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Disclaimer:
"Los personajes de Naruto, así como su mundo, son propiedad de Masashi Kishimoto; yo sólo los tomé prestados para hacer este fanfic"
Título: Vampyr
Autora: Antifashion19
Género: Sobrenatural | Horror | Misterio | Suspenso | Romance
Personaje(s)/pareja(s) principales: Hinata H. | Sasuke U. | Ino Y. | Naruto U. | Sakura H.
Advertencias: Sasuke x Hinata. Sakura x Naruto x Ino. Universo Alterno. Posible OoC. Palabras soeces.
Leve Yuri. Violencia y muertes.
Sobre aviso no hay engaño.
Si eres anti de estas parejas, no leas y ya; pero si eres un lector de gustos variados, y sólo te importa el contenido de la historia… ¡Bienvenido seas!
Créditos: La imagen que he usado para la portada le pertenece a 1090506, cuyo link a su DeviantART se encuentra en mi profile.
Edición: 27 de Enero de 2017. Con la perdida de todos mis escritos de mi laptop, he vuelto a editar.
Aclaraciones sobre el capítulo:
En este capítulo hablaré de Señor Bocón, el personaje de un creepypasta famoso que vaga por internet. El autor de esa historia no sé quién es, así que no puedo darle los créditos correspondientes; sin embargo, aclaro que la historia no me pertenece… sólo intenté hacer una adaptación, pero varios de los diálogos los he mantenido del original.
Todo este capítulo es un recuerdo de la infancia de Sasuke, para que así entiendan la historia de Señor Bocón. Creo que eso es todo… por ahora.
Capítulo VI. Señor Bocón
Primera parte
Observó a su familia parados frente a su nuevo hogar. Una hermosa casa a las afueras de Konoha, lejos del bullicio de la ciudad y del trabajo de su padre… un precioso lugar rodeado por el inmenso bosque; y una casa que era grande, espaciosa, con un bello jardín y un patio en donde podría correr y jugar felizmente junto a su hermano mayor.
Parpadeó unas cuantas veces, abrazando fuertemente al peluche en forma de dinosaurio verde que Itachi le había regalo en su cumpleaños pasado. Éste último, le sujetó la mano y le sonrió amablemente.
—¿Aquí es donde viviremos? —preguntó curioso.
—Sí, este es nuestro nuevo hogar —soltó la madre de ambos—. ¿No es lindo?
Sasuke siguió contemplando la gran casa un poco sorprendido. Su familia fue dirigiéndose a la entraba, mientras el pequeño Uchiha miró a su alrededor, caminando un poco más lento que ellos para seguir examinando el lugar que iba a ser su nuevo hogar; sin embargo, se sentía vigilado, perseguido, como si alguien lo observara desde la casa; trató de calmarse y avanzó un poco más rápido hasta acercarse a su hermano mayor.
Pero, ya cerca de la puerta de la casa, la impresión de ser perseguido fue cada vez más fuerte; el reflejo de unos brillantes ojos blancos viéndolo desde la ventana de la segunda planta le terminó de quitar el aliento.
¿Qué era lo que había ahí? ¿la casa se encontraba realmente vacía? ¿por qué se seguía sintiendo asechado?
Casi no podía respirar, su corazón latía con tanta fuerza en su pecho que por un momento se le nubló la vista. De pronto, los ojos blancos desaparecieron; pero una suave risilla se escuchó a su alrededor, haciéndolo girar sobre sí mismo para intentar descifrar de dónde provenía aquel sonido.
—¿Hola? —preguntó, acercándose al bosque—, ¿quién está ahí?
—Yo —contestó una vocecilla.
—¿Quién? —Sasuke creyó que sólo era su imaginación, pero escuchó de nueva cuenta aquella risilla—. ¿En dónde estás?
—¡Acá arriba! —el pequeño Uchiha levantó la vista hacia el árbol que estaba frente a él, y descubrió una silueta difusa que se encontraba sentada sobre una rama—, ¡aquí estoy!
Los ojos blancos volvían a observarlo. Aquella criatura sonrió maliciosa y perturbadoramente…
—Sasuke —la voz de Itachi lo hizo regresar a ver hacia la casa—, ¿qué haces? Entra ya.
El pequeño azabache asintió rápidamente, giró la vista hacia el árbol en el que se hallaba aquel ser, pero ya no encontró a nadie; de pronto, sintió un escalofrío recorriendo su columna vertebral, y asustado corrió hacia la casa. Aquella criatura lo siguió vigilando, observando como aquel pequeño huía… se relamió los labios y ensanchó su sonrisa, mostrando así, las dos hileras de pequeños y afilados dientes.
Su risa siniestra se difuminó en el aire, mientras los sonidos del bosque nocturno tomaron su lugar.
. . .
Despertó en medio de la noche. Todas las luces de la casa se encontraban apagadas al igual que las de afuera, pero aun así podía ver con claridad, se sentó en la cama, escuchando el silencio; miró que el reloj marcaba las tres de la mañana, y que por la ventana se distinguía un cielo oscuro, mientras el árbol que se hallaba frente a su ventana bailaba con la suave ventisca, haciendo ruidos con el vidrio de ésta.
Se levantó de la cama y lentamente se dirigió al baño que se ubicaba en el pasillo; la puerta de la habitación de sus padres se encontraba cerrada, estaban completamente dormidos. Se quedó quieto un momento, y paseó su vista por el pasillo oscuro y vacío, luego se dirigió paso a paso hacia el baño; abrió la puerta, entró y cerró detrás de él. Encendió la luz y se miró en el espejo, manteniendo fija la mirada en sí mismo por un rato. Bostezó.
