Vida
El viento acariciaba sutilmente el cabello de mi hermana menor, brindándole un aire inocente. Desde afuera parecía una imagen pacífica, pero sé que para ella tal paz no existía en ese momento en su alma.
Si no fuera el caso, no estaría ahora mismo sentada frente a la tumba de nuestro padre, con una mirada inmersa de nostalgia.
Me acerqué con sigilo, quizás demasiado, ya que no notó mi presencia, por ende continué observándola embelesada, mientras ella aferraba más sus manos a sus rodillas.
Me carcomía por dentro verla así. Pensé que se encontraba mejor... Ya habían pasado algunos días desde lo sucedido. Pero claramente me equivoqué. No sé por qué no me sorprende.
Fui idiota al imaginar que podría llegar a olvidar con facilidad todo lo que pasó...
-Anna...- me animé a llamarla, sentándome a su lado con lentitud.
Sus ojos atraparon los míos unos momentos, en los cuales no dijo nada. Solo nos quedamos contemplándonos, cada una con una idea diferente de que decir.
Pero para mi sorpresa, me dedicó una amable sonrisa que me desconcertó, y volvió su vista a la tumba.
-¿Sabes? Papá me enseñó a pelear, todos esos años que estuviste recluida.
Al contrario de ella, no me abstuve de mirarla penetrantemente, esperando a que continuase.
-Yo le insistí. Quería aprender a defenderme por mi misma...- sonrió de lado -obviamente no estuvo de acuerdo al principio, pero ya sabes cómo soy...logré convencerlo.
-Obviamente, siempre que te propones algo no hay quién te saque la idea de tu cabecita- acoté, devolviéndole la sonrisa.
Cerró los ojos ante mi respuesta, sin quitar su melancólico gesto -Así es...pero ahora no sé si fue lo correcto, quizás...- dudó -quizás ese fue el principio de un camino que no era para mi...
Silencié mi habla, ya que pensaba que todavía quería agregar algo más, pero en vez de eso, me encontré con que apenas podía modular la siguiente frase.
Su nariz comenzó a tornarse un poco roja y sus ojos casi del mismo color.
Se estaba quebrando, y ya no sabía que más decirle para consolarla. Esta batalla interna solo era de Anna...ella debía superar sus demonios internos. Pero sé, por experiencia propia, que eso requiere tiempo.
Tiempo que estoy dispuesta a acompañarla, ayudándole en lo que pueda.
Tomando un respingo, entreabrí mis labios -Sea o no sea el camino indicado el que recorriste, tú lo decidiste...- alcé la mirada, perdiéndome en el cielo -y por algo fue, no debes arrepentirte Anna, todo tiene un sentido, hasta las equivocaciones, pero sinceramente pienso...
Me detuve unos instantes, titubeante.
-¿Qué?- inquirió, finalmente regresando su vista a mí.
-Pienso...que no te equivocaste, como te dije antes, hiciste lo que creíste correcto, y nadie en esta vida asegura que es lo correcto y lo que no.
No oí su voz refutar, ni agradecer y menos nombrarme.
Me giré hacia ella, preocupada por su silencio. Pero al contrario de lo que creía, una asaltante y vislumbrante sonrisa me atrapó, provocando que mis ojos se perdieran en ella y que mi corazón saltase entusiasmado.
Luego de un interminable intercambio de miradas, asintió. Solo eso hizo... y solo eso fue suficiente para darme a entender que estaba de acuerdo y al mismo tiempo, que me agradecía por estar a su lado.
Me acerqué más a ella, aún embelesada por su preciosa existencia, y le rodeé los hombros con mi brazo. Como por inercia, se apoyó en mi hombro, emanando un aliviado suspiro que calmó mis tormentos.
Solo se escuchaba en un eco el recorrido del viento, acariciando el prado.
-Te queda bien...- me animé a hablar, en un susurro.
-¿Mh?
Rocé la estrella tatuada en su torso, señalándosela.
-Ajá...- respondió con ironía y una mueca bastante graciosa.
Sin perder de vista ningún detalle de su hermoso gesto, solté una risa ahogada -¡En serio! Te hace ver más... ¿Rebelde?
