Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga de Crepúsculo.
Aquí os dejo un capítulo más. Espero que os guste.
[**]
COMENZAR
BPOV
.
Era sábado por la mañana y aun no habíamos hecho nada. Bueno, no exactamente… Después de la ducha, habíamos preparado el desayuno en la magnífica cocina de Edward. Algo sencillo pero útil para recargar fuerzas después de la noche pasada… y este delicioso despertar que habíamos tenido.
Aún no me acababa de creer cómo acabó la noche. No me creía que finalmente había dinamitado todos los muros que tan eficazmente habían dejado a Edward lejos de mí durante tantos meses. Ahora no estaban. Y se sentía bien. Condenadamente bien. Admito que me hacía sentir bastante vértigo y que las ganas de salir corriendo para esconderme en un pueblo perdido de Estados Unidos no se me quitaban. Después de desilusiones y caídas en el amor te vuelves más prudente. O cobarde, como bien me estaría puntualizando Ángela en este momento si me escuchara.
Si soy sincera conmigo misma, debo reconocer que el Edward que estuvo ayer conmigo o que he conocido durante todos estos meses, no tiene nada que ver con la imagen de hombre de negocios despiadado o mujeriego empedernido que cuentan los tabloides, y que han hecho que tan injustamente lo apartara de mí. Tampoco es como si hubiese sido injusta con él, pero no niego que esa imagen me hizo construir unos muros con él que no hice con otros miembros de su familia o con otros hombres que han pasado por mi vida, como Seth.
Seth… No había vuelto a pensar en él desde… desde hace mucho. Supongo que Edward había concentrado parte de mis esfuerzos. Una gran parte, he de admitir. Además, no se ha vuelto a poner en contacto conmigo, ni yo con él. Así que supongo que lo que fuera que tuviéramos acabó tan rápido como comenzó.
Volviendo a Edward…Durante toda la velada de ayer pude ver y sentir cómo se esforzaba por contenerse y no hacerme sentir incómoda, como iba tentando los límites de nuestra "amistad" pero siempre desde la prudencia. Continúo pensando que sigue alerta por si me da por huir, como hice tras el beso de mi cumpleaños. Admito que algo melodramática sí que fui, pero me cuesta gestionar el estrés de mi vida amorosa. Estoy trabajando en ello.
"No nos niegues más" recuerdo esas palabras que Edward me dijo durante nuestro baile y sé que fueron la dinamita que derrumbó todos mis muros. ¿Era lo que estaba haciendo? ¿Negando una evidencia tan grande como la Casa Blanca?; ¿Que Edward y yo éramos pura química juntos? ¿Valía la pena seguir negando lo evidente para proteger una amistad que no era más que una versión naif y emocionalmente segura de lo que los dos queríamos? Muchas preguntas correteaban a mil por hora en mi mente.
Cuando esta mañana me desperté envuelta en los brazos de Edward me sentí en el cielo y de repente todas las respuestas vinieron a mí, sabiendo que valía la pena todo el riesgo. Recordé toda la noche pasada, la cena, el baile, sus dedos acariciando mi espalda en cualquier ocasión que tenía derritiéndome poco a poco, su mirada de absoluta devoción, sus labios encima de los míos, nuestros cuerpos fundiéndose en uno. Y por mucho que recordara cada momento, como si estuviese viendo una película, no podía encontrar ni un deje de arrepentimiento en mis acciones.
-Un dólar por tus pensamientos – me dijo Edward mientras me ponía el pelo detrás de la oreja, desde su asiento en la cabeza de la mesa. Yo estaba sentada a su lado, con unos shorts y una camiseta enorme de los Yankees que le había robado de su vestidor, cuando habíamos salido de la ducha.
-¿Solo un dólar? – contesté con una sonrisa. Una sonrisa perpetua que teníamos los dos desde ayer – Entonces creo que me los quedaré para mí – le guiñé un ojo y me levanté para llevar los platos vacíos a la cocina.
- Sabes que dicen que compartir es vivir – dijo con tono ligero mientras entraba en la cocina con lo que quedaba en la mesa y acaba de llenar el lavavajillas.
- Y este repentino interés en mi mente ¿se debe a…? – pregunté intrigada.
- Soy curioso por naturaleza – me contestó, aunque algo me decía que intentaba desviar mi atención.
