-¡Fuera! – El tono atronador de la orden sorprendió a los tres.

Un hombre gigantesco se inclinó hacia la puerta para, de ese modo, fortalecer la amenaza de la pistola. Los oblicuos ojos negros del bandido recorrieron uno a uno a los viajeros hasta que se detuvieron a descansar en Pan. Entonces, su boca se ensanchó en una sonrisa maliciosa.

- Bueno, bueno, qué linda palomita hemos capturado.

Pan elevó un poco el mentón, más para impedir que comenzara a temblar que por un intento de alardear, pues estaba aterrorizada de lo que la presencia de ese bribón significaba para todos ellos. La aparición del hombre fue tan feroz y tan salvaje.

Con más espíritu del que se había imaginado capaz, Pan intentó hacer una pregunta:

- ¿Qué quiere de nosotros?

- Tesoros – respondió el granuja con una risa ahogada. Con un movimiento casual levantó sus hombros musculosos y se explayó en su respuesta -. De una clase o de otra. No hago diferencias.

Yamcha Aclaró su garganta y trató de asumir una postura más digna de la que había sido capaz de proyectar desde que los forzaron a detenerse.

- ¡Le advierto, señor! Tenga en cuenta que no va a ganarse la buena disposición del zar si le hace daño a aquellos a quienes él favorece. – Se golpeó el pecho pequeño con su mano de dedos regordetes a modo de presentación. – Soy Yamcha, y he venido de parte de la prima de Su Majestad con el propósito de escoltar a la condesa Pan a Moscú… - Con la mano señaló a Pan, pero la sonrisa del gigante no se había borrado.

El corpulento hombre que bloqueaba la puerta comenzó a reírse a carcajadas.

- ¿Qué quiere decir con eso de que viene como escolta? Es demasiado débil para luchar. Es una broma ¿no?.

Las facciones de Yamcha se estremecieron. Una mezcla de miedo, furia y humillación le volvieron casi incapaz de decir o hacer algo. Sin embargo, cuando la pistola marcó una señal, no tuvo dudas de que debía obedecer. Risotadas esporádicas seguían sacudiendo los hombros pesados y los brazos musculosos del bandido, que se hizo a un lado para darle al clérigo el espacio suficiente para bajar del carruaje.

Apurado por cumplir con lo que le ordenaban, Yamcha tropezó y cayó al suelo. Al incorporarse, se quedó helado de asombro al ver la enorme cantidad de bandidos que los rodeaban. Todos llevaban una variedad de armas en la mano, sujetas en fajas o cruzadas sobre el pecho. Desde la espalda huesuda de un caballo gris moteado, otro bandolero armado cuidaba que no hubiera señales de resistencia de parte del sirviente.

El capitán Ten Shin Han y sus hombres recibieron una amenaza similar. Una veintena de bandidos o más les apuntaban con sus mosquetes cargados.

Cuando el bandido volvió a acercarse, sólo hizo una mueca divertida y pasó delante de él en camino a la puerta del carruaje.

Al ver sus posesiones tiradas en el suelo, Yamcha fue sacudido por la conciencia repentina de lo que estaba a punto de perder a manos del ladrón.

- ¡Dame eso! – gritó Yamcha mientras empujaba al hombre con la intención de recuperar la bolsa. Como fracasó estrepitosamente, decidió recurrir a su forma tradicional de persuadir a la gente. - ¡Pertenece a la Iglesia! – afirmó de un modo frenético- . ¡Yo sólo estoy transportando los diezmos para la Iglesia de Moscú! ¡No puede robarle a la Iglesia!

- ¡Ajá! ¡Así que el pequeño cuervo ahora bate sus alas como si fuera un gran halcón! – el bandido miró hacia las dos mujeres que observaban, consternadas, desde la puerta del coche y sonrió a Pan. – Este sujeto protege su oro más que a usted, preciosa.

En busca de más riquezas el bandido se lanzó sobre Yamcha. El hombre aulló de terror al ver que lo tomaba de la parte delantera del hábito negro e inclinaba su rostro de cerca.

- Me dice dónde esconde más oro, ¿eh? – El ladrón le hablaba con un tono de desprecio innegable. – Quizás así, no te destroce.

Aunque Pan había sentido muy poca simpatía por Yamcha durante el viaje, y había sentido repugnancia al ver su riqueza acumulada, no podía permitir que abusaran de él sin ofrecer alguna resistencia.

- ¡Déjelo ir! – gritó desde el coche -. Esa valija es lo único que le pertenece. ¡Todo lo demás es mío! Ahora, ¡déjelo ir, le digo!

