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Disclaimer
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"Los personajes de Naruto, así como su mundo, son propiedad de Masashi Kishimoto; yo sólo los tomé prestados para hacer este fanfic"

Título: Vampyr
Autora: Antifashion19
Género: Sobrenatural | Horror | Misterio | Suspenso | Romance
Personaje(s)/pareja(s) principales: Hinata H. | Sasuke U. | Ino Y. | Naruto U. | Sakura H.
Advertencias: Sasuke x Hinata. Sakura x Naruto x Ino. Universo Alterno. Posible OoC. Palabras soeces.
Leve Yuri. Violencia y muertes.
Sobre aviso no hay engaño.

Si eres anti de estas parejas, no leas y ya; pero si eres un lector de gustos variados, y sólo te importa el contenido de la historia… ¡Bienvenido seas!

Créditos: La imagen que he usado para la portada le pertenece a 1090506, cuyo link a su DeviantART se encuentra en mi profile.

Edición: 29 de Enero de 2017. Con la perdida de todos mis escritos de mi laptop, he vuelto a editar.

Aclaraciones sobre el capítulo:
Ya hacen aparición algunos miembros de la familia Hyūga, excepto Hiashi. Aclaro que Hanabi es la mayor, pero tiene una edad de entre 13 años o menos; Neji es quien sigue, él tiene unos 19. Para ellos, el orden es dependiendo de quién tiene más años desde que fue "convertido en vampiro"; por lo que Hinata es la menor, la más pequeña de la familia.

Sobre Hinata, no he dicho que ella sea un pan de dios, así que no se extrañen de las acciones que vaya a cometer. Ino bebió su sangre, pero no se convertirá en vampiro; eso lo aclarare después, pero sí tendrá ciertos efectos en ella, de hecho, ya se notó en el capítulo anterior: su agresividad hacia Sakura.

Aquí debe terminar la historia de Señor Bocón, espero que les guste. Creo que eso es todo… por ahora.


Capítulo VI. Señor Bocón
Segunda parte


Desde que llegó a la ciudad, había evitado ver el cuello de las personas que caminaban a su alrededor, y cómo sus venas palpitantes parecían llamarle para ser mordidas; trataba de mantener el control bebiendo la sangre de los pequeños conejos que criaba detrás de su casa pero, aun así, no era suficiente… no saciaba su inmensa sed. Los colmillos le dolían cada vez más, pidiéndole aquel líquido rojo, y finalmente, con la cabeza ida por la falta de alimento, no pudo evitar morder a Ino.

Tenía demasiada hambre, llevaba varios días sin comer antes de que probara la sangre de su compañera, y el olor de ésta corrompió sus sentidos; enterró sus dos largos y filosos colmillos sobre la nívea piel de la Yamanaka, succionando lentamente hasta saciar un poco su apetito.

Pero ahora, sus ojos blancos no dejaban de contemplar a la hermosa joven que tenía entre sus brazos, acarició lentamente su cuello con sus labios rosados, mientras un cosquilleo bajaba por su columna, haciendo que se le erizara toda la piel; retiró su boca para dejar que las puntas de sus colmillos le rozaran y, automáticamente, penetraran en ella succionando aquel líquido dulzón para su paladar con un poco de sabor metálico que le hizo temblar. Cerró fuertemente sus ojos y clavó sus colmillos aún más, causando que la sangre saliera con más fuerza; entonces, sorbió y sorbió, disfrutando de este majestuoso momento que esperaba y ansiaba con todo su ser.

Aquel líquido carmesí, espeso y caliente, bajó lentamente por su garganta; su cabeza se despejó poco a poco, después que la sangre llenara su cuerpo, haciendo que reaccionara y dejara de sentirse mal. Abrió los ojos un instante y vio como la joven rubia estaba con los suyos entrecerrados, sonrojada, soltando leves gemidos de dolor y placer.

—Tu sangre es tan deliciosa, Ino —dijo la Hyūga, soltando una pequeña risilla, disfrutando del momento—. Tanto que me excita…

Luego deslizó una de sus manos, desde su hombro hasta el cuello, para sostener suavemente su mentón; volvió a cerrar los ojos para continuar disfrutando y mordiendo a la joven, mientras la sangre seguía penetrando en su ser. Los abrió de nueva cuenta para poder arrinconarla contra la mesa de madera que se encontraba en aquel lugar, sujetando rápidamente las piernas de la Yamanaka para hacer que estas enredaran su cadera.

—¡Ah! —se quejó la joven rubia, removiéndose un poco—, du-duele.

—Shh —colocó su dedo índice sobre los labios de Ino—. Si te sigues quejando, te doleré más…

—¡No! —Ino chilló molesta, echándose hacia atrás y con sus manos trató de alejar a la Hyūga—. ¡Hinata, basta! ¡deja de joderme con esto!

De pronto, la Hyūga se quedó inmóvil, viéndola inexpresivamente con sus ojos blanquecinos. Y un miedo atroz invadió a la joven rubia que temblaba de pies a cabeza, aterrorizada cuando vio que Hinata sonreía como posesa para después sujetarla con fuerza de las muñecas con una de sus manos, empujándola hacia atrás a la vez que volvía a morder su cuello.

La frágil existencia de la Yamanaka ahora se veía expuesta a aquella mujer consumida por el desenfreno…

—Te gusta hacerte la valiente —se burló de ella—. Está bien, veremos cuánto tiempo sigues conservando tu valentía.

Y tras decir esto, lamió las heridas de la joven Yamanaka. Mientras ésta se seguía resistiendo a ser sometida por la Hyūga; intentó gritar, pero su voz había sido ahogada por su propio gemido al sentir que Hinata le repegaba las caderas a su pelvis.

—¡No! —gimoteó, sintiendo como las manos frías de Hinata le recorrían la piel—, ¡para, para…!

Sin embargo, la Hyūga sólo negó nuevamente, apretando el agarre; y con su única mano libre, sujetó la delgada blusa negra de tirantes que llevaba la Yamanaka para alzarla hasta la altura de sus pechos, mostrando la ropa interior que traía puesta. Se relamió los labios de nuevo al ver como unas gotas de sangre se deslizaban desde su cuello hasta sus senos, y poco a poco fue desabrochando su sujetador de la parte delantera para dejarlos expuestos.

—¿Parar…? —dijo riendo. Comenzó a pasar su lengua por todo el camino que habían dejado aquellas gotas de sangre—. No lo creo, apenas estoy empezando… te voy a succionar toda la sangre.

Apretó uno de los senos de Ino con su mano, clavándole las uñas y causando que ella gritara de dolor; después le mordió fuertemente aquella zona, haciéndola perder más sangre que luego bebió, soltando gemidos de placer. La rubia siguió chillando como una loca, sentía que iba a morirse ya que todo aquello le dolía demasiado… pero, sus gritos de dolor sólo ocasionaron que las mordidas de Hinata fueran más fuertes.

