Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.
Aquí os dejo un nuevo capítulo, espero que os guste, pero sobretodo decirme… ¿Con quién acabará siendo compatible Bella? Saludos ;)
COMPATIBLES
BPOV
El vuelo se me estaba haciendo eterno, la mujer que estaba sentada a mi lado no paraba de hablar sobre sus perfectos nietos y yo me estaba arrepintiendo aún de los mojitos del sábado. Nota mental: No emborracharse la noche antes de coger un vuelo. Cuando finalmente aterrizamos en el JFK me dieron ganas de besar el suelo por haber llegado ya a mi hogar. ¿Hogar? No sabía cuándo o cómo había pasado pero un lugar de mi corazón ya consideraba Nueva York como mi hogar. Me lo había pasado muy bien en Forks. Me encantaba estar con mis padres, y mis amigos, de hecho, el domingo antes de regresar había podido pasar un rato con Jacob, Nessie y su bebé Lea. Pero algo de mí sabía que mi futuro ya no estaba allí.
Como no había facturado mi equipaje la salida fue bastante rápida y cuando salí a la zona de salidas no tardé ni medio segundo en ver a Edward. La verdad es que su altura y ese color tan extraño de pelo me facilitaba el trabajo. Estaba apoyado en una columna, iba vestido con unos tejanos negros, una camiseta gris y una chaqueta de cuero negra. Parecía un rockero salido de un anuncio de Dior. No se daba cuenta que atraía todas las miradas, supongo que estaría acostumbrado y había aprendido a disimular o a ignorar a la gente.
Me acerqué a él y en seguida me vio. Debería dejar de sonreír estaba irresistible y aunque habíamos firmado la paz no creía que enamorarme de él fuese lo más sano. Tenía entendido por lo que hablaban Rose y Alice que le gustaba demasiado ir de flor en flor…o de modelo en modelo. Además, me sentía muy bien entre los Cullen como para perderlo todo por una noche de sexo.
-Buenas tardes señorita Swan. Bienvenida a casa. – me saludó con una sonrisa de medio lado irresistible.
Y sin que me diera cuenta me vi envuelta en sus brazos. ¡Oh dios mío! Su gen de abrazos Cullen se había activado de golpe en este fin de semana. ¿Dónde habían quedado nuestros apretones de manos que me provocaban escalofríos? Iba a explotar, si aún me perseguía el olor de su cuarto de baño ahora estaba segura de no poder desprenderme de esta fragancia nunca más.
- Hola Edward – saludé aún entre sus brazos.
- ¿Ha ido bien el vuelo? Llegáis puntuales – me soltó y cogió la pequeña maleta que llevaba colgada al hombro.
- Sí todo muy bien, aunque la mujer de al lado tenía incontinencia verbal y casi consigue que me explote la cabeza, aparte de eso todo genial – le dije recordando lo molesta que había sido la dichosa señora.
- Dolor de cabeza que supongo que no tienen nada que ver con tu estado de ayer por la noche, ¿no? – me guiñó el ojo mientras sonreía de medio lado.
- Absolutamente nada. – ni yo misma me lo creía. Y Edward tampoco a juzgar por la risa que soltó después de mi respuesta.
Fuimos hasta el coche en un agradable y cómodo silencio y después nos dirigimos hasta la ciudad. Las dos veces que había estado en ese coche me había pasado lo mismo, me sentía relajada y si no fuera porque Edward me hablaba me hubiese quedado dormida.
-Deduzco por tu cara de cansancio que el fin de semana te ha ido bien, ¿no?
- Oh ha sido genial. No me había dado cuenta de lo que echaba de menos a los míos hasta que he vuelto a estar con ellos – le expliqué con un poco de nostalgia al recordar otra vez a mi familia y amigos.
- ¿Extrañas vivir en Forks? – me preguntó rápidamente.
- No, no sé… extraño tener a mi familia y amigos cerca, pero no siento que mi vida esté ya más allí… No sé, supongo que los aires de la ciudad comienzan a calar hondo en mi – respondí sinceramente.
