Disclaimer: Los personajes pertenecen a la excelente escritora JK Rowling, yo solo juego con ellos.

Summary: OneShot: El corazón de Draco Malfoy tiene razones que su propia razón ignora.


N/A: ¡Hola chicas! Aquí les traigo el final alternativo para todas aquellas que se quedaron con un mal sabor de boca al leer el oneshot inicial y me rogaron que no permitiera que Hermione acabara con Ron y supiera de los sentimientos de Draco ¡qué lo disfruten!. Las que estén contentas con el Obliviate de Draco a Hermione, ¡que se abstengan de leer! ;) . Fin N/A


Todos los pétalos, dicen que sí

Continuación capítulo anterior, final alternativo:

Todos los pétalos, dicen que sí.

"Si amas a una rosa debes soportar que las espinas te hieran"

.

Si había algo que atormentaba a Hermione desde hacía cuatro años, además de todo lo que acarrea una guerra, eran las rosas que descansaban sobre el escritorio de su habitación en Grimmauld Place.

Desde aquellas primeras cuatro rosas que recibió el último año de paz en Hogwarts, cada catorce de febrero sin excepción y a las doce del mediodía, recibía una rosa negra mágica. Siempre con el mismo olor embriagador que ella conocía pero no recordaba de qué, pero ya no venía acompañada de notas, ni chocolates, ni nada.

Era el primer enigma que se le resistía a la castaña.

Hermione estaba tumbada de costado en su cama, mirando fijamente las rosas en su recipiente de cristal, eran tan hermosas. La última la había recibido hacía cinco meses y por algún motivo, cada vez que las miraba sentía que algo se le estaba escapando, que necesitaba recordar algo esencial, pero por más que forzaba a su memoria no conseguía obtener ninguna respuesta. Y eso para Hermione Granger era muy frustrante, cuatro años cavilando sobre ello no podía ser sano.

Se había cuestionado muchas cosas, y una de las pocas cosas que podía asegurar con certeza era el hecho de que el dueño de aquellas rosas, no podía ser otro mago que uno que estuviera en las filas de Voldemort. Por el significado que tenían las rosas, no cabría otra explicación para tanto misterio.

Y no sabía cómo sentirse con esa revelación.

Al principio, había visto todo aquello como una burla cruel de algún desarmado que en plena guerra quería descolocarla, pero después de tantos años repitiendo el mismo patrón, llegó a la conclusión de que sea quién sea esa persona, estaba tan atormentada como ella por esta guerra y le agradecía que le regalara esos momentos de descuelgue mental, dónde podía volver a ser una bruja joven normal y corriente, sin muerte y destrucción a su alrededor.

Dos toques sobre la puerta le hicieron incorporarse en la cama y alcanzar el pomo para abrirla. Ron le recibió con una triste sonrisa.

– Es la hora – Anunció.

La castaña asintió, tomó su varita por precaución y salió tras Ron, hoy día no era buena idea ir a ningún sitio sin ella, ni siquiera a un funeral.

Estaban todos reunidos para despedir a Lupin y Tonks, su muerte había sido repentina y de la mano de la propia tía de la bruja, Bellatrix Lestrange. Un golpe duro para Andrómeda. Hermione se fijó en ella, vestía sobriamente de negro y sujetaba con fuerza a su nieto de tres años contra su pecho, de forma protectora, ahora solo se tenían el uno al otro. La castaña se limpió unas lágrimas rebeldes, por Circe bendita, ellos tenían un niño pequeño, era todo tan injusto.

De un momento a otro, se sembró el caos. Hacía unos segundos estaba Harry dando un discurso de despedida a los padres de su ahijado, y al segundo siguiente estaban todos en guardia, varitas en mano, rodeados por una horda de Mortífagos. Hermione sólo esperaba que no tuvieran ninguna baja en sus filas, no tenía fuerzas para seguir dejando ir a sus amigos.

Los Mortífagos comenzaron a batirse en duelo con los magos y brujas de la Orden. Hermione se había estado enfrentando con uno de ellos, su cara le era familiar, pero no recordaba su nombre. Era bastante ágil, y Hermione no fue capaz de evitar uno de los hechizos que le dio en un costado, y ahora era un continuo sufrimiento el simple hecho de respirar. En aquel momento, Bellatrix acompañado de dos Mortífagos más aparecieron en su campo de visión.

