CAPITULO
18
Pan cerró la boca abruptamente y, nerviosa, desplegó su abanico para ocultar la confusión que la invadía.
-Bueno, coronel Brief, nunca lo habría reconocido –admitió sin aliento. Él se enderezó y alcanzó una altura colosal por encima de ella, o al menos eso le pareció, pues no recordaba que fuera tan alto. Continuó con una prisa incoherente-. La última vez que nos encontramos, estaba empapado... Bueno, tal vez, en realidad no lo miré tan bien. Usted estaba muy lastimado antes... Pero estoy muy feliz de ver que se ha recuperado por completo.
La chispa que brillaba en los ojos de Trunks pareció convertirse lentamente en un fuego abrasador.
-La última vez que nos encontramos, condesa Pan, me temo que los dos estábamos bastante mojados por la lluvia, aunque tal vez no lo suficiente como he tenido el placer de verla.
-¡Oh! –aunque la palabra fue casi inaudible, Pan volvió a abrir el abanico con un apuro desconcertado, intentando ocultar su malestar y refrescar sus mejillas ardientes, sin tener en cuenta que el aire estaba en realidad helado. Trató de mirar de reojo para ver si N°18 podía haber leído algo en ese comentario, pero aun cuando se aseguró de que ella no había notado nada, todavía no pudo controlar el galopar de su corazón. – Bueno, no importa- se apresuró a decir, y trató de llenar el espacio vacío con un comentario trivial-. ¡Parece que fue hace tanto tiempo!.
-¿Verdad? –La voz de Trunks bajó de volumen mientras sus ojos se hundían en la profundidad de los de ella. –Estaba seguro de que fue sólo ayer, pero sin embargo, revivo la experiencia todos los días... todas las noches... cada hora que estoy despierto.
Pan habría volado en cualquier dirección que le permitiera un fácil escape, pero recordó de un modo abrupto su objetivo y miró a N°18 con desesperación, y encontró que la mujer sonreía, satisfecha. No se requería mucha destreza mental para darse cuenta de que la condesa mayor estaba encantada con la capacidad del coronel para ponerla nerviosa y desmantelar sus defensas con suma habilidad.
Pan apretó los dientes tratando de recomponer su postura y golpeó ligeramente el brazo de Trunks con su abanico, como para reprenderlo por su inapropiado recuerdo del encuentro en la sala de baños y declarar sus dudas acerca del comentario.
-Tal vez deba darle un poco de descanso a su imaginación, coronel Brief. Parece estar bastante excitada.
Los labios de Trunks se torcieron con humor mientras sus ojos la acariciaban, reforzando el significado de cada una de sus palabras.
-Le aseguro, condesa, que mi imaginación corre desbocada, pero en general dentro de los límites del mismo tema.
Pan hizo un esfuerzo para no volver a abrir la boca y sofocar el rubor ardiente que invadía sus mejillas. Podía imaginar muy bien en qué consistían esos sueños si permitía que su mente se demorara en lo sucedido en la sala de baños. ¡Sin duda, había sido violada una y mil veces en sus fantasías!
En un intento por recuperar su declinante determinación, Pan ganó la batalla contra su compostura y, con deliberación, dio unas palmadas en el brazo del coronel Brief una y otra vez con su abanico. Si hubiera dado rienda suelta a sus verdaderos sentimientos, habría usado el delicado instrumento de una forma tal que le hubiera borrado la sonrisa de sus labios de inmediato.
-Ha venido tantas veces a rescatarme, coronel Brief, que me temo que he perdido la cuenta. Sólo puedo esperar que tenga la misma gentileza conmigo en sus pensamientos. No quisiera tener que reprenderlo por ser vulgar.
Trunks rió con suavidad ante esa muestra de reprobación, concediendo que ella tenía causas para ruborizarse, pues sus imágenes mentales eran demasiado sensuales y no podían ser compartidas con una joven inocente.
-A veces me encuentro siendo la víctima de mis sueños, condesa, pero ¿puedo suavizar sus preocupaciones con una promesa de mi devoción?