Volteó hacia el inodoro y comenzó a orinar. Escuchó un pequeño ruido, haciendo que se detuviera por un momento.; no estaba sobresaltado, sabía que sus padres y su hermano seguían en la casa, continuó. De nuevo escuchó el ruido, unos pequeños pasos que corrían por el pasillo, abrió un poco la puerta y asomó la cabeza sólo para contemplar como la puerta al final del corredor se cerraba.
—¿Itachi? —preguntó, pero nadie le contestó—, ¿mamá? ¿papá?
Cerró y caminó hacia el lavabo, lavó rápidamente sus manos y jaló la cadena del inodoro. Abrió de nueva cuenta la puerta del baño, miró otra vez el pasillo y comenzó a caminar lentamente hasta el final de este, observando una serie de cuartos, los cuales estaban totalmente desocupados. Llegó hasta la puerta que se había cerrado y acercó su oído.
—Sasu-chan —pudo escuchar como alguien lo llamaba desde adentro—. Ven, Sasu-chan.
Inhaló profundamente y giró lentamente el pomo de la puerta. Abrió tan sólo un poco, lo suficiente para ver quien se encontraba dentro de la habitación; y sin hacer el más mínimo ruido entró, esperó a que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad… y entonces pudo distinguir la pequeña silueta de aquella criatura que le miraba sonriente.
Encendió la luz de la habitación, encontrándose con un ser de estatura baja, de cuerpo deforme, un poco regordete y peludo; con una cabeza más grande que éste, gran nariz, unos brillantes ojos blancos, orejas arrugadas y una boca enorme, dentro de ésta, unos diminutos dientes se asomaban.
La puerta se cerró detrás de él.
—¿Quién eres tú? —inquirió el pequeño Sasuke—, ¿cómo te llamas?
—Señor Bocón —respondió acercándosele—. Porque tengo una enorme boca.
—Te pareces a un Furby* —soltó.
Señor Bocón le miró extrañado, parpadeó rápidamente. Sasuke le miró y jugó con sus manitas, aquella criatura con el aspecto de ese juguete le pareció divertida.
—¿Furby? ¿qué es un Furby? —cuestionó intrigado.
—Oh, bueno… —meditó un poco. Se acercó a la criatura—. Veras… es un pequeño juguete peludo…
Aquel ser ladeó la cabeza hacia la derecha. Sasuke tomó sus orejas y las levantó un poco.
—Con unas orejas enormes —le sonrió—, y lo puedes acariciar, alimentar… como si fuera una mascota de verdad.
—¡Oh! —soltó sorprendido—. Pero, tú no necesitas uno de esos —negó efusivamente—. No es lo mismo que tener un amigo real.
De pronto escuchó pasos acercarse a la habitación y se asustó. Señor Bocón corrió rápidamente hacia el único mueble del cuarto, un armario. Asomó su gran cabeza antes de cerrar la puerta.
—No quiero que tus papás me vean —explicó—. Tengo miedo de que ya no nos dejen jugar juntos.
La puerta comenzó a abrirse y detrás de ella apareció su hermano mayor. Itachi le miró sin entender que hacia ahí dentro, solo en esa habitación; mientras que el pequeño Uchiha bajó la mirada, con sus mejillas infladas y jugando con sus pies.
—¿Qué haces aquí, Sasuke? —preguntó Itachi.
—Nada —sonrió, mirando de reojo el armario en el cual Señor Bocón había entrado—. Sólo jugaba.
—Es muy tarde… —su hermano mayor se hizo a un lado de la puerta—, ve a tu cuarto a dormir.
—Sí —bostezó un poco. Salió de ahí apresurado, esperando que su hermano mayor no sospechara—. Ya tengo sueño.
Sasuke caminó hacia su cuarto sin mirar hacia atrás; e Itachi apagó las luces y la habitación quedó sumida en la oscuridad, excepto por la claridad que llegaba a través de una de las ventanas, por la cual se filtraba la luz de la luna. La puerta del armario de madera se abrió y Señor Bocón se asomó levemente, con sus ojos blancos brillando con más intensidad, respiró en forma jadeante…
Y una sonrisa perversa se dibujó en su rostro.
. . .
Ya habían pasado más de cuatro días desde la llegada a su nueva casa, y del encuentro con su nuevo amigo; pero ahora, se encontraban sentados junto a la cama de Sasuke, solos en aquella habitación. El pequeño azabache estaba sentado sobre el suelo, jugando con su peluche en forma de dinosaurio, sus bloques de madera y unas shurikens* de papel. Alzó su vista, encontrándose con Señor Bocón que miraba atentamente sus libros, fascinado con las imágenes y las historias que estos contenían.
Hasta que esta criatura reparó en él, con sus ojos blancos y extrañamente brillantes, sonrió divertido.
—¿Quieres jugar un juego nuevo? —preguntó feliz, mostrando sus dientes filosos—. Pero, tenemos que esperar a que todos estén fuera de casa… es un juego secreto.
