Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga de Crepúsculo.

Os dejo un capítulo más. Espero que lo disfrutéis.

Me ha quedado un pelín más largo que los otros, pero creo que vale la pena. Espero que penséis lo mismo ;)

Nos leemos al final :)

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SALTANDO MUROS

BPOV

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Estaba poniéndome de los nervios. Hoy todo iba cuesta abajo y sin frenos. El trabajo nos desbordaba, Aro seguía con ojo avizor y su vigilancia era cada vez peor, Alice había llamado al hospital unas 50 veces y había conseguido colapsar la centralita de Carlise y la nuestra. Solo quería chillar, para comprobar si es cierto que así liberas estrés.

-Jasper… Alice ha vuelto a llamar. Quiere saber si el color topo te va bien para las sillas del banquete o prefieres algo más claro, u oscuro o quizás un color más llamativo… -Nos dijo Rachel con un tono de desprecio absoluto.

En otro momento, otro día quizás, la miraría mal por ese tono que usaba para con mis amigos, pero hoy… hoy no era ese día. Solo quería cerrar los ojos y aparecer en una isla desierta. Ohhh ya lo visualizaba… La arena blanca y fina entre los dedos de mis pies, los rayos del sol penetrando en mi piel y haciéndome sentir un calor dentro mío maravilloso mientras una paz interna me embargaba…

-¡Me da igual! ¡Además qué sé yo cuál es el color topo! – gritó Jasper. A Rachel se le iban a salir los ojos de las órbitas por el asombro, y apostaría todos mis ahorros a qué yo lucía prácticamente igual que ella. Jasper nunca gritaba, ni se ponía nervioso.

-Rachel haznos un favor si eres tan amable. Coméntale a Alice la próxima vez que llame, porque lo hará, que en cuanto salgamos de trabajar nos reunimos con ella en su taller y la ayudaremos en todo lo que podamos, pero ahora no podemos contestar sus llamadas. Si no te deja tranquila pásamela, yo intentaré razonar con ella. – intenté intervenir mientras, sutilmente, acompañaba a Rachel fuera de la sala de descanso y nos encerraba con pestillo dentro.

- Lo siento. Es un día de locos y últimamente Alice está más nerviosa de lo normal con el tema de la boda – dijo Jasper mientras se dejaba caer en el sillón.

- Te entiendo. No creas que no nos ha tocado sufrir nuestra parte. El otro día con Rose estuvimos 4 horas mirando pintauñas ¡Pintauñas! Porque decía que no quería que nos estropease el look. – dije haciendo algún que otro aspaviento para conseguir que Jasper sonriera un poco-

- ¡Oh por dios! Se le está yendo de las manos… lo notas ¿no? Va haber una avalancha de gente huyendo de ella. En vez de novia a la fuga habrá invitados a la fuga. -dijo mientras se reía.

-Porque no te la llevas unos días fuera…. No sé a la mitad de la montaña o a una playa desierta o dónde sea que no llegue señal de wifi ni de teléfono para que desconecte. Entre la colección de ropa de esta nueva temporada y la planificación de la boda creo que está teniendo muchas cosas entre manos. – dije mientras acababa de preparar un café para los dos.

- Sabes… creo que es una buena idea. Este fin de semana es el que se marchan Rose y Emmet por su aniversario ¿te acuerdas? –

Llevaban, prácticamente desde que los conocí a principio de año, preparando este viaje y finalmente habían conseguido que Edward les diera "permiso" para irse. De hecho, esa era la versión de Edward, la de Rose era algo más beligerante. Se había plantado en la oficina de su cuñado (y jefe) y le había informado que se iban de viaje y que le importaba muy poco su obsesión por el trabajo, que tenía dos opciones: aceptarlo o despedirlos. Nadie le llevaba la contraria a Rose, ni tan siquiera Edward versión Jefe.

-Aja… ¿os vais a ir con ellos? – creo que Jasper no me había acabado de entender.

