Capi.5

The one that got away

Despertó cerca del medio día buscando la calidez del cuerpo de la chica, lo único que encontró fue el espacio vacío, se levantó de la cama inquieto cuando visualizo que su compañero de noche era el gorrito de orejas de conejo que ella portaba tiempo atrás antes de escapar con él, lo tomo entre sus manos y lo estrujo. Al lado del gorro una pequeña nota dirigida a su persona.

"Darien…

Me di cuenta que no puedo huir y dejar que las personas que no tienen nada que ver sean las que salgan afectadas por culpa mía, no puedo permitirlo. Te aviso que al momento en que estés leyenda esta carta yo estaré en camino al dulce reino, no intentes ir tras de mí, me lleve tu sombrero, parasol y todo aquello que pudieras usar para salir de día, ¡perdóname! Pero así no te pondré en riesgo, la culpa es mía y yo cargare con mi penitencia, no quiero que tú resultes lastimado, no quiero que nadie más resulte herido por tratar de protegerme.

No sé qué vaya a pasarme, no sé cuál será mi castigo por desobedecer a un dios, lo único que se o más bien lo único que te pido es que me busques, búscame una vez más, no este tiempo, no esta vida, búscame cuando nuestros caminos se vuelvan a juntar. ¿Es demasiado egoísta de mi parte?

Espero que la próxima Serena sea más hábil y más inteligente, sepa cómo actuar y lograr el permanecer juntos, ruego y le deseo con todo mi corazón que disfrute el enorme placer de despertar a tu lado. ¡Te amo!

Pd. Cuida mi gorrito

Nos volveremos a ver ¿verdad?
Serena"

Una pequeña lagrima cayó sobre el papel ocasionando que se corriera parte de la tinta, Darien lo estrujo fuertemente y ahogo un grito de agonía.

El inconfundible aroma a quemado envolvió sus sentidos, el humo blanco le indicaba de donde provenía; caminaba con pasos lentos pero seguros, siempre con la vista al frente, decidió no volver la mirada atrás.

Cubría su cabello suelto con la capucha de la capa negra con la que había escapado de su penitencia, bajo esta su traje de costumbre, los mechones dorados se asomaban cayendo a los costados de su rostro.

Hacia algunos kilómetros atrás había dejado a la orilla del camino los escudos solares del joven vampiro, fue la mejor idea que se le ocurrió para evitar que le siguiera. Ella estaba consciente de que si Darien le acompañaba Taiki le castigaría brutalmente, era lo mínimo que podían esperar por desobedecer a un dios; ella había decidió cargar con toda la culpa por sí sola, no quería que nadie más saliera herido, aunque eso significase… bueno, no sabía que iba a pasar con ella. Solamente sabía que tenía que hacer frente a las consecuencias de sus decisiones y con eso protegería a la gente que amaba.

Darien Chiba había revuelto la casa para encontrar cualquier cosa que lo cubriera lo mínimo requerido, caminaba de un lado a otro, a donde volteara había cajones abiertos con su contenido desparramado por todo el piso,

– ¡Maldita sea! –maldecía una y otra vez, tenía que salir de esa casa que se había convertido en prisión al amanecer, se sentía frustrado y tenía miedo, miedo de no volver a ver a Serena nunca más, miedo de que esa niña tonta hiciera alguna otra estupidez que le costara la vida–

Su respiración era agitada, se sentía incompetente, sentía que el mundo se colapsaba sobre si, golpeo fuertemente la pared frente a él, sintió el puño estremecer y un quejido emergió de sus labios. –¡Demonios! –dijo lleno de impotencia, curvo su cuerpo ligeramente recargando su cabeza contra la pared que le había lastimado, su cuerpo comenzó a temblar mientras maldecía una y otra vez, las lágrimas de llenas de rabia se deshacían al chocar contra el suelo bajo sus pies. –


Había arribado, frente a ella se alzaba la ciudadela del Milenio de Plata, las casas se notaban lastimadas, no había ruido que se percibiera, frente a la entrada los guardias de Taiki vigilaban celosamente.

– ¿Qué asuntos tienes aquí? –Pregunto uno de los guardias al momento en que le cerraba el paso-

– Soy Serena Tsukino–dijo firmemente mientras dejaba caer su cabello libremente al quitarse la capucha- Díganle a Taiki que aquí me tiene

El rostro de los guardias frente a ella por unos segundos se notaron desencajados, no podían creer que la chica frente a ellos era Serena, aquella perseguida por todo el reino estaba frente a ellos, serena, con la frente en alto y dispuesta a recibir su castigo.


Caminaba de un lado a otro, un rayo de luz colaba por la puerta de entrada amenazando de muerte al chico vampiro. Miro con frustración hacia la puerta, mirando hacia la lejanía buscando un objetivo distante.

