CAPITULO

15

-¿Qué estás diciendo? ¿Acaso no fue él quien te salvó de Black? ¿Acaso no fue él quien te llevó a tu coche sólo unos días atrás? – Los labios de N°18 se curvaron en una sonrisa gratificada cuando vio que las mejillas de Pan se encendían.

-Sí, por supuesto

-Entonces, es obvio que os conocéis –le señaló.

-¡Apenas! –enfatizó Pan, como si luchara por hacerse entender-. ¡Nunca formalmente!

-Aparentemente fue suficiente para encender la chispa del interés del coronel Brief.

-¡Yo voy a desalentar a ese hombre! –declaró Pan con énfasis.

-Qué pena. –La fingida decepción de N°18 fue acompañada por un suave suspiro pensativo. –Debo admitir que estoy entre las damas que se vuelven locas por el coronel Brief. Te lo aseguro, Pan, ¡el coronel Brief me excita! –Como en una ensoñación golpeteó con sus delgados dedos el brazo de su amiga.- ¿Has visto la forma en que se sienta en el lomo de un caballo, querida? –Ella ya sabía la respuesta, pero se apresuró a continuar con la alabanza. –Cabalga bien erguido, pero sus movimientos fluidos hacen que parezca que es una parte más del animal. ¿Puedes imaginarte a ese hombre en la cama?

-¡Por supuesto que no!

N°18 ignoró la rotunda negociación de la joven. Aunque Pan rechazaba que un pensamiento así hubiera entrado en su cabeza, N°18 sabía mucho más. Podía ver las oleadas de color que invadían las sienes de la muchacha. Se rió de su amiga que trataba de esconder su rubor con una mano.

-¿Entonces no te has fijado en él?

El tocado incrustado de perlas se cayó hacia delante como en silencioso reconocimiento.

-Un poco.

-Ay, Pan –suspiró N°18-. Si tuviera veinte años.

-Querida N°18, no entiendo tu encantamiento con este hombre, pero de veras admiro tu entusiasmo. Si alguna vez llego a admitir al coronel en mi presencia, haré todo lo necesario para presentártelo.

-¡No es necesario! –rió N°18-. Eso ya ha ocurrido. El príncipe Krilin nos presentó después de que el coronel realizara una exhibición en el Kremlim el otro día. ¡Estuvo magnífico, querida! ¡Deberías haberlo visto! Estaba completamente cautivada por la habilidad de jinete del coronel y su tropa. Pienso que el zar también estaba complacido, al menos, eso parecía.

- ¿Cuándo fue eso? –preguntó Pan con cautela. Tal vez hubiera sido el día en que lo había visto en el mercado, el día en que Milk la había hecho avergonzar por su conducta.

-Bueno, no estoy muy segura, querida, pero me parece que te vi a ti en los alrededores de la Plaza Roja ese día también. ¿Habías ido a comprar algo, tal vez? ¿Y por casualidad lucías tu atuendo de campesina?

El orgullo de Pan quedó destruido por completo al darse cuenta de que N°18 había sido testigo del suceso que había acaparado las miradas de curiosidad de todos los que la rodeaban. –Estuve allí, pero no te vi.

-En realidad, no importa –le aseguró N°18 al ver su angustia-. Lo que importa es el hecho de que he tenido la oportunidad de invitar al coronel a mi casa la semana próxima, junto con algunos de sus oficiales, el príncipe Krilin y algunos de mis amigos más íntimos. Y por supuesto, tú también. He escuchado algunos rumores de que Maron, finalmente, ha decidido ir a ver a su padre, lo que te permitirá gozar de la libertad que necesitas. Tu presencia en mi reunión, sin duda atraerá a innumerables hombres apuestos.

Pan la miró con una sonrisa dubitativa.

-¿Es mi compañía la que quieres o la de esos hombres?