-¿Rebelde?- repitió, incorporándose un poco -Elsa, ¡Tengo una estrellita tatuada en el cuerpo! Si al menos fuese un dragón o algo así...
Mi carcajada fue más audible, al escuchar tal incoherencia.
-No es una estrella cualquiera...- me recuperé, ahora dibujando su forma con mis dedos -es el legado de nuestros padres, y la prueba de tu valor...
Con un notorio cambio en su ánimo, volvió a reposar su rostro en mi hombro -Si...y además es un recordatorio...de todo lo que hice...
-Anna...
-No estoy orgullosa de ello pero...lo que más me preocupa es qué...- detuvo su habla, para luego posar sus ojos en los míos -es que volvería a hacerlo de nuevo con tal de protegerte.
Otra vez, mi corazón dolía. Se apretujaba con fuerza. Ya no sabía cómo calmarlo.
Sujeté sus manos entre las mías, como si su tacto pudiese apaciguar los instintos hambrientos que me recorrían.
-Yo también haría lo mismo por ti.
-Lo sé- me cortó de inmediato -Lo has hecho ya.
Mi mirada perdió fortaleza y se desvió hacia el verde pasto. Me avergonzaba demasiado lo que estaba recordando.
Pero un suave contacto sobre mi mano, provocó que se la devolviese. Sus labios se encontraban sellando mi piel con un calor incomprensible, que hacía estragos en mi mente.
-Y te agradezco por eso...- agregó, despertándome de mi letargo.
La amaba tanto...
Necesitaba cambiar el rumbo de la conversación, de lo contrario terminaría sobre ella haciéndole quién sabe qué. Tenía una reunión importante a la cual asistir, no podía distraerme.
-Crees qué...- tosí un poco, tratando de recuperar mi voz -¿La guerra que presenciaste sucederá?
Sus ojos se abrieron de par en par, mientras dejaba caer lentamente la caricia que me estaba propiciando en mi mano.
-No me lo había puesto a pensar...
¿Acaso no se me pudo haber ocurrido un tema mejor? Mierda... ya no había vuelta atrás.
-Lamento recordarte algo así, es solo que debemos estar preparadas si sucede- musité, con un poco de temor y extrañando su tacto, que ahora se encontraba aferrándose al prado.
Sus ojos se perdieron nuevamente en la tumba de nuestro padre -Sinceramente no lo creo.
-¿Por qué estás tan segura?
Sonrió para sí, acariciando el nombre tallado en la piedra -Por lo que deseé antes de morir...
El solo escuchar la detonante palabra "morir", el solo relacionarla con ella, provocó que mi pecho se achicase, quitándome el aire.
-¿Y c-cuál fue?
Sus parpados descendieron, al igual que el roce sobre la tumba -Desearía que esta guerra nunca hubiese ocurrido...
-Enton...-
-Desearía...- continuó, ahora impregnándome con sus maravillosos esmeraldas -Desearía que estuvieses a mi lado...
Mi frente se frunció al observar como sus reprimidas lágrimas por fin daban a luz, resbalándose por sus pecosas mejillas.
Bastaba con imaginarme lo que fue para ella vivir esa tortura, para que mi garganta se secase, imposibilitándome hablar.
Cometer un pecado que jamás pensó cometer, manchar su alma, presenciar mi muerte, aceptar la suya...
Mis ojos la imitaron y de ellos emanó el anhelado sollozo que también venía reprimiendo.
Sin poder tolerarlo más, sujeté su mano y la atraje hacia mí, cubriéndola en un desesperado abrazo.
Se aferró con rudeza mi espalda, rasguñándola ante los estrepitosos movimientos que su llanto provocaba.
-Todo estará bien ahora, Anna...- murmuré en su oído, para luego besarlo con ternura, tratando de calmarla, pero era yo misma la que necesitaba tranquilizarme.
La sentí afirmar dentro del aprecio, incitándome a que la abrazase con más ímpetu.
Con el pesar del abandono, tuve que irme a aquella reunión que venía evitando por días. Era momento de formar nuevas alianzas, ya que claramente con el reino de las Islas del Sur, estas se terminaron.
No podía estar más aburrida. Sabía que ser reina tenía sus beneficios, pero lo que no sabía es que podría llegar a ser tan tedioso.
