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Disclaimer:
"Los personajes de Naruto, así como su mundo, son propiedad de Masashi Kishimoto; yo sólo los tomé prestados para hacer este fanfic"

Título: Vampyr
Autora: Antifashion19
Género: Sobrenatural | Horror | Misterio | Suspenso | Romance
Personaje(s)/pareja(s) principales: Hinata H. | Sasuke U. | Ino Y. | Naruto U. | Sakura H.
Advertencias: Sasuke x Hinata. Sakura x Naruto x Ino. Universo Alterno. Posible OoC. Palabras soeces.
Leve Yuri. Violencia y muertes.
Sobre aviso no hay engaño.

Si eres anti de estas parejas, no leas y ya; pero si eres un lector de gustos variados, y sólo te importa el contenido de la historia… ¡Bienvenido seas!

Créditos: La imagen que he usado para la portada le pertenece a 1090506, cuyo link a su DeviantART se encuentra en mi profile.

Edición: 12 de Enero de 2017. Con la perdida de todos mis escritos de mi laptop, he vuelto a editar.

Aclaraciones sobre el capítulo:
Bueno, en este capítulo se seguirá hablando de Futakuchi-Onna… y uno de los integrantes de la familia Hyūga hará su aparición. Sobre que Hinata no puede entrar a las casas sin invitación, es porque algunas tradiciones sostienen que un vampiro no puede entrar en una casa si no es invitado por el dueño; pero que una vez invitado, puede entrar y salir a placer.

Por cierto, lo primero que aparece en este capítulo es un recuerdo de Hinata, de cómo despertó y la familia a la que ahora pertenece. Ah, y otro detalle más: sé que siempre pongo los recuerdos en cursiva, pero a veces eso lastima y cansa la vista, por lo que en este capítulo me abstuve de usar este método; espero no se confundan.

Ahora sí, eso es todo.


Capítulo IV. Futakuchi-Onna
二口女
Segunda parte


La luz le molestó los ojos, aun así, los abrió por completo; y con su mano izquierda trató de protegerlos de los pequeños rayos solares que se colaban a través de lo que parecía una ventana, pero aquella extremidad no le respondió, se encontraba entumida. De pronto se sintió mareada, mientras la cabeza comenzaba a dolerle y su cuerpo a arderle intensamente, como si dentro de ella hubiese un fuego que no se podía extinguir… quemando cada parte de su ser.

Su garganta se encontraba reseca, así que se levantó levemente para poder visualizar en dónde se encontraba. Notó los grandes ventanales a un costado de la habitación que dejaban entrar los pequeños rastros de luz que iluminaban un poco el lugar, aún lado de éstos, unas elegantes telas estiradas -que estaban adornadas por pequeñas grecas y dibujos- se deslizan por el cristal hasta llegar a ras del suelo; el piso de mármol blanco, sobre éste una gran alfombra de color marfil y con un motivo floral decorándola, encima de ella había una pequeña mesa redonda de madera… dos de los asientos estaban ocupados.

Los dos presentes se levantaron, mirando como Hinata se despabilaba de la impresión. Ella se echó para atrás, topándose con la cabecera de madera; trató de gritar, pero de su garganta sólo salió un pequeño hilillo de voz finita, casi imperceptible.

—¿Cómo te llamas? —preguntó una de las dos personas, tratando de que ni uno de los pequeños rayos de sol que entraban por los ventanales le tocaran. Era una pequeña niña de unos trece años de edad, con cabello castaño y unos extraños ojos color blanco; la cual sostenía, con sus pequeños bracitos, un peluche con forma de conejo—, ¿cuál es tu nombre querida hermanita?

Hinata no entendía a lo que se refería. La niña se acercó a ella, sentándose sobre la cama. Mientras la otra persona, un joven un poco mayor que Hinata, y con el mismo color de cabellos y ojos que la pequeña, las observaba detenidamente, cruzado de brazos y recargado sobre la columna de madera oscura que sostenía el dosel sobre ellas.

—¿Ya despertó su hermana? —se escuchó detrás de ellos una hermosa voz femenina—. Mi pequeña hija.

Una atractiva mujer avanzó hacia ellos; con su pálida piel que le daba un aspecto divino, su largo cabello azabache moviéndose de un lado a otro, sus ojos color blanco y su sonrisa afable, hicieron que Hinata se serenara. Luego notó el sequito de sirvientes que le seguían y que después se apresuraban a tapar por completo los ventanales para que no entrara ningún rayo de sol, mientras otros encendían unos candelabros para que la habitación no quedara a oscuras; y al terminar su labor, los sirvientes salieron en completo silencio.

La elegante dama se sentó junto a la pequeña castaña, mirándola contenta; ensanchó su sonrisa, mostrando sus perfectos dientes.

