Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga de Crepúsculo.

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Os dejo un capítulo más y de paso aprovecho y os deseo un buen fin de semana.

Como siempre muchas gracias por vuestro apoyo en el capítulo anterior, y durante todo el fic.

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CITAS Y ANUNCIOS

BPOV

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Este mes de octubre lo podría titular como el mes de las mejores citas de mi vida. Si soy sincera, podría decir que también había sido el mes en que más citas había tenido en mi vida. Tampoco es que tuviera un súper marcador difícil de superar. Creo que Edward se había propuesto demostrarme que no había nada que no pudiéramos hacer. Ni solos ni como pareja.

Me tenía completamente clichada. Sabía que una de las cosas que más pavor me daban de comenzar en una relación era perder mi libertad, mi independencia. Y se había asegurado de hacerme ver que era una completa chorrada. Sus palabras, no las mías.

Desde el día de la pelea con Alice, todo se había calmado. Con ella, quiero decir. De hecho, aún nos sorprendía que no hubiese dicho nada a ningún miembro de la familia. Cuando volvieron Rose y Emmet de sus vacaciones temía por que lo soltará en medio de cualquier reunión. Aun no estaba preparada para ese paso. Pero al parecer, y sospecho que debido a alguna amenaza de Edward y la sugestión de Jasper, no había soltado prenda. Aunque eso no significaba que a mí me dejase tranquila. Ni mucho menos. De hecho, cada vez que quedábamos y de repente se acordaba que Edward y yo estábamos comenzando una relación daba un chillido de emoción seguido de un abrazo mientras me decía "no sabes lo que me alegro que seamos cuñadas". ¿Le sentaría mal si la derivaba a terapia? Era ella o yo.

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-¡Buenas noches! – chillé de emoción al llegar a casa. Últimamente llegaba tardísimo, lo que hacía que Edward siempre estuviese esperándome.

-Ya era hora que llegases – se acercó mientras me sacaba la chaqueta y después de ayudarme me abrazó y me dio un beso tan profundo que casi hace que pierda el sentido.

- Mmmmm ¿se puede saber a qué se debe semejante bienvenida? -dije con una sorpresa mientras seguía en sus brazos.

- Acaso necesito una excusa… - nos volvimos a besar. Si no parábamos acabaríamos sin ropa y yo tenía mucha hambre. Sinceramente, me daba igual. Ya comería después.

Comencé a sacarle la camisa de los pantalones. Como siempre que estaba en casa ya no llevaba ni corbata, ni zapatos. Perfecto, más rápido iremos.

-Shhhhh cariño para. Sabes que si comenzamos no podremos parar y sé que estás agotada. – me dijo mientras se separaba de mí, y yo hacía un puchero. – No te servirá de nada esa cara, estoy inmunizado. Me he criado con Alice.

- Sabes que en la mayoría de las parejas son las mujeres la que siempre ponen las excusas para no tener sexo, ¿verdad? – dije resignándome.

- Claro que sí… de la misma manera que en la mayoría de las parejas son los hombres los que tienen fobia al compromiso. Supongo que tú y yo no hemos nacido para ser como los demás. – me dijo guiñándome un ojo. Bastardo sexy y lleno de razón...

- Además tengo una sorpresa para ti… bueno yo no, pero da igual. Sue ha dejado hecho un poco de pollo como a ti te gusta. – me dijo mientras entraba a la cocina y veía que estaba todo preparado.

- Podría llorar de la emoción ahora mismo -dije bromeando. Aunque no mucho.

- He hablado con Jazz -dijo con cara seria – me ha dicho que hoy solo has podido comer un sándwich y en dos tandas en todo el día. Deberíais hacer algo con ese tal Aro.

- Olvidémonos de eso ahora, solo quiero alimentarme y después que me consientas. – dije mientras me acercaba a darle un beso.

- No pienses que me despistas con tus besos - le volví a besar hasta que noté que su tensión desaparecía.