Sonreí de lado, mientras reposaba el rostro sobre mi mano, recordando las veces que Anna, cuando era pequeña, me decía que lo que menos quería en su vida era ser reina.
En ese tiempo no la comprendía. ¿Acaso no era el sueño de toda princesa? No... Ella no era una princesa cualquiera, era un espíritu libre, y ahora entiendo a la perfección el por qué.
Meditar en ello, atajó otro pensamiento que tenía en mente desde que volvimos a nuestro hogar.
Antes había pensado en una forma, quizás un poco drástica, de consolidar nuestra relación. En estos tiempos no era raro encontrarse con que hermanos, herederos de un reino, se casasen para que su hijo siga continuando el linaje sanguíneo.
La gran diferencia es que no soy hombre, y no podría darle un hijo a Anna...
Reí por dentro con solo pensar en tal incoherencia.
Pero después me di cuenta que no deseaba que mi querida hermana tomase el trono todavía, a pesar de saber que no habría herederos.
No quería atarla. Sería demasiado para su hermosa alma destinada a ser libre.
La política, las reglas, las reuniones, la seriedad...esto no es para ella. No es que lo sea para mí tampoco, pero admito que puedo tolerar mejor este tipo de cosas.
Por ende, obviamente esa idea fue tachada de mi cabeza.
De cualquier forma, pensar en hacer pública nuestra relación...
Mi rostro se resbaló un poco de mi mano, somnolienta.
-¿Su majestad?- Oí en un eco, al rey de las islas del norte.
Mis ojos saltaron como platos, reincorporándome al instante -¡Sí!
-¿Si?- dijo, confundido -¿Entonces acepta el acuerdo?
¿Acuerdo? ¡Mierda! ¡No sé de qué está hablando!
Delineé una nerviosa sonrisa, para luego pasar la vista al tratado que se encontraba enfrente de mí.
-¿Podría repetirme lo último, por favor?- cuestioné con una notable vergüenza, ya sin saber dónde meterme.
Salí de la sala, largando un suspiro que pensé que me dejaría sin aire en los pulmones. Ya era de noche, y el tiempo había pasado de una tortuosa y lenta manera.
Por fin había terminado esa aburrida reunión. A pesar de aquel pequeño acontecimiento en el cual me quedé dormida, todo resultó bastante bien. El rey al menos parecía de confianza.
Me dirigí a mi gran cocina, con intenciones de pedirle a Kai que me preparase una buena taza de chocolatada. Realmente la necesitaba.
Sin embargo, en vez de encontrármelo a él, vislumbré una esbelta espalda, vestida de un rosado camisón.
Aceleré mis pasos casi de forma inconsciente, al darme cuenta de quién se trataba, y como una niña pequeña la atrapé por detrás, provocando que mi simpática hermana se girase con una divertida sonrisa.
-¿Y cómo fue?- preguntó, rodeando mi cuello con sus brazos, y regalándome un beso en mi labios, como bienvenida.
Lo correspondí gustosa, para luego fruncir el ceño, y dejarme caer en su cuerpo -Agotador...no sé cuando me acostumbraré a esto...
Me atajó por la espalda, aproximándome más -Sé lo que necesitas...
Me aparté un poco, arqueando una ceja y sin poder disimular mi sonrisa -¿Lo sabes?
-¡Ajam!
Se dio vuelta con rapidez, para luego volverse hacia mí, con dos tazas de chocolate preparadas.
Mis ojos se iluminaron al segundo, arrebatándole la taza a la velocidad de la luz y dándole un buen trago.
Por supuesto soltó una gran carcajada, al verme tan desesperada.
Bajé mi taza, largando un suspiro llenó de alegría -Lo necesitaba, mucho.
-Ya ya hermanita...- atinó a decir, limpiando con su pulgar el chocolate que quedó en la comisura de mi boca.
Mis mejillas se ruborizaron ligeramente ante su amorosa acción. No podía ser más feliz a su lado.
-¿Vamos a la cama?
Mi sonrisa se transformó en un ardiente gesto, debido a su indirecta.
-Mal pensada...- agregó al instante, codeándome, para luego tomar mi mano y comenzar a caminar hacia nuestra habitación.