-No… Pero si ellos no están no me podrá poner muchas escusas con el tema organización de la boda. Ya sabes pruebas de vestuario, ir a mirar manteles, o lo que sea que quiera hacer ahora.

Estábamos a mediados de octubre, faltaba poco más de dos meses para la boda, y Alice nos había reclutado cada fin de semana para multitud de trámites. Todos los fines de semana había algo nuevo que hacer. Vestidos, cubertería, flores, iluminación, más vestidos… Se había vuelto una rutina de la que todos intentábamos escapar, pero nadie podía. Ni la pequeña Olivia se había librado del huracán de su tía, no sé cuántos vestidos se había probado ya.

-Me parece bien – dije de repente pensando que, si Alice tenía el fin de semana libre, eso hacía que yo también lo tuviera. Gloria para mis oídos.

- Claro que te parece bien a ti, a media familia y posiblemente a todos los vendedores y dependientes de esta ciudad. – acabamos riendo. Agotamos todo nuestro tiempo de descanso y salimos para acabar la mañana y el día laboral.

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Por la tarde, alrededor de las 8 estábamos de camino para el taller de Alice. Tal y como le había prometido Rachel en la enésima llamada de ese día, Jasper y yo íbamos con todas las respuestas en la cabeza. Parecíamos dos niños pequeños que acababan de romper el jarrón de la abuela y ensayaban su coartada. Durante todo el viaje hicimos memoria de todas las preguntas con las que nos había bombardeado Alice y llevamos las respuestas de absolutamente todo. Admito que yo las llevaba apuntadas. Pura supervivencia.

En la puerta nos encontramos a Edward, Rose y Emmet. Estaban un poco apartados de la puerta por dónde entrabamos normalmente. ¿Se estaban escondiendo?

-¿Qué hacéis aquí fuera? – preguntamos a la vez Jasper y yo, extrañados que no estuviesen dentro. Comenzaba a refrescar por las noches y definitivamente dentro se estaría mejor que sentados en un bordillo en la calle.

-Evitar lo inevitable. Posponer el dolor. Disfrutar de los últimos momentos de paz… -dijo Emmet con cara de corderito.

Con una mirada sabíamos que nadie era capaz de negar lo que acababa de decir o romper una lanza en favor de Alice. Después que mi amiga me hiciese una seña, me fui a sentar entre Rose y Edward.

-Toda la mañana enviándome mensajes sobre qué bordados serían mejor para las servilletas. ¡Nadie se las va a mirar! Solo se van a limpiar con ellas, no necesitan nada especial. – me dijo Rose con cierta desesperación mientras me enseñaba las 30 imágenes que tenía guardadas en el historial de la conversación con diferentes tipos de bordados.

- Ha colapsado la central de Carlise y nuestra secretaria estaba a punto de arrancar el cable del teléfono – le confesé a Rose. Me parece que estábamos en ese punto de "las penas si son compartidas son menos penas"

-No os quejéis que a mí no me da respiro con el discurso del padrino – Ahora era el turno de Edward que apoyó su cabeza en mi hombro. – Dice que no se fía de mi… ¡mi propia hermana! ¡Qué a ver si les voy a gafar la boda!

Con Edward las cosas volvían a estar como siempre…. Bueno mejor que siempre. Cada vez teníamos más confianza y si es cierto, que él estaba más cariñoso de lo que había estado hasta el BesoGate, había mantenido su palabra de no intentar nada. Y yo cada vez tenía más ganas que no la cumpliese.

Momentos como los de ahora, con él completamente apoyado en mi descansado, hacían que me temblase todo el cuerpo y que mi cabeza nos imaginase como algo más que "amigos que comparten piso". Sabía que esta semana era dura para él, tenía unos inversores chinos muy importantes en la ciudad y a pesar de las duras sesiones con ellos no había dejado de consentir las peticiones de su hermana. La noche pasada, después de llegar a casa cerca de las 2 de la mañana, le pregunté por qué no se excusaba con Alice, y él sólo me respondió "es importante para ella. Ya tendré tiempo de dormir cuando todo esto pase." Acabamos la madrugada estirados en sofá dormidos mientras veíamos repeticiones de la Chicas de oro.