-¡Ambas! –respondió N°18 sin avergonzarse y apoyó una mano en el brazo de la joven-. Y esta vez, mi querida Pan, no estés tan hermosa y distante. Estoy segura de que, si escucho que te dicen una vez más doncella de hielo, abandonaré mi tarea de encontrarte un marido adecuado. Le dije a tu padre: "Gohan, ¡esa niña necesita casarse antes de que sea demasiado vieja para tener hijos!" Y él me contestó "¡N°18, deja de protestar! Estoy esperando a que se enamore." ¡Bah! – N°18 dejó caer los brazos en un gesto de frustración y se inclinó hacia Pan para darle un consejo.-La forma de enamorarse, querida, es haciendo hijos con un hombre como el coronel Brief. Te apuesto que no serías tan fría y distante si compartieras la cama con él.

Pan se quedó sin aliento ante semejante sugerencia.

-¡N°18! ¡Eres escandalosa!

N°18 suspiró pensativa.

- Eso era lo que decía mi último marido, fue con el que estuve más tiempo casada. –Sus ojos brillaban con el recuerdo al confiarle a su amiga. –, nunca, que yo sepa, miró seriamente a otra mujer en todo el tiempo en que estuvimos casados.

Pan con frecuencia había sentido que N°18 había amado a su último marido más que a los otros dos, y su corazón se enterneció al imaginar el amor y la excitación que la pareja había compartido.

-Si alguna vez me caso, N°18, recurriré a ti en busca de consejos. Estoy segura de que guardas todos los secretos para mantener a un marido feliz y contento.

La condesa N°18 rió con esa idea.

-Probablemente pueda decirte una o dos cosas. –Hizo una pausa para contemplar mejor el asunto, y luego afirmó con más convicción. – De hecho, quizá pueda decirte mucho acerca de cómo se mantiene la atención de un marido. Y si te casaras con un hombre que contara con mi aprobación, trataría de ser muy diligente en tu educación.

Pan se volvió un poco desconfiada.

-Y, por supuesto, ¿me dirigirás en la elección?

-Naturalmente, querida. –Las esquinas de los labios de N°18 se torcieron hacia arriba en una sonrisa socarrona. –Me gustaría comenzar las formalidades invitando al coronel Brief a hablar contigo cuando venga. – Levantó una mano para detener el flujo de palabras, pues Pan abría la boca para protestar.- ¿Es demasiado pedir? Después de todo, el coronel Brief te salvó de ser secuestrada y violada por ese bandido. –Levantó una ceja mientras preguntaba:- ¿Puedes acaso no ser gentil con ese hombre sabiendo que te libró de un destino tan cruel?

Pan emitió un largo suspiro de exasperación. Estaba bastante cansada de que se le recordara constantemente.

-Me cansarás hasta que esté de acuerdo contigo, y eso haré, pero no me gustará ¡te lo advierto!

-Debemos esperar y ver con cuánto ardor desdeñas a este hombre, querida.

-La princesa Maron nunca permitirá que el coronel me corteje. Simplemente detesta a los extranjeros.

N°18 levantó la cabeza y sonrió complacida.

-Como te he dicho, querida, él ha atraído la atención del zar Piccolo. Se rumorea que Su Majestad está tan intrigado y divertido con las supuestas batallas y todos los ejercicios del coronel y sus hombres que todas las mañanas va a los miradores del muro del Kremlim a observarlos. Sabiendo esto, querida, ¿piensas que el zar Piccolo esté tan mal predispuesto hacia el coronel Brief que le niegue por mucho tiempo lo que anhela su corazón? Mi dulce Pan, no apostaría mi dinero a que Maron tuviera el poder de persuadir al zar Piccolo de actuar de otro modo, si se decide a conceder al coronel la autorización que le requirió.

-De verdad estás encandilada con ese hombre, ¿no es cierto? – Pan no podía dejar de maravillarse.

Con una sonrisa, N°18 consideró la suposición un breve instante antes de hacerle un ligero cambio.

-Mi opinión es que hombres como el coronel Brief son una raza en extinción.
...