Hermione sintió un escalofrió recorrer toda su columna vertebrar y a la vez rabia, mucha rabia, porque no suficiente con asesinar a su sobrina y marido, había interrumpido en su funeral. La bruja mayor sonrió al verla herida, la castaña se agarró con la mano izquierda el costado y se colocó en posición de ataque. No pensaba darle el gusto de verla flaquear.

Bellatrix disparó el primer hechizo, y lo que siguió fue una confusión de actividades y una ráfaga de luces intermitentes. Aquello fue un caos, Hermione hacía uso de su varita sin parar, intentando protegerse, pero estaba agotada.

La chica se adelantó unos pasos y disparó un hechizo, golpeando a uno de los Mortífagos que acompañaban a Bellatrix en la espalda y lo hizo caer al suelo. Aprovechando el despiste creado, salió corriendo para ocultarse tras un árbol y coger aire, necesitaba tiempo. Estaba malherida y no creía poder aguantar un duelo más.

Se creía salvada cuando una mal oliente mano le sujetó por el brazo y clavó con fuerza la varita en su garganta.

– Pobre ilusa, ¿de verdad creías que podías huir de mí? – Rio siniestramente.

Hermione sintió el miedo en lo más profundo de su ser.

– Piensa Bella, nos sirve más viva que muerta – Dijo el otro Mortífago.

– ¡Ninguna sangre sucia merece vivir! – Rugió la mujer encolerizada haciendo una mayor presión de su varita en el cuello.

– Aquí ya hemos terminado. Llevémonosla, será el cebo para atraer a Harry Potter y podemos entretenernos con ella mientras.


Hermione había perdido la cuenta de los días que llevaba secuestrada.

Le dolía todo, tanto que no era capaz de moverse, tenía las rodillas clavadas en el suelo y entumecidas. Y para empeorar las cosas, estaba comenzando a sentir palpitaciones en la cabeza a causa del esfuerzo por mantenerse consciente. Cada vez le resultaba más difícil.

– ¡Crucio! – Volvió a rugir la delirante bruja con burla.

El impacto le impulsó hacia adelante y clavó las palmas sangrando en las frías piedras del suelo. Tensó la mandíbula y luchó por mitigar la sensación de mareo que le embargaba.

No se creía capaz de aguantar mucho más. La bruja volvió a ejecutar un crucio sobre la chica, y todo se volvió negro.

Draco acababa de llegar de una misión en el norte del país, su madre lo había recibido en la puerta, ese hecho le hizo encender todas las alarmas, ella nunca lo había hecho antes lo que significaba que algo pasaba. La bruja lo besó tímidamente en una mejilla y se lo llevó al despacho de su difunto padre.

– La tienen – Dijo simplemente la rubia de espaldas a su hijo.

– ¿A quién tienen? – Preguntó confuso.

La mujer se enfrentó a su hijo con una mirada apenada y suspiró.

– He intentado evitarlo, pero Bellatrix está fuera de sí – Continuó la bruja estrujándose con nerviosismo los dedos – La amiga de Harry Potter lleva aquí una semana.

Narcissa Malfoy vio el terror atravesar las facciones de su hijo que salió como alma que lleva el diablo de la habitación. La bruja supo entonces que ya todo había acabado, su hijo estaba obsesionado con esa chica, era consciente de ello desde hacía un tiempo, un hijo nunca podría engañar a su madre.

Draco caminaba tembloroso en dirección a las mazmorras de Malfoy Manor. Rogaba que siguiera viva, que pudiera ver de nuevo sus ojos almendrados llenos de vida y desafío. Iba mirando en el interior de cada una de las celdas que había a su paso con el corazón en un puño.

¡Por Merlín que esté viva!

Y entonces fue cuando la vio y su respiración quedó atorada en sus pulmones.

Estaba echa un ovillo sobre el duro suelo de piedra. Tenía magulladuras y sangre por toda la piel visible entre los harapientos restos de ropa que vestía, el cabello castaño y sucio le caía en una multitud de rizos desiguales a ambos lados del rostro. Sus ojo estaban cerrado y su labio partido.

