CAPITULO

13

Se dio la vuelta abruptamente y casi tropezó con N°18 que estaba llegando al carruaje. Se sujetó el sombrero con firmeza en la cabeza, curvó los hombros contra la lluvia y saltó sobre el lomo del semental negro para salir al galope en la lluvia torrencial, permitiéndose sólo una breve mirada hacia atrás.

N°18 subió al carruaje para sentarse al lado de la joven, pero estaba mucho más interesada en las galantes hazañas del extraño que en su pobre condición.

-Mi querida Pan, estaré muy molesta si no has hecho planes de venir a casa conmigo esta tarde –declaró-. ¿No puedes brindarle una pequeña porción de tu tiempo a una vieja amiga?

Pan se quitó el sombrero estropeado de la cabeza y emitió un suspiro que revelaba que estaba, mentalmente, muy lejos del lugar.

-Siempre me encuentra en mi peor estado.

La queja murmurada con suavidad alcanzó los oídos de N°18 a pesar de las ruidosas gotas que golpeaban el techo del carruaje. Aunque trató de no parecer demasiado ansiosa. No podía silenciar una pregunta.

-¿Quién, querida?

Al darse cuenta de que la había descubierto pensando en voz alta, Pan miró a N°18 de reojo y encogió los hombros en un intento por evadir la cuestión.

-Nadie, N°18 Nadie en absoluto.

-Ah –murmuró la mujer, pensativa, mientras se recostaba contra el asiento decepcionada. Sabía que la muchacha nunca rompería su silencio si se trataba de algo muy personal, y era obvio que el tema del extranjero era un asunto que Pan prefería mantener oculto, lo que generó más curiosidad en N°18. Si las reacciones de la doncella fueran algún tipo de indicación, entonces estaba inclinada a pensar que el hombre, quienquiera que fuera, había impresionado bastante a la joven.

N°18 fingió un suspiro y continuó indagando.

-Supongo que debo ignorar la identidad del galante caballero que te trajo hasta el coche, pues es claro que no tienes intenciones de confiar en una amiga.

Incómoda, Pan, descartó el asunto.

-Nadie de importancia, N°18. ¡De verdad!

La condesa N°18 respondió con una sonrisa sublime.

-Sin embargo, puedo ver que estás completamente distraída a causa de ese hombre.

Un profundo rubor tiñó las mejillas de Pan, y para ocultarlo comenzó a arreglarse la falda y a quejarse del estado de sus ropas.

-¡Estropeado! ¡Absolutamente arruinado! ¡Y era uno de mis vestidos favoritos!

-Estás impresionante con él –reflexionó N°18-. Querida, tú tienes un aspecto impresionante con cualquier cosa que te pongas. Por supuesto, esa es la razón por la que atrajiste a ese hombre en primer lugar. Parece perdido por ti.

Pan, desesperada, hurgó en sus pensamientos en busca de otro tema del cual pudieran hablar con comodidad, y casi se relajó al recordar la razón por la que quería ver a su amiga en primer lugar.

-Ah, querida N°18, perdóname por ser tan atrevida, pero la cocinera de Maron tiene una hermana, que ahora se está recuperando de una enfermedad, y necesitará un empleo cuando esté bien del todo. ¿Tendrías algún puesto que ella pudiera cubrir?

N°18 no perdió el tiempo en preguntar.

-¿Sabe cocinar?

-Me temo que sé muy poco de Pares, excepto que está muy necesitada, pero puedo preguntar a Iresa qué experiencia tiene.

-Si sabe cocinar, envíamela cuando esté bien –sugirió N°18-. Mi vieja cocinera murió desde la última vez que me visitaste y tengo necesidad de encontrar una persona que la reemplace antes de que pierda la paciencia tratando de enseñar a una ayudante de cocina cómo hervir agua. Tú sabes, con todos los invitados que tengo, las comidas pueden ser un desastre sin una cocinera adecuada.

-La mujer tiene una niña –dijo Pan a su amiga-. Una hija de tres años.

N°18 sonrió ante la idea.

-Sería bueno escuchar la risa de una niña pequeña en la casa. Hay algunos días en que me encuentro muy sola en ese enorme caserón a pesar de la compañía que tengo. La casa necesita un poco de luz que la ilumine. Y se te van a alejar de mi lado, querida Pan, entonces debo encontrar otra pequeña a quien mimar. –Esta vez N°18 no fingió el prolongado suspiro que indicaba un ánimo nostálgico.- Ojalá hubiera podido tener hijos. Sobreviví a mis tres maridos y ninguno de ellos pudo darme un hijo por mucho que quise.