- Bella… sobre lo de anoche…- comenzó nervioso.
- Y esta mañana – le dije con una sonrisa para aligerar el ambiente un poco.
- Aja… pequeña diabla no intentes distraerme – con eso tiró de mi brazo hasta que estuve dentro de los suyos. Me tenía completamente enjaulada entre su cuerpo y los armarios. ¡Bendita jaula! – Sabes… no me quiero poner intenso ni nada de eso, pero quiero que sepas que fue especial para mí y bueno… -divagó nervioso. Y de repente entendí tanto interés por saber mis pensamientos.
- ¿Quieres saber si me arrepiento de algo? ¿Si estoy pensando en hacer las maletas y salir corriendo? – dije echándole una mano. No es muy normal ver divagar a Edward.
- Bueno… Tampoco me puedes culpar con tus antecedentes. Si con un beso te fuiste una semana, después de lo que hemos hecho estas últimas horas te imagino en Australia – me dijo bromeando con una sonrisa de lado, aunque algo cauteloso.
Sabía que estaba haciendo un esfuerzo para que esta conversación no fuera muy densa y que me pudiese sentir incómoda. Si algo tenía claro es que Edward tenía asumido "lo nuestro" (sea lo que sea que tengamos) mucho más, y desde antes, que yo. Él iba un paso por delante de mí, pero estaba haciendo un esfuerzo esperando a que yo llegara al punto en el que estaba él. Sin forzar mis límites más de lo que yo pudiera soportar. Y eso significaba mucho para mí.
-¡Muy gracioso! Me alegra que estés de buen humor esta mañana – dije haciéndome la indignada
- Culpa tuya – dijo mientras acababa con el poco espacio que nos separaba y nos fundíamos en un beso que me dejó temblando de pies a cabeza.
- Edward no me arrepiento de lo que ha pasado entre nosotros – contesté una vez nuestros labios se separaron. Mirándole fijamente a la cara para que supiera que no había un ápice de mentira en mis palabras.
- Me alegra oírlo – dijo con una sonrisa.
- Pero tampoco quiero engañarte… Sigo teniendo miedo que todo esto salte por la borda….
-Shhhhh – me calló poniéndome un dedo en la boca – No te adelantes a los acontecimientos y menos si es para pensar mal – me dijo algo más serio – Iremos día a día. Veremos lo qué pasa, también es todo nuevo para mí. A fuego lento. No tengo prisa contigo Bella y lo que sea que tengamos que ser lo veremos a medida que nos vayamos conociendo. Solo danos una oportunidad. – me podría perder en esa mirada tan sincera.
Asentí con la cabeza, algo emocionada y aturdida por sus palabras. Mi cabeza me decía que no me hiciera ilusiones, que fuese fría y prudente pero mi corazón gritaba todo lo contario. Que apostara fuerte, sin miedo a caer. Que era injusto que el presente pagará los errores del pasado y con frenos y miedos no se comienza nunca una nueva relación.
-Además, creo que ya comprobamos ayer que somos un gran equipo ¿No, Señorita Swan? -me dijo en tono sugerente mientras sus labios comenzaban a repartir besos por todo mi cuello y sus manos se deslizaban a su antojo por todas mis curvas.
Sin que me diese cuenta me cogió en brazos y me llevó hasta el sofá donde la pasión nos volvió a desbordar.
-Sabes no tengo nada en contra de pasar el día así, pero que te parece si te invito a comer a algún restaurante bonito, damos un paseo… - me propuso Edward mientras estábamos aún tumbados en el sofá.
- ¿Me está pidiendo una cita Señor Cullen? – le dije levantando la cabeza de su pecho para mirarlo con una sonrisa en la cara.
-Si es lo qué quieres, pues entonces sí, es una cita Señorita Swan – En algún momento habíamos pasado de llamarnos de usted para marcar los límites a hacerlo por el puro placer de ver una sonrisa pilla en la cara del otro.
.
Nos arreglamos, a pesar de todo este tiempo me seguía asombrando lo bien que se veía Edward con unos tejanos y una camisa informal, y salimos a pasar lo que quedaba de día.
