CAPITULO

14

Los labios de N°17 se separaron en una sonrisa lenta y sensual que no dejaba lugar a dudas sobre su disposición lujuriosa, mientras sus ojos se encendían de un ardiente deseo.

-He querido hablar contigo, Pan –murmuró, y tocó con suavidad su todavía débil nariz, como si el verla le hubiera hecho recordar el incidente-. Aunque otros hombres podrían haberse sentido ofendidos por tu determinación para preservar tu virtud, querida, debo tener en cuenta que tu naturaleza es, quizá, diferente de la de la mayoría de las mujeres. Sin duda, vas a sufrir si continúas negándome...

Pan estaba resuelta a no escuchar ninguna de sus amenazas. Ya había oído suficientes intimidaciones de parte de Maron y estaba en el límite de lo que podía aguantar. Con enfadada reticencia, trató de pasarlo, pero el brazo de N°17 pronto se deslizó alrededor de su cintura para detener la huida. Sorprendida por un momento, miró la silenciosa sonrisa del abusador, y luego con un horrendo empujón que casi le arranca la cabeza de los hombros, él la envió dando tumbos a la pared más alejada, donde se estrelló en una sacudida. N°17 la siguió, y la tomó casi con suavidad de la garganta, sólo para incrustarle la espalda contra la pared.

-No tienes que apurarte –se burló y bajó su rostro hacia el de ella hasta que la joven pudo sentir su aliento caliente-. No notarán tu ausencia allí abajo hasta dentro de un rato, querida. Como ves, Maron está absorta, lo que nos da libertad para que gocemos a nuestro antojo.

Pan clavó sus uñas en los dedos largos y delgados que cada vez apretaban más la banda enjoyada de su cuello impidiendo el flujo normal de sangre a la cabeza y obstaculizando seriamente su capacidad de respirar. Como si estuviera a una gran distancia, escuchó la risa suave y burlona de N°17.

-¿Ves, Pan? Me he reservado esta pequeña demostración sólo para mostrarte que es inútil que continúes luchando contra mí. No puedes tener la esperanza de impedirme que posea lo que quiero. Preferiría tu respuesta voluntaria, pero hasta que te sometas, me veré forzado a continuar demostrándote la locura de tu resistencia.

De repente N°17 la soltó y dio un paso hacia atrás permitiendo que Pan cayera de rodillas en busca de alivio contra la pared.

-Habría sido muy gentil contigo aquel día, Pan, pero ahora me he vuelto impaciente y quiero terminar con esto lo más pronto posible.- La levantó y la tomó de las muñecas que aplastó contra la pared, una a cada lado de su cabeza mientras le observaba el rostro con detenimiento.- sigues tan distante como una reina virgen... una doncella de nieve que se ha apoderado de mi corazón. Así es como te llaman ¿no es cierto? He escuchado que decían: "¡La condesa Son Pan, la reina de nieve! ¡La doncella de hielo!" ¿Eres tan fría como dicen, Pan? ¿O te derretirás en mis brazos y te convertirás en el pájaro de fuego que he buscado por toda la tierra?

-¡Le advierto, N°17! –dijo atragantada, pues su garganta no había logrado recuperarse, luego apretó los dientes con una feroz determinación. ¡Tendrá que matarme aquí mismo si insiste en llevar a cabo sus locuras! Con el poco aire que me ha dejado en los pulmones, gritaré y haré que toda la casa caiga sobre usted. ¡Juro que lo haré!

-Ay, Pan, ¿cuándo aprenderás? No tienes más posibilidad que darme lo que te exijo. –Como si necesitara una vez más demostrarle que su fuerza era superior, N°17 deslizó una mano por detrás del cuello de ella y la tomó con crueldad de la nuca, forzándola a ponerse de puntillas hasta que sus ojos, desde muy cerca, se hundieron en los de ella.- Si todavía piensas que no soy capaz de enderezar las cosas, entonces escucha con atención. Si sigues negándote, juro que te convertiré en la prometida del primer anciano que sea lo suficientemente mayor como para vengarme. Tal vez así, encerrada en un matrimonio infeliz, estés dispuesta a recibir los dones masculinos de un perseguidor más competente. –Le dio énfasis a sus palabras golpeándole la espalda contra la pared y aplastándola con su peso. Aunque Pan se retorció por el dolor que le infringió, decidió no seguir escuchando sus amenazas.