El ladrón hizo lo que le decía e Yamcha cayó de rodillas, con un tremendo alivio al ver que el gigante le pasaba por encima. Ahora el bandido prestaba toda su atención a la condesa Pan. Se acercó enarbolando una sonrisa llena de dientes y le extendió la mano de gruesos dedos. Pan aceptó la ayuda para salir del coche con tanto valor como le permitían sus piernas temblorosas. Pero casi se echó atrás cuando escuchó la cacofonía de gritos salvajes y rugidos de aprobación emitidos por la banda de ladrones. Semejante respuesta no hizo más que aumentar sus temores. Sobre todo cuando vio que una veintena o más se lanzaban de sus caballos y se empujaban para conseguir una vista más cercana de la poco común belleza de esta boyarda de alto rango.

Milk no era una tonta idealista para mantener alguna esperanza de que esos brutos sin ley honraran el código de un señor de alto rango en lo que se refería al trato de una cautiva tan bella. A tropezones, la pequeña mujer salió del coche y tomó un palo que había en el suelo. Se apresuró a colocarse entre Pan y aquellos que trataban de alcanzarla y saborear sus dóciles curvas. Aunque bien hubiera podido significar su propia muerte, se había obstinado en defenderla hasta exhalar el último aliento.

- ¡Cuidado con lo que hacen, gusanos malditos! – les advirtió en un tono frágil y destemplado -. La primera bestia que intente poner una mano en la condesa Pan se las tendrá que ver conmigo. ¡Y aunque ustedes me derroten les juro que voy a hacerles bastante daño antes de morir!

Sus amenazas tuvieron por respuesta groseras carcajadas.

Desde un punto de vista ventajoso, fuera de los límites establecidos de la lucha, el capitán Ten Shin Han observaba de cerca los acontecimientos y pudo percibir que prácticamente se habían olvidado de él. Puso manos a la obra; aprovechó la ocasión inclinándose hacia delante en su silla de montar mientras levantaba un brazo para golpear a un jinete que tenía cerca. En menos de un segundo, el rugido ensordecedor de una pistola estalló en el aire anunciando un disparo que desgarró su brazo con un dolor punzante. Ten Shin Han lanzó un grito por el repentino estallido de sus músculos y aferró su mano a la manga que se teñía de rojo. Luego observó a su alrededor con un atisbo de sorpresa al descubrir que amenazadores mosquetes de, al menos, cinco bandoleros le estaban apuntando.

Un cobarde bribón miró al capitán y balanceó su mosquete contra el pecho del oficial.

- ¡Morirá, capitán! - le advirtió con arrogancia -. ¡Mueva un solo ojo y verá la muerte! – Hizo un chasquido con los dedos para demostrar con qué rapidez podía deshacerse de él. – ¡Así de fácil!

El capitán apartó la vista del hombre y vio que los ladrones comenzaban a separarse apurados por abrir un camino que permitiera que otro gigante, este de cabello negro y bien afeitado, se acercara al grupo montado en su semental negro. El recién llegado tenía una pistola en la mano derecha y, mientras guardaba el arma en su faja, sonrió a Ten Shin Han.

- Sus esfuerzos por defender a las damas contra tantos, capitán, me hacen pensar que es usted un necio o un temerario. Si cuida un poco más su vida, tal vez sobreviva al día de hoy.

El liderazgo del que acababa de aparecer quedaba claramente en evidencia por la premura con que los bandidos le habían hecho sitio para que maniobrara con su caballo y se colocara en un lugar donde pudiera observar con mayor comodidad y dirigir todos los movimientos, era forzoso imaginar que la obediencia de sus seguidores había sido conseguida a través de un hazaña despreciable.

Pan se apartó de unos y de otros horrorizada por la situación en que se hallaba y asqueada por los sucios dedos que pugnaban por tocarla, aunque trataba de mantenerse lejos de sus garras, el desgarramiento que sufrían sus ropas demostraban a las claras la decisión de desenmascarar las delicias que aún permanecía ocultas a la vista. Pan tenía una de las mangas de su vestido arrancada y colgaba del hombro. En una oleada creciente de terror, Pan trató de escapar de los dedos que trataban de apoderarse de su corsé. Consiguieron romperlo parcialmente y abrirlo, lo que permitió ver la larga columna de marfil de su cuello. Una mirada fugaz a la carne cremosa pareció encender aún más a los hombres que se estiraron en un apuro frenético por arrebatar cualquier prenda que tuvieran a su alcance.