De pronto, la Hyūga cesó su ataque, observando el reflejo de sí misma en el cristal de la ventana, sus ojos blancos brillantes y sus colmillos manchados de sangre. Aún tenía hambre. Y al regresar a ver a la joven Yamanaka debajo de ella, a su merced, desaparecieron sus remordimientos; porque ella sabía bien que los vampiros eran violentos, crueles, sádicos y malvados, que sólo mataban a sus víctimas sin piedad y bebían sangre sin arrepentimientos… así era ella ahora, una criatura de la oscuridad.

"Hinata, sólo eres un botón esperando florecer"

—¡Cállate! —gritó molesta—. ¡No soy un botón! ¡no floreceré!

"La solitaria chica sólo sueña con lo imposible,
existen demasiadas cosas dentro de su ruidosa cabeza… lo cual la perturba
*"

—¡Cállate! —volvió a gritar y se echó hacia atrás, soltándole las manos; movió la cabeza frenéticamente, tratando de que esa voz se callara, pero no podía. La voz lejana de Ino le seguía canturreando—, ¡cállate!

Los recuerdos de su antigua vida mermaron la sed de sangre que crecía en ella; y entonces, agarró a la rubia por el cuello y apretó fuertemente para poder asfixiarla, así matándola. Ya no la quería escuchar. Empero las imágenes de la Yamanaka invadieron su mente, en como ésta le había ayudado… en como la había consolado. Así que dejó de apretar; luego se aferró a la rubia mientras ésta se quedaba inmóvil, con la respiración entrecortada y débil por la pérdida de sangre.

Sin embargo lo entendió. Se dio cuenta inmediatamente de lo que estaba pasando: aquella chica, la que la abrazaba fuertemente como si su vida dependiera de ello, era Hinata; la que había muerto atropellada, y a quien le llevaba flores todos los días a su tumba.

—¿Hinata? —preguntó, completamente sorprendida—. Tú eres Hinata.

Ambas se miraron, quedándose calladas; Ino ahora sabía la verdad, mientras Hinata sólo esperaba a que ella continuara. De pronto, un ruido las sacó de sus pensamientos, el ladrido de un perro llamó la atención de la Hyūga, quien se aproximó a la ventana; vio a lo lejos a su mascota, Izanagi, tratando de llegar al edificio cojeando de una de sus patas.

Hinata corrió apresuradamente fuera de aquel salón, dejando a la rubia sola, quien intentaba de detener la sangre que salía de sus heridas. Ésta última acomodó sus ropas y trató de levantarse lentamente, sintiendo el dolor recorrerle todo el cuerpo; de repente, unas manos la sujetaron, causando que la rubia diera un brinco. Volteó ligeramente la cabeza, encontrándose con Naruto.

—Ino —la ayudó a reincorporarse—, ¿qué te pasó? ¡estás sangrando!

—Deja de gritar, Naruto —dijo, y colocó su brazo derecho sobre el hombro de su amigo—. No sé qué paso, algo me atacó.

Mintió. El joven rubio la alzó para poder cargarla, comenzando a avanzar fuera de aquel lugar; mientras Ino se abrazaba a él, sintiendo el calor que emanaba de su cuerpo y como este parecía apaciguar su dolor. Siempre lo entendió, Naruto era como un sol que brillaba intensamente… y ella era un girasol, que anhelaba su luz. Movió su cabeza de un lado a otro para evitar aquellos pensamientos.

—Debo llevarte a un doctor —le susurró Naruto—, estás muy herida.

"Yo podría enamorarme de él"

Se sintió tan pequeña que quiso llorar. A pesar de eso, Naruto no pareció notarlo, él seguía alarmado por llevarla con un doctor para ser sanada; entonces reparó en las heridas que tenía y como estas seguían sangrando, se sintió como una idiota por preocuparse de otras cosas.

"Me gustas, Naruto"

—Esto me dejará una cicatriz —soltó la rubia, mostrando las marcas debajo de su blusa—. Me veré fatal en bikini.

El Uzumaki sonrió apenado, siguiendo su camino hasta la entrada del edificio; observó a lo lejos como sus amigos estaban a fuera, reunidos alrededor de un perro negro, para luego regresarlos a ver, completamente angustiados.

"Lo siento, Ino… me gusta otra persona"

La rubia se alarmó al recordar aquellas palabras y a quien se referían… a Sakura, su amiga; y por un instante, su corazón se llenó de rencor, que luego desapareció. Entonces, sus ojos color azul vieron a la Hyūga que acariciaba el pelaje oscuro de aquel animal; comprendiendo que tal vez había regresado por algo, quizás por las personas que la hicieron sufrir y, entendió ahí, que sus amigos estaban en grave peligro.

. . .

Kiba revisaba detenidamente al pobre perro lastimado, encontrándose con varias heridas sangrantes, dolosamente provocadas en el cuerpo del animal. La Hyūga aún no comprendía qué monstruo le había provocado tanto daño a su mascota, ya que no era un perro normal…

—A este perro lo he visto seguir a Sasuke-bastardo —afirmó Naruto.

El animal levantó la cabeza, chillando de dolor. Hinata recordó que le había ordenado seguir al Uchiha para protegerlo de aquel ser que parecía seguirle; luego observó detenidamente las heridas en el animal, y supo que aquella criatura era muy peligrosa.

—Algo atacó a Sasuke-san —soltó sin querer, e inmediatamente se tapó la boca, pero ya era demasiado tarde—. Creo…

—¿Cómo sabes, Hinata? —preguntó Sakura, mirándola fijamente—, ¿por qué crees que algo atacó a Sasuke?

—Po-porque si este perro si-siguió a Sasuke-san —negó conocer a Izanagi—, y a-ahora está herido, tal vez a Sasuke-san le pa-pasó lo mismo.

Todos se miraron entre sí, mientras Naruto ayudaba a Ino a mantenerse en pie. Después revisó sus bolsillos para encontrar su celular, buscó el número de Sasuke y marcó; sin embargo, su amigo no contestó. Entonces vio a los demás, y al igual que ellos, supo que algo malo le había sucedido.

—Chōji —llamó al Akimichi—, ¿puedes llevar a Ino a un doctor? Está herida. Yo iré a buscar a Sasuke.

—¿Qué te pasó, Ino? —preguntó alarmada la joven de cabellos rosas—, ¡estás sangrando!

—Eso no importa —murmuró la rubia—. Busquemos a Sasuke, tal vez esté muy herido.