—Buenos días, pequeña dormilona —acarició el cabello de Hinata—. ¿Te encuentras mejor?

Hinata asintió levemente. El suave tacto de la mujer hizo que su corazón dejara de latir desenfrenado y que soltara un suspiro.

—¿Recuerdas tu nombre? —le cuestionó.

Y al escuchar aquella pregunta, trató de recordarlo entre voces socarronas y risas siniestras que vagaban en su mente, causando que no pudiera escucharlo.

—Tranquila —le dijo la mujer al notar la expresión de angustia en su rostro.

Pero Hinata trató de concentrase un poco más, sin embargo, no podía; con sus manos se sujetó la cabeza que comenzaba a dolerle, arrugó el entrecejo a causa de la preocupación de estar en un lugar desconocido, con gente extraña y sin recordar su nombre.

¿Cuál era su nombre? ¿por qué se encontraba ahí?

Pero algunos de los recuerdos que había suprimido, brotaron sin control: su cruel infancia, las golpizas de su madre borracha, el no tener amigos, las burlas de sus compañeros, su primer amor, el rechazo de éste… y su fallecimiento. Sí, ella había muerto atropellada por un automóvil mientras huía de la escuela. Y también, se acordó de las sombras que se habían introducido por su garganta, desgarrándola por dentro.

Colocó rápidamente sus manos sobre su cuello, completamente paralizada por el miedo. Pequeños gemidos salieron de su boca.

—Calma —la bella dama le tomó su mano, sosteniéndola delicadamente para después acariciarla lentamente—. Fue difícil conseguir que no te convirtieras en un Yōkai*, pero tu padre lo logró.

Hinata se sorprendió ante tal palabra. ¿Su padre? Ella no tenía uno, porque desde que tenía uso de razón, su madre no dejaba de repetirle que aquel que la había embarazado se había ido de la ciudad, la había engañado y los había abandonado a su suerte.

—¿Pa-padre? —su pequeña voz salió sutilmente.

—Sí —sonrió la mujer—. Y no debemos hacerlo esperar, las criadas te vestirán para que bajes a cenar con nosotros, y él pueda conocerte.

Dos mujeres entraron apresuradamente, hicieron una reverencia ante la mujer y a los otros dos jóvenes, después, fueron acercándose a Hinata para ayudarla a levantarse; estaban a punto de quitarle el camisón cuando ella se los impidió, colocando sus manos sobre su pecho. La niña sólo permaneció viéndola encima de la cama, abrazando a su peluche. Y la mujer se giró, dándose cuenta de que el joven castaño aún permanecía de pie, observando a su nueva hermana.

—Hijo mío —la mujer le llamó la atención—. Querido, podrías salir un momento, no es propio que un hombre vea a una mujer vestirse, y más si ella es su nueva hermana.

—Lo que ordenes, madre —el castaño se fue retirando—. Hasta la cena, querida madre y hermanas.

—Por cierto, se me había olvidado —la elegante dama señaló a sus hijos—. Él es tu hermano Neji, y ella es Hanabi, tu hermana mayor… Mi nombre es Miko, y seré tu nueva madre.

Hinata trató de entender lo que le estaba sucediendo. Había fallecido pero ahora se encontraba en una habitación lujosa, junto a una hermosa mujer y sus hijos, que al parecer la habían adoptado.

—Mu-mucho gusto, mi no-nombre es… —inhaló profundamente para después exhalar. Sintió la mirada de todos los presentes sobre ella—, Hinata.

No pudo recordar su verdadero apellido.

—"Un lugar soleado" —soltó la pequeña niña—, qué bonito nombre… el mío quiere decir "fuegos artificiales".

—Gracias —habló un poco apenada—. El tu-tuyo también es bo-bonito.

—Madre —se escuchó la voz de Neji que las miraba cerca de la puerta de la habitación—, ¿puedo retirarme?

—Claro —la mujer le sonrió divertida.

Y tras esto, el joven abrió la puerta dispuesto a salir; pero ahí detenido y a punto de entrar, se encontraba un hombre adulto, de cabellos castaños y ojos blancos como él. Aquella persona lo miró seriamente…

—Padre —soltó Neji mientras se inclinaba levemente—, buenos días.

Y al ver esto, la pequeña castaña se levantó de la cama apresuradamente para imitar a su hermano. Entonces aquel hombre entró a la habitación con paso decidido, con su aspecto ascético, solemne y majestuoso; su porte estoico, su andar grave y su mirada profunda lo distinguían como todo un aristócrata de noble alcurnia. De pronto, un miedo inexplicable inundó el cuerpo de Hinata al sentir la fría mirada de aquel señor, tragó saliva y trató de apaciguar su corazón, pero sus manos le seguían temblando.