– ¡Maldita sea! –maldijo mientras golpeaba con su puño al puerta, lo había pensado y había decidido que no era conveniente, así que decidió actuar sin meditarlo, sin consultar a la razón; se convirtió en murciélago y salió por la ventana de la casa. No importa cuánto tardará en llegar al dulce reino, de noche recorrería los caminos en su forma normal y mientras el sol estuviera sobre su cabeza lo haría como murciélago; llegaría a dulce reino antes de que sea tarde.


Serena caminaba con las manos amordazadas. Al momento de revelar su identidad el ataque no se hiso esperar, rápidamente la apuntalaron con sus lanzas y le ordenaron no moverse, ella no tenia planes de poner resistencia. Se dejó tomar prisionera y ahora la encaminaban a su celda a esperar el momento de su "juicio".

– ¿Dónde está Seiya? –pregunto ella mientras era encaminada a los calabozos del castillo

– ¿El príncipe? El señor Yaten le asesino –contesto sin rodeos el guardia. Serena sintió que el mundo estremecer y dar vueltas alrededor de ella. ¿Había muerto? Llego demasiado tarde, alguien resulto herido por el egoísmo de ella. Seiya había muerto y todo era culpa su culpa, se había sacrificado por culpa de un capricho de ella, ahogo las ganas de derrumbarse; no iba a permitir que la vieran débil-

El camino hasta las mazmorras continúo en silencio, Serena no quito la mirada del piso, escucho la celda abrirse frente a ella y sintió el empujón de uno de los guardias, cayó sobre sus rodillas en el duro suelo de la celda mientras su consciencia se torturaba el alma por los estragos ocasionados por su deseo egoísta.

Entre los guardias del castillo de Fama el rumor sobre la captura de la chica se había comenzado a dispersar, cuando el joven Yaten apareció entre los pasillos con mirada altiva y pasos firmes hacia la oficina de su padre se tomó como la confirmación perfecta.

– ¡Padre! –Con eso Yaten se anunció al entrar al enorme despacho del dios Taiki– Serena ha aparecido

Taiki se sorprendió enormemente, por fin le habían atrapado. – ¿Dónde está?

– En los calabozos del dulce castillo, se entregó por si sola

Una sonrisa torcida se dibujó en sus labios, todo había salido conforme al plan, el atacar a la gente del dulce reino había surtido efecto, sabía que la chica no les daría la espalda a los ciudadanos en aprietos por su culpa.

Sabía que tarde o temprano alguno de los súbditos del rey de los vampiros o alguien más le llevaría el informe de que se encontraba atacando todas las aldeas en busca de ellos. Sabía que así la chica regresaría, el plan salió a la perfección. La chica había regresado para hacer frente a su penitencia.

No supo cuánto tiempo llevaba encerrada, no sabía cuánto tiempo seguiría esperando. Deseaba poder salir y patear los traseros de los guardias para después encargarse de Mars, pero no lo haría. Si lo hacía era demasiado probable que las cosas acabarían peor de lo que estaban, la única opción que le quedaba era esperar su penitencia.

– ¡Sere! –Escucho que le llamaban, conocía esa voz perfectamente, levanto la mirada y tras los barrotes de su celda la vio; su protectora y mejor amiga estaba frente a ella-

– ¡Luna! –sintió unas inmensas ganas de abrazarla, pensó que también le habían asesinado, agradeció que no fue así. De la misma manera que alguna vez había escapado de la celda volvió a entrar para poder abrazar a Serena con todas sus fuerzas-

– No te preocupes mi niña –dijo Luna mientras acariciaba la cabeza de Serena-

– ¿Cómo puedo no preocuparme? –Decía al borde del llanto- ¡Por mi culpa todos están sufriendo! Darien está en peligro, tu estas en peligro, por… por mi culpa a…asesinaron a Seiya, -dijo en su lastimoso susurro- han… han destruido la ciudadela… han… lastimado gente inocente –su cuerpo temblaba junto a Luna- ¡mírame! ¡No pude hacer nada y estoy aquí llorando como si eso arreglara algo! Regrese demasiado tarde, ¿no es así?

– No, todavía estamos a tiempo. –Serena negó con la cabeza- Si, todo está bien. Tenemos un plan –susurro en su oído-

El caminar de los guardias alerto a ambas, fueron por ella para sacarla de esos calabozos y encaminarla hacia la gran sala del trono; lo único que le comentaron fue que Taiki esperaba por ella. El recorrido fue largo y silencioso después de esas palabras. No fue permitido que Luna les acompañara, le encerraron en uno de los cuartos del castillo.

– ¡Pero ¿porque le hacen eso a nuestra invitada?! –Alego Taiki al verla entrar- Quítenle esas cadenas, rápido, rápido. –Los guardias acataron la orden al instante Serena descanso cuando sintió sus manos libres y el helado tacto de las cadenas fuera de su cuerpo.

