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Disclaimer
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"Los personajes de Naruto, así como su mundo, son propiedad de Masashi Kishimoto; yo sólo los tomé prestados para hacer este fanfic"

Título: Vampyr
Autora: Antifashion19
Género: Sobrenatural | Horror | Misterio | Suspenso | Romance
Personaje(s)/pareja(s) principales: Hinata H. | Sasuke U. | Ino Y. | Naruto U. | Sakura H.
Advertencias: Sasuke x Hinata. Sakura x Naruto x Ino. Universo Alterno. Posible OoC. Palabras soeces.
Leve Yuri. Violencia y muertes.
Sobre aviso no hay engaño.

Si eres anti de estas parejas, no leas y ya; pero si eres un lector de gustos variados, y sólo te importa el contenido de la historia… ¡Bienvenido seas!

Créditos: La imagen que he usado para la portada le pertenece a 1090506, cuyo link a su DeviantART se encuentra en mi profile.

Edición: 09 de Enero de 2017. Con la perdida de todos mis escritos de mi laptop, he vuelto a editar.

Aclaraciones sobre el capítulo:
No sé qué decir, sólo que el asunto de Tsunade llevará otro capítulo por terminar definitivamente, el siguiente no porque se cansarán de esta mujer.
Si tienen alguna duda sobre este capítulo, no duden en expresarla; ya que no sé si en este capítulo respondí a éstas. Gracias por leer tan loca historia.


Capítulo III. Definitivamente muerta

El primer requisito de la inmortalidad… es la muerte
Stanislaw Jerzy Lec


Parpadeó unas cuantas veces al contemplar a la mujer que se encontraba tirada en el suelo y, después, rodó los ojos molesta al recordar cómo ésta siempre le sujeta los pies al despertar; pero no podía hacer nada para deshacerse de ella, desgraciadamente era un fantasma atado a esa mansión en la cual ahora residía. Entonces, uno de sus pies tocó el frío piso y aquella mujer avanzó rápidamente hacia el, con sus extremidades flexionadas imitando a una araña, el cabello arrastrándole y la mirada baja. Hinata se sorprendió ante la velocidad de aquel espectro, aun así, se levantó para prepararse e ir a su nueva escuela, como la buena alumna que fingía ser…

. . .

Cerró la puerta de su hogar para encaminarse a la universidad que quedaba a unas cuantas cuadras de ahí. Notó que su cabello aún se encontraba húmedo, así que maldijo a aquel fantasma por hacerle la jugarreta de cortarle la energía eléctrica; ya después pensaría una forma de deshacerse de aquella mujer.

Siguió avanzando…

—¿Tarde, Hyūga? —escuchó detrás de ella e inmediatamente se giró.

Observó al joven de cabellera azabache que se acercaba con su sonrisa arrogante; esa sonrisa que antes todos le daban, recordándole cuan insignificante era, la vida miserable que llevaba y… como su madre la golpeaba. Torció la boca un poco, y unas ganas de estamparle la cara a ese Uchiha contra la cerca la inundaron.

—Bu-buenos días, Uchiha-san —hizo una reverencia, fingiendo respeto—. Me quedé do-dormida.

—No te pedí una explicación, Hyūga —y continuó caminando sin siquiera mirarla—. No es como si me importara.

—Lo siento —se disculpó avergonzada.

Pero cuando lo vio alejarse, frunció el ceño y trató de controlar su ira.

—¿Cómo es posible que este engreído tenga tantos amigos? —mordió uno de sus dedos y continuó avanzando detrás de él.

. . .

—No pude dormir —se quejó Naruto—, por lo que nos pasó…

—Quedamos que eso jamás sucedió —soltó Kiba.

—Si eso jamás sucedió… ¿por qué tengo estas marcas? —Sakura les mostró los rasguños que esos seres le habían provocado.

—¿Tal vez, porque dormiste mal? —respondió Kiba—. Vamos chicos… es mejor vivir en la negación.

—¿En la negación? —preguntó indignada—. Estas marcas no fueron causadas por una alucinación colectiva. Es algo más oscuro.

—Sakura, ¿no crees que sería mejor que esas heridas las viera un doctor? —cuestionó Chōji—. Realmente lucen mal.

—Vamos con la vieja —sugirió el rubio—. Recuerden que cuando íbamos a la preparatoria, ella era doctora ahí.

Sin embargo, el ambiente cambió drásticamente, todos se quedaron callados al instante y bajaron la mirada; Naruto entendió ahí su error, recordando la causa que hizo que su ahora directora cambiara, convirtiéndose en una persona triste y gris.

—Había olvidado que la vieja Tsunade cambió… —habló triste, mientras se rascaba una de sus mejillas—, desde la muerte de Hinata.

