Nunca antes había maldecido tanto el trafico como aquel día, Yurio le entregó las llaves de su carro, y en un silencio demasiado cargado de deseo se fueron hasta la casa que compartía con su novia, manejando entre caricias que de vez en cuando el rubio le daba por encima de sus ropas.
No tuvo tiempo de sentirse mal por ser infiel en ningún instante, tan rápido abrió la puerta del departamento el ruso lo empujó al interior, con necesidad besando sus bocas, dando apenas tiempo para atinar y cerrar la puerta con una patada.
Se extrañaban, demasiado, añoraban la boca del otro, sus cuerpos, todo.
No lo notaron hasta que lo sintieron, cada beso que se iban dando eran mil veces mejores que el anterior, sus manos estaban deseosas de recorre de nuevo la piel del otro, querían recuperar el tiempo perdido, borrar rastro de cualquier otra persona, que en Yuri solo quedaran besos y caricias de Otabek y viceversa.
Con un salto las piernas finas del menor se enredaron en la cintura del kazajo, sabía lo que Yurio pedía con ese gesto, se conocían demasiado bien, así que colocando sus manos en los muslos del otro, apretando y sintiendo la suave carne a tal vez de la ajustada tela no tardó en cumplir sus deseos.
Lo llevó hacia su cuarto, pensó en hacerlo en el sofá, pero la impropia idea de hacerlo en la cama que compartía con su novia le resultó mil veces más excitante, por lo cual no tardó en tirarlo con suavidad en el lecho, quedando a horcajadas del fino cuerpo bien tonificado del ruso, quitando de a una sus prendas superiores, dejando su pecho al aire.
—Nada de marcas Beka— le escuchó decir entre lo que parecían gemidos de placer, los labios del kazajo iban dejando besos por todo su fino cuello, besando y lamiendo la suave y tersa piel que tan bien conocía, y que en más de una ocasión había marcado con pequeños chupetones—Te conozco—
—Intentaré comportarme Yura— jugando con sus pezones le murmura, mordisqueando con suavidad ese sensible lugar que provocaba suspiros en su amante.
Los suspiros y gemidos poco a poco iban provocando más al moreno, hacía tanto tiempo que simples caricias no lo excitaban tanto que creyó que en cualquier momento podía explotar de placer, sus pantalón ajustados le estaba causando dolor debido a su abultada erección, tanto que se vio en la necesidad de desabrochar los botones.
—Deja eso— a medio camino de desprender el ultimo botón siente como unas pequeñas manos se posan en su miembro, acariciando por encima del bóxer, provocando aun más al mayor, pero terminando al fin por quitar el molesto pantalón.
Las caricias duraron para su desgracia y suerte poco, el bóxer se fue con rapidez, dejando al aire la notoria erección que Yuri con solo besos y causado le había causado. Al verla solo provocó una mirada excitante por parte de su viejo amigo, quien perezoso relamió sus labios, antes de empezar a meterlo con cuidado en su boca, con tanta lentitud que provocaba solo desear más.
Creyó que se iba a morir de placer en cualquier momento, Yuri lo miraba con las mejillas sonrojadas, provocando que con cada lamida que daba a la cabeza de su miembro, sabiendo que Otabek se moría por recibir más que eso.
—Te estás por correr— con malicia le susurra al oído, moviendo cada vez más rápido su mano, esa que lo masturbaba de forma experta—Y yo aun no recibo nada— sin querer largó un gruñido como respuesta, causando risas al rubio, quien bajo con maestría, colocando el miembro caliente de nuevo en su boca, dando las ultimas mamadas antes de tragar más que gustoso el semen de su amante.
La escena más excitante en años se entendió delante de los ojos de Otabek cuando tuvo el placer de ver al ruso lamer sus labios, saboreando los rastro de semen que se escaparon de su boca, arrodillado sobre la cama, a la vez que con erotismo, casi danzando para él, se quitaba los pantalones ajustado que llevaba, dejando al descubierto sus bóxer negros y la erección de menor.
Sus manos recorrieron todo el cuerpo del menor, besó con desesperación cada parte de su piel, deteniéndose a jugar más de lo debido en sus pezones, antes de que con una lentitud casi mortífera llegara al elástico de la ultima prenda que poseía el rubio.
