Rogaba en silencio que aquellos ligeros pasos que se acercaban fueran de quien él creía que eran, albergando la esperanza que de alguna forma la suerte se apiadara de Otabek y le entregara un poco de lo que tanto añoraba.

Pudo notar como las mirada de los demás trabajadores se posaba sobre la persona que estaba a sus espaldas con horror, el corazón del kazajo se alteró de la impaciencia y emociones, temiendo voltear y encontrar todo lo contrario a lo que esperaba ver.

Antes de siquiera armarse de las agallas para poder voltear lo sintió, una, dos, tres, cuatro y cinco patadas en su espaldas, certeras y continuas—Otabek idiota— en ruso le dijeron antes de recibir la ultima patada que casi lo hace caer. Max se paró de su lugar con rapidez, dispuesto a calmar lo que sea que se encontrase pasando, quedándose inmóvil, incapaz de saber que hacer, tan sorprendido como el resto al notar por primera vez en lo que iban de conocer al kazajo una enorme y genuina sonrisa en su rostro—¿Por qué mierda no me saludaste? —

—Lo siento—murmuró girando con lentitud, aun hablando en ruso. Cuando quedaron cara a cara el Yuri Plisetsky que había conocido años atrás brillaba ante sus ojos con un aura molesta, él siempre fue mimado, en especial por su primer amigo, no haber recibido su correspondiente saludo, a pesar de que fue él quien no lo reconoció en un primer momento era algo que le molestaba.

Y es que Yuri, tan rápido el aire chocó contra sus mejillas frías fue capaz de atar cabos, de darle nombre a ese rostro y acento que se le hacían tan sensual pero a la vez familiar, a dar marcha atrás tan rápido recordó ese pulgar arriba, solo había una persona capaz en el mundo de contestar a cualquier cosa con ese gesto, y ese era Otabek, bueno, y Yuri, pues las manías se contagiaban.

Demorar en reconocer a su viejo amigo lo hizo sentir como un idiota, sentirse de esa manera lo molestaba, pero no tanto como rencontrarse con Otabek y pasar como si nada ante los ojos de moreno.

—Estas cambiado—

—Lo sé, tu también, por unos segundos no te reconocí— la mueca del menor no tardó en aparecer en su rostro, se lo había dicho de forma sincera, y a su manera disculpándose por no reconocerlo.

—Bha, no seas mentiroso, si apenas y tengo el cabello más largo, además de seguir esperando el estirón, por tu parte no puedo decir lo mismo ¿Qué has estado comiendo Beka? — el mayor no puede evitar reír, se sentía nostálgico, habían pasado dos años desde su lección, desde que dejó el patinaje, y desde que se apartó de Yuri.

Reencontrarlo ahora era un trago amargo, se seguía viendo igual de perfecto como cuando lo dejó, se comportaba como si apenas hubieran pasado meses desde no verse, le miraba con reproche, pero con la sonrisa tras su mascara de chico malo y rebelde, parecía ser todo como en los viejos tiempos, pero sabía muy bien que ya nada era lo mismo.

—Otabek, puedes venir a trabajar y dejar de perder el tiempo con niñatos— joder, odiaba que Johnson fuera su superior en esos momentos, miró con molestia al pequeño idiota sobrino del jefe, colocando su mano sobre la chaqueta de cuero negra del rubio, en una señal de que por favor lo ignorase.

—Me tengo que ir yo también, tengo practica dentro de poco— con enfado el rubio dice, hablando aun en su lengua materna, cosa que le alegraba, le encantaba esa intimidad que les proporcionaba, solo ellos dos siendo capases de entenderse, y sin olvidar el hecho de que solo provocaba aun más al idiota que tenia a sus espaldas, quien se moría por enterarse de lo que hablaban—Después podríamos salir a tomar algo, hay mucho para ponernos al día Beka ¿A que hora sales de trabajar? —

Era tan autoritario como lo recordaba, hablaba sin parecer interesado en lo que decía, pero con la mirada de soldado que no daba márgenes a protestas o negaciones. Y como no hacía en años Otabek lo consintió—A las cinco— le dijo sin más, sabiendo que la respuesta le más que encantaría al rubio, quien intentó ocultar su emoción, mientras le aseguraría que estaría lo más puntual que le fuera posible.

—¿Qué se supone que fue eso? — con enfado por un tema que no le incumbía el delgaducho muchacho le pregunta. Como era propio de Altin lo ignoró, dispuesto a seguir con su trabajo, y haciendo oídos sordos a los comentarios de Peter Johnson.

A las cinco y cinco de la tarde, Otabek estaba duchándose, restregando las capas de mugre y sudor, enjabonándose de más para quitarse el olor a aceite. Tan rápido su hora de salida llegó tomó sus cosas y se dirigió a las duchas con las cual el local contaba, destinadas a los empleados.

