Volver

Elsa...lo hiciste. Lograste vencer tu oscuridad, hermana mía.

Tu sacrificio fue la prueba.

Yo por el contrario, estoy absorta en ella...no puedo escapar de este laberinto, de este limbo eterno.

No sé qué hacer...me encantaría que estuvieses aquí, para preguntarte cómo pudiste derrotar a tu yo maligno.

Pero, quizás esa es la razón...tal vez no fue maldad lo que emanó de mi, tal vez...fue solo desesperación.

Desesperación por protegerte...por temer perderte...

Perdóname...Elsa...perdóname por condenarte...

-/-

Mi mente giraba sin parar. Un camino dorado me conducía a un lugar desconocido. No pude evitar temer...tenía miedo, miedo de mi próxima parada...de mi próximo destino.

Temía no poder encontrarte allí.

Ahogué un doloroso grito, mientras caía en una oscuridad profunda, una que claramente se convertiría en mi nuevo hogar.

Este debía ser mi castigo, y no podía estar más de acuerdo. El infierno es lo único que me esperaba. Me lo merecía.

Comencé a sentir como el aire me faltaba, como mi corazón se detenía. Todo era inmensamente tormentoso. Ya no podía aguantarlo.

El final del recorrido estaba cerca...

-Lo siento...Elsa...- susurré, cerrando los ojos con resignación, al percibir como mi pasaje culminaba.

En ese mismo momento que renuncié a mi vida, un impulso golpeó mi pecho con rudeza, provocando que me reincorporase de un salto.

Elevé mi cuerpo lo más que pude, debido a la extraña sensación que me invadió.

-¡ELSA!

Mi brazo se estiró, como si de esa forma pudiese sostenerte, encontrarte...

-¡Anna! ¿Qué sucede?- escuché a mi lado, sin darme tiempo a reaccionar.

-¿Anna?- repitió aquella conocida y dulce voz, que invadía todos mis sentidos.

Paralizada, me giré con lentitud, para luego dejar caer mi quijada, al no creer lo que mis ojos veían.

-¿E-Elsa...?

Sus zafiros ojos me miraban profundamente, y sus manos sostenían mis hombros.

-Elsa...- emití con debilidad, incrédula ante lo que estaba visualizando.

-Anna, ¿Estás bien? ¿Tuviste una pesadilla?

Mi mente quedó en blanco. ¿Qué mierda estaba sucediendo? ¿Acaso este era el infierno? ¿Mi castigo era verla por siempre, sabiendo que yo ocasioné su muerte? ¿Ver su fantasma vagar alrededor mío toda la eternidad?

-Anna, ¡Contéstame!

Al sentir su agarre fortaleciéndose, pestañeé varias veces, pasando mi vista de un lado a otro. Necesitaba comprobar si este era un mero sueño mortífero.

Esta era la realidad. Si...no podía ser otra cosa. Todo se sentía tan vivo.

¿Pero cómo? ... ¿Cómo...?

-Elsa...

Mis ojos es inundaron de lágrimas, intentando averiguar la verdad en mis pensamientos, pero no había caso.

Ya no me importaba donde estaba, lo único esencial era que la tenía a mi lado...que podía verla de nuevo.

-¡ELSA!

Me lancé a sus brazos, abrazándola con fuerza, hundiéndola en mi cuerpo.

Era tan cálida...tan real.

-Anna...

Ella solo acarició mi cabeza, de forma comprensiva.

-Elsa...Elsa... ¡Perdóname!- sollocé en su pecho, refregándome en él.

Logré notar sus palpitaciones creciendo, ante mi extraño comportamiento.

-Cálmate y dime que sucedió...

Negué de nuevo en mi lugar. Las palabras no emanaban de mi boca. Me encontraba demasiado conmocionada, y siquiera yo misma entendía que pasaba.

Su mentón se apoyó en mi cabello, mientras su mano libre acariciaba mi espalda maternalmente.

-¿Es...esto un sueño?- me animé a modular, reincorporándome un poco.

