Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.
Bueno al final aparece Edward… Espero que no os decepcione. Sin más os dejo con el capítulo ;)
LA BARBACOA DE LA DISCORDIA
BPOV
Era lunes y estaba llena de energía y con un optimismo poco propio de los lunes. Había pasado un fin de semana genial. A parte de la cena del viernes en casa de Jasper, el sábado me animé a salir a cenar y a tomar unas copas en un local de moda con unas compañeras del hospital y el domingo fui con Tanya (mi nueva vecina) de brunch y a dar un paseo por un pequeño mercadillo de nuestra zona para acabar de decorar mi casa. Según Tanya mi apartamento necesitaba un toque personal. Si soy sincera ahora estaba mucho más bonito.
Era un apartamento pequeño pero acogedor. Para mi sola no necesitaba mucho más. Tenía una cocina mediana en la que podía cocinar mis magdalenas preferidas perfectamente. Un salón comedor bastante grande, con un sofá comodísimo para ver la tele y una butaca cerca de las ventanas desde dónde se veía el puente de Brooklyn mientras disfrutaba de una taza de té y mi mejor libro. Mi lugar preferido en todo el piso sin lugar a dudas. Un lugar para abstraerme en la lectura. Devoraba los libros y después me arrepentía de haberlos leído tan rápido y por lo tanto ya no sabría nada más de esos personajes que me habían acompañado, aunque fuera poco tiempo. Mi habitación estaba bien, tenía un baño incorporado y cabía una cama grande y mullida. No necesitaba nada más.
Cuando llegué a trabajar y vi a Rachel casi le beso los pies en señal de adoración. Nunca me había alegrado tanto de ver a una secretaria. Hoy era el día en que quedaría libre de los mails, hojas de Excel y demás gestiones que solo conseguían ponerme de los nervios.
La semana pasó realmente rápida. Había quedado con Alice algunas tardes para hacer "cosas de amigas", según ella no podía ser que Jasper y su padre conocieran a su nueva mejor amiga mejor que ella misma. Palabras suyas, no mías. Algunas tardes incluso se nos habían unido Rose y la pequeña Olivia. Me había enamorado de esa niña desde el minuto uno. Era un calco de Rose pero en miniatura y con los hoyuelos de Emmet cuando sonreía.
Era viernes por la tarde tenía, estaba salivando solo de pensar en el fin de semana. Estaba archivando los últimos papeles cuando escuché el sonido de un mail entrante.
De: Edward Cullen
Para: Bella Swan
Asunto: Re:Proyecto solidario "encuentra tu pasión"
Querida Señorita Swan,
Veo que disfruta haciendo que mis empleados y yo perdamos nuestro valioso tiempo. Los encargados de nuestra área social me comunican que no tienen todos los documentos necesarios para comenzar el proceso que ustedes nos piden que hagamos.
Como entenderá estoy muy interesado en el proyecto así que le pediría que hiciera el favor de hacer su trabajo eficientemente y nos envíe la documentación que le hemos pedido.
Atentamente,
Edward Cullen.
Presidente de Cullen Corporation.
¿De verdad esto me estaba pasando a mí? Comenzaba a pensar que Edward Cullen había venido al mundo para amargarme. Como puede ser que una persona a la que no conocía y con la que solo me había enviado dos emails me provocara tal rabia. Intenté no contestar y dejarle un post-it a Rachel para que lo solucionara ella. Por su interés en Cullen Holdings, algo me hacía pensar que estaría encantada de solucionar cualquier problema con Edward Cullen. Pero no pude. Mi bocota y mi impulsividad siempre me metían en problemas.
De: Bella Swan
Para: Edward Cullen
Asunto: Re:Proyecto solidario "encuentra tu pasión"
Querido Sr. Cullen,
Le puedo asegurar que no disfruto haciéndole perder su tiempo, ni a usted ni a nadie. Aunque no puedo asegurar que pueda decir lo mismo de usted.
