Resumen: Sherlock no sabe que hay fuerzas mayores a la de un criminal o una mente maestra… Pero llegará a averiguarlo cuando se interne en el mundo de la magia y santería.
Serie: Sherlock BBC.
Pareja: John-Sherlock.
Clasificación: Romance-Amistad.
Advertencia: Fem!John-Hetero. (Lo siento, pero así es)
Capítulos: Prólogo - 02/¿?.
Palabras: 2.327 (Capítulo dos)
Notas: No sé cómo se me ocurrió esta historia, sólo sé que me puse a escribirla en el acto… El titulo es de mi Beta, siempre me salva con ellos, porque no son mi fuerte,
Fecha: 15/08/2013.
Beta Reader: Pleasy TheYoko Stay.
Disclaimer: Todo lo referente a Sherlock Holmes pertenece a Arthur Conan Doyle.


Magia Mental.

Capítulo 02.

Sentía los pies fríos y entumecidos, pero no había cambiado de posición a pesar de eso en toda la noche, o más bien la madrugada. Teniendo en cuenta que cuando John volvió a subir a su cuarto, ya eran casi las cinco de la mañana.

Había pasado apoyado contra la pared casi cuatro horas, según su celular, y su compañero aún no mostraba signos de haberse despertado, o de querer salir de su cuarto de haberlo hecho.

Sherlock había repasado una y otra vez cada palabra que había compartido con su amigo desde la primera vez que vio pasar la figura delgada y pequeña, que no sólo le había llamado la atención, sino que también lo había llenado de rabia…

Había olvidado rápidamente lo que estaba tocando, y por un segundo se olvidó por completo de pensar en otra cosa que no fuera en aquella mujer que había bajado del cuarto de John, dirigiéndose con toda soltura hacia el baño… Si hubiera podido pensar con calma, se habría dado cuenta que había muchas cosas mal allí; pero no, el enojo y los celos no le permitieron ver y mucho menos pensar…

¿Cómo se atrevió John a traer una mujer a su casa?.

—Idiota… idiota… —Murmuró para sí, mientras escondía su rostro entre sus rodillas flexionadas.

Si no fuera porque John atravesaba por algo mucho más inquietante en esos momentos, quizás se hubiera dado cuenta de los celos furiosos del detective. Además de otras cosas.

—¿Cómo pude haber dicho eso? —Acabó por morderse la lengua a falta de la posibilidad de golpearse la cabeza fuertemente contra el muro. Eso era algo que de seguro John oiría.

Claro que había querido ver el cuerpo desnudo de John muchas veces antes, tantas que había perdido la cuenta. No hacía falta que se engañara a sí mismo. Al principio pudo haberse auto convencido de que era sólo curiosidad por conocer las heridas y cicatrices que la guerra le había dejado a su compañero… pero no era verdad. La curiosidad que John despertaba en él, no la había logrado nadie antes.

Ni siquiera Abie, y ella había sido muy linda y muy insistente con él en la preparatoria.

¿Podía decirse que estaba enamorado de John? ¿Qué era solo y simple deseo lo que sentía?.

Aún no había encontrado una respuesta digna a esas interrogantes. Sólo sabía que se sentía extraordinariamente bien a su lado, y que sus contantes conquistas sólo lo ponían de muy mal humor… por lo que siempre acababa en inventarse algún motivo para que John dejara de ver a la mujer de turno sólo porque lo quería a su lado a tiempo completo.

Ahora, el cuerpo de John estaba luciendo particularmente diferente, y en esencia seguía siendo el mismo… el que todavía despertaba esa curiosidad en él, pero…

Oyó pasos pesados del otro lado de la puerta, y supo reconocer que ese era el momento para salir de allí antes de que el doctor lo viera como una de sus faltas de respeto a su espacio personal.

Sólo que no pudo conseguir ponerse de pie lo suficientemente rápido. Muchas horas en cuclillas. Ya no cometería el mismo error.

—¿Qué haces ahí, Sherlock?.

—Sólo esperando a ver si todo se ha arreglado. ¿Estás bien, John?… —Sherlock forzó la sonrisa, mientras una rápida apreciación del cuerpo frente a él le revelaba la curiosa verdad. —Veo que no…

—Todavía sigo igual… ¿Hay alguna razón verosímil que me puedas dar que explique el por qué yo estoy así? —John se sintió perdido y suspiró, volviendo al interior de su cuarto, donde se arrojó en la cama, cubriendo su rostro con sus brazos.

Sherlock simplemente había negado. Por lo menos, él no podía darle ni una sola razón verosímil y valedera de lo que le estaba ocurriendo… Muchas otras, sin embargo, podrían salir de sus labios, pero tal vez debido a la inserción desmedida de la ciencia ficción en su niñez.

—No te preocupes… encontraré algo. Si hay alguien que puede, ese seguro soy yo, John.

Sherlock le sonrió, tomando el valor suficiente para entrar en la habitación y sentarse a un lado de John en la cama. Podía ver perfectamente el pecho agitado, tal vez por retener lágrimas que no pensaba derramar, quizás porque simplemente estaba enojado, o molesto con todo aquello.

