Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo
Ya estoy de vuelta después de estos días de descanso.
Aquí os dejo un nuevo capítulo, es un poco de paso, pero vemos que algo va cambiando. Espero que os guste. Saludos ;)
CAMBIOS
BPOV
¿Qué era ese sonido tan estridente? ¿Estábamos en guerra? ¡Qué alguien lo pare! Oh ya no suena… me di la vuelta en la cama y me dispuse a dormir una hora más, o un día o toda mi vida, quién sabe.
Arrggggg! ¡Otra vez el sonido! Me levanté y cuando conseguí que mis neuronas se activaran me di cuenta que era mi teléfono. Era Alice. Mejor lo cogía, total no había manera de librarme de sus llamadas.
-Buenos días Alice – o al menos eso fue lo que dije en mi mente, posiblemente la realidad fuera algo más cercano a un gruñido sin sentido.
- Oh veo que te pillo despierta, ¡bien! – no se lo creía ni ella lo que acababa de decir- ¿Viste mi mensaje ayer? Te esperamos en 15 min en mi casa para ir a jugar a baseball. – me comentó con su mejor voz de amiga haciendo chantaje-
- Alice hace dos min estaba durmiendo. Te lo agradezco, pero me parece que paso – mi sabanas y colchón reclamaban mi atención.
- ¡A NO! Venga Bella hace mucho que no nos vemos, y no me vengas con que comimos juntas ayer porque comer en el hospital con papá y Jasper no es una comida de amigas – me contratacó. Parecía que no estaba dispuesta a que le fastidiase el plan-
- ¿Y un partido de baseball es una comida de amigas? – me tumbé en la cama. Quizás si la dejaba hablar acabaría por no sentirla y me dormiría de nuevo.
- Ese no es el punto. Edward y Jasper están comprando café y el desayuno. En 30 minutos te quiero en casa o iré y te tiraré de la cama – pues no, no había manera de silenciarla. Como mínimo me había dejado 15 minutos más de margen. Estaba amable hoy…
- ¿Café grande, con crema y un poco de cacao por encima? - me resigné al fin.
- Y donuts. ¡No puedes decir que no! – contestó con un gritito de alegría.
- Allí estaré. – mi cama debería esperar.
Cuando llegué a casa de Alice ya estaban todos en la puerta esperándome. Era injusto que todos los Cullen vestidos de sport pareciesen salidos de un anuncio y yo… bueno yo había hecho lo que había podido en 30 minutos.
Los saludé a todos y vi a Edward con un café y una bolsita de papel en la mano. Al acercarme me dio la mano, parece que el gen de los abrazos tan característico de los Cullen había pasado de largo en él. Mejor para mí, si solo con su mano sentía estúpidos escalofríos a saber qué me pasaría si me abrazaba para saludarme.
- Me han chivado que te gusta largo de café y con cacao en polvo por encima. – me dijo Edward mientras me pasaba el bendito café. – en la bolsa hay un donut de chocolate. – gloria para mis oídos. Creo que me había enamorado un poco de Edward ahora mismo. En serio, debía dejar de sonreír así.
- Gracias Edward, ahora mismo eres de mis personas preferidas en el mundo – contesté mientras bebía el primer sorbo de café.
- En serio Bella yo cada día te traigo café y no hay tantos halagos – me contestó Jasper con falsa indignación-
- Algo me dice que tuviste una noche salvaje – apuntó Rose aprovechando que Emmet ya había ido tirando hacía el parque con la pequeña Oliva.
- ¿Nos vamos? – Dijo Mike. ¿cuándo había llegado hasta aquí? ¿estaba aquí desde el principio? Supongo que me distraje con Edward… quiero decir con el café.
Nos dirigimos hacía el parque caminando. No estaba muy lejos de dónde vivíamos. Edward no hizo ningún comentario sobre anoche y se lo agradecí, no creo que Alice se lo tomará muy bien. Digamos que tenía algo así como una competencia absurda con Tanya, según ella me absorbía mucho tiempo del fin de semana con sus planes… Mi agenda nunca había estado tan llena.
Pasamos una gran mañana. La verdad es que desde que firmamos la tregua con Edward todo era mucho más fácil. Supongo que lo había juzgado mal. La verdad es que cuando bajaba la guardia era educado, bromista, le encantaba compincharse con Jasper para gastarle bromas a Emmet y se derretía en manos de Alice y Olivia. En serio, si sus empleados lo viesen me temo que perdería toda autoridad… y si sus empleadas lo viesen, bueno seguramente debería encerrarse en el despacho por miedo a ellas.