Las usaba siempre, pero nunca le había puesto tanto esmero en verse bien como ese día, agradecía haber tomado prendas decentes para después del trabajo.

Cuando salió habían pasado quince minutos, y Yuri lo esperaba en la entrada, junto a su automóvil reluciente por el encerado que recibió.

—Diez minutos Altin, diez minutos esperando— señalando su celular le dice al verlo acercar, hablando en ingles, logrando captar la atención de todos en el lugar, por algún motivo el taller estaba demasiado silencioso.

—Eso te pasa por intentar ser puntual—

—Ya..., iré a estacionar el auto y nos vamos— tomando las llaves de su bolsillo le dice, Otabek supo de inmediato las intenciones del rubio, y para su desgracia no pudo complacerlo.

—Solo tengo un casco Yura— la intensa mirada de enfado se posó en él, si fuera otra persona cualquiera estaría temblando con la sola idea de Plisetsky molesto, pero Altin estaba acostumbrado, a pesar de dos años la mirada de odio profundo de su viejo amigo no le causaba más que ternura. Aunque debía de admitir que en sus momentos, las primeras veces que las recibió, no podía evitar temer por su salud—Hace años no viajo con nadie. —

—Dioses Beka, siempre andabas con uno de repuesto, eres un aburrido—

—Ya, ya, lo siento ¿Te molesta que vayamos en tu auto?— el rubio no contestó, solo se subió en el lado del piloto, acción suficiente para saber que era un si. Por dentro el vehículo era aun más lujoso de lo que por fuera parecía. No lo diría en voz alta, al menos no aun, pero para él Yuri en cualquier medio de transporte era una amenaza para lo sociedad—Bonito — alagó mirando los distintos botones que se extendían por el tablero, contemplando con atención como el ruso encendía la radio.

—Gracias, fue un regalo de JJ— ah como olvidarle, Jean Jacques Leroy, el famoso patinador canadiense que tan rápido cumplir dieciocho años Yurio se había ganado la fama de dejar a su mujer e ir con todos sus encantos tras la hermosa hada rusa. —Para nuestro aniversario.

Si, el tipo era un idiota con problemas narcisistas, Otabek no lo odiaba, solo le desagradaba su presencia, por su parte Yuri si lo odiaba con intensidad antes, dios sabrá que hizo aquel hombre para conquistar al rubio, pero ahora llevaban más de un año juntos.

Se quedaron en silenció, Plisetsky miraba al frente, concentrado en el transito a su alrededor—¿Tienes pareja Beka? — el kazajo lo miró de reojo, la charla era un poco incomoda, ambos lo sabían.

—Llevo de novio siete meces con Olivia—

No estaba seguro de cómo salió el tema a colección, estaban platicando tan tranquilos sobre cosas casuales, contando esas cosas que podrán ser interesantes de sus vidas y se habían perdido en esos dos años. Estaban en una cafetería, igual que la primera vez que salieron juntos, contemplando el paisaje que amenazaba en comenzar a nevar en cualquier momento, a quien engañar, eso le había pegado directo en la nostalgia a ellos.

—Te seré honesto— le dijo Yuri antes de beber un trago de su malteada de fresa—yo también necesito de forma urgente algo para salir de la monotonía, después de tanto tiempo con JJ hasta mi vida sexual es una maldita mierda— el comentario lo sorprendió, lo pilló por sorpresa, pero le alegraba escuchar aquellas palabras, joder su felicidad incluso era notoria—Ya, quita esa sonrisa—

—¿Tan mal lo hace el rey? — preguntó intentando meter el dedo en la llaga, esperaba molestar un poco a su amigo, pero a Yuri no parecía afectarle el tema que estaban tocando, lo trataba con tanta naturalidad, como si la vida sexual insatisfecha fuera algo normal de platicar tras dos años de no verse ni hablar.

Y con lo difícil que le había sido a Otabek declarar que su vida era una constante repetición de lo mismo, donde lo más emocionante era dar clases los fines de semana y dormir hasta tarde sus día libres, aun tenía un poco latente lo embarazoso de la descarada confección hacia el rubio, donde con vergüenza, pero sin tapujo le dejó en claro lo mucho que lo añoraba.

"Con completa honestidad, en mi vida me había alegrado tanto de encontrarme con alguien Yura, no tienes ni idea lo mucho que te echaba de menos"

"Extrañabas mi encantadora personalidad" de forma gallarda el rubio le respondió, con una sonrisa engreída en el rostro y acercando su cuerpo por sobre la mesa más de lo debido.

"Si, de vez en cuento extrañaba también tus berrinches infantiles"

"Me encuentro extrañamente alagado y ofendido a la vez"

—Es pésimo— arrugando el rostro ante el recuerdo asegura—Esa Oliva es una mujer con suerte nunca ha estado con nadie que lo haga tan bien como su estúpido novio— sin ningún tapujo le dice, sin vergüenza, sin rastro de estar bromeando. Otabek sintió que se sonrojaba antes el descarado comentario, disfrutando el rumbo que la charla estaba tomando, era interesantes saber sobre la gata de Yuri, o sobre el niño que Viktor y Yuuri adoptaron, pero ese lado de la charla era algo que ambos amelaban tocar de alguna forma, lo sabían, las indirectas estuvieron presentes desde que se subieron a aquel automóvil.