- Me alegro. Quiero decir, en casa todos te han cogido mucho cariño sería raro que te marchases por un ataque de nostalgia. Seguramente Alice te iría a buscar a dónde sea que esté Forks subida a sus tacones preferidos si es necesario – reímos los dos al imaginarnos esa imagen.
Continuamos hasta casa hablando de cualquier cosa, la canción que sonaba en la radio, el tiempo, anécdotas de Forks…. Era fácil hablar con Edward, aunque la amistad no se podía comparar a la que tenía con Jasper o con Alice y Emmet nos sentíamos cómodos juntos.
-Ya hemos llegado – comentó mientras aparcaba el coche delante de mi bloque.
- Sí… esto muchas gracias. ¿Te gustaría subir a tomar un café o algo? Me siento en deuda por haber ido a buscarme al aeropuerto – de repente me sentía algo nerviosa.
- No te preocupes, no ha sido ningún problema. Alice tiene un plan desde hace unas semanas. Consiste en hacer que haga cualquier cosa los fines de semana para impedirme que vaya a la oficina o trabaje desde casa – me explicó con un poco de molestia.
- Oh… en el fondo te está haciendo un favor y lo sabes. Ese ritmo de trabajo acabará con tu vida social o con tu corazón. – comenté entre risas.
- Bueno os agradezco la preocupación por mi salud, pero no es para tanto – comentó un poco más seco de lo normal. Quizás no le había sentado muy bien mi comentario.
- Siento la intromisión. Aun así, muchas gracias por traerme Edward, ha sido muy amable de tu parte. – comenté mientras abría la puerta para bajar.
Edward salió del coche también para abrir el maletero y pasarme mi bolsa. Antes de dármela. Me dijo:
- Qué te parece que si para evitar que me encierre en casa a trabajar vamos a dar un paseo. Te invito a un café doble con crema y cacao en una terraza. – dijo con una sonrisa irresistible. ¿La habría ensayado durante su adolescencia para ligar con las chicas?
- Veo tu apuesta y le sumo un trozo de pastel de zanahoria. Pero ni sueñes que me vas a invitar. Hoy invito yo, es lo mínimo… Además, todo sea por tu salud, Señor Cullen. – le guiñe el ojo en forma de broma.
- Claro por mi salud… Y lo de invitar ya lo discutiremos. – volvió a coger mi bolsa y la metió de nuevo en el coche para irnos caminando a dar el paseo.
Acabamos paseando por la orilla del rio, según explicaba Edward cada vez estaba más lleno de turistas que perseguían la foto perfecta del puente de Brooklyn con los edificios de la ciudad de fondo. Los entendía perfectamente, a mí después de casi medio año en esa ciudad me continuaba robando el aliento las vistas.
Nos sentamos en una terraza con unos cafés y dos trozos de una tarta deliciosa. Al final Edward se había salido con la suya y había pagado mientras yo aún me decidía qué tipo de cacao quería para espolvorear mi café. ¡Maldita gula que me distraía de lo importante!
Estábamos riendo sobre un turista que casi se cae al agua por conseguir el selfie perfecto cuando sonó el teléfono de Edward. Colgó con cara molesta en cuanto vio que la pantalla indicaba que era una tal "Victoria". Al ver mi cara de sorpresa ante el desplante que acababa de tener hacía esa persona me dijo:
-Es una de las modelos de la nueva colección de Alice… No entiende muy bien las indirectas. – me contestó algo avergonzado y enfadado.
- ¿No me digas que al final ayer encontraste una morena de piernas kilométricas? – comenté intentando disimular mi rabia interna. En el fondo había sido mi yo borracho quién le había hecho la sugerencia. ¡Maldita bocota!
- Rubia… pero no es el caso. No entiende las indirectas y lleva todo el día igual – oh rubia de piernas kilométricas, perfecto.
- Quizás deberías hablar con ella, si no entiende las indirectas no sé si entenderá que le cuelgues el teléfono – tenté a la suerte con ese comentario porque Edward parecía cada vez más enfadado con el tema.