—¿Yo morí? —de pronto se escuchó una voz femenina detrás de ellos.

En la entrada del salón se encontraban Sasuke, y a su lado Hinata. La Hyūga los miraba sumamente estupefacta.

—¡Hi-hinata! —soltó pasmado—. No, no me refería a ti… verás —trató de pensar en cualquier excusa—. Antes… nosotros…

—Por cierto —Sakura le interrumpió—. Anoche, cuando nos encontraste… ¿viste el salón destrozado?

—No la e-entiendo, Sakura-san —la miró apenada—. ¿Po-porque el salón debía estar de-destrozado?

—¿No lo notaste ayer? —preguntó extrañada; no podía creer que aquella chica no se diera cuenta—, ¿no viste las bancas tiradas?

—Lo único que vi… fu-fueron a ustedes —jugó con sus dedos cual niña pequeña—, tirados y a-asustados.

Todos se quedaron sorprendidos al ver como esa joven hacía los mismos gestos que la anterior Hinata, y no creían que hubiese tanta casualidad porque: ¿cómo era posible que dos personas se parecieran tanto?

Pero las probabilidades de que ambas fueran la misma persona estaban descartadas; aquella Hinata había sido atropellada casi delante de ellos, y murió instantáneamente en los brazos de Tsunade. Esa era la razón por la cual su ahora directora había cambiado, era la maldición que la perseguía, o al menos lo que ellos querían creer…

—¡Pero las bancas estaban tiradas! —Sakura alzó la voz—. No es posible que no lo hayas notado.

—La-lamento ser tan distraída —le respondió Hinata, después bajó la cabeza mientras sus ojos blancos se llenaban de lágrimas, e intentó no reírse para conservar aquella fachada—. Lo siento.

—Basta, Sakura —interrumpió Sasuke—. Le estas poniendo demasiada atención a cosas tan insignificantes.

Y tras decir esto, tomó su mochila y la colocó en su respectivo asiento; entonces notó que todas las bancas se encontraban en perfecto estado, limpias y pulcras como si ninguno de los sucesos que habían vivido la noche anterior hubiese pasado. Rodó los ojos cuando se dio cuenta que todos ellos le miraban en silencio.

—¡Teme! —chilló el rubio de su amigo—, a que tú dormiste como un bebé.

—Tengo mejores cosas que hacer… que perder el tiempo con alucinaciones —respondió molesto—. Eso deberían hacer ustedes —después se sentó, sacó su celular del bolsillo del pantalón y se colocó los audífonos para ignorarles.

Hinata los miró con burla disimulada a la vez que se sentaba en su respectivo lugar; reparó en como su asiento se veía limpio y ordenado, a pesar de que la noche anterior había visto como todo el salón estaba desarreglado, mientras aquel ser de oscuridad se evaporaba delante de ella. Fingió no saber sobre lo que hablaban, no deseaba tener que explicar qué era esa cosa, de dónde había provenido y quién era la causa de tales sucesos.

Los minutos transcurrieron entre un silencio incomodo, pero poco a poco otros alumnos fueron llegando y llenando así el salón de clases; después entró Iruka, quien se notaba cansado y bostezó sin poder evitarlo, mirando extrañado el lugar.

—¿Hicieron limpieza? —preguntó curioso—, veo diferente el salón.

La Hyūga se dio cuenta en ese momento y regresó a ver la paleta de su banca, percatándose de lo lustrosa que lucía; sabía que alguien había arreglado el salón y cambiado aquellos asientos por unos nuevos. Luego escuchó como algo producía un ruido sigiloso, giró levemente su cabeza para encontrarse con la joven de ojos jade que al parecer también había notado aquellos detalles.

Sakura hacía código Morse con su dedo índice, tratando de que Sasuke la entendiera. Siguió insistiendo, mientras vigilaba que Iruka no se diera cuenta; el azabache regresó a verla y dedujo el mensaje a la perfección. Hinata observaba todo por el reflejo de la ventana que se encontraba a su izquierda, y ensanchó su sonrisa al enterarse que ese azabache engreído no había notado los cambios.

—Alguien cambio los asientos —escuchó a Sakura susurrar—. Eso quiere decir… que lo que pasó ayer, sí fue real.

—Que los asientos sean nuevos no dice nada, Sakura —respondió el Uchiha.

El rubio se dio cuenta de la pequeña conversación que mantenían sus dos amigos, trató de alargar su cuello para poder escucharlos pero no pudo, así que cortó pedazos de papel de la hoja de una de sus libretas, los hizo bolita y se los arrojó a Sakura.

—Sakura —habló en voz baja—, ¿qué pasa?