—Hiashi —Miko se alzó, desplegando su vestido y sacudiéndolo un poco, para que así las arrugas de éste se desvanecieran—, ¿acaso no es hermosa nuestra nueva hija?

El nombrado escaneó a Hinata de arriba hacia abajo, con desdén; después sonrió arrogantemente y regresó a ver a su esposa. Ésta pareció no haberse dado cuenta de los gestos de su pareja.

—Claro… —se volteó de nueva cuenta hacia la puerta, mientras Neji aún seguía sujetando la perilla—, pero debe apresurarse.

Y sin más nada que decir, Hinata lo vio avanzar con petulancia, mirándola de reojo con aquellos extraños ojos blancos (que aunque todos tenían el mismo color, eso la tenía completamente asustada); luego el hombre se detuvo en el marco de la puerta, giró sutilmente su cabeza y la inclinó levemente en modo de despedida.

—Neji —llamó al castaño que le seguía—, tú serás el encargado de enseñarle las reglas del clan Hyūga.

—Pe-pero… —Hinata interrumpió sobresaltada—, yo no pe-pertenezco a este clan.

Tras escuchar esto, Hiashi la regresó a ver, indignado por la manera en la que había despreciado a su noble familia; torció un poco los labios, pero enseguida, recobró su solemne postura. Sin embargo, Neji caminó hacia Hinata, tomándola de los hombros y acercándola a un pequeño tocador que se encontraba a poca distancia de la cama, le quitó los mechones azabaches que le estorbaban en el rostro y le mostró sus nuevos ojos.

Y al verlos, ella dio dos pasos hacia atrás, empero el castaño impidió que siguiera retrocediendo. Un silencio inquietante inundó cada espacio de la habitación.

—Mi-mis ojos —acercó una de sus manos temblorosas a ellos—, son blancos… co-completamente blancos.

—¿Ahora lo ves? —Neji apretó un poco el agarre, acercando sus labios al odio izquierdo de ella para susurrarle—: Tú ya perteneces a este clan. Tú, Hinata Hyūga.

—Dejemos la habitación —soltó Hiashi. La pequeña Hanabi y Neji salieron inmediatamente, mientras que él sujetaba a su esposa, tomándola delicadamente de las manos—. Las criadas se encargaran de vestirla apropiadamente…

El hombre salió junto con Miko, dejando a una Hinata completamente aturdida. La puerta se cerró, y ella cayó al piso debido a que sus piernas habían flaqueado, tratando de entender qué era lo que le había pasado después de ser atropellada por ese automóvil.

—Hinata-sama —una de las sirvientas trató de sacarla de su trance—, si nos permite, debemos vestirla.

Parpadeó pausadamente y contuvo la respiración un momento, contando lentamente hasta cinco antes de soltarla; repitiéndose en su mente, una y otra vez, que a partir de aquel accidente ella ya no sería normal…

. . .

Escuchó el grito aterrador de su compañero; abrió los ojos de golpe e inhaló profundamente todo el aire que podía, luego se levantó súbitamente. Empezó a notar que algo en su interior le empezaba a estremecer, notó como si dentro de sí misma hubiera algo que la quisiera desgarrar para hallar la manera de escapar de su cuerpo. Trató de hablar pero, de repente, su voz se ahogó en unas arcadas ya que algo obstruía su tráquea; vomitó manchando la acera de rojo, y de pronto vio tres de sus dientes dentro del charco de sangre. El ritmo cardíaco de su corazón volvió a restablecerse, y su respiración agitada poco a poco fue regularizándose.

Pasó una de sus manos sobre su rostro, se dio cuenta de la fractura en su nariz a causa del fuerte impacto contra la puerta, escupió los otros dientes que ya tenía flojos y maldijo internamente.

—¡Abran! —gritó molesta. Sabía que no podía entrar a esa casa por sí misma, necesitaba una cordial invitación—, ¡abran la puerta!

Ésta se abrió pausadamente, dejando ver una mano femenina, pálida y temblorosa. Hinata se acercó a la entrada, limpiándose los rastros de sangre, mientras que de sus encías nuevos dientes volvían a brotar; no escuchó ruido alguno, ni voces, ni siquiera los gritos de sus compañeros. La rubia a la que habían ido a visitar ahora se encontraba de pie, sosteniendo la puerta y observándola, suplicándole ayuda.

—¿Puedes dejarme entrar? —Hinata preguntó, mirando de reojo, tratando de encontrar a sus compañeros—. Mi nombre es…

—¿Quién eres tú? ¿Hinata? ¿estás viva? —la rubia comenzó a llorar desenfrenadamente—. No, ¡tú moriste!

