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Disclaimer:
"Los personajes de Naruto, así como su mundo, son propiedad de Masashi Kishimoto; yo sólo los tomé prestados para hacer este fanfic"
Título: Vampyr
Autora: Antifashion19
Género: Sobrenatural | Horror | Misterio | Suspenso | Romance
Personaje(s)/pareja(s) principales: Hinata H. | Sasuke U. | Ino Y. | Naruto U. | Sakura H.
Advertencias: Sasuke x Hinata. Sakura x Naruto x Ino. Universo Alterno. Posible OoC. Palabras soeces.
Leve Yuri. Violencia y muertes.
Sobre aviso no hay engaño.
Si eres anti de estas parejas, no leas y ya; pero si eres un lector de gustos variados, y sólo te importa el contenido de la historia… ¡Bienvenido seas!
Créditos: La imagen que he usado para la portada le pertenece a Majiteenshi, cuyo link a su Tumblr se encuentra en mi profile.
Edición: 02 de Febrero de 2017. Con la perdida de todos mis escritos de mi laptop, he vuelto a editar.
Aclaraciones sobre el capítulo:
Hanabi y Neji son perversos, sin embargo, Hinata lo es aún más; también debo decirles que Miko no es Mikoto, sé que por el nombre uno podría pensar que son la misma persona, pero no. Creo que eso es todo… por ahora.
Capítulo VII. Cacería
Observó con detenimiento el blanco paisaje que le rodeaba, los copos de nieve que descendían del cielo para desvanecer aquel panorama. La fría brisa acarició su piel, y un escalofrío invadió su pequeño cuerpo, se detuvo en la entrada de su casa para acomodarse el abrigo color azul que llevaba puesto y su bufanda roja aterciopelada; después, frotó insistentemente sus diminutas manos contra sus brazos en un intento de brindarse calor, mientras que su nariz y mejillas se ponían coloradas. Pero siguió ahí, afuera de su hogar, esperando a que su madre regresara con las compras y él así poder ayudarla; estaba seguro que por ello le recompensaría, así que sonrió felizmente, moviendo sus pies para hundirlos en la densa nieve, hasta que vio las manchas que teñían de carmín la blanca espesura.
Escuchó unos pequeños sollozos e inmediatamente caminó en la dirección de la cual provenían…
Se preguntó si era un animal indefenso que se había lastimado; e imaginó que tal vez podría quedárselo y hacerlo su mascota, aunque sabía que su padre se negaría, pero tenía la esperanza que su madre le ayudaría. Rió para sus adentros al creer que pronto tendría un perrito saltando por su casa, o un gato ronroneando entre sus piernas.
—Du-duele —oyó como alguien se quejaba, se aproximó hasta la casa de sus vecinos—, duele.
Meneó sus manos de un lado a otro antes de seguir caminando, sus pies se enterraron más y con esfuerzo comenzó a avanzar; el viento sopló con fuerza y la nieve se arremolinó alrededor de él. Su vista se empañó de tristeza al ver a la pequeña niña que yacía recargada sobre una de las columnas del pórtico de la otra casa, con su rostro redondito y mallugado, con los moretones violáceos que cubrían sus brazos y con algunas cortadas en el contorno de su cara.
Reparó en como ella permanecía allí, quietecita, con sus andrajosas ropas, posando una de sus manos sobre su mejilla derecha, la cual se encontraba totalmente enrojecida.
—Oye, ¿e-estás bien? —preguntó preocupado y, lentamente, avanzó hacia ella, mordisqueando sus labios.
—A mi madre… —ella le devolvió la mirada, con aquellos ojos oscuros y vacíos, mientras sus azulados labios se curvaron en una torcida sonrisa—, a mi madre…
Intentó aproximarse más para poder escuchar lo que la niña hablaba, pero ella comenzó a reírse tan siniestra y malvadamente que le heló hasta en lo más profundo de su alma; parecía ser un demonio que había salido de lo más profundo del infierno. Sin embargo, y a pesar del miedo que la pequeña le transmitía, no pudo sentir más que lastima al verla ahí, sentada sobre el suelo helado, con la ropa empapada y sus oscuros cabellos enmarañados, con la sangre manchando su tez pálida y con aquel moretón en la mejilla.
Y debía admitir también que, a pesar de todo aquello y del hilillo de sangre que brotaba de su nariz, se veía realmente hermosa. De repente, sin comprenderlo siquiera, sintió que su corazón se aceleraba y que latía rápidamente como el aleteo de los colibrís que había visto en un documental en la televisión; notó que sus mejillas estaban calientes, y comenzó a ponerse nervioso. Dio torpes pasos para acercarse a la pequeña.
"Era como el encanto de una sirena"
—¡¿Dónde estás, estúpida?! —se detuvo al escuchar aquel grito; vio como una mujer parecida a la niña, se acercaba a ésta—. ¡Aquí estás! Metete a tragar, maldita mocosa.
La mujer la sujetó del antebrazo y volvió a gritar como energúmena. Él no sabía qué hacer, trató de gritarle a aquella señora pero vaciló luego de un instante al ver los ojos de la pequeña, llenos de terror al ser zarandeada, y después, golpeada brutalmente hasta caer de nueva cuenta al suelo. Retrocedió unos cuantos pasos, lentamente, lejos de ese lugar, no quería seguir viendo aquella escena y, finalmente, sólo pudo contemplar como la niña se hincaba de rodillas, juntando las manos en ademán de súplica.
—¡Lo siento! —chilló aterrada, presa del pánico—. ¡Lo siento, mamá!
Y a pesar de sus ruegos, no pudo evitar que su madre la tomara del cabello para arrastrarla al interior de su casa, mientras gritaba de dolor y pataleaba para liberarse; luego observó, con los ojos inundados en lágrimas, como aquel niño le miraba atemorizado, con las manos temblándole… se tragó su sufrimiento y le sonrió antes de ser arrastrada a dentro.
Pero él se quedó quieto, aterrorizado al escuchar como la madre de aquella pequeña la golpeaba sin piedad y como ésta, no dejaba de gritar que se detuviera, que por favor ya no le pegara, que sería una niña buena; se llevó inmediatamente las manos hacia sus oídos para dejar de escuchar.