-¡Salga de aquí! –Logró articular mientras sus manos, trataban de golpear su ancho pecho-. ¡Déjeme en paz!

-¡Te dejaré en paz! –le gritó, mientras apartaba las manos y la apretaba a ella contra él. Su boca encontró la de ella y, con un hambre desenfrenada, forzó los a labios de Pan a soportar la insultante intrusión de su lengua.

Pan luchó contra él, repelida por el hombre y su abrazo. Su cerebro rechazaba la audaz afrenta y estaba lleno de una furia incontenible. Con uno de sus brazos buscó en la pared hasta encontrar un pesado candelabro que sabía colgaba justo encima de su cabeza. Iluminada por las velas, chisporroteantes, estrelló contra el cráneo la pesada pieza, con toda la fuerza que le confería su sed de venganza.

N°17 trastabilló, sin comprender del todo lo que sucedía y se llevó una mano a su frente mientras un aura rojiza descendía por sus ojos. Pan no le dio al libertino la oportunidad de que volviera a interrumpir su huida, se soltó y voló por las escaleras.

Al llegar a la planta baja, se apresuró hacia el gran vestíbulo, hizo una pausa cerca de la entrada al gran salón y desde el perímetro exterior formado por el círculo de invitados, comenzó a buscar a la princesa Marron hasta que descubrió a la joven, de pie cerca del otro extremo de la habitación.

Un momento después, Marron le rogó a la princesa Maron que la perdonara y se excusó, diciendo que tenía que asistir a una inspección con el zar muy temprano por la mañana, y necesitaba descansar.

La princesa Marron miró a su alrededor en busca de Pan y sonrió de placer cuando finalmente la vio emerger en medio de la gente.

-Pensé que tendríamos tiempo para hablar –le susurró Marron al oído mientras se abrazaban-. Mi marido Uub, me ha contado ciertas cosas que estoy segura que te encantará escuchar, pero como ves, debo partir.

-Te veré tan pronto como me sea posible –prometió Pan en un rápido murmullo-. Entonces podremos hablar. Aquí no es un lugar muy seguro.

-Cuídate –le ordenó Marron mientras la besaba en la mejilla.

En el umbral, Pan esperó hasta que Marron hubiera conducido a su carruaje y se hubiera alejado. Luego entró en la casa y permitió que Boris cerrara la puerta detrás de ella. Se retiró entonces al comedor donde pronto sintió que su atención era atrapada por un grupo de varios boyardos que de pronto estaban rodeándola. Eran siete en total y se parecían mucho en altura, porte y también en las facciones. Hasta las amplias sonrisas que les iluminaban el rostro indicaban su parentesco.

-¡Encantadora! –suspiró uno de ellos. Sonrió a Pan y luego, con fingida conmoción, cayó en los brazos de uno de sus compañeros emitiendo un suspiro exagerado.

-¡Cautivadora! ¡Un regalo para la vista! –declaró otro con exuberancia, mirándola muy de cerca.

-Permítame presentarme, boyarda –dijo el más alto-. Soy el príncipe Fiódor, el hijo mayor del príncipe Nappa, y estos –con una mano, señaló a todos sus compañeros-, son mis hermanos, el segundo, Igor, y luego Port, Stepán, Vasili, Nikita y Serguéi, el menor.

Mientras los iba presentando, cada uno daba un paso al frente con una amplia sonrisa y cuadraban los talones en una reverencia galante. Después, Fiódor se colocó delante de ellos, aparentemente como portavoz de sus hermanos, que lo rodearon. Juntos esperaron la respuesta cuando el mayor preguntó:

-¿Y su nombre, boyarda?

Con una sonrisa agraciada, Pan se hundió en una profunda cortesía delante de ellos mientras aclaraba su garganta.

-Soy la condesa Son Pan, recién llegada de Nizhni Nóvgorod.

-¿Tiene hermanas? –Preguntó ansioso Serguéi y se quejó-: Nosotros somos muchos y usted una sola.

