Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga de Crepúsculo.
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Bueno aquí os dejo un nuevo capítulo. A mí me gusta mucho como ha quedado. Ya me diréis que os parece.
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ACERCANDO POSTURAS
BPOV
Estaba agotada. Era viernes y solo había trabajado un día esta semana, pero gracias a Aro parecía que llevaba dos semanas trabajando sin parar. En serio este hombre tenía materia de explotador. Hoy incluso había hecho llorar a Rachel. La secretaria no era la persona que mejor me caía del planeta, pero hacer sus horas laborales un calvario no se lo merecía nadie. Al final de la jornada, y después de pedirme hacer miles de absurdidades durante todo el día como castigo por no venir a trabajar ayer, había explotado en una discusión con él por sus pésimas dotes para gestionar un grupo. No acostumbraba a ser tan beligerante, pero estaba harta y sin ni saber cómo había conseguido que un pequeño grupo me siguiera hasta Recursos Humanos. Jasper venía conmigo, en parte porque sabía que también estaba hasta el gorro de la situación, y en parte para asegurarse que no me metía en más problemas de la cuenta. La verdad es que me sentía un poco como Mel Gibson en BraveHeart, estaba a un paso de chillar "Nos podrán quitar la vida, pero nunca nos quitarán la libertad". ¿Sería demasiado? Seguramente. Además, Carlise no tendría muchos argumentos para defender mi salud mental ante las más que posibles quejas de Aro y sus apoyos.
Todo este acto de rebeldía había hecho que me sintiera con un subidón de adrenalina en el cuerpo como hacía tiempo que no tenía… bueno y también llegaba 3 horas más tarde de lo acostumbrado a casa… o a casa de Edward… pero eso era ahora lo de menos. En este ataque de actividad había pasado por un japonés y había comprado un menú para dos de shushi y fideos yakisoba con pollo.
Al entrar al edificio de Edward saludé a José, el portero, pero no fue hasta que marqué el código secreto para que el ascensor me llevara a la planta de Edward que caí que quizás él no estaría en casa (ese menú era demasiado para dos, así que era improbable que yo me lo comiese sola), o que estaría con alguien (definitivamente no había suficiente para tres… y mucho menos iba a compartirlo con esas modelos estúpidas, por muy poco que comiesen) o que se había arrepentido de compartir su casa con una loca revolucionaria como yo (en ese caso me lo comería yo sola y reventaría sólo como castigo por arrepentirse de su decisión). La campana que avisa que has llegado a destino me despertó de mis ensoñaciones. Me acerqué a la puerta y la abrí un poco expectante por ver qué me encontraría…
El olor de Edward me atravesó, y como siempre que él estaba cerca o estos días por el olor impregnado que había en su apartamento, me sentí algo más relajada. No sé porque, pero su olor me relajaba. Vi que una corbata colgaba del sofá y justo debajo, en el suelo, estaban sus zapatos tirados en el suelo, así que estaba en casa. Había descubierto durante las pocas horas que había compartido con él que era de los que siempre van descalzos por casa y que la corbata no tardaba en desaparecer en cuanto estaba en "lugar seguro". Era el Edward Cullen de ir por casa… el Edward Cullen cercano, familiar, que tenía siempre la sonrisa de medio lado plantada en la cara y que tenía un humor bastante irónico. El Edward Cullen Jefe de Cullen Corporation que había tenido el "placer" de conocer los primeros días, hacía ya unos cuantos meses había desaparecido. Y me gustaba. Demasiado. ¿Acaso estaba derritiendo mis muros? Debía hacer algo al respecto porque encapricharse con Edward era una de las peores ideas que podía tener. No solo porque seguramente él tenía cero intenciones de tener algo conmigo, sino porque si eso cruzaba su mente únicamente sería por una noche. Y, aunque no soy detractora de las relaciones de una sola noche, tenerla con el hermano Alice y mejor amigo de Jasper era una pésima idea. Por no hablar del resto del Clan Cullen. No estaba dispuesta a perder la amistad tan preciosa que tenía con todos ellos por una noche de sexo salvaje con Edward. Porque admitamos que en mi mente el sexo con Edward era realmente escandaloso. Escandalosamente genial.