—Mami, vuelve —quiso contener el llanto mientras seguía implorando—. Mami, regresa pronto.
De pronto, vio como un automóvil se detenía en la entrada de la casa de la niña, y notó como aquella señora salía rápidamente para recibir al hombre que bajaba de aquel vehículo; éste le miró con aires de grandeza y le dedicó una sonrisa arrogante, mientras encendía un cigarro. Besó a la mujer y regresó a verlo de nuevo…
—¿También ese crío es tuyo? —preguntó, dándole una calada más a su cigarrillo—, ¿otro más?
—Ese es de los vecinos —respondió molesta a la vez que se retocaba el maquillaje—. Sólo la bastarda es mía.
—Si no quieres a tu hija, ¿no deberías deshacerte de ella? —le aconsejó—. Después de todo, no la quieres, así que no sentirás nada si la mandas a un orfanato, o mejor aún, déjasela a su padre.
—Ya cállate —lo miró de mala gana, mientras le quitaba el cigarro—. Ese bastardo se fue y me dejó preñada —fumó un poco—. No quiero a esa niña, pero si me deshago de ella, mi madre dejará de mandarme dinero para la manutención.
—Oh, así que es tu minita de oro —el hombre torció los labios con ironía—. ¿Qué te parece si te invito un trago?
—Esperaba que lo dijeras —ambos se subieron al automóvil tan pronto como pudieron—, tengo tantas ganas de beber.
El hombre arrancó, y sólo dejo las huellas de los neumáticos en el blanco suelo. El pequeño retrocedió rápidamente, preso de la culpa al recordar a la niña que había sido maltratada delante de sus ojos sin poder hacer nada; después, sintió un temblor recorriendo cada parte de su cuerpo, asustado, corrió hacia su hogar intentando llegar al patio trasero para poder encontrar una forma de entrar a la casa de al lado. Sus pequeñas piernas se le hundían en la nieve mientras las hojas y las ramas caídas que había bajo el hielo crujían bajo sus pies, aunque en esos instantes, sólo podía oír el palpitar de su corazón desbocado y percibir como la respiración se le dificultaba.
Llegó al patio trasero, tratando de no escuchar el graznido de los cuervos que parecían querer intimidarlo. Se acercó a la ventana que daba al jardín de la vivienda de la niña para asomarse de manera sigilosa; apoyó la frente contra el vidrio y pudo ver a través de este, como ella permanecía tirada sobre el suelo, cubriéndose la cara con ambas manos.
—Sí, sí —escuchó los suaves sollozos que la pequeña emitía, y también pudo oír lo que ella murmuraba con rabia—. La mataré, la mataré… mataré a esa mujer.
Golpeó sutilmente el cristal de la ventana con su dedo índice, esperando a que ella lo oyera. Sin embargo, comenzó a ponerse nervioso, buscó cualquier excusa para explicar porque estaba ahí, viéndola desde afuera; bajó la vista hasta encontrarse con una pequeña pelota enterrada en la nieve, se agachó un poco para cogerla, retomó su postura y se giró de nueva cuenta, pero se llevó una gran sorpresa al toparse con el rostro demacrado y cansado de la niña. Ella abrió la ventana.
Notó que había más moretones de los que ya tenía. Bajo la vista, avergonzado de no haber podido defenderla.
—¿Qué quieres? —preguntó levemente, pero el dolor le impidió continuar; se sobó el pómulo derecho—. Duele.
—No te preocupes… —extendió sus manos hacia arriba para poder tocar la mejilla enrojecida de la pequeña—, el dolor se irá.
Pero ella se quedó callada e inmóvil, mientras sus ojos negros se llenaban de lágrimas; las limpió rápidamente a la vez que asentía, feliz, y después sonrió agradecida.
—Mi nombre es Sasuke —se señaló a sí mismo—. Y el tuyo, ¿cuál es?
—Mi nombre es… —ella dudó un poco; comenzó a balbucear algunas palabras a la vez que jugaba con sus dedos—, Hinata.
La pequeña sonrió, y Sasuke quedo cautivado por su rostro; no podía apartar los ojos de ella, le pareció que tenía una sonrisa hermosa, y después le tomó la mano, para posteriormente sonrojarse.
—Tú nombre es muy bonito —agregó avergonzado.
—¿Sabes qué significa mi nombre? —le cuestionó, curiosa.
—Sí —Sasuke admitió, e inmediatamente dirigió su mirada hacia un lado, contemplando como los rayos de sol iluminaban la nieve que cubría todo a su alrededor—. Significa un lugar solea…
—¡Sasuke!
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Escuchó el graznido de un ave que identificó rápidamente, un cuervo, rompiendo el silencio del lugar en el que se encontraba. La luz le molestó los ojos y los abrió levemente, tratando de protegerlos con su mano de los rayos solares que se colaban a través de lo que parecía una ventana; se sintió extrañamente bien a pesar de saber que no se hallaba en su habitación, pero cuando los terribles recuerdos de la noche anterior invadieron su mente, simplemente no pudo respirar, como si dentro de él hubiese una extraña furia que no pudiera suprimir al saber que no logró hacer nada para defenderse.
Se sintió estúpido, débil y pequeño, como cuando conoció por primera vez a Hinata y no pudo protegerla de su madre; ni aquella vez, ni las otras veces en las que se la encontró. Su garganta se encontraba reseca, se levantó levemente para poder visualizar bien en donde se localizaba, hasta que de nuevo aquella extraña sensación lo abrumó.
Se quedó en silencio, y de pronto oyó pasos, voces y susurros indescifrables fuera de la habitación; se acercó a la única puerta de aquel cuarto, notando que estaba cerrada por dentro.
—¿Cómo puede estar cerrada así? —se preguntó al darse cuenta que él era el único dentro. Se masajeó la sien, mientras giraba la perilla—. ¿Dónde demonios estoy?