—Pero Ino-cerda, ¡estás sangrando! —la Haruno trató de tocarla, empero su amiga le arrebató la mano—. Y esas heridas se ven profundas.

—Frentona, deja de preocuparte por mí —miró de reojo a la Hyūga—. ¡Estamos perdiendo tiempo!

El perro se levantó súbitamente, comenzando a correr para guiarlos. Hinata les dio la espalda para perseguirlo porque no permitiría que aquella criatura invadiera su, ahora, territorio; ella era la única que torturaría a aquel joven azabache, haciéndolo sufrir por completo.

Los demás sólo contemplaron como la joven corría tratando de alcanzar al perro.

—¡Hinata! —gritó el rubio—, ¡espera!

Y se echó a correr para seguirla. El Akimichi se inclinó un poco para que Ino pudiera subir a sus espaldas y todos avanzaron velozmente para salvar al Uchiha; solitarios por las oscuras y frías calles de la ciudad, que conforme el cielo se ensombrecía, todo parecía más tenebroso, incluso los árboles tomaban formas perversas al perder la luz del sol que ahuyentaba a la horrible oscuridad. Perdieron la noción del tiempo y de la distancia que habían recorrido para llegar a ese lugar en el que Hinata se había detenido.

Notaron las manchas de sangre que escurrían por la acera hasta la entrada del bosque. Izanagi se quedó quieto y se tiró sobre el asfalto, cansado. Sin embargo, eso no detuvo al rubio quien comenzaba a entrar más y más a la verde espesura.

—Kiba, cuida al perro —agregó Shikamaru—. Y tú, Chōji, cuida a la problemática… esperen a que regresemos.

Los tres asintieron, quedándose bajo la luz de una farola; mientras Sakura, Hinata, Shino y él, seguían a Naruto para poder hallar a Sasuke, adentrándose en la inmensidad de aquel bosque que ya olía a muerte…

. . .

Sabía a dónde debía dirigirse para poder encontrarlo, el aroma de su sangre había saturado cada partícula de aire dentro de aquel bosque, extendiéndose como una nube toxica a su alrededor; inhaló profundamente, grabando aquel delicioso olor en su mente, luego sonrió y pasó su lengua húmeda por sus labios, excitada ante esa sed insaciable que volvía a inundarla.

Sin embargo, recobró sus sentidos inmediatamente al escuchar las voces de sus compañeros que venían detrás de ella; no podía dirigirlos hacia el Uchiha, ellos sospecharían algo, estaba completamente segura de que por lo menos el joven Aburame y el Nara, comenzarían a dudar… eran muy perspicaces para su gusto. De pronto, escuchó algunas voces infantiles a su alrededor, y entre la oscuridad del bosque algunos rostros de niños comenzaron a observarlos.

Nadie podía notarlos, sólo ella; ya había aceptado que, después de todo, ya no era humana y que ahora podía ver a los muertos con esos poderes que no alcanzaba a comprender en su totalidad.

—Sigan adelante —murmuraron los niños—. Él está más adelante.

Rodó los ojos molesta, tratando de pensar en una forma de poder hacer que sus compañeros la siguieran sin pedir alguna explicación; sin tener que decir que ella era una inmortal, que bebía sangre para vivir y que además, podía ver espíritus. Mordió su labio inferior dispuesta a hablar.

—Más adelante —escuchó una voz femenina que le era muy familiar—. Sasuke… él está más adelante.

Parpadeó confundida al observar a la joven de cabellos rosas que hablaba señalando hacia enfrente, preguntándose cómo pudo adivinar lo que aquellos niños fantasmas habían dicho; sabía que anteriormente todos ellos habían sido expuestos ante el poder del Ama-no-jaku**, y por esa razón lograban verlo, pero ahora era diferente, ya que sólo ella y su compañera eran capaces de percibirlos. La miró de nueva cuenta y entendió lo que estaba pasando… Sakura Haruno no era una persona normal.

—¿Cómo lo sabes, Sakura? —preguntó Shikamaru—. ¿Estás segura de que es en esa dirección…?

—Sí —respondió rápidamente, con completa seguridad—, es hacia allá. Y debemos apresurarnos, Sasuke corre un gran peligro.

Los rostros infantiles se difuminaron en la nada, dejando sus sonrisas impregnadas. Mientras, Hinata y los demás continuaron caminando; de pronto escucharon los gritos de Sasuke y se detuvieron en seco, observando que se aproximaban a una gran casa de madera, siguieron avanzando para tratar de acercarse sin hacer ruido. Después se asomaron por una de las ventanas, y pudieron ver como una extraña criatura arrastraba a su amigo por el suelo. No podían creer lo que sus propios ojos veían, aquel extraño ser con grandes ojos blancos y un inmenso hocico había atacado a su amigo.

—¿Qué es esa cosa? —preguntó en voz baja la joven de cabellos rosas—, ¿qué es?

—No sé, pero sea lo que sea, debemos ayudar a Sasuke —respondió Naruto—. Entraré.

—Espera, Naruto… —le llamó Shikamaru—. No sabemos qué pueda hacer esa criatura, o si es la única dentro.

—Shikamaru tiene razón —agregó Shino—, es muy peligroso entrar así, sin estar preparados.

—Está bien —el rubio los miró seriamente para después levantar uno de sus pulgares—. Entraré y sacaré a Sasuke sin que esa cosa se dé cuenta.

Y tras decir eso, corrió hacia la entrada sin hacerle caso a sus amigos; mientras éstos sólo lo vieron irse sin poder detenerlo, luego se miraron entre sí.

—Estúpido Naruto, voy a patearlo hasta el cielo… —soltó Sakura, yendo detrás de él.

—Es increíble que, en este tipo de situaciones, esos dos no puedan controlarse… —murmuró el Nara; y en ese instante giró la vista hacia Shino y Hinata, pero ésta última ya no estaba—, y al parecer, Hinata también —se golpeó la frente—. Tsk, son unos problemáticos.

—Shikamaru, mira esto —le habló el Aburame, señalando un recipiente—. Es gasolina.

Miraron de nueva cuenta la ventana, notando como la criatura se había alejado un poco de Sasuke, y también vieron que la Hyūga se había colado dentro de la casa; Shikamaru regresó a ver el recipiente.

—Esto nos servirá —revisó sus bolsillos encontrándose una cajetilla de cigarros y un encendedor—. Sígueme.

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Escuchó como los huesos de su pierna izquierda se rompían, tronando sin piedad. Señor Bocón siguió pisándolo, machacando aquella extremidad mientras él seguía gritando por el dolor y la desesperación, moviéndose frenéticamente para tratar de escapar, pero no podía ni lo haría; se encontraba a merced de aquel ser que quería acabar con su vida. Entonces, unas manos le sujetaron fuertemente los brazos, halándolo a la entrada; Sasuke echó su cabeza hacia atrás para ver quien lo ayudaba, miró el rostro de Naruto y de Sakura, quienes luchaban para poderlo sacar de aquella casa.