Su mano se coló traviesa, acariciando el pene de su amigo con una sonrisa pilla en su rostro, contemplando como los gemidos de placer se escapaban de entre sus labios, como rogaba por más, estaba llevando a Yuri al extremo, lo sabía por los jadeos que inundaban la habitación, y los suaves estremecimientos de placer que recorrían su cuerpo.
Otabek había causado después de dos años la primera corrida de Yuri y se sentía extremadamente bien.
Él ya estaba duro de nuevo, con agilidad tomó la botella de lubricante y un condón de los que tenía guardado en la mesita de noche.
Untando un poco en sus dedos lo comenzó a meter con cuidado en el ano del menor, esperando algunos segundos antes de comenzar a moverlos, provocando gemidos aun más fuertes. —Joder, hazlo de una maldita vez— entre gritos y suspiros el menor ordenó, lo veía retorcerse de placer con cada envestida que daba con sus dedos, puede que hayan pasado los años, pero Otabek sabía como nadie más como y donde tocar para llevarlo al éxtasis.
Acató tan rápido escuchó eso, colocando con rapidez el condón, y de a poco, con la delicadeza que siempre poseía a la hora de penetrar al menor fue de a poco introduciendo su miembro, contemplando con cuidado el rostro del rubio en busca de señales de dolor.
Las respiraciones de ambos iban a mil, sus cuerpos estaban sudados y la pasión los inundaba, en la habitación los gemidos, los jadeos, los gritos y los ruidos de sus pieles chocando era todo lo que se escuchaba, Yuri sentado arriba de Otabek, cabalgando como en los viejos tiempos.
A Yurio le gustaba llevar el control, incluso en la cama, y él lo sabía mejor que nadie, la idea de fascinaba, pero no tanto como cuando podía controlar a esa fiera, cuando lo acomodaba boca abajo y levantaba sus caderas, penetrando con fuerza y causado aun más gemidos de placer.
Escuchar su nombre salir de su boca era lo mejor del mundo.
—Me vengo Beka— en un suspiro logró decir, sintiendo ya imposible aguantar un segundo más, su cuerpo lleno de sudor y su cabello pegado a su cuerpo, todo era tan excitante para Otabek, escuchar esas palabras solo causo que envistiera con más rapidez, Yuri se había corrido, y él lo haría dentro de poco, solo algunas envestidas más antes de terminar los dos con la respiración acelerado acurrucados uno a lado del otro.
—Beka— le murmura aun con sus labios a centímetros del otro—Tengo que llegar a casa antes de las nueve, JJ tiene un concierto y debo de asistir. — otro beso de parte de Otabek, caricias que podían seguir, y hubieran seguido si no fuera porque tenían que separarse.
—Y yo el cumpleaños del sobrino de Liv a las ocho— con suavidad muerde el labio de Yuri, sin ganas de moverse de su lugar en la cama.
—¿Se repetirá? ¿Verdad?
—Cuando quieras Yura—
—El domingo te espero a las once en mi casa, se puntual— antes de pararse le dice, arrastrando su delgado cuerpo hasta el baño, lo imitó, marchando al segundo baño con el que contaban, la idea de tomar una ducha juntos era tentadora, pero ambos debían de irse pronto con sus parejas, fingir que no había pasado nada, que seguían siendo los novios estupendo que habían sido hasta entonces.
Esa idea solo causaba emoción en ambos, sus vidas hasta entonces poco emocionantes se veían de un color más brillante, haber recuperado una vieja amistad era fantástico, tener que ocultar — al menos esa parte de su relación— le daba un sazón distinto.
No podían esperar volver a verse.
Pero debían admitir que a pesar de las ansias unir de nuevo sus labios, temían que en algún momento todo se tornara extraño y sus sentimientos se mezclaran, ellos creían con firmeza que lo suyo no estaba destinado a ser algo más de lo amistoso y carnal.
Y aunque pueden que se equivocasen, eso era algo que solo el tiempo sabría decir, tiempo en el cual Otabek no consideraría para nada que su vida era una monótona y aburrida.
Dios santo, cuanta vergüenza escribir esto, no sé porque rayos lo hice, la idea de escribir algo de este tiempo fue demasiado fuerte, y la verdad no creo que haya quedado decente, pero es el primero que escribo, así que me parece normal que quedara así de cacoso.
Bueno, y con esa vergonzosa aclaración, espero que hayan disfrutado de esta cosa rara que se me pasó por la cabeza, y sobre todo gracias por su apoyo y palabras bonitas.
Att: Raven
