Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.
[**]
Antes de comenzar y de nuevo (no me canso de decirlo) ¡Muchísimas gracias! Por vuestros reviews, leer vuestras opiniones es un subidón, favoritos y demás.
Aquí os dejo un nuevo capítulo… Parece que "la nueva vida" de Bella tiene un pequeñito revés. Espero que os guste mucho.
[**]
IMPREVISTOS
BPOV
Otra vez estaba en un avión proveniente de Seattle con destino Nueva York, estaba acumulando más millas estos últimos meses que prácticamente durante toda mi vida adulta. Me agotaba de solo pensarlo, pero sobretodo me agotaba pensar que mañana tenía que estar de vuelta en el trabajo. Si no estaba a las 9 en punto con el primer paciente del día seguramente Aro se encargaría personalmente de echarme. No pasaba una, a nadie.
Esta vez, a diferencia de la anterior, no tenía nadie al lado por lo que pude descansar un poco. Al aterrizar volví a salir rápido hacia la zona de recogida de pasajeros (ya que solo llevaba una pequeña bolsa con un par de mudas), estaba vez no me esperaba nadie porque no había avisado que llegaba hoy. No quería molestar a nadie cuando podía coger un taxi para llegar a casa. En el tedioso trayecto hasta mi dulce hogar estaba pensando cuando al salir me encontré apoyado en la misma columna que hace unos meses a Edward.
Iba con traje, seguramente hace poco salió del trabajo, únicamente se había quitado la corbata y tenía una sonrisa de suficiencia en la cara. Le miré levantando una ceja, seguramente con un gesto de sorpresa en la cara… ¿Qué hacía Edward aquí?
- Buenas noches y bienvenida a casa. – me dijo mientras se acercaba a mi hasta que estuve en sus brazos recibiendo un abrazo marca registrada de los Cullen. –
- ¡Edward! ¿Qué haces aquí? ¿Cómo sabías que llegaba en este vuelo? – pregunté aún en sus brazos. Olía de maravilla. ¿No me iba a soltar? Me podría quedar aquí durante horas, pero la situación se estaba poniendo incómoda para dos amigos. –
- Tu misma me dijiste a la hora que salía tu vuelo de Seattle cuando hablamos por teléfono– ante mi cara de sorpresa continúo explicándose – ¡oh vamos Bella! Hoy en día con internet nada es un secreto. Pensé que te gustaría un viaje en coche en vez de esperar en la cola de los taxis. Además, esto se está convirtiendo en algo parecido a un ritual. Tú, yo y un aeropuerto – me comentó animadamente mientras me cogía la maleta y comenzamos a caminar hacia el parking.
- Así que un ritual… Aun así, gracias, no hacía falta que te molestaras… - contesté tímidamente.
- No te preocupes, me has dado la excusa perfecta para salir antes de trabajar – me dio un empujoncito amistoso mientras me guiñaba un ojo. –
Al llegar a su coche me volví a sentir embriagada con su olor, por no volver a comentar la delicia que era sentarse en esos asientos. Después de tantos días de tensión no me extrañaría que me quedara dormida… espero que a Edward no le importe si babeo un poco…
-¿Y cómo está tu padre? – me sacó Edward de mis divagaciones –
- ¡Oh mucho mejor! Creo que le acabaron dando el alta por pesado, tenía a medio personal de planta loco – reí solo de recordar la cara de las enfermeras cada vez que les tocaba entrar a la habitación –
- Ya veo de dónde has sacado tu carácter – me digo siguiendo la broma. Oh, no tenía ni idea de mi carácter, hombre inocente… -
Edward puso una música tranquila, se lo agradecía, aunque estaba tan cansada que podría haber puesto una banda de metal y no lo hubiese procesado.
-Bella durmiente despierta – noté que Edward me decía mientras que me apartaba un mechón de pelo que caía sobre mi cara.
Perfecto, me había quedado dormida en el coche de Edward…Ni tan siquiera recuerdo cuando caí en brazos de Morfeo pero ya estábamos parados delante de mi apartamento. Por favor sólo pedía que no hubiese babeado… me toqué disimuladamente la cara y parecía que me había salvado esta vez.
