¡Hola! c: primero que nada quiero decir que llevaba un tiempo pensando colocar una serie de Drabbles Ichirukis, y como hoy comienza el mes del ichiruki pondré uno cada día hasta que haya culminado el veintiséis de octubre, serán en total treinta Drabbles a partir de hoy. Esto es gracias al la pagina de Facebook llamada "El diario de una Ichirukista" que ha hecho esta gran idea, le dedico estos drabblesa esa página, a las chicas del grupo "Mis fics Ichiruki" sobre todo a Mazzy Kuchiki que es una de mis autoras de fanfics favoritas que lamentablemente se va a retirar, y no puedo olvidar también a mi loca amiga Suzuki que ama a Yumichika y el IkkaYumi, y a mi mejor amiga Candela la loca Banchero que la quiero demasiado.
Disclaimer: Los personajes de este Fanfic no me pertenecen solo a su respectivo autor Tite Kubo.
Fanfic basado en la canción wouldn't change a thing de Demi Lovato y Joe Jonas, me inspire en esta canción para ser el fanfic, así que debo aclarar que la letra no me pertenece y solo lo use sin fines de lucro.
Capítulo I
Wouldn't change a thing
-Rukia miraba al cielo preguntándose donde estaría aquel chico de extravagante cabellera anaranjada, se encontraba tecleando sin parar en su celular esperando que el chico saliera de su clase, mentiría si dijera que no estaba preocupada, pero la advertencia del capitán Ukitake no la habían dejado de perseguir una vez estaba en el mundo humano, sabía que era injusto para el perder sus poderes luego de haber salvado no solo a La Sociedad de Almas sino también al mundo humano; si el perdía sus poderes, él no podría volver a verla no tendrían sus típicas peleas y tampoco le haría la vida imposible, sonrió ante los recuerdos que había pasado junto al muchacho en los últimos meses, se hacia el sordo como si no oyera ni una palabra de lo que decía, como si su mente estuviera en un lugar lejano, siempre terminaba aventándole una buena patada o golpe y luego de hacer su típico berrinche simplemente se relajaba. Era testarudo estúpido, para nada amable y sobreprotector.
Por otro lado Ichigo no prestaba atención a las palabras del maestro, este dedico todo el tiempo de la clase en mirar por la ventana, no solo estaba algo deprimido por perder sus poderes, también extrañarían aunque su orgullo no permitía admitirlo, a todas las amistades que hizo en solo pocos meses, Renji, Hanatarou, Hitsugaya, Ikkaku, Yumichika, las peleas contra Kempachi, Rukia…Al pensar en el último nombre se removió inquiero, no le gustaba la idea de no volverla a ver, ella había parado su dolor de una forma que nadie ha podido hacerlo, había transformado su aburrida vida en un reto, incluso extrañaría su obsesión por aquel tonto conejo aunque lo odiaría, ella era alguien un poco gruñona, mandona, infantil, y testaruda.
Pero aunque ambos causaran las ganas de arrancarse el cabello al otro, actuaban como si no les importaran.
Rukia no sabía el por qué, pero cada vez que se veían a los ojos era como una extraña conexión, sabia como se sentía y lo que quería decir solo con ver aquellos orbes de color miel, no había palabras, pero con los ojos decían todo. Eran como el fuego y la lluvia, ambos podrían volverse locos mutuamente, y aunque se gritaran el uno al otro no podían enojarse enserio con, eran como Venus y Marte, uno tan frio y el otro tan caliente, y no cambiarían nadie.
Él siempre quería salvar el día como un súper héroe de historietas como aquella vez que fue por ella a la Sociedad de Almas, ella solo quería que estuviera bien y a salvo pero él era demasiado terco y tenía una idea en la cabeza que nada ni nadie se la sacaría ni a la fuerza: Ella era todo o nada. Muchos dicen que sus peleas eran tontas, y que solo llamaban la atención, era lo que sus amigos decían, eran como un par de niños peleando por el ultimo dulce. Eran estrellas tan diferentes pero no cambiarían nada.
El salió de sus clases y no le prestó atención a los llamados de sus amigos, bajo rápido las escaleras y apresuro los pasos hasta la puerta de salida, y allí la encontró, el sonrió pero ella no se percató inmediatamente de su compañía, cuando lo hizo sonrió también, y ambos caminaron de vuelta a casa, no sin antes darse unas miradas a los ojos, los demás no lo entendían pero ellos lo hacían perfectamente.
Eran tan diferentes que peleaban, tan iguales por que se entendían, y no importaría lo que dijeran los demás de su extraña y fuerte amistad, ellos nunca hubieran deseado que las cosas fueran diferentes, ellas agradecían mentalmente haberse conocido, Eran tan perfectamente imperfectos que no les importaba lo que pensaran los demás, lo que pasaría en el futuro, ni sus pasados, ni sus especiales personalidades, ni sus apariencias ni sus mil y un defectos, ni siquiera el orgullo de ambos se interpondría, porque a pesar de todos aquellos meses luchando juntos a espaldas del otro, contra cualquier enemigo, nunca cambiarían nada.
Editado: el Martes 04 de agosto de 2015.
