CAPITULO

8

Pan se preparó para la primera cena en casa de la Princesa Maron. Se vistió con las ropas tradicionales de una doncella rusa. Si las preferencias de la princesa podían ser juzgadas por las convicciones siempre autoritarias, entonces, era mucho mejor usar el atuendo típico de su patria.

Al juzgarse preparada para bajar a cenar, no consideró la posibilidad de haber infravalorado con demasiado ligereza su gracia y pasado por alto el detalle de cómo sus ricas vestimentas realzaban su belleza. Sin embargo, al entrar al gran vestíbulo, Pan se dio cuenta de su estupidez y se maldijo por no haber tenido la previsión de vestirse con algo parecido a la capa oscura y con capucha de un monje ermitaño antes de unirse a los demás.

Los seductores y perversos ojos de N°17 y la sonrisa entusiasta que curvó sus labios generosos enseguida evocó en Pan la imagen de una serpiente persiguiendo a un pájaro en el claro propósito de devorarlo. Su mirada pasó a Maron, y sorprendió a ésta en el instante en que fruncía el entrecejo, atacada por los celos.

-Mi querida condesa Pan –murmuró N°17 con calidez mientras daba un paso hacia delante para tomarle la mano y dejarla descansar entre las suyas.-No había olvidado lo encantadora que era, querida –continuó-. Luce tan elegante como el cisne que nos regala su belleza.

Un cúmulo de acusaciones tentaron la lengua de Pan, y sus ojos se congelaron por un momento para mostrarle su disgusto por la desvergonzada invasión de su intimidad.

-Me siento abrumada por semejantes palabras de caridad hacia mí, príncipe N°17. –Fingió una mirada de tristeza-. me temo que su gentileza sólo se ve superada por la piedad que siente por mí.

N°17 descubrió la mirada un tanto lejana de Pan, y con la suya le prometió la seducción más ferviente y apasionada. ¿Qué mujer podía resistir por mucho tiempo sus atenciones amorosas y su postura física? Se inclinó hacia Pan y con un descarado susurro ronco inquirió:

-¿Es en realidad inocente acerca del efecto que su maravillosa belleza produce el los hombres, Pan? –preguntó.

-¡Mi buen señor, volvería loca a cualquier muchacha con su gentileza! – amonestó Pan, reconociendo el desafío presente en la mirada del príncipe. Daba la sensación de que esperaba que ella aceptara el reto para lanzar el ataque.

-¿Gentileza? –rió N°17 tibiamente-. ¡Oh, no! Es puro y simple enamoramiento.

Aterrorizada ante semejante temeridad, Pan levantó el abanico un poco más alto para mecerlo delante de sus mejillas. Ahora podía entender mejor por qué la reputación del príncipe estaba tan extendida. Aplicaba su engañosa seducción con el arte de un verdadero. No parecía sentirse en absoluto inhibido por la presencia de su esposa. Era sumamente directo y mostraba poca consideración por los sentimientos de Maron.

Pan aceptó el desafío de lograr semejante hazaña, pues estaba decidida a no caer víctima de sus trucos lascivos, ni le permitiría pensar siquiera por un momento que se convertiría en otra diversión para él.

-No hay necesidad de que extienda su generosidad hasta tal extremo, señor mío. Aunque bien puedo ver el alto grado de belleza por el cual debo ser juzgada, estoy resuelta a soportar los inconvenientes de este pobre cuerpo que ve delante de usted sabiendo que está mucho más allá de mi capacidad poder competir con Maron, quien avergüenza al mismísimo sol con su esplendor.

N°17 se apartó un poco para mirar con ojo displicente a su esposa y logró torcer su boca en una breve sonrisa.

-Sí, por supuesto –replicó con poco entusiasmo. Luego se permitió ser un poco más magnánimo-. Supongo que es como la gema que está demasiado al alcance de la mano.

-A veces –terció Maron en un tono glacial, apenas moviendo sus labios tensos-, la joya rara es subestimada cuando otra más llamativa aunque mucho menos valiosa, atrae la vista.

Maron apretó los dientes en una sonrisa mal simulada. Si esa noche no se escapaba de la mansión, como tenía por costumbre, se prometía castigarlo por cortejar a la joven sin recato en su propia cara.

Maron enfrento a Yamcha y a Pan.

-Estoy segura de que los dos deben de estar hambrientos y, sin duda, exhaustos por su encuentro con esos horribles ladrones. –Ignoró la sorpresa en el rostro de N°17 y continuó fingiendo preocupación. Estaba ansiosa por airear su disgusto con su marido en la intimidad de la alcoba y tener una excusa para retirarse lo más rápido posible -. Debo recordar su extraordinario cansancio y no retenerlos demasiado con mi charla.

Después de haberles ofrecido la oportunidad para retirarse temprano, Maron los condujo al comedor, no sin antes dirigir una mirada de advertencia por encima del hombro hacia N°17, que seguía a Pan. Allí, podía complacer sus nefastas urgencias con un ojo atento a las ondulantes caderas de la joven.

