Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga de Crepúsculo.
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Bueno ya los tenemos "on fire" a estos dos, y así van a continuar un rato, así que si no quieres leer lemons o no puedes por edad o lo que sea, deja de leer a partir de aquí. Quién avisa no es traidor, que conste en acta.
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RINDIÉNDOME
BPOV
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No podía quitar las manos de encima de Edward, le tocaba a través de su camisa, con unas ganas inmensas de llegar a casa y poder dar rienda suelta a todo lo que llevábamos dentro. Sus labios eran adictivos, no sabía dónde, ni con cuantas mujeres había perfeccionado la técnica, y sinceramente tampoco me importaba, pero era de los hombres que mejor besaba del mundo, estoy segura. Te devoraba, era una lucha de poder hasta que uno de los dos ganaba y doblegaba al otro hasta el siguiente asalto. Podría vivir eternamente de los besos de Edward.
Cuando el chófer paró delante del edificio no me lo podía creer ¡al fin habíamos llegado! Y por la cara de Edward a él también se le había hecho eterno el trayecto. Saludamos a José con prisa y nos encaminamos, quizás corrimos un poco, hasta el ascensor. Y una vez marcó el número de la planta y las puertas se cerraron, ambos sabíamos que no había marcha atrás. Y por la mirada que nos dimos dudo que ni él ni yo quisiéramos dar ni medio paso atrás.
Edward tiró de mi mano hasta que estuve pegada a él, bajé las manos hasta su cintura, recreándome en su pecho musculoso, mientras que él subía sus manos hasta mi cara. Igual que la otra vez me sujetó la cara con firmeza y dulzura, tan cerca como si tuviese miedo que saliese corriendo. Como si no pudiese soportar esa opción. Como si yo pudiese hacerlo una vez más. Ahora mismo dudaba tener fuerzas ni para llegar a la cama. No es como si me importara hacerlo en cualquier otro lado.
-Esta vez no te vas a ir corriendo. Ni nos vas a dejar a medias, pequeña escapista – me dijo mientras se acercaba a mí y me devoraba en un beso que me quitó el poco aliento que me quedaba.
Salimos como pudimos del ascensor y Edward se las apañó como pudo para sacar las llaves de un bolsillo para abrir.
-Si no dejas de tocarme así, te juro que no podré abrir la puerta sin antes acabar lo que estás comenzando. – me dijo mientras se giraba y me estampaba contra la pared para darme un beso que subrayaba sus palabras.
- Está bien… tú ganas, abre esa puerta… Aunque tampoco es como si los vecinos fueran a salir a interrumpirnos -dije ante su evidente sorpresa cuando finalmente abría la puerta.
-No sabía que tenías un lado exhibicionista… precisamente tú que estás tan preocupada en que los pájaros nos vean a través de las ventanas – dijo en clara alusión a mi desconfianza en esos grandes ventanales sin cortinas que había en la planta baja del ático.
-Ahora mismo me dan igual los pájaros, los aviones y hasta el mismísimo presidente, solo te quiero ver a ti – dije mientras me volvía a abalanzar sobre él.
-Oh cariño no podría estar más de acuerdo. – me dijo mientras me acariciaba la espalda de la misma manera que lo había hecho cuando me había abrochado el vestido y me besaba el cuello.
-No sabes cuánto he deseado que repitieras esto mismo durante toda la noche. – dije rindiéndome a su poder. Me tenía a su merced entre las caricias en la espalda y los besos por el cuello.
- Solo tenías que pedirlo, sabes que no hubiese sido ninguna molestia – me dijo mientras me miraba como si pudiera desnudarme solo con la mirada.
No aguantaba más, llevábamos mucha ropa, en especial él, necesitaba tocarle, sentir su piel. Él llevaba viendo mi piel erizada por su toque durante toda la noche y él se escondía detrás de ese maravilloso traje.
-Sabes una vez escuché que alguien decía que un buen traje en un hombre es el equivalente a la lencería femenina, y estoy de acuerdo, pero yo necesito quitarte ya este traje Edward… no aguanto más. – le dije mientras conseguía quitarle la americana. Pero cuando llegué a la pajarita, me cogió las manos y me paró.
-Shhhh Bella, te deseo. -me dijo mientras me dejaba besos por toda la cara y cuello - Te llevo deseando durante mucho tiempo, créeme. Y deseo esto tanto como tú, pero no hay prisa. Disfrutémonos, saboreemos nuestra primera vez. Te aseguro que no me voy a ninguna parte, y bien sabes que no voy a dejar que huyas más. – y con eso me cogió en brazos y nos subió escaleras arriba.