—¡Teme, estás gordo! —se burló de él—, ¡pesas mucho!

—¡Naruto! ¡deja de decir tonterías y tira con más fuerza! —lo regañó Sakura—. ¡Tenemos que salvar a Sasuke-kun!

—¿Na-naruto? ¿Sa-sakura? —preguntó antes de quedar inconsciente por la pérdida de sangre.

Ambos seguían luchando para lograr rescatarlo, pero aquel monstruo poseía una gran fuerza que se los imposibilitaba; se detuvieron al ver como una gran sombra se abalanzaba contra Señor Bocón, derrumbándolo al piso de madera. Notaron los ojos blancos de la joven que ahora se levantaba rápidamente para correr hacia ellos, no obstante, fue detenida por el pequeño ser que golpeó su rodilla, rompiéndosela.

—¡Hinata! —gritaron ambos al ver como su compañera caía al suelo.

No obstante, ella les hizo una señal para que continuaran huyendo y así sacar al Uchiha de ahí. Luego se levantó rápidamente, mientras veía que Señor Bocón corría hacia sus compañeros para tratar de detenerlos; miró su rodilla fracturada y como su pierna se encontraba doblada del lado contrario, la sujetó tratando de acomodarla, y sus huesos tronaron.

—Mierda —profirió. Giró su cabeza de un lado a otro en busca de algo que pudiera usar para poder exterminarlo.

Sus ojos se encontraron con el oxidado atizador de hierro que yacía tirado junto a la pequeña chimenea, lo cogió y con este le propinó un golpe devastador en la cabeza a Señor Bocón; enterrándoselo repetidas veces en el ojo izquierdo, ocasionando que la sangre brotara a borbotones, salpicando todo el piso de madera y también la ropa de Hinata. La pequeña criatura gritó de dolor mientras se llevaba sus diminutas manos a su ojo, apretando la herida y, causando que ese ojo se saliera de su cuenca.

—¡Maldita! —trató de alcanzarla—. ¡Los mataré… los mataré!

—¡Hinata! —le llamaron Naruto y Sakura, quienes seguían arrastrando a Sasuke para sacarlo de la casa—, ¡vámonos!

La miraron jadeante, blandiendo el atizador ensangrentado de un lado a otro y sonriendo enloquecida por ver tanta sangre. Aquella chica no parecía ser la tímida Hyūga que ellos conocían, era más idéntica a la que veían en sus pesadillas, quien los torturaba hasta la saciedad y que al finalizar, después de dejarlos agonizantes, les repetía que ella volvería para vengarse por lo que le hicieron…

—¿Hi-hinata? —soltó el rubio, un poco temeroso—. Debemos irnos.

—¡Hinata! —gritó la joven de cabellos rosas, causando que la Hyūga reaccionara y corriera hacia ellos—, ¡ahora!

La nombrada sujetó firmemente las piernas del Uchiha, levantándolo al mismo tiempo que sus compañeros para avanzar hacia la entrada, consiguiendo salir de aquella casa maldita. Inmediatamente, Shikamaru y Shino cerraron la puerta de un portazo, atrancándola con un gran trozo de madera y así impedir que aquella criatura pudiera salir; luego ambos se separaron, Shikamaru se quedó frente a la casa abandonada, vigilando así que Señor Bocón no escapara, mientras Shino sujetaba un recipiente y comenzaba a caminar alrededor del lugar.

Señor Bocón trató de levantarse para abrir la puerta, pero era demasiado tarde, ellos ya la habían cerrado para evitar que escapara; rio siniestramente al saber que, a pesar de que lo atraparan ahí dentro, alguien llegaría a vivir en esa casa de nuevo, y él continuaría matando a los pequeños niños que se hallaran en ese lugar. Sin embargo, pudo observar como aquel joven de lentes oscuros rociaba toda la zona con un extraño líquido dentro de un bidón de color rojo, éste se detuvo y se acercó al otro joven, quien retenía endeblemente un cigarrillo entre sus labios.

Después lo sujetó con sus dedos para arrojarlo hacia la casa, provocando que esta se incendiara inmediatamente. El calor era intenso y sofocante, causando que Señor Bocón comenzara a gritar desesperado al sentir como su piel se quemaba y se desprendía de su cuerpo.

—¡Malditos! —chilló con rabia—. ¡Los mataré!

Empero aquellos jóvenes se giraron, dándole la espalda e ignorándolo completamente. Naruto, Sakura y Hinata seguían cargando al joven azabache hasta alejarse considerablemente; colocaron al Uchiha sobre el suelo, tratando de hacer algo para parar la hemorragia. La joven de cabellos rosas vio horrorizada la gran herida que tenía éste a causa del trozo de madera incrustado en su abdomen; las manos le temblaron mientras trataba de sujetar con fuerza aquel objeto. Inhaló profundamente y tiró de él, ocasionando que brotara más sangre.

—Si la sangre sale a borbotones, puede ser señal de un daño arterial —murmuró, tratando de recordar lo que había aprendido en primeros auxilios—. Detener el flujo…

—Sakura —la llamó el rubio—, la sangre no se detiene.

—Shh —lo calló rápidamente—. Detener el flujo… ¡Naruto, presiona sobre la herida para así poder detener el flujo de sangre!

El Uzumaki colocó inmediatamente sus manos sobre la lesión de su amigo, haciendo presión para intentar parar la hemorragia; la sangre había dejado de fluir un poco. Éste miró de nueva cuenta a su amiga quien seguía murmurando, giró su cabeza hacia la Hyūga que miraba la sangre perdidamente.

—Ahora, debemos vendarla —buscó entre sus cosas—. Algo para vendar…

Hinata le ofreció la bufanda lila que llevaba. Sakura regresó a verla, la tomó y con ella tapó la herida de su amigo; inhaló profundamente antes de poner sus dedos índice y el medio sobre el cuello del joven azabache, y así, poder sentir el pulso de su carótida… notando que había disminuido considerablemente.

—Su pulso es débil —tembló asustada—. No podremos llegar a tiempo al hospital.

—¡No digas eso, Sakura! — chilló Naruto—. Llamemos a una ambulancia. Lo salvaremos.

—No podremos llegar, Naruto-san —confirmó la Hyūga—. A menos que… mi hermano es médico, y mi casa no está lejos de aquí, es la única opción que tenemos.