-Oh deberías haberme despertado. ¡Qué vergüenza!
- Y perderme tus ronquidos…. No gracias.
- ¡Yo no ronco! – babear quizás, pero roncar nunca. Pensé -
- Lo que tú digas Bella… - dijo con una sonrisa mientras se bajaba del coche.
- Muchas gracias por traerme Edward… bueno y por irme a buscar al aeropuerto ha sido un detallazo – le agradecí sinceramente.
- No es nada del otro mundo… de hecho deberías habernos dicho algo tu misma – me dijo mientas sacaba la maleta del maletero.
- Si quieres subir… te invito a una copa, café, algo… lo que sea… me siento en deuda contigo – le dije de repente nerviosa. –
- Oh no hace falta, pero si no estás cansada me encantaría – me dijo volviendo a coger la maleta.
Subimos hacía mi apartamento. Estaba en el segundo piso mientras que el de Tanya estaba en el quinto. Era un edificio bastante alto para la zona.
Al intentar abrir vi que la cerradura estaba llena de rasguños algo profundos y que definitivamente no estaban antes de irme. Como buena hija de policía mis alarmas se pusieron en marcha, detrás mío Edward parecía haber visto lo mismo que yo. Nos miramos y sin darme cuenta me quitó las llaves de la mano y me empujó suavemente detrás suyo.
Abrió la puerta y entramos en casa. Estaba todo en silencio y a oscuras…. Parecía que no había nadie, pero sin lugar a dudas alguien había pasado por allí estos días mientras yo había estado en Forks. Mi tele y algunos electrodomésticos de la cocina no estaban. Perfecto todo indicaba que me habían robado. Maldita mi suerte.
Cuando me di cuenta Edward volvía de la habitación y por su cara algo me decía que también habían pasado por allí los ladrones. Tenía el móvil en la mano.
-Estoy llamando a la policía para que vengan y poder denunciar. – me informó haciéndose cargo de toda la situación – Ves a tu habitación y haz la maleta. Esta noche no te quedas aquí. – Algo me decía que estaba viendo a Edward Cullen jefe de Cullen Corporation en plena acción.
Estaba en shock. Me voy una semana y mi nueva vida salta por los aires. Estaba genial en Nueva York, había construido algo así como un hogar en este piso, y ahora, en un instante, solo me sentía insegura. Estaba preocupada por papá, mis nervios llevaban una semana de punta, estaba cansada y ahora esto. En el fondo agradecía tener a Edward a mi lado, si no fuera por él yo seguiría en shock en el comedor, posiblemente llorando de la impotencia.
Pero él se había hecho cargo de todo... yo solo tenía que hacer una maleta… y aquí seguía en la puerta de la habitación (que estaba toda revuelta, seguramente habían estado buscando, y encontrando, el poco dinero o joyas que guardaba) sin mover un musculo. No podía, no tenía fuerzas.
-¿¡Qué está pasando?! ¿¡Quién eres tú?! ¿¡Y la policía… qué le ha pasado a Bella?! - la voz de Tanya surgió de la nada.
- Yo soy Edward Cullen, amigo de Bella, y por lo que he escuchado decir a Bella supongo que usted debe ser Tanya. Toda esta policía es porque han entrado a robar. Bella está bien, en su habitación y seguramente necesite ayuda. – contestó Edward con voz firme, aunque tenso. Seguramente criarse con Alice le había dado un master en como contestar una retalia de preguntas sin inmutarse -
La puerta se abrió y de repente solo veía el rojo de la melena de Tanya. Me envolvió en un abrazo que derrumbó todas mis defensas y comencé a llorar sin poder parar. Tanya me abrazó hasta que me calmé, después cogió la maleta y comenzó a poner ropa dentro, fue al lavabo y puso lo necesario para sobrevivir unos días.
