Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga de Crepúsculo.
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Ahora sí que llega el final definitivo de la historia. Espero que os haya gustado y que disfrutéis el epílogo.
pd: este capítulo viajamos al futuro jajaja Está situado el 13 de setiembre de 2020. Casi nada, ehhh ;)
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NUEVAS VIDAS
EPOV
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Me levanté como cada domingo desde hacía 6 meses antes de que ese adorable sonido nos despertara. Bella necesitaba dormir por mucho que ella dijese que podía con todo. No podía, pero sobretodo no hacía falta que lo hiciese.
Se había convertido en mi propia rutina, y mi momento. Había nacido del deseo de dejar dormir a mi bella esposa y ahora era algo sin lo que no podía comenzar mi día.
Mi esposa… Aún recuerdo ese momento. Aun temblaba como una hoja en un día de tormenta cuando lo recordaba. Pensaba que era una broma, pero cuando llegué al invernadero supe que estaba a punto de dar un vuelco a mi vida. No me equivocaba. Esa noche Bella me pidió matrimonio y a pesar de mis intentos por calmarme no pude esperar para la gran boda que mi madre o Alice esperaban. A las dos semanas conseguí convencer a Bella para ir al Ayuntamiento y casarnos en la más estricta intimidad. Bueno, con James y Tanya de testigos. Alice, a pesar de haber pasado 4 años seguía echándome en cara, haber esperado a que ella estuviera fuera de la ciudad, por su luna de miel, para robarle ese momento de nuestras vidas.
Cuando llegué de la cocina y entré en la habitación me acerqué a dónde dormía plácidamente mi ángel. Sabía que en unos minutos abriría esos ojos que me habían enamorado desde la primera vez que los vi y entonces no habría más remedio de calmarla en mis brazos. Con cuidado, la cogí y la coloqué entre mis brazos. Me senté y contemplé a mi pequeña hija. Nessie.
Aún recuerdo cuando llegué a casa agotado después de una larga reunión con unos inversores hace poco más de un año y me encontré a Bella sentada en el sofá hecha una bola y viendo, aunque sin prestarle atención, las noticias en la televisión. Estaba blanca aunque sus ojos brillaban con una intensidad que pocas veces había visto en ella. Me acerqué hasta colocarme de cuclillas delante del sofá. Nuestras caras estaban al mismo nivel. Al verme esbozó una sonrisa que contrastaba con su palidez.
-Buenas noches cariño – la saludé besándole el tope de la cabeza. No tenía fiebre. Mentalmente descarté que estuviese enferma.
-Mi amor – dijo mientras se lanzaba a mi cuello y me besaba intensamente. Vale, ahora estaba seguro que pasaba algo.
-Bella… Cariño… -dije entre beso y beso- Amor… - no podía decir nada, sus manos volaban por todo mi cuerpo desnudándome. No había nada más que me calentara más que sus manos, sus caricias, sus besos. Ella.
-Shh… después, ahora solo quiero hacer el amor contigo – me dijo quedadamente en mi oreja, justo antes de morder el lóbulo.
Pocas veces me podía resistir a ella, y esta vez no fue una excepción. Una vez más fue pura química. Nos pasaba lo mismo desde el primer día. Me preguntaba si algún día se acabaría. No tenía pinta de hacerlo por el momento.
Estábamos abrazados en el sofá, aún con nuestros cuerpos desnudos y entrelazados en un lio de piernas, brazos y caricias.
-Estabas pálida cuando he llegado a casa – le dije recordando como lucía hace un rato.
- Ya… esto… toma – estiró la mano y sacó un sobre de debajo un cojín del sofá y me lo dio. ¿Qué se supone que era esto? La miré dudoso aunque con la sonrisa nerviosa que colgaba de sus labios me tranquilicé. Supongo que no sería malo.
Abrí el sobre con las manos un poco nerviosas. Saqué una pequeña ecografía en la que no veía nada más que unas manchas borrosas, pero lo suficiente para que el corazón me saltara de la emoción. Debajo de la foto solo se leía, escrito en bolígrafo un ¡Hola Papá! No me lo podía creer… bueno sí pero aun así era alucinante.
