Por su vida, pudo ver que no había otra forma de evitar lo que él había iniciado a no ser retirándose de su presencia.
Trunks liberó un suave mechón oscuro que había quedado atrapado debajo de la capa mientras trataba de calmarla con sus palabras.
-Las caricias que te he hecho, Pan, son las mismas que cualquier marido y amante haría a la persona que adora. Son normales en el matrimonio.
- ¡Nosotros no estamos casados! -gruñó Pan.
-¿Te sentirías mejor si lo estuviéramos? - preguntó, y continuó con un candor que la desarmaba-. Parece que tú deseas esta unión tanto como yo, y sin embargo pareces no tener idea de qué debes esperar. Mi querida Pan, si tú me devolvieras el favor de la misma manera, pensaría que se trata de un delicioso aperitivo antes de que la comida esté servida.
Los ojos de Pan se agrandaron para observarlo, asombrada, hasta que Trunks se encogió de hombros y sonrió.
-¿Me consideras imperturbable, Pan? No, mi amor: soy un hombre, y te quiero como un marido quiere a su esposa. Quiero tocarte, amarte, y que tú hagas lo mismo. Dar placer es algo natural en los momentos de intimidad. -Se echó a reír mientras ella se relajaba un poco y permitía que él la acercara a su cuerpo-Pensé que sabías algo de todo esto.
-Nunca antes había estado con un hombre -murmuró Pan, apoyándose tímidamente contra él-. Aunque mi madre me dijo qué podía esperar en el matrimonio, sus instrucciones fueron bastante generales y faltas de detalle. Sin duda pensó que mi marido se encargaría de completar esas omisiones. Estoy segura de que debe de estar dando vueltas en su tumba en este momento. No creo que esto haya sido lo que deseara para mí. Un matrimonio honorable era lo que suponía que tendría algún día.
-Seré tan cuidadoso como cualquier marido -le prometió Trunks con calidez-. No debes tener miedo de que abuse de ti. Al hombre le resulta mucho más placentero que la mujer responda con el mismo fervor que él siente hacia ella.
La apretó contra su cuerpo y se relajó, recostándose en el respaldo del asiento. No hizo ningún otro intento de avance en el carruaje, aunque le resultaba difícil ignorar la suavidad hipnótica que tenía entre los brazos. Sin embargo, parecía que su paciencia aplacaba los miedos de Pan, porque fue ella quien, con un suspiro delicado, se acomodó más cerca de su pecho. Él sonrió de placer, presionando su mejilla contra la frente de ella, y se sintió satisfecho por el momento, con demostrarle su afecto.
El coche se detuvo delante de un edificio de dos pisos que Trunks alquilaba.
Al bajar del carruaje, Trunks dejó a Pan en el suelo delante de él, y, con la ayuda de la traducción de Pan, prometió al hombre una buena suma de dinero si esperaba al final del camino por espacio de dos horas. El vehículo se alejó por el sendero mientras Trunks enfrentaba a Pan. La tomó entre sus brazos y la besó con toda la pasión que había controlado hasta el momento. Luego, entre risas, se apartó y frotó su nariz contra la mejilla de ella arrancándole una sonrisa mientras trastabillaba en su camino hacia la puerta.
La alegría de Trunks estalló de repente, y Pan contuvo el aliento por la sorpresa cuando la apretó contra él y la hizo girar alocadamente. Cuando se detuvo, ella estaba mareada y rendida por completo en sus brazos. Aunque el mundo seguía dando vueltas a su alrededor, la única imagen lúcida parecía ser los ardientes labios de él devorando de nuevo los suyos.
Llegaron a la puerta y Trunks se inclinó un poco hacia un lado para abrir el cerrojo, y luego empujó con el hombro la placa de madera para entrar en la habitación a oscuras, haciéndola girar entre risas mientras daba un puntapié a la puerta para que se cerrara detrás de ellos. Por un momento se puso serio, separó los pies y apoyó la espalda contra una pared cercana mientras la volvía a besar con el mismo amoroso vigor que antes había demostrado. Sus brazos se deslizaron por debajo de las rodillas de Pan, y sus voluminosas faldas se alzaron hasta dejar al descubierto sus muslos cuando sus pies se posaron en el suelo entre los de él.
-Dame un momento para recuperar mi aliento -rogó Pan débilmente contra sus labios, abrumada por tanta pasión.
Trunks la apartó un poco de él, pero reclamó sus manos para depositar en cada una de ellas un beso ardiente. Luego se enderezó y atravesó la habitación para encender unas velas que la iluminaran. Con un ademán desenfadado señaló el cuarto en general, que estaba amueblado con nada más grande y confortable que unas cuantas sillas, una mesa, un escritorio y un par de armarios altos.
Pan se quedó a su lado y miró a su alrededor, consciente de que el tiempo de su seguridad estaba volando con rapidez. Ya estaba en el nido del halcón; sólo sería cuestión de minutos antes de que ella se convirtiera en su presa. Aunque la amenaza de que eso sucediera ya no la atemorizaba, estaba lejos de ser su objetivo.
-Está bastante limpio -observó Pan.