-¡Qué hacéis todos en la puerta! – nos dijo Alice mientras salía con una bolsa de basura. – Entrad que tengo muchas cosas con la que poneros al día.

Edward abandonó mi hombro y me ayudó a levantarme. Entramos los 5 al matadero… quiero decir al taller de Alice.

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Era viernes y yo estaba que daba saltos de emoción. Y no por librarme de Aro, ni por tener dos días de descanso, ni nada por lo que la gente normal se alegra cuando llega este día de la semana, sino porque este fin de semana no tendría que hacer nada que tuviese relación con una boda. No era de esas niñas que habían soñado con el día de su boda, ni de las mujeres que pensaba que el día de su matrimonio es el más importante de su vida. Me parecían días bonitos, tampoco soy insensible, pero no comparto la sobredimensión que se les da a las bodas.

De hecho, hacia unas semanas había ido al enlace de Ángela y Ben y había sido precioso. Una boda sencilla y clásica, pero tampoco nada que me llamara tanto la atención como para que naciera en mí una necesidad imperiosa de casarme.

Cuando estaba comiendo con Carlise, Jasper ja había salido dirección la soleada Miami con Alice, sonó mi teléfono. Era Edward, lo cogí despreocupada porque no había nada que pudiese hablar con él que su padre no pudiese escuchar.

-Si llamas para confirmar que Alice y Jasper están metidos en un avión. Afirmativo. – dije nada más contestar la llamada.

-Créeme que lo sé. ¿No notas que desde esta mañana se respira un aire más relajado en la ciudad? – me contestó Edward.

-Será eso… -dije riéndome.

-Bella tengo que pedirte un favor. -ups, se han acabado las bromas y no sé porque pinta como un favor en el que acabaré pringando.

- ¿Por qué los hermanos Cullen no me pueden dejar tranquila un solo fin de semana? – Carlise fue quién se río esta vez… ¡Oh malditos genes Cullen! -

- Es una cena de negocios…. Bueno algo parecido. Es con las familias, el grupo al que queremos absorber le gusta todo este rollo familiar y ya sabes… normalmente van Rose y Emmet…. Pero Rose decidió que no aguantaba más y se ha ido de vacaciones. -dijo un tanto desesperado Edward- Así que me toca ir a mí. – corrijo Edward estaba cabreado no desesperado - Y normalmente iría solo… pero van a ir con sus mujeres, hijos y demás gente de negocios de la ciudad con sus respectivos acompañantes…Y he pensado que si no te importa me podrías acompañar.

-Y no tienes a nadie más… ya sabes… -vale ahora quizás si me daba vergüenza que Carlise estuviese delante. Hablar de los ligues de Edward no me gustaba, en general, pero insinuar que llevase a una de sus modelos de piernas kilométricas a la cena delante de su padre mucho menos.

- Bella, sabes que no tengo a nadie más, como tú dices – dijo nadie más con un tono que daba a entender que sabía a lo que me refería- Pero sobretodo no quiero ir con nadie más. -dijo serio. Ante mi silencio continuo- Es una cena importante y confío en ti, me siento cómodo contigo y no me gustaría tener que pedirle a ninguna otra persona un favor así. – Ahora sí que no sabía que decir.

-No tengo nada que ponerme. – Desde el beso, Edward de vez en cuando soltaba esas frases demoledoras, como si quisiese algo más conmigo y solo estuviese esperando al momento seguro para avanzar.

- ¿En serio Bella esa es tu mejor excusa? Estoy segura que en la tienda de Alice hay miles de vestidos que ponerte. Solo pásate por allí y Karina (la dependienta de confianza de Alice) te encontrará algo para que reluzcas más de lo que ya haces.

No quería dejarlo colgado. Edward había hecho mucho por mí y, si soy sincera, compartir con él algún momento al margen de la familia o los instantes caseros que vivíamos diariamente me atraía mucho. Así que acabé aceptando algo que Edward sabía que haría, seguramente desde el momento en el que descolgó el teléfono.