- ¡Bestias en celo! – el líder de cabellos negros bramó de repente. Los bandidos, asustados, se retiraron a tropezones a causa de la súbita sorpresa. Sus pasiones se enfriaron con rapidez bajo la mirada de hielo que los barrió.-¿Qué pensáis que estáis haciendo? ¿La aporrearíais hasta matarla antes de abandonar este sitio? ¿Esa es la forma en que trataríais a un tesoro tan poco frecuente? ¡Malditos condenados! ¡Puede darnos bastante dinero estando viva! Ahora soltadla y echaos a un lado todos. Desde este momento, la reclamo para mí.

Nadie se atrevió a desafiarlo mientras el señor de los ladrones se abría paso con su caballo entre las filas que se desbarataban con rapidez. Su conducta aterradora no dejaba lugar a dudas, su reclamo no sería una mejora.

Con un brazo musculoso cruzado sobre el elaborado borde de su montura, el bandido sometió a Pan a un meticuloso escrutinio en el cual recorrió con lentitud toda su delgada estatura. Desde su asiento elevado, tenía acceso a una vista más atractiva de la grieta profunda que se hundía entre los pechos pálidos, y aunque Pan trató de preservar tanto su dignidad como su modestia intentando alejarse de la inspección y sujetando los extremos del corsé desgarrado sobre el pecho. Su sonrisa licenciosa transmitía sólo una pequeña dosis de su admiración cuando se excusó.

- Perdóneme la demora en acudir en su ayuda, condesa. Mis hombres son propensos a buscar diversiones donde pueden encontrarlas y reclaman recompensas donde hasta ahora sólo han encontrado injusticia.

- ¡Injusticia, dígamelo a mí! – Chilló Milk, furiosa por su afirmación -. ¡Como si no estuviéramos en nuestro derecho de defendernos contra esta banda de asesinos!

El hombre ignoró el desdén de la pequeña ama de llaves mientras dirigía la réplica a la señora.

- Lo que ve a su alrededor son hombres cuyas únicas posesiones fueron robadas por aquellos que los redujeron a siervos o a prisioneros por propósitos que están más allá de la simple inocencia. No sentimos amor por los ricos boyardos que ostentan su poder como si hubieran nacido del mismísimo diablo. Créame, condesa, si hubiéramos pensado de ese modo, podríamos haber agregado a su miseria la muerte de sus hombres. Su lacayo y el capitán de la guardia fueron muy tontos al tratar de desafiarnos, por eso, debe estar contenta de que estén vivos y de que mi objetivo sea otro, porque de lo contrario podría haber hecho una excepción ante el intento de herirnos o matarnos. – El bandido hizo un gesto casual con la mano para señalar la escolta de guardias a la que se le había ordenado desmontar. – La vida de cualquiera que intente hacernos daño corre peligro.

Pan levantó el mentón, desafiante, al darse cuenta de que lo había bajado un poco, pero sentía en realidad un terror descomunal. Aunque el hombre había hablado con educación, nada podía quitarle la impresión de que estaba ante un feroz bárbaro.

Pan luchó por ocultar el temblor de su voz.

- ¿Y qué es lo que usted y sus compañeros pretenden? – preguntó. Con una confianza desmedida el hombre le sonrió.

- Compartir una porción de sus riquezas… - Sus ojos la acariciaron lentamente con ávida apreciación de lo que estaban observando. – Y tal vez, por un tiempo, la riqueza de su compañía. – Echó su cabeza hacia atrás y rió con todas sus ganas como si estuviera alcanzando por su propio humor. De pronto se calmó y cruzó los brazos alrededor de su ancho pecho en una especie de festiva presentación. – Permítame presentarme, condesa. Soy Black, hijo ilegítimo de un príncipe polaco y una muchacha cosaca, y estos - e hizo un amplio arco con su brazo para abarcar a sus rústicos compatriotas - son mis cortesanos reales. Me sirven muy bien, ¿no es cierto?

La banda de proscritos se echó a reír ante su ingenio, pero esa declaración arrancó un comentario desdeñoso de parte de Milk.

- ¡Un bárbaro bastardo! – se mofó -. ¡Y un ladrón además!

Black se divertía con la impetuosidad de esa mujer.

- ¡Sí! Eso soy, mujer. Mi padre pensó pagar sus culpas enseñándome las costumbres y lenguaje de un caballero, pero no sintió ninguna inclinación a darme el regalo de su nombre o de su título. Entonces, soy lo que soy.