La nombrada se giró, e inmediatamente le hizo de señas para que el viera su asiento y así notara que éstos eran otros; pero el rubio no pareció entender. Sakura comenzó a desesperarse que el rubio no se diera cuenta o que no la comprendiera. Apretó los puños con furia dispuesta a golpearlo y a embarrarle la cara en la paleta de su banca, sin embargo, respiró profundo para intentarlo de nuevo.

—Los asientos… —siguió susurrando—, son nuevos. Alguien los ha cambiado.

—¿Te quieres sentar conmigo? —preguntó emocionado—, ¿en mi asiento?

—Eres un idiota —lo regañó aún en voz baja—. Fíjate en tu… a-si-en-to.

—Sakura, sigo sin entenderte —se rascó la cabeza confundido.

—Sakura-san trata de decirle, que… —Hinata interrumpió, ya se había cansado de que el tonto rubio no entendiera—, alguien ha cambiado los asientos.

Naruto la miró extrañado y se volteó de nueva cuenta para poder comprobar lo que su compañera decía. Analizó un poco y…

—¡Es verdad Hinata! —gritó, levantándose súbitamente de su lugar—. ¡Cambiaron los asientos! ¡La frase de "Naruto Uzumaki está aquí", desapareció!

La Hyūga se golpeó la frente, tragándose su furia. Iruka los vio de mala gana y lanzó un gis que fue a dar directo a la frente del rubio mientras taconeaba el piso con su pie derecho.

—Iruka-sensei, eso duele —se quejó Naruto al mismo tiempo que se masajeaba la zona adolorida—. ¿Y eso porqué fue?

—¿Cómo que por qué fue? ¡Es por interrumpir mi clase! —exclamó enojado—. Tú y Hinata salgan de mi salón.

—Pe-pero Iruka… —el rubio trató de defenderse.

—¡Nada…! —levantó el brazo izquierdo señalando la puerta—. ¡Salgan los dos! ¡Ahora!

Naruto se levantó lentamente, mientras que Hinata le imitaba. Sin embargo, ella dejó caer sobre su asiento el libro que apenas había sacado de su bolso, trató de controlar su enfado cuando se dio cuenta de su error. Todos la observaban sorprendidos.

—Lo-lo siento —alzó de nueva cuenta el libro—, se me re-resbalo de las manos.

Y luego caminó apresurada hacia la puerta, esperando que nadie sospechara de ella por lo que había hecho;

Naruto la siguió y cerró detrás de él.

No obstante, Sasuke no había dejado de observarla furtivamente. Él no se había tragado el pretexto que la Hyūga les había dado. Notó la ira llenando esos ojos blancos y se dio cuenta de que ella dejó de ser, por unos instantes, la chica débil y vulnerable que parecía; recordó también, que ya antes había visto esa expresión en un antiguo amigo que abandonó cuando quiso superar a su hermano…

Movió la cabeza de un lado a otro para borrar aquellos recuerdos vagos que tenía, y la sonrisa siniestra de ese personaje se difuminó en la nada.

. . .

—Discúlpame, Hinata —Naruto la miró apenado—, no fue mi intención que te castigaran.

Se encontraban recargados sobre la pared de su salón, junto a la puerta de éste mismo. Ambos estaban solos en aquel pasillo. La Hyūga tenía los ojos cerrados, contando en su mente para tranquilizarse un poco; los abrió de nuevo y le sonrió hipócritamente.

—No se preocupe, Naruto-san —inclinó la cabeza levemente hacia adelante—, yo sé que no lo hizo de mala fe.

—Eres muy buena —sonrió alegre.

—¿Cómo la a-anterior Hinata? —preguntó divertida. Sabía que el joven que se encontraba a su lado, jamás se daría cuenta de sus intenciones—. Ustedes hablaban de otra Hinata.

El rubio la miró sorprendido, trató de pensar qué debía decir: ¿Qué ella y esa Hinata eran idénticas? ¿qué sólo su presencia le recordaba a la otra? ¿qué él hizo su vida miserable o qué por su culpa aquella joven estaba muerta?

Apretó los puños y regresó su vista hacia la chica que lo miraba; los ojos blancos de esta joven le hacían sentirse extraño… era como si no tuviesen vida, como si ella fuera algo de otro mundo. Sonrió recobrando su postura, se rascó la nuca y cerró sus ojos.

—Es que tú y ella se parecen mucho —admitió—, sólo que ella tenía los ojos negros, y los tuyos son… blancos.

—¿Cómo murió? —cuestionó—, si se puede saber.

Naruto cambió su expresión a una seria, frunció el ceño tratando de entender por qué esta joven estaba interesada en remover el pasado; pero su cuerpo quedó paralizado al ver una sombra correr por uno de los pasillos, se levantó súbitamente para perseguirla mientras Hinata sólo lo siguió con su mirada y después fue tras él.

El rubio avanzó hasta el pasillo en el cual había visto a la sombra pasar, pero no había nadie. Giró de nueva cuenta hacia la Hyūga.