No dejamos de besarnos durante todo el rato, y yo estaba realmente sorprendida de su fuerza y coordinación. En otro momento hubiese hecho alguna broma sobre el hecho que por nuestras pintas parecíamos sacados de una novela romántica de época, pero ahora mismo mi cabeza no estaba para muchos comentarios astutos.
Me dejó en el suelo delante de su cama, aún recordaba lo cómoda que era, y ahora iba a tener a Edward conmigo en ella. Esta cama solo hacía que darme alegrías.
Me acerqué a él y algo más tímida, debido a que estaba completamente pendiente de mis movimientos, le comencé a deshacer la pajarita. Cuando se la quité comencé con los botones de la camisa, hasta que se reunió con la prenda anterior en el suelo. Me tomé mi tiempo para admirar y tocar su pecho, sus hombros… No me creía que tuviera a este hombre entre mis manos.
Sus besos eran muy adictivos, y acababa de descubrir que no podía aguantar mucho rato sin sus labios sobre los míos así que me acerqué a su boca y lo besé mientras le desordenaba el pelo. Bajé las manos y le quité el cinturón, con lo que sus pantalones cayeron al suelo. Me separé de él mientras se quitaba los calcetines y zapatos. Podía asegurar por lo que se intuía, aún con sus calzoncillos puestos, que todo su cuerpo era espectacular.
Me acercó y me besó vorazmente.
-Bella cariño, creo que estoy en desventaja. – me dijo con una sonrisa de lado, marca de la casa – Además llevo pensando en esto desde que te he abrochado el vestido… créeme que pocas cosas en la vida me han costado tanto como esos 3 botones. – me dijo dándome la vuelta y acariciando mi nuca y escote… en serio podría volverme adicta a sus manos subiendo y bajando a través de la uve de este maravilloso vestido.
- Uno…- desabrochó el primer botón mientras mordía el lóbulo de mi oreja – Dos…- desabrochó el segundo mientras hacía lo mismo con el otro lado – y tres… - dijo a la vez que caía todo el vestido al suelo y me quedaba de espaldas con solo mis ligeros y culottes de encaje negro. Debido al tipo de escote había prescindido de sujetador.
Me puso las manos en las caderas y me dio la vuelta para quedar frente a frente. Y nos admiramos durante unos segundos antes de volver a caer en los brazos del otro para besarnos. A poco a poco nos tumbó en la cama y fue dejando besos por todo mi cuerpo poniendo especial énfasis en mis pechos. Hasta llegar a las únicas piezas de lencería que llevaba puestas.
-Créeme cuando te dijo que me tenías hipnotizado con tu belleza durante toda la noche y obsesionado con este vestido… - continuó acariciándome las piernas y repartiendo besos por todo mi cuerpo. – saber que sólo tres botones me separaban de tu cuerpo hacían complicado que me concentrara en nada más.
Poco a poco desenganchó el ligero y me quitó, con delicadeza y adoración absoluta, las medias. Después hizo lo mismo con el culotte. De repente, sentí vergüenza… estaba completamente desnuda delante de Edward. Me removí un poco ante su escrutinio, pero en seguida me miró a los ojos y vi, a parte del deseo, la mirada de confianza y devoción que siempre había en él. La seguridad que habíamos construido a lo largo de todos estos meses, especialmente los últimos. Y eso solo hizo que sintiera más ganas de hacer el amor con él.
-Eres preciosa… perfecta – dijo mientras me besaba una vez más.
Aproveché para bajar las manos hasta su cintura y acabar de desnudarle. Y como bien había intuido todo en el cuerpo de Edward era maravilloso. En ese preciso momento, con los dos completamente desnudos acabó la calma y la pasión nos desbordó. Todo eran manos por todos los lados, tocándonos, estimulándonos, besos voraces intentando calmar la sed que teníamos el uno por el otro. Los dos intentando ser uno, estar más cerca aún.
-Edward no aguanto más te necesito dentro mío – reclamé con urgencia.
-Y yo cariño y yo…- con esto bajó su mano hasta mi vagina e introdujo un dedo, estaba tan húmeda que no tubo absolutamente ningún problema en entrar. Añadió otro y otro más mientras estimulaba mi clítoris. Mis jadeos eran incontrolables estaba cerca del éxtasis… y él seguía negándome su cuerpo. De repente bajó a lo largo de mi cuerpo y su lengua acompañó a sus dedos hasta que un escalofrío me recorrió, me retorcí y el orgasmo me atravesó.
