CAPITULO

11

De inmediato, el coronel Brief se volvió hacia Pan, y sus ojos, aunque un tanto fantasmales en la oscuridad, parecieron bailar sobre ella desde la cabeza hasta la punta de los pies admirando la belleza de cada punto ene. Pan no tenía forma de discernir que estaba pensando o por dónde vagaba su imaginación y tal vez eso fuera lo mejor para su propia tranquilidad, pues Trunks Brief estaba llegando con toda rapidez a la conclusión de que lo seducía casi tanto vestida como cuando no llevaba nada en absoluto. Al recordar el momento en que ella salió de la tina en la sala de baños, casi se le cortaba la respiración.

Pan encontraba difícil hablar con su tenaz perseguidor, que no hacía ningún esfuerzo por ocultar el ávido interés que la joven le producía. Sintió el ardor del rubor que invadía sus mejillas cuando él, con una sonrisa, devoró cada detalle de su cuerpo, desde sus bien formados tobillos y los pequeños pies que la sostenían con tanta gracia hasta los mechones de cabello caían con suavidad contra su rostro.

-Condesa Pan, me siento honrado por su presencia y por su aparente buena salud. –Hizo una reverencia cortés y luego, después de incorporarse, dejó de lado el casco y se acercó a ella un poco más. Le regaló una sonrisa torcida, rasgo que ella comenzaba a sospechar era natural. Sus ojos brillaban con tal calidez debajo de sus pestañas que estaba segura de que ninguna sonrisa que hubiera recibido antes de un hombre se había convertido con tanta rapidez en una mirada de reojo-. Me temo que me veré forzado a dejarla otra vez, a pesar del solaz de su compañía. Pero tenga la seguridad de que la más fugaz de sus miradas alimenta mi mente y mi corazón.

El calor abrasador en las mejillas de Pan no podía ser aplacado con rapidez cuando él la agobiaba con palabras ardientes; sin embargo, la repentina sospecha de que tal vez las hubiera precitado con otras muchas doncellas logró enfriar a Pan, ella quería desalentarlo, deseaba que abandonara sus ambiciones amorosas, cualesquiera que fueran, pues sólo podía imaginar lo que sus continuas visitas harían con su reputación si él persistía.

-La princesa Maron acaba de advertirle acerca de su visita –declaró Pan con precaución, pues sabía muy bien que se aferraría a la más mínima cortesía para considerarla una indicación de su disposición favorable hacia él-. Lamento que haya tenido que venir desde su campamento hasta aquí para buscar la recompensa, coronel. Podría haber enviado a Roshi para que se la llevara.

Trunks introdujo dos dedos en un saquillo que tenía en la cintura, extrajo unas monedas y las metió en una bolsita de piel. Tomándole la mano, la giró y colocó la bolsa en su palma, luego le cerró los dedos y, por un momento le retuvo la mano en el calor de la suya.

-Encantado pagaré al hombre de mi bolsillo como evidencia del placer de su compañía –declaró con una audacia que persuasiva y suave como la seda-. Sólo aludí a la recompensa como una excusa para verla de nuevo. Si yo hubiera querido, habría mandado al mismo soldado a buscarla.

Pan retiró la mano por temor a que él detectara el pulso acelerado y lo confundiera con algo más de lo que era en realidad. Si su mera presencia la ponía casi al borde de la agonía, ¿Cómo no iba asentirse inquieta cuando él la tocaba?

Una sola mirada a Milk le dijo que la pequeña mujer aplaudía en secreto que ese hombre tratara de ganar su corazón.

-No puedo permitir que pague usted la devolución de mi broche, coronel. –Pan trató de devolverle la bolsa, pero él se negó a aceptarla.

-El dinero no es nada para mí, mi señora –le aseguró Trunks con caballerosidad-. Lo que busco es mucho más valioso.

- Pero su sacrificio es inútil, coronel. La princesa Maron preferiría que usted no regresara más. –Pan eligió sus palabras con total apego a la verdad, aunque sabía que usaba la orden de la otra mujer para lograr lo que en realidad no tenía deseos de alcanzar-. Estoy bajo su tutela y debo respetar sus deseos. Usted también.