—¿Su-sucede algo, Naruto-san? —preguntó intrigada—, parece asustado.

—Oh, es que vi una sombra pasar por el pasillo —explicó—, pero creo que sólo fue…

De pronto se vio interrumpido por un portazo. Ambos asomaron sus cabezas por el solitario pasillo que llevaba a unos salones que se encontraban en reparación; caminaron hacia aquel lugar, con el cuerpo temblándoles y el corazón latiéndoles rápidamente, avanzaron sigilosamente mientras un leve golpeteo se escuchaba.

El área a la que habían llegado estaba completamente desolada, frente a ellos había escombros de los salones que anteriormente fueron derribados para ser reconstruidos; unas cintas de precaución limitaban el paso. Sin embargo, el rubio se agachó un poco para poder pasar y Hinata lo imitó.

Un gran silencio comenzó a reinar en el lugar.

—¿Lo escuchaste Hinata? —soltó viéndola de reojo—, e-ese ruido.

—Sí —asintió rápidamente—. ¿Hay alguien ahí?

Pero nadie contestó. Sólo escucharon como -repentinamente- algo parecía rasgar una de las puertas, siguieron caminando para averiguar de qué se trataba; no obstante, Hinata se encontraba intranquila, presentía que detrás de aquella puerta de madera encontrarían algo peligroso y que no les agradaría… incluso, podía sentir su sed de muerte. Así que colocó una de sus manos sobre el hombro derecho de Naruto para evitar que siguiera avanzando; el rubio la miró para tranquilizarla, más sin embargo, no se detuvo.

Caminó lentamente hasta que llegó a la puerta, sujetó la perilla y la giró levemente.

—Naruto-san —lo llamó con una pizca de miedo en su voz—, creo que no debería abrir.

—Tranquila, Hinata —ensanchó su sonrisa—. Sólo es una puerta…

De repente la puerta se abrió de golpe, mostrando sólo oscuridad. El rubio se volteó hacia la Hyūga para guiñarle el ojo, pero, una gran garra salió de la nada y desgarró ferozmente el brazo izquierdo del Uzumaki, causando que la sangre salpicara el blanco rostro de Hinata; y después, aquel extraño ser lo arrojó contra la pared mientras la sangre brotaba a borbotones de su herida.

—¡Naruto-san! —gritó aterrada—. ¡¿Se encuentra bien?!

—¡Mierda! —se quejó el nombrado—. ¡No te acerques, Hinata!

Entonces él pudo contemplar como la criatura se giró rápidamente hacia ella, aproximándose lentamente mientras la Hyūga iba alejándose, observándolo sorprendida. Naruto se arrastró por el piso para tratar de llamar la atención de aquel monstruo y que así su compañera pudiera huir a pedir ayuda; sin embargo, la criatura siguió su camino, enfilando sus grandes y filosas uñas para darle un zarpazo a la joven.

Y ante su vista, aquel ser levantó su garra y la dejó caer sobre Hinata; pero ésta se arrojó al piso para esquivarlo, luego gateó rápidamente para llegar a donde estaba el rubio, sin embargo, el espectro apareció frente a ella. La Hyūga sólo pudo contemplar como las grandes uñas de ese monstruo le desgarraban parte del rostro y como su sangre salpicaba las paredes.

—¡Hinata! —chilló horrorizado—, ¡Hinata!

Pero el cuerpo de su compañera yacía tirado, inmóvil sobre un charco de sangre; y el bello rostro de la Hyūga se encontraba ahora, completamente desfigurado.

—¡Maldita cosa! —colocó su mano en la herida, tratando de parar la hemorragia, y después trató de levantarse—. ¡Déjala en paz!

De pronto, Naruto fue levantado a varios metros del suelo, contra el techo, su cuerpo chocó con los plafones y cayó al piso brutalmente, golpeándose la cabeza en el acto; y sin poder evitarlo, quedó inconsciente.

—¡Hey bastardo! —la criatura escuchó una voz femenina detrás suya. Se giró y pudo observar como Hinata se levantaba rápidamente—. Voy a… matarte.

En aquel instante, la piel desgarrada de la Hyūga fue reconstruyéndose a una velocidad impresionante, y de la gran herida no quedó nada, sólo los rastros de sangre sobre su piel nívea. Avanzó hacia aquel ser, y en sus ojos se reflejó una cólera incontrolable; luego mostró una sonrisa sínica, exponiendo sus blancos dientes. Sin embargo, cambió ligeramente, convirtiéndose en algo más feroz… algo salvaje; mientras que sus colmillos puntiagudos fueron asomándose sobre sus labios rosados.

—¿Qué sucede aquí? —alguien preguntó repentinamente.