Los comensales rodearon una pequeña mesa para disfrutar del zakuski de caviar y otras delicias servidas a modo de entrante antes de la comida principal. N°17 hizo una breve pausa para aceptar un trozo de pan untado con una generosa porción de caviar que le había preparado su esposa, y luego se inclinó hacia atrás con la bebida para permitirse la oportunidad de una nueva serie de preguntas.

-¿Qué es eso de los ladrones, Pan? ¿Acaso los acosaron renegados durante el viaje?

Pan abrió la boca para responder, pero Maron se apresuró a interrumpir con su propia versión.

-Una historia espantosa de asesinato y destrucción. –La princesa sacudió la cabeza mientras un largo suspiro salía de su boca-. Pobre Yamcha, tuvo suerte de escapar con vida. Y la querida Pan, bueno, es absolutamente inapropiado decir lo que ese horrible ladrón le exigió tras capturarla y llevarla al bosque...

Pan estaba segura de que el objetivo de la otra mujer era impedir cualquier tentativa de su marido cediendo a su insaciable hambre de nuevas vírgenes. Aunque no tenía la menor intención de satisfacer las intenciones de N°17, Pan no deseaba ver su nombre manchado por la malicia de otra persona.

N°17 miró a las dos mujeres asombrado, sin duda, por la revelación de su esposa.

-¿Qué significa eso? ¿Fue ultrajada por esos rufianes, pequeña?

-Temo que la historia a cobrado vida después de tanto contarla, señor –replicó Pan con una habilidad de la que no se sentía capaz, al menos en ese momento-. No hay necesidad de alarmarse –explicó con cuidado-. Fui rescatada del rapto por la aparición a tiempo de un comandante de los Húsares de Su Majestad. Si el coronel Brief estuviera aquí, estoy segura de que confirmaría mi versión, lo cual hará sin duda en su informe al zar Piccolo.

-¿Y ese coronel?- pregunto N°17- ¿Fue él quien la escoltó hasta aquí?

-Su majestad asignó esa tarea al capitán Ten Shin Han– le informó Pan-Quien en realidad acudió en mi ayuda fue el inglés al servicio del zar. Estaba de maniobras con sus hombres en aquella zona cuando se encontró con mi carruaje detenido y logró ahuyentar a los ladrones.

-¡Un inglés! –exclamó Maron, azorada ante la idea de que un extranjero pudiera poseer semejante rango en Rusia-. ¿En qué puede estar pensando mi primo al incorporar a un inglés en sus tropas?

-Querida, ¿cómo puedes hablar así del buen patriarca? –se burló N°17.

-¡Yamcha puede decírtelo! Sus ambiciones han demostrado ir más allá de sus obligaciones de patriarca.

N°17 miró con severidad al clérigo.

-Hablar de ese modo es muy peligroso, Maron, y tú sabes tan bien como yo que su majestad no tiene ningún interés en gobernar Rusia. El patriarca tiene la sabiduría indispensable para tomar las decisiones correctas para nuestro país. Si ha traído extranjeros para asegurar nuestra paz y entrenar nuestras tropas, no encuentro nada reprochable contra el hombre por querer reforzar nuestra capacidad de defensa.

-¿Qué estás diciendo, N°17? ¡Ese coronel Brief es un inglés! – Maron parecía sorprendida de que su marido pudiera tomar a la ligera ese dato.

Pan salió en defensa del coronel sin saber del todo por qué se sentía tan ofendida.

-Ese patán, Black, se burló de la habilidad de los hombres del zar hasta que el coronel Brief se enfrentó a su manada de lobos, y entonces el ladrón tuvo que lamentar la pérdida de aquellos que cayeron bajo el peso de la espada del coronel. Yo, por lo menos, estoy muy agradecida al inglés y a su habilidad, pues no estaría disfrutando de la seguridad de esta casa si no fuera por él.

Maron volvió a hablar con cierta indiferencia.

-Por supuesto, querida mía, es lógico que estés agradecida a ese hombre. Después de todo, su madre era inglesa, pero otras boyardas serían más reticentes a valorar la presencia de un extranjero. –Su boca se curvó en una sonrisa sagaz mientras hacía una conjetura-: Supongo que consideró que el coronel era atractivo.

-No, en realidad –respondió Pan con dureza, molesta de que Maron pudiera sugerir que sus sentimientos de aprecio estuvieran inspirados en la postura del hombre.

-Una ocasión tan fortuita podría ser considerada obra de la Divina Providencia, a menos que hubiera una mano más poderosa que guiara los acontecimientos –acotó Maron-. Fue una suerte, en verdad, que ese inglés estuviera cerca para acudir en su ayuda. –Sonrió con astucia mientras agregaba-: Y, según usted declara, en el momento preciso. Tal vez estaba esperando allí para lograr su agradecimiento por la hazaña.

Pan contestó con un fervor descontrolado.

-En vista del peligro que tuvo que afrontar ese hombre, no puedo hallar evidencia para apoyar la insinuación que sugiere que él, de algún modo, hubiera preparado el ataque para su propio provecho. Simplemente es inconcebible. Casi tuvo que pagar el precio más alto posible por mi rescate. Yo, por mi parte, estoy muy agradecida de haber escapado sana y salva de esos bandidos y aliviada de que el coronel Brief haya salido con vida.