Parecía una muñeca pequeña, vieja y desecha.

– ¿Qué te han hecho? – Masculló atormentado por la visión frente a sus ojos.

Con dedos temblorosos abrió la celda y dio unos pasos en su interior, cediendo a un impulso, Draco acercó su mano a la mejilla de la joven. Su piel tenía un color enfermizo pero era tan suave, tan cálida… y tenía pulso, comprobó al palpar su cuello.

Un sonoro suspiro de alivio se escapó de entre sus labios, aún estaba acariciando su mejilla cuando el aleteo de sus espesas pestañas al abrir los parpados, le avisaron de que la joven estaba despierta.

El chico apartó la mano con rapidez y se quedó mirándola. Ella le devolvía la mirada inexpresiva y en total mutismo.

Draco le mantuvo la mirada sin vacilar.

Sentía que las palabras le ahogaban tormentosamente por todo aquello que siempre quiso decirle y nunca hizo, por el tiempo que les faltó, los besos que no le dio, el amor que le faltó por expresarle sin remordimientos, ni encantamientos desmemorizantes de por medio.

Pero las palabras siguieron atascadas en su garganta.

– Voy a sacarte de aquí – Dijo en su lugar.

Y Draco Malfoy cumplió su palabra. Sólo que Hermione no supo cuándo, ni cómo, porque paso todo el tiempo entre la inconsciencia y los delirios.


Hermione despertó desorientada sobre una mullida cama, el olor de las sábanas le era familiar, abrió los ojos con esfuerzo y aun parpadeando miró a su alrededor, reconociendo la habitación que solía utilizar en Grimmauld Place. Un crujido a su derecha le sobresaltó, y sus avispados ojos se dirigieron hacía la esquina en penumbras dónde hizo contacto visual con un par de orbes verdes.

– Harry – Pronunció con voz ronca y seca por su falta de uso.

– Me alegra que estés despierta – Dijo el chico acercándose a ella y abrazándola con fuerza – No sabes lo asustado que estaba.

La castaña le devolvió el abrazo con esfuerzo, le costaba moverse y sentía sus extremidades pesadas.

– ¿Qué ha pasado? – Preguntó separándose un poco de su amigo.

– Bellatrix te torturó durante una semana, día y noche Hermione. Es una suerte que Malfoy te sacara de allí viva – Relató estremecido mientras la ayudaba a recostarse de nuevo en la cama.

La chica se agitó tras sus palabras e intentó incorporarse de nuevo.

– Harry, si Malfoy me ayudó a salir, Voldemort lo habrá matado por traicionarlo y …

– Hermione, respira – Le cortó mientras volvía a recostarla en la cama– Malfoy y su madre han desertado, están con nosotros.

– ¿Qué? – Preguntó sorprendida.

– Los hemos sometidos a varias pruebas para comprobar si son de fiar. Están limpios. Se mantenían junto a Voldemort más por miedo a las represalias que por otra cosa, supervivencia lo llamaría yo – Explicó Harry mientras tomaba unas pociones de la mesilla de noche y las examinaba para ver cual tendría que darle a la chica – Lucius Malfoy tomó malas decisiones y arrastró a su familia con él, pero cuando murió… Malfoy y su madre estaban perdidos. Tú fuiste el detonante que los impulsó a desertar. Probablemente te vieron como la última oportunidad que tenían para redimirse – Dijo encogiéndose de hombros.

Hermione escuchó sus palabras con el corazón acelerado, y sintió un alivio inexplicable cuando el joven le confirmó que estaba vivo.

– Pero esas pruebas debieron de llevar bastante tiempo – Comentó la castaña frunciendo el ceño.

– Hermione, llevas tres semanas en coma – Anunció el ojiverde sonriéndole tristemente y pasándole una de las pociones – Malfoy te trajo en horribles condiciones, no sabíamos si sobrevivirías. Será mejor que descanses, pronto podrás levantarte de esta cama.

Una par de semanas más tuvieron que pasar para que Hermione pudiera abandonar la habitación.

