ORI—

Por Zury Himura


Disclaimer: los personajes no me pertenecen, la historia sí.


PARAMOUR

MELTED GOLD IN A RUBI GLASS

Capitulo 5

Apretó fuertemente los ojos, forzando a su mente a salir de ese sueño profundo en el que creía que se encontraba. Pues en sus memorias veía a su madre lavando la ropa junto al arroyo mientras ella le arrojaba manzanas a su… era decir, le ayudaba a su hermano a cortar manzanas para su tarta. Cuando por fin despertó, estudió su alrededor, resoplando con alivio al ya no ver a ese enorme dragón, a ese pelirrojo extraño y al rey que seguro se había pasado de copas para que hubiese dicho tanta tontería. O… tal vez había sido ella la que se había pasado con el alcohol; lo presentía por su fuerte dolor de cabeza.

Se sentó, acariciando sus sienes mientras removía algunas cobijas de su cuerpo y buscaba la marca que se le había impuesto la noche anterior. Sin embargo, tuvo que detener sus movimientos al ver la figura negra del hombre sentado y recargado en la pared, con algunos de sus mechones rojos que salían de su capucha. Estaba ahí, no le miraba, pero parecía estar esperando en silencio. Su forma de ser era tan extraña que incluso sintió curiosidad por su pose y las expectativas que seguramente tenía como para haber aguardado toda la noche para que ella despertara. Eso significaba que todo lo que había ocurrido era cierto.

Alarmada, se cobijó de nuevo, pensando en la posibilidad de que se había quedado ahí con el solo propósito de verla dormir. Si era así… ¡Sí que era un pervertido! Pero, aun así, quiso saber más de él. El supuesto rey de la conocida isla Doragon que descansaba bajo la constelación de Orión.

Intrigada, gateó hasta quedar a solo unos cuantos centímetros de distancia de él. Con las manos empuñadas contra su regazo y las cejas fruncidas. Lo tenía ahí y le reclamaría todo lo que se había guardado durante todo ese tiempo. Por fin, el conejito había caído en sus manos. Él alzó la mirada prestándole atención por primera vez, sin ninguna sonrisa, o muestra de que verdaderamente le interesaba. Más que nada parecía como si estuviera esperando algo, posiblemente preguntas además de información. Pero fue incapaz de leer su silencio. Por primera vez deseaba que alguien hablara más que ella. Sobretodo él.

—No despertaste —manifestó él un poco seco mientras se iba poniendo de pie. Y, hasta ese momento Kaoru se dio cuenta de lo extraño de su pregunta, pero también de su pose. Si él verdaderamente era un rey, y por lo que había atestiguado la noche anterior, si era presuntuoso y arrogante, entonces ¿qué hacía sentado en el piso preguntándose por ella?

—Am… —Ella señaló su cara con sarcasmo—, a mí me parece que sí.

Él guardó silencio atravesando la habitación larga y decorada con muebles blancos al igual que el resto. Entonces, solo para hablarle a distancia, se volvió a sentar en lo más lejano del cuarto y de nuevo en el piso, aun con la capucha cubriéndole la cabeza. Si su intuición femenina no le fallaba… parecería como si estuviera evadiéndola por alguna razón, cuando solo instantes atrás, cuando despertó, le dio la corazonada de que estaba esperando que ella lo hiciera para averiguar algo.

Huh, era demasiado extraño.

Sin decir una segunda palabra, ella le siguió. Si distancia era lo que le incomodaba y lo que imponía, entonces eso era lo que no le daría. Más que nada era un estilo de provocación que usaría como venganza por el puño de mentiras que se habían fabricado los últimos tres años, él junto a Yukishiro.

Lo vio alzar la mirada nuevamente, y pensó que al verla acercarse seguramente se movería de lugar nuevamente. No obstante, esta vez pareció que esperaba por ella, y a consecuencia de eso se llenó de nerviosismo. También, sintió un golpeteo en el pecho al llegar a esa esquina, como un presentimiento de que había algo similar alguna vez. Sin embargo, sabia que nunca lo había visto y estaba segura nunca se había acercado a un hombre de esa manera.