La delgada mano de la condesa más joven se posó con genuino afecto en la de la mayor, y una sonrisa tierna curvó los atractivos labios de Pan.

-N°18, siempre pensaré en ti como la mujer que he amado casi tanto como a mi madre –le aseguró.

Lágrimas brillantes empañaron los ojos azules de N°18 que miró a su joven amiga con gran afecto.

-Y tú, mi querida y hermosa Pan, eras la hija que nunca tuve, pero siempre quise desesperadamente.

...
Pasaron varios días después del encuentro inicial con N°18 antes de que Pan volviera a tener autorización para aventurarse más allá de la mansión. Maron envió a Pan a que hiciera las compras de comida en el mercado de Kitaigorod. Le dieron órdenes estrictas de qué comprar, dónde obtenerlo y cuánto pagar. Cualquier importe por encima del precio fijado tendría que salir de su propio bolsillo.

Roshi detuvo el coche en la Plaza Roja cerca del mercado de Kitaigorod, y Pan hizo el resto del camino a pie con Milk en busca de los productos necesarios. La condesa lucía sus atuendos de campesina, pues no quería dar a los vendedores la impresión de que era una mujer de fortuna. Sabía muy bien que estarían más inclinados a pactar un precio menor si dudaban de su capacidad económica.

Pan compró con eficiencia, aceptando el consejo y la sabiduría que le ofrecía Milk. Entre los ruidos de las gallinas y los gansos, Pan y Milk regresaban al coche, justo en el momento en que una compañía de soldados montados a caballo se acercaba con sus mejores uniformes. El corazón de Pan dio un salto de rápida excitación al reconocer al coronel Brief cabalgando al frente de la tropa en un caballo diferente al que siempre le había visto. Este era castaño oscuro, tan hermoso como el que ella apenas había vislumbrado la primera vez que se encontraron en el bosque, lo que la llevó a pensar que debió haber pagado el envío de este desde Inglaterra. Habría hecho una pausa para mirarlo, admirada, a no ser por Milk que, con la intención de atrapar la atención del hombre, corrió al otro lado del coche para saludarlo con los brazos y gritar su nombre en el momento en que pasaba cerca de ellas.

-¡Coronel Brief! ¡Yuju! ¡Coronel Brief!

-¡Milk! ¡Basta ya! –dijo Pan sin aliento, avergonzada por la conducta de Milk.

Milk le obedeció al instante, pero para su gran deleite se dio cuenta de que había conseguido atraer la atención del oficial. Una sonrisa divertida torció los labios de Trunks mientras honraba a Milk con un saludo casual. Luego sus ojos buscaron más allá de ella, a la mujer cuyo rostro llenaba gran parte de sus pensamientos durante la vigilia y todos sus nocturnos sueños. Ensombrecidos por un casco pulido, sus ojos azules emanaron una luz propia al encontrar, entre varios cajones con patos y pollos, a la mortificada condesa completamente ruborizada. En ese preciso momento, la joven deseaba con toda su alma que una grieta se abriera en la tierra debajo de sus pies para desaparecer en ella. Como el agujero no apareció, Pan se vio forzada a quedarse donde estaba y someterse a la rápida inspección del coronel que pasaba cabalgando. Ella respondió con un movimiento de cabeza al saludo recibido, pero no pudo ignorar el hecho de que la sonrisa ladeada era mucho más pronunciada de lo normal y que la gente que la rodeaba se daba la vuelta a mirarlos.

Sin que Pan lo supiera, en el otro extremo de la conmoción, sonreía con serenidad la condesa N°18, que disfrutó cada minuto de lo acontecido y, con el mismo entusiasmo, de los comentarios de su principesca compañía que, como administrador de la corte del zar, conocía los últimos sucesos de palacio.

Pan se sintió miserable cuando se dio cuenta de que había atraído la curiosidad de casi todos los que la rodeaban.

-Milk! ¡Me haces maldecir el día en que mi madre te contrató!

Milk limpio con la mano la sonrisa de su rostro. Fingiendo inocencia y confusión.

-¿Qué he hecho?