El pequeño Uchiha parpadeó unas cuantas veces, con su pequeño dinosaurio verde entre sus brazos asintió rápidamente. Señor Bocón se levantó apresuradamente, caminó hacia la puerta y la abrió un poco para poder asomar su cabeza; se dio cuenta que los padres y el hermano de Sasuke no estaban. El padre de Sasuke, Fugaku Uchiha, se encontraba ahora en el trabajo, el hermano mayor iba a la escuela, mientras la madre salía a esa hora a comprar los víveres. Así que siempre dejaban al pequeño, solo y a su merced…
Sonrió retorcidamente.
—Tenemos que ir al cuarto que esta al final del pasillo —tomó la mano de Sasuke—, en donde yo vivo.
—No es buena idea… —el pequeño trató de negarse, pero la mirada insistente de su amigo lo hizo ceder—. Ok, vamos.
Corrieron por el pasillo que conducía a dicho lugar. Ambos llegaron y abrieron la puerta de la habitación; dentro de ésta, lo único que había era un armario de madera y una gran ventana del lado derecho, la cual daba a la parte trasera de la casa.
Señor Bocón se acercó y le dio un empujón a la ventana, dejándola un poco abierta; se colocó a un lado de esta y le hizo al pequeño Uchiha el ademan para que se acercara.
—Ven —insistió para que se aproximara—. Mira afuera, hacia el piso.
Sasuke se acercó y asomó su cabeza, se dio cuenta que una caída desde esa altura era muy peligrosa; regresó su vista hacia Señor Bocón y le miró extrañado.
—Me gusta jugar a fingir aquí —explicó, ensanchando su sonrisa—. Finjo que hay un suave y enorme trampolín allá abajo… y brinco hacia él.
Movió sus manos de arriba hacia abajo, dando pequeños saltitos, emocionado ante la idea.
—Si lo crees con todas tus fuerzas, vas a ver que rebotas hasta acá arriba como una pelota —señaló con su pequeña mano hacia afuera—. Quiero que lo intentes.
—Es muy alto… —Sasuke miró de nueva cuenta—, y peligroso.
—¡Pero eso es lo divertido! No lo sería si fuera una caída corta —se cruzó de brazos y negó levemente—. De ser así, mejor si rebotaras en un trampolín real.
Sasuke volvió a asomarse y en su mente comenzó a imaginarse que se dejaba caer y rebotaba en algo invisible, en algo que sus ojos no podían ver. Sin embargo, había una parte de él que no confiaba en que todo fuera a salir bien. Regresó hacia Señor Bocón y lo vio emocionado; se cruzó de brazos y negó.
—Hoy no, quizás en otra ocasión —dijo—. No sé si tenga tanta imaginación… podría lastimarme.
La sonrisa de Señor Bocón se borró, sólo gruñó torciendo la boca; arrugó el entrecejo y sus ojos blancos no dejaron de mirar a Sasuke con frialdad. Éste dio dos pasos atrás, un poco temeroso de su amigo, mientras a la pequeña criatura le resaltaban las venas del cuello y de la frente.
Rodó los ojos, molesto.
—Está bien —sonrió de nuevo, recobrando su semblante alegre—. Entonces, juguemos fuera…
—Ok —respondió el pequeño Uchiha—, vamos.
—No, tú espérame allá abajo… —caminó hacia el armario—. Debo buscar algo que quiero mostrarte.
—Está bien —Sasuke avanzó hacia la puerta y la abrió—. Estaré allá abajo, en el patio.
Cerró detrás de él. Entretanto, la criatura azotó la puerta del armario mientras la rabia desenfrenada lo invadía; deseaba destrozar al pequeño, quebrarle hasta los huesos, desgarrar su carne y aplastar su cráneo. No soportaba que ese tonto niño no cayera en sus artimañas. Estaba enfurecido. Aquel niño no se salvaría, él se encargaría de todo, para que pronto se uniera con los demás.
Caminó hacia el patio trasero dirigiéndose al pequeño niño, se detuvo; vio al Uchiha pateando una pelota, solo e indefenso. Relamió sus labios y mostró sus pequeños dientes filosos hasta que Sasuke notó su presencia, haciendo que la criatura los retrajera rápidamente. Salió por detrás de los árboles que se encontraban cerca del bosque, en los cuales se había escondido; se acercó a Sasuke, con una caja de madera que llevaba en sus manos, y avanzó rápidamente hacia él.
—Entonces, quiero enseñarte malabares —habló la pequeña criatura. Sasuke tomó asiento—. Aquí hay algunas cosas que puedes usar como práctica, antes de que te dé tu primera lección.
Observó con detenimiento la pequeña caja de madera que su amigo le llevaba y como éste la movía de un lado a otro, completamente divertido. Sasuke lo miró y abrió más sus ojos negros, levantó una de sus cejas y movió ligeramente su cabeza de un lado a otro, lentamente; levantó sus hombros y se echó hacia atrás, presionando con su espalda el respaldo de la pequeña banca de madera en la que estaba sentado.
—¡Mis papás me mataran! —alzó la voz al ver aquellos objetos peligrosos de la caja—. Además, estas cosas son de Itachi… él se enojará conmigo.
—Es divertido jugar con esto —refutó Señor Bocón—. Quiero que lo intentes.
Alejó la caja de él, y siguió negando con la cabeza.
—No puedo, me regañaran… —levantó la vista hacia su amigo—. Los kunais* no son seguros para aventarse.
Las cejas del Señor Bocón se cerraron, molesto; tomó la caja con los kunais y se alejó hacia el bosque, tirándola a medio camino. Sasuke se acercó hacia aquellos objetos que se habían salido de la caja, se agachó para recogerlos y así meterlos de nueva cuenta.