-Está bien. ¿A qué hora? -me di por vencida.

- A las 8 salimos del loft. Es en el ballroom del Plaza… lo digo por el tema vestido. Debería ser información suficiente para Karina.

Oh ahora estaba más nerviosa aún… Prefería no haber sabido tanta información.

-Ok. Nos vemos.

-Nos vemos. Un beso Bella y gracias. – dijo con un tono irresistiblemente cariñoso… y sexy.

Creo que Carlise notó como palidecía. Y me puso una mano en los hombros y con una sonrisa me dijo.

-No te preocupes es toda una parafernalia complicada, pero Edward estará a tu lado. No dejará que te sientas fuera de sitio o que no sepas que hacer. Quizás debas salir un poco antes de trabajar hoy…

-Si quizás debería… -me estaba comenzando a poner nerviosa de pensar en las cosas que tenía que hacer en apenas unas horas.

-Sabes… voy a llamar a Esme para que se pase por la tienda de Alice después de recoger a Olivia. Estoy seguro que ella te podrá ayudar mejor que nadie. ¿A las 4 en la tienda?

- A las 4. -dije brevemente aun pensando en todo lo que tenía hacer. Vestido, peinarme, maquillarme, caminar con tacones sin romperme la tibia…

Comenzaba a empatizar con Alice…Si yo estaba a punto del colapso por una cena de gala cómo iba a estar ella serena organizando una boda.

-¿Has acabado? – Preguntó Carlise, asentí con la cabeza- bien, porque mejor te acompaño y hablo personalmente con Aro… -¡Oh Aro…genial! Una cosa más en su lista contra mí.

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Nunca me había alegrado tanto de recibir ayuda como la que recibí por parte de Karina y Esme. Cuando llegué a casa… quiero decir a casa de Edward, tenía no solo un vestido, sino que Esme me había llevado a una peluquería donde me habían hecho un recogido sencillo pero precioso trenzando mi pelo, maquillado y hecho la manicura. Todo en tiempo record, gracias a que esas dos mujeres lo habían planeado todo para que yo solo tuviese que decidir qué quería. Si antes las quería, ahora las adoraba.

Estaba en la habitación poniéndome el vestido. Era lo único que tenía que hacer y lo había dejado hasta el último momento porque no quería que se arrugara o se manchara, así que cuando Edward llegó y se comenzó a arreglar también lo hice yo.

El vestido era sencillo, pero a mí me había enamorado. Era vaporoso y de un color entre el amarillo pastel y el naranja pastel (seguramente Alice tendría un nombre raro para definirlo, pero mis conocimientos sobre la gama de colores eran mucho más simples) con un escote en forma de "v" que se sujetaba únicamente por unos botones en la espalda. Más concretamente dónde la espalda pierde su nombre, ya que el escote en la espalda era más pronunciado que en la zona delantera.

Y ahora me daba cuenta que tenía un problema. ¿Cómo se supone que me iba a abrochar yo sola el vestido? Maldiciendo mi suerte salí de la habitación cogiendo el vestido estratégicamente para no quedar desnuda en medio del comedor de Edward… Él podía decir misa, pero yo seguía pensando que a través de esos hermosos ventanales nos podía ver media ciudad. Me daba igual la altura, que no tuviésemos pisos delante… Lo sé irracional, pero seguía sin confiar.

-¿Edward? – dije desde el pie de la escalera que daba a la planta de arriba, dónde solo estaba su habitación, vestidor y lavabo.

-Estoy acabando, ya casi bajo. – algo me decía que estaba encerrado o en el vestidor o en el lavabo porque lo escuchaba lejos.

- Edward necesito tu ayuda – me ponía colorada solo pensar que el vestido se abriese traicioneramente.

-¡¿Quéé?! Sea lo que sea sube, no siento nada.