Ya le enviamos toda la documentación y en el caso que le falte alguna más debería ponerse en contacto con nuestra secretaria, Rachel. No es mi trabajo enviar la documentación, simplemente echaba una mano a una compañera hace unas semanas, de ahí el error con el primer mail dirigido a usted. A partir de ahora quizás deba pedir explicaciones a sus empleados.
Atentamente,
Bella Swan.
Psicóloga del proyecto "encuentra tu pasión"
Si no fuera porque era el hijo de Carlise, que a parte de una bellísima persona era el director del hospital, y que su empresa se había comprometido a formar en prácticas a jóvenes de nuestro proyecto le enviaría a la mierda. Pero nuestro proyecto se basaba en que estos chicos canalizaran su futuro y las prácticas en Cullen Holdings eran una motivación demasiado buena para perderla. Intentaría hablar con Rose o Emmet sobre el tema, trabajando ellos en la misma empresa algo podrían hacer para agilizar los trámites.
El domingo llegó muy rápido. Me vestí con unos tejanos y camiseta sencilla, más arreglada que para ir a una barbacoa en la Push pero no tanto para parecer que iba a una reunión de trabajo. Unos botines planos y una chaqueta a juego. Estaba nerviosa, los Cullen eran gente muy simpática y humilde, pero eran una de las familias más importantes de Nueva York. Todo el mundo los conocía y yo no sabía si había algo parecido a un Dress Code para una barbacoa para la gente de su clase social.
Jasper y Alice me pasaron a buscar en coche y fuimos hasta casa de sus padres en un cómodo y ameno viaje. Me sentía muy a gusto con ellos. Alice y yo realmente habíamos congeniado, quizás era verdad que tenía algo de adivina. Una conversación nos llevó a otra y acabé aceptando ir a su boda. Aún faltaba bastante, pero por lo visto yo ya estaba dentro de la lista de invitados. Jasper sonreía por el retrovisor. "Nadie se resiste a una petición de Alice. Creo que tiene un don… Eso o criarse con dos hermanos mayores que le ha hecho perfeccionar la técnica para conseguir salirse con la suya. Quien sabe…" Me había confesado Jasper un día después que Alice consiguiera que me gastase medio sueldo en cambiar mi "fondo de armario". Según ella toda mujer necesita unos básicos atemporales. Yo no tenía ninguno… Hasta hace unos días.
Cuando llegamos a la casa de los Cullen me quedé sorprendida. Era enorme. Blanca y con unos jardines delanteros verdes y preciosos. Si imponía por fuera, no me quería ni imaginar el interior.
-Que no te imponga la casa. Es muy grande, pero es solo una casa. – me tranquilizó Alice al ver mi cara de sorpresa. Seguramente adivinando que me podría sentir fuera de lugar- Papá se cansó de vivir en medio de Manhattan, y aunque eso supone hacer más horas de coche para llegar a trabajar, ahora viven aquí. Dicen que están más tranquilos y que esto solo le hace querer jubilarse antes. – me continúo explicando Alice-
La puerta de la casa se abrió y apareció una mujer bellísima. De ojos marrón claro y corta melena también oscura, ligeramente ondulada. Sin duda Alice y Emmet habían heredado de ella sus rasgos.
-Oh tú debes ser Bella, tenía tantas ganas de conocerte. Me han hablado tanto de ti que ya sentía que te conocía. – me dijo Esme saludándome mientras me daba un abrazo-
Lo de la belleza y los abrazos les debe venir con algún gen familiar, cada vez estoy más segura.
-Yo también tenía muchas ganas de conocerla Sra. Cullen. Me han hablado muy bien de usted. – le contesté algo tímida por lo cariñosa que era-
- Nada de Sra. Cullen, esa era mi suegra yo soy solo Esme. Pero pasad no os quedéis en la puerta – me reprendió amablemente mientras, aun abrazándome por los hombros, me acompañaba a entrar-
- Está bien, Esme. Os he traído unas pastitas para el té o café.