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Estábamos en la bañera. Había decido que nada mejor que liberar tensiones que un baño relajante antes de ir a la cama. Edward volvía a hacer magia con sus manos masajeando mi cuello.

-Mmmhhhh eres maravilloso – lo admiré mientras notaba que sonreía detrás de mí. – Por cierto, sabes que Emmet y Rose me regalaron para mi cumpleaños unas entradas para un musical… ¿Qué te parece si miro para descambiarlas para este fin de semana? – dije de repente nerviosa. No tenía ni idea si Edward sería de esos que odian que la gente cante cada dos por tres. A mí me encantaban los musicales.

- ¿Me estás pidiendo una cita Señorita Swan? – me dijo con tono muy sugerente mientras mordía mi oreja.

- Sí Señor Cullen, le estoy pidiendo una cita. – le dije coqueta. O al menos lo intenté.

- Me encanta la idea – me dijo mientras me besaba dulcemente.

Así comenzó la primera cita de ese mes.

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-¡¿Qué?! ¿Estás segura de lo qué estás diciendo? – Le grité a Tanya aun alterada por lo que me había dicho.

- Sabes quizás debería haberme callado… -dijo dejando la cocina y sentándose en el sofá de su sala. La seguí hasta allí con mi copa de vino.

Había venido a ver a Tanya esa tarde al salir de trabajar. Necesitaba un tiempo de chicas. Decía que habían pasado muchas cosas en nuestras vidas y nos habíamos de poner al día.

-Desembucha. Y quiero saber todo lo que sabes – le dije muy seria mientras me sentaba a su lado, mirándola a la cara.

- Está bien… Pero si Edward pregunta no lo sabes por mí. – me dijo alzando el dedo meñique. Me sentía estúpida, pero hicimos el juramento. Si así confesaba juntaría todos mis dedos meñiques con los suyos.

-Estoy esperando – la apuré al ver que no hablaba. Si yo había hecho esa chorrada de preadolescentes ella tenía que hablar.

- Te acuerdas de ¿Joseph? Mi compañero de trabajo… aquel de que te hablé que vive a una….

- Tanya al grano. – sabía que me quería despistar.

- La cuestión es que él tuvo problemas con su aseguradora, como tú, y ya se lo han arreglado… Me sorprendió la rapidez, así que le pregunté… bueno, el caso es que… creo que tu deberías haber dado tu autorización hace tiempo para que comenzaran los trámites para arreglarte los desperfectos. – juró que dijo esta última frase de golpe. Ella y Alice aún me maravillaban por su forma ultrasónica de hablar.

- Así que… Edward me ha ocultado esto… ¿para? – dije mientras notaba que me comenzaba a enfadar. No me gustaba que me ocultaran información.

- A veces eres muy obtusa amiga… -dijo Tanya acabándose su copa y levantándose a buscar más vino.

- ¿Perdona? – dije un tanto indignada. Mi novio me oculta información y mi amiga me llama obtusa… Vaya día. Un momento ¿¡Novio?! ¿Yo había pensado eso?

- Sabes que lo que quería Edward era ganar tiempo… Y no le culpo si fuera por ti aun estaría esperando que lo besaras – me explicó como si no hablará de mí. – No me mires así que sabes que tengo razón.

- Yo…

- Exacto tú. Algún día le tendrás que agradecer a ese hombre que apostará fuerte por esta relación porque sino no hubierais comenzado nunca. – me dijo con una sonrisa en la cara. Se sabía ganadora de esta discusión. Ganadora indiscutible.

-Vale, vale, ya está bien de sinceridad por hoy. ¿Podemos volver al punto en el que eres MI amiga y me apoyas? – dije un tanto indignada.

- Yo te apoyo, pero te dijo la verdad, no te la edulcoro. Aunque si te sirve de algo, sí creo que debería haberte dicho lo del seguro – me dijo mientras se tiraba encima de mí en un abrazo oso.