- Estás preciosa cuando llegas al orgasmo cariño, podría mirarte todo el rato en ese estado…
Dijo mientras volvía a subir para besarme. Sin mucha más dilación se puso un condón que sacó de su mesita y se posicionó entre mis piernas entrando dentro mío con una sola estocada. Me dejó un momento para acostumbrarme a la invasión, era grande y grueso, pero acoplábamos a la perfección.
-Esto es el cielo, Bella…. ¿Nos sientes? – dijo mientras comenzábamos un baile frenético que nos llevó al poco tiempo al éxtasis a los dos.
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Estábamos tumbados boca arriba, en la cama aun recuperando nuestras respiraciones. Había sido intenso, muy intenso y espectacular. Había tenido sexo con más hombres, pero en ninguno me había sentido tan plena, no sólo a nivel sexual puramente, sino también a nivel sentimental. Me había sentido querida, adorada, cómoda… y conectada a Edward en todo momento.
Edward se levantó y se dirigió al lavabo, no sin antes volver a besarme… algo me decía que no era yo la única adicta a nuestros besos. A los pocos minutos volvió, continuaba desnudo, se notaba que estaba cómodo en su cuerpo porque en ningún momento hizo un amago de taparse. Dio la vuelta hasta mi lado de la cama y se agachó… cuando pensaba que iba a volver a besarme, se limitó a acariciarme la cara, recorrió todo mi rostro con una delicadeza absoluta.
-He preparado la bañera para mimar un poco nuestros cuerpos… -me dijo mientras me cogía en brazos. - ¿Estás dolorida? Hemos perdido un poco el control – preguntó con toda normalidad mientras yo me ponía colorada hasta niveles insospechados.
- No estoy dolorida… Y Puedo caminar -dije de nuevo un poco avergonzada… parecíamos una novela romántica. –
-Pero yo te quiero llevar. – me dijo mientras entrabamos en el baño. Me dejó suavemente en la bañera y, después de darle al play al ipod, él entró conmigo. Se sentó justo detrás de mí, por lo que estaba completamente apoyada en su pecho.
Sonaba música clásica muy relajante… Desde luego sabía cómo mimarnos.
-Así que mimar nuestros cuerpos… eh… -dije mientras él comenzaba a darme un masaje en los hombros – ¡oh por dios Edward! Deberías dejar tus negocios y dedicarte a esto – ya me había pasado la otra vez que me masajeó la espalda... tenía unas manos maravillosas. Ahora podía afirmar que no solo para dar masajes.
-¿Dedicarme a bañarme con mujeres? ¿O dedicarme a adorarte, hacerte el amor para después bañarme contigo y masajearte? – me dijo comenzando de nuevo su ronda de besos por el cuello… Este hombre acabaría conmigo.
- Ahora mismo si pudiese cerraba la puerta del ático y no te dejaba salir nunca más… así que supongo que te tocaría quedarte con la segunda opción. – dije divertida mientras notaba como sus labios se curvaban en una sonrisa.
- No escucharías salir una queja de estos labios… -dijo mientras continuaba con lo que estaba haciendo.
Estuvimos un rato más acariciándonos, hablando de temas muy leves, la mayoría simples excusas para flirtear con el otro… Cuando el agua se enfrió nos aclaramos el jabón y salimos del agua. Edward fue a buscar unas toallas y volvimos a la habitación.
La habitación parecía que había pasado un huracán, nos miramos con una sonrisa y con muy poco arrepentimiento en la cara. Edward me abrazó y me llevó hasta la cama, dónde me sacó la toalla y me volvió a tumbar.
-Sabes… No es una queja que debas tomarte muy en serio, pero puedo levantarme y tumbarme en la cama yo solita -dije mientras él hacía lo mismo que yo y se tumbaba desnudo en la cama.
- Estoy seguro que puedes, pero hoy quiero mimarte. Aprovéchate. – nos tapó y tiró de mi para que quedara encajada dentro de sus brazos.
Normalmente me atosigaba un poco dormir abrazada a alguien, pero no tenía fuerza, ni ganas, ni ninguna intención de separarme de él. Así que nos quedamos en esa posición, acariciándonos hasta que caímos dormidos.
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Bueno parece que esta vez Bella no ha dado marcha atrás y se ha rendido a la evidencia. Os aviso que este capítulo es un poco más corto porque se complementa con el siguiente. Espero que haya gustado este y que os guste el siguiente. Ya sabéis que me podéis dejar vuestros comentarios siempre, ¡Me encanta leerlos!
No acabo sin daros MILES DE GRACIAS POR VUESTRO APOYO, parece mentira la energía que dan vuestros comentarios, follows etc. Un placer como siempre.
Nos leemos en el siguiente,
Un saludo ;)