-Una promesa no es suficiente –respondió Pan, con un gesto hechicero. Apenas se sintió reivindicada por su débil excusa y se vio tentada de lograr una venganza mayor-. Necesitaré una prueba más concreta, coronel, y como no le he visto en quince días o quizás un mes, probablemente pueda comprender por qué pienso que usted sólo está jugando con mis sentimientos.
N°18 contuvo la urgencia de dar vuelta los ojos en señal de incredulidad al ver el descarado intento de seducción. Hasta ahora sentía confianza en que el coronel podría cuidarse solo, pero cuando vio los cañones de Pan llenos hasta el tope y prestos para arrancarle el corazón de su pecho, le resultó difícil mantenerse callada y ajena a la situación. Como dudaba de su propia capacidad para resistir más comentarios de este tipo, pidió permiso para retirarse, esperando contra toda esperanza que el plan de Pan no terminara con otro duelo a muerte.
-¿Usted se ocupará de la condesa Son Pan, no es cierto, coronel Brief? –lo halagó-. Le prometí a la princesa Maron que la protegería bien. –Se echó a reír y encogió ligeramente los hombros mientras explicaba: -Nunca me comprometí a hacerlo sola.
La sonrisa ladeada de Trunks apareció, obnubilando a N°18.
-Será un gran placer consagrarme a esa tarea, condesa.
-Llámeme N°18 –le sugirió-. Todos mis amigos lo hacen.
-Me sentiré honrado, N°18, si usted me hace el mismo favor. Mi nombre es Trunks.
N°18 le dio unas palmadas en el brazo, casi con compasión.
-Cuídate, Trunks.
Trunks le respondió con una elegante reverencia.
-Le aseguro N°18, que siempre dedicaré todos mis esfuerzos en esa área.
-Por favor, hágalo –lo alentó y envió una mirada cargada de significación hacia Pan antes de dejar a la pareja y unirse a las dos viudas que estaban riendo mientras bebían su vino.
Excepto por el salón lleno de gente que los rodeaba y, sin embargo, parecía existir muy lejos de su círculo privado, Trunks sintió que le había sido otorgado el regalo que tanto había deseado. Como se le había prohibido buscar la compañía de Pan, no iba a desperdiciar ese momento, sino que iba a llenar su mirada con la misma esencia de su belleza. Encontró sus ojos mientras le susurraba:
-Es verdad que ha mantenido mis pensamientos y mis sueños cautivos, Pan. A cualquier hombre le resultaría muy difícil olvidar lo que yo he visto.
Pan gruñó por dentro por ese audaz recordatorio.
-No estoy acostumbrada a desvestirme delante de los hombres, coronel, y consideraría una gentileza de su parte si no hablara con nadie del incidente en la sala de baños o cualquier otra cosa que pudiera avergonzarme.
-No tiene nada que temer, Pan –le aseguró Trunks con una sonrisa-. No compartiré nuestro secreto con nadie.
Los reparos de Pan se vieron suavizados por esa promesa, y fue capaz de relajarse y beber un sorbo de su vino.
-Me temo que le he hecho muchos reproches por mi preocupación, coronel Brief–admitió-. Mi madre era inglesa, y me llenó de una gran aversión a bañarme en público. Usted fue mi primer encuentro en una situación así.
Los ojos de Brief se encendieron un poco más.
-Me alegra saber que nadie más ha visto los tesoros que he contemplado.
Pan apenas escuchó sus palabras, pues estaba muy preocupada con su irrenunciable mirada. En todos sus viajes por el exterior o dentro de las fronteras de Rusia, no podía recordar alguna circunstancia en que hubiera encontrado ojos más azules o inclusive más hermosos. No eran en absoluto grises como primero había supuesto cuando los descubrió en el bosque en sombras y luego en la sala de baños, sino de un tono de azul brillante mezclado con un profundo color zafiro. En realidad, tenía que admitir que Milk estaba en lo cierto. ¡Trunks Brief era el hombre más apuesto que nunca hubiera visto! Le parecía bastante dudoso ahora que los acontecimientos de esa velada demostraran ser tan difíciles de soportar como al principio había supuesto.