Asintieron y levantaron a su amigo, siguieron caminando fuera del bosque; mientras Shikamaru y Shino los alcanzaron para ayudarlos. Atravesaron el inmenso bosque bajo las siniestras sombras de aquellos seres que les miraban alejarse entre la espesa neblina, las voces de los niños dejaron de escucharse porque ya habían sido vengados.

—¡¿Qué le pasó a Sasuke?! —preguntó abrumado el Inuzuka—. ¡Está sangrando!

—Necesitamos llevarlo a casa de Hinata —respondió Sakura—. ¡Vámonos!

—¿A casa de Hinata? —miró a la nombrada—. ¡Debemos llevarlo a un hospital!

—¡Sasuke morirá! —gritó la Haruno—. Aunque lo llevemos al hospital no sobrevivirá… ha perdido mucha sangre.

El silencio reinó por unos minutos que parecían interminables. Hinata seguía observándolos callada, esperando pacientemente. Mientras Ino, quien era cargada por Chōji, le miraba, analizando lo que pasaba, ya que no comprendía porqué la Hyūga les ayudaba si ella ya no era humana, sólo un ser de la oscuridad que bebía sangre para sobrevivir. Entonces lo entendió: Hinata quería tomar la sangre de Sasuke.

—Mi hermano es doctor —explicó Hinata—. Él podrá ayudarlo…

—No perdamos tiempo discutiendo —habló el Nara—. Llevemos a Sasuke a la casa de Hinata; Chōji, tú sigue cargando a Ino para llevarla también…

La nombrada se sorprendió y recordó las heridas que la chica de ojos blancos le había provocado, como estas seguían sangrando; se abrazó más a su amigo y bajó la cabeza.

—Kiba, trae al perro —prosiguió—. Hinata, guíanos.

Apresuraron el paso, corriendo contra reloj para poder salvar la vida de su amigo que pendía de un hilo; sin embargo, ni uno de ellos se dio cuenta de la persona que les veía alejarse. Éste sonrió divertido al ver los rastros de sangre que quedaban en el frío y duro asfalto, se agachó levemente, sólo para tomar con su dedo índice un poco de la sangre que quedaba en el suelo; después los miró de nuevo.

—Sangre de un Uchiha… —susurró, probando lentamente aquel líquido carmesí—. Demon sanguinem***.

Colocó su mano sobre el ojo izquierdo para ajustar el aparato telescópico que llevaba, y así ver con precisión a los jóvenes que se alejaban; notó a la joven de ojos blancos y recordó a la única familia que tenía esa peculiaridad. Los Hyūga. Peinó su cabellera rubia hacia atrás mientras su ojo color azul parecía brillar con más intensidad.

—Un Hyūga ayudando a un Uchiha —soltó intrigado—. Esto será muy interesante cuando "él" se entere.

De las palmas de sus manos unas bocas humanas se abrieron, relamiéndose ante la mención de aquel apellido, y después estalló en carcajadas a la vez que se desvanecía en el frío de la noche.

. . .

Siguió sentado sobre el pequeño sillón victoriano de cuero, observándolos entrar a su hogar sin su consentimiento; notó que su hermana le miraba atenta, esperando a que se levantara y pudiera ayudarla. Más sin embargo, Hyūga Neji se quedó quieto, leyendo de nueva cuenta el gran libro que tenía entre sus manos.

—Neji —le llamó Hinata. Él la regresó a ver—, a-ayúdanos.

Arqueó la ceja, incrédulo al ver que su hermana menor había tartamudeado; frunció el ceño y sus ojos viajaron hasta los humanos que le miraban suplicantes, y como uno de ellos yacía acostado sobre su sofá color albaricoque favorito, sangrando sobre aquel mueble. Cerró su libro y se levantó con un movimiento ágil, para después sacudirse sus ropas elegantes con las manos; caminó hacia ellos con una majestuosidad inquebrantable y con cierto aire solemne a su alrededor.

Sakura le miró, notando sus facciones varoniles y a la vez maduras que lo hacían extrañamente sensual y atractivo, también la expresión arrogante y avasalladora de su mirada, cautivada por el misterioso velo que le envolvía, se sonrojó. Algo que no pasó desapercibido para su amiga Ino, quien regresó a ver al hermano de la Hyūga discretamente; ella sabía que aquel atrayente joven de piel pálida, cabellera castaña que caía por su espalda y con sus hipnotizantes ojos blancos, también era una criatura de la oscuridad. Sí, era un vampiro, lo sabía y estaba completamente segura del peligro que eso implicaba, del peligro que todos sus amigos corrían en aquella casa… para los dos Hyūga eran un gran manjar, y nadie los podría salvar.

La rubia gimió, asustada e incómoda.

—¿Quieren enterrarlo en nuestro jardín? —preguntó seriamente—. Ordenaré a los sirvientes que les presten algunas palas. No dañen las rosas.

—¡¿Estás de broma?! —Naruto lo sujetó del brazo, causando que el Hyūga se lo arrebatara inmediatamente—. ¡Te estamos pidiendo ayuda para salvar a nuestro amigo!

—No somos beneficencia… —abrió de nuevo su libro—. Y no vuelvas a tocarme.

—Neji —habló Hinata—, tú has estudiado medicina… puedes salvarlo.

El joven la miró molesto por un momento, y luego caminó de nueva cuenta hacia el asiento en el que se encontraba antes de que le interrumpieran, leyó por unos instantes y regresó a verlos. Kiba se inclinó para dejar al perro que cargaba sobre uno de los asientos, esperando no lastimarlo; el animal le miró fijamente y se quedó quieto, viendo lo que sucedía.

—Su amigo ya está muerto —soltó serio—. Sus heridas son muy graves, y por lo visto, ha perdido demasiada sangre. No sobrevivirá aunque le cierre las heridas.

—¡¿Pero qué dices?! —gritó Kiba—. Ni siquiera le has revisado, ¡¿cómo sabes que no se salvará?

—¡Hinata! —exclamó la joven de cabellos rosas—. Nos habías dicho que tu hermano podría ayudarnos, ¡ni se ha inmutado al ver a Sasuke así!

De pronto, una de las puertas se abrió y entraron dos figuras femeninas. Una de ellas era una hermosa mujer con piel nívea y cabello color azul oscuro; mientras que la otra era una pequeña niña de cabellera castaña con el mismo tono de piel, y llevaba entre sus brazos un gran peluche en forma de conejo color negro y con ojos de botón color rosa.

—¿Qué sucede aquí? —preguntó la mujer—. ¿Quiénes son ustedes?

—¡Madre! —Hinata soltó sorprendida—. Ellos son mis compañeros, y han atacado a uno de ellos. Está sangrando.

Sasuke comenzó a convulsionar, llamando así la atención de todos. La madre de Hinata volteó a verla, molesta al observar el estado en el que se encontraba el joven azabache; después reparó en la chica rubia, que también sangraba. La joven Hyūga negó ante las posibles suposiciones que su madre hacía en su mente.