Después de su tumultuoso encuentro con N°17, Pan apenas había sido capaz de relajarse, cuando su propia tranquilidad se vio perturbada, pero esta vez por la intervención de la princesa Maron. No era suficiente que la mujer estuviera detrás de la puerta cerrada con llave de sus habitaciones y golpeara sin cesar exigiendo entrar con un tono autoritario. Cuando la puerta se abrió por fin y Maron entró en la habitación, pareció que se había desatado otra violenta tormenta.

-N°17 me pidió que tomase en cuenta su sugerencia, y ahora que usted ha logrado distraer al príncipe Nappa de consideraciones mucho más serias, no me queda más que estar de acuerdo con mi marido. En realidad, fue el príncipe Nappa quien se acercó a N°17 para discutir el asunto anoche. Parece que el licencioso hombre se siente bastante atraído por usted, igual que sus hijos.

-Pero sólo hablé con ellos un momento...-insistió Pan, preocupada por lo que la mujer estaba a punto de revelar.

-Sin embargo –continuó Maron-, en la situación en que nos encontramos ahora, no tenemos otra posibilidad que arreglar el matrimonio. Nuestros invitados estaban atónitos con los rumores del descaro del coronel Brief. –Su tono se volvió incrédulo. –Bueno, ¡la mera idea de ese bribón sin títulos pidiendo permiso al zar para cortejarla! ¡Es indignante! Créame, querida, cuando este asunto esté definitivamente enterrado, puede estar segura de una cosa. Las ambiciones del coronel no llegarán nunca a ser complacidas. ¡Yo misma me encargaré de eso! Esta mañana he tomado la iniciativa de mandar una carta al príncipe Nappa para confirmarle nuestra aprobación para casarse con él. Aunque el viejo boyardo querrá mantener el asunto en privado hasta que todo esté asegurado, ese contrato impedirá cualquier interferencia del inglés o de cualquier otro hombre que la pretenda.

Atónita y conmocionada por el anuncio, Pan miró a la mujer con la sensación como si la acabaran de abofetear en medio del rostro. Tenía ligera conciencia de que Milk estaba de pie cerca de la puerta de su pequeño cuarto con una mano en la garganta y el aspecto de alguien atónito por el horror. Estaba segura de que esa era la trampa que N°17 le estaba cerrando alrededor de su cuello, como le había advertido.

-El príncipe Nappa está ansioso de tenerla por esposa, y nosotros hemos aceptado su impetuoso apuro dándole la autorización para que arregle todo lo referido a la boda durante mi ausencia. Yamcha y yo partimos mañana a visitar a mi padre, y como él tiene compromisos que debe atender en Moscú antes de fin de mes, he previsto estar de regreso en unos quince días. Usted puede casarse una semana después...

-¿Tan pronto? –Pan estaba asombrada por la prisa con que Maron había puesto en marcha sus planes.

-No veo ningún motivo por el cual tengamos que sufrir una larga demora antes de la boda. –Maron arqueó una ceja en señal de pregunta mientras le clavaba su mirada.

Pan se dio la vuelta triste y enfadada a la vez, en un intento de poder ocultar su malestar.

-N°18 se acercó a mí anoche y me rogó que considerara la posibilidad de permitirle que la visite durante mi ausencia –dijo Maron con estoicismo-. Estaba segura de que usted estaría de acuerdo y di mi consentimiento. Sé que N°18 estará encantada de ayudarla a prepararse para la boda.

-No hay tiempo siquiera para considerar unas pocas frivolidades – insistió Pan con una notoria falta de humor-, mucho menos esperar que están listas.

-N°17 y yo hemos tenido a bien aceptar la invitación del príncipe Nappa para discutir las últimas preparaciones para la boda esta noche y le hemos asegurado que usted vendrá con nosotros.

-Qué amable de su parte.-dijo Pan con voz quebrada.