Trunks alzó una ceja inquisidora y clavó su vista en los ojos oscuros hasta lograr que delataran una nerviosa confusión. Después de una larga pausa, emitió un suspiro pensativo mientras contemplaba los ojos bajos y las mejillas enrojecidas. Observó de reojo a Milk y vio muestras de la desilusión que sentía en el ceño fruncido y en la expresión preocupada de los ojos. Si se lo hubiera propuesto allí mismo le habría levantado el ánimo a la mujer con cierta esperanzas porque sabía muy bien que, cuando deseaba mucho algo, no aceptaba un simple no por respuesta hasta tener la certeza absoluta de que no había ninguna posibilidad. Después del encuentro en la sala de baños, había llegado a la conclusión de que la condesa Son Pan era la mujer a la que no podría olvidar con facilidad. Como no estaba completamente seguro de que su rechazo hubiera surgido de sus verdaderos deseos, no pensaba considerarlo más que como un pequeño obstáculo hacia su meta principal que no era sino ganarse a la doncella.

-Tal vez la princesa Maron cambie de opinión sobre mí con el tiempo. Sólo me queda esperar que así sea –respondió Trunks.

Perfectamente consciente de que podía asustar a la muchacha con la declaración que estaba a punto de hacer, mantuvo la voz suave y suplicante, aunque el fuego de sus aspiraciones había revivido al encontrarse tan cerca de ella.

-Pero debo confesar, condesa –prosiguió- que estoy más que preocupado por sus deseos que por los sentimiento de otros. Usted supone la esperanza de compañía más interesante que he visto por aquí, y me niego a ignorar el hecho de que usted exista sólo porque se me ha ordenado que no regrese. Sólo verla enciende mi imaginación y confieso que me siento perdidamente enamorado. –Hizo una pausa para darle tiempo a digerir sus palabras; luego continuó, encogiéndose de hombros-. Algo que he aprendido en la vida es que si uno se esfuerza mucho por ganar un premio, cuando lo obtiene lo valora más, Condesa –advirtió, esbozando una sonrisa-, sólo puedo asegurarle que todavía no he comenzado la batalla por ganar el honor de su compañía.

Pan estaba estupefacta por su sofocante persistencia y su incomparable descaro.

-Coronel, le ruego que considere la autoridad bajo la cual ahora me encuentro. –Hizo un heroico esfuerzo por persuadirlo a pesar de que dudaba de que algo pudiera hacerlo cambiar de opinión-. No soy libre de hacer lo que quiero. Debo avenirme a los deseos de aquellos que deciden por mí.

-¿Ayudaría si solicitara una autorización directamente al zar? – preguntó Trunks con una chispa de humor en sus ojos brillantes.

Esperó con suma atención la reacción de la joven. Si ella era en verdad fría y altanera, pronto tendría su respuesta.

La encantadora boca de Pan se abrió en completo asombro. La joven lo miró, horrorizada de que pudiera siquiera sugerir algo así.

-¡No, por favor! ¡Se lo ruego ¡ Quiero decir, ¡todo Moscú se revolverá con la noticia! ¡No debe hacerlo! ¡Se lo prohíbo!

Milk se tapó la boca con la mano y tosió mientras luchaba contra sus deseos de entrometerse. Había sido una ansiosa testigo del cortejo del coronel, y le resultaba difícil contenerse para no alentar a su señora. Estaba extasiada por la determinación del militar de pelear por lo que quería. Seguro, saltaba a la vista que no era un enamorado vacilante y de poca voluntad que pudiera ser desalentado con cualquier obstáculo, pensó con grato placer. ¡Este hombre sabía lo que deseaba y lo buscaba con celo! ¡Por eso debía tener semejante fortaleza!

-No tiene que preocuparse, mi señora –le aseguró Trunks a Pan con una sonrisa, cuya respuesta no había aplacado su ardor en lo más mínimo-. Ganaré primero el favor del zar, y luego formalizaré mi petición.

Pan se llevó una mano a la boca, espantada ante la posibilidad de que ese hombre se decidiera a hacer todo el camino hacia el trono. ¡Seguro que estaba bromeando! ¡Seguro que no tenía nada de qué preocuparse! ¡Seguro que no lo haría!