Miko se acercó rápidamente al Uchiha, colocó dos de sus dedos sobre el cuello y miró el pequeño reloj en su mano derecha.

—Está muriendo —agregó—. Ayúdenme a llevarlo a la planta alta, a una de las habitaciones…

—Gracias —habló Naruto, sosteniendo a su amigo para poder cargarlo—. Muchas gracias, señora Hyūga.

—No te preocupes —le sonrió amablemente; luego miró a la rubia—. Suban a su amiga, al parecer también está herida.

Chōji ayudó a Ino a subir las escaleras; ambos se habían quedado hasta atrás, viendo como los demás caminaban apresurados hasta una de las habitaciones. La pequeña Hyūga los seguía, avanzando a su lado, al mismo paso y moviendo el gran peluche en forma de conejo de un lado a otro; les sonrió, causando que la Yamanaka se aferrara con más fuerza a su amigo.

—¿Eres la puta de mi hermana? —preguntó al notar las marcas en el cuello de la rubia—. Oh sí, eres su puta.

—¡Ha-hanabi! —habló Hinata, quien había regresado por sus dos compañeros—, deja de decir eso.

—Pero si es tu puta —señaló los pequeños orificios en la piel de Ino, y relamió sus labios—. ¿Puedo probarla también?

La Yamanaka se impresionó al ver como aquella pequeña se acercaba a ambos, asustada y sin saber qué hacer, hundió sus dedos sobre las clavículas del Akimichi, pero éste seguía sin moverse; estaba bajo el encanto de sus hermosos ojos blancos, sin percatarse del peligro que representaba aquella niña llamada Hanabi. Sin embargo, Hinata se atravesó, acariciando la cabellera de su hermana, después se alejó de ella para ayudar a los dos a subir hacia la planta alta de aquella mansión.

—¿Qué? ¿eh? —dijo Chōji un poco confuso, masajeándose su sien—. ¿Qué estábamos haciendo?

—Vamos a que mi madre cure a Ino-san —contestó Hinata sin dejar de ver a la rubia—. Síganme.

Mientras Ino seguía pendiente, vigilando que los otros Hyūga no los atacaran por la espalda, más eso no sucedió. Neji y Hanabi se quedaron parados junto a la escalera, contemplando como los tres se alejaban de ellos, sonrieron sínicamente y, mostraron sus colmillos punzantes y sus ojos que parecían brillarles; después se miraron entre sí, a la vez que el peluche en forma de conejo movía su cabeza hacia arriba para poder ver mejor a los dos Hyūga.

La pequeña observó a su juguete y lo pegó más a su cuerpo.

—¿Tú también olfateaste aquel aroma, Señor Conejo? —le preguntó a su peluche—. Nuestra hermanita le ha compartido su sangre a esa puta.

El juguete asintió.

—Neji —llamó a su hermano—, tengo hambre.

—Llamaré a una de las criadas, querida hermana mayor… —tomó la mano de su hermana—, para que le alimente. Vamos.

Avanzaron por uno de los pasillos que conducían a otra habitación, tomados de la mano; mientras Señor Conejo movía su boca hecha de hilo color rosa, formando una sonrisa siniestra llena de maldad.

. . .

Sus compañeros permanecían fuera de la habitación; sólo su mamá, Ino, Sasuke y ella se encontraban dentro. Vio a su madre acercarse al joven azabache, lentamente, asechándolo hasta llegar junto a él; se sentó suavemente sobre el colchón y colocó su mano derecha sobre la cabeza de Sasuke para rozar con parsimonia su rostro, suspiró sumida en sus pensamientos, tal vez en recuerdos dolorosos que trataba de dejar atrás durante todos los años que llevaba con vida. Sonrió, y después acarició su cabello dejando que sus dedos se pasearan por las suaves hebras oscuras de aquel joven, sin embargo, su sonrisa se fue borrando, traicionada por sus emociones las lágrimas comenzaron a escapar.

Inhaló profundamente tratando de calmarse, hasta que pudo olfatear aquel aroma que desprendía él joven azabache, aquel perfume que había grabado en su mente tiempo atrás, y que sabía bien, conservaría por toda la eternidad. Su sangre corrupta, hedionda de maldad… él era un Uchiha.

—¿Uchiha? —preguntó instantáneamente, alejándose un poco de él—, ¿él es un Uchiha?

—Sí —respondió Hinata, mirándola curiosa—. Sasuke Uchiha.

—Su sangre está podrida… —tomó un pequeño frasco, y en un rápido movimiento arrojó un poco del líquido que contenía sobre las heridas—. Aun así…

Acercó la boquilla del frasco a los labios de Sasuke, haciendo que éste consumiera aquel líquido transparente; mientras ella iba cambiando su dulce mirada por una fría y sin sentimientos.

—Lo voy a salvar —retiró el envase, ahora vacío, de la boca de Sasuke—, porque él es…

Entonces, calló abruptamente. Entretanto, Hinata sólo contemplaba la escena sin entender, mirando como las lesiones del Uchiha sanaban automáticamente sin dejar rastro; recordó que el líquido que contenía ese pequeño frasco eran lágrimas de un ave Fénix, las cuales tenían la habilidad de sanar cualquier herida. La Hyūga mayor se había encargado, años atrás, de sustraerlas de esas hermosas aves que resurgían de las cenizas.

Hinata sabía que Miko Hyūga y ella eran especiales, diferentes de Hiashi, Neji y Hanabi; incluso, la luz del sol no las podía dañar, sólo debilitar.

La Hyūga menor se dio cuenta de la mirada llena de rencor que su madre le dirigió al Uchiha; pero después reparó en la rubia que les miraba, sentada en una de las esquinas de la habitación. Miko tomó otro frasco y un pedazo de algodón, impregnándolo de las lágrimas del Fénix; se lo dio a Hinata para que ella se lo alcanzara a la Yamanaka y así curara sus heridas.

—Ustedes… —Ino sostuvo el algodón—, son vampiros… todos ustedes.

—Mira Ino, si dices algo de esto a uno de tus amiguitos —Hinata la sujetó de las mejillas, apretándolas levemente—, tendré que matarlos —entrecerró los ojos—. Después iré por ti, y te torturaré eternamente.

—No tengo miedo —agregó la rubia.