-Yo diría que fue una pesadilla...

-¿Una...pesadilla...?- dudé, para luego negar con mi cabeza -no...fue demasiado real, no pudo haber sido solo una ilusión...

-Anna... ¿Me explicarás que está pasan-

Su voz se detuvo, al igual que sus ojos, que quedaron plantados debajo de mi cuello.

-¿Y eso?

Deslicé la vista hacia el lugar indicado, para encontrarme con la marca de una estrella tatuada en él.

Abrí los ojos de par en par, detallándola.

-No puede ser...

-¿No puede ser...qué?

-La estrella de los deseos...- deliré, dibujándola con mi dedo.

-¿Eh? Anna, no entiendo nada de lo que estás diciendo...

Mi visión decayó, impregnándose de los recuerdos de mi padre, y de sus palabras.

Solo alguna de las dos puede usarla. Solo una persona de puro corazón puede invocarla.

-¿De puro corazón?-me dije, anonadada, sonriendo con lástima hacia mi propia persona - pero yo...yo...

Las lágrimas incrementaron, volviendo mi vista borrosa.

-¡Pero yo no tengo el corazón puro, padre! ¡Ya no!- me exalté, golpeando el colchón de la cama con impotencia -he matado...y-yo...he matado a mucha gente...

Elsa me sujetó, mientras yo me removía en mi lugar, totalmente fuera de eje.

Nada tenía sentido.

-P-Papá... ¿Por qué...yo...-

-¡ANNA!

Su imperativa tonada me hizo reaccionar.

Elevé mi rostro, encontrándome con su preocupada mirada.

-Elsa...yo... ¿Por qué?

No podía escapar de mi estado, al igual que mis palabras, que carecían de sentido. Mis acciones pasadas me estaban castigando, impregnando mi alma de una agonía que apenas podía tolerar.

-Te lo volveré a pedir... ¡Explícame que sucede!

Dejé caer mi semblante, al no saber que responder.

-Ni yo misma lo sé...lo único certero- lo volví a ascender, perdiendo mis ojos en ella -es que tú estás aquí...de nuevo...

-¿A qué te refieres?

-¿Pero a qué costo?- continué, obviando su parálisis -he asesinado a muchas personas, no puedo olvidarlo...simplemente no puedo...esto debe ser un sueño, si...un extraño sueño.

Juré escuchar como chocaba los dientes. Seguro debido a mi inquietante comportamiento.

Antes de poder expresar algo sin sentido de nuevo, percibí unos fuertes y helados dedos impregnándose en mi mejilla, marcándome como consecuencia.

Me rocé la herida, para luego observarla, perpleja.

-Lo siento...tenía que hacerte reaccionar de alguna forma...- sentenció, arrugando su frente.

Me la refregué, asintiendo -Ayudó...

Largó un suspiro, emanando un congelado aire de su ser.

-Ahora dime que sucede, por favor...

-No sé por dónde empezar...

-Por el principio sería ideal...

Tragué saliva con esfuerzo. Mi boca se encontraba tan reseca que me costaba hasta ese natural acto.

-Creo que he vuelto el tiempo atrás...

-¿Q-Qué? ¿De qué hablas?

-Elsa, ¿No recuerdas nada? ¿La guerra...tu muerte...?

Sus ojos se entreabrieron, al oírme -¿Mi...muerte?

-Tú...- tomé aire, sintiendo como este escaseaba en mis pulmones -moriste por mi culpa...por mi sed de venganza...contra la familia de Hans.

-¿Qué? ¿La familia de Hans?

-Si no me hubiese dejado llevar... ¡Si tan solo te hubiera escuchado!

-Espera Anna, no entiendo na-

Sus palabras se detuvieron abruptamente.

Me costó entender el por qué. Hasta que mi visión descendió, al sentir su tacto impregnado en la marca estrellada en mi torso.

Sus ojos se abrieron como platos, tornándose perdidos. Parecía estar en un estado de trance.