Cogiendo el vestido para que no se abriese y para no tropezarme con él mientras subía la escalera, conseguí llegar arriba. Miré y no estaba ni en el vestidor ni en la habitación. La puerta del lavabo estaba abierta. Él salía con una toalla en la cara, seguramente acababa de afeitarse. Iba solo con los pantalones del traje, pero sin camisa. La vista de sus abdominales perfectos me nublaron la vista. ¡Qué calor hacía aquí! Ni Thor, ni dioses griegos o actores de cualquier película de Marvel, Edward tenía un cuerpo de infarto… no era perfecto, pero para mí se acercaba mucho al paraíso de los hombres.

-¡Estás preciosa! -dijo en cuanto me vio… su mirada no dejo de recorrer ni un milímetro de mí. Y no me sentí violenta, realmente era algo parecido al agrado y admiración mezclados. De repente solo tenía ganas de saltar encima de él y dejar atrás todas estas barreras que yo sola había construido entre los dos desde el día del beso, quizás antes incluso.

- Gracias… Esto yo… no me puedo abrochar el vestido, necesitaría ayuda… -dije explicándome.

-¡oh claro! Déjame a mí -dijo mientras soltaba la toalla en la cama y se dirigía a mi espalda. - El vestido es precioso, pero a ti te queda como una segunda piel… y este escote va hacer que más de uno gire la vista durante toda la noche… -me dijo mientras me abrochaba el vestido.

Todo eran escalofríos en mi piel, su cercanía, su olor, sus dedos rozando mi espalda, su aliento en mi cuello… ¡buf! qué necesidad de girarme y continuar con lo que comenzamos el día de mi cumpleaños.

Cuando acabó de abrocharme el vestido subió paralelamente sus dedos por mi escote desde la base de la espalda acariciando todo el recorrido hasta mis hombros.

-Ya está… se te habían girado los tirantes de la espalda -me explicó. Sinceramente me daba igual porque lo había hecho, solo quería que lo hiciese durante toda la noche.

-Gra…gracias -dije con un suspiro más que con palabras claras.

- Deja que te contemple antes que todo el salón intente robarte un baile – me dio la mano y me giró. - Preciosa. – dijo mientras bajaba sus manos por mis brazos hasta llegar a mi muñeca. Acarició la pulsera que él me regaló y entonces algo pareció iluminarse en su cabeza. – Espera aquí, por favor.

Se fue hacia su vestidor y al salir llevaba puesta la camisa blanca… una pena que me quitase la vista a ese espectacular cuerpo, pero casi que lo agradecía porque mi autocontrol estaba desapareciendo a una velocidad ultrasónica.

-Pensé que te quedarían bien.- dijo mientras me acercaba una caja.

Me quedé parada… No tenía que ser Einstein para saber que había alguna joya dentro. ¿Qué se supone que debía hacer ahora? ¿Aceptarla? ¿Decirle que no? ¿La había comprado él o solo era un préstamo de alguna joyería para esa noche?

-Creo que eres de las pocas mujeres que no se abalanza directamente sobre una caja de joyería para abrirla en cuanto la ve. – me dijo abriéndola al ver que me había quedado congelada.

Eran unos pendientes de diamantes que tenían una esfera que colgaba y en el interior de la cual había una pequeña estrella. Eran preciosos, pero debían valer más que todas mis posesiones juntas.

-Yo no sé qué decir… -dije muy nerviosa e impresionada por lo bonitos que eran.

-¿Te gustan? – me dijo con una sonrisa tranquila aun sosteniendo la caja. Tenía miedo a tocarlos.

- Muchísimo, son preciosos… pero…

- Con eso me basta -dijo Edward interrumpiéndome- Póntelos y no pienses en nada más. Me encanta la rapidez de tu mente, pero tiendes a intentar racionalizarlo todo. Si te gustan llévalos esta noche, no pienses en nada más. Solo disfruta. – dijo mientras me cogía la mano para dejar la caja allí.

- Te haré caso, pero después te los devuelvo – no dijo nada, pero por su cara algo me decía que no los iba a aceptar de vuelta tan fácilmente – Yo… mejor bajo a acabar de arreglarme.