-¡Al fin llegas! – la voz de Edward paró mi línea de pensamiento. Mejor porque comenzaba a sentir mucho calor – Tenia la firme sospecha que te habías ido a tu casa… - me dijo con una cara que no sabía descifrar-
- No se me había ocurrido, pero ahora que lo mencionas… - dije bromeando con él – Tuve un día movidito en el hospital y después se me antojo cenar japonés, así que tardé más de lo normal. Espero que te guste porque hay comida para 4 como nosotros.
- Ahora mismo te adoro. ¿Qué te parece si pongo la mesa y saco las cosas de las cajas mientras tú te pones cómoda? – dijo mientras cogía las bolsas que llevaba en la mano –
- Perfecto. – le dije mientras iba en dirección a mi nueva habitación para ponerme unos pantalones deportivos y zapatillas cómodas-
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Nota mental: Edward llega hambriento de trabajar. Estábamos tirados en el sofá a punto de reventar de todo lo que habíamos comido. De hecho, él se había comido más de la mitad, pero aun así seguía siendo mucha comida para mí.
-¡Oh vamos! A veces pienso que Jasper me odia… ¡cómo no te ha hecho un vídeo de Bellabraveheart para verte en ese momento tan épico en el que liberabas a tu grupo de trabajo de las garras del explotador Aro! – decía mientras se carcajeaba.
- Ríete, pero cuando llegue el lunes y vea que le hemos puesto una reclamación masiva en RRHH va a venir directo hacia mí para hacerme la vida imposible – De repente caí en la dura realidad que me esperaba a partir de la semana que viene.
- Sabes estoy seguro que hay leyes laborales en contra de esa clase de actitudes, deberíamos preguntarle a Rose o Emmet, ellos saben más de estas cosas. – dijo de repente muy serio.
- Bueno ahora solo quiero olvidarme de todo y intentar rodar hacía la copa de vino para ponerme un poco más. En serio Edward si llego a saber que tienes esa bodega en este apartamento me mudo antes – dije mientras reíamos.
Edward se levantó y llenó las dos copas de vino. Me acercó la mía, pero la suya la dejó en la mesa que teníamos delante del sofá.
-Date la vuelta. – me dijo. ¿¡Cómo?! ¡¿qué quería hacerme¡? – vamos Bella date la vuelta, después de esta cena y del día que te ha dado el malnacido de Aro lo mínimo que puedo hacer para agradecerte es un pequeño masaje en el cuello.
- No hace falta, estoy bien – dije mientras bebía mi vino haciéndome la loca-
- Venga no seas mojigata. Alguien que hace maratones sexuales con un musculoso arquitecto puede recibir un simple masaje de un amigo sin problemas… ¿no? – me dijo mientras se ponía detrás mío y me dejaba poca opción para negarme.
- ¿maratones sexuales? ¿musculoso arquitecto? – dije bebiendo aún más de mi copa… ¿en serio que era necesario que mi cuerpo temblara cuando él me apartaba el pelo del cuello? – Porque tengo la sospecha que Alice está detrás de esa descripción.
- Jasper – Juro que, entre sus manos, su aliento en el cogote, su olor por todas partes y el alcohol iba a explotar por combustión espontánea…. ¡Qué hombre!
- Esos dos pasan demasiado tiempo juntos – dije riéndome con él.
Así estuvimos un rato, vale que el calor que sentía no me permitía relajarme completamente, pero sus manos eran oro. ¿Dónde habría aprendido? Ups, parece que eso lo dije en voz alta.
-Me apunté de adolescente a un curso que había en el instituto y con los años he perfeccionado la técnica. – me dijo mientras volvía a poner mi pelo bien y me liberaba para coger su copa y volver a "su zona" del sofá.
- Ya me puedo imaginar cómo…
- Nunca dije que fuese un santo. – me dijo guiñándome un ojo. Esto junto con su sonrisa de lado me derretían. Mucho.
- Oh Edward Cullen el capricho de las nenas siempre dispuesto a hacer el bien para y por las mujeres. Eres casi como Superman.
Estuvimos hablando cerca de dos horas, era noche caída de un viernes y aquí estábamos dos soleteros espachurrados en el sofá contándonos nuestra vida. Hablábamos de todo y de nada, nunca pensé que hablar con Edward fuera tan fácil. El móvil de Edward sonó de repente y al leer el mensaje que le había llegado me miró fijamente.
- ¿Qué te parece si jugamos al juego de las 20 preguntas? – Creo que le comenzaba a afectar el alcohol… ¿en serio quería jugar a eso?
- Esto… ¿vale? Comienza tú – le dije aún no muy convencida de este giro repentino.