Por primera vez esa noche, Pan fue capaz de sonreír, divertida, como si sus tensiones comenzaran a ceder.

-Me temo que no, príncipe Serguéi. –Acompañó su respuesta con un gesto de los hombros.- El destino quiso que fuera hija única.

-¿Y su marido? –Levantó una ceja oscura mientras preguntaba con aliento entrecortado.- ¿Dónde está él?

-Perdón, mi estimado príncipe, pero no tengo ninguno.

-¡Una pena! –se lamentó entre risas. El príncipe Serguéi se acomodó su kaftan con confianza, hizo a un lado a sus hermanos y se colocó delante de ella para presentarse de nuevo-. Permítame, condesa Pan, expresar mi profundo sentimiento de aprecio por su belleza. En los veinte años que llevo sobre esta tierra, nunca he visto a una doncella tan hermosa. ¿Me haría el gran honor de permitirme que la cortejara...?

De inmediato fue empujado por Stefan y sus ojos oscuros, que presentó una cálida sonrisa mientras tomaba el lugar que antes había ocupado su hermano.

-Serguéi no es más que un niño, condesa. Un joven sin experiencia, pero yo tengo treinta años, y aunque también es cierto que nunca he visto a nadie que la iguale en esplendor, pienso que usted estará de acuerdo en que soy más apuesto que Serguéi.

-¡Ja! –El robusto Igor hizo un movimiento con su brazo y alejó a Stefan a empujones. Con una mano en su hermosa barba, se colocó en audaz pose delante de ella y la miró con sus centelleantes ojos azules. –Ninguno de mis hermanos puede igualarme en experiencia... –Levantó una ceja en actitud de desafío, miró a un lado y a otro de sus hermanos mientras alardeaba: -Ni en apostura.

Fuertes risotadas acompañaron esta declaración, revelando el escepticismo de sus hermanos, que comenzaron a discutir entre ellos.

-¡No es cierto! ¡Yo soy el más apuesto!

-¡Vamos! ¿Crees que la condesa Pan se tragará esas mentiras cuando estoy aquí para que me vea?

-¡Es una pena que no te hayas mirado bien en el espejo últimamente! ¡Te garantizo que he visto mejores rostros en la parte trasera de un oso!

Pan estaba a punto de echarse a reír, pero se contuvo de inmediato cuando el ofendido dobló el puño y lo descargó sobre la nariz del que lo había insultado. Los hermanos pronto se dispusieron a dirimir la cuestión por la fuerza hasta que un sonoro bufido se escuchó directamente detrás de ellos. El sonido tuvo un efecto sobre los hombres, que Pan encontró asombroso. Enfrió sus temperamentos de un modo tan abrupto y eficaz como lo hubiera hecho un cubo de agua helada. Se hicieron a un lado con rapidez para dejar pasar a un hombre mayor que caminaba con paso incierto. Ni el coronel Brief ni Black podían competir con su estatura, pues el hombre tenía al menos media cabeza más que cualquiera de los dos.

-¿Por qué os estáis peleando, ahora? –farfulló con una voz profunda mientras observaba con detenimiento a la joven mujer.

-La condesa Pan no tienen hermanas, papá –respondió el menor-. Estamos tratando de decidir quién de nosotros la cortejará.

-¿De verdad? –El príncipe Nappa ya había adquirido un gran interés en la doncella y se vio alentado por el comentario de su hijo. Anticipado ese momento, pasó el índice por debajo de su tupido bigote, y le brindó su sonrisa más ardiente.- Si me permite presentarme, condesa, soy el príncipe Nappa, y estos, como estoy seguro ya imagina, son mis hijos. ¿Se han presentado?

-Por supuesto, señor –respondió, con una nueva cortesía. Al levantar la vista, vio que la princesa Maron se abría camino entre los invitados que se había reunido para ver las extravagancias de la familia del príncipe.

-¿Qué pasa aquí? –preguntó la princesa, tratando de parecer amable, pero sin lograrlo. Cualquiera que fuera el problema, señalaba a Pan como la culpable.

-Mis hijos y yo estábamos presentándonos a esta hermosa doncella – explicó Nappa-. ¿Puedo preguntar por qué no fuimos informados antes de la presencia de la condesa Son Pan?