- Muchas gracias, un detalle precioso, pero no deberías haberte molestado Bella, eres nuestra invitada. – me contestó Esme con una sonrisa-
- ¿¡Mamá podemos poner ya la carne?¡ - escuchamos el estruendo de la voz de Emmet desde lejos- ¡Tengo hambre y Bella ya está aquí!
- A veces pienso que sigue teniendo 4 años – me confesó Esme con una risa –
Me acompaño por la casa, cruzando la enorme cocina atravesamos unas puertas estilo francés hasta un jardín tan enorme como precioso. Había todo tipo de plantas y flores. No tenía nada que envidiar a los que salían en las revistas. Allí estaba ya toda la familia reunida en torno a la barbacoa. Con Emmet y Carlise con delantales y con cara de desesperación por comenzar con la diversión.
-Emmet aún falta tu hermano – le reprendió Esme a Emmet mientras Carlise se acercaba para saludarme con un cálido abrazo-
- Pero mamá siempre llega tarde… si es que no llama para decir que no vendrá – lloriqueó Emmet. Sí, lloriqueó un poco. Un hombre de 30 años y solo porque no podía "jugar" con la barbacoa. –
- ¿Ya estas llorando hermanito? – dijo una voz melodiosa y masculina a nuestras espaldas.
Al girarme vi al que probablemente era uno de los hombres más guapos que había visto nunca. Alto, quizás tanto como Emmet, pero más delgado, aunque musculoso. La mandíbula y nariz angulosa y perfecta. Y el pelo, al contrario que sus hermanos, rubio tirando ¿dorado? ¿Alguien en este mundo tenía ese color de pelo? El único parecido que tenía con sus hermanos eran los ojos verdes. Por todo lo demás se podría decir que los genes de Esme habían pasado de largo en él. Era prácticamente un calco de Carlise, con la diferencia que éste último tenía el pelo canoso y quizás, en su juventud, algo más rubio que Edward.
Le tuve que recordar a mi libido que "odiábamos" a este hombre. Que no era simpático y que no podíamos estar babeando por él, por muy guapo que fuese y por mucho tiempo que hiciese que no estábamos con ningún hombre. En serio, en esta familia eran todos demasiado guapos, me comenzaba a sentir como un orco de Mordor, a pesar de ser del montón medio para los cánones de belleza de esta sociedad (melena morena, 1.68, las curvas en su sitio y quizás con algún que otro quilo de más, pero nada que me quitara el sueño).
-¡Al fin! ¡Papá comencemos ya con la barbacoa! – saltó de alegría Emmet.
Edward se acercó a saludar a su madre con un tierno abrazo y un beso en la mejilla.
-Mama, siento llegar tarde. Ayer trabajé hasta tarde y esta mañana he salido más tarde de lo previsto. Alice me tenía que pasar a buscar, pero sigue enfadada porque le planté en su cena y me ha dejado esperando…Absurdo, pero ya la conoces. – le explicó confidente a su madre con una media sonrisa que me hizo olvidar todo lo que pensaba sobre él y su enorme ego -
- Esta Alice… ¿Qué haremos con ella? – negó con la cabeza Esme mientras sonreía cómplice a su hijo mayor – Disculpa nuestros modales Bella, te presento a mi hijo Edward.
- Encantada Sr. Cullen – estiré mi mano a modo de saludo. Si me abrazaba como toda su familia probablemente me desintegraría yo y mi orgullo. Especialmente mi orgullo –
- Encantado Señorita Swan. Aunque no hacen falta los formalismos, puedes llamarme Edward. – aceptó mi mano tendida a modo de saludo. -
- Claro, Edward.