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Cuando llegué a casa, Edward aún no había llegado. Así que me puse cómoda y me senté en mi cama a leer. Era raro usar esta cama, desde el día de la cena de gala había dormido siempre con Edward. Aún mantenía parte de mi ropa en el armario, pero cada vez había más cosas mías en su vestidor. Tenía la firme sospecha que Sue y Edward se habían compinchado para mudar mi ropa, a pesar de mi negativa.

Eso me llevaba a pensar en el tema de la aseguradora. Entendía lo que me había dicho Tanya de las supuestas razones de Edward, pero aun así no me gustaban que me quitarán mi opción de decidir sobre mi vida.

Estaba pensando en eso cuando sentí que botaba en la cama. Era Edward que se había tirado sobre ella en plancha, hasta caer a mi lado. Puso su cabeza en mi barriga y automáticamente mis manos fueron a su pelo. Lo acaricié calmándolo y calmándome a mí misma. No quería discutir con él. Bueno quizás mi parte irracional estaba preparando las trincheras, pero mi parte racional quería solucionar esto como dos adultos.

-Mmmmm cariño no sabes las ganas que tenía de llegar a casa – me dijo mientras me dejaba un beso en mi abdomen. - ¿Qué haces aquí? – preguntó sorprendido que estuviese en mi antigua habitación.

- Leer – le dije dándole un pequeño golpe con mi libro en la cabeza.

- Ya veo – se levantó y se puso a la misma altura que yo. Estábamos los dos apoyando nuestras espaldas en el cabecero de la cama. - ¿Por qué tengo el mismo presentimiento que cuando mamá descubría que habíamos roto algo que nos había dicho que no tocáramos?

- No vas mal encaminado… -dije misteriosamente.

- Y ¿me darías una pista? No recuerdo haber roto nada últimamente – dijo en un intento de bromear, aunque se veía algo tenso.

- Encantada… Sabes hoy los del seguro se han puesto en contacto conmigo y me han dicho que esperan mi firma – me aventuré. No era verdad, pero le había prometido a Tanya que no la "descubriría".

- Oh eso. – dijo con cara de póker. En estos momentos no me ayudaban sus habilidades negociadoras.

- Sí eso… ¿Algún alegato en su defensa Señor Cullen? -dije intentado hacerme la seria. Desde la conversación con Tanya había indultado a Edward, a pesar que me sacara de mis casillas su intromisión.

- Digamos que situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas Señorita Swan -me dijo poniéndose en horcajadas encima de mí y apoyando sus brazos en la pared. Perfecto ahora estaba enjaulada entre la pared y el cuerpo de Edward. ¿Cómo se supone que me iba a hacer la dura así?

-¿Y cuál era esa situación tan desesperada? – hice todo mi esfuerzo por concentrarme.

-Tu cabezonería. - ¡Encima sería culpa mía! Esto no iba por dónde yo quería – No pongas esa cara… porque no había manera que bajaras la guardia conmigo. No planeé que te robaran y vinieras a vivir aquí, obviamente, pero cuando te vi esa noche exhausta por todos los acontecimientos, durmiendo en mi cama, supe que haría todo lo que estuviese en mi mano para que bajaras la guardia. Y solo necesitaba una cosa…

Se calló mientras me miraba intensamente. Bajó sus manos hasta mi cara y la acunó con tanta delicadeza que parecía que me fuera a romper.

-¿Qué? – susurré. Me tenía totalmente hipnotizada.

-Tiempo. Y eso era lo que iba a conseguir como fuera… Lo del seguro fueron daños colaterales – me dijo mientras bajaba sus labios a los míos y los besaba con absoluta pasión.

Cuando yo ya estaba completamente encendida, se apartó de mí con una sonrisa en sus labios.

-Deduzco que venirte a dormir aquí es mi castigo por ocultarte información -dijo algo más serio. Se notaba que estaba completamente pendiente de mi reacción.