Durante su tiempo recluida, había recibido la visita de todos sus amigos y le habían puesto al día de las cosas que iban sucediendo. Parecía que el fin de la guerra se acercaba, y Hermione no podía estar más dichosa. Se había interesado por el paradero de Draco, Harry le comentó que estaba quedándose en casa de su tía Andromeda y que le habían informado de que ya estaba despierta, el rubio pidió expresamente que así lo hicieran y después de haberle salvado la vida, creyeron que era lo correcto.

No todos en la Orden se fiaban de él, lo veían como un oportunista que se había cambiado de bando al percatarse de que la guerra estaba llegando a su fin y el bando ganador era el contrario al que se encontraba. Otros como Ron, pensaban que en cualquier momento les iba a traicionar a todos.

Aquella mañana, cuando le comunicó Ginny que ya estaba lo suficiente recuperada como para moverse, Hermione le pidió que le llevara a casa de Andrómeda, la pelirroja se negó en un principio por lo peligroso y estúpido que era hacer eso teniendo en cuenta la situación en la que se encontraba todavía Hermione, pero al final acabó cediendo cuando la castaña aseguró que lo haría con o sin su ayuda.

Por muy enferma que estuviera la cabezonería seguía intacta.

Hermione echó un último vistazo a las hermosas rosas que descansaban sobre el escritorio antes de salir, necesitaba saber si la conjetura a la que había llegado era la correcta, y eso sólo Malfoy podría responderlo.

Draco estaba sumido en sus pensamientos, recostado sobre la cama y mirando el cielo tormentoso a través del gran ventanal. Unos suaves toques en su puerta le hicieron dalear la cabeza en esa dirección e invitar a quién fuera a pasar.

Una cabeza de rizos alborotados y ojos almendrados aparecieron tímidamente al cruzar la puerta, Draco se incorporó rápidamente sobre la cama y se le quedo mirando con si se tratase de un espejismo.

– Andrómeda me dijo que te encontraría aquí – Musitó quedamente parada bajo el marco de la puerta.

– Veo que ya estás bien – Dijo el rubio escudriñándola tras unos segundos de silencio en el que los jóvenes solo escuchaban el bombeo acelerado de sus propios corazones.

– Todo gracias a ti.

Un silencio tenso se instaló entre los jóvenes, Hermione no sabía cómo abordar el tema por el que realmente había ido allí.

– ¿Por qué lo hiciste? – Cuestionó ladeando un poco la cabeza – ¿Qué te llevó a salvarme?

Hermione dio un par de pasos más dentro de la habitación parándose frente a la cama que ocupaba el chico. Draco en ningún momento dejó de mirarla, estaba tan aliviado de que estuviera bien. Estaba a punto de darle una excusa banal y típica Slytherin, cuando la castaña pareció captar algo que le perturbó e hizo que sus facciones se contrajeran con asombro.

– Tienes el mismo olor, estaba en lo cierto… tú – Lo acusó señalándole con su pequeño dedo – Siempre fuiste tú.

Daco recibió esas palabras como un golpe seco en pleno estómago, parecía un deja vu.

– No es la primera vez que me lo dices – Aseguró poniéndose en pie y acercándose a ella.

El rubio supo que su corazón era el que le guiaba en esos momentos, y dejó de luchar contra él, la razón había perdido la batalla. Tomó con delicadeza la mano derecha de la chica y la colocó sobre su pecho, la castaña notaba el pulso acelerado bajo la palma.

– ¿A qué te refieres? – Preguntó confusa y con las manos algo sudadas y temblorosas por los nervios.

Sólo necesitas mirar – Pidió invitándola a que entrara en su cabeza.

Y lo hizo.

Hermione viajó por todos los recuerdos que el chico le quiso mostrar. Los vio a ambos en Hogwarts, ella lamentándose por la falta de atención de Ron, a Draco observándola en la penumbra. Los sentimientos del rubio hacía ella, la entrega de las rosas aquel San Valentín, su encuentro en la Casa de los Gritos, el beso y el fatídico final dónde Draco tuvo que hacerle olvidar para que no corriera peligro.

Hermione se separó bruscamente del chico y clavó la mirada en el suelo. Su corazón acelerado rebotaba una y otra vez con fuerza contra su pecho. Un sinfín de recuerdos cobraron vida en su cabeza, y entonces fue cuando la cabeza de la castaña comenzó a trabajar con rapidez terminando de unir los cabos sueltos.

Y ahora lo entendía todo.