- ¿Tu fecha de cumpleaños? – dijo con una sonrisa en su cara… ¡Oh bastardo! Así que aquí era dónde quería llegar… me apuesto lo que sea que Jasper había cantado. En serio… Alice como agente de inteligencia no tendría desperdicio.
- 13 de setiembre. – dije con mi mejor cara de póker- Mi turno.
- ¿Qué ponía en el mensaje que acabas de recibir?
- "Como Bella salga mañana de tu casa te capo. Es su cumpleaños. Alice." – leyó directamente de la pantalla de su teléfono – Me toca, ¿Por qué no querías que supiésemos que era tu cumpleaños mañana? – dijo algo más serio.
- No me gusta celebrar mi cumpleaños… ya sabes… no llevo bien hacerme mayor – confesé – Mi pregunta, ¿vas a hacer caso al mensaje?
- Oh no lo dudes que lo haré… Sabes Bella me caes bien, pero me gusta mi miembro viril – me dijo bebiendo de su copa una vez más - ¿No te gustan los mayores?
- No me gusta cumplir años, no tengo nada en que otras personas lo cumplan. Me toca una vez más ¿Qué aceptarías a cambio de dejarme salir por esa puerta mañana? – no soportaba las fiestas de cumpleaños. Ser el centro de atención no era para nada mi idea de celebración ideal y conociendo a Alice algo me decía que no me iba a librar de algo grande.
- Oh… podría pensar alguna opción que fuera ventajosa para ambos… - dijo acercándose como un felino – pero tendrías que estar dispuesta a darme algo espectacularmente suculento… La venganza de Alice puede ser terrible. – este sofá se me antojaba, de repente, diminuto. – Me toca – dijo de golpe separándose y volviendo a "su zona" - ¿Aún sales con Seth?
OMG cambio de tema… Seth… No había hablado con él desde que salí pintando a casa de mis padres por el accidente de mi padre. Lo último que sabía de él es que tendría que salir unos días de la ciudad por un proyecto en Washintong DC y que me avisaría cuando volviese. Sin noticias aún.
-Creo recordar que nunca dije que salía con él como algo serio…. Pero supongo que llevamos poco más de dos semanas sin vernos. Trabajo. Mi pregunta ¿Me tocas una canción al piano? – ¡Aja! Había conseguido sorprender a Edward y cambiar de tema, todo de una vez. Bravo por mí.
- Eso no es una pregunta sino una petición. Lo haré si tú haces algo a cambio por mí. – ¡Oh! Porque sabía que sería yo la que acabara perdiendo con este trato.
- Hecho. – Me daba igual perder, quería escucharlo tocar el piano. - ¿Cuál será mi castigo?
- Tendrás que ir a lo qué sea que esté planeando Alice para tu cumpleaños. En serio, habrá torturado a Jasper hasta la saciedad y me apuesto que consiguió la respuesta segundos antes de enviarme ese mensaje – si algo tenía Edward era que era leal a sus amigos y hermanos. Si sabía que esto era importante para Alice haría lo que fuera para que lo tuviese- Así que mira la parte positiva…
- Y esa es….
- Que no habrá tenido mucho tiempo para planear nada. Con un poco de suerte mamá esté durmiendo y Rose le haya colgado el teléfono porque es de las pocas horas que tiene a solas con Emmet, así que no tendrás una fiesta de 150 invitados – se rio, pero en mi mente esa opción era un pasaje del terror.
- Más te vale que sea la canción más maravillosa que haya escuchado jamás porque un plan de Alice Cullen se merece un concierto del mismísimo Mozard ¡Mínimo! – dije resignada.
Con una sonrisa, me cogió la mano para levantarme y con la otra cogió nuestras copas. Me sentó en la butaca que quedaba delante del piano y él fue a sentarse. Comenzó a tocar y me hipnotizó. Podría haber estallado la III Guerra Mundial que yo no podría despegar mis ojos de Edward. No podía dejar de sentirme como si hubiese encontrado mi lugar en el mundo de solo escuchar esa hermosa melodía.
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Estaba sonando mi móvil y yo como la adulta, de ya 27 años que era, había escondido la cabeza debajo de las sábanas y almohada. Doble protección antirealidad. Si lo ignoraba no existía. No cumpliría años, pero sobretodo no tendría que celebrarlos. En un momento de lucidez pensé que esa llamada podría ser de René y Charlie. Les partiría el corazón, no sólo estar lejos de mí por primera vez en 27 años, sino que no les atendiera la llamada.