-¿Y ahora qué harás? – dijo cuando acabó con la maleta y se sentó a mi lado en la cama. –
- Supongo que ir a un hotel hasta que la policía diga que es seguro volver.- la verdad era que no podía hilar más de dos ideas con una mínima coherencia mucho menos esperar a tomar grandes decisiones. Un hotel estaba bien por ahora. Mañana…o pasado será otro día.
- Ya sabes que te puedes quedar en mi casa… - se ofreció Tanya.
- Bella vendrá conmigo a mi casa – interrumpió Edward – No creo que sea seguro que se quedé en el mismo edificio en el que le han robado. Además, la policía tiene todos mis datos para ponerse en contacto en cuanto sepan algo. Y usted debería incrementar la seguridad estos días, por precaución. – dijo Edward apoyado en el marco de la puerta.
- Oh Edward no hace falta yo puedo quedarme en un hotel, estoy segura que no serán muchos días…. – comencé a disculparme.
Ya había hecho mucho por mí, además quedarme en casa de Edward… dónde seguramente las mujeres entrasen y saliesen cada dos por tres, no era lo más adecuado. Me ponía la piel de gallina el pensar compartir el mismo espacio que él… rodeada de su olor por todas partes… NO. Mejor me iba a un lugar neutral como un hotel.
-Bella no voy a discutir contigo. Estás débil, necesitas descansar, así que déjame llevarte a mi casa. Descansa y si mañana quieres discutir conmigo te plantaré cara, pero en igualdad de condiciones. Ahora mismo sería demasiado fácil ganarte, estás a punto de caerte rendida.
Sin dudarlo más recogió la maleta y se acercó para tirar de mi brazo hasta tenerme sujeta por la espalda y apoyada en él. No imaginaba cuánto necesitaba un apoyo ahora mismo hasta que estuve contra su costado. Tanya no dijo nada, pero tenía una cara que me decía que Edward se la había metido en el bolsillo. Traidora.
Así que volvía a estar en su coche. Y mis defensas volvían a caer… ¿Pondría somníferos en el aire acondicionado?… Quizás era el estrés al que me había sometido últimamente que comenzaba a afectarme.
[**]
-Sí papá, exacto…. Creo que lo mejor es que hoy descanse. Gracias papá, según tengo entendido ese tal Aro no es el ser más comprensivo del planeta. – escuché que alguien hablaba de fondo…
¿Era Edward? ¿Dónde estaba? No reconocía el lugar, pero la cama era comodísima, las almohadas parecían nubes… no es como si alguna vez las hubiese probado, pero en mi mundo ideal las nubes son así de mullidas, y las sabanas eran suaves como la seda… Estirándome como un gato estaba cuando Edward entró a la habitación.
-¡Aaaaaaaaaaaaahhhhhhh! – Grité. Mucho. Demasiado. No sé porque me sorprendía tanto si ya lo había escuchado hablar con ¿Carlise?
- Veo que estás despierta – decía mientras se reía.
- Yo…. Esto…. Bufff…. No sé ni por dónde comenzar así que porque no me haces un resumen – dije con una sonrisa tímida mientras me tapaba hasta la nariz… tampoco es que vaya a ver mucho, según parece fue él quien me acostó y por mi vestimenta solo me quitó los zapatos.
- Ayer, o a saber cuándo de la semana pasada, robaron en tu apartamento. Te traje a casa para que pudieses estar tranquila. Te quedaste dormida en el coche por lo que te subí y acosté. No quería que te desvelases – me explicó tranquilamente. – Y para que conste en acta fui todo un caballero… Esme estaría orgullosa de mi – me dijo bromeando.-
- Hoy… ¿es viernes? – Pregunté. Estaba tan dormida que no sabía si había dormido unas horas o toda una vida – con cara divertida Edward asintió con la cabeza.
-¡Oh dios mío! ¡Es megatarde! – dije mientras veía la hora en el reloj de la mesita de noche - No voy a llegar a trabajar, ¿¡Por qué no me has despertado antes!? – Perfecto mi apartamento precintado por la policía y ahora sin trabajo, porque estaba segura que de ésta Aro me despedía.
