Disclaimer: Los personajes de este Fanfic no me pertenecen solo a su respectivo autor Tite Kubo.

¡Feliz año nuevo! Espero que a todos les vaya excelente en este nuevo año y que este lleno de muchos éxitos.

He tenido muchos altibajos con mis historias últimamente, y no necesariamente por la falta de tiempo. Sinceramente, con respecto a Blecah y a la pareja Ichiruki es con la que tengo problemas ahora, y no es por que la pareja ya no me guste, pero he perdido poco a poco el interés hasta el punto en que ya no sé como continuar las historias que tenía. A pesar de que este Fanfic tendría un total de 30 Drabbles, después de muchas disputas en mi mente, he decidido terminarlo en este último capítulo; para finalmente cerrar esto y continuar con el resto de los proyectos nuevos o sin finalizar.

¡Muchas gracias a todos por seguir esta historia! por sus increíbles comentarios y apoyo. Fue un momento maravilloso escribir estos Drabbles con tanto amor para ustedes, pero al final todo lo bueno termina.

Espero poder verlos en otra oportunidad, aún me falta terminar mi otra historia "Little Liars"


Capítulo XXII

Everytime we touch

-Rukia aún podía escuchar su voz llamándola suavemente aunque él estuviese durmiendo junto a ella como todas las noches cuando el día finalmente terminaba. Ella todavía sentía su toque caliente en sus más profundos sueños, haciéndola delirar y suspirar justo como cuando ambos estaban conscientes. Tenía que perdonar su debilidad, pero no sabía porque sin él era muy difícil sobrevivir a todas aquellos obstáculos que la vida le preparaba.

Cada vez que se tocaban tenía ese mismo sentimiento retumbando en su pecho dolorosamente, queriendo que el simple roce se extendiera más allá de una simple caricia inocente. Cada vez que se besaban juraba que podía volar como las aves que veía libremente pasar por la ventana de su habitación.

A pesar de la cercanía, esperaba que no pudiera escuchar a su corazón latir rápidamente en su pecho; porque se detendría por unos instantes y ella quería que durara para siempre.

Lo necesitaba a su lado para sentir aquella estática al momento en que las yemas de sus dedos rozaran su piel lozana, y alcanzar el cielo cada vez que sus labios se encontraran.

No podía dejarlo ir, lo quería en su vida para siempre.

Sus brazos eran su castillo que la protegía de cualquier mal, su corazón era el cielo que limpiaba el rastro de lágrimas que se habían deslizado por sus mejillas. En todos los buenos y malos momentos juntos él, siempre la hacía levantarse cuando la caída había sido desde lo alto de un edificio de muchos metros de alto, sin importarle la cantidad de peligros que estuviera en el camino y la cantidad de veces que podría haber sido lastimado.

Porque cada vez que se tocaban, todas las preocupaciones quedaban en el olvido mientras se desvanecían en el aire.