Abrió lentamente, sosteniéndose del marco de la puerta, y pudo observar el gran pasillo frente a él; notó la diminuta figura que se encontraba en aquel mismo lugar, frente a otra de las puertas de aquel corredor. Ésta, lo miró antes de posar una de sus manos sobre el pomo de la puerta, y una risita traviesa escapó de sus labios; se acercó con paso apresurado hacia él, y Sasuke pudo notar sus blanquecinos ojos que le miraban fijamente.
Trató de hablar, pero de su garganta sólo salió un pequeño hilillo de voz finita, casi imperceptible. Después carraspeó un poco…
—¿Eres familiar de Hyūga Hinata? —preguntó con el ceño fruncido.
Ella asintió sin decir palabra alguna. Y él se quedó quieto, mirando con atención las expresiones de la pequeña, apreciando el parecido que tenía con Hinata -la que había muerto-, en sus ojos tristes y su sonrisa nostálgica; pero su vista recayó en los ojos blancos y el cabello castaño de la niña, y de nueva cuenta recordó que no era Hinata, y no lo sería, porque aquella Hinata estaba muerta, enterrada a varios metros… todo por su culpa.
—Hermanito —le llamó. Sasuke parpadeó confuso—, ¿puedes ayudarme?
—No soy tu hermano —afirmó—. ¿Qué quieres?
En ese instante, ella se acercó más a Sasuke, y le hizo un sutil ademán con el dedo índice para que él se inclinara un poco; entonces la niña se posó a su lado, y acercó sus labios al oído del Uchiha para susurrarle algo en secreto.
—Tengo hambre —pronunció esas palabras con voz honda y sepulcral, y después se aferró a su cuello. Abrió lentamente su boca para mostrar sus filosos colmillos sin que él pudiera verlos—, mucha hambre. ¿Podrías alimentarme?
Sin embargo, antes de que pudiera enterrarle los colmillos en la yugular, fue alejada por un joven parecido a ella; de tez pálida, cabellera castaña y ojos blancos. Éste, apretó a la niña contra su cuerpo antes de alzarla sobre su hombro para cargarla como si fuera un costal de papas, miró de forma despectiva al joven azabache y después le sonrió arrogantemente.
—Oye, tú… —le llamó, viéndolo de pies a cabeza—, ¿cómo te llamas?
—Es una cortesía muy común, dar tu nombre antes de preguntárselo a alguien más —el Uchiha alzó una de sus cejas y se cruzó de brazos, apoyándose en la pared—. Además, no estoy obligado a contestarte.
El joven castaño se carcajeó profusamente, mientras se relamía los labios sin poder evitarlo al percibir el aroma que el Uchiha desprendía; aquel olor de la sangre que corría por sus venas y que llegaba con parsimonia hasta su nariz. Su lengua se paseó con lentitud por sus labios, degustando sin siquiera haber probado dicho líquido carmesí.
—Mi nombre es Neji —musitó, sintiendo que sus colmillos le punzaban desesperados—. Hyūga Neji.
—Ne-ji —la pequeña silabeó, estirando sus brazos para poder tocar a Sasuke—, tengo hambre.
—No te preocupes, hermana —regresó a ver al joven azabache, y sonrió siniestramente —. Pronto comeremos.
El Uchiha no parecía entender, hasta que el otro joven se acercó amenazadoramente a él, posando una de sus manos sobre el marco de la puerta, acorralándolo; y la niña torció una sonrisa cínica.
—Neji, Hanabi —escucharon una voz femenina junto a ellos. Los tres giraron sus vistas hasta toparse con la figura de una mujer adulta—, no molesten al amigo de su hermana —ella sonrió y miró al Uchiha, se acercó más a él para poder entregarle la ropa que llevaba en sus manos—. Me alegro que te encuentres bien, aquí tienes un cambio de ropa.
Sasuke notó por fin, que sólo llevaba puesto un pantalón manchado de sangre, y que su torso se encontraba desnudo; sujetó aquellas prendas para poder cambiarse y abandonar aquel lugar. Debía regresar a su hogar antes de que su madre se preocupara por él, era la única que lo hacía. Bajó la vista y sacudió un poco la ropa, agradeció el gesto antes de volver a entrar a la habitación.
Y por primera vez, desde que se despertó, se miró el pecho sólo para descubrir que no tenía ni una de las heridas que Señor Bocón le provocó; incluso, recordó que tenía un trozo de madera perforando su abdomen, pero que de este, ahora, no había ningún rastro. Supuso que tal vez, al acabar con aquel ser, sus heridas se habían desvanecido también. Entonces, a su mente vino la pregunta que Hinata le había hecho hacía tiempo atrás…
—Sí sabía lo que significaba tu nombre —sonrió apesadumbrado, colocando una de sus manos sobre su frente—. Aun lo recuerdo… "un lugar soleado".
Y con esas memorias removiéndose en su cabeza, con aquella sensación que le punzaba el corazón, se preguntó, después de tantos años: ¿qué era lo que aquella Hinata murmuraba la primera vez que la conoció?
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"La mataré, la mataré… mataré a esa mujer. Sí, sí… mataré a mi madre"
Despertó de golpe, con el corazón desbocado y la sensación de éxtasis invadiendo cada parte de su cuerpo; se llevó una mano al pecho para tratar de tranquilizar su agitada respiración y miró a su alrededor, sintiéndose aturdida e intentando recordar en dónde se encontraba. Parpadeó levemente para aclarar su visión borrosa, y poco a poco reconoció los muebles, las cortinas, y aquella mujer que se arrastraba por el suelo. Estaba en su habitación. Arrebujada bajo las sabanas trató de volver a dormir, pero aquella desconocida sensación no desaparecía.
Recordó la noche anterior, los hombres que sedujo para poder alimentarse y sus afilados colmillos teñidos de sangre que brillaban intensamente bajo la luz de la luna. Recorrió sus labios con las yemas de sus dedos y aun pudo degustar el sabor de la sangre que se había impregnado en ellos; una extraña inquietud se alojó en su pecho y parecía que le encogía el estómago.