—Deberías —hundió sus uñas sobre la blanca piel de Ino, haciéndola sangrar. Después le pasó rápidamente otro algodón sobre las heridas para que estas se curaran—, porque no estoy jugando…

La puerta se abrió, interrumpiendo a Hinata. Naruto, Sakura, Kiba, Shino, Shikamaru y Chōji asomaron sus cabezas, tratando de saber si sus dos amigos se encontraban bien; notaron que la Yamanaka ya no tenía heridas en su cuello, y que Sasuke parecía estar mejor. Entraron y se acercaron a ellos, mientras Miko cubría con unas sábanas el cuerpo del joven azabache para que así no se dieran cuenta que sus heridas habían sanado rápidamente.

Hinata colocó una venda sobre el cuello de la rubia.

—Su amigo se está recuperando… —habló la madre de Hinata—, satisfactoriamente.

—¡Usted es una gran doctora! —exclamó el Uzumaki—. Es muy rápida, y ha salvado al Teme.

—Oh pequeño, eran heridas profundas, pero no tan graves como pensaban —respondió Miko—. Logré cerrarlas, la hemorragia ya había disminuido.

Se acercó hacia Sakura, tomó uno de los mechones de su cabello y lo acarició, sonrió amablemente.

—Sakura fue la que detuvo la hemorragia —explicó Naruto—. Si no, Sasuke seguiría sangrando.

—¿Si? —murmuró la madre de Hinata—. Esta joven tiene unas manos tan suaves y delicadas…

Las acarició con la yema de sus dedos, causando que Ino se levantara rápidamente, acercándose hacia su amiga. Ésta última no comprendía porque la Yamanaka había actuado así; entonces se quedó quieta, sin decir palabra alguna.

—Qué extraño —soltó el Nara—. Sasuke perdió mucha sangre, pero, no hubo necesidad de una transfusión.

—Oh, es cierto —agregó Kiba, quien miraba hacia la cama en la que estaba el joven azabache—. No hay bolsa de sangre.

—A-ahora iba por unas que tenemos guardadas —manifestó Hinata—. Los Hyūga han sido doctores desde hace años —y tras decir esto, quiso arrepentirse al darse cuenta de su error.

—Creí que los Hyūga sólo eran empresarios —habló Sakura—. Generación tras generación.

—No todos los de esta familia seguimos dicha tradición —soltó alegre la Hyūga mayor, tratando de arreglar la equivocación de su hija—. Mis hijos serán doctores si quieren serlo. Pero, dejemos ese tema a un lado, queridos —cambió el tema inmediatamente—. Debemos dejar que su amigo descanse, les recomiendo que vayan a sus hogares, ya es tarde…

—Nos quedaremos aquí —agregó Naruto—, a cuidar de Sasuke.

—Tranquilos, eso no es necesario —explicó Miko—. Mañana deben de tener escuela, y estar al pendiente de su amigo será un poco pesado… la servidumbre estará a cargo de cuidarlo, y también lo vigilaré.

—Pero…

—Ya, ya… —los fue dirigiendo a fuera de la habitación, cerrando la puerta detrás de ella—. No se preocupen.

Todos se dejaron convencer por aquella noble dama, fueron bajando por las escaleras hasta la planta baja. Ella los fue encaminando hacia la entrada, abrió la puerta y se mantuvo ahí, para que los jóvenes pudieran salir; sin embargo, estos se quedaron quietos, notando que aquel perro que les había avisado sobre el ataque a Sasuke, ya no se encontraba. Había desaparecido.

—¿Y el perro? —preguntó Kiba—. Creí que estaba herido, ¿dónde estará?

—Tal vez regresó con su dueño —contestó Sakura—, o huyó.

—Le estamos agradecidos por salvar a Sasuke-bastardo…—agradeció Naruto—. Él pudo haber muerto.

—No tienen que agradecerlo —respondió la Hyūga mayor—. Aunque, no me han dicho qué es lo que provocó las heridas de su amigo.

—Un animal lo atacó —mintió Shikamaru—. Un oso.

—Eso es peligroso —habló Miko, fingiendo preocupación—. Pero todo resulto bien, y él está a salvo.

—Nos vemos ma-mañana en la e-escuela —soltó Hinata, tratando de correrlos. No le gustaba que estuvieran ahí, sobretodo el Aburame y el Nara, quienes eran muy perspicaces—. Yo les i-informaré sobre el e-estado de Sasuke-san.

Les hizo el ademan para que salieran. Todos fueron atravesando la puerta sin decir nada, despidiéndose de Miko; mientras Hinata esperó a que Ino pasara a su lado para sujetarla de su brazo, susurrándole algunas palabras que impresionaron a la rubia e hicieron que se alejara de ella rápidamente… y cuando todos salieron, Hinata cerró la puerta para después asomarse por una de las ventanas en espera de que ellos se marcharan; aquellos jóvenes desaparecieron en la oscura calle.

Neji y Hanabi hicieron aparición, ésta última con unas manchas de sangre en la comisura de sus labios; sonrió. Miko subió a la planta alta de nueva cuenta, para poder cerrar con llave el cuarto del joven azabache y así protegerlo de sus hijos que podrían morderlo; era la única que podía mantener un control total sobre su necesidad de consumir sangre. Dejó a los tres Hyūga solos.

—¿Has dejado viva…? —comenzó a preguntar la menor—, ¿a tu puta?

—Ella no es mi… —se sonrojó—. Sí, pero ella no hablará. La he amenazado.

Y en ese instante, tras escuchar a su hermana, Hanabi rio fríamente…

—Eso no sirve de nada, hermanita menor…

Fue acercándose, moviendo su dedo índice y flexionándolo de arriba hacia abajo para que su hermana menor se acercara. Al ver esto, Hinata caminó lentamente hacia ella, inclinándose levemente a la altura de su hermana mayor; ésta la sujetó de sus mejillas y las apretó fuertemente.

—Mátala —exclamó fríamente—. Quiero que mates a esa puta.

—Pero…

—¿Estás desobedeciendo las órdenes de tu hermana mayor? —cuestionó Hanabi, incrédula—, ¿lo estás haciendo?

—Lo haré —respondió Hinata, alejándose del agarre de su hermana—, si ella habla.

Hanabi volvió a reír, y Señor Conejo no apartó la vista de Hinata.

—Mi querida hermana menor me desobedece… —entrecerró sus ojos—. Está bien, si así quieres jugar.

—La luz del sol protegerá a esa joven —agregó Neji—, pero es en la oscuridad de la noche cuando debe cuidarse.

Y ambos se alejaron de Hinata sin decir nada más. El juego para ellos había comenzado, cazar y matar… y Yamanaka Ino ahora era la presa.

. . .

La Hyūga se removió entre sus sábanas, inquieta, mientras la necesidad de beber sangre humana volvía a surgir. Con la garganta reseca y sin poder contenerse, se levantó rápidamente; relamiéndose los labios, caminó hasta la habitación que ahora ocupaba el joven azabache, se detuvo en la puerta al escuchar los leves quejidos que salían del interior, luego se recargó en la puerta de madera con el brazo doblado y la frente sobre él, inhalando profundamente.