-Podría sentir alivio al saber que Yamcha está muy ocupado preparando nuestra partida de mañana y no tendrá tiempo para lecciones hoy. Debo advertirle que está sumamente molesto con usted. Está convencido de que usted actuó con deliberación para hacer fracasar sus planes de convertirse en el clérigo de Nappa. Por lo tanto, le sugeriría que aproveche las oportunidades que se le presenten para enmendar la situación cuando se encuentre esta noche con su prometido.

-Le deseo buena suerte –respondió Pan con brusquedad-. Sería un gran consuelo para mí si distrae a Nappa con sus aspiraciones. No me molestaría esa idea en absoluto.

Maron asumió una pose de sorpresa.

-¡Pero cómo Son Pan! No parece muy complacida con su compromiso. ¿Será verdad que usted está fastidiada por...?

-Usted dijo que estaré autorizada para ir a casa de N°18 mientras no esté aquí. ¿Cuándo se supone que puedo partir?

-Puede preparar lo que necesite ahora. Se marchará mañana temprano, si así lo desea. Quiero decir si en verdad quiere quedarse con ella...

-Por supuesto que sí. –Pan la miró, perpleja, y se preguntó qué ruda insinuación había querido hacer la mujer con esas palabras.- ¿Por qué no iba a querer?

Maron no pudo contener un suspiro de desprecio. Si no fuera por el hecho de que N°17 se había quejado de que Pan había intentado seducirlo podría haber dado más tiempo a Yamcha para convencer a Nappa de los méritos de su propuesta antes de acceder a ese matrimonio. Pero cuando su esposo le reveló las invitaciones que él había desalentado, se había enfurecido y había decidido vengarse de la joven condesa como pudiera.

-Oh, como yo no voy a estar y N°17 va a quedarse aquí solo, pensé que a lo mejor usted podría querer...

-Perdóneme, Maron –Pan enfatizó la disculpa para disfrazar la ironía que buscaba-, pero ni soñaría con comprometer la reputación de su marido quedándome aquí durante su ausencia.

-No, por supuesto que no. –Los ojos azules se volvieron fríos como el hielo. Aunque estaba convencida de la veracidad de la historia de su marido, no se atrevía a acusar de un modo directo a Pan. La muchacha lo negaría todo, lo que generaría más ataques y discusiones. Esa riña era indigna de su posición elevada, a través de la cual pretendía obtener una venganza aún mayor.

Pan sabía muy bien, por su parte, la amenaza que existía si se quedaba cerca de N°17, pero aun así, se sintió indignada por la sugerencia de Maron que implicaba que estaba ansiosa por quedarse a solas con N°17 en la misma casa.

Maron echó una mirada un tanto forzada mientras azuzaba un poco más a Pan.

-Piense nada más, Son Pan, que en tres semanas será la esposa de Nappa. Debería complacerla pensar que será la dueña de su propia casa y la esposa de un boyardo muy rico. Teniendo en cuenta que él se siente tan atraído por usted, estoy segura de que será capaz de sacarle todo lo que quiera tener. –Sus labios delgados se elevaron por un momento en una sonrisa despectiva.- Aunque debo decir, nunca he visto que usted dudara en satisfacer sus más mínimos antojos. Es evidente que es demasiado indulgente con usted misma por la abundancia de vestidos costosos y joyas que posee. Sin embargo, como esposa de Nappa, será mucho más rica que ahora. Esa realidad debería darle cierto consuelo cuando tenga que soportar sus torpes intentos en la cama. Estoy segura de que no será la mejor experiencia para usted, al menos no será lo mismo que si estuviera casada con un hombre mucho más joven, en especial uno tan famoso entre las mujeres como parece ser el coronel Brief.

Una oscura ceja se levantó en gesto escéptico mientras Pan miraba a Maron caminar con desgana por la habitación hacia donde ella se encontraba.

-No sabía que usted conocía al coronel Brief lo suficiente como para ofrecer una opinión acerca de su experiencia con mujeres.