—Aún tengo hambre —musitó, sujetándose el cuello al sentir una insaciable sed—. No debí beber más sangre…
Con la punta del pie tocó el frío piso de su habitación, y notó que aquella mujer no se le acercaba, se mantenía quieta, a una distancia adecuada; dedujo que tal vez, aquel ser podía percibir que ya no era la misma Hinata que había llegado a vivir ahí, era otra… por fin era un vampiro entero. A pesar de que durante toda su estancia había suprimido su deseo de beber sangre humana, y se había autoinfligido a beber únicamente la de los animales.
Pero no le era suficiente, no podía saciar totalmente su sed.
Se levantó de la cama, y caminó hacia el tocador para poder verse completamente. Alguna vez se preguntó por qué podía reflejarse en el espejo cuando se suponía que los vampiros no lo hacían, pero ahora agradecía por ello, ya que pudo notar la sangre que teñía de carmín toda la ropa que llevaba puesta; se la quitó inmediatamente y se cambió, se puso un short y un blusón para poder bajar a desayunar sin que su familia se diera cuenta de lo que había hecho.
—Ah, el Uchiha —recordó al joven que dormía en la habitación contigua, y lo que había pasado con aquel espeluznante ser que lo había atacado—, ¿aún estará inconsciente?
Salió de su cuarto dispuesta a averiguarlo, hasta que se lo encontró ahí, fuera de su habitación, con otro cambio de ropa. Éste le miraba seriamente, cruzándose de brazos y con un leve sonrojo en sus mejillas. Hinata parpadeó confusa y después, quiso reírse de él; le parecía tan inofensivo, tanto que tenía ganas de devorarlo. Recobró la compostura al escuchar algunas voces provenientes de la planta baja, luego regresó a ver al Uchiha, quien se masajeaba la sien.
—Hey, Hyūga —siseó impaciente—, ya era hora de que te levantaras.
—¿Ah? —soltó desorientada. Luego sonrió con malicia al darse cuenta de lo que pasaba con él—. ¿No será que Uchiha-san se ha perdido, y estaba buscándome para ayudarlo a llegar al piso de abajo?
—Esta casa es muy amplia… —refutó—. Y no, yo puedo llegar solo a la planta baja. No necesito tu ayuda, Hyūga.
Ella soltó una risita que parecía como el incesante tintineo de algunas campanillas, y que a Sasuke le pareció similar a la de la otra Hinata; no podía creer cómo seguían pareciéndose una con la otra. Y de pronto, sujetó el brazo de la joven, lo apretó con tanta fuerza que hizo que ella se callara. Ésta se deshizo del agarre y se alejó un poco, mirándolo con autosuficiencia.
—Uchiha-san debe estar atormentado por sus recuerdos —lo apartó de un empujón, dejándolo perplejo; después se paró de nuevo delante de él y le golpeó el pecho con el dedo—. Y debe seguir con aquella pregunta en su mente, ¿no es así?
—¿Cuál pregunta? —indagó—, ¿de qué hablas Hyūga?
—Usted sigue queriendo saber —su dedo recorrió el torso del joven azabache—, si soy aquella Hinata, la que murió.
—Creí que ya te lo había dicho antes… —apartó la mano de la Hyūga y la retuvo fuertemente—, aquella Hinata está muerta —dejo de retenerla para poder girarse y caminar hacia donde provenían las voces—. Oh, y al parecer ya has mostrado tu verdadera naturaleza, no tartamudeas. Deberías no volver a hacerlo, así no parecerás retrasada.
"Podrías dejar de tartamudear, pareces retrasada… ya estas grande para eso"
Y él la dejo allí, sola. Mientras Hinata quería acallar los recuerdos que comenzaban a brotar en su mente, recordando que antes, alguien ya le había dicho eso. Rió como posesa mientras colocaba ambas manos sobre su estómago al sentir como este parecía gruñir; y se sintió patética al advertir que su corazón se desquebraja al escuchar esas palabras, y también, se dio cuenta que incluso se le había olvidado que tenía hambre.
Quería matar a ese Uchiha, en verdad, lo quería asesinar.
Sin embargo, un dolor descomunal invadió su cabeza, había recordado que anteriormente a alguien quería matar; e intentó recordar quién era esa persona, que era para ella. Su mirada se tornó siniestra y sus labios se deformaron en una sonrisa retorcida.
—Oh, sí —comenzó a avanzar por el mismo camino que había tomado el Uchiha. Se sostuvo de las paredes sin dejar de reírse—. A mi madre… yo quería asesinar a mi madre.
. . .
Alzó su rostro mirando a todos los presentes que se encontraban sentados en el comedor, todos ellos, comiendo; se preguntó cuánto tiempo llevaban en su casa y cómo es que su madre había permitido que entraran como si nada, como si no hubiese una familia de vampiros hambrientos esperando cualquier oportunidad para asesinarlos, pero se recordó a sí misma que aquella mujer que era su mamá, tenía control sobre su cuerpo y que podía estar en medio de un charco de sangre sin enloquecer, como antes lo era ella… antes de probar la sangre de Ino.
Volcó su vista hacia aquella rubia, quien permanecía quieta sin decir palabra alguna, aterrada; y también notó como Hanabi le miraba arrogantemente, formando una sonrisa lasciva, para luego levantarse de su lugar y caminar hacia el Uzumaki, quien no parecía entender nada hasta que la pequeña se sentó sobre sus piernas.
—Hermanito —le llamó, se acurrucó en su regazo tratando de hacerse un ovillo—, hueles bien.
—¿Ah? ¡claro que sí! —se rascó la cabeza, apenado—, si me baño bien… ¡de veras!
—Naruto —escuchó la enojada voz de la Haruno—, deja de hacer tanto escándalo.
—Pe-pero estoy feliz —sonrió sobremanera, y miró a Sasuke—, porque por fin alguien me escoge sobre Sasuke-bastardo.
—Eh, pero es una niña —agregó Sakura, burlándose de su amigo—, es obvio que ha sido engañada por tu aspecto, cabello rubio y ojos azules… como todo un príncipe.
—Que mala eres Sakura —se quejó mientras hacía un puchero—. No le digas eso a la hermanita de Hinata, creerá que no soy bueno.
—Para nada —respondió Hanabi—, en verdad me gustas… hueles delicioso.