– No creo que la joven vaya a decidir escapar o atacarnos, sería muy tonto de su parte –agrego Taiki con tono cínico mientras una sonrisa burlona con mirada fulminante y altiva acompañaba sus palabras. Serena no se molestó en esconder su enojo ante el comentario hipócrita del dios; torció los labios y esquivo su mirada.

– ¿Es que de verdad eres tonta? –Escucho la voz de Yaten hablándole– ¿Es que no entiendes tu posición?

Serena no dijo nada

– ¿Es que no sabes que TU vida depende de nosotros en este momento? –Dijo mientras caminaba hacia ella con mirada retadora y la frente altiva-

Serena seguía callando.

La tomo por la barbilla para hacer que le viera, acerco su rostro hasta tan solo unos centímetros de distancia, Serena volvió a temer al fijar la mirada en los ojos de Yaten, su cuerpo lo demostraba aunque ella quisiese esconderlo, lucho contra sus instintos acobardados, se recrimino mentalmente y trato de calmar sus sentidos que le recorrían el cuerpo inundándolo de temor, acallo sus temores y frente se mostró valiente y molesta a la vez. Su boca ligeramente torcida y en sus ojos se mostraba el coraje que le infundía el personaje frente a ella

– ¿Es que no sabes que tu –callo unos segundos y agrego cínicamente- travesura -Sonreía cínicamente-se pagará muy cara?

Mantuvo cercano el rostro al de ella, podía sentir su respiración, su semblante se notaba sereno y amenazador; Bajo sus dedos Yaten pudo sentir el cuerpo de Serena temblar ligeramente. Sonrió mentalmente satisfecho, soltó la barbilla de Serena, la miraba esperando alguna reacción de ella–

– ¿Qué quieren de mí? –pregunto Serena en un hilo de voz, le mantuvo la mirada fija, se mostraría fuerte ante él aunque por dentro estuviera temiendo inmensamente por la gente que amaba–

– ¿Qué queremos de ti? –pregunto Yaten en retorica mientras encogía los hombros–

– Mi padre no sé qué querrá de ti; Yo por otro lado…. –dejo escapar una sonrisa nasal– Me dejaste plantado con mis invitados, huiste con un pendejo, te burlaste de mí y de mi familia, violaste la voluntad y las costumbres de los dioses. ¿Qué quiero yo de ti? –Pregunto cómo en burla, como si la respuesta fuera de lo más obvia– Quiero enviarte al tártaro, quiero que recibas el mayor de los castigos por atentar contra la voluntad de los dioses.

En un chasquido de sus dedos unas cadenas negras aparecieron en el piso para tomarla prisionera por las muñecas. Lo corta de estas provoco que Serena cayera de rodillas sobre el suelo. Su mandíbula temblaba ligeramente y sus ojos abiertos como plato, su largo cabello dorado caía a los costados de su rostro ligeramente gacho.

Percibió a Yaten cuando recargándose en una rodilla se hinco frente a ella, la tomo una vez más por la barbilla, le sonrió torcidamente. Soltó su rostro, se puso de pie, la miro despectivamente desde arriba. Sintió su costado izquierdo doler cuando él le golpeo con su pierna sobre las costillas. No pudo evitar encorvarse de dolor y ahogar un grito.

Cuando el manto oscuro de la noche cubrió los territorios Del Milenio de Plata Darien pudo regresar a su forma normal, hacía poco tiempo había atravesado la frontera. Duro más de seis horas viajando como vampiro y aun no llevaba ni la mitad del camino, tendría que apresurar el paso si quería llegar con Serena. Pese al cansancio en sus músculos y el agotamiento mental y físico no hiso otra cosa si no acelerar, tenía que llegar a su lado a tiempo.

Los últimos rayos del sol entraban por el enorme ventanal, Serena aún se encontraba en el centro del inmenso y vacío salón encadenada al suelo. Se sentía cansada y adolorida. No sabía cuánto tiempo había durado inconsciente, tampoco sabía hacia cuanto tiempo Yaten y Taiki le habían abandonado.

Solamente habían desaparecido frente a ella con esa sonrisa cínica y torcida en sus labios, poco tiempo después ella desfalleció de cansancio sobre el helado suelo.

Ahora que estaba consiente se preguntaba por el paradero de Yaten y Taiki, se preguntaba por qué le habían abandonado sin vigilancia alguna. Recorrió con su mirada el amplio salón, se enfocó en la bella media luna que se divisaba en el cielo nocturno, le pregunto por Darien en un intento absurdo ya que jamás le contestaría. Rogaba por que estuviera a salvo en la lejana aldea y que jamás le encontraran.

Escucho unos pasos acercarse a ella, su cuerpo se tensó pensando en la posibilidad de que fuera Yaten, Taiki o alguno de los guardias. Una pata peluda se posiciono sobre su espalda, la conoció en el acto, sus músculos se relajaron cuando escucho la voz de su mejor amiga llamarle.