-No sabía que quería conocerla.

-¡Tonterías! ¡Cualquier hombre estaría interesado en conocer a una mujer con ese aspecto!

Con una sensación de derrota temporal, Maron hizo un valiente intento por sonreír y le murmuró entre dientes a Pan:

-Creo que acabo de ver el carruaje de la condesa N°18 aproximándose por el camino que conduce a la casa. ¿Le importaría ir y saludarla, querida?

-Sí, por supuesto –respondió Pan con ansiedad y volvió a mostrar sus respetos al príncipe-. Si me disculpa, príncipe Nappa, una amiga mía ha llegado y tengo muchas ganas de verla.

El hombre mayor inclinó un poco la cabeza en señal de autorización, y Pan se escurrió entre los invitados en medio de saludos a amigos y conocidos que encontraba a su paso. Cuando entró al vestíbulo principal, Pan vio que el príncipe N°17 bajaba por las escaleras. Aunque no había evidencia inmediata de su herida, bajaba los escalones con mucho cuidado, como si temiera que la cabeza se le cayera de los hombros. En respuesta a su mirada dubitativa, los ojos del príncipe se hundieron
en los de ella con una promesa sin palabras: este asunto no terminaría hasta que él lograra vengarse.

-¡Pan, mi querida niña! –gritó N°18 desde el umbral reclamando su atención-. ¡Ven aquí y déjame mirarte!

Con N°17 a sus espaldas observando cada detalle, Pan miró a la mujer que le extendía las manos como saludo mientras caminaba hacia ella.

-¡N°18, estás absolutamente deslumbrante!

La mayor de las dos rió y giró en círculo para permitir que la más joven la observara.

Se le ocurrió a Pan mientras admiraba la belleza de N°18 que cualquier enemistad que Maron detentara contra la mujer debía haber sido concebida por la simple semilla de los celos.

-Esta ha sido una semana deliciosa –declaró N°18 con una cálida sonrisa-. He tenido la fortuna de escuchar los chismes más interesantes que te puedas imaginar y estoy segura de que estarás ansiosa por enterarte de ellos.
Pan ofreció su brazo a N°18 y la condujo hacia el gran salón donde se sentaron juntas sobre un banco bien mullido en una esquina tranquila.

-La princesa Marron quería también compartir algo conmigo, pero tuvo que irse antes de contármelo. Ahora tú estás aquí, N°18, ansiosa por revelarme tus noticias. Tal vez debas darme una pista acerca de su importancia.

N°18 sonrió anticipadamente, pero hizo una pausa un momento mientras Boris venía a ofrecerles una variedad de bebidas en una bandeja de plata. Agradeció al hombre mientras aceptaba una copa de vino. Esperó hasta que se hubiera retirado a servir a otros invitados y se acercó a Pan.

–Estoy segura de que estarás ansiosa por saber que se ha estado hablando mucho de un cierto inglés...

La encantadora boca de Pan se abrió por la sorpresa y, con cautela, preguntó:

-¿Ese inglés es, por casualidad, el coronel Brief?

N°18 ocultó cuánto la divertía todo este asunto bebiendo un sorbo de su copa. Casi con inocencia, indagó.

-¿No es el mismo que te rescató de las manos de ese bandido polaco...oh, cuál era su nombre?

-¿Black? –Pan arqueó una ceja mientras continuaba interrogando a la mujer.- ¿Dónde escuchaste hablar de Black? No recuerdo haberte mencionado nada del ataque de mi coche.

N°18 sacudió la cabeza en señal de decepción.

-¡Pensar que siempre soy la última a la que le cuentas las cosas! ¡Estoy destrozada! –Emitió un fingido lamento. –Estoy comenzando a preguntarme si en verdad te preocupas por mí.

-¡Sólo he hablado de ese bribón cuando no tuve otra posibilidad! –se defendió Pan.

-Oh, he estado escuchando algunos rumores acerca de él también – comentó N°18-. Parece que, desde el incidente, se le ha visto una o dos veces en Moscú, pero ha logrado eludir a los soldados del zar. Hay algunos rumores horribles que dicen que quiere vengarse del coronel por las pérdidas que él y sus hombres sufrieron por su causa.