-¿Elsa? ... ¡Elsa!- me alerté, zarandeándola de los hombros, al no recibir respuesta alguna.

-Mi...muerte...- balbuceó, llevando la mano a su rostro y cubriéndolo -La tuya...

Sus zafiros se impregnaron en lágrimas, desconcertándome.

-¿Qué te pasa?- inquirí, descubriéndola un poco.

La mirada que me dedicó, derrumbo por completo lo que quedaba de mi persona.

-Lo vi...vi todo lo que pasamos...

-¿Qué?

-No sé cómo...pero cuando toqué tu marca...pude ver todo...- continuó, con el dolor recorriéndole.

-¿Todo? ¿Te refieres a "todo"?- enfaticé, llenándome de temor.

No quería que recordase lo violenta que fui.

Destapó por completo su semblante, ahora observándome con los ojos inmersos de arrepentimiento -Si, Anna...todo...

De inmediato le di la espalda, avergonzada por mis acciones pasadas.

No podía ser...la única oportunidad que tenía de que Elsa olvidase lo ocurrido, la había echado a perder.

No sé por qué no me sorprende mi inutilidad.

Se abrazó a mi cintura, aferrándome con fuerza -Anna, escúchame...

-¡NO!- exclamé, de forma entrecortada, apretujando las rodillas con mis manos -no lo digas...por favor...

-No me des la espalda...

-¡Cómo quieres que te mire!- me exasperé, girando nuevamente y clavando mi pecaminoso ser en ella -¡Te he tratado tan mal en el pasado, juzgándote de dejarte llevar por la maldad...y yo...yo he hecho lo mis-

-¡Anna!

Su calor acobijó mi tembloroso cuerpo, envolviéndome de una calidez indescriptible. Una que realmente necesitaba.

Solo pude quebrarme entre sus brazos, aspirando su afrodisíaco aroma.

Pero parece ser, que no fui la única que se quebrantó en la unión.

-¡Todo es mi culpa! Tú solo hiciste lo que creíste correcto...

-No, me equivoqué...y ahora, la marca de mi pecado estará para siempre en mí- dije, acariciando aquella estrella tatuada en mi piel.

-No, fue mi culpa...por no reaccionar a tiempo. No puedo recordarlo como tú, pero un gran temor me invade al observar esas imágenes...

-Elsa...

-Es como si...hubiese tenido miedo de...

-Volver a ser la que eras antes...- la interrumpí, sorprendiéndola -eso es lo que me dijiste...

Desvió la mirada, atemorizada por su otro yo.

-Estoy igual de asustada que tú, todo suena tan increíble...pero el hecho de que hayas pasado por tanto dolor sola...- detuvo su habla, arrugando su ropa con rudeza -perdóname por no haber estado a tu lado...Anna...- sollozó, mientras sus manos comenzaban a temblar.

La temperatura de la habitación empezaba a descender con rapidez, dándome a entender que mi hermana estaba perdiendo los estribos.

-Lo hiciste, estuviste ahí, Elsa...y te...sacrificaste por mi...

Con un valor que creí perdido, me incorporé, quedando frente a frente con su melancólica mirada -Papá...me dijo que solo una persona pura de corazón lograría usar la gema...

-Y tú la usaste...

-No conscientemente, pero yo... ¿Pura?

-Lo eres, Anna.

Su sonrisa me alumbró, tanto, que juré percibir como una pequeña pizca de esperanza me irrumpía.

-No lo soy...maté, Elsa...asesiné sin compasión alguna...

-Al igual que yo...- sonrió con tristeza -por razones equivocadas, no por eso nos convierte en malas personas...me costó mucho entender eso, así que sé como te sientes- agregó, acariciando mi espalda.

Me quedé en silencio, anhelando creer en sus palabras.

-Nos equivocamos, como cualquier ser humano...

No era capaz de contestar, me encontraba perdida en un abismo dudoso...extremadamente dudoso.

Su tacto sobre mi húmeda mejilla, logró que posara mis ojos otra vez en ella, que habían decaído debido a la vergüenza.