Saqué una mano de mi fortaleza de sábanas, desde fuera la imagen debía ser patética, y miré la pantalla que se iluminaba de nuevo con una foto de papá y mamá de fondo. ¡Remordimientos venid a mí!
-¡Feliz cumpleaños mi vida! -chilló mamá. Perfecto comenzaría los 27 sorda. Ideal - Charlie puedes hablar está puesto el manos libres cariño – le interrumpió mi madre al ver que no decía nada.
- ¡Feliz cumpleaños pequeña! ¿Cómo llevas los primeros minutos de tu nuevos 27? – dijo papá con emoción algo más comedida que mamá. Siempre agradecía este punto de razón que aportaba papá a esta loca familia que formábamos.
Estuvimos hablando un buen rato, aproveché para explicarles lo del robo, y aunque cundió el pánico durante un rato, se hicieron fans de Edward y su hospitalidad al instante. Creo que mamá ya me veía de blanco caminando hacía el altar. Su romanticismo era irremediable y no podía estar más equivocada en este caso. Papá, de fondo, blasfemaba sobre la seguridad de Nueva York… Precisamente él que aún se recuperaba de un tiro recibido en la tranquila Forks…
Unos segundos después de colgar unos golpes en la puerta me pusieron en alerta. Volví a meterme debajo de las mantas. Mamá y papá tenían ciertos privilegios, por eso de haberme traído al mundo… los demás se podían esperar a que saliese de aquí el lunes por la mañana. ¡Eso es!… ese era mi plan.
-¿En serio Bella? - Dijo Alice mientras me destapaba –
¿Dónde había quedado la intimidad? Allí estaba Alice, Jazz, Edward y yo en pijama. Perfecto.
-Llevo esperando en la puerta desde que comenzaste a hablar por teléfono con tus padres – me dijo con cara de resignación. Sin más se tiró encima de mí. - ¡Ahhhhhhhhh! ¡Bella es tu cumpleaños! ¿Sabes qué significa eso? Bueno claro que lo sabes, pero ¿sabes qué más significa? Nuestro primer cumpleaños juntas ¡Va a ser tan genial! Ayer casi no pude ni dormir de la emoción cuando vi la alerta del calendario de Jazz … - me giré hacía él. Tenía una cara de corderito que no me pude ni enfadar – Oh Bella ¡FELICIDADES! – me volvió a abrazar.
- Alice… sabes que Bella se hace mayor y no creo que quiera comenzar su cumpleaños ni ahogada ni quedándose sorda. – intentó apaciguar sus ánimos Edward. Le tiré la almohada ¿me hago mayor? Me querían hundir.
- Oh habla el gran Señor Cullen desde su eterna juventud – le contesté.
- Vamos Bella sabes tan bien como yo que los 34 son los nuevos 24 – dijo con suficiencia mientras me volvía a lanzar la almohada.
- Ya vale, Bella te hemos traído tu desayuno preferido, de tu cafetería. Y Emmet viene de camino así que mejor date prisa o te quedarás sin nada. Sabes que cuando hay comida por delante no le importa ni que el mismo presidente de Estados Unidos cumpla años – dijo Jasper mientras daba por finalizada esta reunión en mi habitación – Por cierto, felicidades compañera.
Me arreglé un poco, recogí mi habitación y salí pitada a por mí café y donut de chocolate. Me podría comer 50.
-Pensaba que no saldrías nunca de ahí dentro… - me dijo Edward sorprendiéndome mientras salía de su despacho – Antes no he tenido ocasión, así que felicidades Bella – se acercó y me abrazó. En serio podría estar eternamente así, su olor era 100 veces más intenso entre sus brazos. Cuando me soltó se inclinó y me dio un beso en ¿la comisura de los labios? Oh dios mío, mis delirios con Edward estaban a punto de llevarme a la locura. En shock me dejó en el pasillo mientras se alejaba con una sonrisa en la cara hacía la cocina.
Cuando llegué a la cocina allí estaban todos tan tranquilos y yo estaba hecha un manojo de nervios. Ese acercamiento con Edward me había hecho colapsar. De hecho, desde que la primera vez que me vino a buscar al aeropuerto y comenzó a darme esos abrazos tan típicos de los Cullen, mi piel vivía en permanente estado de nervios. ¿Les pasaría a todas las mujeres con las que trataba? ¿Estaba tan acostumbrado que hacía que él no se diera cuenta que se me erizaba la piel con solo tocarla? O directamente no se daba cuenta de nada.