La Hyūga se sorprendió al ver como esa joven que se encontraba enfrente, lloraba desconsolada al volver a verle, y que había recordado su nombre con tanto dolor; porque ella había olvidado que esa chica, Yamanaka Ino, era la única que en su anterior vida la había tratado como igual, nunca se burló de ella y jamás habló a sus espaldas… al contrario, siempre le sonrió.

—Déjame entrar Ino… —pidió, tratando de que la segunda boca no se diera cuenta de su presencia, sonrió amablemente para ganar la confianza de la rubia—, por favor.

—No puedes —la Yamanaka la miró aterrada, colocando uno de sus brazos para evitar la intromisión de Hinata—. Ella tiene hambre, no la puedo detener… quiere comer todo lo que ve, y yo no la puedo contener.

De repente, Ino se tiró al suelo sosteniendo su cabeza con las dos manos, aferrándose fuertemente, chillando desesperada, moviéndose de un lado a otro; mientras sus cabellos rubios fueron alargándose, agitándose amenazadoramente hacia la Hyūga, la tomaron de las muñecas y la halaron dentro de la casa con una fuerza brutal. Hinata sólo podía tirar de ellas, escuchando como los huesos de sus manos se rompían uno tras uno.

Y la rubia seguía tirada en el suelo, pidiendo que se detuviera y que la dejara en paz.

Los chirridos e insultos de la segunda boca se escuchaban con más intensidad, demandándole a la Yamanaka que la alimentara, que se apresurara. Pero Hinata seguía resistiéndose a ser inmovilizada por los rubios cabellos en forma de serpientes que se movían de un lado a otro, escuchando como la segunda boca ofendía a su compañera, sin embargo, los largos mechones de cabello se detuvieron; un espeluznante silencio reinó la habitación por varios segundos, la cabellera de Ino la dejó en paz, pero ésta se puso en cuclillas, girando rápidamente para darle la espalda a la joven de ojos blancos.

—Puedes pasar Hinata —escuchó la voz casi imperceptible de su compañera—. Vamos, entra.

La Hyūga entró lentamente, sobándose las muñecas y esperando que éstas se autocurarán como siempre lo hacía todo su cuerpo; e Ino se hizo a un lado, pero Hinata sabía que esa chica ya no era la misma, la segunda boca la tenía completamente sometida, bajo su control total, y si no hacía algo inmediatamente, aquella rubia tendría que morir irremediablemente. No podía dejar a un Yōkai de esa peligrosidad rondando tan tranquilamente por las calles de Konoha.

Su madre se lo reprocharía.

Cerró la puerta detrás de ella para evitar que hubiese más testigos. Ino sonrió perversamente mientras que Hinata poco a poco introducía su mano derecha en el bolso que llevaba; tocó la pequeña daga que llevaba dentro, aquella arma que le había regalado su madre para protegerse en cualquier caso. Inhaló profundamente y la sacó.

—¡Dame de comer! —gritó la segunda boca, provocando que la rubia se lanzara contra Hinata—. ¡Mátala!

—Debo darle de comer —soltó Ino—, debe comerte.

La Hyūga se alejó lo suficiente, tomando la distancia perfecta para preparar su ataque; esperó que la Yamanaka se le arrojara y la esquivó rápidamente, tomándola por el cuello y azotándola contra el piso. Los rubios cabellos de ésta trataban de ahorcarla, mientras sus delgadas manos intentaban lograr que Hinata le soltara. Sin embargo, una vez que sometió a su compañera se le subió encima, levantando al aire la daga y después la dejó caer sobre ella.

—¡Ayuda! —gritó Ino.

Pero Hinata le tapó rápidamente la boca. Los ojos azules de Ino la observaban aterrorizados, mirando como aquella joven cortaba su cabello frenéticamente; intentó darle patadas y moverse de un lado a otro mientras que la boca que se encontraba en su nuca, y siendo sofocada por el peso de su compañera, le pedía ayuda dentro de su mente.

La Hyūga cortó todo el cabello de la rubia, dejándoselo a la altura de los hombros. La segunda boca chilló con fuerza, desesperada y completamente enojada.

—Llora lo que sea, estúpida boca —Hinata se echó hacia atrás para poder recargarse en una de las paredes—, llora y patalea.

—¿Por qué me cortaste el cabello? —preguntó la segunda boca, mientras Ino seguía llorando—. ¡No puedes detenerme!

—A una cucaracha si le cortan la cabeza, no se muere por el hecho en sí de que le hayan cortado la cabeza… —Hinata se masajeó el cuello con su mano izquierda, y con la derecha sostuvo aquella daga, mientras seguía amenazando a la rubia—, se muere de hambre porque no tiene boca por la cual alimentarse… así que puede durar días y semanas con la última comida, antes de morir.