Los juegos de su amigo se estaban volviendo peligrosos… demasiado peligrosos.
—Sasuke, ¿qué haces aquí? —se escuchó la voz de su hermano detrás de él.
El pequeño Uchiha giró su cabeza sólo para contemplar como Itachi le miraba serio, cruzado de brazos y molesto. Sasuke comenzó a sentirse nervioso, las manos le temblaron, causando que uno de los objetos afilados que había tomado le cortara levemente uno de sus dedos.
—¡Auch! —la sangre brotó mientras éste sólo se quejaba. —, duele.
—¿Qué te paso? —se acercó rápidamente a su hermano menor, sujetó su mano y vio la pequeña cortada que se había hecho—. ¿Cómo te has cortado?
Pero Itachi se dio cuenta de que en el suelo, su caja con la colección de kunais que él poseía, se encontraba tirada con esas pequeñas armas por doquier; arrugó el ceño y apretó el agarre hacia su hermano.
—¿Por qué has tomado eso? —preguntó, mientras le ayudaba a levantarse—. Estas son mis cosas, las tenía guardadas en un lugar seguro para que no las encontraras y así no te lastimaras… ¡¿Cómo las has encontrado?!
Sin embargo, el sonido sordo de las ramas rompiéndose entre el silencio del bosque había resonado de tal manera que lo asustó, dio un salto y volteó rápidamente.
—¡Mierda! —Vociferó. Aún sostenía la mano de Sasuke, miró de reojo la suya y notó un ligero temblor, reacción del miedo quizás. Tragó saliva y caminó hacia el bosque—. ¿Qué fue eso?
Debía admitir que aquel ruido había sido escalofriante, y que una parte de él tenía miedo de lo que podía haber tras aquellos árboles; entrecerró sus ojos tratando de calmarse para no asustar a su hermano, giró la vista nuevamente hacia Sasuke, notando como éste ni siquiera se había inmutado. Observó el bosque totalmente nuboso a la vez que alcanzaba a escuchar una risilla acompañada de una fría brisa, unas pequeñas sombras burlonas aparecían a lo lejos, moviéndose entre la vegetación.
Las risillas seguían escuchándose mucho más cerca.
—Vámonos, Sasuke —murmuró. Sujetó a su hermano menor y avanzó hacia la casa—. Este lugar no es seguro.
El pequeño sólo volteó hacia atrás, encontrándose con los ojos blancos de Señor Bocón entre la espesura del bosque, mientras ensanchaba su sonrisa socarrona y torcida. Se estremeció. Apretó la mano de Itachi y le siguió el paso… él también sentía que ya no era seguro estar ahí.
. . .
Abrió sus ojos poco a poco; estaba algo oscuro y veía un poco borroso, se rascó los ojos para ver si enfocaba bien la mirada, vio una pequeña luz de una lámpara al fondo de la habitación y al lado de la cama se encontraba Señor Bocón, viéndolo fijamente y sonriéndole.
El pequeño Uchiha ya no podía dormir tranquilamente, ya que desde la vez que se había negado a jugar a fingir, su amigo lo despertaba en la noche para decirle que había colocado un trampolín real debajo de la ventana, uno enorme que no se podía ver en la oscuridad; pero a pesar de que Sasuke se negaba y trataba de volver a dormir, el Señor Bocón persistía, hasta que llegaba el amanecer... para el pequeño niño, ya no le era tan divertido jugar con él.
Sasuke seguía acostado, mirándolo y esperando a que Señor Bocón le explicara lo que ahora quería hacer. Éste seguía callado, con los ojos cerrados. Pensando. Los abrió de nueva cuenta, y usó sus pequeñas manitas para impulsarse sobre la cama donde se encontraba el Uchiha menor, llegó a su lado y ladeó su gran cabeza.
—Quiero mostrarte algo —soltó—, un lugar especial.
—No insistas más —el pequeño Sasuke frunció el ceño y regresó a verlo de mala manera—, porque te lo repetiré una y otra vez, Señor Bocón…
—Es seguro —asintió levemente—. Pero es un lugar allá afuera, tienes que salir antes que tus papás y tu hermano despierten.
—Está bien —el pequeño Uchiha aceptó. Sabía que si le decía que no, éste seguiría insistiendo, dejándolo sin dormir de nuevo—, muéstrame ese lugar.
Salió en pijama de su habitación, seguido de Señor Bocón. Ambos tratando de hacer el mínimo ruido posible para no ser descubiertos; llegando hasta la planta baja se colocó sus zapatos, abrió poco a poco la puerta y salieron juntos hacia el patio trasero.
—Hay algo que quiero que veas —dijo, mientras señalaba hacia el bosque. Recibió una mirada molesta del Uchiha—. Ya te dije que es seguro, no pasara nada… te lo prometo.
—Vamos —contestó Sasuke, caminando a su lado.
Avanzaron por un viejo camino que corría a través del bosque detrás de su casa. La niebla envolvía en tinieblas profundas a los árboles que, como espectros, se alzaban a su alrededor; las ramas de estos, como monstruosas llamaradas verdes, bloqueaban la luz del sol. Señor Bocón seguía adentrándose al bosque. El silencio era abrumador y al mismo tiempo inquietante… porque Sasuke sospechaba que en aquella penumbra algo oscuro lo aguardaba.
—Este es un camino importante —dijo Señor Bocón y se detuvo, señalando el sendero que seguía—. Tengo muchos amigos de tu edad.