Edward no soltó mi mano en ningún momento y la verdad es que no me incomodaba. Era refrescante, sencillo y apasionante como deberían ser todas las relaciones que recién comienzan. Si es que es eso lo que estábamos haciendo nosotros. No me pasó desapercibido que había alguna gente que nos miraba de reojo, algo a lo que yo no estaba acostumbrada, pero supongo que Edward había aprendido a vivir con ello.
Fuimos a comer a un restaurante precioso, y con cierto aire romántico. Sin duda, Edward estaba haciendo su mejor esfuerzo para impresionarme. Cuando se lo dije sólo me dedicó una de sus sonrisas de medio lado. Le sentaba bien ese aire informal, juguetón y pícaro. Parecía un hombre completamente diferente al que me encontré al llegar aquí. Supongo que al final Jasper tenía razón y debía darle una oportunidad. A ver si el adivino iba a ser él y no Alice… Me reí ante mi propia línea de pensamientos.
Por la tarde paseamos y disfrutamos de un pequeño concierto amateur de Jazz en un club de música que me habían recomendado unos compañeros del hospital.
Volvimos a casa poco antes de la hora de cena, cuando estábamos entrando al apartamento de Edward el teléfono no paraba de sonar. Era Esme que nos invitaba a comer mañana a su casa junto Carlise y la pequeña Olivia. Ya me había acostumbrado a esas comidas familiares en casa de los Cullen. Eran muy agradables y, aunque faltaría media familia, tenía ganas de ir. Me hacían sentir menos sola en esta gran ciudad. Aunque hablaba por teléfono con mis padres casi diario, tener un abrazo tan maternal como el de Esme o Carlise en vivo era impagable.
[**]
El fin de semana había sido algo parecido a una burbuja de cuento de hadas. Edward y yo, dedicándonos el uno al otro prácticamente en exclusiva. A explorar esto que había nacido y qué no sabíamos muy bien hacía dónde iba.
En la comida con sus padres todo había sido exactamente igual que siempre. Con excepción que éramos solo 5 personas y no todo el clan. Si Esme y Carlise habían notado algo diferente entre Edward y yo se lo habían quedado para ellos, porque no hicieron ningún comentario. Di las gracias internamente por que no estuviesen Alice y Emmet. Sin lugar a dudas toda la discreción de sus padres había pasado de largo en ellos. Y de momento no estaba preparada para que todo el mundo supiese de nosotros.
Edward estuvo más que cómodo durante toda la comida, algo me decía que apreciaba esos momentos de intimidad con sus padres, y sobre todo con Olivia. Me derretía al recordar cómo cuidaba de su sobrina.
Una vez más, Edward había demostrado que, con el tiempo, se había hecho un experto en leerme y entender mis ritmos porque no había hecho ningún comentario sobre explicar a nadie nada. No sé si era por mi o porque él también prefería mantener esta incipiente relación en la intimidad, pero ahora tenía que conseguir que Alice no se enterara de nada. Sino no me dejaría vivir tranquila.
-¡Buenos días! – Me saludó Jasper entrando a mi despacho y me daba un termo con lo que imaginaba sería café de mi añorada cafetería y un donut.
- ¡Buenos días! – saludé poniéndome de pie para darle un abrazo- Oh Jasper ¿Te he dicho alguna vez que te adoro? – dije al comprobar que mis predicciones sobre lo que me había traído eran ciertas. – Me imagino por tu cara que ese fin de semana en Florida ha ido muuuuuy bien ¿no? – pregunté mientras nos sentábamos.
- ¡Exacto! Alice ha conseguido relajarse y aceptar que todos los preparativos de la boda se le estaban yendo de las manos, así que mi vida es mucho mejor ahora – dijo mientras nos reíamos.
Definitivamente una Alice tranquila era un beneficio para la salud de cualquiera que estuviese a su alrededor.
Continuamos hablando un poco más, pero el deber… o el maldito de Aro, nos llamaba y se acabó la diversión.
No había tenido tiempo libre ni para respirar, así que a media mañana cuando miré el móvil me sorprendió ver unos cuantos mensajes de Edward.
"Te acuerdas de esa magnífica idea tuya de encerrarnos en casa para dedicarnos a hacer el amor, bañarnos juntos y a darnos placenteros masajes. Lo veo. Lo quiero. Creo que es el momento de reconducir nuestras vidas laborales."