– Niña… ¡Esos malditos me las pagarán! –Dijo Luna molesta al ver el rostro lastimado de Serena, ella se limitó a sonreír torpemente tratando de calmar a su mejor amiga e indicarle que estaba bien–

Luna revoloteo el bolso que le acompañaba, saco un botecito de un ungüento apestoso, lo abrió y Serena no pudo evitar hacer una mueca de asco al oler.

– ¡No te quejes! ¡Esto te curara rápido! –Dijo Luna mientras cubría las heridas de Serena con el ungüento–

Mientras Luna le curaba le dolía el cuerpo, no tenía huesos rotos pero le dolía el moverse y el sentir el tacto de la pata de su hermana. Le levanto la blusa por la espalda, Luna sintió ganas de llorar al ver el estado de su hermana, ahogo el exclamar en sorpresa para no asustarla o preocuparla, se limitó a tragar gordo y seguir curándola cuidadosamente.

Una vez que termino Serena comenzó a sentir un alivio, el extraño ungüento era refrescante, fuera del aroma se sentía muy bien sobre su cuerpo adolorido.

– Sere… ¿Y Darien? –Serena rio torpemente ante la pregunta–

– No quise que me acompañara –Luna le miro expectante esperando que profundizara más la respuesta– Si me acompañaba él también hubiera sufrido esto, él también hubiera salido lastimado por mi culpa. No quiero que eso le pase

Serena callo unos segundos

– Te diré que le robe todos sus escudos solares –Rio al recordar la escena de ella buscando por toda la casa cualquier cosa que pudiera utilizar el joven para salir a la luz del día–

– Los tire al lado del camino –Agrego torpemente, como cual niña delatando una travesura– Fue lo mejor que se me ocurrió

Luna le acaricio la cabeza, le sonrió invadiéndola de confianza y apoyo en su decisión. – Sere, No eres la misma de antes. Has madurado, tus motivos han madurado. –Le abrazo tierna y protectoramente– ¡Te quiero mucho!

Serena le correspondió. Al romper el abrazo Luna se acomodó entre las piernas de Serena, se dispusieron a descansar un rato, a descansar y compartir tiempo juntas como hacía más de tres meses no pasaba.

Se encontraban soñando, la luz de la luna iluminaba sus rostros cuando algo las alarmo; unos pesados pasos se acercaban a ellas, la cola de Luna se encrespo, una mano la levanto de su lecho tomándola por el pelaje. El maulló agudo alarmo a Serena. Frente a ella Taiki sostenía despectivamente a Luna que intentaba arañarlo.

Serena intento ponerse de pie pero las cadenas que la amordazaban no se lo permitieron, cuando lo intento solo logro ser jalada al piso nuevamente, el maulló de su Mejor amiga le alarmaba tremendamente.

– ¡Taiki! –Escucharon una voz seguida de una gran ventisca que revolvía todo en el interior del castillo- ¡Te atreviste a lastimar a mi querido príncipe, llego el momento de pagar!

– Reina Mercury, ¿tú también desafiaras a un dios? ¿También quieres ser castigada? –Pregunto Taiki con el rostro altivo, dejo caer a la gata sobre el piso-

– Poco me importa, tu hijito lastimo a Seiya y lo vas a pagar.

Las cadenas que aprisionaban a Serena se congelaron, Luna rápidamente las golpeo liberando a Serena. La reina le dedico una cómplice sonrisa; rayos congelantes salieron de sus manos dirigidos directamente al dios, los esquivo con facilidad. Formo bolas de fuego que comenzaron a girar alrededor de su mano, en un movimiento las dirigió hacia la reina helada, las esquivo para después crear púas de hielo que emergían del piso

Serena miraba atónita la pelea, ¿Cuándo había pasado eso? ¿Cuándo los papeles habían cambiado y la reina Mercury la salvaba?

–¡Serena! ¡Cómo me alegro que estés bien! –escucho que le hablaban, volteo hacia donde provenía la voz y lo vio entrar, Seiya montado sobre Lord entrando por el mismo ventanal roto por el cual hacia unos instantes entro la reina Mercury-

– ¡Por Dios viejo! ¡Pensé que habías muerto! –dijo Serena en un respiro aliviada-

– Estuve a punto de, pero la reina Mercury me salvo –dijo el al descender de un brinco del lomo de Lord, abrazo a Serena en señal alivio y bienvenida-

– ¿Qué? ¿Cómo? –pregunto atónita-

– Solicite su ayuda, le pedí que uniéramos fuerzas

– Pero… ¿Por qué accedió? ¿Qué paso?

– Serena, no es el momento para preguntas, tenemos que buscar la manera de arreglar esto –alego Seiya- ¿Dónde está Darien?

– Yo… Se quedó dónde estábamos –contesto firmemente- No permití que me acompañara

El grito de dolor de Mercury inundo el lugar como recordatorio que la batalla continuaba. Seiya le extendió a Serena una espada dorada. Ella la miro incrédula y una gran sonrisa como agradecimiento apareció en su rostro. La tomo fuertemente por el mango, respiro profundamente e hiso frente a Taiki.