Aun así, no paró, sus piernas se movieron sigilosas y constantemente al mismo ritmo de los rápidos latidos de su corazón. Atraída por la intensidad de su mirada, caminó apresurada, como si él tuviera en su poder un par de cuerdas invisibles que la halaban hacia él. No… como si su cuerpo fuera el que quisiera estar a su lado con tal urgencia. Intimidada por su deseo, impuso su pie cuando estuvo enfrente de él, para apaciguar su paso y frenar un impulso que no entendió.

Pero… que al parecer él sí había entendido. Pues cuando se atrevió a mirarle nuevamente a los ojos, una suave sonrisa se había dibujado en sus labios y su mentón se había alzado levemente para observarla directamente. Como si la leyera, como si supiera el motivo de la locura que la poseyó… como si conociera sus adentros y entendiera más que ella misma.

—Es suficiente —resopló él en forma de burla—, si esta eres tú, por el momento no me interesa.

Kaoru se quedó parada en su lugar un poco confundida mientras lo veía salir de la habitación. No lo tomaba personal, ni siquiera se ofendía. El hombre seguro estaba malhumorado y se notaba que era antisocial. Así que no le costó nada regresar a su lugar y tomar el desayuno que habían dejado en la mesa. Tenía en claro cuál era su posición, ella solo servía al rey, fuera él u otro. Asique no dejaría que la superioridad de alguien la opacara o que la dañara como para darles más importancia de lo que tenían. Pues a ella solo le dolerían su amigos y familia. Ellos y los aldeanos eran su prioridad.

El pelirrojo salió de la habitación y afuera se recargó contra la puerta, dejando que su cabeza rebotara contra la pared. Sus ojos pajizos se enfocaron en otra pared mientras sus labios se apretaban ligeramente. Lucía como ya era costumbre, sin emoción y apático, ante todo. Serio y calmo, como preferían creerle. Como se había destruido después de tantos años, después de tanta espera.

Sagara lo observó de lejos, al ser guardián de la habitación real. Él y nadie más podía entrar a ahí, pues era único que le conocía aparte de Enishi Yukishiro y ahora Kaoru. Su amigo, el rey ante los oídos de todos los demás, parecía sufrir cada más en silencio, al menos lo que restaba de él. Cuando Kaoru por fin apareció con las primeras señales de su renacimiento creyó que todo cambiaria. Que Doragon volvería a ser el mismo de antes y que su ser se avivaría. Mas lo pensó demás. Pues el hombre vivió con más cautela que de costumbre, anonimato ya innecesario a su parecer, y, se marginó de toda posibilidad de conocer a Ori nuevamente.

¿Por qué?

Quería creer que era porque esperaba ansiosamente o en secreto. Pero… si era sincero ni él lo entendió del todo. Esperó a que la ceremonia si iniciara y la reclamó a los catorce años solo para asegurarse de que no se iría o huiría, a pesar de conocerla desde su nacimiento y saber quién era, cuando pudo tomarla fácilmente. Simplemente se alejó de ella mirándola de lejos siempre, cuidándola en caso de que necesitara su protección, mas se limitó a interactuar con ella. Por cautela, por saber qué clase de mujer sería con la que se toparía ahora que había vuelto. Deseaba saber si era la misma o una diferente, encontrando solo rastros de lo que fue su Ori. Guardando secretamente la esperanza de que una vez que ella despertara se trataría de la misma mujer y no de una que por ahora era incapaz de ver como lo fue.

Para él, para Doragon… si no era ella, era ninguna. Así vivió todos esos años y estaba seguro que así seguiría si Kaoru no era lo que esperaban. Creía, que Kenshin solo la estudiaría y si terminaba discrepando con su antigua esencia, él, su amigo, solo cogería su poder y volvería al cielo para arreglar aquellas cosas que dejo pendientes con sus enemigos. Ya no encontraría otro motivo por el que tenía que esperar en la tierra… ni una razón para seguir siendo humano.