Maron dirigió su mirada a Yamcha.

-¿Usted lo percibió del mismo modo?

-En general, es como la condesa Pan a dicho. –Notó una chispa de irritación en los ojos azules y se aprestó a calmar a la princesa-. Sin embargo, ninguno de nosotros puede discernir qué intenciones había en el corazón del inglés. Fue bastante brutal en su ataque a los ladrones.

-¿Qué? –Pan no podía creerlo-. ¡Señor! ¿Está sugiriendo que el coronel Brief debía haberlos tratado como niños traviesos y darles una palmada en la mano, o quizá que debiera haber esperado a lanzar su ataque hasta que ellos hubieran matado a alguno de nosotros? Por los rumores que he escuchado, las bandas de ladrones como la de Black no acostumbran a mostrar compasión por sus víctimas. ¡Repito que somos afortunados de haber escapado con vida!

Yamcha asintió ante aquellas palabras, pues vio la oportunidad de lograr que su benefactora se preocupara aún más por su situación.

-Y de un modo bastante violento. El gigantesco patán no lo habría pensado dos veces antes de quitarme la vida.

N°17 dirigió al clérigo una mirada un tanto maliciosa.

-No veo cicatrices de su enfrentamiento, Yamcha. Positivamente, parece gozar de muy buena salud y de un apetito envidiable. Me atrevería a decir que disfrutaremos de su compañía unas cuantas comidas más.

Un profundo rojo encendió el rostro marcado de viruela de Yamcha.

-Según parece, príncipe, me verá mucho más que antes.

-¿Eh? –Las cejas oscuras de N°17 se elevaron abruptamente mientras esperaba la explicación del clérigo.

-La princesa ha decidido, con gran sabiduría, que me ocupe de instruir a diario a la joven que tienen a su cargo.

-¿Qué? –La palabra escapó de los labios de Pan, que se dio la vuelta para mirar a la princesa, sorprendida por el anuncio de Yamcha-. ¿Quiere eso decir que usted ha comprometido a este...este...?

-¡Condesa Pan! –Maron exclamó con severidad para detener el flujo de palabras que amenazaba con salir a borbotones de la boca de la asombrada muchacha-. ¡Recuerde su posición!

Pan se obligó a guardar un rígido silencio, pues no se atrevía a decir nada en semejante estado de indignación.

N°17 pareció muy apenado ante semejante proyecto.

-Seguramente se trata de algún tipo de broma, Maron. Pan no tiene necesidad de ningún tipo de instrucción. Por lo que he escuchado, ha sido educada por algunos de los mejores mentores de este país, y en el extranjero casi ha recibido la misma formación que yo. No puedes pretender prolongar este arduo camino hacia la erudición.

-La muchacha necesita instrucción en los rigores de la vida y el decoro convencional. –Maron, obstinada, emitió su opinión desafiando a quien se atreviera a contradecir su decisión.

-¡Maldita molestia, si quieres saber lo que pienso! –replicó su marido.

Apoyó el vaso con brusquedad y se dio la vuelta con gesto severo. Sin dar ninguna explicación se encaminó a las puertas que conducían al vestíbulo y las abrió de golpe.

-¿Adónde vas? –preguntó Maron, presintiendo que estaba a punto de perder su compañía otra noche más.

-¡Fuera! – Gritó el príncipe y llamó al mayordomo-. ¡Borís!

El ruido de pisadas apresuradas se escuchó en el tenso silencio de la espera. El sirviente de cabello cano apareció casi sin aliento.

-Aquí estoy, señor.

N°17 se dirigió al mayordomo con el mismo tono atronador.

-Ve al establo y prepara mis caballos más veloces. Voy a salir esta noche.

-¿De inmediato, señor?

-¿Te lo ordenaría con semejante urgencia si tuviera la paciencia de esperar que nuestros huéspedes terminaran de cenar? –cuestionó irritado-. ¡Por supuesto que de inmediato!

-Como desee, señor.

Pan levantó la vista y descubrió que Maron miraba fijo al lugar donde, sólo un momento antes, había estado su marido.

Ni siquiera Yamcha se atrevió a hacer más comentarios.

La cena no tardó mucho en ser servida. Pan estaba completamente perturbada por la idea de que Yamcha iba a convertirse en su instructor.

Cuando la cena por fin terminó, los dos huéspedes se retiraron a sus respectivas habitaciones. La princesa Maron tomó su propio camino hacia la estancia que compartía, cada vez con menos frecuencia, con N°17.

La velada demostró ser tan agotadora para Pan como el viaje que acababa de soportar. Sólo podía predecir un desastre en los días y las semanas por venir.

Pan dio vueltas y vueltas en la cama, incapaz de dormir mientras su mente hervía. Sólo cuando sus pensamientos se dirigieron inadvertidamente hacia el coronel Brief se serenó y cayó en un sueño pacífico. No podía dejar de pensar en el momento en que él la había mantenido abrazada a su cuerpo húmedo.