La seguí sin oposición alguna. A penas entré, caí sobre la cama con los brazos estirados, realmente agotada.
-Hey, sácate la ropa al menos- me retó, sentándose a mi costado.
Una lamparita en mi mente, me robó el cansancio en un instante.
Pasé mi vista a ella, alzando ambas cejas sugerentemente -Quítamela.
Su picarón gesto no se hizo esperar, y cumplió mi deseo. Gateó con sigilo hacia mí y tomó mis brazos, para luego levantarlos.
Los dejé estáticos mientras presenciaba como empezaba a ascender mi vestido, provocando que la tela acariciase mi piel, estremeciéndome.
Mientras continuaba su trabajo, yo la miraba con adoración, y creo que no pasé desapercibida, porque por momentos me observaba de reojo, dedicándome una cálida sonrisa.
Pero solo eso hacía...
-Estás muy callada...- señalé, ahora detallando como quitaba mis zapatos, uno por uno, con toda la paciencia del mundo.
-¿Lo estoy?
-Deja de jugar... ¿Sucedió algo?
-¿Tiene que pasar algo?
-Para de responder mis preguntas con otras...- dije, revoloteando su cabello de forma juguetona -¿Estás bien?
Tiró mis zapatos al suelo, para luego perder su vista en mis pies, los cuales, para mi sorpresa, empezó a masajear.
-De acuerdo... Dime ya que sucede- me limité a decir, en una burla.
Soltó una risita, rodeando mi arco con sus dedos y presionando un poco.
El aire se escapó de mis labios al encontrar aquella sesión tan tranquilizante y placentera.
-No sabía que eras tan buena en eso también...- musité, un poco acalorada.
-¿También?- repitió, con una sensual tonalidad -¿En qué otra cosa soy buena?
-En todo...
Aquella respuesta escapó de mí ser, casi en un jadeo. Mis parpados comenzaban a entrecerrarse debido a sus caricias.
-Detalles por favor- bromeó, trepando sus manos por mi pierna, continuando su tarea en un torturante pero al mismo tiempo intoxicante masaje.
Mi pecho se elevó entusiasmado al percibir sus dedos detenerse en mis muslos -Ya lo sabes...
-Nop, no lo sé- continuó su maquiavélico juego, sonriéndome con una sinceridad que no pude entender.
-Eres asombrosa...por dentro y por fuera...- atiné a decir, totalmente a su merced.
-¿Y qué más?
Largué un suspiro, sintiendo como mi piel ardía donde su tacto se detenía -Me derrito cada vez que me tocas...haces magia en mi...
-Ah ah, aquí la única con magia eres tú- me cortó, gateando entre mis piernas, y ascendiendo sus manos por mis caderas, para luego rozar mi vientre.
Una grata electricidad me recorrió, provocando que bajase un poco mi semblante, encontrándome con su penetrante mirada.
-Eres lo mejor que me ha pasado en la vida, y...
-¿Y?
-Y lamento...- mi voz quedó atragantada por unos segundos -ser tan mala hermana...
No quería decir eso, pero mis palabras se escabulleron, no permitiéndome impedirlas.
Si...todavía me sentía un poco culpable por el camino que le hacía recorrer, como consecuencia de estar a mi lado. Por haberme enamorado de ella, de mi propia hermana. Y por el gran hecho de sentir que la dejé sola en aquella guerra, que solo está impregnada en mi mente como si fuese una visión.
Sus determinados ojos atrapando los míos, me dieron a entender que no hacía falta decir todo lo que medité, pues ella...ya lo había descubierto.
-Elsa...he cruzado una gran línea...
La miré, entre confundida y atemorizada -¿A qué te refieres?
Sus manos atajaron mis mejillas, acercando mi rostro al suyo -Mejor dicho, varias líneas...
-Anna...
-He matado por ti...he abandonado por ti...
Mi corazón se apretó dolorosamente, escuchándola.
-Y no menos importante...me he enamorado de mi propia hermana...
No podía modular palabra alguna. La parálisis en mi cuerpo se encargó a la perfección de ello.
-Pero, ¿Sabes? Jamás me arrepentí de ello.
Mis ojos se abrieron de par en par, intentando conservar la calma en mi interior.