Se rascó la cabeza; solo espera que Kaoru pudiera entender si alguna vez Kenshin le explicaba y si no… él se aseguraría de hacerlo por él.

II

Aclaró su voz para despistar y acomodó sus cabellos detrás con nerviosismo cuando lo vio entrar después de un buen rato y volver a sentarse por la ventana. Si este era el rey, necesitaba mostrarse respetuosa ante todo antes de abofetearlo y tirarlo por la ventana. Así que se acercó nuevamente, sacó su katana y la postró en el piso mientras ella se iba hincando, pero entonces, su acto fue interrumpido por el poder de su mano masculina. Cuyos dedos la cogieron de la barbilla, obligándolo a verlo nuevamente a los ojos mientras su otra mano la detenía del antebrazo impidiendo que culminara su acción.

—Tú no… —Le sostuvo la mirada seria mientras la iba forzando a ponerse de pie.

Pese a que se trataba de una orden, su peculiaridad se incrustaba más en su mente, volviéndose un capricho para saber más de él.

—Si en verdad eres el rey, es lo que debo hacer, ¿no? —lo contradijo zafándose de su agarre para quedarse sentada enfrente de él. No podía quitarse la idea de que él le miraba como si tratara de encontrar algo en ella… como si esperara algo. Al menos eso podía decir después de estudiarlo por las pocas veces que le había visto. Posiblemente se estaba sobrevalorando mucho y todo se trataba de Ori—, es lo que se supone que las Oris deben hacer, ¿no?

—¿Las Oris, has dicho? —resoplo furioso abandonando su piel de la misma forma—. No sé lo que te han dicho allá afuera, pero nadie tiene derecho a recitar nuestra historia. Pues no se trata de 'unas' —Se alejó dándole la espada y mostrándole con su mano la pared que dividiría su habitación—…. Siempre se ha tratado de una.

¿Siempre? Eso ya le daba demasiada importancia al puesto, más por lo que había pasado con el fantasma del dragón la noche anterior. Si se había metido en ella y la había poseído, solo estaba esperando a que se ardiera en llamas en cualquier momento antes de que empezara a actuar de forma extraña.

—Entonces, ¿no soy la Ori que buscas? —supuso ella. Pues siempre lo había dicho. Solo se trataba de una humilde campesina que era curiosa—. Ni siquiera soy buena con la espada —se burló de ella misma al recordar como había perdido la noche anterior—; con mis más humildes respetos, exijo que se vuelva a hacer la ceremonia y que se me deje libre. —Después de todo ya ni siquiera sabía quién era el rey— No estoy segura de que posea el valor que me dieron al principio.

Él dejó que sus manos desnudaran su cabeza, dejando libre su larga cabellera suelta que pareció un baño de sangre contra toda su espalda hasta la cadera. Dio la media vuelta mirándola de otra forma diferente a todas las demás. Aunque aún era irreconocible el sentimiento, su corazón golpeó fuertemente su pecho cuando fue escudriñada así. Era la primera vez que lo veía de cerca y con la posibilidad de estudiar todos sus rasgos a la perfección, fue intimidada. Y, si su naturaleza humana no fallaba y si aún no estaba loca por todo lo que había pasado hasta ese punto… se atrevía a llamarlo: una persona hermosa.

—Y… eso es exactamente lo que te hace ser ella —musitó con seriedad y esbozando lo que juró y creyó ser una sonrisa apenas visible—. Lo puedo decir, aunque todavía no lo seas. En cuanto a la espada… no eres buena, pero esa no es tu arma. O, simplemente no debes usar ninguna —soltó él sin ninguna muestra de que lo decía con mala intención.

La esperó por varios minutos para que respondiera. Ella estaba callada observándolo fijamente, tan larga fue la espera que apostó que estaba pensando en las preguntas adecuadas y seguro las más interesantes.

—Tú… me besaste —Al carajo las lecciones de vida que le había querido implicar o incluso lo sorprendida que estaba de por fin entablar una conversación con él. Había esperado por tanto años que simplemente ya no podía esperar—. ¡Me cortaste y me besaste!