Aquel ser de desvaneció en la nada, dejando a una Hinata sorprendida que retrajo sus colmillos a la vez que se giraba hacia la persona que había hablado. Una mujer rubia la miraba con el ceño fruncido y las manos en la cadera, taconeando exasperada.

—¿Se puede saber qué hace aquí, señorita Hyūga? —cuestionó—. ¡¿Y porque Naruto está tirado?!

Hinata se giró hacia su compañero, y pudo ver que este aún se encontraba inconsciente, luego corrió apresurada a su lado; sin embargo, Tsunade se dio cuenta de la gran herida en el brazo de Naruto y quedó paralizada completamente. La Hyūga trató de parar la hemorragia con una parte que cortó de su blusa.

—Tsunade-san —la llamó—, debemos llevarlo a una enfermería…

Pero se quedó callada al contemplar como su ahora directora no se movía. La mujer sólo permanecía con los ojos abiertos, balbuceando cosas y temblando; después se acercó a una de las paredes y se quedó ahí, sin hacer nada.

—¿Es hemofóbica? —soltó, pero la rubia no respondió—. ¡Tsunade! ¡Ayúdenos!

Pronto algunos pasos y voces fueron aproximándose, así que Hinata sujetó como pudo al rubio y lo recargó sobre ella; luego avanzó entre los escombros para poder sacarlo de ahí, tomando todas las fuerzas que tenía para caminar entre vidrios rotos y el charco de sangre que quedaba en las baldosas de aquel tenebroso pasillo… mientras aquella mujer rubia no hacía nada por ellos.

. . .

—¡¿Qué le sucedió a Naruto…?! —preguntó alarmada la joven de ojos verdes—, ¡¿y qué le pasó en el brazo?!

Hinata permanecía sentada junto a la camilla del rubio, limpiando su rostro para borrar todo rastro de sangre; y observando como los seis jóvenes que se encontraban ahí, la miraban en busca de respuestas. El azabache se la comía con la vista, esperando así, poder intimidarla.

—Se cortó con unos vi-vidrios rotos de una ventana —regresó a verlo. Éste seguía dormido—, y por la pérdida de sangre se desmayó.

Reparó en la bolsa de sangre y el conducto que iba hacia el brazo de Naruto. Trató de contenerse, de apretar sus manos para no arrojarse y así degustar el sabor de la sangre en su lengua…

—¡¿Pero qué hacían en esa parte de la escuela? —cuestionó Sakura, preocupada—, ¡pudieron haberse matado!

—Naruto-san, creyó haber visto una sombra en el pa-pasillo —respondió más calmada y quitando la vista de la bolsa de sangre—. Yo sólo lo seguí.

Sakura miró a los demás; Shikamaru se rascó la nuca y suspiró.

—Eso suena mucho a Naruto —dijo y luego bostezó—. Tranquila Sakura, él está bien. Y esperemos que así aprenda la lección.

Hinata los miraba atentamente y recordó a la mujer rubia.

—¿Tsunade-san es hemofóbica? —preguntó—. Ella vio la sangre de Naruto-san, y no hizo nada por ayudarnos.

Un silencio reinó por varios segundos aquel lugar. Sakura hizo una mueca y se acercó más a la Hyūga.

—Desde que una compañera murió, Tsunade-san cambió —respondió.

—¿La anterior Hinata? —soltó.

Todos se sorprendieron ante aquella pregunta, regresaron a ver al rubio y entendieron que tal vez el había abierto la boca de más. Pero al escuchar ese nombre, Sasuke salió sigilosamente de esa habitación, aún no podía soportar como se narraba de nueva cuenta la muerte de aquella chica; y es que la culpa lo carcomía, a pesar de ser un Uchiha, porque él la…

Nadie de sus amigos notó la salida inesperada del azabache; sólo la Hyūga se dio cuenta, pero permaneció callada.

—Aquella Hinata, murió atropellada frente a nuestra preparatoria… ella era nuestra compañera —explicó Sakura—. Tsunade trató de salvarla pero murió en sus brazos, totalmente desangrada.

—Bueno, en realidad —interrumpió Kiba y por un instante dudó—, se dice que sobre Tsunade pesa una maldición de hace años atrás.

—¿Ma-maldición? —preguntó intrigada la Hyūga.

Sakura rodó los ojos molesta mientras el castaño sonreía nerviosamente. Hinata no podía entender qué sucedía, o qué era lo que ocultaban. Notó como la joven de cabellos rosas suspiró hondamente…

—Se cuenta que hace tiempo, cuando Tsunade era joven, ella deseó permanecer así por siempre —contó la chica de ojos jade—. Se lo pidió al Ama-no-jaku, pero obviamente, su deseo necesitaba un pago.

—¿Un pago? —preguntó—, ¿qué clase de pago?

