Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la Saga Crepúsculo.

Bella POV

Año nuevo vida nueva. Probablemente unas de las frases más repetidas las primeras semanas de cada año. La repetimos año tras año posiblemente desde que dejamos la dulce infancia y nos volvemos unos adolescentes soñadores dispuestos a cambiar el mundo en un solo respiro. Después creces y aprendes, bueno… mejor dicho la vida se encarga de demostrarte que las cosas no son tan increíbles como habías pensado y que quizás te pasaste haciendo volar tu imaginación, que quizás una o dos películas de Hollywood menos, o diez, te habrían hecho ser un poco más realista y no crear un futuro imposible.

Cuando acabé el instituto pensaba que la amistad con aquellas personas con las que había pasado toda mi vida en este pequeño pueblo llamado Forks me acompañarían para siempre, jugaríamos a las cartas juntas mientras nos peleábamos por qué nieto es más guapo o listo. Hoy sé que puedo contar con los dedos de una mano (y me sobran) a aquellos con los que mantengo contacto. Ángela y su novio Eric. También estaba Jacob y su mujer Nessie. Ellos no fueron al colegio conmigo, pero aun así eran casi parte de mi pequeña familia. Su padre, Bill, y Charlie eran íntimos, y nosotros nos criamos tratándonos prácticamente como primos debido a los constantes viajes a nuestra pequeña casita a las orillas de la playa de la Push. Lo dicho, me sobran dedos de las manos. Los demás al margen de la felicitación de cumpleaños obligada por Facebook cada año y algún que otro saludo por la calle, poco sé de ellos.

Y el amor… Bueno eso es otra historia. Una historia desastrosa en mi caso. Imposible mantener una relación duradera lo que me llevo a alguna que otra (más bien pocas) relaciones sin más complicaciones que decidir qué hacer en los fines de semana. En la universidad no tenía tiempo, cuando acabé el trabajo me absorbió, y ahora… Aquí estoy un viernes por la noche con una copa de vino blanco intentando guardar en unas cuantas cajas los restos de mi última relación. Sam Ulley. Un amigo de toda la vida de la familia, veterinario y gran persona... Hasta que le encontré en mi cama con una amiga… No de esas que se pueden contar con los dedos de una mano, pero aun así dolió. Jessica Stanley. El día antes de Nochevieja. Lo que me llevó irrevocablemente a mi nuevo propósito "año nuevo, vida nueva".

Una vez pasó la vorágine de las fiestas de navidad, llegué al hospital donde trabajaba desde que me gradué como Psicóloga (formaba parte de un proyecto integrado por diferentes profesionales a nivel nacional para ayudar a niños de ambientes desestructurados a encauzar su vida) y les pedí que me destinarán a cualquier otra delegación del proyecto en otro estado. Solo puse una condición: que no escatimaran en kilómetros. Lejos. Quería irme lo más lejos de Forks. Los cuchicheos sobre el ataque de cuernos me estaban volviendo loca. Mi madre decía que acabaría llegando un nuevo cotilleo, más fresco y suculento y me dejarían en paz. Papá miraba a mamá con cara de resignación. Él como buen policía, pero sobretodo como habitante de Forks, sabía que siempre sería la cuernuda de Forks.

Con la segunda copa de vino ya no sabía muy bien lo que guardaba en las cajas, aunque supongo que no importaba mucho cuando la mayoría acabarían en el desván de René y Charlie (mis padres) acumulando polvo hasta la eternidad. Las cosas necesarias eran pocas y estaban apartadas y ordenadas gracias a Ángela. Ella había decidido que la ropa y objetos sentimentales debían viajar conmigo para mantener un lazo de unión con mi anterior vida. Para la nostalgia, decía. Así que el lunes iría a la empresa de transportes para que el primer lunes de marzo estuvieran en mi nuevo hogar. En mi nueva ciudad. Junto mi nueva vida. Mi nueva yo. En Nueva York.