—¿Más amigos…? —preguntó curioso el menor, mirando a su alrededor—, ¿de mi edad?
—Sí, y cuando estuvieron listos los llevé por este camino —sonrió para luego posar una de sus manos sobre la cabeza de Sasuke, revolviéndole los cabellos—. Todavía no estás listo, pero algún día, espero, lo estarás.
El pequeño azabache siguió contemplando aquel misterioso sendero cuando de pronto una mano lo sujetó, halándolo abruptamente, unos brazos lo rodearon con fuerza y unos ojos negros lo miraban desesperado.
—¡¿Qué haces aquí, Sasuke…?! —exigió Itachi—, ¡en medio del bosque y solo!
—I-itachi — expresó sorprendido. Giró su vista hacia el Señor Bocón, pero éste, había desaparecido—. Yo…
Sin embargo, el semblante de su hermano mayor había cambiado drásticamente; había en sus ojos un espantoso terror. Una pequeña sombra corrió velozmente entre los árboles para hundirse en la profundidad del bosque.
—¿Qué era eso? —indagó impresionado—. ¿Quién era, Sasuke?
—Mi amigo —el menor caminó de nueva cuenta hacia su casa.
—Sasuke —le habló con una voz quebrada, ronca y muy baja—, tengo que comprar algo, vístete para que me acompañes.
El pequeño asintió rápidamente y corrió hacia su casa, mientras él seguía parado ahí, tratando de que su corazón se apaciguara y que el cuerpo no le temblara. Había algo en aquel bosque, algo siniestro; y su hermano menor estaba a merced de aquella cosa. No lo había visto, pero algo le decía que era peligroso.
Itachi miró hacia donde su hermano había corrido; cerró los ojos, inhaló profundamente y volvió a abrirlos. Sabía lo que tenía que hacer: averiguar quién o qué era el amigo de Sasuke.
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Itachi siguió avanzando junto a Sasuke, sosteniendo fuertemente su mano, apretó el agarre; éste sólo se estremeció mientras observaba el rostro molesto de su hermano mayor, bajó la cabeza, apenado. Ambos continuaron caminando con paso rápido entre las solitarias calles.
Él necesitaba saber quién era el amigo de Sasuke, ahora mismo.
—Sasuke —le llamó, mirándolo fijamente—, ¿quién es tu amigo?
—¿Señor Bocón? —el menor sólo se tapó la boca instantáneamente—. No, yo no quise decir eso…
—¿Señor Bocón? ¿ese es su nombre? —preguntó insistentemente, sujetando de los hombros a su hermano menor—. ¡Responde! ¡Sasuke, responde!
El pequeño se puso nervioso, estaba tan desconcertado y asustado que no sabía qué hacer. Bajó su cabeza tanto como pudo, sin atreverse a mirar a Itachi; absorto en sus pensamientos, le miró detenidamente.
—Él, me dijo que… —su vista iba de un lado a otro, sintiendo como aquellos penetrantes ojos negros le veían fijamente—, no les hablara de él.
Apartó rápidamente la vista de su hermano mayor e intentó balbucear algo más, pero el rostro de Itachi mostró impaciencia.
—Porque tiene miedo de que si mis papás lo ven… —infló sus mejillas—, no nos dejen jugar juntos.
—¿Dónde vive? —cuestionó intrigado, observando como Sasuke sonreía ante la pregunta—. ¿Vive cerca?
—Sí —respondió alegre—. En el cuarto al final del pasillo…
Itachi comenzó a sentirse algo mareado, todo parecía darle vueltas; miró a su alrededor y se percató que estaba en el mismo lugar, caminando junto a su hermano cuando sintió ese extraño frío, respiró profundamente y trató de pensar claramente.
—¿A dónde iban a ir antes de que te encontrara? —preguntó—, ¿a dónde te llevaba?
—Oh, él dijo que ese camino es importante y que tiene muchos amigos de mi edad —explicó el Uchiha menor—, y que cuando estuvieron listos, los llevó por ese camino… pero que yo aún no estoy listo, pero cuando lo esté...
—Te llevará —Itachi completó la frase automáticamente. Miró de nueva cuenta a Sasuke—. Llévame a ese sendero.
—Pero, Señor Bocón se molestará —soltó dudoso.
—No te preocupes —su hermano mayor le sonrió—, quiero conocerlo. No se enojará por tener otro amigo más…
Sasuke inmediatamente sonrió y jaló a su hermano para poder llevarlo a aquel lugar especial. Ambos caminaron hasta llegar a aquel sendero, pero el pequeño Uchiha se detuvo en aquel lugar donde Itachi lo había encontrado; mientras que éste giró su cabeza hacia él.
—Hasta aquí Señor Bocón me mostró —señalo el camino que aún faltaba—. Pero aun no estoy listo para ir.
—Vamos, no se enojará —sonrió tratando de ocultar lo que sentía en esos momentos—. Sigamos.
—Está bien —respondió para seguir caminado junto a Itachi.
Avanzaron hasta toparse con un lugar que dejó paralizado por unos momentos al Uchiha mayor. Su hermano menor no parecía entender el porqué de su actitud; mientras Itachi seguía observando a su alrededor, encontrándose con una entrada de madera y varios globos rojos de papel colgados en ella, a su derecha, en la misma entrada unas pequeñas tablas votivas* enganchadas.