- Créeme que fui sincero con ella desde el primer momento. No tengo la culpa que no entienda las cosas. Además, no es como si le hubiese declarado amor eterno en las 3 horas que estuvimos juntos – me dijo de repente molesto. Me daba la sensación que no quería hablar del tema. Y yo, tampoco quería saber con quién se acostaba Edward.
- Algún día me darás la razón sobre mi teoría de las hordas de mujeres detrás de ti – le comenté guiñándole un ojo y con una sonrisa. Intenté quitarle hierro al tema, estábamos pasando una buena tarde y no quería que se sintiese mal, sobre todo después del favor que me había hecho.
Volvimos a mi apartamento con una conversación ligera y continua. El tema de Victoria había quedado atrás. Tampoco era gran cosa, era vox populi que Edward tenía una mujer diferente en su cama prácticamente todas las semanas. A Alice le ponía de los nervios, según ella Edward debía esforzarse más en encontrar una mujer que lo hiciera feliz y no distraerse con mujeres que sólo lo querían porque era guapo y rico. Yo supongo que a él le estaba bien. Quién sabe… y mejor no pensaba en la vida amorosa de Edward Cullen. Éramos algo así como amigos, y así debía quedarse todo.
Nos despedimos con un nuevo abrazo y allí estaba de nuevo todos los escalofríos…. Debo admitir que ahora no podría volver atrás, a esos sosos apretones de manos que nos dábamos hasta hace apenas 24 horas. Sentir sus brazos, su pecho y su aroma tan cerca mío me hacían sentir bien, muy bien.
La rutina me mataba. Estábamos en agosto y este año debido al trabajo y el cambio de ciudad me había quedado sin vacaciones de verano. Todos los Cullen estaban de vacaciones… bueno Edward no, pero estaba de viaje de negocios en China. Así era él, mientras el resto de mundo se divierte él trabaja.
Por suerte Tanya seguía en la ciudad y íbamos haciendo varios planes. Había pasado página con Roger después de unos meses saliendo con él. Ahora prefería hacer de Cupido. Una vez más, sus palabras no las mías. Sus flechas apuntaban hacía Seth, un arquitecto de 27 años con el que coincidía siempre en el mercado que había cerca del bloque en el que vivíamos. Según ella éramos completamente compatibles y me había acordado una cita con él para este miércoles al salir del trabajo.
Cuando llegó el miércoles, me arreglé un poco más de lo normal al salir del trabajo y en la puerta del hospital me esperaba Seth. Era algo más alto que yo, delgado y moreno tanto de piel como de pelo. Se había quitado la corbata del traje, que supongo llevaba para trabajar, y le daba un toque más juvenil y menos serio. La conversación fluía bastante bien y la noche se pasó bastante rápido. Al vivir cerca me acompañó hasta la puerta dónde nos despedimos con un beso bastante intenso. Llevaba bastante tiempo sin besar a ningún hombre y mi libido se activó al instante. Aun así, conseguimos separarnos y nos despedimos no sin antes quedar para ese mismo viernes. Una cena romántica no hacía daño a nadie supongo, seguramente Ángela y Tanya tenían razón y debía volver a activar mi vida sentimental.
La cita del viernes fue igual de bien que anterior y está vez mi libido no se conformaba con un solo beso en la puerta de casa, así que le invite a subir y tuvimos un gran fin de semana. Definitivamente necesitaba activar, no sé si mi vida sentimental en todo el significado de la palabra, pero mi vida sexual sin lugar a dudas. No creo que Seth pudiese ser un hombre con el que mantener una relación estable pero como amante no estaba nada mal. Era atento a mis necesidades, estaba bien dotado y sabía cómo moverse para volver loca a una mujer. La cita del viernes dio paso a un agosto lleno de citas.
NOTA DE AUTORA:
¿Qué os ha parecido el capítulo? Es algo breve porque es un poco de paso... Dentro de pocos capítulos la historia comienza a complicarse. ¡Qué ganas de que lo leáis y saber si os gusta!
Una vez más daros las gracias por todos los reviews y follows,etc. Es un placer saber que hay alguien al otro lado que se toma un ratito de su tiempo para leer esta historia. Gracias.
Nos leemos en el próximo,
Saludos ;)