-¡Todo lo que no debías! –gruñó Pan y levantó una mano como en una súplica-. ¡Por qué no tendré una ama de llaves que sepa mantener la boca cerrada! –Con una siniestra mirada a la mujer, Pan le apuntó con un dedo increpante. -¡Tú, Milk, has arruinado mi día! ¿No sabes que he estado tratando de evitar las atenciones del coronel Brief? ¿Y qué haces tú sino saludarlo desde lejos, con todas tus ganas, como si fueras un vago de taberna? ¡Y a la vista de todos los chismosos! ¿Tienes idea del daño que me has causado? ¡Estoy segura de que llegará a oídos de Maron antes de que lleguemos a la casa!

-Hmmmmm.-Milk recogió los brazos en una postura petulante. -¡Como si no te hubiera cambiado los pañales desde el día en que naciste! ¡Como si no supiera en mi pobre cabeza lo que estás necesitando! ¡Te quejas de mis modales cuando es en los tuyos en los que te tienes que fijar! Trunks es un gran caballero, ¡aunque lo tenga que decir yo misma! ¡Y si tienes ojos para algo tendrías que pensar lo mismo!

-¿Ah, Trunks? ¿Y quién te dio permiso para usar su nombre de pila? – dijo Pan imitando su acento-. ¿Tienes tanta confianza en ese hombre? ¡Trunks!

-¡Es un hermoso nombre irlandés! –protestó Milk.

-¡El coronel Brief es inglés! –declaró Pan-. ¡Hecho caballero en el suelo inglés! ¡No es un irlandés!

-¡Ah, es el buen sir Trunks, ¿no es cierto?! Bueno, te apuesto mi falda a que su madre fue una irlandesa que se supo ganar el corazón de un hombre. –Milk sonrió a su señora que dejó caer los brazos en señal de disgusto.

-No tengo ni la paciencia ni el tiempo de discutir, querida Milk –concluyó Pan-. Debo regresar antes de que la princesa Maron envíe a una partida a buscarnos.

-¿No tienes un poquito de curiosidad por saber dónde va el coronel con sus hombres todos tan engalanados? –preguntó Milk, esperando incitar cierto interés-. ¿No podemos seguirlos un poco para ver?

-¡Jamás! –Pan no tuvo contemplaciones con la idea. No iba a permitir que el indomable coronel tuviera el privilegio de pensar que ella estaba detrás de él. La sola idea de alentarlo en sus pretensiones la hizo temblar. Ya había demostrado que era persistente. Sólo podía preguntarse cuán agresivo demostraría ser si se le daba un poco de aliento.

...

El príncipe Nappa era un boyardo, que contaba con unos setenta años. Se había casado y había enviudado dos veces. En esas uniones había engendrado siete hijos. Se sabía muy bien que estaba buscando una tercera posibilidad de una nueva cosecha y, aunque muchos padres estaban deseosos de presentar sus hijas como esposas potenciales con la esperanza de acceder de algún modo a la riqueza de él, el príncipe era muy cauto y discriminatorio como una anciana viuda temerosa de perder sus títulos y posesiones ante un sinvergüenza sin escrúpulos.

Los hijos de Nappa eran todos robustos jóvenes con una tendencia a pelear por cualquier motivo. Sus temperamentos se desbordaban con facilidad, inclusive uno contra el otro.

Maron sabía que estaban tentando al destino al pedir al príncipe Nappa y a sus siete hijos que asistieran a la recepción en honor al clérigo Yamcha.

Por mucho que le preocuparan los peligros inherentes a invitar al bullicioso clan, Maron estaba más preocupada por el riesgo de permitir que la muchacha que estaba a su cargo asistiera a la recepción. Muchos que conocían a la joven condesa jamás la habrían considerado como posible causa de problemas, pero Maron despreciaba esos razonamientos. No sólo la belleza de Pan podía atraer las ardientes atenciones de N°17, sino también la admiración incondicional del príncipe mayor Nappa.

Reticente al extremo a permitir que la joven avanzara en ninguna de esas dos áreas, Maron se dirigió a la habitación de Pan antes de la llegada de los invitados para indicarle lo que el decoro requería de ella durante toda la velada. Si Maron hubiera podido retener a la joven lejos de las festividades sin despertar la curiosidad de los invitados que conocían a Pan personalmente o sabían de su existencia por una anterior vinculación con su padre, lo habría hecho sin dudar.