Siguió adelante, tragó saliva al ver cientos de pequeñas estatuas Jizō* vestidas con gorritos y baberos rojos; y junto ellas había pequeños juguetitos, así como montoncitos de piedras* y rehiletes, los cuales giraban una y otra vez a causa del viento. Él sabía que cada una de las estatuas allí, estaba puesta para proteger el alma de un niño muerto.
Era un cementerio.
—Regresemos a casa, Sasuke —se giró y sujetó la mano de su hermano para llevarlo de nueva cuenta a su casa—. Tengo que ir a la escuela.
—Itachi… —le llamó—, pero, ¿y Señor Bocón?
—No volverás a verlo —siguió avanzando, con sus ojos negros mirando hacia enfrente—, nunca más.
Debía hacer algo para que aquel ser se alejara; sabía ahora cuáles eran las intenciones que tenía con su hermano menor… matarlo es lo que pretendía, y si él no hacía nada, Sasuke iba a morir. Trató de pensar en algo rápidamente, aquella criatura no iba a dejar a su hermano así porque sí, por lo que tenía que alejar a Sasuke y a toda su familia de su nueva casa.
Se aproximaron a su hogar, apretó más la mano de Sasuke, causando que éste se quejara; y fue ahí cuando una idea cruzó por su mente, mientras veía a su padre salir a trabajar. Corrió tratando de darle alcance.
—Padre —lo llamó. Fugaku se detuvo—. Necesito hablar de algo…
—En estos momentos no tengo tiempo, Itachi —se fue alejando más—. Pero cuando esté de vuelta…
—No —lo interrumpió—. No seguiré asistiendo a esta escuela, quiero ir a otra.
—¿Pero qué dices? —preguntó sorprendido—. Eres el mejor, tus calificaciones son sobresalientes; además, no vamos a mudarnos de nuevo.
—No seguiré asistiendo —insistió y arrugó las cejas—. Iré a donde yo quiera ir.
—¡No! Esa es mi última palabra —alzó un poco la voz—. No sigas insistiendo Itachi, no me avergüences.
Fugaku se alejó de ellos. E Itachi soltó la mano de Sasuke quien permanecía callado, sorprendido por la discusión entre su hermano y su padre; él era el preferido de su papá, por eso no entendía por qué éste no estuvo de acuerdo con Itachi. Entonces miró a su hermano y como apretaba sus puños a la vez que bajaba la cabeza, con sus ojos llenos de furia; alzó la cabeza sólo para mostrar su rostro serio, sujetándole de nueva cuenta su pequeña mano y retomando el camino hacia su casa.
Él tenía pensado ya lo que iba a hacer para poder salvar a su hermano menor, cualquier cosa… a cualquier precio.
—Sasuke, incluso si soy sólo un obstáculo para ti… siempre estaré ahí para ti —Itachi le sonrió, mientras giraba el picaporte de la puerta—. Incluso si tú me odias. Para eso son los hermanos mayores.
Sasuke siguió callado, mientras ambos entraban a su hogar y, después, cerraban la puerta detrás de ellos.
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Avanzó a pasos seguros, acercándose peligrosamente hacia uno de sus compañeros hasta quedar frente a él; resopló por lo bajo, se cruzó de brazos y miró a su compañero. Itachi sólo sonrió torcidamente y después se le abalanzó, provocando que aquel joven se desplomara al suelo sin poder defenderse; cayendo encima de él, y con su puño cerrado le dejó caer un golpe en el rostro.
—¡Po-por favor…! —el pobre joven se cubría el rostro con sus brazos—, ¡ya no me golpees!
Pero Itachi le miró inexpresivamente; y volvió a golpearlo una y otra vez, enloquecido. No se detuvo hasta dejarlo desangrado, jadeando y retorciéndose en el suelo.
—¿Po-porque? —el joven escupió sangre.
—¡Cállate! ¡cállate! —aulló. Estrelló los nudillos contra el rostro de su compañero.
E ignoró el dolor, y siguió golpeándolo hasta que aquel joven dejo de hablar y de moverse; quedando inerte en el suelo. Itachi jadeó, alzó los ojos y miró a todos los alumnos que iban acercándose, también a los profesores que corrían hacia ellos para tratar de detenerlos; cerró los ojos y sonrió feliz, porque su hermano estaría a salvo.
Uno de los profesores lo sujetó del brazo para llevarlo hacia la dirección. Los demás hablaban para pedir una ambulancia, otros trataban de ayudar al joven que yacía tirado sobre el piso salpicado de sangre. El Uchiha giró su cabeza hacia el compañero que había golpeado, una oleada de remordimiento inundó su cuerpo; sin embargo, siguió avanzando con la frente en alto y con sus ojos negros e inexpresivos, tragándose cualquier remordimiento…
. . .
—Itachi, ¿qué has hecho? —preguntó su padre. Itachi había perdido la noción del tiempo desde que había llegado a la sala de castigos—, ¡¿qué has hecho?!
—Te dije que no quería asistir a esta escuela —respondió fríamente—, ¿o no escuchaste?
—¡¿Qué sucede contigo?! —Fugaku lo sujetó de los hombros, exigiendo una respuesta—. Me has avergonzado… el joven al que golpeaste está en el hospital gravemente herido.
—No sucede nada en especial, además… —soltó burlándose—, ese tipo algún día sanara.
Su padre alzó la mano dispuesto a abofetearle, pero se contuvo. Lo miró enojado.