Se aferró más al cuerpo del rubio, alzó su cabeza y lo sujetó de las mejillas para plantarle un beso en los labios ante la mirada atónita de Ino y Sakura; mientras Naruto se quedaba quieto, sin hacer nada, sintiéndose extrañamente bien, pero él no sabía que aquella niña lo estaba seduciendo para beber su sangre. Hinata se levantó rápidamente y agarró de los brazos a su hermana para apartarla del Uzumaki, ella se había dado cuenta lo que tramaba su hermana.
Neji sólo contemplaba la escena a la vez que se llevaba un pedazo de filete a la boca, lo masticó lentamente al sentir la mirada punzante de aquella joven rubia; les sonrió placenteramente y pudo observar como la otra chica se sonrojaba. Miko simplemente sonreía al ver aquella escena, por primera vez su casa tenía vida, después de tantos años.
—Por favor, Hanabi —llamó a su hija—, compórtate.
—Pero madre —infló sus mejillas, tratando de volver a sentarse en las piernas de Naruto—, él huele bien —se giró hacia el nombrado—. ¿O es que no me quieres, hermanito?
Inmediatamente, el rubio asintió ante la vista molesta de Sakura, quien no se explicaba por qué le tenía celos a esa niña, y por qué los sentía por Naruto. Mientras Ino quería irse de ahí, pero no podía permitir que sus amigos se quedaran, estaban a merced de esos seres y de Hinata; aun así, sabiendo lo que era ella, no podía explicarse por qué no les había dicho su verdadera identidad… ¿por qué la estaba protegiendo?
—Dejen de hacer tanto alboroto —gruñó el Uchiha—. Además, aun no entiendo por qué han venido, no necesito niñeras para irme a casa… puedo marcharme solo.
—¡Oh, Sasuke-bastardo! Nosotros nos preocupamos por ti —lo regañó el Uzumaki, para luego acercarse a él y pasarle el brazo sobre su cuello—, y ya sabíamos que te ibas a enojar, por eso, sólo hemos venido Sakura, Ino y yo —sonrió feliz—. No hubo clases, así que Shikamaru y Chōji se fueron a mirar nubes —se encogió de hombros—; Shino, bueno, da miedo saber qué es lo que hace cuando no hay clases… y Kiba fue a cuidar a sus perros.
El Uchiha lo miró de mala gana, y en aquel momento, se levantó de la mesa y tomó la bolsa que contenía su ropa ensangrentada.
—Ustedes son muy graciosos —habló la madre de Hinata—, en verdad quieren mucho a su amigo. Aunque, ahora que lo pienso… tus heridas se han curado muy rápido, ¿por qué será?
—Bu-bueno, es que usted le curó las heridas —respondió Sakura, un poco nerviosa—, es muy buena en ello —fingió una sonrisa—. Quizás por eso, las heridas sanaron más rápido y…
Sin embargo, la joven se quedó callada, causando que Hinata mirara hacia donde ella mantenía la vista; y, pudo contemplar la figura de una mujer que se arrastraba por el suelo. Sakura cerró los ojos inmediatamente, mientras su cuerpo comenzaba a temblar. Aquel ser se colocó a un lado de Naruto e hizo un sonido extraño que estremeció a la Haruno, causando que le agarrara la mano a Sasuke.
La Hyūga rio muy bajito, complacida al ver que no se había equivocado al suponer que la Haruno no era alguien normal.
—Creo que es hora de que nos vayamos —haló de Sasuke; e intentó acercarse a Naruto, pero no pudo—, es tarde y los estamos molestando.
—Claro que no —contestó la Hyūga mayor—, pero si quieren irse, no los detendremos. Deben tener mucha tarea.
—Sakura, ¿puedes dejar de tirar de mí? —agregó el Uchiha, mirando con molestia a la nombrada—. No soy un perro.
Pero ella no lo soltó, bajó la mirada y se mordió los labios.
E Ino, no podía permitir que permanecieran ahí por más tiempo, así que agarró de la mano a Naruto e hizo que se levantaran para que los cuatros se fueran lo más pronto posible. El rubio seguía sin entender por qué tenían que irse, más sin embargo al ver el rostro preocupado de Ino, entendió que algo no andaba bien; o que quizás, ella tan sólo quería evitar que él se pusiera triste al ver como Sakura seguía tomada de la mano de Sasuke.
Sonrió y regresó a ver a la familia de su compañera.
—Gracias por la comida, Miko-san —levantó el pulgar de su mano derecha—. Estuvo deliciosa.
—¿Más que el ramen? —preguntó divertida, causando que Naruto se sorprendiera al ver que aquella mujer sabía lo que comía—. Oh bueno, no los entretengo más —sonrió afablemente—. Y al parecer, tu novia quiere ir a pasear contigo.
Los señaló, causando que Ino y él se sonrojaran e inmediatamente se soltaran de las manos. Sakura sólo agachó la cabeza y siguió avanzando hasta la puerta; también se volteó para despedirse.
—Espera, Sakura —le llamó el Uzumaki, y apresuró el paso hasta alcanzarla—. Muchas gracias Miko-san —miró a su compañera—, y gracias Hinata. Nos vemos en la escuela.
—Sí, hasta luego —se inclinó levemente, aun sosteniendo los brazos de su hermana—, Sakura-san, Ino-san, Naruto-san y Sasuke-san.
El Uchiha igualmente agradeció a la madre de su compañera por haberlo curado y sus atenciones; y observó por última vez a Hinata, quien no dejaba de mirarlo con burla. Después caminó hacia sus amigos, seguido de Ino que no dejaba de verlos, precavida a cualquier movimiento de esa familia. Los cuatro salieron de aquella casa hasta llegar a la calle, acompañados por la vista de Hinata que no dejaba de sonreír arrogantemente, y que después, levantó una de sus manos para moverla de un lado a otro a modo de despedida.
—Sasuke —la Haruno le habló—, ¿quieres que te acompañemos a tu casa? —preguntó emocionada, para luego voltearse hacia los dos rubios—. Naruto, Ino… vamos.
