Di tres golpes en la puerta y espere a que mama abriera.
-Hola.- Dije caminado, hacía la cama.- Mama, no podrás evitar que vea a los miembros de la Legión de Reconocimiento.
Ella solo suspiro y limpio de la única mesa de la habitación las migas inexistentes.
Desde que el Muro María cayo, ella había estado muy sobreprotectora conmigo, al principio no quería que estuviera cerca de Jacke y si lo estaba, ella andaba pululando alrededor.
Ella ya sabía que a mí, me llamaba la atención la idea de llevar las alas de la libertad en mi espalda desde pequeña. Pero tras la caída, cada vez que ellos salían de los muros, yo estaba allí y cada vez que llegaban también, a pesar de lo malheridos que estuvieran, o la cantidad de cadáveres que llevaran.
Hasta que un día me lo confirmo.
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Golpee tres veces la puerta y entre sin esperar respuesta.
-¡Mama! Mira tengo dos paquetes de arroz y cinco patatas.- Le dije sonriendo, espere que ella me devolviera del gesto, pero no lo hizo. Solo se cruzo de brazos y me miro hasta que se decidió a hablar.
"Seguro que me va a echar la bronca por robar… otra vez"
-Cielo…- Incline la cabeza al no haber continuación.- Veras, hoy ha venido una señora y Jacke no estaba atendiendo el bar y bueno…
Desconecte, cuando comenzaba a darle mil vueltas a lo que iba a decir, significaba dos cosas.
La primera, que me iba a tener "escuchándola" un buen rato, es decir perder el tiempo inútilmente. Y la segunda, que no me iba a gustar.
Volví a conectar cuando ella llego al tema.
-No te unirás a la Legión de Reconocimiento.
"¡¿E-Eh?!"
-¿Por qué?- Fue lo único que atine a decir.
-Porque morirás.- Se cruzo de brazos mirándome fijamente.
-No lo hare.- Fruncí el ceño mirándola. Nos quedamos fulminándonos la una a la otra, hasta que vino mi padre calmando el ambiente.
-Venga, venga.- Estaba sonriéndonos a las dos, y coloco sus manos en nuestros hombros.- Si ella de verdad quisiera unirse a la Legión, ¿no crees que lo mejor sería apoyarla?
Sonreí al oír a mi padre apoyándome.
-NO.
-Pero mama…- No pude seguir discutiendo con ella, me mandaron a mi cuarto. Cerré la puerta enfadada y me deje caer sobre la cama.
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Acabe tumbada sobre la cama mirando el techo, hasta que mi madre volvió a hablar.
-Cielo, la semana que viene me iré a ayudar en los campos.
-¿Qué?
-Tendrás que ayudar a Jacke.- Al parecer ella ya lo tenía todo pensado, porque no me estaba dando tiempo a preguntar, ni a protestar.
-… ¿Cuándo volverás?- Al hacer esa pregunta, mi madre torció el gesto.
-No lo sé…- Ella se sentó en la cama y me rodeo con los brazos. Sentí una presión en el pecho.
-Mama… ¿Qué pasa?
-Nada cielo, nada.- Me siguió abrazando hasta que Jacke golpeo la puerta.
-Ya están empezando a llegar.- Oí los pasos de Jacke alejándose, por lo que me puse de pie y le di un beso en la frente a mi madre.
Me puse un delantal y espere a que mi madre de hiciera un uno por atrás.
En cuanto abrí la trampilla del sótano, la voz de Jacke llamándome no se hizo esperar.
-¡(T/n), sirve a la mesa del fondo!- Estaba poniendo en una bandeja cuatro jarras.
-Voy.- Cuando llegue a la mesa. Deje las jarras delante de cada uno. Entre ellos estaba el capitán Smith y el comandante Shadis, junto a dos personas más. Una castaña con el pelo recogido en una coleta, con gafas y un hombre bajito, con el pelo negro.
La castaña agradeció sonriente, mientras que Smith y Shadis simplemente lo murmuraron y el enano, ni siquiera lo hizo. Asentí sonriendo y me retire para ir con Jacke.
No me di cuenta de que seguía sonriendo hasta que Jacke me hablo.
-Parece que alguien está feliz.
-¿Feliz?- El castaño asintió, yo me encogí de hombros.- Supongo, pero míralos, seguramente ellos perdieron a un montón de compañeros en la expedición. Pero ahí ellos están alzando la cabeza ante las perdidas.
-Ahí están tus héroes celebrando las muertes de sus compañeros.- Me dijo con sarcasmo. Le ignore y serví otra mesa.
Pero eso no evito que cuando Jacke pasara por mi lado volviera a murmurar cosas en contra de la Legión.
-Están celebrando que aun conservan su vida. Que han sobrevivido. Que no han muerto.- Lo fulmine con la mirada, pero en cuanto volvió a pasar por mi lado volvió a murmurar.- Celebran que sobrevivieron a una misión suicida.