-Estoy segura de que el coronel estaría agradecido si ese enfrentamiento le devolviera el caballo que el bandido le robó –remarcó Pan-Pero dudo bastante de que ese encuentro sea algo que los que sufren del corazón puedan mirar.

-En este momento, no creo que el coronel Brief esté muy preocupado por Black, querida mía –se atrevió a especular N°18-. Pienso que tiene otras cosas de más importancia en mente.

Pan miró a N°18 de reojo, mucho más curiosa por escuchar lo que tenía que decir.

-Dime de una vez, ¿qué rumores escuchaste acerca del coronel Brief?

-Bueno, querida, estoy muy asombrada de que no los hayas escuchado todavía. ¡El coronel Brief ha pedido al zar Piccolo autorización para cortejarte!

Pan la miró atónita y sintió el calor del rubor que le encendía las mejillas.

-¡No pudo ser capaz de atreverse!

-Mucho me temo que sí. Y de la manera más persuasiva, además, por lo que escuché –le aseguró N°18-. Le explicó con mucho detalle cómo había tenido la oportunidad de conocerte cuando te salvó de la banda de ladrones y luego le preguntó si había alguna ley rusa que le impidiera cortejar a una joven boyardina.

-¡Estoy arruinada! –gimió Pan sintiéndose deprimida.

-Por el contrario, querida, Piccolo le dijo al coronel que tenía que considerar seriamente su solicitud después de revisar todos los hechos. Pero, por supuesto, hasta ahora no ha habido ninguna indicación de que Su Majestad aceptara la petición del coronel. Parece que el comandante Ten Shin Han también habló con el zar para pedirle el mismo favor poco después de la entrevista con el coronel Brief. Si quieres que aventure una conjetura, diría que él oyó la solicitud del coronel y decidió hacer lo propio.

-¿Cómo se atreven a arrastrar mi nombre delante del zar sin preguntarme siquiera? –Pan se movió indignada en el banco ¿Acaso ella no tenía nada que decir en ese asunto?

N°18 contempló a su joven amiga con una ceja alzada.

-¿Tan hecha estás a las costumbres de otros países, Pan, que te has olvidado de cómo se tratan aquí estas cuestiones? Deberías saber que pedir primero autorización a la doncella no es la forma de iniciar un cortejo aquí en Rusia. Estoy segura de que si alguno de los hombres hubiera tenido confianza en que el príncipe N°17 diera su aprobación habrían recurrido primero a él, pero Maron fue lo suficientemente elocuente, en especial en el caso del coronel Brief, de que no era bienvenido en esta casa, por eso recurrió a una autoridad superior. –Se encogió de hombros mientras agregaba:- Al mismo zar, nada menos.

-¡No alenté en absoluto al coronel Brief! –protestó Pan.

N°18 notó que no ofrecía la misma declaración en el caso del comandante, lo que podía ser interpretado de dos formas diferentes. O ella había alentado a Ten Shin Han y no le importaba revelar ese hecho, o ella nunca había pensado en él con seriedad. Sin duda, el coronel Brief era un hombre entre los hombres y podía hacer que una mujer olvidara a todos sus otros seguidores. Sin embargo, N°18 deseaba saber a cuál de los dos favorecía la muchacha.

-¿Y alentaste al comandante Ten Shin Han?

Pan se quedó sin aliento, escandalizada ante semejante idea. ¡Ella nunca había alentado a ningún hombre!

-¿Estás loca? ¡Por supuesto que no!

N°18 se echó a reír mientras recibía la respuesta.

-¿Un hombre como el coronel Brief no necesita ningún tipo de aliento, no es cierto? Simplemente va en busca de lo que desea tener. Y parece que esta vez eres tú lo que él desea, querida Pan.

-¡Ni siquiera conozco a ese hombre! –insistió Pan.

-¿Qué estás diciendo? ¿Acaso no fue él quien te salvó de Black? ¿Acaso no fue él quien te llevó a tu coche sólo unos días atrás? – Los labios de N°18 se curvaron en una sonrisa gratificada cuando vio que las mejillas de Pan se encendían.