Pan trató de probarlo con una sonrisa seductora y una mirada traviesa.
-Estoy segura de que la princesa Maron ha tenido éxito en asustarlo, coronel.
Trunks rió con suavidad.
-Solo me volvió más obstinado en mi intento de impresionar a Su Majestad.
Pan se inclinó un poco hacia delante para apoyar su copa casi llena en una mesa cercana. Un candelabro, ubicado en la brillante superficie de madera, iluminaba con una docena de velas encendidas su suave piel. Un entusiasmo titilante invadió a Pan cuando decidió utilizar la iluminación para sus propósitos y posicionó deliberadamente la batería de sus armas contra el apetito masculino del coronel.
-Por favor, cuénteme, sir Brief, ¿cómo le ha ido en semejante tarea?
-No estoy ... del todo seguro –respondió Trunks titubeando cuando sus ojos se hundieron donde las pequeñas llamas iluminaban las sombras debajo del ondulante encaje-. Su Majestad todavía no me ha otorgado lo que he pedido.
-¿Y qué es lo que ha pedido, coronel Brief? –Sus pechos se entibiaron de placer cuando Pan tomó conciencia de que la mirada de Trunks penetraba la frágil tela. Se demoró un poco más en la tarea, frotando con uno de sus delgados dedos el borde del vaso mientras probaba todo el sabor de su mirada. Aunque había sido observada y admirada visualmente antes, esto era como un poderoso néctar que nunca antes había bebido.
-Lo mismo que le declaré cuando la princesa Maron me alejó de su puerta... cortejarla –Trunks se inclinó hacia delante para tomar la copa como si fuera de él y para llenar su memoria con una imagen más gratificante de sus pálidos pechos. Levantó el vaso hasta sus labios, bebió un sorbo mientras sus ojos brillantes se hundían en los de ella.
-En verdad, Condesa Pan, usted se ha convertido en el deseo de mi corazón.
-¿Puedo preguntarle a cuántas doncellas más le ha jurado lo mismo, coronel Brief?
-Pregunte –susurró Trunks, avanzando un paso hacia delante-, y la respuesta será a ninguna.
Pan bajo levemente la mirada.
-¿Cómo ha escapado a las redes del matrimonio hasta esta altura de su vida? Supongo que usted tiene...
-Treinta y tres años, mi señora.
-Lo suficiente como para estar casado... si ha prestado tanta atención a otras doncellas como me ha prestado a mí. –Pan era consciente de que los ojos del coronel bajaban por el escote, pero no hizo ningún intento por negarle acceso a su mirada, aunque la piel le quemaba bajo el calor de esas azules brasas ardientes. Le resultó sorprendente darse cuenta de que su respiración se veía afectada por esa minuciosa inspección, pues era difícil respirar cuando se sentía devorada por completo.
-¿Hay otras doncellas tan dignas de la atención de un hombre como usted? –preguntó Trunks-. No he notado si existen.
- ¿Está tan empañado en cortejarme? –murmuró y finalmente levantó la vista hacia él.
-Más que empeñado –susurró sin dudar, y se adelantó hasta que sólo la barrera de su falda los mantenía separados.
Las ardientes órbitas azules le rozaron los labios, y sin quererlo Pan se abandonó a la suavidad de esta lánguida caricia, separándolos como para exhalar un tembloroso suspiro. No sabía qué encantamiento se había apoderado de su mente, pues podía casi sentir la excitación de la boca del coronel jugando sobre la de ella mientras sus ojos le abrazaban los labios. Lo miró, cautivada, mientras él levantaba la copa y probaba el borde del cual ella había bebido.
-Dulce –suspiró por encima del cristal-. Justo como me había imaginado su sabor.
Pan se liberó mentalmente de la fascinación de esa implacable mirada, respiró profundamente para serenarse y recorrió con los ojos la sala mientras trataba de tranquilizar su pulso acelerado con la imagen de la realidad del mundo que se extendía más allá de su reino privado.