Era bien sabido que perdía el control de mis emociones rápido, y no tenía ganas de que nuestro cuarto se convirtiese en el invierno mismo.
-Pensé que si...- continuó, delineando una melancólica sonrisa -pero ahora veo que no, y eso me asusta...me asustó- recapacitó -porque pienso que como fui capaz de hacer lo que fuera por ti, lo volvería a hacer...
-Anna, yo...
Sus dedos callaron mi habla, y no pude evitar el irresistible deseo de besarlos en el trayecto.
-Te amo, Elsa...no me arrepiento del rumbo que elegí, es mi destino estar a tu lado...tú camino, es mí camino...
Las lagrimas querían emanar de mis ojos, casi no podía tolerarlo. No merecía tal felicidad y sin embargo, ella me la daba tan incondicionalmente...
-De lo único que me arrepiento...es de haber perdido el control, de no ser más sensata en vez de impulsiva.
-Me gusta cuando eres así...- traté de bromear, pero veo que no funcionó, ya que en sus labios nació una mueca forzada.
-No te gustará tanto si me ves con sangre en las manos...
Y tenía razón. No quería verla sufrir por eso.
-Sé que hay otras formas de conservar la paz, pero el solo pensar en perderte...sacudió mi lado más oscuro. Perdí el control, y como te dije, podría pasar de nuevo.
Con un valor que juré perdido, acaricié su mejilla, regalándole un comprensivo gesto -Dicen que sin oscuridad no hay luz...
Como acto reflejo, asintió -Eso es lo que estuve meditando todo el día de hoy, y llegué a la conclusión de que es cierto...agradezco haber podido conocer mi lado más lúgubre, más allá de las consecuencias.
-¿Por eso estabas tan callada?- susurré, limpiando unas pequeñas lagrimas que querían escabullirse de sus ojos.
-Tal vez...o tal vez solo estaba adorándote y valorándote en silencio...
Otra vez, fui incapaz de evitar la sonrisa de felicidad que alumbró mi rostro. Ella siempre conseguía ese efecto en mí.
-¿Te gusto más parlanchina?- musitó, guiñándome un ojo.
-Me gustas de cualquier forma, todo en ti es hermoso y preciado para mí...
El silenció nos invadió por unos instantes, solo nuestras miradas penetradas en la otra se hacían presentes, resaltando en ellas todo el amor que nos teníamos.
De repente, sentí su aliento chocando contra mí, dándome a entender que un bufido emanó de sus labios.
-¿Qué pasa?- atiné a decir, acariciando su pecosa mejilla.
Ella evitó mi visión, con un poco de timidez.
-Elsa...no es que quiera presionarte pero...- su voz quedó muda, mientras yo buscaba con desesperación sus ojos.
-Dime...- susurré, sujetando su mentón e impulsándolo hacia mí.
Mi acto parece que le dio el valor para volver su vista a mí, y lo que vi en ella...me derritió.
Una completa devoción se reflejaba en sus esmeraldas ojos.
-Soy consciente de que nuestra situación es difícil...- tomó aire, deslizando su mano por mi cabello, enredándose en estos -y sabes que te respetaré en todo, pero solo para saber... ¿En algún momento daremos a conocer lo nuestro?
Mi corazón se detuvo en ese mismo instante, impulsado por su cuestión.
Veo que notó el cambio en mí, ya que inmediatamente deshizo su caricia y gesticuló una mueca bastante graciosa, que ocultaba arrepentimiento.
-¡No quiero obligarte a nada! En serio, es solo para...saber...
La ternura que irradió me drenó, mientras una cálida sonrisa reaparecía en mi rostro. Sujeté su muñeca, que aún quería escapar, arrimándola hacia mí.
-Ja...- emití, cerrando los ojos apaciblemente y desconcertándola -si supieras en la propuesta que pensé para hacer visible lo nuestro.
Sus ojos se abrieron con sorpresa al oír la palabra "propuesta". Bueno, no es para menos.
-No me digas que...
-Sip- respondí con soltura -pero luego decidí que no.
-¿Eh?
Juré notar en su voz un grado decepción, por ende, decidí aclarar las cosas al instante. No deseaba que se hiciera ideas equivocadas.