- A veces me imagino como sería si no huyeses siempre de todo lo que sientes – me dijo con una sonrisa. Siempre me leía la mente y mis sentimientos y pocas veces fallaba. – Te espero abajo en un rato. -dijo mientras se volvía al vestidor.

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Salimos del apartamento de Edward puntuales y el chófer nos llevó sin ningún problema hasta la puerta del hotel. Era impresionante. Tenía miedo de abrir la puerta. Dentro del coche y solo con Edward todo era fácil, él no me exigía ningún formalismo (obviamente) pero allí dentro había una serie de códigos de conducta que regían esas reuniones formales y yo no sabía ninguno. Solo tenía mi educación y coherencia, que no era poco, pero aun así me sentía perdida.

-Estás nerviosa – afirmó Edward mientras me cogía la mano y me acariciaba levemente para tranquilizarme- No debes estarlo, estaré a tu lado en todo momento. No tienes que tener ningún conocimiento especial, simplemente inteligencia para que la conversación fluya, y eso a ti te sobra – me dijo con una sonrisa y una mirada que hipnotizaban.

-Nunca he estado en algo así… Y esto es…mucho para la primera vez. – confesé nerviosa.

- Las primeras veces nunca son fáciles – me dijo intentando aligerar el ambiente- pero no te preocupes yo estaré a tu lado y te presentaré a la gente. Solo se tú misma, no tengas miedo de nada.

Bajó del coche y rodeó hasta mi puerta. La abrió y me dio la mano para ayudarme a salir. Vi que había periodistas… muchos.

-Te deslumbraran un poco, pero será poco rato. Te lo prometo. – me dijo mientras me rodeaba la cintura con su mano y nos paraba delante de los flashes.

Miles de flashes hacían que lamentara no haberme traído unas gafas de sol. Miles de preguntas dirigidas a Edward, la mayoría sobre su vida privada; quién era yo, si éramos pareja, cuándo iba a sentar cabeza y formar una familia…

Me acerqué a su oreja y le susurré – Entiendo que te compraras el ático de al lado…Yo me hubiese comprado el edificio entero -

Edward solo me miró con una sonrisa deslumbrante, creo que en el fondo había un poco de alegría porque no me sintiese tan superada por la sensación que no pudiese ni hacer una broma. Estaba tan cerca que parecíamos uno. Cuando nos dejamos de mirar Edward simplemente me acompaño hacia la entrada, donde todo estaba más tranquilo.

-¿Es siempre así? – pregunté curiosa mientras dejaba mi chaqueta.

- Algo así… Aunque al ser una cena solo con empresarios no hay mucha prensa, tendrías que ver las cenas benéficas dónde hay alguien famoso de Hollywood, son insoportables. -dijo mientras nos dirigíamos dentro del salón dónde se hacia la cena.

Era enorme y majestuoso. Podía entender porque lo habían elegido, sin lugar a duda un lugar magnifico para reunir a la flor y nata empresarial de una de las mayores ciudades del mundo.

La cena fue genial, me presentó a no sé cuántas personas y cenamos una comida maravillosa. A la hora del baile Edward se retiró un momento para hablar de unas cosas de negocios, prometiéndome volver y bailar conmigo.

Estaba a un lado del gran salón admirando la belleza de toda la estancia cuando escuché que alguien me llamaba.

-¡Bellaaaa! - al girarme vi a Tanya con un espectacular vestido rojo, le hacía verse realmente hermosa. Aunque no sabía qué hacía aquí.

-¿Tanya? ¡Estás preciosa! - le dije mientras le devolvía el abrazo en el que me había envuelto. – Pero… ¿Qué haces por aquí?

-Oh James me ha invitado - ¿James? Si mi memoria no me fallaba era el chico con el que había estado saliendo durante la semana que estuve en su apartamento.

-Entonces seguís juntos… Whao es como un avance, ¿no? – dije con una sonrisa.

A pesar de vivir con Edward estas últimas semanas, y el lío con la boda de Alice, seguíamos viéndonos cada semana. Tanya había sido un gran apoyo para mí y tenerla a mi lado era un soplo de aire fresco gracias a su locura y carácter extrovertido.