Los invitados estaban envueltos en sus propias conversaciones y no les prestaban ninguna atención. Estaban ausentes todos los chismosos ávidos de cualquier información de lo que les sucedía a otros. Por el contrario, cada uno de los invitados parecía estar imbuido en un celo y una pasión por la vida, tuvieran sólo veinte años o cuatro veces esa edad. Eso era lo que hacía que los amigos de N°18 fueran tan interesantes y vitales en espíritu e ingenio.
Sorprendida, Pan dio un paso hacia atrás al sentir el ligero roce del brazo de Trunks contra su pecho cuando se extendió para reponer la copa a la mesa. El contacto descargó una repentina excitación en su interior que atentó contra su compostura y hundió sus sentidos en un agitado océano de pasiones en ebullición. Hasta ese momento, parecía que sólo había jugueteado en el límite de su sensualidad, pero era bastante abrumador descubrir con qué rapidez su cuerpo de mujer podía responder a las caricias de un hombre.
Aunque su aliento quedó aprisionado en la garganta, los ojos de Pan se agrandaron y se lanzaron en busca de la mirada minuciosa de Trunks. Su rostro se encendió mientras él levantaba las cejas, divertido, como si reprobara que ella lo acusara de un crimen cuando bien sabían los dos que ella lo había hipnotizado con su suavidad femenina. Pan tuvo que enfrentarse abruptamente con el hecho de que no estaba tratando con un muchachito inexperto al que podía llevar de las narices con palabras engañosas y sonrisas seductoras. Por el contrario, era evidente que Trunks Brief conocía ese juego mucho mejor que ella. Esta revelación la sacudió: tal vez no fuera ella quien estaba guiándolo a él, sino lo contrario. Él la estaría conduciendo a un destino que deseaba evitar con todas sus fuerzas.
De repente, su estrategia parecía muy precaria en contraste con la audacia y el ardor de Trunks que estaba avanzando a una velocidad muy superior a la que ella había imaginado, imponiendo un obstáculo imposible de superar a sus aspiraciones. La destreza con que se movía haría que yaciera sobre sus espaldas, despojada de su virginidad antes de haber tenido siquiera la oportunidad de llegar a su casa.
-Debo rogarle que me disculpe un momento –dijo con la respiración entrecortada. Sabía que necesitaba un tiempo a solas para recuperar su valor.
-¿Puedo ayudarla en algo, mi lady? –le preguntó Trunks con exagerada cortesía. Parecía tan conmocionada por su caricia, que él se preguntaba si se había equivocado al juzgar su fingida indiferencia cuando sus ojos se detuvieron en las curvas que dejaba entrever el encaje –. Parece muy perturbada.
Pan se tragó una réplica pues reconoció el espíritu que había en esa sonrisa ladeada. Tenía que mantener la cabeza en su lugar y no reprenderlo por sus bromas o todo estaría perdido. Levantó una mano para detener su avance y sacudió la cabeza mientras intentaba pasar por detrás de él.
–Debo irme.
–Tal vez una copa de vino ayude a tranquilizarla –sugirió Trunks, tomando los dedos de Pan entre los suyos y depositando en ellos un beso. No quería que se fuera pues no estaba seguro de que fuera a volver.
– ¡Debo irme! –repitió Pan, mientras sentía que el pánico la invadía y que sus dedos temblaban contra los labios de Trunks. Desenredó su mano y apretó la palma contra el amplio pecho para impedir una nueva detención-. Por favor, hágase a un lado, coronel Brief.
-¿Volverá? –Las cejas se elevaron aún más al preguntar: -¿O debo olvidarme de que alguna vez la he conocido?
Aunque las palabras fueron dichas en voz muy baja, la pregunta perforó a Pan con la agudeza de un puñal bien afilado. Era el tono de vulnerabilidad lo que le conmovió el corazón e hizo que se detuviera un momento a mirarlo asombrada. Mientras buscaba esos ojos azules que la observaban con detenimiento, se dio cuenta de que esto no era un juego casual para el coronel Brief: sus intenciones de cortejarla y de conseguirla para sí eran serias.