Mi otra mano, que seguía inmersa en su semblante, se resbaló por su él, hasta rozar su nuca -Anna, quiero que seas libre, sin sentirte con la responsabilidad de tomar el trono.
Parece que mi veredicto le hizo meditar.
-Elsa...si es por ti...yo...
Interrumpiendo su discurso, negué apaciblemente con la cabeza, resaltando mis caricias con mis dedos -También estoy insegura al respecto...pero solo fue una vaga idea, no debes preocuparte.
La miré con determinación, pero por dentro la inseguridad me invadía. Un sector en mi alma...anhelaba saber cual hubiese sido su decisión si se lo proponía.
Ante la mueca forzada que hice, sonrió de lado.
-Hubiera sido Sí.
Su comentario salido de la nada, pero claramente certero respecto a mis pensamientos, me dejó en blanco.
-Elsa, lo que más deseo es pasar toda mi vida contigo, y si el precio a pagar es el trono, no me importaría tomarlo...
-Eso dices ahora...- resalté, con una tonalidad juguetona, descendiendo mi mano por su espalda y acercándola más a mí.
Su única respuesta fue un cálido beso en mis labios, que provocó que mis ojos se entrecerrasen debido al suave contacto.
-Te amo, Elsa...y sé que algún día deberé ser tú reina...- enfatizó aquello, con un sensual gesto, logrando que mis mejillas se tornasen rojizas -ten por seguro que no me molestará para nada...es mi destino también acompañarte en eso.
Mis ojos ya ardían, querían emanar con desesperación la emoción incrustada en mi alma. Ella quería sacrificar su libertad por mí...
-Pero temo...- escapó de mi aliento, al mismo tiempo que mi visión la evitaba también.
Sus manos tomaron mi rostro, girándome de nuevo hacia ella.
-¿Temes lo que puedan pensar los demás?
-Por un lado sí, pero no por mí...por ti...no quiero que sufras por lo que somos...no quiero verte siendo juzgada...
Su habla se silenció unos minutos que me parecieron interminables.
Pasmándome, con una lentitud que me sacó de mis casillas, se posicionó detrás de mi espalda y reposó sus manos en mis hombros, formando círculos en ellos.
-¿Ahora me harás masajes en los hombros?- traté de sonar natural, pero obviamente, no lo conseguí.
Ella solo se deslizó por estos, hasta atrapar mi cintura y pegar mi cuerpo más al suyo, provocando interminables sensaciones en mí.
Cuando pensé que la noche terminaría así, sin reafirmar nada, su dulce voz me hizo pegar un pequeño saltito en mi lugar.
-Elsa, ¿Sabes qué es lo único que nos diferencia de los animales?- susurró en mi oído, poniéndome los pelos de punta.
-¿A q-qué viene eso?
Esquivando mi pregunta, continuó.
-La sociedad, lo que nos impusieron... La ley... No existe tal línea...
Mis manos se aferraron a las suyas, que aún yacían en mi cintura. Estaba notablemente confundida por su sentencia.
-No entiendo... ¿De qué línea hablas?
-De la que inventaron para contener nuestras acciones y emociones...la que inventaron para domarnos.
Parpadeé varias veces, sorprendida. Nunca había pensado en eso. Y debo decir, que tenía razón.
Quise darme la vuelta, pero su agarre me lo impidió.
-No, escucha...y escúchame bien.
Con un temblor recorriendo mi cuerpo, asentí.
-No me importa lo que puedan pensar de mi, si así fuera, jamás me habría animado a tener esta vida contigo...
Mis ojos casi saltan de sus órbitas. Y su cálido aliento sobre mi piel, no ayudaba a calmarme.
-Te amo, Elsa...no me importan lo que digan- continuó, ascendiendo su tacto por mi vientre, hasta llegar a mi pecho.
Las palabras quedaron estancadas en mi ya, seca garganta. Era incapaz de ocultar lo conmocionada que estaba.
-No dices nada, ¿Eh?
No es que no quisiese hablar, es solo que no podía. El llanto me lo impedía.
-Está bien...- agregó, aferrándose con fuerza a mi pecho -tus latidos me dicen que tú sientes lo mismo...- finalizó, apoyando su mentón en mi hombro, para luego girarse un poco y regalarme un amoroso beso en la mejilla.