Rose y Emmet, que trabajaban ambos con Edward, estaban planeando un viaje para celebrar su aniversario. Rose era jefa del departamento legal y Emmet el jefe de personal y estaban convenciendo a Edward que podría sobrevivir sin ellos 2 semanas. Era divertido ver como se tomaban el pelo mutuamente.
Mike… era otra historia. Tenía la ligera sospecha, quizás no tan ligera, que Alice intentaba que tuviésemos una cita. Él era demasiado empalagoso para mi gusto. Lo intentaba demasiado. Me volvería diabética si seguía hablando mucho rato con Mike. A pesar de ser amigo de Jasper y Edward, éste último parecía soportarlo lo justo. Y no me extraña sus chistes eran insoportables.
Había pasado un mes desde que habíamos firmado la tregua con Edward y todo parecía ir sobre ruedas. Hacía buen tiempo, mi trabajo me gustaba y cada vez teníamos mejores resultados con los grupos terapéuticos, mi vida en Nueva York parecía ir sobre la marcha. Y ahora me tenía que ir. Era temporal, pero volver a Forks, aunque fuera para un fin de semana me hacía sentir rara. Allí volvería a ser la chica a quién su novio le puso los cuernos, todo el mundo te mira en un pueblo tan pequeño, en cambio aquí puedes caminar sin que nadie te preste atención. Pero supongo que la fiesta de pedida de Ángela era algo que no me podía perder.
Después de un largo trayecto hasta Forks, estaba en casa al fin. A pesar de todo lo echaba de menos. Solté unas lágrimas cuando el taxi me dejó en la puerta y vi a Rene y a Charlie. Hacía casi 5 meses que no los veía, y aunque hablábamos mucho por teléfono no era lo mismo.
El día siguiente me arreglé para ir al restaurante donde se realizaría la pedida. Sinceramente odiaba ese tipo de muestras de cariño, siempre me había parecido mucho más romántico que eso quedara entre la pareja, pero supongo que para Ángela y Ben estaba bien así. En un momento de la noche, Ángela y yo nos apartamos para tener una conversación de chicas.
- Oh Ángela que te vas a casar con Ben. Quién nos lo iba a decir en el instituto – le comenté con emoción-
- Pues sí… con lo que tardó en pedirme una cita no me podría imaginarme con un anillo en el dedo – me contestó mi amiga entre risas. Pedimos otra copa, las ventajas de vivir en un pueblo pequeño es que podías ir caminando a todos lados. No hacía falta conducir.
- Bueno y ¿cómo te trata la gran manzana? – me insistió Ángela un poco achispada por su tercer mojito.
- Muy bien, la verdad es que mi nueva vida allí va sobre ruedas – contesté sinceramente.
- ¿Y esa felicidad tiene algo que ver con un hombre? Por qué Bella, hace demasiado tiempo desde lo de Sam, deberías buscarte un hombre con el que volver a ser feliz. – incluso borracha seguía siendo una romántica empedernida.
- No hay nadie, como tengo que decírtelo… - me concentré en mi mojito que era mucho menos insistente que Ángela.
- ¿Ni ese tal Mike?
- Ni ese.
- ¿Ni el hermano de Alice?
- ¿Edward? – el alcohol se le estaba subiendo a la cabeza. Sutilmente le quité el vaso y decidí que medio mojito extra no me iría nada mal- Entre Edward y yo no hay nada.
- Como últimamente cuando hablamos por teléfono todo es "Edward esto" "Edward aquello" "Edward aquello de más allá" – imitó mi voz. Nunca se le ha dado bien imitar, yo no tenía esa voz tan estridente. ¿o sí?
- Siempre has tenido tendencia a exagerar – continúe en mis trece. Bajo ningún concepto me gustaba Edward. Ángela tenía la tendencia de ver cosas dónde no las había. –
- Claaaro y por eso te está llamando ahora mismo ¿no? – me dijo Ángela señalando la pantalla de mi teléfono que estaba en silencio-
- Esto no tiene nada que ver. No sé porque me llama. Ni tan siquiera sabía que tenía mi número– le dije mientras me levantaba para contestar al teléfono tranquilamente.