-Tu corazón es puro y siempre lo será...tus acciones fueron premeditadas por el miedo a perderme...solo eso...

-Eso no quita lo que hice...

-Lo sé, al igual que el que tú me hayas perdonado, no borra lo que yo te hice...

Mi voz se atragantó, recordando aquellos, no tan lejanos tiempos.

-¿Pero, aún seguimos aquí, verdad?

Asentí, con un nerviosismo que comenzaba a crecer en mí.

-Eso significa que hemos sido perdonadas...que nuestros corazones, aunque no lo creas, todavía se conservan puros.

-¿Cómo es posible?- inquirí, realmente deseando conocer la respuesta.

Derivó la mirada al suelo, como si allí encontrase la solución a mi cuestión.

-No lo sé, pero los hechos son así, debes aceptarlo, tienes que perdonarte...Anna...

-Pero...

-Al igual que tú me perdonaste a mí...

El silencio irrumpió la habitación. Un nostálgico...silencio.

Mordí mis labios, tratando de impedir que un ahogado gemido de dolencia escapase de ellos. Pero fue imposible. Se liberó sin mi permiso.

Para mi suerte, unos fuertes brazos me protegieron, calmando mi agonía.

-Elsa... ¡Elsa!

-Tranquila, ya pasó...

Me aferré a su ropa, casi desgarrándola -¡Me alegra tanto que estés viva!

Mi querida hermana solo sonrió, dedicándome todos sus sentimientos, en ese sutil pero amoroso gesto. Era todo lo que necesitaba.

-Gracias por regresarme...

Sonreí de lado, aún con el alivio recorriendome, para luego rodear su cuello y rozar mi nariz con la suya.

-Gracias a ti por aceptarme...

-¿Aceptarte?- rió por lo bajo, con ironía -Anna...eres lo mejor que me ha pasado en la vida.

Delineé una sonrisa, agradeciendo a todos los dioses por tenerla a mi lado.

-Te amo, Elsa...no vuelvas a dejarme...ni se te ocurra hacerlo...

-Anna...

-Porque te perseguiré hasta el mismísimo infierno si es necesario.

Mi determinada mirada apresó la suya, haciéndola estremecerse en su lugar.

Su respiración, ahora entrecortada, chocó contra la mía, alentándome a seguir.

Mis ojos descendieron, clavándose en sus carnosos labios. No sé por qué titubeé un poco. Como si mi consciencia no aceptase la felicidad que volvía a sentir. Como si fuese incorrecto recibirla, debido a aquel capítulo de mi vida que quería borrar.

-No te culpes.- susurró, despojándome de cualquier incertidumbre.

-Trataré...- musité, decidiendo acortar la distancia.

Ella era todo lo que tenía, y si había logrado regresarla a mi lado...era por algo.

Quería creer en el destino...realmente quería.

Sus labios rozaron los míos, asaltándome al instante de una placentera electricidad, que pensé no sentir nunca más.

Los uní con desesperación, entreabriendo mi boca, llevándome la suya conmigo. Nuestras aceleradas respiraciones se escuchaban, incitándonos a desbordarnos.

Continuamos descubriéndonos, sin dejar lugar sin conocer, como si ese fuese el último beso que nos diéramos en toda nuestra existencia.

-A-Anna...- oí su placentera voz, mientras continuaba degustándola a mi antojo, relamiendo sus labios, mordiéndo uno e impulsándolo hacia mí.

La empujé contra la cama, sentándome sobre ella y reclamando mío su pálido cuello, deslizando mi lengua por él, marcándola apasionadamente.

Necesitaba con urgencia hacerla mía.

Ante mi precipitado actuar, se reincorporó, agitada, quedando mi cuerpo asentado sobre sus piernas.

-¿Q-Qué te pasa? Estás tan...

-¿Deseosa por sentirte?- la corté, volviendo a sus labios y devorándolos con hambruna.

Mis manos se descontrolaron, comenzando a rozar sus pechos por encima de la suave tela de su camisón.