—Lo sé… gracias, Sherlock. Eres un buen amigo, en verdad… —John se giró de lado, para sonreírle, mientras el detective retribuía la sonrisa.

No pasó mucho antes de que John se sintiera seguro de bajar, siendo que Sherlock le concedió el tiempo para sopesar las cosas en solitario. No quería hacerlo, pero necesitaba un buen baño, así que se aseguró de que Sherlock no estuviera cerca del baño cuando entró a ducharse.

—John, ¿John?… ¿Aún no has terminado?. —La voz del detective del otro lado de la puerta lo hizo sobresaltarse. Se había esforzado en no ver su propio cuerpo a pesar de que había tenido que fregarlo a conciencia.

—Ni se te ocurra abrir la puerta, Sherlock.

—Claro que no, pero debes venir a mi habitación en cuanto salgas.

¿Ir a su habitación? ¿En qué estaba pensando ahora Sherlock?.

John no sabía si comenzar a temblar en ese momento o esperar a ver qué era lo que tenía ahora en mente su compañero. Se ajustó en la ropa que había bajado junto con él de su habitación, sabiendo que no se sentiría cómodo de salir envuelto solamente en su bata habitual.

—Espero en verdad que tengas una muy buena razón, Sherlock…

—¿Qué haces vestido, John?.

—¿Pretendías que saliera del baño desnudo?.

Sherlock lo miró por unos instantes, pero a pesar de las muchas ideas que habían comenzado a inundar su mente desde la madrugada en que reconoció a John en ese cuerpo, pudo recomponerse en muy poco tiempo.

—No, al menos en bata… ¿Cómo quieres que sepa qué ropa te quedará mejor si no se qué talle tienes?.

—¿Y puedes saber eso sólo con ver mi cuerpo? —John bufó. Claro que podía saber, era Sherlock. Pero eso no significaba que se lo permitiría. —Además, de dónde sacaste todo eso…

—De la señora Hudson.

Genial. Ahora además de tener un sexo que no era el suyo, Sherlock pretendía que saliera vestido a la calle como una mujer mayor.

—Por favor, John… Eran de la señora Hudson, ella fue joven una vez, ¿sabes? —Sentenció el detective pudiendo leer el pensamiento del doctor en sus ojos.

—Ya lo veo… quién lo diría. —John sostuvo algo que parecía ser una pollera, aunque dudaba que le llegara más allá de la mitad de los muslos.

—No, dudo que eso te quede bien. —Sentenció el detective arrancando de su mano la prenda. —Pruébate estos, con esto… y puede que estos te queden, aunque no sé qué son.

John tuvo ganas de ponerse a reír, aunque más bien sentía ganas de llorar. Sherlock parecía exaltado con toda esa situación, y él aun no creía que aquello estuviera sucediendo en verdad.

—¿Por qué debo vestirme con esto? ¿No puedo simplemente salir con mi ropa normal?.

Sherlock lo miró de reojo, antes de girarse a escanear la figura pequeña frente a él. ¿John hablaba en serio?.

El doctor suspiró, todo eso era un infierno. Se observó a sí mismo para 'intentar' ver lo mismo que el detective, y lo que encontró le dio una clara respuesta de por qué no podía. Se veía ridículo, su cuerpo era más pequeño -aunque no quisiera reparar en ese detalle-, y la ropa parecía sobrarle por todos lados. Sí, a pesar de tener caderas más pronunciadas, si no sostenía su pantalón este de seguro se deslizaría hacia el suelo de la habitación de Sherlock.

—Ok, puedo darme una idea del por qué… —Encontró una leve satisfacción en el rostro pálido de su compañero, mientras seguía revisando entre las prendas que había traído. —¿Cómo demonios fuiste a pedirle ropa a la señora Hudson? O que diga… ¿Con qué excusa? No le dijiste, ¿verdad?.

—Claro que no. Por cierto, nadie de nuestro entorno conoce a tu hermana, ¿no es así?.

El rubio asintió, luego de pensarlo unos segundos. No, nunca había presentado a Harry a nadie, por lo menos a nadie que también compartiera una 'amistad' con Sherlock. La única persona que la conocía era Mike, y él estaba de vacaciones en estos momentos.

—Bien, porque le he dicho que Harry Watson estaba aquí, con 'problemas personales'. —Sherlock explicó, antes de estirar uno de sus brazos hasta pasarlo por el cabello húmedo de su compañero. —Claro que tendremos que explicar por qué 'John' no está aquí también. No tuve tiempo de pensar en todo.

John asintió; tomó la ropa que el detective había separado para él, pensando en una historia convincente para explicar la presencia de Harry y la falta de John. No era difícil en el caso de su hermana, siempre podría decir que la estaba ayudando a pasar un bache en su recuperación a su adicción, pero eso se iba al tacho si en verdad John no estaba allí para oficiar como lo que era: un doctor calificado.