—Oh no, prefiero acompañar a Ino a su casa —respondió el Uzumaki sin mirarla—, creo que estaré de sobra entre ustedes dos.
Y él comenzó a alejarse junto con Ino, como si no le importara dejarla allí y como si ambos no vivieran en la misma calle; mientras ella se quedaba quieta, queriendo contener sus lágrimas y preguntándose por qué no tomó la mano de Naruto o por qué seguía procurando a Sasuke.
El Uchiha se quedó viéndola, chasqueó la lengua y se masajeó el cuello; luego se colocó a su lado y la vio seriamente. Sakura regresó a verlo, sonrojada por seguir siendo una chiquilla tonta delante de él. Y él sólo le dio una palmada en la espalda para que ella empezara a caminar.
—Te acompañaré a tu casa —dijo, suspirando profundamente.
—No, no es necesario, Sasuke —fingió una sonrisa mientras negaba con su cabeza—. Yo puedo ir sola a casa.
—No te estoy preguntando —habló molesto. Emprendió el camino, esperando a que ella lo siguiera—. Además, ya es tarde —volteó su cabeza para mirarla de nuevo—, y es mi agradecimiento… por salvarme.
Sin embargo, a pesar de ese gesto, ella siguió sintiéndose mal porque sabía bien que Sasuke jamás la reconfortaría como esperaba, sólo le daría unas pequeñas sobras de lo que parecía compasión. Por eso, aún seguían preguntándose por qué continuaba escogiéndolo sobre los demás, a pesar de saber la verdad sobre él… y de quien seguía enamorado.
Caminó a su lado, con un vacío en su corazón; lo miró de soslayo y simplemente sonrió. Había comprendido que lo que más le dolió de todo eso, fue que Naruto la había rechazado.
. . .
La vio caminando por esa calle desértica, bajo la oscuridad de la noche. Observó su piel blanca, su cabello rubio que se mecía con el viento, y sus ojos azules, centelleantes de vida. La que ella ya no poseía. Pero eso ya no le importaba, sólo podía pensar en el aroma que desprendía la sangre de Ino, aún grabado en su paladar, y que por ello, podía percibirlo en cualquier lugar. No lo soportaba más, sus sentidos se nublaban y no podía controlarse.
Sus ojos se tornaron más brillantes y sus colmillos se asomaron fieramente por su boca. No lo entendía, por fin había logrado dominar sus instintos y calmar su sed con la sangre de los conejos que criaba detrás de su casa, pero eso ya no le era suficiente, ya no más; quería absorber toda la sangre de la Yamanaka hasta dejarla sin nada, sin vida.
—Necesito beber su sangre —movió su cabeza de un lado a otro para poder calmar esos pensamientos—. No, tranquilízate Hinata.
Sin embargo, algo comenzó a estar mal. Reparó en las dos siluetas que brincaban de un tejado a otro, con gran maestría y precisión, los reconoció instantáneamente: Hanabi y Neji. Y recordó lo que le habían dicho el día anterior, que iban a cazar a Ino; ella sabía que hablaban en serio, además, la experiencia de años que ambos tenían cazando les otorgaba el poder de hacerlo sin algún fallo. Eran los perfectos depredadores de humanos.
Empezó a acercarse sigilosamente…
Hanabi y Neji saltaron súbitamente justo enfrente de Ino. Mientras ésta no podía dejar de sentir sorpresa y terror al verlos ahí, con sus colmillos filosos y punzantes, acercándose muy lentamente a ella; por unos segundos se congeló, para luego comenzar a retroceder poco a poco sin dejar de verlos.
Y éstos fueron siguiéndola al mismo ritmo, acechándola.
—¿Vienen a probar mi sangre…? —habló angustiada a la vez que se tocaba el cuello con nerviosismo. Porque lo sabía, sabía bien que esos dos Hyūga iban a matarla—. ¿A beberla toda?
—Sí, la succionaremos toda, hasta la saciedad —contestó la pequeña—. Pero primero, jugaremos contigo.
No obstante, la Yamanaka se volteó para huir lejos, corriendo con todas sus fuerzas tratando de llegar al final de la calle; giró su cabeza sólo para contemplar que el joven Hyūga era el único que permanecía allí. Un escalofrío recorrió por su espalda cuando volvió su mirada hacia delante, la niña ahora estaba parada justo delante de ella; frenó de golpe sin saber qué hacer, ya su cuerpo no le respondía, el miedo a enfrentarse a los dos la había dejado completamente helada.
—¿Por qué huyes? —cuestionó Hanabi, dibujando una macabra sonrisa en su rostro—, ¿no quieres jugar con nosotros? —la sujetó de una de sus manos e inmediatamente le hincó los colmillos en su muñeca—. Nosotros queremos jugar contigo.
Ino chilló de dolor, pero nadie escuchó su grito ahogado ni sus sollozos al sentir como aquella pequeña poco a poco le arrebataba la vida con cada trago que bebía. La Hyūga sacó sus colmillos de la piel de la rubia sin ninguna consideración, causando que las heridas se abrieran más; limpió de sus labios el hilillo de aquel líquido rojo y sonrió como posesa mientras la Yamanaka trataba de detener la hemorragia de su mano.
Empero, de nada le serviría, ellos se la succionarían toda.
—Hermana mayor —Neji retuvo de los hombros a la rubia para evitar que ésta cayera al suelo—, debiste tratarla con delicadeza, su sangre podría perder el sabor.
—Su sangre es como cualquiera… —Hanabi infló sus mofletes y se cruzó de brazos—. Anda, encántala para que deje de llorar.
El joven asintió al no poder esperar más, el olor que desprendía la sangre de esa joven lo estaba volviendo loco; la atrajo hacia él con su brazo derecho, y con la mano izquierda acarició su tersa piel, luego la cargó hacia un pequeño callejón, seguidos de Hanabi. Después, Neji aprisionó a Ino contra una pared causando que su pecho chocara contra los senos de ella, usó ambas manos para poder tomarla de las piernas y que estas se enredaran en su cadera; apartó un mechón rubio de su cuello y pudo notar el temblor incesante de su cuerpo.