El chico por su parte se mantenía en la misma posición, no se había movido ni un ápice, tan solo se maldecía internamente una y otra vez, por haber flaqueado y mostrado aquellos recuerdos que juró no volver a dejar salir a flote. Ella no parecía contenta.

Luego Hermione hizo la cosa más inesperada de todas.

Clavó su mirada en el chico, se inclinó hacia delante y capturó sus labios con los de ella. Algo dentro de él se hizo pedazos ante el contacto, ante la sensación de sus dulces labios húmedos, de su lengua tocando la de él.

Esto no es un sueño. Esto era real.

No hubo más preguntas, sólo eran ellos dos besándose con desesperación y anhelo. Diciéndose con los labios lo que no eran capaces de decir con palabras.

Después de aquello, no volvieron a verse ni hablar, la guerra estaba por terminar y ambos tenían su papel en ella y muchos sentimientos en juego. No eran cosas para tomar a la ligera.


Tres meses habían pasado desde que la guerra terminó, tiempo en el que Hermione pudo poner sus sentimientos en orden.

Al poco tiempo de que Harry acabara con Voldemort, Draco y su madre fueron detenidos en casa de Andrómeda y encarcelados por el Ministerio en Azkaban. El juicio de los Malfoy sería en un par de semanas, habían desertado de las filas de Voldemort y unido a la Orden, y Hermione sabía que serían muchos los que testificarían a su favor ante el Wizengamot, pero no habían podido evitar que los recluyeran en las celdas hasta que se celebrara el juicio.

Desde que Hermione se enteró que el rubio había sido llevado a Azkaban, no había dejado de pensar en él ni un segundo, nunca. Pronto tomó la decisión de ir a verle, pero se obligó a esperar hasta ese día, el mismo que comenzó todo.

Un catorce de febrero.

El repiqueteo de sus zapatos se escuchaban por el suelo de piedra, cuando llegó hasta la celda del chico, sus manos comenzaron a temblar y tuvo que coger y soltar aire un par de veces antes de obligar a su cuerpo a reaccionar y abrir la puerta.

– ¿Malfoy?

El chico estaba sentado sobre el suelo y apoyado contra la pared, tenía muñecas y tobillos encadenados por grilletes y sus acerados ojos estaban puestos en ella. Su semblante era sumamente serio, y si estaba sorprendido por verla allí, no lo demostró en ningún momento.

Hermione dio unos pasos dentro de la celda y se acuclilló frente a él, Draco seguida cada uno de sus movimientos aún sin hablar.

– Hola – Dijo llanamente la castaña sintiéndose estúpida tras sus palabras.

– ¿Qué haces aquí? – Preguntó con la voz ronca, probablemente llevaba semanas sin hablar.

– Hoy es… catorce de febrero. Y son más de las doce – Respondió sonriendo tenuemente.

Draco escrutó su rostro queriendo memorizar cada una de sus facciones antes de hablar.

– Siento que no recibieras esta vez una rosa, he estado un poco ocupado – Dijo con tono irónico moviendo un poco las muñecas para que sonaran las cadenas. Hermione hizo una mueca ante eso.

– Lo sé. Por eso esta vez he querido ser yo quién te la regalara – Afirmó mientras sacaba de su bolso una rosa mágica idéntica a la que él siempre enviaba, y la colocó sobre el regazo del chico que no pudo ocultar de su rostro la sorpresa que le ocasionó el gesto – No quería romper con la tradición.

El rubio miró la rosa negra y la tomó con delicadeza entre sus manos, haciéndola girar entre sus dedos ennegrecidos por la falta de higiene en el lugar.

– El juicio es en dos semanas, voy a testificar a tu favor. Todos lo vamos hacer. Aun así, probablemente tengas que pasar en Azkaban un tiempo – Comunicó intentando llamar la atención del muchacho que parecía absorto en la rosa – Te esperaré hasta que salgas de aquí – Dijo con voz fuerte y absoluta convicción la castaña, provocando un estremecimiento en el rubio que paró de forma brusca sus movimientos.

– No puedes hacer eso – Sentenció, Hermione le miró sin entender – Esas rosas… tienen un significado. Estamos prohibidos – Masculló ocultando el rostro bajo débiles mechones plateados.