Edward paró con efectividad mi bote en la cama con la misma sonrisa en la cara con la que había entrado por la puerta hace… ¿5 minutos? ¿10? ¡Yo que sé! Solo sé que llegaba tarde y que Aro me despediría.
-Hoy no irás a trabajar. Después de lo de tu padre y el estrés de ayer necesitas descansar. Ya he hablado con Carlise, él se ocupará de todo… Así que vuelve a dormir un rato más. He llamado a Alice y te acompañará junto a un oficial de policía a tu casa para que te traigas alguna cosa más aquí.
- Oh tengo suficiente para pasar un par de días… y Edward no hace falta, puedo ir a un hotel o casa de Tanya… Y puedo ir a trabajar, de verdad esto es excesivo – dije rotundamente.
- Bella descansa. Esta tarde cuando llegue de trabajar hablamos. – me dijo mientras me empujaba contra el colchón. Me tapó y me dio un beso en la frente. – Duerme. – se despidió mientras salía de la habitación y cerraba la puerta.
.
Pasadas las 10:30 de la mañana me desperté completamente relajada y descansada. Le tendría que dar las gracias a Edward por convencerme de quedarme en ese bendito colchón unas horas más. No sabía realmente lo que necesitaba descansar hasta ahora. Me levanté y decidí salir a tomar un café… después llamaría a Alice.
Abrí la puerta de la habitación y solo se veía una gran terraza y unas escaleras, así que bajé. Estaba mirando algunas pinturas que había colgadas cuando alguien apareció de la nada.
-¡Buenos días! – chilló Alice. En serio casi me da un ataque de corazón, suerte que era joven y estaba sana.
- Alice qué susto. Ahora te iba a llamar, Edward dijo algo de que vendrías… la verdad es que exagera un poco con todo esto – le explicaba mientras ella me miraba con una sonrisa.
- ¡Te he echado tanto de menos! – y se tiró a mi cuello. Otro abrazo made in Cullen. – Siento mucho lo de tu padre y me alegro que ya esté bien. Sabes no sabía si despertarte, Edward me ha prohibido molestarte. Además, pensaba que estarías en el cuarto de invitados… pero supongo que Edward pensó que estarías más cómoda en su habitación…. En serio algún día le robaré ese colchón… es como dormir en el cielo… ¿verdad?
¿Yo había dormido en la cama de Edward Cullen? Oh dios mío… Mi vida estaba loca y yo me iba a volver loca también. Decidí ni pensar en ese detalle y convencí a Alice para ir a desayunar y a mi apartamento. Necesitaba distraerme y Alice era una magnifica compañía.
Nos pasamos todo el día fuera, fuimos a desayunar, a casa a recoger más cosas (prácticamente llevaba en dos maletas grandes toda mi ropa y recuerdos. Según Alice mejor tenerlos conmigo y no dejarlos allí abandonados… yo pensaba que exageraba en un par de días volvería a casa, pero si algo había aprendido es que no se discute con Alice, nunca. Después como no tenía ganas de estar en casa de Edward sin que él estuviese allí, me sentía una intrusa entrometida, acompañé a Alice a su trabajo y por la tarde estuvimos tomando té con Esme que venía de recoger a Olivia del colegio. No me había dado cuenta cuanto las había echado de menos en esta semana que había estado fuera. Es increíble pensar lo rápido que habían pasado a ser parte indispensable de mi círculo más íntimo de personas.
Al llegar a casa de Edward por la noche, estaba todo el clan Cullen allí. Al parecer querían verme y apoyarme después de tanto desastre en mi vida.
Todos fueron amables y muy cariñosos conmigo. No sabía cómo, pero en este tiempo que llevaba allí los sentía como si fueran parte de mi familia. Como era imposible echarlos se quedaron todos a cenar en casa de Edward.
Aún no me sentía muy cómoda en casa de Edward, no porque él no fuera amable conmigo o se notara incómodo, más bien todo lo contrario, es solo que nunca me he sentido cómoda dejando que los demás cuiden de mí. He sido bastante independiente toda mi vida y me cuesta dejar que los demás se acerquen tanto… Y ahora los Cullen me hacían bajar mis defensas, y Edward, ayer, las había desmontado completamente al traerme aquí.