Sin embargo, fue sólo después de ver a la muchacha vestida con sus mejores galas cuando muchas de sus aprensiones se convirtieron en un frío nudo de miedo en la garganta. Vestida de blanco invernal, Pan tenía un aspecto tan deslumbrante como la reina de nieve de la fábula, y confirmaba los peores temores de Maron. La princesa, que había entrado en la habitación de la joven sin golpear, se quedó sin palabras por un momento ante la imagen que la recibía. Tratando de vencer su propio asombro ante la belleza que tenía enfrente, cruzó la recámara para encarar a Pan de cerca.

-Si la veo divirtiéndose con mis invitados como una tonta sin cerebro o escucho algún rumor acerca de sus acciones, juro que no le permitiré dejar esta casa hasta que haya sido castigada como corresponde por cada falta. ¿Soy suficientemente clara? Aunque haya gozado de mucha libertad bajo la autoridad del conde Son Gohan, espero que se comporte con aceptable humildad y sea tan correcta y reservada como una doncella rusa debe ser.

Pan respondió con una sonrisa forzada, pues le costaba tolerar las amenazas de la mujer.

-En verdad, princesa, se ha tomado demasiadas molestias para hacerme conocer sus deseos.

-¿Detecto una pizca de sarcasmo en su tono?

-Mi manera de comportarme es, en general, reservada, Maron, por eso me parece bastante inútil que me dé consejos sobre la etiqueta adecuada para una dama. Después de todo, he logrado cumplir con esas funciones antes, sin causar sufrimientos o vergüenza indebidas a otros.

-No estamos hablando de su comportamiento en las cortes de los franceses o de los ingleses, ¡sino aquí en mi casa! –respondió Maron agitada-. ¡No voy a tolerar una conducta desenfrenada mientras esté con mis invitados!

-Si tiene tanto miedo de que la humille, Maron, ¿por qué no cierra la puerta con llave y ya está? –Pan luchaba contra el resentimiento que crecía mientras la princesa le clavaba los ojos.- a mí no me molestaría en absoluto quedarme en mi habitación si eso ayuda a calmar sus inquietudes.

-Por desgracia, tuve la necesidad de invitar a varios conocidos suyos que han adquirido reconocimiento como ayudantes del zar. Ellos notarían su ausencia. –Maron respiró profundamente en un gesto de arrogancia.- Entiendo que usted es muy amiga de la princesa Marron. Ella estará aquí, aunque su marido no pudo deshacerse de las obligaciones que le asignó el mariscal de campo. Ella asistirá a la reunión de esta noche. Estoy segura de que usted la conoce mejor que yo.

-Quédese tranquila, Maron. Pondré toda mi atención en cumplir con sus deseos.

Maron respiró profundamente antes de liberar un tedioso suspiro y revelar una concesión que le había costado mucho hacer.

-En contra de lo que consideraba correcto, he sido lo bastante generosa como para extender una invitación a la condesa N°18 y ella respondió afirmativamente. –Maron ignoró la repentina sonrisa de alegría de la muchacha y, con deliberación, omitió toda mención a sus motivos, que se centraban en la idea de que N°18 sería capaz de ocupar la mayor parte del tiempo de Pan y, por lo tanto, se reduciría la amenaza de que la joven se relacionara con otras personas más delicadas por naturaleza.

Maron giró de un modo abrupto y cruzó la habitación, pero hizo una pausa en la puerta para observar a Pan.

-No necesita apresurarse, Pan. Los invitados están comenzando a llegar, y pasará un rato antes de que todos estén aquí. N°18 dijo que vendrá un poco más tarde, de todos modos.

Maron salió antes de que Pan pudiera hacer otro comentario y se apresuró escaleras abajo para asegurarse de que todo estuviera en orden.

Cuando Pan, se decidió a dejar su habitación, caminó por el pasillo hacia las escaleras y estaba a punto de descender al vestíbulo principal cuando fue interrumpida por el rápido avance de N°17 que subía los últimos escalones. La muchacha tenía la firme sospecha de que él había estado esperando en las cercanías y había subido sólo después de escuchar que ella cerraba la puerta y empezaba a caminar. Con audaz confianza, el príncipe hizo una pausa delante de ella mientras su mirada trepaba desde los enjoyados dedos de sus zapatillas de satén hasta la cima adornada de perlas de su kokoshniki. Los labios de N°17 se separaron en una sonrisa lenta y sensual que no dejaba lugar a dudas sobre su disposición lujuriosa, mientras sus ojos se encendían de un ardiente deseo.