- Algo así… - ante su cara de interrogante continué – Estuve pensando… ya sabes… y supongo que te entiendo. Aunque hubiese preferido que me lo contarás. No me gusta que me ocultes información y mucho menos cuando es información mía. – asintió con la cabeza. Aun con gesto pensativo.

- Eso me lleva a la siguiente pregunta -dijo serio… y yo volvía a no tener el control de la conversación. Algo me decía que era de esos momentos que Edward aprovechaba para probar mis límites.

- ¿Qué es…?

- ¿Qué vas a hacer ahora que ya sabes que solo necesitas una firma para arreglar tu apartamento? – ves… Otra conversación importante. ¡Lo sabía! Así era Edward sabía sacar petróleo de dónde los demás no veían nada.

- Firmar. No pienso dejar el apartamento medio destartalado porque mi novio piense que necesita tiempo para conquistarme – solté de golpe algo indignada.

Era un apartamento humilde pero no pensaba dejarlo así. Había sido mi hogar durante muchos meses. Hay había comenzado todo de nuevo. Un momento… ¿Había sido?¿Ya no lo era más?

-Así que soy tu novio, ¿eh…? -dijo Edward con una sonrisa de lado en su cara. Esa sonrisa que había aprendido a querer.

- Bueno… yo… no sé… ¿sí? – Ahora entendía porque Edward era siempre el que tiraba de esta relación. Yo era una cobarde cuando llegaba el momento.

- Más te vale cariño, no comparto casa con nadie que no sea mi novia – me dijo mientras me volvía a besar.

Esta vez no nos paró. Lentamente desabroché su camisa y se la quité. Era realmente difícil con él besando cada centímetro de mi cara y cuello. Pero ya me había acostumbrado. Yo era tan adicta a los besos de Edward como él a repartirlos por mi cuerpo.

Nos desnudamos mutuamente. Aún seguía sorprendiéndome el cuerpo de Edward, no podía dejar de tocarlo y besarlo.

Edward repartió besos por todo mi cuerpo y su lengua y dedos jugaron magistralmente con mi clítoris.

-Mi amor te necesito dentro – dije mientras volvía a encenderme con sus caricias y besos.

-Sabes… Esas palabras son música para mis oídos – al parecer hoy todas mis compuertas se habían abierto… Novio, mi amor… A Edward parecía que le había tocado la lotería.

Sin mucha más dilación, pero con calma, disfrutando de este momento se introdujo dentro mío y comenzamos a movernos hasta llegar al límite.

Estábamos abrazados en la cama cuando se giró con una mirada brillante en los ojos.

-Sabes… nunca he sido muy seguidor de los castigos. Pero definitivamente no me conoces si pensabas que una puerta me iba a impedir alcanzarte… a ti o a tu cuerpo… -dijo mientras me daba un mordisco en el hombro.

-Además… -continuó- ya te dije una vez que lo que más me pone de las peleas son las reconciliaciones – me dijo mientras me apretaba más cerca suyo de manera más que sugerente.

- Mi amor… -aún nos quedaba algo por arreglar.

- Creo que no me cansaré de escucharte decir eso -dijo mientras me besaba de nuevo.

-Déjame acabar que me distraes – lo aparte mientras que él tenía una sonrisa de suficiencia en la cara.

-Soy todo oídos cariño – me dijo guiñándome un ojo. Nunca hubiese dicho que Edward era del tipo de hombres que le gustaban los apodos cariñosos.

- Bueno… yo… había pensado arreglar el apartamento, pero… -por su cara estaba segura que sabía lo que quería decir, pero el maldito esperaba que fuese yo la que lo dijese. Hoy estaba disfrutando con todas mis confesiones – esto… me preguntaba si te importaría que continuase viviendo aquí… Ya sabes como pareja… Bueno, quiero decir si no te importa… yo… bufff iría bien que hablases ahora mismo, sabes…

- Bella tienes la respuesta en tu muñeca desde el día de tu cumpleaños. – miré hacía mi muñeca y solo vi la pulsera que él me había regalado y que nunca me había sacado.

Ante mi cara de confusión continuó.