—Shh, dolerá un poco —dijo mirando como su respiración poco a poco se restablecía—, sólo un poco.
Siguió empotrándola para después acercar sus labios hasta rozar los de ella, y así comenzar a besarla con lentitud; abrió pausadamente la boca de Ino para poder ir introduciendo la punta de su lengua suavemente, y después meterla por completo. La Yamanaka dejó caer los brazos a su costado al no poder hacer nada, ni al poder evitar gemir.
Hanabi sólo los contemplaba, esperando su turno para morderla, sin embargo, pudo observar la mirada perdida de aquella joven.
—Ni siquiera se está resistiendo —afirmó el Hyūga, separando sus labios de los de Ino—. Es claro que ya ha aceptado su destino.
—Tiene la mirada perdida, igual que la de una muñeca —habló Hanabi, inclinando su cabeza levemente—, cuando mira al mundo.
Entonces la pequeña Hyūga sonrió, y se preguntó si también tuvo esa mirada perdida cuando aquellos hombres la…
De repente, sintió la presencia de Hinata; sonrió perversamente, esperando a que ésta saliera de entre las sombras y se mostrara. Neji seguía con su labor, descendiendo lentamente hasta el cuello de la Yamanaka, retirando su boca para dejar que las puntas de sus colmillos le rozaran, y estos, automáticamente penetraron en ella, succionando la sangre con fuerza. Sorbió y sorbió, disfrutando de ese majestuoso momento que esperaba y ansiaba con todo su ser.
Podía sentir el sabor que inundaba su boca con sumo placer, hasta que, el cuerpo casi inconsciente de la rubia le fue arrebatado de los brazos. Ambos Hyūga regresaron a ver a Hinata, quien sostenía a Ino como si fuera una muñeca de trapo.
—Hermanita —expresó con todo burlón—, pensé que estabas divirtiéndote, observando cómo bebíamos la sangre de tu puta.
—Hermana, no quiero pelear contigo —musitó Hinata—. Así que…
Pero se quedó callada al sentir aquel exquisito aroma que provenía de la sangre de Ino, relamiéndose los labios ante la mirada divertida de sus dos hermanos. Y sin saberlo, tiró a la Yamanaka contra el suelo, para después subirse a ella; la agarró de los brazos para que no escapara, pero aun así, no iba a poder hacerlo… estaba debilitada por la pérdida de sangre.
—Hermano, la naturaleza de nuestra hermana —se colocó a un lado de Neji—, ha hablado.
—¿Me matarás rápido? —Ino preguntó afligida, sin dejar de ver los blancos ojos de Hinata; su muñeca aun sangraba—. ¿O me torturarás?
Empero, Hinata se quedó callada, no sabía que decirle; quería beber su sangre hasta dejarla completamente seca, quería matarla porque tenía mucha hambre. Y los remordimientos la llenaron por completo, no entendía por qué hacía sufrir a la rubia si ella la había ayudado antes de morir. Ino fue la única que fue amable con ella, la única persona que la defendió, ella fue su única amiga.
"No deberías dejar que te traten así, Hinata. Deberías decir algo…"
La rubia siempre la miró como su igual, nunca se burló de ella, jamás la lastimó, le sonrió e incluso la halagó.
"Sabes, me recuerdas a una canción llamada Rolling Girl. Quieres que los adultos se den cuenta por si solos, pero, ¿así te sientes mejor?"
Se sintió tan mal por no poder hacer nada, hasta que recordó lo que su madre le había dicho antes de que saliera a cazar, la única forma en que la podría salvar… aquella marca, era la única esperanza que tenía para que sus hermanos no la lastimaran más.
Y de pronto, ambos sólo pudieron apreciar como Hinata se inclinaba y que la rubia comenzaba a chillar de dolor, rieron complacidos al creer que su hermana estaba mordiéndola; sin embargo, ésta se levantó, tomando del cuello a Ino para mostrarles la marca que le había hecho en la frente, semejante a una esvástica: el sello de la rama secundaria del Clan Hyūga*.
—¿Pero qué…? —intentó preguntar la pequeña.
—Madre me ha permitido usar la marca —respondió firmemente—. Lo siento hermana, esto no es un juego. Yamanaka Ino me pertenece, y ahora ustedes no podrán tocarla.
—Eso es trampa —se quejó mirando a su otro hermano—. Neji, dile que eso es trampa… ¡no se vale!
—Así que has preferido convertir a esta chica en parte de la rama secundaria —soltó seriamente el joven castaño—, pero sabes lo que esto implica, ¿no? —lamió sus dedos aun manchados de sangre—. Yamanaka Ino será tu sirvienta.
Y antes de que Hanabi pudiera protestar de nuevo, Hinata tomó en brazos a la rubia y brincó hasta el tejado de una casa, dejándolos ahí, sin decir nada más; ambos se desvanecieron en la oscuridad de aquel callejón. Mientras que ella seguía corriendo entre los techos de las casas y edificios, para poder llegar a la casa de la Yamanaka, notó que ésta se encontraba semiinconsciente, murmurando cosas sin sentido.
Vio a lo lejos el hogar de la rubia y apresuró más el paso. Observó que una de las ventanas de la casa se encontraba abierta, se acercó cautelosamente y se alegró al ver que esa habitación pertenecía a Ino; entró en silencio y llevó a la joven hasta su cama, la dejó ahí para poder buscar entre sus ropas un pequeño frasco. Lo encontró e inmediatamente se lo dio de beber.
—¿Por qué me has ayudado? —preguntó alarmada al recobrar el sentido. Se levantó rápidamente y pudo apreciar como sus heridas se curaban—. ¿Me has dado lo mismo que aquella vez? ¿una pócima especial? ¿cómo puede existir?
Hinata no pudo evitar reírse, se tapó la boca instantáneamente.
—¿Cómo puede existir? —preguntó con tonó burlón—. ¿Dudas de su existencia a pesar de saber que mi familia y yo somos vampiros, de que fuiste Futakuchi-Onna, y de que al Uchiha lo atacó un monstruo? ¡Debes estar de broma!