-Oh, he escuchado algunas cosas aquí y allí. –Maron hizo un movimiento en el aire con la mano en una actitud de indiferencia.- Parece ser el tema de todas las boyardinas que lo han visto alguna vez. El hecho de que viva en el distrito alemán con todos los otros extranjeros que vienen a nuestro país aumenta su oportunidad de gratificar sus apetitos masculinos. ¿O acaso usted piensa que es el único pájaro donde el halcón inglés desea clavar los dientes? Es bien sabido entre los conocedores que hay por lo menos una media docena de prostitutas por cada extranjero que habita allí. La mera sugerencia de que el coronel se negara a esa posibilidad mientras intenta conseguir su mano está fuera de toda cuestión ¿no cree?

-Es sólo una conjetura –replicó Pan tratando de imponer una distancia que no sentía del todo. No estaba muy segura de por qué razón se sentía ofendida por la sugerencia de la no puede saber lo que el coronel hace en su vida privada a menos que lo esté espiando.

-¡Hmmm! –Maron levantó la cabeza ante el descaro de la muchacha al cuestionar su autoridad.- Usted sería muy tonta si pensara que el coronel Brief no ha usado los servicios de las prostitutas que siguen a las tropas. Antes de irse, desparramará su semilla por todo el campo, recuerde mis palabras. Pero si usted sabe tan poco de los hombres que no puede creer que él se lleve a otras mujeres a la cama, entonces, yo tengo cosas mucho mejores que hacer con mi tiempo que discutir con usted la vulgaridad de ese hombre.

Maron se dirigió a la puerta y, se marchó de la habitación como una brisa rápida.

Sin voluntad, Pan descargó su puño contra el colchón y maldijo el día en que había entrado a la mansión de Maron.

-¡Oh, mi niña! ¡Mi niña! ¡No llores de ese modo! –le rogó Milk mientras se acercaba a Pan para brindarle consuelo, pero Pan sacudió su cabeza con pasión, negándose a ser consolada, pues no había forma de suavizar su desgracia.

-Recoge todo –dijo entre lágrimas-. Si el cielo se apiada de mí, ¡no volveremos a esta casa nunca más!

-¿No puedes impedir esto que te están haciendo? –Milk le preguntó preocupada- . ¿No puedes ir al zar Piccolo y rogarle su clemencia? ¿O escapar a Inglaterra y quedarte con tu tía viuda?

-No puedo acudir a nadie –fue la única respuesta de Pan-. Menos que nada ir a Inglaterra. Si encuentro lugar en un barco, no podré regresar nunca más. El contrato ya ha sido firmado, Milk, y desde esta mañana, estoy comprometida con el príncipe Nappa.

Los pensamientos de Pan corrían en ansioso frenesí tratando de encontrar alguna vía de escape para sus problemas. Una media docena de opciones vinieron a su mente, si él se decidía a no hacer los votos con ella, tendría que ser él quien encontrara una falta en ella.

Pan cerró los ojos y apoyó una mejilla contra la manta que cubría la cama para liberar las tensiones de su cuerpo mientras forzaba a sus pensamientos a tocar otras direcciones. No se hizo ningún esfuerzo por dirigir sus reflexiones lejos de las provocativas imágenes que el coronel Brief había instigado en la sala de baño con su casual indiferencia ante su desnudez masculina y la ingenuidad femenina de Pan. Parecía bastante inútil atormentarse con esas fantasías lujuriosas ahora que nunca disfrutaría del ensimismamiento de su satisfacción. Sin embargo, como la joven esposa de un boyardo mayor, esos recuerdos podrían ser, tal vez, lo único que le quedara. Su breve encuentro con Brief bien podría ser suficiente consuelo por todo lo que perdía con su matrimonio, pues ella nunca sería capaz de disfrutar de la excitación y del deleite de estar unida a un hombre cuyo cuerpo fuera digno de mención.

Pan abandonó la cama. Concentró toda su atención en ayudar a Milk a guardar todas sus pertenencias, consolándose un poco con la posibilidad de que nunca tendría que volver a pisar esa oscura casa.