrándola de mi piel y elevándola hasta mi rostro, detallándola.

Esta cayó de mi mano, tiñendo la nieve de un carmesí color.

Mi vista se nubló por unos segundos, dándome a entender, que pronto me desplomaría. Pero antes de eso debía...llegar hasta ella.

-E-Elsa...Elsa...

Caí de rodillas, arrastrándome hacia su congelada y hermosa persona, dejando como rastro un rojizo color sobre la nieve.

Una triste sonrisa se dibujó en mis labios, al llegar a sostener su brazo inmóvil. Me derrumbé a su lado, respirando con dificultad.

Encandilada por la luz del atardecer que la adornaba, observé su pacífico rostro, sin quitar mi dedicado gesto -Elsa...l-lo siento...dejé que mi sed de v-venganza me controlase...por mi culpa...tú...

Incapaz de controlar la impotencia que me corrompía, la aferré contra mí, abrazándola. Quería fallecer junto a ella...quería reencontrarme con ella en el otro mundo, si es que eso era posible, pero realmente anhelaba que lo fuese. Era mi única esperanza.

-¡Lo siento...tanto...!- susurré, de forma entrecortada.

Mis sentidos estaban desapareciendo, llenándome de una extraña pero acogedora sensación.

Largando un pesado suspiro, reposé mi semblante en su hombro, acurrucándome en su ser.

-Perdóname...- sollocé, sujetándola con más firmeza -d-desearía...desearía que esta guerra nunca hubiese sucedido...quisiera volver el tiempo atrás...y que t-tu estuvieras aquí conmigo...Elsa...

Y en ese preciso momento, lo sentí. El último palpitar de mi pecho, que se elevó con agonía, provocando que abriese los ojos con rudeza, para luego, emprender un esperado descenso en estos.

-Pero...nada de eso importa...ya que ahora yo...p-podré estar conti...

Mi habla se detuvo, al igual que mi respirar, al mismo tiempo que llegaba a vislumbrar una luz irradiar de algún misterioso lado...muy cerca de mí.

¿Qué sucedía? No podía meditarlo con claridad, todo se veía borroso. Bien...eso...ya no importaba...ya que mis pensamientos, al igual que mi alma, cesaron su existencia, brindándome la libertad que tanto anhelaba, no sin antes regalarle todos mis sentimientos a mi amada, en una sola frase, que valía más que mil palabras.

-Te amo...Elsa...


Y ahora sí! esta vez si que estamos llegando al final!

Gracias por leer, y nos vemos en el próximo capítulo!

Besitos!