Pude sentir su excitación inminente sobre ella, hecho que tomé como una señal para proseguir.

-E-Espera...para mí no h-ha pasado ni una hora desde que lo hicimos...

-¿Y?- me limité a decir, rozando su espalda con mis manos en lentos movimientos, para luego llevarlas al frente y descubrir sus atributos, esta vez debajo de la ropa, acariciándolos en círculos.

Chasqueó los dientes, entrecerrando los párpados -Q-Que aún estoy sensible desde la última vez...

-Mejor, te haré sentir como una verdadera reina, Elsa...- sonreí, despojándola con cautela de su camisón.

-A-Anna... ¡Ah!- emitió, al sentir mi lengua recorrer su pecho, dejando mi marca en él y succionándolo con anhelo.

Tardé en liberarlo. Quería escucharla gemir. Quería que me pidiese más.

-Anna...d-dios...

Su cabeza se estiró hacia atrás, provocando que su torso se adelantase, por ende, sumiéndome más contra él.

Mi lengua comenzó a jugar con su ahora, notable sensibilidad. Los sonidos de mi propia acción, sumando su entrecortada respiración, terminaron por enloquecerme.

Tomando el control, la di vuelta con un poco de rudeza, que hasta a mi misma me sorprendió.

-¡E-Espera!

-No. No voy a esperar, Elsa.- sentencié, empezando a bajar aquella húmeda tela que impedía que la visualizase en su totalidad.

Me relamí los labios, absolutamente tentada.

Ella atinó a girar un poco su ruborizado rostro, clavando sus expectantes ojos en mi.

Dibujé una segura sonrisa, para luego solo rozar mis labios contra su pureza, roce que le hizo ahogar un grave jadeo, levantando más su trasero instintivamente.

Allí me quedé, solo respirando su gratificante fragancia.

-D-Deja de torturarme...

-Es tu castigo- susurré, provocándole cosquillas -por hacerme creer que te habías ido para siempre...

Con solo recordarlo, mi mente se impregnó de pesar. No lo pude tolerar más. Me sumí en ella de forma desaforada, degustándola a mi antojo, succionando su punto más débil, para luego adentrar mi lengua en su cavidad, que escurría de placer.

Sus rodillas temblaron debido a mis movimientos. De inmediato la sostuve de los muslos, evitando su caída. Todavía no era momento de desfallecer.

-A-Anna...s-si...

Atraía por sus palabras, me alejé un poco, acercando mis dedos a su entrada.

Sin esperar el paso del tiempo, los introduje con lentitud, pero estos fueron succionados tan rápido, que sin pensar en las consecuencias, los penetré hasta el fondo, una y otra vez, hasta quedarme completamente satisfecha.

-Ah... ¡Ah...Anna...!- exclamó, arqueando su espalda.

Se revolvía en su lugar, aferrándose a las sábanas con rudeza.

Mi sonrojo ya era notable, al igual que la presión en mi entrepierna, que pedía a gritos satisfacerla.

Absorta por tal presencia, decidí sumar al juego mi otra mano, que comenzó a recorrer sus nalgas de manera indecorosa.

La escuché suspirar, al sentir mi tacto en su piel, quemándola.

Mi vista se elevó, topándose con aquel templo prohibido que hacía tiempo, tenía ganas de explorar.

Casi con timidez, asomé un dedo por ese lugar, recorriéndolo en círculos.

Sus ojos se abrieron de par en par, al intuir mis intenciones.

-¡No, espera! ¡Ahi n-...ah...ah!

Sus gemidos sellaron su habla, al percibir como me adentraba con una tortuosa lentitud en aquel virginal sitio.

Acorde a sus sonidos y movimientos, decidí hundirlo más, sintiendo en el acto como ese lugar me apretujaba sin compasión.

Mordí mis labios con deseo, incorporándome y tomándola del brazo, obligándola a darse la vuelta.

-Elsa...

Su cuerpo cayó sobre mis piernas casi desfallecido, quedando sentada en mí. Podía notar su falta de fuerza, debido a lo que le estaba generando.