-A-Anna...
Sonrió, aún con sus labios adheridos en mi -Solo quería que lo supieras...aquella línea imaginaria no detendrá lo que siento.
Una sonrisa también se formó en mi semblante, mientras de a poco recuperaba el valor para hablar.
-¿Nadie puede domarte, eh?
-Nadie...solo tú...
Ahora sí, me permitió darme vuelta para quedar frente a ella y observar en detalle su cariñoso gesto.
-Pienso lo mismo...por eso quería...
-¿Casarte conmigo?- me cortó, dibujando una mueca seductora.
Asentí, con un leve rubor en mis mejillas -Pero eso puede esperar, todavía somos jóvenes, y eso nos llenaría de responsabilidades...
-Totalmente- dijo, ahogando una risita.
De nuevo, solo quedaron nuestras miradas inmersas de amor. Nunca pensé que un silencio llegase a ser tan cómodo.
Pero sus manos, subiendo por mi cintura y estableciéndose en mi cuello, provocaron que me perdiese de nuevo en ella.
-¿Retomo los masajes?
Su mensaje fue una clara burla. Sé bien que era capaz de ver a través de mi...y lo que veía es que ya no podía tolerar más el no estar unida con su hermosa persona.
-Para mi pesar, tendrás que abandonarlos.
-¿Por qué?- formuló, siguiendo aquel maquiavélico juego, mientras acortaba la distancia.
Mi sonrisa se transformó en una sugerente -Porque no puedo soportar un minuto más sin tocarte...
-Esperaba que dijeses eso...
Fue su corta respuesta, para luego abalanzarse hacia mí y proporcionarme la noche más apasionada de mi vida. Una en la que sellamos nuestra relación.
Nuestras caricias eran la prueba de nuestro eterno amor. Un amor que quizás no muchos entiendan, y muchos otros juzguen, pero eso ya no nos importaba.
La vida es tan corta para detenerse en lo que piensa la gente...y por suerte, mi querida hermana compartía mi filosofía.
-Te amo...Anna...- murmuré, recostándome sobre ella, y demostrándole en cuerpo y alma todos mis sentimientos.
Mi curiosa mirada recorrió la figura de Kai, que se encontraba preparando el desayuno.
Esta no pudo pasar desapercibida por la pelirroja sentada a mi lado, que arrebató mi mano de inmediato, dándole un apretón que me incitó a tomar valor.
-¿Quieres empezar por él?- musitó en mi oído, despojándome de explicar todo lo que pasaba por mi cabeza.
-Si...es como un padre para nosotras...- dije, observándola de reojo -aunque no nos casemos ahora mismo, me gustaría que a pesar de todo...-
-Contemos lo nuestro- terminó mi frase, sonriendo de lado.
-Solo si estás de acuerdo...- agregué, tímidamente.
Sus dedos se entrelazaron con los míos, como una amorosa respuesta -Claro que si, Elsa.
Le devolví el gesto, realmente agradecida de que existiese alguien que me entendiera sin que llegase a hablar.
-Será el primero de muchos...
-Lo sé, y eso me hace inmensamente feliz- soltó con una hermosa naturalidad, que siempre lograba tranquilizarme -¿Qué hay de Olaf?- recordó, poniendo un dedo en su mentón.
-¿Olaf? Creo que él fue el primero en darse cuenta de todo- reí, tapando mi boca para evitar que el sonido llegase a mi mayordomo.
-Tienes razón...- me imitó -a todo esto, ¿Dónde está él? Hace mucho que no lo veo.
Elevé mis hombros, para luego dejarlos caer con gracia -Se fue desde que el verano empezó. Dijo que quería conocer la playa...ya sabes cómo es, volverá cuando la estación cambie, te lo aseguro.
-Oh si, él es nuestro aventurero amiguito.
El sonido de los pasos de aquel amable hombre, dirigiéndose hacia nosotras, provocó que posásemos la vista en él, con un claro terror en los ojos.
Se quedó observándonos unos instantes, pero no pude descubrir lo que su mirada escondía, hasta que una sonrisa cómplice comenzó a formarse en sus labios, paralizándome.