– Lastimaste a los habitantes del Milenio de Plata, heriste a la reina Mercury, amenazaste a mis amigos y sé que una vez que declares tu castigo contra mi iras contra Darien. –Serena levanto su espada contra Taiki– ¡Te prometo que no te lo permitiré!

Serena corrió hacia el dios y lo ataco con una corte esquineado de su espada, no recibió ni un rasguño, al contrario sonrió maliciosamente y en un halo de oscura energía que emergió de su mano hiso a Serena volar hasta topar con la pared del castillo. Ahogo un grito y soltó la espada cuando su cuerpo choco con la pared.

– No eres más que una niña tonta, todas tus acciones solo empeoraran la situación – la voz del dios resonó en el lugar-

Luna que vio la escena rápidamente corrió en un intento por rasguñar o morder al dios, este detuvo a luna con una ráfaga de viento que la hiso perder el control y chocar contra Seiya y una adolorida reina Mercury.

Serena contemplo la escena horrorizada y temerosa, se puso de pie y tomo la espada entre sus manos.

– ¡Deja a mis amigos! –fue su grito de batalla mientras volvía a intentar golpear al dios, esta vez presencio en cámara lenta mientras se formaba nuevamente el halo de luz, lo esquivo en un movimiento que tomo a Taiki por sorpresa, de un tajo le corto parte de las ropas y rasguño su vientre, Taiki salto hacia atrás para evitar que el golpe le diera de lleno.

Una pequeña risa emergió de los labios de Seiya, para Taiki fue lo más prepotente que pudo escuchar – Esa espada está hecha de un material especial que puede lastimar lo inmortal. –Sentencio Seiya–

Taiki ardió en cólera, una onda expansiva emergió de su cuerpo golpeando todo a su paso, Luna rápidamente empujo a Seiya y la reina Mercury entre su cuerpo para protegerlos del golpe, Serena se cubrió con el antebrazo derecho donde cargaba la espada, con sus pies trataba de aferrarse al suelo.

La espada concentro toda la energía que la golpeaba a su alrededor, la hoja comenzó a brillar, Serena se sorprendió al ver la hermosura de la hoja al despedir ese singular brillo.

Tomo fuertemente el mango de la espada, era ahora o nunca. La onda expansiva aun emergía de Taiki, con la espada frente a ella como un escudo se acercó hasta el dios, la hoja brillaba hermosamente

Se sintió capaz de todo, capaz de terminar con esa tontería de obligaciones y castigos por desobediencia a los dioses, respiro profundamente, blandió segura la espada y corrió hacia el dios. Le ataco directamente y con fuerza, un golpe certero, directo al costado izquierdo del dios.

– ¡Tonta! – Su aparición le tomó por sorpresa, Yaten detuvo la hoja de la espada con su mano, un poco más que hubiera tardado en llegar y hubiera sido el fin del dios.

Yaten apretó la hoja de la espada y esta se quebró, Serena no supo cómo reaccionar. Con una ráfaga Yaten la hiso volar por los aires, cuando la gravedad la arrastro su cuerpo choco fuertemente contra el piso.

– ¿Qué paso Seiya? –Pregunto Luna mortificada– ¿Por qué la pudo romper y no le hiso daño?

– ¡No tengo idea! ¡Se supone que esa espada puede lastimar a los dioses!

– Ese chiquillo si salió lastimado–comento la reina Mercury– miren su mano

De la mano derecha de Timor un camino de sangre recorría hasta caer libremente hacia el suelo, la armadura que llevaba se había roto ante el impacto y en su mano una gran cortada le atravesaba.

– ¡Insolentes! ¡No son más que mortales, todos ustedes perecerán por atentar contra los dioses! –Serena aun en el piso escucho la voz de Yaten, ardió en cólera. Su cuerpo le dolía, se sentía machucado, sus piernas débiles y algunas costillas seguramente rotas, eso no evitaría que se levantara una vez más, y otra y otra más y todas las que fueran necesarias –

– ¡Estoy más que harta del fuero que creen poseer! –Grito Serena molesta mientras se ponía de pie con dificultad, tambaleo al levantarse pero logro mantener el equilibrio. Una vez más intentaría derrotarlos, y si volvía a fracasar, volvería a levantarse, con solo poder darles un golpe certero todo terminaría, debía levantarse las veces necesarias hasta poder dar ese golpe-

– ¡Ustedes no son intocables! –Alego Serena- No tenemos por qué temerles, ¡Los mortales no somos tus juguetes! –Alego ella mientras caminaba torpemente hacia los dioses, en su brazo derecho cargaba la espada que había abandonado cuando Seiya le entrego la nueva. Arrastraba el pie derecho por no poder ejercer presión sobre el– ¡No puedes hacer con nosotros lo que quieras! –