La segunda boca rió con sorna, burlándose de Hinata, pero ésta sólo comenzó a jugar con la pequeña arma que aun sostenía; se fue levantando lentamente.

—Ríete todo lo que quieras —tronó su cuello, inclinando su cabeza de un lado a otro—. Veremos cuánto tiempo tardas sin que tu anfitrión te alimente… sin cabello que usar como tentáculos para obtener comida, no sobrevivirás por mucho.

La Hyūga caminó hacia la joven que yacía en el suelo, mostró una sonrisa descarada, exponiendo sus blancos dientes, para luego cambiar ligeramente; convirtiéndose en algo feroz y salvaje, mientras que sus colmillos puntiagudos fueron asomándose sobre sus labios rosas manchados de carmesí.

Un ruido desde la segunda planta de la casa llamó la atención de ambas, regresaron a verse, y Hinata pudo notar la maldad brillando en los ojos azules de la rubia. Ésta se levantó súbitamente y corrió por las escaleras, brincando de dos en dos escalones; y la joven de ojos blancos apenas pudo reaccionar, persiguiéndola enseguida.

Pero aquella chica ya le llevaba ventaja, y estaba decidida a devorar a sus compañeros… si es que aún seguían con vida.

. . .

Vio el bote de champú caerse desde la pequeña repisa que se encontraba a lado de la puerta, después regresó la mirada hacia los demás, pero ellos siguieron en sus respectivos lugares; así que siguió revisando los estantes en busca de algo que le pudiera ser de utilidad, de pronto, notó que todos comenzaron a observarla. Giró la vista hacia su compañero que permanecía sentado sobre la orilla de la tina de baño, tratando de parar la hemorragia en la mano de Chōji; éste quería observar el miembro herido para ver que no le faltasen algunos dedos, sin embargo, sus amigos se lo impidieron.

Mientras, Sasuke y Naruto se encargaban de atrancar muy bien la puerta para que aquel terrible ser no pudiera entrar a devorarlos. El rubio aún trataba de entender qué es lo que había sucedido, se habían descuidado unos segundos sólo para contemplar que algo detrás de la cabeza de Ino mordía la mano izquierda de Chōji; aterrados, lograron separarlo de ahí, pero aquella cosa le había arrancado parte de su piel.

—¿Mis dedos están completos…? —preguntó, completamente asustado—, ¿o me los arrancó?

—Sí, están completos —respondió la Haruno, avanzando hacia ellos con un bote de alcohol, gasas y algunas vendas que había encontrado en el botiquín dentro del baño—. Sólo te aruñó.

Y al escuchar tal aseveración, Shikamaru vio de reojo a Sakura, como ésta había mentido para tranquilizarlo un poco ya que aquello no era para nada un simple rasguño; era una gran herida que necesitaba ser suturada rápidamente, pero mientras Ino estuviese allá afuera, no podrían hacer nada más que esperar. La Haruno comenzó a curar la mano de Chōji, sentándose junto a él.

Por otra parte, Kiba se mantenía revisando la única ventana dentro de aquel lugar, tratando de que ésta se abriese; pero por más que intentaba no podía, ya que se encontraba atascada.

—¡Mierda! —gritó fastidiado—. Ésta porquería no abre…

—Cálmate Kiba —Shino se acercó a él para ayudarle—, no debemos desesperarnos.

—¿Bromeas, cierto? —preguntó—. ¡Ino quiere matarnos! ¡comernos!

—Esa no es Ino —Sakura bajó la mirada hacia el piso, sus amigos se quedaron en silencio—. No sé qué esté pasando, pero ella no es Ino.

Sasuke se quedó en silencio, contemplando como aquella joven sufría por ver a su amiga en tal estado, más sin embargo, no hizo nada; simplemente se quedó ahí, recargado en la puerta para que Ino no pudiera entrar, si es que recordaba que ellos aún seguían dentro de la casa.

—Es Futakuchi-Onna… la "mujer de dos bocas" —soltó el Aburame y cuando todos los presentes le prestaron atención, se acomodó sus lentes oscuros y esperó unos segundos antes de proseguir—. Es una mujer que está afectada por una maldición convertida así, en Yōkai. Es representada con una boca regular y otra extra en la nuca, incrustada en el cráneo, debajo del cabello…

—Usualmente esta maldición se atribuye a las mujeres que no alimentan a sus hijastros, dejándolos morir, mientras sí proporcionaban un buen cuidado a sus hijos propios —Shikamaru siguió el relato, a la vez que ayudaba a Chōji a reincorporarse—. Se dice que el espíritu del niño abandonado, se instala en el cuerpo de la madrastra para tomar venganza y así la mujer es transformada en Futakuchi-Onna.