-Estos números que hay gravados – me dijo mientras acariciaba la pulsera – son las coordenadas del que deseaba fuera tu lugar en el mundo, tu hogar. Aquí, conmigo. Así que no hace falta que lo preguntes, para mí tú perteneces aquí desde hace mucho tiempo.

No lo pude evitar unas lágrimas rodaron por mi cara, era increíble como el mismo hombre al que creía insensible hace apenas ocho meses ahora me estuviese derritiendo con sus palabras.

-Te quiero -le confesé mientras me tiraba a sus brazos para que me abrazara. Piel contra piel.

- Pensaba que nunca te escucharía decir esas palabras -dijo con una sonrisa, mientras que me aplastaba contra el colchón y volvía a acariciarme por todo el cuerpo. – Y solo por que conste en acta, yo también te quiero.

Y sin darme descanso comenzó a acariciarme, a besarnos, hasta que volvimos a hacer el amor esta vez lenta y pasionalmente.

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-No entiendo porque yo no sabía nada de esta reunión, al fin y al cabo, son mis pacientes – volvía a quejarme por enésima vez desde que Edward me había dicho en el desayuno que hoy me llevaría al trabajo porque tenía una reunión con Aro. Al parecer sobre los chicos que estaban haciendo prácticas en su empresa.

-No lo sé… Me lo dijo Patricia (su secretaria) ayer a última hora. Y cada año es lo mismo… Nos reunimos para saber cómo se han integrado los chicos en la empresa… Además, tú eso ya lo sabes. – me dijo mientras entrabamos al hospital.

Al llegar a nuestra planta me cogió de la mano. Algo que hacía habitualmente desde que estábamos juntos, pero me sorprendió porque con todas las cosas que yo llevaba en las manos se me hacía bastante incomodo cogerle de la mano.

De repente lo entendí todo, era un mensaje alto y claro para Rachel. Si yo estaba enfadada con Aro por no saber nada de la reunión, Edward lo estaba por tener que compartir su espacio vital con nuestra secretaria, que según él lo violaba con la vista.

Aro salió rápido a recibir a Edward y ambos se fueron a la dichosa reunión, a la que por lo que se ve yo no tenía acceso. ¡Pero si eran mis pacientes! Dudaba que Aro supiese ni cómo se llamaban.

-Toc, toc – dijo Edward mientras entraba a mi despacho. Como siempre, que no tenía a ningún paciente, la puerta estaba abierta. Le sonreí, se me hacía rarísimo verle por aquí.

- ¿Ya habéis acabado? -dije un poco molesta por no haber estado en la reunión. Si alguien debíamos saber la opinión de Edward éramos Jasper o yo… Si Aro se pensaba que no conseguiría esa información estaba loco… Tenía mis propias armas con Edward.

- Sí… Y le he dicho lo mismo que pone en los informes que recibirás en cuanto Patricia reciba mis órdenes de enviártelos. A ti y Jasper. – me dijo con una sonrisa mientras se acercaba a mí para darme un beso.

-Sabéis que estáis en un lugar público, con la puerta abierta y que estaría bien mostrar un poco de decoro por vuestra parte… ¿no? – nos dijo Carlise desde la puerta.

Iba acompañado de Jasper. Y aunque los dos tenían una sonrisa en la cara yo no pude evitar esconderme en el pecho de Edward. Estaría bien la desaparición instantánea. Una pena que ni Harry Potter ni DragonBall existieran de verdad.

-Buenos días papá… - dijo mientras se separaba de mi e iba a saludar a su padre.

-Tengo entendido que has tenido una reunión con Aro. -dijo Carlise mientras se sentaba en la silla que había delante de mi escritorio. Jasper se sentó en la otra y Edward se apoyó en mi escritorio.

-Así es… Creo que deberías tener a alguien más competente en ese puesto… por no decir que sus habilidades para gestionar el equipo de trabajo son nulas… - oh "Edward jefe" había hecho acto de presencia.