Sedienta y desesperada, decidió entrar.

—Necesito beber más sangre —expresó—, sólo un poco más…

Abrió la puerta y la oscuridad se desvaneció por la interrupción. Entonces lo vio ahí, inmóvil e indefenso, sumido en un sueño profundo; se acercó lentamente mientras sus ojos blancos recorrían el torso desnudo del Uchiha, viendo como este subía y bajaba lentamente. Se sentó al borde de la cama, notando su apacible respiración y sus latidos acompasados.

Mojó sus labios con la lengua y respiró profundamente…

—No —se regañó en voz baja—. Tranquila Hinata, contrólate.

Se volteó con un leve gruñido y se levantó de nuevo, alejándose lentamente; giró su cabeza, él aun dormía. Y sin pensarlo, se aproximó otra vez, acercándose más a su pálido rostro hasta sentir su aliento sobre la piel; luego paseó su mano por todo el rostro de Sasuke, mientras una pequeña sonrisa emanaba de sus labios. Así dormido le parecía tan suculento que el deseo de devorarlo la estaba carcomiendo.

—Nadie sabrá… —acarició la yugular del Uchiha con la yema de sus dedos—, si pruebo un poco.

En su interior, sintió que algo le gritaba que lo hiciera, que no se detuviera. Sonrió maliciosamente y mostró sus largos y filosos colmillos, dispuesta a morderlo; hasta que él abrió sus ojos, rojos como la sangre, furiosos. La Hyūga inconscientemente se retiró un poco, pero él le sujeto del cuello, empujándola hacia atrás y sometiéndola completamente. La estaba estrangulando, y ella no podía quitárselo de encima; pataleó insistentemente hasta que él la abrió de piernas y la empotró contra el colchón de la cama.

—¡Su-suéltame! —gritó fuerte cuando él dejó de ahorcarla—, ¡suéltame, Uchiha!

Sin embargo, la expresión sombría del Uchiha no desapareció, sólo retrajo sus labios mostrando así sus dos afilados colmillos y que, en un rápido movimiento, clavó en el cuello de la Hyūga; y ésta sólo pudo sentir como le atravesaban la piel, mientras su sangre salpicaba la pálida piel de Sasuke, desde el torso hasta la cara. El joven azabache sonrió enloquecido de placer al ver a Hinata desangrarse, entonces la sujetó fuertemente y volvió a morderla una y otra vez, causando que ella gritara de dolor.

La sangre continuó brotando, y el Uchiha la siguió atacando.

No podía más, el dolor le era insoportable. Entonces arqueó su espalda a la vez que él le hundía sus largos dedos en las costillas, desesperado por seguir bebiendo ese líquido carmesí; y ella sólo volteó su rostro hacia a un lado, consumida por el dolor, hasta que vio entre la oscuridad de aquella habitación, el rostro de aquel sujeto que creyó haber olvidado cuando éste la abandonó junto a su madre.

Su padre.

—A-ayuda —le rogó, pero ese hombre jamás se acercó—, por favor.

Hizo su cabeza hacia atrás, mientras el Uchiha tomaba impulso para hundirle los colmillos sobre su pecho, clavándolos de un sólo golpe, perforándole el corazón.

. . .

—Cof, cof —tosió desesperada a la vez que trataba de tomar aire—. ¡Mi-mierda!

Se sentó bruscamente en la cama, colocando una de sus manos sobre su pecho y la otra en el cuello, buscó alguna herida, pero no encontró nada; sus pies tocaron el frío piso de la habitación. Observó todo a su alrededor, la oscuridad del pequeño lugar y una suave luz que se colaba a través de su ventana, rebotando en los cristales que colgaban del techo; aclaró la garganta y se levantó de un brinco.

No entendió el sueño que había tenido. Rascó su nuca mientras caminaba por la habitación, deteniéndose unos instantes frente al espejo para ver su reflejo… y sus ojos blancos. Los cerró y suspiró derrotada hasta que volvió a abrirlos, siendo sustituidos por unos de color rojo. Se hizo hacia atrás y giró sobre su pie para salir inmediatamente de ahí; caminó por el solitario pasillo de la mansión, deteniéndose frente a la habitación que ahora ocupaba el Uchiha, luego colocó su mano sobre la puerta, sin embargo, los recuerdos de su extraña pesadilla surgieron de nueva cuenta para agobiarla.

—Estúpido Uchiha —expresó enojada.

Separó pausadamente sus dedos de la puerta, alejándose un poco. Giró sobre sus pies y caminó hacia una ventana, tratando de hacer el mínimo ruido posible, la abrió. Estuvo allí unos minutos, mirando el cielo estrellado; subió uno de sus pies al marco de esta, después el otro, e inhaló hondo antes de lanzarse al vacío. Cayó parada sobre el césped, levantó la vista hacia su casa como si esperase que alguien la detuviera, pero nadie apareció… siguió caminando hacia la calle.

Avanzó por las oscuras y desoladas calles de la ciudad, de repente escuchó algunos murmullos que hicieron que se detuviera en un callejón; un grupo de hombres ebrios salieron de ahí, mirándola lujuriosos y deseosos.

—¡Hey, preciosa! —gritó uno de ellos—. ¿Qué haces tan solita aquí? ¿no quieres compañía?

Hinata les miró y asintió rápidamente, avanzando hacia ellos para entrar al callejón. Los sujetos se le acercaron, excitados y ansiosos por probarla; sin embargo, la Hyūga no les dio tiempo de reaccionar, se había abalanzado sobre ellos mientras mostraba sus filosos colmillos insaciables de sangre. La muerte rondaba bajo aquel cielo nocturno, y los gritos de dolor de aquellos hombres se escucharon por toda la ciudad.


Continuará…


"Más allá de la puerta"

*Sobre la frase: Es un fragmento de la canción "Rolling Girl" de Hatsune Miku, sobre una chica (Miku) que sufre de bullying (acoso escolar), pero no quiere decírselo a nadie, porque prefiere que los demás se den cuenta por sí mismos. Y en esta historia, la anterior Hinata sufrió bullying, por lo que me pareció perfecta para la situación…

**Ama-no-jaku: Lo sabe quien leyó el capítulo tres, "Definitivamente muerta".

***Demon sanguinem (latín): Se traduce al español como "Sangre de demonio". No diré más porque esto tiene que ver con lo que vendrá en capítulos próximos.


Notas de la autora:
¿Creen que esto ya acabó?
Pues sobre esta criatura sí, pero aún faltan más.

Y bienvenidos a los nuevos lectores… ojalá sigan pasando.

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