—Pero, Ino no tiene hijos —interrumpió Kiba, mientras seguía tratando de abrir la ventana.

Chōji asintió rápidamente.

—También se atribuye la maldición a mujeres que no comen —Shino miró a Sakura, en como ella se sorprendía ante aquellas palabras—, entonces la boca en la parte posterior de su cabeza se alimenta por ambas bocas comiendo el doble. La segunda boca que posee la Futakuchi-Onna tiene consciencia propia, a tal punto de llegar a sugestionar a la mujer para que cometa cualquier tipo de acción… y si ésta intenta resistirse, la segunda boca emitirá un grito doloroso que no cesara hasta que la mujer se rinda.

—Entonces Ino nos atacó por culpa de esa segunda boca, ¿verdad? —preguntó Naruto—, porque ella no es así… no es así —se llevó la mano a su frente—. ¿Podremos salvarla?

Un silencio rigió por varios segundos en aquella habitación. Sakura entendió ahí que tal vez no podrían hacer nada por su mejor amiga; así que se levantó sin mirar a nadie, se acercó a la puerta dispuesta a abrirla pero la fuerte mano de Sasuke se lo impidió, ella miró aquellos ojos azabaches que la observaban fríamente…

"Quita tu mano", quiso exigirle a Sasuke, pero como siempre, no pudo hacerlo; sólo se limitó a agachar su cabeza.

—No sé cómo pueda salvarse —Shikamaru suspiró con cansancio, a la vez que colocaba su mano sobre el hombro de Chōji, quien se encontraba apesadumbrado—. Esto es algo que…

—¡Abrió! —soltó aliviado—, ¡la ventana se abrió, así que salgamos!

Uno a uno fue acercándose a la pequeña ventana, observando hacia afuera y tratando de visualizar cómo bajar sin caerse; pero Sakura que se había quedado atrás, se colocó frente a la puerta y tomó la perilla, girándola lentamente hasta que abrió. Los demás sólo alcanzaron a contemplar como su compañera salía de la habitación y, cuando por fin reaccionaron, corrieron tras ella, tratando de impedírselo; sin embargo no pudieron detenerla, la Haruno avanzó hacia la rubia que estaba frente a ella, mirándola desquiciadamente. Aun así, no dudó, ni por un instante; tenía que salvar a su amiga…

E Ino miró a Sakura por última vez antes de arrojarse contra ella, notando que ésta ni siquiera cerraba sus verdes ojos ante su ataque, sólo extendió sus brazos para poder abrazarle; de pronto la rubia se detuvo con sus ojos cristalizados e hinchados de tanto llorar, su respiración acelerada poco a poco fue regularizándose. Ambas permanecieron calladas. Y entonces, la Yamanaka cayó al suelo hincada, sosteniendo fuertemente la mano de Sakura; y ésta última únicamente la miró desplomarse para después abrazarla fuertemente, inhalando el suave aroma de su cabello que ahora estaba al ras de sus hombros.

—Sa-sakura… aléjate de ella —pronunció Kiba, esperando que Ino no le hiciera daño a su amiga—, puede lastimarte.

—Váyanse —murmuró la nombrada—. Yo me quedaré con Ino-cerda, ella es… mi amiga.

Ino sonrió feliz, se calmó y sus pequeños cabellos -que se movían sin control- poco a poco se fueron apaciguando.

Mientras que Hinata se mantenía al margen, observándolos escondida entre un pequeño anaquel en el descanso de la escalera; suspiró y agradeció que la sangre que le hizo ingerir a la segunda boca funcionara, miró la gran herida en su mano derecha, notando como se curaba.

"Su sangre inmortal, tóxica para cualquier Yōkai"

Chasqueó la lengua y esperó pacientemente a que se dieran cuenta de su presencia.

—¡Pu-puedo sentirla atrás de mi cabeza! —sollozó—, ¡aún está en mí!

—Tranquila —Sakura revisó detrás de su amiga, notando como la segunda boca ahora permanecía cerrada, pero en constante movimiento—. Está cerrada, creo que ya no hará más daño.

Sus compañeros fueron acercándose, para poder ver que Ino se encontrara bien. Sin embargo, el único que no se movió fue Sasuke que buscó con la mirada a la Hyūga; lo único que recordaba era el haber dejado a la joven afuera, en la puerta de la casa, y como esta les había advertido que no entraran ya que algo malo pasaba.

—¿Y Hinata? —preguntó Naruto, asomándose por el barandal—, no está.

—La Hyūga se quedó allá afuera. Quizás huyó… —respondió rápidamente el Uchiha. Hinata sólo torció la boca molesta, mientras que las ganas de golpearle la cara volvieron a inundarle—, después de escuchar sus gritos.