- Edward… créeme que lo sé, pero sabes que no es tan fácil librarse de los médicos de toda la vida. – nos explicó Carlise. Sabía que estaba intentando hacer limpieza de todas aquellas personas que ya fuese por falta de ganas o por una praxis controvertida ponían en riesgo el hospital. Pero no era fácil.

- Pero no es eso de lo que quiero hablar… ¿cuándo nos lo pensabais decir? – nos preguntó Carlise recuperando su sonrisa – Tu madre lleva esperando desde que salieron esas fotos en la revista.

Edward y yo nos quedamos de piedra. Yo más que Edward. Bastante más. Mucho más. De hecho, estaba segura que si me pinchaban no sangraba. Habría visto y hablado con Esme miles de veces desde que salió esa publicación y nunca me había dicho nada. Por no decir que a Carlise lo veía cada día en el hospital ¡almorzaba con él! Sin lugar a dudas, la discreción de ellos no la heredaron ninguno de sus hijos.

-¿Qué os parece una cena familiar esta noche? – propuso Carlise. No entendía la prisa, pero ahora que ya lo sabían no tenía mucho sentido alargarlo más.

Jasper se carcajeó. Ante la mirada curiosa de Edward y mía se explicó.

-Emmet se va a poner furioso cuando sepa que ha perdido 300$ - dijo aun riéndose.

- Apostó con Alice y conmigo que no diríais nada hasta acción de gracias – esta vez fue Carlise quien habló.

- No tenéis remedio ¡mis hermanos y padre apostando sobre mí! -dijo Edward falsamente indignado. Algo me decía que esas apuestas eran algo habitual con cualquier tema, independientemente de a quien afectara, dentro de la familia.

Yo seguía de piedra. Carlise apostando. De Emmet me lo esperaba, de Alice… también, pero del serio de Carlise nunca lo hubiese dicho.

-¿Tú también apostate? -pregunté mirando a Jasper.

-Me ofendes Bella, tengo mi ética. – ante la mirada incrédula de Edward continuó – No me dejaron apostar… me decían que tenía una posición privilegiada con vosotros dos. -dijo cruzándose de brazos indignado.

Esa noche se hizo oficial algo que ya todos sabían. Incluso la pequeña Olivia. Esme no podía ocultar su alegría. En ese momento pude ver de dónde había salido Alice.

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-Si mamá… Claro mamá… Vale… Lo intentaré… está bien, lo haré… haremos… sí mamá…

Así llevaba más de una hora hablando con mamá por teléfono. Estaba tumbada en el sofá esperando que Edward acabara de enviar no sé qué mail a no sé quién. Esto de trabajar el fin de semana acabaría con su salud.

Mi salud, en cambio, la perdería gracias a mi querida madre. Le había costado media hora aceptar que no pasaría las navidades con ellos porque el día 31 era la boda de Alice. Así que aprovecharía para quedarme con ella y ayudarla en lo que sea que necesitara. Y solo dos minutos de margen para cambiar el chip y pasarse los siguientes treinta minutos convenciéndome que le tendría que "compensar" yendo a pasar acción de gracias con ellos. Me tenía frita. A mí y a mis neuronas.

Cuando pensaba que explotaría vi que Edward salía del despacho preparado para ir al cine. Me lo había prometido, y a pesar de estar cargado de trabajo, estaba cumpliendo con su palabra. Aunque viéndolo con esa chaqueta de cuero era yo la que no sabía si quería ir al cine o prefería quedarme en casa viéndolo a él. Desnudo.

-Mamá te tengo que colgar. Me lo pienso y te llamo… Sí será pronto. Adiós un beso a ti y otro a papá. Os quiero. – Finalmente colgué. Sin darle opción a decir nada más, no se le podía dar tregua a Renné. - ¿Vamos? -dije poniéndome de pie de un salto.

-Vamos. – me ayudó a ponerme mi chaqueta y salimos.