Dejé de pensar en todas esas cosas, había notado que Edward monitorizaba prácticamente todos mis movimientos, ¿notaría que en cualquier momento me podría ir corriendo? En todo caso decidí ser útil y ayudé a Esme y Emmet a preparar la cena. A pesar de mi sorpresa inicial había aprendido que allí dónde hubiese comida estaría Emmet, especialmente si tenía que cocinar. Él decía que mejor probar las cosas antes de servirlas y nadie mejor que él para ese cometido.
-¿Cómo está todo por el hospital? – comenté con Jasper y Carlise una vez ya habíamos acabado de cenar. No habíamos apartado al lado del piano. Edward lo tenía a un lado del gran salón junto los ventanales que lo rodeaban y por dónde se veían unas vistas maravillosas. No llevaba ni 24 horas en este apartamento y ya me había enamorado de las vistas.
- Bien, con mucho trabajo, como siempre que falta alguien, pero no te preocupes – me respondió Jasper -.
- Y si tu cara de preocupación es por Aro, no merece la pena que te preocupes de más. Yo mismo hablé con él así que no te pondrá ningún problema. – me aseguró Carlise al ver que las palabras de Jasper no me convencían mucho.
No tardaron mucho en despedirse e irse cada uno para sus respectivas casas, al fin y al cabo, era jueves y al día siguiente todos debíamos trabajar. Nos dejaron a solas a Edward y a mí y me estaba comenzando a poner nerviosa así que decidí hacer algo…Recoger unas cosas que habían quedado revueltas por el salón estaría bien, al parecer Edward tenía otros planes. Se acercó a mi calmadamente… Sigo pensando que creía que en cualquier momento saldría corriendo en dirección contraria. Ganas no me faltaban. Me aterraba un poco compartir espacio a solas con él.
-Sabes que no tienes que recoger nada, yo puedo hacerlo – me dijo mientras cogía unos cojines que Olivia había dejado por el suelo. –
- Es lo mínimo que puedo hacer después de todo lo que estás haciendo por mí.
- Eso significa que aceptas quedarte aquí hasta que todo se arregle… - me comentó algo nervioso.
- Supongo que no me dejas más remedio. – comenté con una sonrisa, no quería ser desagradecida después de todo lo que estaba haciendo por mí - Seguramente Esme y Alice vendrían a por mí si se enteran que he rechazado tu ayuda. De hecho, Alice está mañana me ha dejado claro, y muy poco sutilmente, sus amenazas si abandonaba tu apartamento – le contesté aún no muy segura del lio en el que me estaba metiendo. Presentía que esto acabaría con mi preciada tranquilidad.
- Veo que las conoces bien – me dijo sentándose en el sofá e indicándome con la mano que hiciera lo mismo.
- Sabes…No quiero molestar, seguramente tú tienes tu vida y yo no quiero interrumpirla… Ya sabes… – no había manera de hablar de esto sin morirme de vergüenza-
- Deduzco por tus palabras y el color rojo de tu cara que por "mi vida" te refieres a mujeres, ¿no? – me contestó con una sonrisa plantada en su cara. Se lo estaba pasando genial haciéndome pasar vergüenza, era digno hermano de Emmet. -
- Bueno… tampoco es un secreto... quiero decir yo no quiero explicaciones, pero no quiero que cambies nada de lo que estés acostumbrado por mi culpa. – No sé ni de dónde saqué fuerzas para decir todo eso de un tirón.
- No lo haré. Si lo que te preocupa son mis supuestas conquistas… No las traigo nunca a casa. Es mi templo y no lo pisa cualquiera. Sabes eres la primera mujer que duerme en mi cama – dijo misteriosamente y seguidamente soltó una carcajada. Se lo estaba pasando en grande a mi costa.
- Vale, supongo que tampoco será por tanto tiempo, ¿no? Ah, y te pagaré un alquiler o algo… no sé, pero te pagaré, tú sólo dime cuánto. – dije decidida.