-Esta tarde he estado en el médico. No me podía aguantar más y ¡Sorpresa! – me explicó Bella.
Sin lugar a dudas fue uno de los momentos más felices de mi vida. Como me dijo Bella el día que me pidió matrimonio, es de esos momentos en los que puedes decir que allí todo cambió. Ahora con mi pequeña princesa en brazos sabía lo que era la felicidad. No es que antes no lo fuera, lo era y mucho, pero supongo que descubrí otro tipo de amor. Puro e incondicional.
Nessie como si supiese que pensaba en ella, comenzó a revolverse en mis brazos y abrió sus ojitos. No era un bebé muy llorón, pero si tenía hambre no dudaba en enseñarnos que sus pulmones tenían capacidad para despertar a toda la ciudad de Nueva York. Cogí el pequeño biberón que le había preparado y ante los primeros quejidos le di su ansiado alimento. Mientras me miraba y me intentaba alcanzar con sus pequeñas manitas se calmó.
Bella y yo habíamos acordado, que a pesar de casarnos en solo dos semanas por mis ansias, dedicarnos a nosotros, a conocernos más, viajar, disfrutar antes de tener hijos. Cuando hace año y poco se quedó embarazada fue una gran noticia. Sabía que era algo que iba a llegar tarde o temprano. Habíamos decidido que era el momento de ampliar nuestra pequeña familia. Dejar de ser nosotros dos para ser uno más. Incluso nos habíamos mudado a una casa "más familiar".
Nessie me miró con sus ojitos claros y acaparó mi atención de nuevo. Su pelo oscurecía a medida que pasaban los meses, y todo parecía apuntar que sería como el de Bella. Todo el mundo decía que se parecía a Bella, aunque con mis ojos. No le quitaba razón, esta pequeñita era igual que su madre, y yo no podría estar más encantado con este parecido.
Podría pasarme toda la mañana mirándola, al fin y al cabo era nuestro momento. La primera mañana de domingo que se la dediqué única y exclusivamente a ella fue porque Bella no aguantaba más y necesitaba descansar más horas. Bella bromeaba que si quería hacer algo los domingos por la mañana con nosotros tenía que pedir un permiso formal. "A ver si me voy a poner celosa de mi propia hija, Edward Cullen"
La quité los gases, le cambié el pañal y la mecí un poco hasta que se relajó. Sabía que se volvería a dormir en cuestión de minutos. Y así fue. La volví a dejar en su cuna y encendiendo los aparatos de vigilancia volví al cuarto en el que descansaba mi bella esposa.
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Bella dormía hecha un revoltillo con las sabanas. Siempre hacía lo mismo, si no estaba yo para trepar por mi cuerpo, se liaba entre las sabanas. Estaba desnuda. Como prácticamente siempre. Pocas veces usábamos pijamas… total, ¿para qué?
Me acerqué a ella y cogiendo unas flores del ramo que llevaba le acaricié con los suaves pétalos su delicada cara. Después de tantos años me seguía atrapando su belleza.
Cuando abrió sus dulces ojos y me vio con el ramo sentado a un lado de la cama sonrió tímidamente. Tantos años, tantas aventuras juntos y su rubor seguía apareciendo prácticamente a diario. Me maravillaba.
-Felicidades cumpleañera – le dije mientras me acercaba a ella para besarla como era debido.
-Mmmmmm gracias – me contestó tirando de mi para dejarme estirado en la cama sobre ella. – así da gusto cumplir años.
- Me alegro que tu idea haya cambiado desde tu primer cumpleaños que pasamos juntos. – le dije mientras comenzaba a repartir besos por su estilizado cuello –
- Eso es merito solo de mi adorado marido, que me hace disfrutar de todos los días, incluido el de mi cumpleaños. – me dijo sonriente.