—Un alma…

Hinata entendió ahí qué eran las sombras que seguían a Tsunade, porqué la ciudad ahora se encontraba infestada de aquella oscuridad; la ambición de esa mujer había causado todo eso, y la muerte pronto rondaría aquel lugar si ella no hacía nada por detener esa maldición.

—¿Y quién mu-murió? —cuestionó.

—Su hermano menor —contestó seriamente—. Pasaron más años…

—¿Y murió otra persona?

—Su prometido —afirmó—. Después, se rumora que el que falleció fue un joven al cual su novia le fue infiel con su mejor amigo; este asesinó a ambos y después se suicidó.

La Hyūga se sorprendió al notar que esa historia le era familiar, porque posiblemente ella ahora conocía al joven del que hablaban; aun así, no entendía que relación tenía con Tsunade.

—Pero, ¿qué tenía que ver con Tsunade-san? —preguntó.

—Al parecer aquel joven, creo que su nombre era Neji… —agregó Shikamaru. Hinata abrió sus ojos sorprendida—, era su alumno o algo así. Pero eran muy unidos.

La manos de Hinata temblaban, ya estaba comprobado que ella conocía a aquel chico. Mordió su labio, nerviosa, tratando de controlarse.

—Y Hinata también lo era, ¿verdad? —esta vez era Chōji quien los interrumpía—. Esa es la maldición de Tsunade, que mata a todas las personas cercanas a ella.

—¿Y Naruto-san es cercano a e-ella? —indagó.

—Sí —respondió Sasuke, quien abrió la puerta sobresaltando a todos.

La mujer que se encontraba a su lado, los miraba seriamente; avanzó hacia ellos sin apartar la vista del rubio que aún se encontraba dormido en la camilla de la enfermería, todos se hicieron a un lado pero Hinata permaneció en su lugar para observarla detenidamente, tratando de entender si esa rubia sabía de la maldición que pesaba sobre ella.

—¿Naruto se encuentra bien? —habló preocupada—. ¿No es serio?

—El doctor Kabuto tu-tuvo que suturar la herida —respondió Hinata—, le administró algunos calmantes para que de-descansara y…

—¿Qué hacían en ese pasillo? —preguntó molesta—. Ese lugar es peligroso.

—Naruto-san vio una sombra —explicó—, quiso seguirla pero… en verdad fue algo peligroso.

Tsunade dio dos pasos hacia atrás, completamente asustada. Salió rápidamente, mientras los demás se quedaban extrañados al ver la actitud de su directora; de pronto, el rubio abrió sus ojos azules y sonrió como tonto. Sakura lo abrazó aliviada.

—Eso duele, Sakura —se quejó—, siento como si me hubieran querido arrancar el brazo.

—¡Tonto! —lo regañó—. Eso te pasa por querer ser un explorador, e ir por esos salones que están en reparación.

—No entiendo —soltó—. ¿De qué hablas Sakura?

—De que por tontear como siempre, te has cortado el brazo con el vidrio de una ventana —explicó el azabache—, Dobe.

—Eso no es cierto —se acomodó en la cama tratando de no mover el brazo—. En ese lugar había un monstruo, esa cosa me atacó y luego le rebanó el rostro a Hinata… ¡Hinata! ¿dónde está? ¿está bien?

Todos lo miraban sin entender.

—Calma, Naruto —habló Shikamaru—. Hinata no está herida, ella te trajo a la enfermería y nos dijo que te habías cortado con un vidrio.

—¡No! —negó rápidamente—. Esa cosa me atacó y después se fue sobre ella… ¿No vieron el charco de sangre?

—Nosotros sólo nos enteramos porque alguien vio a Hinata cargándote —dijo Kiba—. Ni siquiera hemos ido a ver ese lugar.

—Pero… pero Hinata sabe que eso no es verdad —se quejó el rubio—. Pueden preguntarle.

No obstante, la nombrada ya no se encontraba ahí. Nadie se había percatado que la joven había salido a seguir a la rubia que huyó de la enfermería, y ni uno de ellos se dispuso a averiguar a dónde se había ido. Sólo se quedaron observando el asiento vacío que había dejado.

. . .

La mujer contemplaba el cielo oscuro sobre ella. Ahora, la universidad que dirigía se encontraba vacía, las horas de clase ya habían acabado. Sus manos se aferraron al barandal de la azotea, y en aquel momento, las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos color almendra; su vista se dirigió hacia el verde césped de abajo, y pensó que una caída desde aquella altura la mataría instantáneamente.

No lo pensó más tiempo. Pasó una de sus piernas hacia la orilla del edificio, sin soltarse del barandal atravesó la otra, vio de nueva cuenta hacia el suelo mientras caminaba por el borde con sus zapatillas; estaba a punto de soltarse cuando de pronto, notó la silueta de la joven que la miraba sin inmutarse de lo que ella estaba a punto de hacer.