El pánico de Pan cedió, y fue capaz de calmar sus temblores al reconocer la preocupación del coronel. ¿Cómo podía un hombre forzar a una mujer a seguir sus ardientes inclinaciones si se interesaba de verdad por sus sentimientos? Una sonrisa tentadora apareció en sus labios mientras su dedo delgado recorría el cordón que cerraba la chaqueta.
-Volveré –le prometió con voz apagada-. ¿Me esperará?
-Todo lo que sea necesario –prometió Trunks, tomando sus dedos delgados otra vez entre los suyos y llevándolos a los labios para depositar un suave beso en ellos.
Esta vez Pan respondió con una sonrisa más cálida mientras aceptaba la gentil caricia de sus labios como una oferta de paz. Aunque había soportado con cierta reticencia cerca de una docena de esos besos de parte de Nappa la noche del compromiso, se dio cuenta, por la excitación en que se habían sumido sus sentidos, de que los besos de Trunks Brief en su mano eran una experiencia totalmente diferente de cualquier otra cosa que hubiera vivido hasta ese momento.
Pan, con los ojos de Trunks detrás de ella, se apresuró a cruzar el gran vestíbulo y a subir las escaleras que conducían a su recámara. Milk había ido a visitar a Iresa, lo que permitía a Pan la soledad que necesitaba con desesperación para entender todas las nuevas y extrañas sensaciones que estaba experimentando por primera vez. Caminaba como un gato enjaulado por la espaciosa habitación, sin encontrar una fuente de claridad adonde recurrir para disipar su confusión de la estimulación que antes y ahora había sentido con el coronel Brief. Esa misma noche, antes de que la hubiera tocado, se había sentido conmocionada como si su mera presencia pudiera desbocar sus sentidos como los de una doncella estúpida y sin cabeza. Aparentemente existía un gran abismo entre los sentimientos por él y la apatía que sentía por su prometido.
Pan se dirigió a la ventana, la abrió y se apoyó contra el marco. Levantó la vista hacia el cielo iluminado por las estrellas mientras sus pensamientos repasaban los momentos que acababa de pasar con Brief. Quería sentir la suave frescura del aire de la noche contra su piel y respirarlo con lentitud para sacudirse de encima esas extrañas sensaciones que habían surgido con sus caricias. De forma retrospectiva, el suave roce del brazo contra su pecho era mucho más excitante si se consideraba la osadía de haberlo hecho, aunque de un modo subrepticio, en público.
Pan recuperó su fortaleza con una intensidad que habría conmocionado a N°17 si hubiera sabido que él había sido el instrumento para perfeccionarla. Su orgullo se había sentido herido y tenía el insuperable deseo de ver que el príncipe se quedara sin ganas de volverse a burlar de ella. Como una seductora consumada, dirigió su atención a su aspecto, preparándolo para el ataque que ahora estaba determinada a lanzar.
Resuelta a no mostrar clemencia para no ser casada y metida en la cama de alguien que no deseaba, reajustó sus encajes, ciñó su cintura delgada un poco más, mientras aflojaba la blusa alrededor del busto, lo que no sólo le permitía respirar mejor, sino también mostrar mucho más. Estaba decidida a volver a poner a Trunks en la senda de un cortejo más apasionado, y si las advertencias de N°18 sobre los peligros de empujar a un hombre más allá de sus límites eran correctas, entonces haría que él se sacudiera de frustración hasta que se viera obligado a llevarla a su casa.
Para completar la recomposición de su figura, Pan esponjó el ondulante encaje para que se pudieran apreciar mejor las redondas curvas de sus senos y luego aflojó el collar hasta que la perla más grande cayó, tentadora, en la grieta sedosa de sus pechos. Por último, frotó con agua de violetas su cuello y el lóbulo de sus orejas y dejó caer algunos mechones sobre su rostro, todo para beneficio del hombre que quería atrapar.