- No te preocupes por el tiempo, ya te he dicho no me molestas. Si no quisiese que estuvieras aquí no te habría invitado. Y lo del alquiler, ni lo sueñes. Es más, ni lo intentes porque no está ni en discusión – dijo muy seriamente.
- Ya veremos. – continúe en mis trece. Estaba loco si pensaba que lo iba a pagar el todo, aunque fueran solo unos días.
- Por supuesto que lo veremos – dijo con una sonrisa retadora.
- Pues te cocinaré, o haré la compra o algo que no me haga sentir como una obra de caridad – dije cada vez más ofuscada con la idea de que alguien me ayudara tanto sin poder devolverle el favor. – En serio Edward me mata la idea de sentirme una carga.
- No eres una carga. Te lo repetiré una y mil veces no me molesta en absoluto que estés aquí. Además, será… diferente…. Volver a casa y tener a alguien. Quizás hasta me estés haciendo un favor. – me dijo recostándose en el cabecero del sofá – Y sobre tus hipotéticas labores de casa, olvídate... Sue te matará si le quitas el trabajo. En serio Bella no le lleves la contraria a esa mujer, da miedo. – me dijo mientras se reía.
- Edward algo pensaré pero que sepas que esto no se va a quedar así. No has ganado esta batalla. – le dije muy seria, pero a juzgar por su cara no me estaba tomando nada en serio - Esto… No es por sonar desagradecida, ni que me aburras…pero…si no te importa me podrías enseñar dónde dormiré, me gustaría descansar un poco – le pedí.
- Por supuesto, aunque si prefieres ya sabes dónde está mi cama– me dijo mientras se levantaba del sofá. – Esta mañana parecías muy cómoda. – me guiño un ojo. ¿Sabía que era irresistiblemente encantador cuando estaba así de juguetón?
- Creo que mejor te la dejo para ti – contesté sin mirarlo y probablemente roja como un tomate– Por cierto… ¿dónde dormiste ayer?
- No podía dormir y estuve haciendo unas gestiones…. – dijo misteriosamente – El despacho está en el mismo pasillo que la habitación de invitados y no quería que el ruido no te dejara descansar por eso te cedí mi cama. – explicó mientras me abría la puerta a mi nueva habitación.
Era una habitación bastante grande. Tenía una cama grande en el centro y un enorme armario en una de las paredes, en serio ¿quién tenía tanta ropa como para llenarlo? Estaba decorada en tonos claros. Edward me enseñó, también, el lavabo incorporado dónde, al parecer, Alice ya había colocado todas mis cosas… ¿cuándo narices lo había hecho? De repente fui hacía el armario y allí estaba mi ropa también colocada… ¿en serio?
-Alice me dijo que había colocado algunas cosas al llegar esta mañana, se ve que aún dormías – me explicó Edward, supongo que adivinando mis pensamientos – Lo demás… ni idea, ya sabes es Alice. – si ni su hermano podía explicar lo que ella hacía como lo iba a hacer yo. Así que me dejé llevar por ese pequeño huracán llamado Alice Cullen. –
-Bueno te dejo descansar. Si necesitas cualquier cosa ya sabes dónde estoy. Supongo que nos veremos mañana antes de ir a trabajar– dijo de repente algo ¿tímido?
- Claro… Esto… buenas noches Edward y gracias por todo de nuevo – le dije sinceramente agradecida. –
En cuanto acabé de hablar se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla. Era todo muy inocente y amistoso, pero me tembló todo el cuerpo. Cada vez que estaba cerca de él me pasaba lo mismo y era algo que no me podía permitir y mucho menos ahora que viviría en su casa durante unos días. Cuando se fue me dejé caer en la cama pensando cuánto había cambiado mi vida en apenas 24 horas.
Era mi nueva vida dentro de mi nueva vida. Y esta nueva vida me desestabilizaba completamente.
[**]
NOTA DE AUTORA:
¡Taxaaann! ¿Qué os ha parecido? Espero que os haya gustado. No dudéis en dejarme vuestras opiniones en las reviews.
Nos leemos en el próximo capítulo,
Saludos ;)