-Bueno… digamos que acabamos de tener "la conversación" – dijo con una sonrisa y haciendo las comillas en el aire con sus manos.

-¿La conversación? -contesté algo extrañada… No sabía a qué se refería. Además, viniendo de Tanya podía ser cualquier cosa.

- Ya sabes… hemos decidido dedicarnos el uno al otro. Exclusivamente. – me explicó.

-Vamos que sois pareja. No sé porque te asusta tanto llamar las cosas por su nombre.

Desde su separación Tanya no había tenido gran suerte con los hombres, y en parte era porque ella le costaba confiar en los demás al 100%. La entendía, pero realmente se veía feliz con este tal James.

-Le dijo la sartén al cazo – me respondió mientras me miraba irónicamente. Tanya tenía la firme creencia que estaba huyendo de una realidad que acabaría aplastándome con mi "relación" con Edward. Si supiese lo cerca que me encontraba, en concreto hoy, de romper los límites autoimpuestos por mí misma.

-Vaya te dejo un minuto a solas y ya estás haciendo amistades – dijo un hombre alto, con el pelo algo largo y rubio recogido en una coleta y unos ojos azules que brillaban con un toque de picardía.

- Oh ella es Bella, mi vecina… Ya te he hablado varias veces de ella – le explicó Tanya a quién supongo sería James. Ante mi presentación podría jurar que sus ojos brillaron con más picardía de la que ya traían de serie. – Él es James – acabó Tanya de presentarnos.

-Bella… No sabes las ganas que tenía de conocerte. He escuchado hablar mucho de ti. – Me dijo en tono algo misterioso mientras me cogía la mano para besármela, como un antiguo caballero.

- Igualmente James, un placer. – le contesté un tanto descolocada. Mientras él se giraba para llamar al camarero y pedirle unas copas de champan.

- Brindemos… por las gratas sorpresas. – yo seguía pensando que había gato encerrado.

- Veo que habéis iniciado una reunión clandestina, espero que no os moleste mi presencia– Dijo Edward apareciendo por detrás de mí y tocando ligeramente mi espalda. Dejo su mano apoyada en mi cadera.

- Edward amigo, Tanya me estaba presentando a Bella… Ya era hora que alguien lo hiciera. Me estaba comenzando a sentir excluido de tu vida – exageró James con gestos algo dramáticos. Me recordaba a Emmet.

- James es amigo mío, bueno de toda la familia, de hecho. – explicó Edward ante mi cara de no estar entendiendo nada de este giro que había dado la conversación – Te acuerdas que te expliqué que mis primeros pasos en los negocios fueron con un compañero de universidad… Bien, pues ese era James.

- Presente. He de decir que juntos éramos imparables, una pena que el caprichoso destino nos llevara por caminos separados – dijo con una sonrisa.

- ¡Oh qué casualidad! -Exclamó Tanya.

- Pues sí… Aunque ya tenía ganas de conocerte. Tanya, Alice, Emmet me hablaban de ti, Jazz trabaja contigo, por no decir de Edward que…

- ¿Qué tal si brindamos por estas coincidencias? – le interrumpió Edward con su voz grave. Su voz que había aprendido a clasificar como la "voz de Edward Jefe", la voz de mejor no me lleves la contaría.

- Por supuesto. De hecho, mejor brindamos como una promesa para repetir este encuentro en otro lugar más propicio para las conversaciones intimas, ¿no crees Bella? – me dijo mirándome fijamente. Algo me decía que quería decir más de lo que realmente decía-

- Claro que sí, será un placer – dije con una sonrisa, chocando nuestras copas en forma de brindis.

- Al fin y al cabo, es una injusticia que todos te conozcan tan bien menos yo. Me lo debes – dijo bromeando conmigo.

Estuvimos un rato más hablando de banalidades hasta que se despidieron. Al parecer James debía marcharse, algo relacionado con sus locales. Nos despedimos y Edward y yo nos dirigimos más adentro en el salón.