Pan se examinó de frente y de perfil en el espejo de cuerpo entero que tenía en su recámara y que le devolvía una imagen lista para la acción. Seguramente ningún galeón se habría preparado para una batalla con ese mismo equipamiento ni poseía esas armas en su reserva, pero este delicado navío de suavidad femenina sentía el desafío de la más feroz de las tareas, no la seducción de un pomposo joven, sino la de un hombre de considerable conocimiento y gran experiencia.
Como una brisa fresca de aire primaveral, Pan bajó volando las escaleras hasta el pasillo adyacente al salón principal e hizo una pausa cerca de la entrada en busca de su presa. Descubrió al coronel Brief, de pie junto con varios hombres, a poca distancia, y por la rapidez con que sus ojos la alcanzaron por encima de las cabezas de sus acompañantes, casi pudo creer que había estado esperando con impaciencia su regreso. Su mirada era lenta y meticulosa, medía cada detalle de su belleza como alguien que admiraba y evaluaba una valiosa pieza de arte.
Pan no tuvo dificultad en darse cuenta de que él vio y comprendió cosas de ella que nadie antes había visto y que, de alguna forma, muy pocos lograrían alguna vez. Cuando sus ojos acariciaron la negra cabellera, Pan supo que habían descubierto todo el esplendor cuando caían sobre la espalda desnuda. Cuando su mirada se detuvo en el pecho, fue como si él, por el mero gozo de hacerlo, hubiera comparado en su mente cada detalle de la percepción de ese momento con las pálidas redondeces que habían brillado, húmedas, bajo la cálida luz de la luna. Hasta cuando los ojos azules recorrieron toda la longitud de sus amplias faldas, pareció como si en realidad rastrearan debajo de esa plenitud alguna huella de los delgados muslos y pantorrillas a los que alguna vez había tenido acceso.
Pan tembló con las sensaciones que él le despertaba; era como si acabara de acariciarla desde la cabeza a los pies. El calor le encendió las mejillas mientras trataba de liberarse de la esclavitud de los pensamientos del momento. Sin embargo, las impresiones estaban allí, mezcladas con los recuerdos del primer encuentro cuando él la había sacado de las oscuras profundidades de las aguas y ella se había aferrado a él con desesperación, sin darse cuenta del efecto que su cuerpo desnudo tenía en él.
Después de haber tenido un poco más de trato con él, había tomado más conciencia de su masculinidad. Los pechos casi le dolían por la tangible remembranza de ese momento en que había estado apretada contra su cuerpo. Hasta podía visualizar con vívidos detalles el fascinante juego de sus músculos en los hombros, los cordones ondulantes de sus costillas y el vientre plano y macizo, apenas avizorado y, sin embargo, bien definido en su mente, con su fornido pecho que conducía a sus ojos hacia abajo, hacia su puro calor masculino. Ahora, de pie, sometida al escrutinio de su mirada abrasadora, todos sus sentidos se combinaban para recordarle lo que ya había experimentado, aunque no podía comprender la importancia de lo que quedaba por delante. Su mente virginal, enredada en las profundidades de su inocencia, no conocía nada más allá del valle donde hasta ahora había pastado y los cuidadosos pero vagos consejos que su madre le había dado respecto de sus obligaciones como esposa. Era el abrupto abismo que se levantaba como barrera a causa de sus limitados conocimientos lo que la desconcertaba y, sin embargo, la seducía con promesas mucho más provocativas e interesantes que cualquier cosa que su madre le hubiera pintado.
Pan respiró profundamente y luego, con un prolongado suspiro, sacó el aire de sus pulmones. Comprometida a mantener su compostura a toda costa, se irguió hasta adquirir el completo estiramiento de su columna en un esfuerzo por levantar el ánimo y refrescar su febril imaginación y los deseos que se habían transformado en una vibrante excitación. No podía permitirse el lujo de quedar atrapada por querer saciar su curiosidad, o enamorarse sin llevar a cabo su plan de seducción. Sería ya bastante difícil mantener la compostura cuando su pulso galopaba y su cuerpo ardía con el recuerdo de ese momento en que se encontró desnuda en sus brazos.