Al levantarme noté que las copas comenzaban a tener efecto en mi organismo. Quizás debería plantarme en el medio mojito extra que le confisqué a Ángela.
-¿Hola? – contesté al teléfono antes de que colgaran.
- Oh Bella, espero no llamar en mal momento, pero salgo de trabajar ahora y caí en que no te había dicho el mensaje de Alice – se disculpó Edward. ¿estaba nervioso?
- ¿Sales ahora de trabajar? Edward te dará un infarto antes de los 40. Es sábado por la noche, ¿no deberías estar ligándote a una rubia de piernas quilométricas? – vale que alguien le diga a los mojitos que están hablando por mí que no queremos imaginarnos a Edward con rubias, ni morenas, ni pelirrojas. No queremos imaginarnos a Edward, punto.
- Bella entre tú y yo… siempre he preferido las morenas – dejo caer misteriosamente. ¿Insinuaba algo? ¿estaba de broma? No estaba en las condiciones de seguir ninguna conversación ahora mismo y menos una en la que Edward supuestamente ligaba conmigo.
- Vale pues una modelo morena de piernas quilométricas. Estoy segura que en una ciudad como Nueva York conseguirás alguna que otra. – me hice la loca.
- Bueno…. No te llamaba por mi vida sentimental Bella. – contesto con cierta diversión en la voz-
- Ya… claro… me lo imaginaba. De hecho, no sabía que tenías mi teléfono – ups, eso no ha sonado demasiado educado. – no es que importe, te lo debería haber dado antes. Quiero decir para que lo tengas, no por nada… ya sabes…. Bueno que no tenías que llamarme… quiero decir no es que me importe…. Mejor me callo – malditos mojitos que me hacían decir estupideces.
- ¿Estás borracha Bella? – soltó Edward junto con una risotada.
- Quizás sí… quizás no…. – mi mente brillante se ahogaba en alcohol…. Lo mejor sería terminar esta conversación antes de hacer más el ridículo.
- Lo tomaré como un sí – dijo Edward riéndose- la cuestión es que te llamaba porque Alice no podrá pasarse a buscarte como quedasteis y envía a su esclavo, es decir a mí. Llamaba para informarte, espero que no te importe – explicó Edward un poco nervioso.
- Oh no claro que no pero no te molestes. Cogeré un taxi no hay problema. Ya sabes cómo es Alice de exagerada…. – intenté disculparlo de las labores de Alice.
- No es molestia. Además, sabes que si Alice se entera que has vuelto sola del aeropuerto me destripará… creo que es lo mejor para mi supervivencia. – bromeó conmigo Edward.
- Así que entonces te hago yo un favor, ¿no? – le continúe la broma. Era muy fácil hablar con Edward cuando estaba así de juguetón.
- Exacto, tú me libras de morir en manos de una Alice furiosa y yo te ahorro la charla de un taxista pesado. Es una situación victoria se mire por donde se mire. –
- Está bien nos vemos mañana, espero que tengas los datos porque ahora mismo me cuesta recordar hasta el camino de regreso a casa de mis padres – le confesé aceptando mi derrota ante este Edward bromista y ante los 4 mojitos y medio.
- Sí los tengo, nos vemos mañana Bella – se despidió Edward.
Al final Ben se apiadó de nosotras. Bueno, teniendo en cuenta que Ángela era su prometida desde hace más o menos 5 horas, se había apiadado de mí y me había acompañado a casa. Subí las escaleras con cuidado. Charlie seguía siendo mi padre y jefe de la policía, si me veía borracha me pasaría castigada hasta el fin de mis días, si es que puede castigar a tu hija de 26 años.
Cuando llegué a la cama, miré mi teléfono y tenía un mensaje.
"Espero que llegarás a casa de una pieza. Acuérdate que mañana te pasaré a buscar yo porque Alice no puede. No creía que en tu estado te acordaras de nuestra conversación y así puedes guardar mi número. Buenas noches Bella.
Edward. "
Con una sonrisa me quedé completamente dormida.
NOTA DE AUTORA:
¿Qué os ha parecido? A saber como continuaran estos dos, de momento parece que la paz que firmaron sigue en pie.
Una vez más quiero aprovechar para daros las gracias por todos los follows, favoritos y demás. Dan energía para continuar. Y no dudéis en dejarme vuestros comentarios sobre este par (y la historia en general).
Nos leemos en el próximo capítulo,
Saludos a todos ;)