-Tenemos reserva en un spa… peluquería, masajes, y compras. Después por la tarde iremos a darte tu regalo de cumpleaños… no insistas no te lo diré – Alice había comenzado a hablar y yo no tenía la mínima intención de interrumpirla. Era ir contra natura hacerlo- Y por la noche cena con papá y mamá. Edward me convenció que era mejor no invitar a más gente. – dijo un tanto enfurecida con su hermano mayor.
Así que supongo que Edward había conseguido no sólo que yo claudicara, sino que Alice también lo hiciera… No me extraña que sus empresas sean tan fructíferas era único manejando situaciones de riesgo.
-Tú ganas... pero solo porque me has traído este café – dije finalmente. Haciendo que Jasper y Edward respiraran tranquilos por mi buena aceptación.
Al poco rato llegaron Emmet, Rose y la pequeña Olivia. Me traía un dibujo hecho dónde según ella estaba todo el Clan Cullen y yo. No puedo explicar como un detalle tan pequeño me hizo sentir tan bien.
A las 11 salimos de casa de Edward, dejando a Olivia con su padre y tíos, y despidiéndonos hasta la hora de la cena en casa de Esme. Temblaba.
La mañana fue un día de chicas de manual y la comida…también. Hablamos e hicimos todo aquello que hacen un grupo de chicas cuando se reúnen sin miedo o constricciones. Amaba a Ángela y días como hoy la echaba mucho de menos, pero tener a Alice y Rose en mi vida era un gran incentivo para mis días en la Gran Manzana. Por la tarde me llevaron a "recoger" mi regalo. Entramos a una tienda de bicicletas y allí vi una bici azul perfecta con mi nombre.
-Sabemos que desde que llegaste a la ciudad te querías comprar una pero nunca lo haces. Jasper siempre cuenta cómo te quejas cada día cuando llegas a trabajar por el olor del metro... así que ¡taxan! – Explicó Rose emocionada y escudriñando mi rostro, supongo que intentando descubrir si me gustaba el regalo.
- Es… es…¡maravilloso! ¡Os adoro! -las abracé a las dos. Me había encantado. Tenían razón desde el primer día que me subí al metro lo pensé, pero siempre lo había pospuesto. Ahora tenía una bici perfecta y toda para mí. No veía el momento de estrenarla. –
- Han venido los chicos a escogerla mientras estábamos en el spa – dijo Alice cómplice- Lo entenderían si escogieses otra… no sé algo menos… azul… Si nos hubieses dejado más tiempo de margen podría haberla escogido yo… pero claro me enteré ayer… - Dijo con algo de contradicción por el color de la bici. Además, algo me decía que me estaría recordando que no le dije cuando era mi cumpleaños durante una temporada.
- ¡Es perfecta! Si no fuera porque tenemos que ir a casa de Esme y Carlise la estrenaba ahora mismo – dije con una gran sonrisa. Era como volver a tener 5 años.
- ¡Bien! – dijo dando ligeros saltitos de emoción - Igualmente, te la llevaran a casa de Edward para que si quieres mañana mismo la puedas estrenar. Voy a hacer los tramites – dijo Alice.
Llegamos a casa de Esme y Carlise entre risas. En la puerta nos esperaban los dos para felicitarme. Adoraba a esta familia.
Cuando entré dentro me sorprendió ver a Mike, Tanya, Rachel y algunos otros compañeros de trabajo con los que había hecho algo de amistad. No eran muchos. Supongo que era todo lo que se había podido contener Alice. Al menos no eran 200 personas.
-¡Sorpresa! – chillaron todos.
- Tres hombres guapos y una niña picaron a mi puerta esta mañana para invitarme a tu fiesta de cumpleaños y no me pude negar – me explicó Tanya cuando se acercó a felicitarme. – En serio Bella, si tú no tienes nada con ese hombre deberías darme su número para que haga mi movimiento. Está cañón – me dijo refiriéndose a Edward.
La cena en el jardín de los Cullen, aprovechando los últimos días de buenas temperaturas, fue genial. Todos ellos me dieron algún que otro regalo, me sentía abrumada por tantas atenciones. Rose y Emmet me regalaron unas entradas para una obra de teatro en Broadway. Esme y Carlise unas ediciones limitadas de unos libros que me moría por tener. Alice y Jazz una colección de DVD de clásicos del cine.