Decidimos ir dando un paseo. Así que mientras caminamos Edward cogió el relevo de mamá y comenzó su propio interrogatorio.

-¿Qué era lo que tenías que pensar? Ya sabes de la conversación con tu madre – me preguntó.

-¿No sabes que es de mala educación escuchar conversaciones ajenas? – bromeé con él.

-Tampoco es como si tu tono dejase lujar a la intimidad -dijo riéndose.

-Escuchas mis conversaciones y encima me acusas de chillar ¡Lo que hay que soportar! – dije haciéndome la falsa indignada – Le expliqué a mamá que me quedaría aquí a pasar las vacaciones de navidad y no se lo ha tomado muy bien…. Ya sabes cosas de madres.

- Vamos que estoy ganando puntos como yerno perfecto robándoles a su hija durante las navidades, ¿no? – dijo irónicamente Edward.

- Algo así… Ya sabes que el Jefe Swan es un hombre duro, yo no desperdiciaría oportunidades -dije riéndome. Esta vez no me siguió.

- Aun no me has dicho que es lo que tenías que pensar… - Nunca se le escapaba nada. Era imposible distraerlo, y tapada con un abrigo y bufanda mucho menos.

-Me ha dicho que como no paso las navidades con ellos debería pasar Acción de gracias… Algo sobre no quitarle la ilusión de madre… y bla bla bla. Es muy difícil escuchar a mamá todo el rato. – le expliqué.

-Aja… - se puso serio, pero no dijo nada más.

- Aun lo estoy pensando. No sé si me podré pedir los días y esas cosas… ya sabes – me parecía raro que no comentase nada.

-Claro. – continuaba igual de serio.

-Tú… Ya sabes… ¿Podrías… querrías venir? – dije sin más preámbulo.

Ese era el gran problema. Hace unos días me había armado de valor y le había explicado a René que salía con Edward, como algo serio y formal, y hoy me había insistido en que era la ocasión ideal para conocerlo. Así que aquí estaba muerta de los nervios. Por culpa de mi madre y su verborrea y de mi novio y su mutismo repentino.

-¡Pensaba que no me lo pedirías nunca! -dijo sin poder aguantarse más. Cada día me sorprendía más lo parecido que era a Emmet cuando se relajaba. – Tengo muchas ganas de conocerlos -dijo parándose y mirándome a la cara – Además, es lo mínimo teniendo en cuenta que tu soportas a los locos de mis hermanos diariamente -dijo mientras me abrazaba y continuábamos caminando.

-Bueno yo no tengo hermanos.

- Mejor para mi… menos presión.

- Como si no fueras a sacar todos tus encantos y metértelos en el bolsillo con la primera sonrisa marca registrada de Edward Cullen… -le rebatí.

-¿Sonrisa registrada de Edward Cullen? -soltó una carcajada. – Tu cabeza es muy caprichosa cariño.

- Sí, sí… ríete, pero recuerda que papá tiene armas en casa, y tú le has privado de pasar sus primeras navidades en 27 años con su adorada, y única, hija. – le dije mientras lo adelantaba.

Escuché que paró de reírse y me alcanzó en media zancada… Era imposible competir con mi metro sesenta y nueve.

-Tú me defenderías ¿verdad? – me dijo sonriendo, con la famosa sonrisa de Edward Cullen.

- Claro que sí, no permitiría que nadie destrozase este magnífico cuerpo. ¡Qué sería de mi sin él!

Seguimos bromeando hasta llegar al cine. Sin saber cómo una simple cita de sábado al cine había acabado en una reunión familiar. Estupendo.

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¿Qué os ha parecido? Estos dos están hasta las trancas por lo que se ve. Y taxan! Tenemos reunión familiar Swan a la vista. No me parecía normal acabar el fic sin esa escena jajaja

Quedan dos capítulos más y el epilogo. Así que la semana que viene finalizará la historia. Espero que la vayáis disfrutando y que esta recta final no os decepcione.

¡Nos leemos en el próximo y en las reviews!

Saludos ;)