- Además, no es la primera vez que tenemos el placer de hablar – comentó con ironía y cierta malicia en sus ojos…Quizás fuera diversión. ¿Se estaba riendo de mí? –
- ¿Os conocíais de antes? – preguntó Esme un poco confusa por nuestro intercambio de palabras-
- Lamento no poder decir lo mismo señor Cullen – respondí secamente. ¿Placer? ¡Ja! La rabia de los mails superaba a el eclipse de su masculinidad -
- ¡Edward ven aquí a ayudar, hombre! ¡Te he guardado un delantal! – Gritó de nuevo Emmet haciendo que Edward no me respondiera –
- A veces creo que Olivia es más madura que él – comentó por lo bajo. Antes que la pequeña de los Cullen se separara de los brazos de su tía para salir corriendo a los brazos de su tío.
La niña saltó al aire para que Edward la cogiera. Le hizo cosquillas, la besó por toda la cara, la abrazó. Nada tenía que ver esa imagen con el hombre implacable, incapaz de entender que había habido un error con los emails y que nos acusaba de hacerle perder el tiempo.
Edward no ayudó con la barbacoa, pero se pasó todo el tiempo jugando con su sobrina y hablando con Jasper mientras éste intentaba que su prometida le retirase la ley del hielo a su hermano. De momento, Alice 1-Edward 0. Me gustaba Alice.
La comida fue muy amena, aunque no cruce más de dos palabras con Edward. Aun así, todos los Cullen fueron encantadores, eran una familia adorable. Hacía rato habíamos acabado de comer, pero nadie se levantaba de la mesa debido a la charla constante que se había creado. En un momento tuve necesidad de ir al baño, así que me disculpé y recé para que las indicaciones de Alice fueran suficientes para no perderme. Como siempre en temas de orientación fracasé estrepitosamente.
Entré en una habitación enorme, de echo en todas las que había entrado eran más grandes que todo mi apartamento, decorada como para un adolescente, seguramente sería de Emmet o Edward. Al salir casi tropiezo con alguien. Mi suerte apestaba, era Edward. Me miraba entre enfado y curiosidad mientras cargaba a la pequeña Olivia, dormida en sus brazos.
-Veo que tiene interés en mi habitación, aunque le aseguró que queda bastante lejos del lavabo para invitados – contestó algo molesto -
- No lo encuentro – le respondí escuetamente. Mi bufeta urinaria amenazaba con explotar tan rápido como mi paciencia –
- ¡Oh! Bueno puede pasar al mío, yo iré a dejar a Olivia en su cama para que descanse – me contestó reparando en su pequeña sobrina que se removía en sus brazos-
- Oh no hace falta, encontraré el de invitados, gracias.
- Pensaba que era urgente, si lo que quería era ver la casa estoy seguro que Alice o mamá se la hubiesen enseñado encantadas. – me dijo con una sonrisa de suficiencia, aunque bajito. Algo me decía que lo último que quería era despertar a Olivia-
- Y lo era, no tengo ningún interés en meter las narices en ningún sitio – contesté enfadada por su insinuación-
- Entonces deje de discutir, entre al baño y sobretodo deje de hablar tan alto o despertara a mi sobrina – me dijo en un tono seco, cortante. Seguramente el que usaba con sus empleados cuando hacían algo mal. –
- Está bien – me resigné, giré mis pies y entré al lavabo. Lo necesitaba. Pero aquí todo olía a él, me estaba intoxicando un poco…. Aunque a mi cerebro traicionero estaba encantado con ese olor masculino.
Cuando salí de la habitación estaba apoyado en la pared con un auricular para escuchar si Olivia se despertaba en la mano. Era demasiado guapo. Demasiado.
- Pensaba que no saldría nunca. Estaba a punto de llamar a un equipo de rescate – comentó divertido-
- ¿Con ese aparato? Le deseo suerte – le respondí con la ceja levantada. -
Y bajé dignamente para el jardín. Concentrándome para no perderme y que mi salida digna, y algo melodramática, no se fuese al traste. Esta vez lo conseguí.
...
NOTA AUTORA:
¿Os ha gustado? Parece que estos dos están destinados a pelearse... Quién sabe...
Intentaré subir el siguiente antes de vacaciones de Semana Santa, me voy unos días pero espero poder subir unas cositas antes del jueves. Tengo una pequeña sorpresa para los próximos capítulos.