Una hora más tarde:
"Si tu vida laboral no te deja contestar un simple mensaje en más de una hora, sin lugar a dudas necesitas una profesión nueva. ¿Nos vemos al salir?"
20 minutos más tarde:
"Mi gozo en un pozo. Me ha llamado Alice y dice que viene a cenar a casa esta noche. No me ha dado opción ni a opinar. No te asustes si llegas y ya está ahí ¬¬ "
Me encantaba ver claudicar a Edward ante Alice, era increíble ver como algo tan pequeño manejaba a sus dos hermanos a su antojo sin despeinarse.
Le contesté mientras bajaba a la cafetería a reunirme con Carlise y Jasper para nuestros almuerzos diarios. Era una rutina.
"En días como hoy tu propuesta de encerarnos en tu apartamento es muy tentadora… una pena que siempre Alice podría venir a romper nuestro retiro "espiritual".
"Intentaré salir pronto para que Alice no te destroce la cocina. Qué raro que Jasper no me haya dicho nada. Besos."
No tardó ni medio minuto en contestarme… Alguien estaba ansioso, pensé coquetamente.
"Dudo que cocine, pero no estaría mal que alguien controle a esa pequeña diabla. Y recuérdame que le quite la llave esta noche ;P . Besos, aunque prefiero dártelos en persona."
Cuando llegué con mi bandeja de comida a la mesa dónde estaban Carlise y Jasper me dio la sensación que tenían una sonrisa extraña en la cara, como la del gato de Alicia en el País de las Maravillas. Como quién sabe algo, pero no te dice nada. Como persona adulta y valiente que soy… preferí ignorarlo completamente.
Solo cuando ya subíamos de nuevo a nuestra planta Jasper me comentó lo de la cena, al parecer Alice también se había puesto en contacto con él, igual que con Edward. ¿Y yo? Vale que no era mi casa, pero era mi amiga no le costaba nada informarme…
.
Mi promesa de salir pronto de trabajar falló estrepitosamente. Estaba segura que hasta Edward habría llegado antes que nosotros. Al abrir la puerta del apartamento unas voces nos confirmaron que efectivamente, éramos los últimos en llegar.
-¡Qué no Alice! No es discutible. Además, ya tengo bastante estrés sin Emmet y Rose en la empresa para que tú me lleves la contraria en esto – rugió Edward en un tono que no daba lugar a discusiones.
Jasper y yo nos quedamos callados, mirándonos sin hacer mucho ruido. Era ese momento incómodo en el que pillas a alguien discutiendo cuando sabes que seguramente es algo que no deberías estar escuchando. Jasper no tenía cara de asombro, seguramente en todos los años que llevaba con Alice y siendo amigo de Edward se había visto en unas cuantas como ésta… o peores.
-Ya se cansarán – me susurró Jasper mientras me ayudaba a sacarme la chaqueta.
Nos quitamos nuestros abrigos y nos sentamos en un sofá. Mientras los dos hermanos Cullen eran ajenos a nosotros.
La discusión, al parecer en vez de apagarse, continuaba con más fuerza en el despacho de Edward.
-Pero ¿¡Por qué?! ¡No es justo! Yo también tengo derecho – se ve que el tono irreplicable de Edward funciona con toda la humanidad menos con su hermana. Me lo imaginaba llevándose las manos a su cabello, un tanto desesperado.
-Alice ¡NO! No es tu vida, no te metas. – su tono seguía siendo firme. No sé de qué discutían, pero a Edward no le estaba haciendo gracia.
Me sentía una cotilla, sentada en el sofá con Jasper mientras los hermanos discutían en la otra habitación. Mi amigo, había apoyado su cabeza en el respaldo y tenía los ojos cerrados intentando relajarse. Sabía que era imposible, ni por muy acostumbrado que estés a estas peleas de hermanos, el poder relajarse.
-¿Deberíamos decirles que estamos aquí? – pregunté girándome hacia Jasper y hablándole muy bajito.
-Seguramente podría entrar una manada de elefantes en ese despacho y ellos seguirían en sus trece. Créeme cuando Edward se canse de discutir con Alice saldrá. – Dijo con una sonrisa, susurrando igual que yo había hecho antes.