—Ah, eso —dijo con decepción—… Supéralo, cosas mejores o peores para ti han de venir. Dependiendo de tu perspectiva.

¿Qué? ¿Quién se creía? ¿Qué había querido decir? Actuó indignada tocándose el pecho a lo que él prestó atención con una sonrisa. Bueno, sí, supuestamente era el rey, pero esperaba al menos una disculpa. No para eso había aguardado tres años de su vida mirándolo de lejos.

—La historia está condenada a repetirse una vez que Ori aparezca, pues así fue planeado. En una de las islas vecinas un rey nació hace años, heredando una corona con gran poder. En otra de las islas un Oráculo ha resurgido con poderes, habilidades y conocimientos de antaño, lo que la hace sin igual. Aquí, la doncella de un dios ha vuelto, mientras que siete artefactos sagrados han resurgido. Todas estas fueron y son señales para que supiéramos que eras tú.

—Y tú… —preguntó insatisfecha con la poca información que se le había dado. Aunque quería detalles, estaba segura que se le irían dando con el tiempo— ¿qué es lo que más deseas?

Él la miró por varios minutos en silencio. Sus ojos vacíos y rostro sin expresión. Su silencio tenso e incómodo fue lo único que le dio, y, luego se dio la vuelta cogiendo la puerta de papel para cerrarla.

—Desde hoy dormirás aquí. Esta pared nos unirá. No puedes separarte de mí. Ese será tu más alto cargo.

Entendía, y aunque él ya no pudo verla, asintió aceptando las condiciones. No era el mejor soldado y tampoco el ejemplar, pero si la vida de ese hombre se le encomendaba haría lo posible por no decepcionar a nadie. Sin más que decir se quedó en silencio en su parte de la habitación mientras se cambiaba. Aún tenía varias preguntas, pero gracias a sus deducciones y atención que había puesto en varias cosas se le eran aclaradas hasta ese momento.

Como por ejemplo el porqué del sobre nombre del rey: el rey sin rostro y necesidad de uno de sus voceros. Nadie lo conocía y ya no estaba segura de que Takani y Sagara también lo hicieran. También su falta de presencia en todo caso, si nadie sabía quién era, era evidente que lo hacía para salvaguardar su identidad. También, a su mente se remontaban aquellas veces en las que Enishi fue contradicho por ambos de sus soldados. Como si quieran hacerlo entrar en razón o recordarle que él no era el rey y que sus decisiones no serían simplemente escuchadas y atendidas 'sin que antes' lo pensara o 'meditara'. Probablemente lo decían para que fuera a informar el verdadero rey.

—A propósito, ¿cómo te llamas? —pregunto ella recapacitando en sus preguntas. Aunque lo del beso aún seguía pendiente—. Y…am, ¿por qué no me dejo que rindiera mis respetos?

—Ya te dije —Con la punta del pie empujó la puerta para volverla a abrir. Era demasiado incomodo hablarle a la pared.

—Ya sé —pronunció ella con un poco de fastidio—. Ori no tiene que hacer esto y aquello, —Pero él tenía demasiadas incógnitas guardadas como para quedarse callada y simplemente hacerse de la vista gorda.

—No Ori, Kaoru…

Frunció el ceño sintiendo algo extraño en su corazón. Sin aclararlo, se preguntó por qué sentía eso cada vez que él la llamaba por su nombre. Se sentía extraño.

—Bueno —sonrojada continuo—… ¿tu nombre?

Doragon… quiso decirle y ver si algo ocurría. Pero estaba seguro que solo le haría la existencia más difícil.

—Kenshin —sopló arrimándose a la puerta nuevamente, con una mueca que claramente expresaba fastidio.

Ella no supo más que decir. Era difícil entablar una conversación con él. Era incómodo y no lo sentía fluido. Hasta su forma de ser no parecía ser la que se imaginó o fue como antes. No la rechazaba como las otras veces. No huía, ni le daba la espalda para dejarla hablando sola, esta vez le estaba dando la cara. Como si quisiera saber de ella.