—¡Teme! ¡tú también gritaste! —se quejó el rubio—. ¡Y fuiste el que más gritaste!

Ino sonrió, tratando de que no se dieran cuenta de lo que había pasado entre ella y esa chica que no sólo se parecía a la Hinata que había muerto atropellada, sino que también tenían el mismo nombre; luego recordó como esa joven de ojos blancos le había mostrados sus colmillos blancos, dispuesta a asesinarle. Un escalofrió le recorrió cada vertebra de su columna, y de pronto se sintió observada, así que giró la vista hacia las escaleras, esperando encontrar a Hinata espiándolos.

Pero no había nadie más; movió la cabeza de un lado a otro y suspiró.

—¡¿Pero qué sucedió aquí? —se escuchó la voz de la madre de Ino. Todos se miraron unos a otros, esperando buscar una excusa al desastre que su amiga había causado—. ¡Ino! ¡¿dónde estás?

—¡Estoy bien, mamá! —asomó su cabeza—. ¡Estoy en la planta de arriba!

La Yamanaka se giró hacia sus amigos, completamente nerviosa.

—Ok, Shikamaru —Ino lo llamó—, ¿cuál es el plan?

El nombrado adoptó la posición que siempre toma para concentrarse, poniendo sus dedos juntos en forma de plato hondo y cerrando sus ojos; torció la boca y comenzó a explicarles. Mientras que Hinata salió de aquel lugar, sin ser detectada…

. . .

—Parece sangre de verdad —soltó sorprendido—. Es tan… realista.

El padre de Ino estaba a punto de tocar los restos del gato de su hija sin saberlo, pero fue detenido por las manos de Shino; los demás sólo sonrieron nerviosos, mientras seguían recogiendo todo el desastre dentro de la casa.

—¿Pero, para qué les sirve esto? —preguntó curioso.

—Es para una película casera que tenemos que hacer, es un proyecto de la clase de Iruka-sensei —Ino respondió rápidamente—. Y aprovecharon que venían a visitarme, para hacer la escena y divertirnos un poco.

Aquel hombre pareció no creerles, pero, se conformaba con ver a su hija sana y alegre… totalmente recuperada. Suspiró hondamente mientas le acariciaba la cabeza, mirando como ahora su cabello rubio se encontraba corto; rodó los ojos y siguió revolviéndoselo.

—¿Y para eso te cortaste el cabello? —cuestionó—. Fue algo extremo.

—Lo sé, pero hace tiempo quería cortarlo —soltó nerviosa, esperando que la boca que se encontraba en su nuca, no se despertara—. Pero me veo hermosa, ¿no?

Su padre asintió. Mientras su madre seguía buscando a su mascota, sin saber que ésta ahora estaba muerta, devorada por Futakuchi-Onna. Naruto había sido culpado por el desastre, argumentando que él se dejó llevar en una escena de la supuesta película; y los padres de Ino ni siquiera dudaron de ese hecho, ya que sabían lo descuidado que era el rubio, y que siempre causaba catástrofes. Shikamaru se había encargado de llevar a Chōji a que le atendieran la mano para que nadie se diera cuenta.

—Tengo hambre —susurró Ino de repente, regresando a ver a todos—, mucha hambre.

Sus cinco compañeros que aún permanecían ahí, fueron retrocediendo poco a poco…

. . .

El agua resbalaba por su cuerpo, recorriendo cada parte de su piel; siguió frotándola con el jabón, quitando la sangre y suciedad de ella. Miró de nueva cuenta la marca que había quedado en su mano, recordando que tal vez podía curarse, pero heridas causadas por el contacto de cualquier criatura sobrenatural podían dejarle cicatrices.

Volvió a enjuagarse y cuando terminó de asearse, tomó una toalla para secarse rápidamente, luego se la colocó alrededor del cuerpo y salió del baño, bostezando del sueño. Miró al sujeto de cabello castaño que se encontraba sentado sobre su cama, escaneándola de arriba hacia abajo; éste le sonrió arrogantemente. Pero Hinata sólo avanzó hacia él, quitándose la toalla para dejarla caer sobre el suelo. El joven de ojos blancos le alcanzó la ropa interior y ella se lo agradeció para proseguir cambiándose delante de él, sin tapujos.

—¿Hace cuánto tiempo llevas aquí…? —preguntó como si nada, acomodándose el sostén—, Neji.

—Toda la tarde. Pero al parecer estabas en clase —sonrió—, querida hermana.

—Exterminé a una Futakuchi-Onna —respondió, ahora secándose el cabello.

—¿Dándole tu sangre? —Neji se levantó, acercándose peligrosamente a ella, mientras con su mano derecha le acariciaba el hombro desnudo—. Y yo… ¿puedo probarla?