—Puedes ir a la cárcel —le explicó—. Pero pagaré los gastos del joven, y le daré una indemnización esperando a que así no te denuncie —sacó su celular para comenzar a oprimir varias teclas—. Nos iremos de la ciudad, y tú… te irás al extranjero a estudiar.
Por un momento, Itachi no supo ni qué hacer, bajó los brazos y la cabeza tratando de pensar rápidamente; pocos segundos después reaccionó, recordando que lo que hacía era por su hermano, Sasuke, su estúpido hermano menor… y para así salvarlo de aquella criatura que quería asesinarlo.
—¿Nos iremos hoy? —preguntó mirando fijamente a su padre—, ¿de esa casa?
—Por supuesto —lo sujetó del brazo para salir de aquel lugar. Ambos caminaron por el pasillo del edificio, siendo observados por todos los estudiantes—, no permitiré que la vergüenza siga cayendo en esta familia.
Avanzaron hasta el automóvil en el cual los esperaba su madre y el pequeño Sasuke. Éste, mirándolo desde la ventanilla junto a su dinosaurio verde; Itachi abrió la puerta rápidamente y se sentó a su lado, cerró los ojos, calmado al ver que su hermano estaría a salvo. Su padre se sentó junto a su madre, ambos permanecían callados. El pequeño Uchiha se mantenía mirando a su hermano, sin saber que había pasado; luego recordó en esos instantes a Señor Bocón y que su hermano quería conocerlo.
—Itachi —le llamó en voz baja—. Tienes que conocer a Señor Bocón la próxima vez que…
—Lo siento Sasuke —golpeó levemente su frente—, no habrá próxima vez.
El automóvil siguió avanzando dejando atrás la escuela, su hogar y por último la ciudad. Sasuke no sabía a dónde iban, ni por qué; pero de algo estaba completamente seguro, no volvería a ver a su amigo de nuevo. Nunca más.
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Levantó su rostro y observó el cielo oscuro encima de él, nublado, amenazando con un aguacero; apartó la vista de las nubes, mirando el espacio que había ante él, sumido en sus pensamientos. Dejó de pensar en los años que había pasado desde que su amigo imaginario había desaparecido porque él estaba ahí, arrastrándolo por el suelo.
Sin embargo, Sasuke no podía moverse a causa del trozo de madera que le perforaba parte del abdomen, el dolor era insoportable y la sangre no dejaba de brotar. Él sólo permanecía a merced de aquella bestia hambrienta; intentó patearlo, pero Señor Bocón gruñó furioso, soltando baba en el acto; golpeó al Uchiha con una de sus patas, provocando que éste se diera en la cabeza con la banqueta de la calle.
Siguió arrastrándolo hasta llevarlo por el bosque, mientras a cada paso que daba las ramas golpeaban despiadadamente el cuerpo de Sasuke. Su risa grotesca se escuchó por todas partes y sus ojos brillaban siniestramente; se giró a verlo y notó el pedazo de rama incrustado en el abdomen del joven azabache, lo removió un poco causando que de la garganta de Sasuke saliera un grito de dolor desgarrador.
—Shh —lo calló, y sonrió feliz—, pronto pasará el dolor, pronto pasará…
—Pu-púdrete —le escupió en la cara, causando el enojo de Señor Bocón—, puto Furby.
Entonces vio como la bestia se acercaba más a él, cerró sus ojos, esperando sentir aquellos pequeños colmillos afilados clavarse en su pierna izquierda; y en ese momento su cuerpo comenzó a convulsionarse, la sangre volvió a salir de su abdomen y un agudo grito de dolor escapó nuevamente de sus labios.
Señor Bocón le arrancó parte de su piel, masticándola lentamente hasta tragársela completamente; sonrió perversamente y retomó su camino. El Uchiha sabía que no tenía posibilidades de escapar, estaba cansado, seguía desangrándose y aquella criatura tenía bastante fuerza a pesar de su pequeño tamaño. Luego observó de nueva cuenta el cielo oscuro, su vista ahora era bloqueada por los frondosos árboles de aquel bosque.
Rio a carcajadas mientras aquella criatura apretaba el agarre.
—Tsk —chasqueó la lengua—. E-este es el fin…
Recordó a sus padres, a los que ahora consideraba amigos y a su hermano mayor. En como el tiempo fue pasando, entre el día en que se enteró que su hermano se iba a estudiar al extranjero por golpear a uno de sus compañeros.
"¿Por qué Itachi? ¿por qué lo hiciste? Eso no fue correcto"
"La gente vive su vida ligada a lo que ellos mismos aceptan que es correcto y cierto. Así es como definen su realidad, ¿pero qué significa estar en lo correcto o en lo cierto? Son sólo conceptos vagos, su realidad puede ser tan sólo un espejismo"
Y fue ahí donde se dio cuenta que su hermano mayor había hecho eso para salvarlo de aquel ser y de su maldad que él no podía ver, por ser tan tonto. Itachi lo había protegido. Y también recordó como su padre ahora ya no hablaba igual de Itachi, como si éste le hubiese avergonzado.
"Sasuke, no sigas los mismos pasos de Itachi"
Pero entonces, sin esperarlo siquiera, el rostro de Hinata vino a su mente; su dulce sonrisa, sus sonrojos… y, en ese momento, deseó tanto regresar el tiempo para así poder defenderla, hacer a un lado su orgullo para hablarle o impedir que muriera.
El dolor seguía desgarrándole.