– No son más que peones –agrego Taiki secamente–

– Tenemos voluntad propia -agrego en un suspiro esperanzador-

– ¿A dónde te ha llevado esa voluntad? –Pregunto irritado acercándose a ella– ¿A dónde los ha llevado a ti y a tus "amigos"? –pregunto el, ella callo- Yo te diré; Esa voluntad los condena a la penumbra absoluta, a ti y a todos los que creyeron poder contra la voluntad de un dios, –Taiki callo, el silencio era sofocante para todos los expectantes– ¿es que no lo entiendes? Tu voluntad es mía, ¡la voluntad de todos es mía! ¡Yo soy un dios, yo soy el poder! ¡Yo decido que pasa! –sentencio engreídamente-

– Y si tienes el descaro de atentar contra mi voluntad, entonces eres un traidor, una escoria y mereces el peor de los castigos. Mereces ser pisoteado por el poder

– Todos aquellos que son pisoteados están de nuestro lado, todos ellos pelean con nosotros. ¿Por qué hay que acatar ciegamente tu voluntad? ¿Por qué no le podemos decir al poderoso "Estas mal"? –Serena se desesperó, se notaba en su voz– ¿Por qué tengo que convertirme en fugitiva para poder vivir mi vida? ¿Porque tengo que acatar tu voluntad sin cuestionar? ¡Hay algo terriblemente mal con tu "sistema"¡ –Su respiración era agitada– Y si yo soy un peón, seré el peón de los pisoteados, seré el peón que te diga "estas mal" y que pueda blandir su espada frente a ti para demostrarte que solo eres uno más.

Taiki molesto ante las palabras de Serena le abofeteo como cual regaño a una niña chiquita. Ella mantuvo su rostro volteado, su mejilla ardía y la mano donde blandía a la espada temblaba pero no de temor, temblaba de coraje e impotencia, temblaba de orgullo pisoteado y de voluntad. Escucho los pasos de Taiki al alejarse de ella. Uno, dos, tres, cuatro, cinco….

– Lo único que tengo es mi voluntad y no la tendrás. No te la daré. –Dijo Serena al levantar su rostro y mirar fijamente la espalda del dios-

– No quiero tu voluntad, ¡la aplastaré! –agrego Yaten molesto.

Desde su posición lanzo una bola de energía directo a Serena, ella no se sentía con las fuerzas necesarias para esquivarla, cerró los ojos y apretó fuertemente el mango de la espada pidiéndole que le transmitiera valor.

Un rápido sonido, el blandir de un arma al cortar el viento, el grito ahogado de Yaten al ser golpeado, la respiración detenida de los expectantes, el sonido de Taiki al darse la vuelta y mirar a su hijo lastimado en el suelo.

Todo fue tan rápido, los sonidos atiborraron los oídos de Serena como cual lluvia de meteoritos, abrió los ojos, de espaldas frente a ella una sonrisa conocida le saludo sobre el hombro.

– ¡Llegue a tiempo! –dijo mientras respiraba agitadamente, en su mano derecha el hacha-bajo, su cuerpo aún se encontraba en posición de ataque. Serena rápidamente recopilo la información; Darien le había salvado, había devuelto el ataque de Yaten. Una enorme sonrisa esbozo en su rostro, le abrazo por la espalda y hundió su cara en ella.

– ¡Eh, calma! ¡Todo está bien! – Darien voltio hacia ella para quedar de frente, tomo su rostro entre sus manos, limpio un poco de la tierra sobre su mejilla –

– ¡Maldito vampiro! –La voz de Yaten resonó- ¡No me des la espalda! –Dijo en un grito acompañado con una cólera de fuego hacia los amantes, Darien tomo rápidamente a Serena y se elevó con ella, voló rápidamente hasta donde Seiya, Luna y la reina Mercury.

– Luna, ¡cúrala! ¡Intentare hacer tiempo! –Dijo a Luna cuando dejo a Serena en el suelo, Serena intento decirle algo, Darien miro sobre su hombro a Yaten que se dirigía hacia ellos – ¡Cuídense!

Darien voló rápidamente hasta Yaten, este le miro con coraje. Yaten lanzo bolas de energía hacia Darien, algunas las esquivo ágilmente mientras otras las golpeo con su bajo regresándoselas al dios que no se demoró en esquivarlas.

Darien aprovecho su distracción y le arremetió con una patada que le hiso caer al suelo.

– ¡Te vencí Yaten! –su grito resonó en toda la habitación, pese a la emoción que sintió Serena cuando lo vio frente a ella, ahora su semblante era otro, estaba preocupada por lo que pudiera pasarle ahora que estaba frente a los dioses – Eso quiere decir que bajo las leyes de los dioses estamos comprometidos. ¿O no? ¡Te lo advierto, tú serás el pasivo!