Milk lo perforó con una mirada de indignación que casi lo abofeteó y, levantando su arma casera, la blandió hacia donde estaba el caballo. Black en rápida reacción, dio un puntapié al trozo de madera que estaba en la mano de Milk y la dejó dando vueltas en el lugar. Milk trastabilló unos pasos mientras luchaba por recuperar el equilibrio. Entretanto, el hombre pasó una pierna por encima de la montura y se deslizó hacia el suelo, pero antes de que pudiera dar un paso, Milk ya estaba de nuevo delante de él lanzando otro ataque con su bastón. El brazo musculoso hizo un gesto casi gentil para arrojar el palo lejos, pero Milk encontró el brazo y lo golpeó con la tenacidad de alguien que, con frecuencia, se dejaba llevar por su temperamento volátil. Los ojos de Milk se pusieron en blanco, cayó con suma lentitud al suelo mientras un vacío sin sentido se apoderaba de su cabeza.

- ¡Usted es … un mooonstruo! – gritó Pan en un tono que rebelaba su indignación. Furiosa por el tratamiento que había recibido Milk, fue hacia él y levantó sus delgados brazos para golpearle en el pecho y la cabeza hasta que Black se cansó y la arrojó hacia atrás, trastabillando, con una ¿? y un simple movimiento de su brazo. Cuando consiguió detenerse, Pan dio rienda suelta a toda una serie de apelativos -. ¡Usted es un cobarde bufón! ¡Un miserable! ¡Un grosero! – Hizo una pausa lo suficientemente larga como para recuperar el aliento y continuó en un tono más bajo pero con la misma agresividad - ¿Está orgulloso de su hazaña? ¿Qué tiene para decir, bribón? ¿Acaso no tiene coraje de enfrentarse con uno de su tamaño? ¿O es que las formas delicadas se ajustan mejor a su valor?

Black corrió para impedirle el paso mientras ella trataba de sortearlo para alcanzar a Milk. Pero cuando ella levantó los ojos y se encontró con los de él, Black se convenció de que estaba en presencia de los ojos más hermosos y más furiosos que había tenido ocasión de mirar. Echaban chispas que casi lo quemaban.

- No tiene de qué preocuparse, mi señora – la consoló -. Su ama de llaves sobrevivirá a esto con un simple dolor de cabeza como recuerdo.

- ¿Debería, entonces, estar agradecida por la gentileza con que nos trata? – Pan lo desafió con insinuación. Le enfurecía que ella y todos los que la acompañaban fueran completamente vulnerables a los frívolos caprichos de esos criminales sin corazón, y que no hubiera nada en absoluto que ella pudiera hacer para contrarrestar esas ofensas, excepto tratar de herirlo con palabras. - ¡Usted ha abusado del capitán Ten Shin Han de mi guardia! ¡De mi lacayo Yamcha! ¡ Y ahora de mi fiel ama de llaves Milk! Ha detenido mi coche en este camino solitario para hacernos daño mientras da su asqueroso consentimiento a su banda de asesinos para que hagan cualquier acto criminal que puedan imaginar. ¿Qué quiere señor monstruoso, que me arrodille y le ofrezca mis humildes disculpas por atreverme a viajar por el lugar donde se oculta su banda de asesinos? ¡Ja! Sacudió la cabeza y se burló de la mera idea. – Si estuviera armada, señor, usted estaría exhalando su último aliento! Así es como yo simpatizo con sus razonamientos o valoro la forma en que nos trata. No me caben dudas de que su padre, quien quiera que sea, lamenta de todo corazón lo que sembró durante una noche de placer.

Black acomodó sus enormes puños en la cintura y río divertido al escuchar esas amenazas y ese razonamiento.

- Estoy seguro de que el viejo pillo ha tenido muchos motivos para arrepentirse, mi señora, pues no le rindo a él más homenaje que el que él me rindió a mí. Fue sólo el orgullo de haber engendrado un hijo varón después de un montón de hijas mujeres lo que lo llevó al educarme. Inclusive intentó llevarme a su casa después de que su esposa muriera, pero mis hermanas no pudieron soportar la idea de tener al bastardo de su padre viviendo bajo el mismo techo y le reprocharon con dureza el haber provocado semejante vergüenza a la familia.

- Una vergüenza que tengo la certeza que usted ha aumentado con placer al convertirse en un ladrón – replicó Pan- . Parece que usted está haciendo un gran esfuerzo por extender su venganza contra él maltratando a otros en sus viciosas aventuras.

- En realidad, usted me deleita con su imaginación, mi señora – le aseguró Black, mientras sus ojos bailaban con regocijo -. No sólo es muy bella, sino también ingeniosa. – Río y extrajo mucho de las conclusiones que ella había sacado. – Decir que actúo de un modo vengativo cuando se me presenta una oportunidad tan extraordinaria de apoderarme de tesoros tan poco frecuentes como usted, sería darle demasiado peso a mi afán de venganza. ¡Mi señora, tengo un corazón mucho más gentil que eso!...