—Depresión, simple y sencillo. No hay que dar muchas explicaciones. Un desencanto amoroso y decidió estar fuera de su casa por unos días; es totalmente creíble si tu hermana tiene la misma suerte que tú con las mujeres. —Intentó sonreír a la mirada de John. —Ya lo sé, el hielo… —Sherlock suspiro viendo que su broma no había hecho más que enfadar a su compañero. —Sólo que tú estás…

—¿En África? De verdad, Sherlock… no puedo pensar ahora. Esto es demasiado para mí. —John bufó, echándose de bruces sobre la cama del detective, logrando que Sherlock reprimiera un gemido. —Además para qué necesito salir a la calle pretendiendo que soy Harry…

—Necesito que estés conmigo, John. Será más fácil averiguar qué fue lo que le pasó a tu cuerpo. Y trabajo mejor contigo como fuente de una segunda opinión, ya sabes. —Apoyó una de sus manos sobre la espalda de John, notando que el rubio no rehuía de su toque como antes. Eso era digno de una anotación, no había problema en mantener contacto físico siempre y cuando no fuera con sus pechos. —Ahora levántate y vístete, creo que tengo una idea de dónde comenzar a buscar soluciones para tu problema.

—Si tú lo dices. —John se irguió en la cama, comenzando a desabrochar la camisa que vestía. Sin embargo, paró en seco al ver la intensidad en los ojos de su compañero. —¿En verdad quieres verme desnudo, Sherlock?.

—¡Claro que no! Es sólo que… —Los ojos claros recorrieron el cuerpo del doctor en unos segundos. —76.53.89… —Murmuró apurado. —Estaré esperando fuera.

John observó la puerta cerrada antes de ver su propio cuerpo. ¿Era que…? Oh, por Dios… Ahora sí que se sentía expuesto frente a Sherlock.

—No te queda mal… —Sherlock se encontró observando a John con bastante fascinación, no que no lo hubiera hecho antes, cuando John aún seguía siendo hombre; sólo que era raro, él incluso había pensado que…

—¿Por dónde empezaremos?.

—Dímelo tú, trataremos de recrear hasta el último movimiento que has hecho el día de ayer, quizás algo se haya escapado de tu descripción.

—¿Caminaré por medio Londres como una mujer?.

—Si quieres, no hacemos nada y terminarás caminando como una mujer el resto de tu vida… —Sentenció con una sonrisa burlona, por lo que John no pudo evitar bufar.

—Está bien, tú ganas. Pero dudo que encuentres algo en la clínica, eso si Sarah nos deja pasar, y si no está enojada porque no fui hoy.

—Como hermana de John Watson, te creerá. No es como si fuese a decírselo yo… —Sherlock recordó el último enfrentamiento con la jefa de John que había tenido, nada agradable en verdad. —No sé porque, pero ella tiende a creer que todo lo que te pasa es mi culpa…

—¿Por qué será, no?.

Ambos bajaron justo cuando la puerta del 221A se abría para dejar salir a su casera.

—Buenos días, señorita Watson. —La señora Hudson sonrió con dulzura, estirando su mano hacia John. —Espero que Sherlock no haya sido muy descortés con usted.

—Oh… No, en verdad que no. Eh…

—Harry Watson, la señora Hudson… nuestra casera. —Sherlock bufó, como si en verdad le molestara estar haciendo esa presentación, aunque todo eso le estaba divirtiendo.

—Oh, sí… —John carraspeó, intentando adecuar su voz lo más que podía a su nueva figura. —Sí, es un placer señora Hudson.

—Oh, querida, puedes llamarme Martha. Espero que todo esté bien, sé que Sherlock no tiende a ser de las mejores compañías.

El rubio se sintió ofendido, no era la primera vez que se lo decían, y él más que nadie sabía que eso era cierto; pero aun así, creía que nadie más tenía derecho a decir algo como eso… Ninguna de las personas que le habían dicho algo parecido habían tratado tanto al detective como él.

—No se preocupe, él ha sido una gran compañía hasta ahora. —Sin embargo, el doctor pudo recomponerse rápidamente, sonriéndole a la mujer. Después de todo, él no era su hermana en realidad, así que no debía actuar como ella en verdad.

—Le mostraré a Harry ciertos lugares de interés, señora Hudson. —Sherlock comentó, ya con una mano en la puerta principal. —Estaremos fuera todo el día.

—Oh, espero que se diviertan… —Deseó su casera, pero al detective no le pasó desapercibido el semblante de la señora mayor.

Sherlock no le prestó atención por más de unos segundos, atraído por la forma en que John se veía tan inseguro y perdido. Algo que sin duda no veía muy a menudo. Detuvo un taxi, tratando de no exponer más a su compañero a la calle, aunque este tendría que acostumbrarse rápidamente al papel que estaba interpretando si no quería que todo eso se agravara.

—Después de tí. —Dijo sonriendo, y a pesar de que John se vio como si quisiera matarlo, no pudo ocultar la sonrisa en sus labios.

Continuará.


Notas Finales: Capitulo relleno… Aún no viene lo bueno, aún hay que esperar.