Yaten ardió en cólera ante la broma de Darien, no se hiso esperar su ataque. Desde su posición en el suelo levanto su dedo contra Darien para dirigirle un rayo, apenas logró esquivarlo. El dios apareció tras de él, Darien no lo percibió a tiempo, sintió su presencia hasta que la bola de energía que formo en su mano le dio de lleno en la espalda provocando un grito de dolor del vampiro.

Darien cambio su forma por la de una criatura negra con tentáculos, tomo a Yaten con ellos y este ahogo un grito de dolor mientras le estrujaba fuertemente, en sus manos aprisionadas creo bolas de fuego que quemaron los tentáculos provocando que aflojara su amarre soltando al dios. Darien cambio a su forma normal y tomo su hacha-bajo en sus manos

Blandió su hacha contra él, desapareció antes de poder golpearlo, apareció sobre el vampiro arremetiéndole con una corriente que le hiso chocar contra el suelo.

El dios junto energía en sus manos, una luz incandescente similar a la luz solar, voló hacia el vampiro para darle de lleno y que no pudiera escapar del golpe definitivo.

– ¡Darien! –el grito de Serena le hiso reaccionar, al abrir los ojos lo vio, vio al dios caer en picada hacia el con la energía acumulada en su mano, sintió su piel arder al acercarse hacia él. Lo miro acercarse, su piel ardía a un mas, el grito de Serena le indicaba que podía ser el fin, mientras más se acercaba más ardía su piel, era solo cuestión de segundos, vio sus ojos, y su sonrisa cínica indicando que era el final, su piel ardió. Espero hasta el momento justo en el que estuviera tan cerca de él que no pudiera evitar el golpe, en un rápido movimiento se movió justo antes de que el dios le golpeara, dado a la cercanía que se encontraba del suelo no pudo evitar estrellarse contra este cuando Marshall se levantó.

Darien lo miro estrellado en el suelo, escapo un suspiro de sus labios y se dejó caer sobre el piso, escucho tras de sí los pasos de Serena corriendo hacia él. Ella le abrazo por la espalda mientras uno de sus brazos lo sujetaba por el cuello.

¡Clap, Clap, Clap!... Aplausos esporádicos inundaron la sala, miraron a Taiki quien aplaudía y sonreía cínicamente, ambos se pusieron de pie, Darien frente a Serena en señal de protección.

– ¡Gran espectáculo rey de los vampiros! –Dijo Taiki desde su posición- Permíteme decirte que no eres para nada débil, diste una buena batalla contra mi hijo –agrego resignado, ellos le miraron desconfiados–

– Pero, permíteme preguntarte; ¿Qué esperas con toda esa demostración de poder y protección hacia la chica? –Taiki les cuestiono–

– Quiero que entiendan que no permitiré que la arrebaten de mi lado solo por sus caprichos, peleare por ella y por los mortales que han herido –dijo seriamente el chico vampiro–

– Regresamos aquí para proteger a los ciudadanos que ordenaste lastimar –agrego Serena-

– Fue el mejor método para hacerlos salir de su escondite; funciono. Están aquí frente a mí. –Dijo cínicamente–

Le miraron asqueados de su actitud, Taiki comprendió perfectamente su mirada y solo agrego tranquilamente – El fin justifica los medios

– Saliste de tu escondite Serena, te entregaste a nosotros, tomaste la mejor decisión.

– Aquí me tienes, ¿quieres que me case? ¡De acuerdo! ¡Lo hare siempre y cuando liberes a todos los ciudadanos prisioneros que tomaste! ¿Quieres mi vida? Tómala, es la misma condición la que te pongo. Eso y que no lastimes a nadie más, solo yo pagare mi penitencia. Sea la muerte o sea casarme con Yaten.

Darien le miraba temeroso, jamás había sentido tanto miedo en su vida. La chica junto a él, la chica que amaba se estaba sacrificando por todos sus seres queridos y él no podía hacer nada más que temer por quedarse solo toda la eternidad si Taiki decidía asesinarla o casarla con su hijo. Apretó fuertemente los puños y dientes.

– Serena, no te quiero matar, tampoco quiero que te cases con mi hijo. –dijo Taiki tranquilamente, como si hablara de cualquier cosa irrelevante, los presentes lo miraban fijamente esperando algún movimiento-

– Entonces ¿Qué quieres de ella? –grito Darien molesto-

– ¡Esto ya no es contigo vampiro metiche! –dijo Taiki furioso, en un chasquido fue amordazado por cadenas negras que le envolvieron brazos y cubrieron la boca para que no pudiera hablar, cayo de bruces al suelo al perder el equilibrio-

-¡Darien! –Serena se hinco al lado de él tratando de liberarlo de las cadenas; Taiki sonrió torcidamente ante la escena que se mostraba frente a sus ojos; ella trataba desesperadamente de liberarlo como si el verlo aprendido le desgarrara el corazón. En ese preciso momento Taiki comprendió, encontró el mejor castigo como purga para el pecado que habían cometido-

– Quiero que entiendas las consecuencias de desafiar a un dios –Serena temió, más por Darien que por ella– Las consecuencias de desafiar al poder

– No le hagas nada –dijo ella suplicante- yo me hago responsable por todo –se puso de pie frente a Darien en señal de protección. Darien trataba de decir algo, el estar amordazado no se lo permitía, solo emitía gemidos inentendibles-

El temor que le envidia se reflejaba en temblores de su cuerpo, sus orbes desorbitados, forcejaba contra las cadenas que le aprisionaban.