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A pesar de odiar las fiestas de cumpleaños he de reconocer que me sentí muy cómoda y que cuando acabó y Edward y yo volvíamos a casa me sentí un poco triste de que se acabara el día.
-¿Así que ha valido la pena tanta tortura? – me preguntó Edward mientras yo ya iba cogiendo mi hueco en ese maravilloso asiento.
- La verdad, y no se lo digas a Alice, podría haber estado dos horas más en esa fiesta.
- Oh será nuestro secreto – me guiño el ojo.
- Y ¿qué tal con Rachel? – dije riéndome de él y de su cara de horror al escucharme pronunciar su nombre-
- De verdad Bella… no sabes las cosas que hago por ti. Casi me viola con la mirada… - no me pude contener más y solté una gran carcajada – Sí tu ríete, pero he estado a punto de subir a mi antigua habitación y hacerme un fuerte allí dentro hasta la hora de irnos.
Fuimos el resto del camino haciendo bromas y explicándole qué tal había pasado la mañana. Él también me contó todo lo que tuvieron que hacer ellos tres para tener todo preparado para esta noche. Me sentía muy afortunada de tener unas personas así a mi lado. Me sentía querida por todos los Cullen.
-Por cierto, Tanya me pidió tu número de teléfono… Según ella estás cañón – le dije mientras entrabamos a casa aprovechando una broma sobre los chistes de ligar de Mike que habíamos hecho.
-Así… ¿cañón ehhh? – me dijo mientras se quitaba los zapatos. Hice lo mismo y acabamos sentados en el sofá con una copa de vino. La última de la noche.
- Oh vamos Edward a estas alturas de tu vida no me necesitas para subir tu ego.
- No hace falta que te pongas tan colorada, si estoy cañón estoy cañón… Tienes que admitir que estoy bien para tener 34 años… aunque muy mayor para ti.
- ¡Yo nunca he dicho que seas muy mayor para mí! Y si lo que quieres es que le dé tu número a Tanya solo tienes que decírmelo… - dije mientras sacaba el móvil del bolsillo.
- Creo que te dije en una ocasión que las prefiero morenas – me dijo mirándome fijamente. - Pero ahora tengo algo para ti. – me dijo sacando una caja de su bolsillo. – No he tenido ocasión de dártelo con tanta gente acaparando tu atención.
- ¡Oh no hace falta! Ya estás haciendo mucho por mi Edward. – dije de repente consciente del ambiente que se había creado entre nosotros. Había una tensión que estaba a punto de explotar, se notaba.
- No digas tonterías. Has aceptado los regalos de todo el mundo no puedes negarme el mío. – dijo poniendo la caja entre mis manos. Otro escalofrío.
Cogí aire y lo abrí. Era una pulsera preciosa. Una placa de oro rosa seguida de un cordel de oro con unas piedrecitas que llegaban hasta un broche. Era sencilla pero delicada a la vez. Maravillosa. En la placa había unos números inscritos. Miré a Edward interrogante.
-Una vez me contaste que viniste a Nueva York buscando una nueva vida… - me dijo muy seriamente – Bien, pues estas son las coordenadas de tu nueva vida, de tu nuevo hogar. – me dijo con una sonrisa nerviosa.
Sin pensarlo dos veces me la puse y una lágrima me cayó de la emoción que me habían despertado sus palabras.
No sabía cuándo, pero Edward se acercó a mí, me levantó la barbilla y mientras me secaba las lágrimas con sus manos me miraba tan fijamente que me tenía completamente anclada a él. No había manera de separar la vista. No sé si fue él o yo, pero nos fuimos acercando hasta fundirnos en un beso tan intenso que hizo que un temblor recorriera todo mi cuerpo.
Me quería apartar de él, sabía que jugaba con fuego, que podía perder muchas cosas por esto, pero no podía alejarme ni un milímetro de esos labios, de esas manos que me sujetaban la cara con adoración, a la vez que me mantenían cerca de él… casi con temor a que me alejara más de la cuenta. Como si pudiese separarme de ese hombre que había ido calando en mi interior, poco a poco, hasta hacer que mi mundo estuviera patas arriba.
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NOTA DE AUTOR:
¡Taxaaaann! Al fin se han besado. Ha costado, pero parece que han avanzado una casilla.
Espero que os haya gustado. No dudéis en dejarme vuestros comentarios.
Que paséis un gran fin de semana.
Saludos ;)