-Veo que no te aburres -me dijo cuándo me pilló sonriendo como una tonta. La verdad es que estaba pasando una gran noche. – Que te parece un brindis más serio que el de James ¿Brindamos tu y yo?

-¡Oh claro! ¿Por tus negocios? – pregunté mientras chocaba nuestras copas y bebía. Yo sola. Le miré raro… ¿Le tendría que explicar que después del brindis debía beber? No me extraña que Alice no se fiara de su papel como padrino, si esto no lo tenía claro…

- Y porque no por algo mejor… Algo como nosotros. Nuestra amistad que va haciendo caer muros… nuestra primera cena de gala juntos, superada con nota he de añadir, y nuestro primer baile juntos. – brindó y esta vez sí que bebió. Él solo. Yo seguía en las nubes tras sus palabras… ¿sería por el alcohol o por las implicaciones de ese brindis?

Dejó nuestras copas en una mesa cercana y nos dirigió a la zona de baile. Me cogió magistralmente pero antes de comenzar a bailar reaccioné.

-Yo no bailo… quiero decir yo… esto… tengo dos pies izquierdos. – dije avergonzada- Me he pasado toda la noche declinando las invitaciones de otras personas para no hacer el ridículo y no me gustaría precisamente hacerlo ahora contigo… te voy a dejar en ridículo.

- No lo harás – dijo mientras comenzaba a moverse – tú solo déjate llevar. Y me alegra que declinases esas invitaciones, hay mucho moscardón suelto por aquí esta noche… y ese escote ha atraído muchas miradas… Admito que no les culpo es muy tentador. A mí me cuesta mirar a otro lado que no seas tú desde que te he visto con él en casa – dijo mientras volvía a acariciar mi espalda igual que lo había hecho al principio de la noche en su habitación.

- Edward… -dije nerviosa, pero a la vez que me animaba yo misma a acariciar con una mano su espalda. Algo me decía que las compuertas estaban a punto de romperse.

- Bella… déjate llevar. No lo niegues más, no nos niegues más. Es pura química… Inevitable. – me decía mientras me acercaba más a él, casi no había espacio entre los dos, e intensificaba sus caricias en mi espalda.

- Yo tengo... miedo… no quiero tirarlo todo por la borda – por lo visto continuábamos bailando, a mí me parecía que estábamos volando.

- Deja de construir muros y sáltalos. Sabes que tienes tantas ganas como yo de acortar este espacio y que nuestros labios se unan. – su mirada era tan intensa que hipnotizaba.

No esperó más, ante mi silencio y mi no huida, acabamos de acercarnos y nos besamos. Si el beso anterior me impresionó éste hizo que todo mi cuerpo ardiera en pasión. Fue pura química. Sus labios sobre los míos, su lengua danzando con la mía, nuestras manos intentado ser discretas a la vez que nos acariciábamos y nos manteníamos cerca… pura pasión. Las compuertas se abrieron y nada podía pararnos. Ni quería, ni podía. Solo lo quería a él, a sus labios por todo mi cuerpo, que sus manos me acariciaran sin parar y por todas partes. A Edward en toda su expresión.

-Llévame a casa Edward, tu y yo solos. – dije en cuanto nos separamos para coger un poco de aire.

- Tus deseos son los míos, Bella. – me dijo con los ojos inundados en placer. Seguramente un reflejo de los míos.

Con eso abandonamos el salón de baile con un solo destino, "casa". Allí dónde solo estuviéramos él, yo y nuestra necesidad de uno por el otro.

[**]

NOTA DE AUTORA:

¡Taxan! ¿Qué os ha parecido? Ya los tenemos una vez enganchados en los brazos del otro jajaja No dudéis en dejarme vuestros comentarios, me encanta leerlos. Es maravilloso ver que os gusta la historia. Saber que le dedicáis un ratito de vuestros días es súper especial.

No acabo sin daros las gracias una vez más por todo el apoyo. Es muy bonito y os lo agradezco muchísimo, de corazón.

Nos leemos en el próximo,

Saludos ;)