-Eres tan hermosa...- dije, deslizando mi mano por su húmeda espalda, provocándole escalofríos.

Detuve mi andar en su parte trasera, aproximándola más hacia mí, al mismo tiempo que posicionaba una de mis piernas encima de la suya.

-Anna...- murmuró, enredando sus brazos en mi cuello y devolviéndome aquellos labios que solo pertenecían a mi pecadora persona.

Los tomé con ímpetu, mordiendo el inferior, para luego relamerlo con ansias. Mis caderas emprendieron sus instintivos movimientos, rozando como consecuencia, nuestras intimidades. Creando una placentera electricidad, que tuve que controlar.

Quería hacerla gozar, no podía terminar tan rápido.

-Oh...dios...- entonó con falta de aire, elevando su cabeza hacia atrás y presionando más nuestros puntos.

-E-Elsa...

Mi cuerpo no tardó en acelerarse, provocando que el suyo saltase estrepitosamente sobre mí.

Me sujetó con más fuerza, rasguñando mi espalda. Sonreí de inmediato al sentir el dolor.

Si...esa era la prueba. Estábamos más que vivas.

Mi mente se desquició, al igual que mi cuerpo, que se posicionó aun más encima de ella, estampándola sobre la cama.

Cada respiración agitada, equivalía a la sensación que le generaba en cada arremetida.

-A-Anna...ah... ¡Ahh!- ronroneó en mi oído, enredando sus dedos en mi cabello.

Su seductora tonalidad me hizo perder el control, tanto en cuerpo como alma. La poca fortaleza que me quedaba decayó, quedando por completo sobre su cuerpo.

Tuve que sostenerme por detrás de sus hombros, sino cabía la posibilidad de desplomarme.

Aún así no detuve mis movimientos. Pero mi mirada ya se encontraba perdida. Perdida en la lujuria y el amor.

Nunca pensé que esa combinación existiese.

Estoy segura que creyó que no podría aligerar todavía más mi andar, pero claramente la sorprendí, cuando este se volvió desenfrenado, absolutamente adherido a ella.

-¡Elsa...!- emití, sintiendo que el final se acercaba.

Jadeó con rudeza, dándome a entender que también estaba por llegar al cielo.

Arrimé con más fuerzas mis caderas sobre ella, lentificando el movimiento, para luego rematarlo con otro más rápido.

Me aferré a su acalorada piel, resbalándome por esta, mientras comenzaba a visualizar como pequeños copos de nieve revoloteaban a mí alrededor.

Choqué los dientes, al igual que ella, impulsándome una última vez y finalmente sintiendo esa agradable y devastadora sensación que me recorrió de pies a cabeza, culminando en mi mente.

Solté el más catártico sonido que emití en mi corta vida, armonizándose con su voz, para luego caer rendida en sus brazos, que no tardaron en apresarme, acurrucándome en su agitado pecho.

Nuestras respiraciones se encontraban descontroladas. Siquiera sé cuando mis ojos se cerraron, agotados por el placentero acontecimiento.

Lo último que escuché, fue su agradable voz, dándome las gracias.

Mis párpados trataban de abrirse, pero me costaba demasiado. ¿Qué había sucedido? ¿Dónde estaba?

Una cálida caricia sobre mi mejilla, me hizo despertar.

-Buen día, mi princesa...

Esa voz...

Me incorporé de inmediato, asustada.

-¡ELSA!

-¡Tranquila! Estoy aquí...- soltó al instante, tomando mi rostro con ambas manos.

Mis ojos se perdieron en los suyos, mientras los recuerdos invadían mis sentidos, tranquilizándome de a poco.

-No es un sueño, Anna...

Ahogando un grito, largué un bufido, cubriendo mi rostro, para luego refregármelo.

-Creo que por un tiempo...me despertaré así, espero que puedas tolerarlo...- bromeé, sonriendo con un grado de tristeza.

-No hay nada que tolerar, comparado con lo que tú hiciste por mí, esto no es nada...