Un espejo apareció bajo Serena, nadie se percató hasta que fue demasiado tarde y ella cayó dentro de él. La vieron desaparecer y vieron como el espejo rococó se colocó en posición vertical por su cuenta, dentro de él se encontraba la imagen de cuerpo completo de la chica de rubios cabellos.

Las cadenas que amordazaban al rey de los vampiros desaparecieron dejándolo libre para ponerse de pie y golpear el espejo con todas sus fuerzas, ella se pegó al cristal que les separaba, coloco su mano sobre el esperando sentir el tacto del chico, el dolor se reflejaba en la mirada de ambos.

– Esa pared que los separa los perseguirá por toda la eternidad –sentencio el dios– No importa si los hilos del destino los juntan, el espejo de la separación estará ahí impidiendo su unión.

Serena movía los labios, Darien no escuchaba lo que decía, veía mover sus labios pero su voz no llegaba a sus oídios. Golpeo con sus puños el maldito espejo que les separaba, Serena le miro con la mirada llorosa y pidiendo perdón.

El castigo por desobedecer a un dios fue la miseria y penumbra absoluta. El alma nunca encontrara felicidad. Ambos malditos, destinados a estar juntos pero una maldición no les permite volver a tocarse, están destinados a amarse pero a jamás estar juntos.

Serena castigada a vivir dentro del espejo y Darien condenado a siempre recordar ese día, a siempre vivir atormentándose por el vivo recuerdo de la maldición y la añoranza de los meses juntos.

Taiki y Yaten desaparecieron en el aire. La escena les desgarro el corazón a los presentes. Luna no escondió las lágrimas, Seiya miro el suelo buscando respuestas, la reina Mercury se notaba triste. La escena era desgarradora.

Darien recargado contra el espejo, golpeándolo con su puño intentando liberar a la chica que sollozaba dentro del espejo. Dejo de golpearlo y se recargo en el intentando en vano sentir el dulce contacto de la piel de Serena, miro sus ojos llorosos a través del cristal.

Tendrían que conformarse con mirarse a través de una barrera, con colocar su mano en ella y sentir el helado tacto del cristal, sin volver a tenerse, sin probar sus labios, sin el calor de su piel, solamente viviendo de añoranzas perdidas y recuerdos de tres meses.

Buscaron mil y un formas de liberarla, Luna vagó por las tierras del continente en busca de los más poderosos magos para poder romper el hechizo, nadie tenía el suficiente poder. Seiya busco incesantemente entre sus libros alguna solución que la ciencia pudiera proveer, no encontró ni una pista de algo que le pudiera servir, Darien busco en el inframundo, busco con los más poderosos dioses del inframundo alguna cura o magia o hechizo o cualquier cosa que pudiera liberarla, los dos años que paso vagando fueron en vano, no había nada que hacer.

Regreso al lado de la chica, no duraron mucho tiempo con el martirio; con el tiempo Serena se apartó de esa barrera que nada más le permitía presenciar el mundo a través de un espejo. Se despidió de Darien depositando un beso en el cristal, coloco su mano sobre este, Darien hiso lo mismo de su lado. Rogaron por poderse sentir una vez más; fue en vano, nadie escucho sus plegarias.

Su imagen desapareció, el cristal cambio su color a negro, jamás nada se volvió a asomar, desde el día en que Serena desapareció dentro del universo del espejo, después de esa vez que se despidió en silencio el cristal se oscureció.

A partir de ese día Darien tomo el negro espejo y se marchó, nadie supo nada de él. Solamente el rumor de que aún conserva el espejo, siempre en busca de la manera de romper la maldición

Rogaron porque en la siguiente oportunidad fueran más hábiles y pudieran estar juntos, por que fueran más inteligentes y supieran como actuar. Rogaban porque los siguientes lograran lo que ellos en esta vida no pudieron; estar juntos por siempre. No tener que inventarse el uno al otro.

No les quedaba nada más. En esta vida, en esta oportunidad, habían perdido la ruleta del destino.


Hay, no se ustedes pero yo con cada palabra llore mucho, ando llena de mocos por mas que leo esta historia no me canso de llorar

Ya viene el final chicas, Christy y Cat nenas, muchas gracias por seguirme en el mini trayecto de esta fic, de verdad muchas gracias por su apoyo y por traumarlas con este penúltimo capitulo del fic, Las quiero NENAS