Le ignore, pero a pesar de ello no podía evitar el querer tirarle una jarra a la cabeza. "¿Qué mierdas le pasa ahora?"
Atendí varías mesas hasta que tuve que atender la barra. "No entiendo porque ahora tiene que decir tantas cosas en contra de ellos... Entiendo que no quiera unirse a sus filas, pero es como si los odiara..."
Estaba atendiendo a un hombre, cuando la castaña se acerco arrastrando con ella, al capitán y al pelinegro.
-Tres jarras, por favor.- Se coloco las gafas sobre la frente, aun sonriente.
Les serví las jarras y volví a atender la barra. No me di cuenta de que mi mirada estaba fija en el trió hasta que un hombre volvió a preguntarme si le servía.
El más alto, no apartaba la vista del más bajo. Y la chica daba golpes en la espalda a varias personas que pasaban cerca de ella.
Después de hablarles un poco volvía al capitán, que cuando estaba bebiendo le daba algún golpe. Y cuando él le miraba, ella se encogía de hombros y sonreía, si es que se podía sonreír más.
Cuando eso le dejo de parecer entretenerla, paso al más bajo. Que como le ignoraba, paso a molestar a otro. Me fije en el pelinegro. Su mirada estaba fija en la jarra, ni siquiera la había tocado.
Me acerque al trió, la castaña ya se preparaba para hablar, pero lo hice yo antes.
-Disculpe... pero, ¿se encuentra bien?- Cuando le pregunte, levanto la vista hacia mí. Sus ojos parecían de una tonalidad grisácea, pero por la luz no pude verlos bien. Tenía el ceño fruncido y su expresión era dura. Cuando sus pupilas se clavaron en las mías, un escalofrío recorrió mi espalda.
-Si.- Y no solo su mirada era dura, con su voz, seguramente, el enano podía clavarme las espadas de la Legión.
-Venga Levi, se amable. Encima de que se preocupa por ti.- La chica aprovechándose de su altura miro a Levi por arriba. Seguro que a ella no le intimidaba.
-Tsk... Maldita Cuatro ojos, déjame en paz.- Levi se levanto y comenzó a caminar hacia la puerta.
-Oyeeee~ Leviiii~ No te lo vas a beber, ¿verdad?- La castaña levanto la jarra y la estaba moviendo en el aire, lo que provoco que algunas gotas cayeran al suelo. - ¡Pues mas para mí!
"Y yo que me había esmerado tanto en limpiarlo"
El pelinegro puso mala cara y salió pegando un portazo. Lo que atrajo la atención de Jacke, que ya estaba yendo en mi dirección.
-¿Qué ha pasado?- Me pregunto frunciendo el ceño, de seguro. "seguro que de este día no paso"
-Nada, que es un enano gruñón.- Mire a la castaña, me había salvado de la ira de Jacke.
-Hanji…
-Venga Erwin, sabes que tengo razón.
-Hanji, déjale.- La chica respondió con un "Sí", mientras bebía de la jarra del pelinegro. Pero otra cosa capto su atención, eludiendo el anterior tema, se centro en mí.
-Discúlpale, el ha tenido un mal día. Soy Hanji Zoe capitana del cuarto escuadrón. ¿Y tú?
-Soy (T/n) (T/a).- En ese momento recordé que no estaba frente a unas personas cualquiera, si no junto a dos capitanes de escuadrón. El pulso se me acelero.
"Y si… ellos algún día son mis capitanes…" Me emocione ante ese pensamiento, si el capitán Smith y Zoe lo fueran… Un capitán responsable… o una capitana algo, demasiado, enérgica.
Me quede divagando en mis pensamientos hasta que me di cuenta de que Zoe me estaba mirando.
Reaccione atendiendo a otro soldado que me llamaba. Pero de alguna forma, mi mente alejo la idea de que estaba frente a unos miembros importantes de la Legión. En vez de eso, desviaba la vista constantemente hacía la puerta, justo por donde ese enano había salido.
"¿Estará bien?" Me comencé a poner nerviosa al tener a varios clientes llamándome a la vez, si a eso le sumo que Jacke me vigilaba y que la capitana Hanji observaba cada uno de mis movimientos, pues al final unos cuantos vasos cayeron al suelo.
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Me arrastre hasta la cama del dormitorio. Un sonido seco sonó cuando me desplome sobre ella.
Oí a mi madre murmurar cosas que solo ella sabría que decía. Me tumbe tratando de conciliar el sueño, pero no pude. Cada vez que dejaba que mis parpados se cerrasen, unos ojos grises, apagados e indescifrables, invadían mi mente.
No me había sacado a ese enano desde que se fue del bar. Volví a cerrar los ojos y al no conseguir apartarlo de mis pensamientos, me dormí pensando en el.