-Debo regresar a mis obligaciones- le informó Trunks-. Tengo que realizar unos ejercicios nocturnos y, por la mañana, todo un día de entrenamiento a campo abierto. Aunque la princesa Maron no me hubiera advertido que me mantuviera alejado, dudo mucho de que hubiera podido encontrar el momento para venir a verla, al menos por un tiempo. Pero no tema –agregó con una promesa-, ya volverá a verme.

Trunks hizo una pequeña reverencia y luego cogió el casco de cuero y se lo colocó en la cabeza. Caminó hacia el caballo, subió a la silla y giro para quedar frente a las dos mujeres. Con un gesto informal, rozó con sus dedos la ceja en un saludo de despedida. Pan lo miró mientras se alejaba por el camino, todavía sin salir de su asombro por la persistencia de aquel hombre.

-Es un hombre decidido –comentó Milk con una sonrisa que torcía los bordes de sus arrugados labios. En el silencio que siguió, echó una breve mirada a Pan y cruzó los brazos sobre el pecho-. ¿Sabes?, me recuerda a tu Padre, cuando iba a cortejar a tu madre. Nunca aceptó un no por respuesta, hasta que logró convencer a tu mamá de que se casara con él. Para entonces, mi querida Videl, que Dios la tenga en su gloria, ya pensaba que el sol y la luna aparecían sólo por el conde Gohan.

-¡Bueno, yo no creo que el sol y la luna aparezcan sólo por el coronel Brief! ¡Pero bien puedo imaginármelo tratando de ordenárselo! -exclamó Pan.

-¿Qué esperabas, querida? –Milk sacudió la cabeza encantada-. ¡Es un comandante de los Húsares de Su Majestad!

Pan exhaló en un exasperado bufido y fijó su mirada indignada en la delgada mujer.

-¡Y tú, Milk! ¡Se supone que debes estar de mi lado! ¡No del suyo! ¡Por la manera en que lo mirabas, cualquiera hubiera dicho que lo estabas midiendo y pesando como candidato para ser mi esposo!

-¡Vamos, mi niña, no hay razón para que te pongas así! – Trató de calmarla Milk-. Sólo me gusta ese hombre, nada más.

Otro suspiro irritado, bastante semejante a un gruñido, acompañó a una mirada de verdadera desconfianza.

-Te conozco muy bien, y no tengo ninguna duda de que te convertirás en cómplice del coronel si él continúa con esta conducta.

-¿Y qué le voy a hacer si tengo buen ojo para descubrir un hombre de primera?

Pan colocó las manos en su delgada cintura y lanzó un gemido de frustración. Era raro que pudiera ganar una discusión con Milk, y por lo tanto, abandonó.

-Supongo que ya ni te acuerdas del motivo por el cual te hice salir.

-¡Sabes bien que sí, y ni te imaginas lo que vi! –Su temperamento se aplacó al tiempo que su ánimo reflejaba la compasión por el recuerdo de lo que había presenciado-. Iresa no se equivocaba. Su sobrina está muy mal. Cociné para ella y para Sofí, la pequeña, y le di a una vecina algunas monedas con la promesa de más para que las cuidara hasta que yo pudiera volver. Con un poco de atención, estarán bien, pero Pares necesitará encontrar un trabajo para mantenerse y ocuparse de la niña a la vez que esté recuperada.

-Dudo que la princesa Maron le permita venir a trabajar aquí con una niña a cuesta –reflexionó Pan en voz alta-. ¿Tienes alguna idea?

Milk sacudió la cabeza con tristeza.

-Ninguna, pero seguramente hay algo que podamos hacer.

Pan consideró sus limitadas opciones, abrió los brazos en gesto de frustración y luego los dejó caer a los costados del cuerpo. No podía pensar en ningún plan mejor que enviar a las dos a su casa en Nizhni Nóvgorod, pero sabía que el largo viaje no sería fácil para una mujer en semejante estado de debilidad. Pareció una eternidad antes de que otra idea se abriera paso en su mente y su rostro comenzara a brillar de esperanza.

-Tal vez la condesa N°18 esté dispuesta a contratarla.

-¿Piensa que la princesa Maron te dejará salir para ir a visitar a la condesa N°18? –Milk tenía dudas de que algo así pudiera ocurrir-. Sabes que no le gusta nada la condesa.