—Ah, Kenshin es un nombre significativo diría yo —mencionó con nerviosismo. ¿De qué más podía hacerla la plática sin inmiscuirse más de la cuenta? Halagarlo o no, esperaba que no estuviera cruzando ningún límite.

Acordó desviando su mirada para otro lugar. Era la segunda vez que lo hacía—. Se me fue dado por una persona demasiado especial. Además… —Cambió de tema— deja los nervios o la formalidad. Eso lo superamos desde que te bese, ¿no crees?

Ah, qué cinismo. Resoplo molesta, doblando sus cobijas. Quería saber más de esos artefactos que el rey había mencionado, sobre Ori y esas cosas, pero algo dentro de ella le decía que esa no era la ocasión, y, simplemente se dejó guiar por otra clase de intereses.

—¿Te has enamorado alguna vez? —preguntó ella cuando el tema salió a flote. Casi golpeándose contra la pared y a escondidas cuando su nombre fue mencionado. Y se puso de pie siguiéndole cuando se le fue ordenado hacerlo.

—Una vez —comentó él fríamente, caminando por los pasillos hasta llegar al jardín trasero, justo donde se encontraba el sello que hacia tantos años había puesto en la tierra, donde ella había muerto y el mismo que hayan usado la noche anterior—, hace bastante tiempo. Pero me imagino que eso ya es pasado.

A contrario de él, ella nunca se había enamorado. Solo se había sentido atraída hacia el rey Yukishiro y hacia … él también. Pero fuera de eso, nunca había experimentado el amor. Lo cual no era una de sus prioridades en ese momento.

—¿Y ese sello que significa?

—Ah —resoplo molesto—. Haces muchas preguntas. Pero esta es la historia de… algo que se dice que ocurrió hace tiempo —dijo con mirada desinteresada mientras bajaba las escaleras—, de una princesa y un dragón.

Sonaba interesante. Pero en la forma en la que había comenzado su relato le pareció que su voz había bajado un poco de tono y que de hecho le costaba mucho contársela. Al menos decidió prestar atención a esa clase de cuento después de que su seriedad se volviera inquebrantable y una expresión ida apareciera en su rostro, como si se remontara a algún evento. Posiblemente le darían pistas para saber lo que deseaba desde hace tiempo.

—Se escucha demasiado delicado, muy fantástico —opinó ella, animada.

—No lo es. Todo acaba en tragedia. Diría que se trata de una historia de terror. —añadió desviando la mirada del piso, dejando que sus cabellos largos y rojos se resbalaran hacia su pecho para luego levantar la barbilla con burla—. Al final, todos mueren, la princesa muere y el dragón con ella.

Sorprendida porque el rey creyera en ese tipo de historias y las costara con tal brusquedad, decidió preguntarle aún más. Verdaderamente no entendía, pero se sentía interesada—. ¿Y si se encuentran?

—Si lo hacen… el mundo se acabará.

—¿Por qué…?

—Porque esa es la historia de la princesa y el dragón. Y, dentro de su destino, si algún día se encuentran, por lo estúpido de sus promesas, ambos morirán. Él tiene prohibido matar y ella volver a enamorarse.

Era un cuento bastante fantástico y que le erizaba la piel a pesar de no escuchar sus detalles, sin embargo, algo dentro de ella al verlo, le decía que era necesario. —Por favor, ¿puedes contármela?

Él se echó a caminar y sonrió de medio lado.

Continuará…


Notas de autor: Gracias por la respuesta en LA PRINCESA Y EL DRAGÓN, que ya está finalizado. De verdad es una de las historias que más me ha gustado escribir y me gustó el tiempo junto a los capítulos cortos. Ahora seguimos con su secuela ORI y veremos qué es lo que pasa entre nuestra pareja ahora que ambos han cambiado.

Así que de nuevo gracias por la respuesta y el apoyo incondicional. También a las personas que me escriben por aquí, en face o en pm. Les agradezco su tiempo y la molestia. Gracias por todo.