Hinata pudo ver como él sacaba sus colmillos a relucir, a punto de encajárselos… más sin embargo se detuvo. Luego se volteó dándole la espalda, completamente divertido; llegó hasta la puerta de la habitación, y la vio de reojo.

—Ahora viviré contigo, querida Hinata —y cerró la puerta detrás de él.

La Hyūga cayó sentada sobre su cama, con el corazón latiéndole desesperado y sus mejillas sonrojadas, porque sabía que, a pesar de haber pasado unos meses lejos de Neji, él seguía causando ese efecto en ella: Excitación. Y eso para nada la hacía feliz porque, aunque ambos no llevaban la misma sangre, se habían convertido en hermanos.

—Esta será una noche larga —murmuró, recostándose y viendo hacia la ventana—, una muy larga noche.

. . .

Contemplaba el cielo nocturno, lleno de estrellas que no dejaban de brillar; luego cerró sus ojos azules, recibiendo la suave brisa en su rostro. De pronto, la puerta de su habitación se abrió, y entró su amiga con dos tazas humeantes de café en cada mano…

Y se acercó a ella.

—Toma —le ofreció una de las tazas—. Esto nos mantendrá despiertas.

—Gracias —dijo y después bebió un sorbo—. Aprecio mucho que te quedaras conmigo.

—No tenía de otra, Ino-cerda —le sacó la lengua, burlándose de ella—. Eres mi uni… mejor amiga, lo sabes bien.

—Lo sé… —se quedó callada, sintiendo como la segunda boca se movía en su cabeza—. ¡Oh Dios, aun se mueve!

Sakura revisó rápidamente mientras Ino inclinaba su cabeza hacia adelante; buscó entre los rubios cabellos de su amiga, encontrándose con esa boca, cerrada y al parecer encogiéndose lentamente.

—Tranquila —recobró su postura—. Está haciéndose más pequeña… pero, aun no entiendo cómo es que te has recuperado.

—No sé —volvió a tomar otro sorbo rápidamente, evitando que su amiga se diera cuenta de lo nerviosa que estaba—, no lo recuerdo.

—Lo bueno es que esto terminó —sonrió amablemente—. Pero por si las dudas, debemos quedarnos despiertas para evitar que termine siendo devorada.

Ino asintió, recordando lo que aquella chica parecida a Hinata le había hecho beber, y que probablemente eso fuera la causa de la curación de tan espantosa maldición; empero, guardó silencio, hasta poder encontrarse con esa joven y hablar directamente con ella. Luego apretó el barandal del balcón de su recamara cuando sintió de nueva cuenta que su segunda boca se movía, pero ahora, Sakura le tomó de la mano mostrándole su apoyo.

—Esta será una noche muy larga —hablaron al mismo tiempo.

Sonrieron.

Ambas se sentaron recargadas sobre la cama de la rubia, con sus tazas de café, observando las estrellas alumbrar aquel cielo oscuro.


Continuará…


"Más allá de la puerta"

*Yōkai: Son fantasmas, apariciones, demonios o monstruos, son una clase de criaturas en la cultura japonesa (unos poseen parte de animal y parte de rasgos humanos).

Los Yōkai son generalmente más poderosos que los seres humanos, y debido a esto, tienden a actuar con arrogancia sobre los mortales. Tienen valores diferentes de los humanos, y cuando estos entran en conflicto pueden conducir a la enemistad. Ellos son generalmente invulnerables al ataque humano, pero pueden ser derrotados por expertos exterminadores yōkai y monjes budistas con la bendición de Buda. Algunos simplemente evitan a los seres humanos y así el problema que conllevaban; generalmente habitan áreas aisladas lejos de viviendas humanas. Otros, sin embargo, deciden vivir cerca de asentamientos humanos conviviendo en buena armonía. Algunas historias cuentan que los yōkai crían con los humanos para tener "humanos mitad demonios".

Hay una variedad amplia de Yōkai en el folclore japonés. En general, el Yōkai es un amplio término, y se puede utilizar y abarcar a virtualmente todos los monstruos y los seres supernaturales uniformes, incluyendo a veces criaturas del folclore europeo.


Notas de la autora:
¿Creen que esto ya acabó?
Pues sobre esta criatura sí, pero aún faltan más. Sobre cómo Hinata le dio de su sangre a Ino, se verá en el siguiente capítulo; lo de Neji y Hinata no es una relación muy sana que se diga, ya verán por qué, o más bien, ya se dieron una idea con aquel párrafo. No sé qué otra duda se aclarará, pero si tienen más, o algún comentario, etc., ya saben dónde hacérmelo llegar.

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