– Sé todo sobre ellas – Apostilló.

– Debí suponer que siendo una sabelotodo, investigarías – Dijo con resignación y sin ningún tipo de maldad – Más razones para que te alejes de mí. Esto sólo traerá sufrimiento.

– ¿No te parece suficiente sufrimiento todo lo que hemos pasado? – Cuestionó seria – La tragedia ya nos ha intentado separar, y hemos sobrevivido.

– No soy bueno para ti, ni para nadie – Murmuró resignado, la castaña lo ignoró.

– Representas el amor puro y eterno, que sobrevive a la maldad y la muerte – Recitó Hermione recordando las palabras escritas en el libro.

Tras unos segundos de silencio, que para Hermione parecieron horas, el rubio alzó la voz.

– Estaré aquí encerrado por un tiempo.

– No me importa – Aseguró la castaña mordiéndose el labio.

– Te odiaran por estar conmigo. Hablaran mal de ti, te repudiarán – Dijo con dureza.

– No me importa.

– Estoy jodido. Estoy quebrado. Ambos estamos jodidos y quebrados, rotos.

– No me importa Draco…

– ¡Estoy marcado de por vida!, ¡soy un maldito Mortífago!, ¿no lo entiendes? – Gritó angustiado.

– ¿Por qué seguiste enviándome las rosas? Yo no recordaba nada de lo que pasó entre nosotros en Hogwarts, te tomaste la molestia de borrarme la memoria para que así fuese. Entonces, ¿por qué? – Cuestionó mordiéndose el labio con nerviosismo.

El cambio brusco de tema dejó un poco perplejo al chico, que le miró sin pestañear y el corazón acelerado. El mismo músculo que le había fallado una y otra vez, desvelando sus sentimientos a la castaña, estaba a punto de fallarle de nuevo.

– ¿Por qué seguiste enviándome las rosas? – Presionó de nuevo la castaña con un tono que no dejaba opción al silencio.

– Yo… no pude contenerme. Me ayudaba a seguir adelante con toda la mierda que me rodeaba. Me hacía sentir vivo – Contestó meditabundo con la mandíbula apretada.

Hermione tomó su propio brazo, remangando el jersey que vestía y dejando a la vista las palabras 'sangre sucia' acto seguido, hizo lo mismo con el brazo izquierdo del muchacho, levantó la túnica mugrienta y rota desvelando la marca tenebrosa, automáticamente el rubio giró la cabeza en la dirección contraria. La castaña podía sentir la tensión en los dedos que hacían contacto con la piel blanquecina del chico. Haciendo uso de su mano libre, sujetó el mentón de Draco y le obligó a mirarle.

Necesitaba que creyera en ella.

– Ambos estamos marcados. Ambos somos víctimas. Supervivientes – Dijo entrelazando sus manos izquierdas para que las marcas quedaran en contacto. Piel con piel. Tatuaje con tatuaje – Te volvería a elegir, mil veces más – Murmuró antes de sellar lentamente sus bocas en un roce tierno y sincero.

Cuando Hermione se separó de él, este aún no abría los ojos y mantenía su mano derecha fuertemente agarrada a la rosa mágica. La castaña sonrió con ternura.

– Malfoy – Los tormentosos ojos del muchacho hicieron contacto de inmediato con los cafés de la chica, provocando el aceleramiento de su maltrecho corazón – Sí no crees lo que te digo con mis palabras y caricias, sólo necesitas hacer la prueba – El chico le miró sin entender frunciendo un poco el ceño – Todos los pétalos, dicen que sí.


Fin


¿Qué les pareció?, he tenido un pequeño bloqueo porque quería contar tantas cosas y a la vez dejarlo todo recogidito en un solo capítulo que no sé si quedó del todo bien, ¡espero que sí!. Perdonadme también si las escenas de los duelos no fuero geniales, para mi es complicado relatar ese tipo de escenarios, por eso siempre suelo evitarlos, pero esta vez era necesario :/

Lo he escrito con las mejores de mis intenciones para que no sufrieran por culpa de mi vena dramática, y espero haberos sacado una pequeña sonrisa al ver que al final el amor siempre triunfa :D

¡Espero con muchas ganas vuestros reviews!

Eishel Panakos.