Me reí pensando que tenía toda la razón del mundo. No sé por qué discutían, ni quién había iniciado la pelea, pero si alguien la acababa sería Edward. Alice podría aguantar todo el día sin inmutarse, ella solo se daba por vencida cuando conseguía lo que quería. Aun así, no me pude resistir.
-Y… ¿Sabes por qué se pelean ahora? – parece que eso llamó su atención porque giró su cabeza, mirándome con la misma sonrisa que tenía en la cafetería. ¡Maldito gato de Alicia!
- Me lo imagino. - ¿eso era todo lo que me iba a decir? Tener amigos para eso.
- ¿Y? ¡Oh vamos Jasper! – no chillé, pero sin duda ya no estaba susurrando – Suerte que decías que Alice había venido más relajada del viaje. – dije indignada.
Supongo que mi pequeña salida de tono alertó a Alice y Edward que salieron del despacho. Alice venía la primera y me miró un tanto indignada. Espero que fuera consecuencia de la pelea con su hermano, no sabía que le podía haber hecho yo. Aun así, se acercó y me dio un abrazo.
Edward nos saludó a los dos muy neutral, aunque se le veía un poco tenso.
Cenamos comida india que había encargado Alice. La cena fue mínimamente distendida pero aún se podía cortar la tensión con un cuchillo. Edward controlaba todos los movimientos de Alice y ésta no paraba de echarle "miradas del mal" a su hermano mayor.
-Bueno Bella y ¿qué has hecho este fin de semana? – me preguntó después de acabar de explicarnos su viaje a Florida.
- Esto… pues…bueno lo típico. Ya sabes, nada del otro mundo - dije de repente nerviosa. Aun me ponía colorada de pensar en las cosas que "habíamos hecho" ese fin de semana.
- ¿Nada del otro mundo? – dijo con una sonrisa, que de repente me recordó a la misma que había tenido su futuro marido durante todo el día. Comenzaba a pensar que había gato encerrado.
- Alice… - le advirtió Edward.
- Solo lo dijo porque Karina me ha comentado esta mañana que estabas preciosa con uno de mis vestidos de gala… - Me comentó con la misma sonrisa sin hacer caso a su hermano.
- ¡Oh! Claro… Acompañé a Edward a una cena con unos empresarios. Por hacerle un favor ya sabes. – expliqué más tranquila. Miré a Edward para que él le explicara a su hermana. Al parecer no estaba por la labor de colaborar. ¡Estaban imposibles esta noche estos dos!
- Bueno una foto para ver cómo te quedaba no hubiese estado mal…ya sabes que me encanta ver a la gente luciendo mis modelos – esta vez no había ningún doble sentido en sus palabras, o sonrisas extrañas, solo pura sinceridad.
- Alguna habrá – dije como patética excusa para hacerla sentir mejor. No había pensado en hacerme ninguna foto.
- De hecho, sí que hay alguna… -dijo Alice misteriosamente.
- Alice… - Volvió a advertir Edward. Y a mí se me encendió la luz y de repente mis neuronas comenzaron a unir pistas.
- De hecho, hay unas cuantas… En las revistas. – me explicó Alice recuperando ese tono que la había acompañado toda la noche.
- Alice… - El tono de Edward cada vez era más enfadado. Pero ¡un momento! ¿en las revistas? ¿Yo? ¿Cuándo?
- ¿Revistas? – dije con confusión mientras Alice se levantaba a buscar algo en su bolso.
Dejo encima de la mesa dos revistas, una de moda y otra de prensa rosa bastante amarillista. En las dos el titular era el mismo.
"EDWARD CULLEN Y SU MISTERIOSA ACOMPAÑANTE. LA NUEVA MUJER QUE HACE QUE EL SOLTERO DE ORO DE LA CIUDAD CAIGA DE LA LISTA… POR EL MOMENTO."
Cuando abrías las publicaciones había fotos de Edward y mías durante toda la velada. En la entrada a la cena, en la mesa mientras nos acercábamos a hablar al oído el uno del otro, durante el baile. Cuando giré la página, vi una foto que ocupaba todo el folio. Una foto espectacular de nuestro beso. Si no fuera yo la protagonista pensaría que son dos estrellas de Hollywood durante una escena de una película romántica. Dos estrellas enamoradísimas.
-¡De verdad me tengo que enterar que mi hermano y mi mejor amiga están saliendo por las revistas! – chilló Alice sin poder contenerse más.