-Le pediré autorización para ir a la iglesia –alegó Pan muy resuelta-. Seguramente no me la negará, y allí podré hablar con N°18 del asunto.

-Y una vez que se entere de que has hablado con la condesa, se me ocurre que nunca más te dejará volver a salir.

-No puede ser tan estricta como supones –replicó Pan, aunque sus palabras carecían de convicción.

-La princesa no tomará a bien que te veas con la condesa a sus espaldas.

Los delgados hombros de la joven se encogieron en un gesto de indiferencia.

-Sólo podemos esperar y ver qué sucede. Es poco probable que Maron me deje salir pronto de todos modos, pero tal vez, con el tiempo, consiga su permiso-. Tomó el brazo de Milk y le ordenó a la mujer-: Ahora ven conmigo. Iresa espera noticias de su hermana. Y debo vestirme para la cena antes de que la princesa Maron salga a buscarnos.

Poco tiempo después, Pan, se unió a la princesa Maron en el vestíbulo principal. Allí, la mujer le presentó una cuenta, pero no fue hasta que la joven regresó a su habitación cuando advirtió que la cifra de Maron por la recompensa no era la misma suma que Trunks le había devuelto en la bolsa. O él se había quedado con algunas monedas o la princesa había agrandado la cifra que supuestamente le había dado. Como no había necesidad de que el coronel devolviera la bolsa, la única posibilidad que quedaba era considerar la ambición de la princesa, que tenía más que suficiente riqueza por sí misma.

...

A la mañana siguiente, Pan volvió al comedor para encontrar a Yamcha. Parecía bastante satisfecho con su labor como encargado de la disciplina y controlaba de cerca que no se le escapara ninguna infracción. La muchacha casi se sintió aliviada cuando se abrió de golpe la puerta principal y N°17 entró en la habitación.

-Un mensajero acaba de informarme de que el padre de Maron está enfermo en el monasterio –alegó-. A su madre le gustaría que ella fuera a verlo. Supongo que Maron le considerará una valiosa escolta. Por lo tanto, si yo fuera usted, comenzaría a prepararme para el viaje.- dijo mirando a Yamcha.

Yamcha pareció atónico ante la posibilidad de un nuevo viaje difícil y prolongado por delante, en especial, cuando podría volver a ser atacados.

-Pero acabo de regresar de...

-Estoy seguro de conocer bien a mi esposa y sé que necesitará unos días para prepararse –declaró N°17 con lánguida indiferencia.

Desinteresado por completo de las incomodidades del clérigo, levantó la cabeza en silenciosa elocuencia, hasta que Yamcha abandonó la habitación.

-Según parece, se verá privada de las lecciones de Yamcha en un futuro próximo, condesa, al menos por un tiempo. –N°17 tomó un plato y comenzó a seleccionar pequeñas porciones de las delicias que había preparado Iresa. Observó de reojo la reacción de Pan y captó un gesto de preocupación que le marcaba el entrecejo-. ¿Detecto algo de tristeza en su dulce rostro? –Rió socarronamente, pues sabía muy bien qué era lo que perturbaba su espíritu-. ¿O de preocupación porque nosotros dos nos quedaremos solos? Excepto por los sirvientes, tendremos toda la casa para nosotros.

Pan le hizo frente sin pestañear.

-Al contrario, príncipe N°17. Estoy segura de que ahora su esposa aprobará que me quede con la condesa N°18 en su ausencia. Me parece poco probable que usted y yo nos quedemos juntos aquí sin una adecuada compañía. Sabe muy bien qué prontas son las lenguas a difamar, y no permitiría que su carácter intachable se vea ensombrecido por mi presencia aquí.

-Es una mujer inteligente, Pan. Me siento muy reconfortado por su presencia.- Sus cálidos ojos azules brillaban-. Disfrutaré mucho al conocerla mejor.

-Cuando estemos acompañados por otros, por supuesto –aceptó Pan con apenas un trazo de sonrisa desafiante.

Con una breve cortesía, lo dejó comiendo solo y se encaminó, escaleras arriba, a sus habitaciones. No tenía el menor deseo de estar cerca de él.