Y así era, cada año me reservaba este día para ella. Sin importar nada, solo existía ella para mí. Este año sería el único en el que debería compartirla con alguien más, pero no había fuerza humana que pudiese separar a Bella de su pequeñita, como ella la llamaba.
-Me alegro, debe ser un gran hombre – le contesté mientras bajaba por su cuello, dejando un camino de besos hasta llegar a sus, ahora un poco más grandes, pechos.
Después de tantos años adorándola, amándola, podría describir cada recoveco de su cuerpo, cada peca, cada pequeña cicatriz, todo.
-Edward… mi amor… -dijo entre jadeos- Nessie, se despertará – Paré mi recorrido hacía el sur de mi mujer para mirarla a la cara con una sonrisa, según ella misma decía, marca de la casa.
-Nuestra preciosa niña está plácidamente dormida, después que su perfecto padre la mimará un poquito – instantáneamente su sonrisa apareció y me cogió la cara para besarme.
La pasión nos volvió a desbordar. La besé por todo su cuerpo, la acaricié, de la misma manera que hacía ella conmigo. Estaba caliente y completamente mojada. Yo no podía esperar mucho más.
-Edward no puedo espera más, no me tortures más – me dijo revolviéndose contra las sabanas y contra mí.
Sus deseos siempre eran órdenes para mí, así que entré en ella y comenzamos a movernos con un ritmo trepidante, como siempre. Pasión. Química. Puro fuego.
Su espalda se arqueó y noté que comenzaba a tensarse en torno a mí, al poco tiempo estalló su orgasmo. Con unos movimientos más, la acompañé. Nos desplomábamos los dos en la cama intentando recuperar nuestra respiración. La abracé tiernamente entre mis brazos. Siempre tenía la necesidad de tenerla en mis brazos, era una manera de asegurarme que seguía conmigo, a mi lado, dónde la necesitaba siempre y para siempre.
-¿Estás seguro que no nos podemos quedar así todo el día? – me dijo mientras sus pequeñas manos vagaban por mi pecho esparciendo tiernas caricias.
-Yo no te pondría ninguna pega, bien lo sabes, pero estoy seguro que el ángel que tienes por hija y el demonio que tienes por cuñada no te lo permitirán – le dije mientras ella soltaba una gran carcajada.
-No deberías haberlo dicho en voz alta, has abierto la caja de Pandora y ahora todo el caos familiar nos engullirá –dijo escondiendo la cara entre mis brazos.
- Bueno… si te portas bien prometo compensarte. – le dije llamando su atención como siempre que la retaba con algo así.
- ¿Es eso una promesa mi amor? – me dijo con voz sugerente.
- Siempre. – le dije mientras alargaba mi mano para sacar uno de sus regalos de la mesita de noche. Lo había dejado preparado ayer por la noche.
Abrió los ojos cuando identificó la cajita. Me sonrió a la vez que la abría.
-Pensé que valía la pena actualizarla – le maticé mientras ella se ponía la pulsera igual que la que llevaba puesta, pero con unas nuevas coordenadas. La de este nuevo hogar.
- Mi nuevo lugar en el mundo. ¿Sabes? Cuando llegué aquí pensaba que era la ciudad la que me ofrecía una nueva vida. Hoy sé que no es el dónde sino quién hay mi lado quién me da la vida. Y mi hogar siempre estará dónde esteis tú y Nessie.
- Te quiero mi amor. – le dije mientras la besaba.
-Yo también te quiero, Edward.
Fin.
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Como os dije en el capítulo anterior, os quiero agradecer todo el apoyo que ido recibiendo en forma de follows, alertas y, sobretodo, por aquellas que os habéis animado a dejarme una review. Me ha hecho mucha ilusión saber que hay alguien al otro lado leyendo ésto. MILES Y MILLONES DE GRACIAS.
Estoy creando una nueva historia... A ver si me animo a colgarla. Espero que podemos leernos próximamente en cualquier historia del mundo FF. Gracias.
Nos leemos,
Saludos ;)