Ino se abrazó a sí misma, y bajó la mirada. Había probado la crueldad de esos seres, de los Hyūga y de Hinata. Y se preguntó por primera vez si era buena idea de que ella supiera la verdad, la razón por la cual se hizo su amiga, que no era otra más que: Sasuke. Apretó más sus manos contra su cuerpo, y siguió preguntándose qué es lo que le haría Hinata si se enterara, si supiera que esa amistad era falsa.
Mordisqueó sus labios y suspiró hondamente.
—Hinata, yo… —trató de tomar valor. Se sentía tan débil y tonta—, yo no permitiré que le hagas daño a mis amigos, no me quedaré callada.
Sin embargo, la Hyūga sonrió e hizo unos movimientos con sus manos que, de pronto, le provocaron un fuerte dolor de cabeza a la Yamanaka; se apresuró para taparle la boca antes que gritara, y la aprisionó entre su cuerpo y el colchón de la cama, mientras ésta pataleaba a causa del dolor.
—Esta marca es el sello de la rama secundaria del Clan Hyūga —explicó sin dejar de silenciarla—. ¿Acaso crees que es sólo un adorno? Si tú hablas, te torturaré con esto hasta que quedes como un vegetal —sus ojos brillaban intensamente—. No permitiré que mi familia se exponga por tu culpa, así que agradece que te he salvado la vida. ¡Eres mi sirvienta, me debes obediencia!
Y por fin la soltó; también dejó de suprimir su mente con aquel sello, causando que Ino dejara de sentir dolor. Los ojos azules se le llenaron de lágrimas al verse acorralada, sabía que no podría hablar o moriría, se secó sus lágrimas y miró con odio a la Hyūga.
—Hubiera preferido que no me hubieses salvado aquella vez —dijo con rabia, mientras apretaba sus dientes—. Hubiera preferido morir a manos de tus hermanos. Y me he equivocado…
Hinata alzó una de sus cejas confusa, mientras se sentaba en el marco de la ventana.
—Tú no eres Hinata, aquella Hinata —apretó las manos con más fuerza—. Tú eres un demonio, un demonio cruel y despiadado.
—¿Ahora resulta que yo soy el demonio? —preguntó con desdén—, ¿yo…? ¿y cuando todos tus amigos se burlaban de mí, no lo eran? Eres estúpida, no me hagas reír.
—E-ellos —no pudo contener el llanto—, no serían capaz de asesinar como tú.
—Ah, sí —rodó los ojos con impaciencia—. Entonces, ¿cómo crees que morí? Tienes unas expectativas muy altas para con ellos.
Y así, la Hyūga abandonó la habitación, dejándola sola y sin parar de llorar. No sabía cómo haría para salvar a sus amigos si ella pretendía hacerles daño, o como podría salvarse si algún día la Hyūga se llegara a enterar de la verdad sobre esa disque amistad que tuvieron; supuso que no sería diferente a la tortura que justamente le había hecho algunos segundos atrás.
Se acostó en su cama y se enredó entre sus sabanas sin poder evitar pensar que Hinata era un cruel demonio, pero debía admitir que, a pesar de todo… era un demonio hermoso.
. . .
Las sombras oscuras se arrastraban sigilosamente por la tierra y por cada uno de los rincones de aquel cementerio aterrador y desértico, formando poco a poco la oscura silueta de un hombre bajo el cielo nocturno; éste observó como las hojas secas de algunos árboles se dejaban llevar por la brisa del viento, y se quedó allí, inmóvil, completamente solo en medio de la nada e inmerso en la oscuridad, entre una quietud inmutable y espeluznante que a cualquiera le helaría la sangre.
Se quedó mirando un punto fijo, y después, sonrió siniestramente. Sin embargo, a pesar de ello, aquel silencio sepulcral y asfixiante seguía envolviéndolo todo por completo.
—Aun estas aquí —habló con voz lúgubre mientras posaba una de sus manos sobre una lápida de mármol blanco, donde estaba escrito un nombre—, querida mía.
Se arrodilló lentamente, miró las flores aún frescas delante de la tumba y se preguntó quién las había llevado; las hizo a un lado para poder colocar las rosas rojas que él traía. Su vista se enfocó en el nombre escrito en la lápida, y con su dedo índice comenzó a delinear el lugar en donde debía estar el apellido de aquella joven; pero no estaba, alguien se había encargado de borrar aquella inscripción.
—¿Así que tu madre aún cree que, borrando mi apellido, dejarás de ser mía? —sonrío irónico al deducir quien lo había hecho—. Pobre ilusa.
De pronto, pudo oír una voz, algunos ruidos confusos y una especie de zumbido, extraño y constante. Giró levemente su cabeza para poder contemplar como una espesa niebla comenzaba a invadir aquel lugar, que después se fue disipando, mostrando la figura de un hombre de cabellera rubia y ojos azules. Él le sonrió. Y al percibir las intenciones de aquel individuo, se levantó de la tumba para poder avanzar hasta donde él se encontraba; contempló de nueva cuenta el nombre de ella…
—Hasta luego, Hinata —pronto, ambos empezaron a desvanecerse hasta acabar desapareciendo.
Y lo único que quedó en ese sombrío lugar, fue el constante susurro de aquel hombre que prometía que pronto iba a regresar por alguien más: "Yo la mataré por ti, sí, la mataré… mataré a tu madre y te vengaré".
Continuará…
"Más allá de la puerta"
*Sello maldito del Clan Hyūga: Se otorga a todos los miembros de la rama secundaria del Clan Hyūga por los miembros de la rama principal. Su principal objetivo es sellar su capacidad de usar el Byakugan cuando mueren, para prevenir que un enemigo aprenda sus secretos; su segundo propósito es el control de la rama secundaria, ya que puede ser activado a voluntad por un miembro de la casa principal con un sello de mano que sólo ellos conocen, para destruir las células del cerebro del miembro de la casa secundaria que lleve el sello.
Pero en esta historia, el uso será un poco diferente. Lo verán en los siguientes capítulos.
Notas de la autora:
¿Creen que esto ya acabó? Aún falta más.
Y bienvenidos a los nuevos lectores… ojalá sigan pasando.
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