Era un tema inevitable, pero que creyó que tardaría más tiempo en salir a la luz

—Liv es bonita, pero el sexo con ella no es la gran cosa—

—¿No te pone?—

—Si— el rubio más que molesto por la honestidad de las palabras del otro se emocionó, su rostro se ilumino de un brillo travieso, desplegando la sonrisa más grande que había visto en mucho tiempo, sabía lo que vendría—Pero no tanto como los patinadores rusos.

La sonora risa de Yuri resuena en el lugar, llamando la atención de más de uno, a Otabek poco y nada le importa, mira con una renovada pasión al pequeño ruso que tenía en frente suyo, recordando la excitante sensación de tenerlo bajo su piel aun cuando era un inexperto adolescente de dieciséis años, deseoso de conocer las experiencias sexuales de las cuales todo el mundo hablaba, y Otabek, como buen amigo que era, cediendo ante su petición de enseñarle.

Las ganas de besarle le invadieron, se moría por volver a probar la ultima gota de lo que fue una buena vida, una no monótona y donde el patinaje, los paseos en motocicleta por que sí, y Yuri Plisetsky se funcionaban en una combinación perfecta.

—Sabes— con la sonrisa gatuna más lujuriosa que le había visto a la fecha le dice, estirando su mano para rosar la suya—No quiero ser indecente, pero podríamos...ya saber, recuperar también ese lado de nuestra amistad.

Le agradó como llamó a eso que tuvieron, esa otra parte de su amistad era quizás la mejor forma para denominar lo que alguna vez fueron, nunca llegaron a ser pareja, no oficialmente, pues nunca se lo pidieron, tampoco lo habían hecho publico en ningún momento, pero todos sospechaban de que entre las sabanas de ambos pasaba algo.

Habían sido amantes, amigos que se habían promesas de amor entre besos apasionados y gemidos de placer, se conocían de todas las formas posibles, y estaba bien, nunca fue impedimento en su amistad, no la volvió rara en ningún momento, solo tal vez cuando la misma terminó.

No era la intención de ninguno que la comunicación entre ellos se extinguiera, resulto ser algo inevitable.

La lesión de Otabek le causó mudarse a Canadá, provocando que todo el esfuerzo de él por poder entrenar en Rusia con Yakov se fuera al diablo, y la distancia los separase de nuevo. Los temas de conversación de pronto se volvieron incómodos, hablar de patinaje era algo complicado, ocasionando que Yuri ignorase sus mensajes, no le gustaba decirle "Tengo que ir a practicar, luego hablamos" era como refregar en el rostro de Altin que él podía seguir haciendo lo que le gustaba y por su parte el otro solo se tenía que conformar con el recuerdo de lo que un día fue.

Todo eso, más una que otra cosa más provocó su distanciamiento.

A ambos le dolió, para que mentir cuando era algo que resultaba casi inevitable.

Perdieron una bonita amistad, una que tenía todo para ser un noviazgo, nunca lo formalizaron, pero separarse, dejar poco a poco de hablar, fue una dolorosa forma de romper ese algo que tenían.

—¿Solo amantes? — con curiosidad preguntó, emocionado por la pregunta, acercando su rostro al de Yuri por enésima de la mesa, lo tenía tan cerca, lo podía besar en cualquier instante, y no le importaba en lo más mínimo que ambos estuvieran en pareja, estaba embriagado por la belleza de su viejo amor, de sus finos rasgos, de su cabello dorado, le encantaba como el delineador le quedaba o como sus pestañas se veían tan bien con esa fina capa de maquillaje que la hacían explotar y lucir más largas y pobladas.

—Tan solo amantes— le asegura el rubio, colocando su mano entre ambos labios, impidiendo que el beso se llevase a cabo—Estamos en publico Otabek—

—Mi casa está sola—con urgencia dice, temió por apenas un segundo haber muy apresurado, pero se alegró con rapidez al ver como Yuri solo dejaba algo de dinero sobre la mesa y extendía la mano en señal de invitación, lo ayudó a parar, y caminando uno al lado del otro se fueron del lugar.


Segundo capitulo y la verdad no sé que pensar, no es tan emotivo como el anterior, donde podemos ver a un Otabek maldiciendo su vida, y el que sigue...bueno, se harán una idea de lo que sigue, no sé como estará quedando la historia, o si les gusta o no, así que por favor déjenme saber que piensan con un bonito comentario, pues como dije antes esto solo es una tontería que cruzó mi mente en una noche donde debería de estar durmiendo, por lo cual no esperen algo muy guau.