Yo seguía mirando las revistas sin creerme nada. Miré hacia Edward y miraba las publicaciones con tanto odio que asustaba. Cada vez entendía más su paranoia de joven de comprarse dos áticos para tener intimidad. Cuando levantó la vista y me miró su mirada mudó y apareció algo de temor. Supongo que tenía miedo por saber cómo me lo tomaría. Por eso la discusión con Alice, me apostaba mi mísera fortuna que intentaba que Alice no me dijera nada. Pero nadie para a Alice Cullen.
-No sabía nada. Al parecer salieron el sábado, pero como no fui a ninguna librería no las vi. – me dijo Edward en forma de disculpas. Supongo que el sábado no habíamos estado preocupados precisamente de las revistas.
-Sé que no lo sabías, no te preocupes – su consternación me hizo reaccionar. Sabía que no era culpa suya, era algo a esperar teniendo en cuenta todos los fotógrafos que había en la cena.
Me cogió la mano y me acarició intentado calmar mis nervios. Con la otra retiró las revistas. Supongo que no había mucho más a ver.
-¡Oisshhhhh! De verdad sois adorables y me muero de amor cuando os veo, pero me gustaría que alguien me explicara que está pasando – nos interrumpió Alice con un tono mucho más suave y con una sonrisa desbordante en su cara.
.
Una hora más tarde Alice y yo salíamos de mi habitación, después de tener su codiciada "charla de chicas". Le había explicado cómo estaba la situación entre su hermano y no parecía demasiado contenta con mis palabras. Al parecer esperaba una boda a la vuelta de la esquina. La verdad es que me había costado todo un esfuerzo poner un poco de orden mis pensamientos y emociones para que Alice pudiese sacar algo en claro de esa conversación, así que podía estar contenta. Si quería algo más, tendría que esperar. Como estaba esperando yo. Esperar a que todo no se fuera por la borda. Mi nueva vida se había vuelto un caos desde el viernes.
-Lo siento… No sabía nada de la revista, ni qué Alice sabía nada – me dijo Edward cuando venía de acompañar a su hermana y cuñado a la puerta. Yo estaba apoyada en el sofá.
Se veía algo nervioso por mi reacción, pero sobretodo enfadado. Adivino que principalmente con las revistas y con su hermana en particular. Tiré de su corbata para que estuviese lo más cerca posible de mí y lo besé profundamente.
-Lo sé – le dije sinceramente. Yo tampoco me había enterado que habíamos salido en las revistas. Así que no era un gran problema… De momento. – No te preocupes… Alice es intensa, pero ya se ha calmado.
- ¿Así? Por qué a mí me ha parecido de todo menos calmada – gruñó mientras se apoyaba la cabeza en mi hombro. Lo que aproveché para acariciarle el pelo…Aún estaba tenso. – Oh cariño sigue así, esto es la gloria.
Cariño… Más de una vez me había llamado con ese apelativo cariñoso, y me hacía sentir calor en mi interior y en mi corazón. Era incapaz de pensar coherentemente cuando me trataba de esa manera… tan normal, tan de pareja. Un síntoma más que Edward iba un paso más avanzado que yo en esta relación.
-Sabes… creo que después de la batalla campal que habéis estado a punto de formar Alice y tú, te mereces algo de atención por mi parte. – le dije mientras le quitaba la corbata. Normalmente se la quitaba nada más cruzar la puerta junto con los zapatos. Supongo que Alice había turbado su descanso hoy.
-Soy todo tuyo. – me dijo mientras comenzaba a esparcir besos por todo mi cuello.
Ambos sabíamos que aún no me abría del todo para ciertas muestras de amor, pero hoy Edward se merecía todas las atenciones, al fin y al cabo, sabía que parte de la pelea había sido porque él sabía que yo quería mantener lo nuestro en secreto. Así que esta noche le mimaría como se merecía. Durante toda la noche.
[**]
¡Espero que os haya gustado! Como veis siguen juntos, aunque a fuego lento que Bella tiende tendencia a asustarse jajaja
Estamos en la recta final del fic y no hubiese sido lo mismo sin vuestro apoyo, así que no quiero desaprovechar la ocasión para daros una vez más las gracias.
Espero vuestros comentarios ;)
Nos leemos en el próximo,
Saludos ;)