-Señoritas...- atinó a decir, dejando nuestro desayuno frente a nosotras, y extrañamente, sentándose a nuestro lado.
Kai se destacaba por ser extremadamente educado, a pesar de habernos hasta cambiado los pañales cuando éramos solo una mera existencia.
Penetramos nuestra visión en él, con una nerviosa mueca. No sabíamos por donde arrancar.
-¿Hay algo que quieran decirme?
Su voz sonaba tan apacible y al mismo tiempo picarona, que fui incapaz de contener la calma que afloró en mi corazón.
Él ya lo sabia...fue todo lo que pude pensar.
Algunas cosas son demasiado obvias, y tengo que admitir, que ninguna de las dos fue hecha para mentir.
Se nos daba fatal.
-¿O podemos dejar eso para más tarde y desayunar juntos?
Nos invitó, tomando sus cubiertos e incitándonos a acompañarlo. Era innegable que trataba de calmarnos y hacernos la situación más llevadera.
Cruzamos nuestras miradas con Anna, para luego emanar una aliviada sonrisa y asentir con la cabeza.
-Gracias...Kai...
Mi voz sonó demasiado sincera, demasiado honesta...y sé bien, que nuestro querido mayordomo, sabía bien a lo que me refería. Sabía lo que le estaba agradeciendo.
Nos sonrió de una manera paternal, tanto, que nos conmocionó.
-Siempre estaré de su lado, Majestad...- dijo, capturando mis ojos, y luego los de mi hermana.
Y por primera vez en nuestra vida, tuvimos una comida en familia. A la cual nuestra cariñosa ama de llaves, Gerda, también se sumó.
Todo era tan cálido, tan transparente y humano. Nunca en mi vida había sentido tales sentimientos, tal amor...
Por la feliz risa de Anna, supe que ella tampoco. Todo era nuevo para nosotras, y al mismo tiempo extrañamente familiar.
Nunca pensé sentirme tan libre. Me sentía en mi lugar...en mi hogar.
Aquí es donde pertenezco.
Sé que no será fácil afrontar a la sociedad, pero con una familia así, que nos aceptaba tal cual éramos...merecía la pena intentarlo.
Giré un poco mi rostro, encontrándome con la amorosa mirada de mi hermana.
Esta vez, sujeté yo su mano por encima de la mesa y con mi pulgar acaricié su palma.
Ya no había nada más que decir, nuestras acciones nos delataban. Y para mi suerte, nuestra querida familia, nos miró con adoración, asintiendo entre ellos y brindándonos en silencio aquella tan anhelada bendición que necesitábamos, ese apoyo que deseábamos.
Una puerta se cierra, otra se abre. Una camino termina, otro surge...la vida misma es así.
Y valorarla y vivirla a pleno, era nuestra nueva meta. A pesar de tener inconvenientes en el medio de esta, lo superaríamos.
Los ojos que me miraban con profundidad y amor, me recordaban eso.
He estado perdida en la oscuridad...y pensé que me sentía fuerte por ello. Pero ahora, descubrí que la fortaleza proviene de aprender a vencer justamente...nuestra oscuridad. De enfrentar nuestros temores.
Y no podría estar más agradecida de haber caído tan bajo.
Porque lo único que queda de tocar fondo es una sola opción...volver a levantarse.
Te obliga a ponerte de pie, y cuando crees que estás sola en el mundo y esa tarea parece imposible, allí aparece una delicada mano que te ayuda a incorporarte. Esa misma persona es la que te enseña, cuando estas en el peor de los laberintos, a valorarte a ti mismo.
Siempre hay alguien para nosotros, siempre hay una alma gemela en nuestra búsqueda...y debo decir, que yo encontré a la mía.
Y eso...es todo lo que necesito para volver a ponerme de pie.
Y hemos llegado al final! Muchisimas gracias por acompañarme en esta...extraña historia (? jajajaj
De verdad, me hizo muy feliz saber que a tanta gente le gustó.
Los veo prontito en un nuevo fic, que ya tengo dando vueltas por la mente, obviamente de nuestras queridas hermanas, Elsa y Anna ;)
Besotes a todos/as! Y gracias de nuevo!