Noté como su mirada se tornaba afligida, forzando una sonrisa.

Lo que menos deseaba era que se sintiese mal por mí, eso solo causaba más dolencia en mi corazón.

-No tienes que fingir conmigo, Elsa.

-¿Eh?

-Sé bien que aún te sientes culpable...y está bien, déjalo ser, te prometo que un día desaparecerá.

Se conmocionó por mis palabras. Quizás esperaba otro tipo de consuelo.

Comparada con la falsedad de hace un momento, el nuevo gesto que comenzó a dibujarse en sus labios, logró estremecerme.

-Gracias...necesitaba escuchar eso.

-¿De verdad? ¿Acaso no quieres que te diga que no te sientas culpable?

Cerró los ojos, con una paz que no llegué a comprender.

-No...

-¿Por qué?

-Porque esa no es la verdad...

-Elsa...

-El hecho de que pueda mostrarme débil contigo, me hace inmensamente feliz, Anna...

Sus brazos me rodearon, impulsándome a su pecho -Tantos años tuve que fingir, ocultar...estar encerrada en mi alma- reforzó el agarre, agitándome por dentro -no hay mejor regalo para mí que tus palabras llenas de verdad...de honestidad...

Sonreí, sobre su desnuda piel -Pues...si deseas honestidad, puedo decirte varias cosas.

-¿Mh?- emitió, con una leve sonrisita.

Ascendí los ojos, dedicándole un picarón gesto -Como el hecho de que roncas cuando duermes.

-¡¿Ha?! ¡Eso no es cierto!

-O que también te babeas sobre mi...veo que es hereditario...

-¡¿Cuándo pasó eso?!

Señalé mi hombro, totalmente babeado por ella.

Su sonrojo fue lo más hermoso que vi en mucho tiempo. Este claramente me incitó a continuar.

-Fue un accidente...

-Y también hablas mientras duermes, ruegas por chocolate en tus sueños- reí, observando su pasmado semblante.

-¡Y-Ya entendí! Para de una vez...

-Y también...

-¿Ahora qué?- frunció el ceño, alentándome más.

Como respuesta, me acerqué a su oído, lamiéndolo con lentitud.

-Y también...tus gemidos son los más sensuales que escuché en mi vida...

Su rostro se acaloró, al igual que sus manos, que me alejaron un poco -¿Qué otros gemidos has escuchado...?- refutó, alzando una ceja de forma amenazadora.

Parece que había caído en la cuenta de mi comentario.

Elevé mis hombros, con inocencia -Quién sabe...

-Anna...- emitió mi nombre, con un notable recelo en su voz.

Me levanté tranquilamente, para luego abrir las cortinas con naturalidad, esperando su veredicto.

Amaba verla celosa.

Ella me imitó, atrapándome por detrás -¡Dime a quién más escuchaste!- sentenció, sujetándome con más fuerza.

-¡Haha! Cálmate, solo fue una forma de decir...

-¿Una forma de decir, eh? ...no te creo.

Me giré para observar el tierno puchero que inflaba sus cachetes. No pude evitar descostillarme de la risa al ver su estado.

-¡Deja de reírte!

-¡Tendrías que ver tu cara! ¡Haha!

-Anna...

Empezó a perseguirme por toda la habitación, riendo y alcanzándome con facilidad.

Era tan feliz...tanto...que fui incapaz de evitar pensar de nuevo, que no merecía aquella alegría en mi vida.

Pero su hermosa mirada, atrapando la mía, me hacia recapacitar.

Todos merecemos ser felices, a pesar de nuestros errores. Fue todo lo que pude meditar, ya que mis labios siendo tomados por los suyos, provocaron que cualquier pensamiento fuese interrumpido. Deliciosamente interrumpido.


He aquí el ante último capítulo! Disculpen por hacerlos sufrir...juro que no lo disfruté (Cruza los dedos) jajaja!

Nos vemos en el último!

Gracias por leer y por los comentarios!

Besos!