Señor Bocón le sujetó la pierna izquierda y tiró fuertemente de ella para seguir arrastrándolo como si fuera una res muerta; luego regresó a verlo con aquellos saltones ojos blancos, sus orejas arrugadas y su gran hocico lleno de pequeños dientes afilados dispuestos a destazar. Pero Sasuke lo ignoró recordando a la nueva alumna, la que se parecía tanto a Hinata y que con todas sus fuerzas esperó que fueran la misma persona, que un milagro hubiese salvado a aquella joven de ojos color ónix -que murió atropellada, quizás por su culpa- devolviéndola a la vida; rio nuevamente al darse cuenta en las ridiculeces que pensaba mientras la tierra se enterraba bajo sus uñas.
Un poco de sangre salió de su boca, impidiéndole poder respirar; y en aquel instante, observó la inmensa casa a la que se acercaban, reconociéndola al instante. Su antiguo hogar. La casa de Señor Bocón. El miedo inundó cada parte de su cuerpo, trató de aferrarse de cualquier cosa que hubiese a su paso; empero, aquella criatura lo golpeó en la cabeza para seguir arrastrándolo por el suelo hasta la puerta… ésta se abrió inmediatamente, mostrando sólo oscuridad total.
—¡Bienvenido a casa, Sasu-chan! —soltó mientras seguía avanzando, sonriendo—. Bienvenido a casa.
El Uchiha tragó saliva con los restos de sangre de su boca, trató de tomar una bocanada de aire a la vez que Señor Bocón se introducía a la casa tirando de su pierna; vio de nueva cuenta el cielo nublado y, por última vez, deseó tener sólo una oportunidad para poder decirle a Hinata, la que ahora estaba enterrada en aquel cementerio y a la que le llevaba -todos los días- flores a su tumba: que aun la amaba.
Su cuerpo inmóvil atravesó el umbral de la entrada, hundiéndose en la inmensa oscuridad de aquella casa, mientras la puerta sólo se cerraba detrás de él.
Continuará…
"Más allá de la puerta"
Creepypasta: Es una historia que simula una vivencia real que circula por internet (en foros y como correo-basura), e infunde terror al leerla y buscan perturbar al lector. Normalmente el tema central suele ser un video, un videojuego, una foto o algo aparentemente inofensivo y divertido que no acaba de ir como tú esperabas, y empieza a degenerarse más y más hasta que, de repente, llega a un clímax terrorífico en el que todo acaba de manera terrible para el protagonista, que acaba traumatizado, o en el peor de los casos, maldito.
Furby: Es un juguete electrónico cuya apariencia es un híbrido entre ratón, gato, murciélago, y búho.
Shurikens: Significa "cuchilla detrás de la mano u hoja bajo la manga". En el pasado los shuriken fueron utilizados como medios de advertencia e intimidación, para enviar mensajes de amenazas de muerte a los enemigos. El uso común del shuriken es reflejar la luz del sol creando unos segundos de ceguera que se hacen muy valiosos en el combate, lanzarlo a la cara del adversario para causarle heridas a los ojos o evitar que se acerque y envenenar al oponente añadiéndole veneno en las puntas y el filo (si lo tuviera).
Kunais: Son kunais cortos usados por los ninjas. El Kunai sirvió para varios propósitos, pero principalmente se utilizaba como cuchillo de uso general, la punta era afilada con los bordes aserrados. Mide de 7 a 16 pulgadas de longitud. Se acostumbraba amarrarlo en el extremo de una cuerda delgada, para poder ser lanzado. El Kunai se utilizaba principalmente para sondear, cavar y cincelar.
Tablas votivas: Se llaman tablas votivas a las promesas hechas anteriormente por un voto a alguna divinidad y a los objetos que las representaban.
Sobre el cementerio: Me base en el cementerio de niños que era dedicado en una parte del Templo de Zojoji que está en el distrito de Shiba justo a un lado de la torre de Tokyo, Japón. En donde se pueden observar cientos de estatuillas en memoria de los mismos, denominadas Jizō.
Jizō: Se dice que las estatuas Jizō, que es como se llaman, protegerán el alma en su camino hasta el paraíso. ¿Pero quién era Jizō o Ojizō-sama, como más comúnmente se le conoce? Bueno, es una de las divinidades más populares en Japón.
Se cree que Jizō es el encargado de proteger las almas de los bebés que no han nacido y de los niños que han muerto siendo muy pequeños, a los que se llama "mizuko", o niños de agua; ya que se cree que después de morir hay que cruzar el "Río Sanzu" para llegar a la vida después de la muerte. Según la leyenda, las almas de los niños que mueren prematuramente no pueden cruzar este río, ya que no han acumulado suficientes buenas acciones y además han causado sufrimiento a sus padres. Entonces, para salvar a los niños de esto está Jizō, que los rescata escondiéndolos en sus mangas.
Montoncitos de piedras: Como decía allá arriba sobres que las almas de los niños que mueren prematuramente no pueden cruzar ese río, porque no han acumulado suficientes buenas acciones y además han causado sufrimiento a sus padres, por eso, son condenados a rezar a la compasión de Buda y apilar piedras una encima de otra en las orillas del río. Con estas piedras se espera contribuir a acortar la penitencia del alma a la orilla del río.
Notas de la autora:
¿Creen que esto ya acabó?
Pues no, aún falta la segunda parte que vendrá en la siguiente continuación. Algunos pensaban que Neji era el amigo, pero no.
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