—¿Cree que con esto romperá su maldición? —preguntó divertida—. Lo único que conseguirá, será traumar a los siete alumnos que todavía siguen en este edificio.

—Los matare si sigo con vida —respondió seriamente—. El brazo de Naruto es apenas lo que ellos pueden hacer.

—Pero la maldición no se ira de este lugar, se ha extendido por todas partes… —hizo una pausa, avanzando hacia ella—. El Ama-no-jaku* no se irá. Además, usted ya debe de tener años, quizás siglos, intentando matarse, ¿no es cierto?

—¿Cómo lo sabes? —la miró con furia—, ¿cómo sabes que no puedo…?

Sin embargo, se vieron interrumpidas por algunas sombras que se colaban por la puerta de acceso, las cuales poco a poco crearon formas siniestras que las miraban hambrientas; iban acercándose a ellas, riéndose de que por fin lograrían que Tsunade se matara. La mujer no soportaba la carga que llevaba sobre ella, la muerte de su hermano, de su prometido, de aquel alumno y de aquella chica, no la dejaban en paz; ellos habían sido el pago para su inmortalidad.

—Tsunade-san —Hinata giró su vista hacia la rubia, sólo para ver como esta se soltaba del pasamanos.

Y sin dudarlo, se lanzó hacia ella, la sostuvo con su mano derecha y la subió nuevamente. La rubia se sorprendió ante tal fuerza de la joven. Las sombras seguían avanzando hacia las dos para tratar de matarlas.

—Puedo librarla de la maldición —reveló la Hyūga.

—¿Cómo? —preguntó la mujer—. He pasado años tratando de redimirme de esto o de olvidarla siquiera.

—Deme su alma —soltó, mostrando un pequeño wagami**—, y esa maldición desaparecerá.

Aquellos seres al escuchar esto, se lanzaron contra ellas. Tsunade no parecía entender, pero Hinata le acercó la pequeña hoja y un pincel, mientras que con su uña le hizo una cortada en la mano izquierda. La sangre brotó de inmediato.

—Use su sangre como tinta —indicó la Hyūga—, para sellar el pacto.

Las sombras seguían avanzando.

—¿Qué eres tú? —preguntó intrigada.

Tomó parte de su sangre y escribió sobre el papel, este absorbió completamente el líquido carmesí. Hinata lo sujetó y lo dobló para después tragárselo, ante una sorprendida Tsunade que sólo veía como las blancas pupilas de la joven se agrietaban y que también, se le marcaban todas las venas de las templas alrededor de sus ojos.

Las sombras lanzaron un aullido irritante, mientras se desvanecían sin dejar rastro. Una calma las rodeó, a la vez que contemplaban como todo quedaba en silencio de nuevo.

—¿Se han ido? ¿así de fácil? —cuestionó.

—Querían su alma. Pero ahora ya no le pertenece… es mía —respondió levantándose—. Ya es libre de ellos.

Le dio una señal a la mujer para que se fuera y la dejara sola; esta sólo se levantó y caminó hacia la salida, todavía perturbada por lo que había pasado. Se detuvo y regresó a verla…

—Hinata Hyūga —la nombrada prestó atención—, ¿qué eres?

Hinata sonrió.

—Algo peor que esas cosas…

Y después de escuchar tales palabras, Tsunade siguió caminando.

. . .

Sabía que el Ama-no-jaku no había sido el responsable de aquellas muertes ni de la suya, esa criatura sólo hacía que la persona que lo invocara causara el mal, y para ello había usado esas terribles coincidencias para asustar a Tsunade y que así, ella se diera por vencida, entregándole su alma.

Suspiró y vio la altura en la que se encontraba. Ahora estaba tranquila de que aquellos seres habían desaparecido, tal vez así, todo permanecería en calma hasta llevar su plan a cabo; sonrío al saber que pronto, el culpable pagaría... y en aquel momento, recordó por qué había ayudado a la rubia: ella había sido la única persona en su antigua vida que la ayudó, le sonrió y fue su amiga.

Sin embargo, Tsunade había bloqueado todo recuerdo de su rostro y por tal razón, no se había impactado al verla; la rubia sólo quería olvidar, empezar de nuevo… y Hinata le había ofrecido esa nueva oportunidad.

Observó nuevamente el borde del edificio, recordando también como ella había regresado a la vida; la deuda que ahora tenía con los Hyūga. Se pasó al otro lado del barandal, jugando a soltarse y agarrarse de este mismo. Luego se preguntó que si volviera a morir al caer de esa altura… ¿aquel Hyūga la reviviría de nuevo?

Entonces, dejó de sostener el pasamanos y se lanzó al vacío. El viento alborotó su largo cabello, y su cuerpo se siguió desplomando hacia el suelo mientras miraba el cielo lleno de estrellas. Cayó. Luego, escuchó como su cráneo se partía, como los huesos se le rompían y como sus órganos se le deshacían; hasta pudo sentir como un líquido caliente salía de su cabeza.

Estaba muerta… de nuevo.

—¿Hinata? —la llamaron. Ella simplemente se levantó—, ¿qué haces tirada en el césped?

—Oh, Sakura-san —hizo que sus mejillas se sonrojaran rápidamente—, me quedé do-dormida.

Los otros seis jóvenes la miraban atentamente.

—Naruto-san —soltó, limpiando su ropa y revisando que no tuviera algún rastro de sangre—, ¿se e-encuentra mejor?

El nombrado caminó hacia ella; la tomó de las manos, implorando su respuesta.

—Hinata, ¿verdad que un monstruo me atacó? —preguntó—. Diles que es cierto…

—Lo siento —se soltó de su mano; después jugó con sus dedos—, pe-pero usted quiso entrar a ese salón… y se cortó.

—¡Ves, tonto! —Kiba le dio un coscorrón al rubio—, estabas alucinando.

La Hyūga dirigió su vista hacia las ventanas. Y notó que Tsunade los miraba desde uno de los cristales, pero las sombras ya no la acompañaban.

—Olvidemos eso —Sakura sonrió y le dio su bolso a Hinata—. Ya es tarde, y no quiero saber si esas sombras son reales.

—Pero, ¿y tus heridas, Sakura? — interrogó el rubio—, tú también tienes marcas…

Sin embargo, la nombrada mostró el área en la cual aquellos seres la habían herido, y pudieron contemplar que no había nada.

—Desaparecieron —explicó—. Es raro, pero como dice Sasuke —el nombrado sólo giró su cabeza—: Es mejor preocuparnos por otras cosas.

Y así, el joven azabache comenzó a avanzar sin siquiera esperarlos o despedirse.

—¡Espéranos, Teme! —gritó el rubio—. Tienes que acompañar a Hinata.

Pero ésta se detuvo, quedándose hasta atrás de sus compañeros; buscó su celular y marcó un número mientras seguía avanzando. Espero unos segundos y de pronto, una voz masculina respondió del otro lado de la línea.

—Hermano —hizo una pausa, pensando bien lo que iba a preguntar—, ¿tú conociste a una mujer llamada Tsunade Senju?

La otra voz esperó un tiempo para contestar…

—Sí —respondió fríamente—. ¿Eso es todo, Hinata?

—No, de hecho… —mordió su labio inferior—. ¿Cuántos años han pasado… desde que falleciste?

Sus compañeros permanecían alejados de ella, esperándola.

—Hace ya, veinte años —reveló—. ¿He respondido a tu duda, hermanita?

—Sí —sonrió—. Hasta pronto, hermano.

Después de eso colgó y siguió avanzando, recordando que ella ahora era una… inmortal.


Continuará…


"Más allá de la puerta"

Maldición: La palabra maldición está compuesta por dos frases "mal" "decir" (o sea, hablar mal de alguien, decir mal de una persona o cosa), y se refiere a la expresión de un deseo maligno dirigido contra una o varias personas que, se espera suelte una fuerza negativa y maligna, que actué en contra de la felicidad y provoque el fracaso o la destrucción del maldecido.

*Ama-no-jaku ("Espíritu divino malvado"): Es una criatura parecida a un demonio oriental. Por lo usual es representado como una especie de pequeño Oni (criaturas del folclore japonés, similares a los demonios u ogros occidentales), y es capaz de provocar los deseos más oscuros de una persona y así convencerlo de cometer malas acciones.

**Wagami (Washi, Papel del Japón o Papel Japón): Es un tipo de papel finísimo fabricado en el Japón con procedimientos no bien conocidos, empleándose como materia prima plantas de la flora local, como así también bambú, cáñamo, arroz y trigo. Se lo utiliza en varias artes tradicionales, tales como el Origami (papiroflexia), Shodō (caligrafía japonesa) y Ukiyo-e (estampa japonesa).


Notas de la autora:
Lo de arriba viene siendo como un mini-diccionario. Espero que no se lo tomen a mal y piensen que los trato de ignorantes; pero creo yo, que si he de hablar de ciertas cosas que posible no conozcamos al ser de la cultura japonesa, debo poner de qué tratan o algo así.

En fin, muchas gracias por tomarse su tiempo para leer.

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Antifashion19
No permito que nadie tome mis fanfics sin mi autorización, y mucho menos que lo publiquen en esta o en cualquier otra página diciendo que él/ella son los autores de dicha historia.
¡Eso es plagio!


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