-Le pago a una mujer para que limpie y cocine para mí -admitió Trunks, quitándole la capa de los hombros y depositándola en el respaldo de una silla cercana. Como hechizado por la belleza de su perfecta piel de marfil, se estiró y frotó con una mano su hombro mientras la mirada se escapaba hacia abajo, hacia su vestido. Fascinado por la perfección expuesta ante él, agregó como de pasada-: Viene una hora o dos por día, pero se va antes de que yo regrese, diría que me tiene miedo.
-Tal vez yo también debería tenerte miedo- murmuró Pan con timidez, consciente del brillo de sus ojos y de dónde podía conducirla-. Apenas te conozco y, sin embargo, estoy aquí a solas contigo.
Trunks la besó en la frente mientras le susurraba una pregunta.
-¿Tuviste miedo de mí en la sala de baños?
Pan no encontró fuerza de voluntad para resistirse a las suaves caricias de los labios de él sobre los suyos.
-Estaba muy indignada por tu audacia porque me observaste sin hacer ningún esfuerzo por informarme de tu presencia.
Trunks la miró con una sonrisa juguetona en sus hermosos labios.
-¿Me habrías dejado contemplarte si te hubiera hecho notar mi presencia?
-¡Por supuesto que no! - Sonrió cada vez más cómoda entre sus brazos-. ¿Cómo puedes preguntarme algo así?
-Entonces tal vez puedas entender por qué no quise decirte nada. La tentación de observar tu baño excedía en mucho mi capacidad de resistencia. Aun ahora, me gustaría verte como apareciste entonces y tenerte como lo hice en la piscina. -Continuó acariciando sus labios con breves besos mientras le preguntaba-: ¿Nunca nadie te ha dicho lo hermosa que eres sin ropa?
Pan luchó por liberar la mente del encantamiento de aquellos besos. Consciente de la inquietud que temblaba dentro de ella, se alejó de esos labios y esos ojos que eran capaces de debilitarla con los poderes más cautivadores y persuasivos.
-Como tú eres el único hombre que me ha sorprendido...-respondió por encima del hombro, sintiendo que el pecho de Trunks entraba en contacto con su espalda-entonces debo aceptar tu juicio, cualquiera que sea.
Trunks no estaba decepcionado con su nueva postura, pero le permitía gozar de una irresistible vista de su pecho apenas cubierto. La suave piel brillaba en la tibia luz de las velas encendiendo sus sentidos. Mirando hacia abajo, hacia aquella generosa imagen, habló de acuerdo con lo que observaba.
-Tus pechos son tan dulces como la miel de un panal, y tan suaves y tentadores que me vuelve loco la sola idea de hacerte el amor.
Pan no pudo resistirse al rubor que se adueñaba de sus mejillas mientras dejaba que su imaginación conjurara ese hecho. Si todas las atenciones que él le había prodigado hasta ese momento le habían perturbado tanto, se preguntaba si sería capaz de resistirse al éxtasis de la unión. Pero entonces, volvió a recordar que no estaba allí para ser consumida por su presa.
Trunks se inclinó y depositó un beso en su nuca mientras le preguntaba:
-¿Realmente me tienes miedo, Pan?
-No pensaba así hasta esta noche- replicó ella con honestidad.
Tembló con anticipación cuando las manos de Trunks se deslizaron desde su cintura y se aproximaron a los pechos. Contuvo el aliento, maravillada, mientras los dedos de él jugueteaban con los pezones hasta que se apretaron bajo la tela del vestido. Tratando de restablecer su resistencia debilitada, Pan rió temblorosa y, apartándose de él, le envió una mirada por encima del hombro.
-Ahora estoy segura de que me causas terror.
-Entonces tal vez un vaso de vino pueda calmar tus temores -sugirió Trunks abriéndose la chaqueta mientras caminaba hacia un pequeño armario,
Se quitó la prenda y la colgó del respaldo de una silla. Luego desabrochó la camisa hasta la cintura mientras examinaba varias botellas. Cuando volvió con una pequeña jarra y la bebida que había elegido, Pan se dio cuenta de que no era capaz de ignorar su nueva apariencia. Su mirada se posó en la abertura de la camisa mientras admiraba una fugaz imagen de su pecho musculoso. Recordó el momento en que se había aferrado a él y apenas se había dado cuenta de su pecho fornido. Ahora el recuerdo parecía tan claro y corrosivo para su tranquilidad como el hombre en persona. En todas sus acciones, sin importar lo grande, pequeño o insignificante del movimiento, exhibía una incuestionable masculinidad que, en su opinión, hacía que otros hombres parecieran de algún modo desprovistos de hombría. Había contemplado, con suma curiosidad, a muchos del mismo género en sus numerosos viajes, y estaba segura de que, desde el punto de vista físico, Trunks estaba uno o dos puntos por encima de la mayoría.
Trunks hizo una pausa junto a la mesa para servir el vino y luego se acercó a ella con sólo una jarra. Durante un largo rato acarició los labios de Pan con un suave beso antes de ofrecerle la bebida.
-Lo compartiremos -dijo contra su boca-. Tu sabor la hará más dulce para mí.
Con dedos temblorosos, Pan levantó la bebida y, debajo de su cálida atención, bebió un largo sorbo de su borde. Cuando ella le devolvió la jarra, Trunks terminó su contenido y volvió a acariciar su suave boca con la de él.
Un momento después se separó y miró a Pan, e inclinó la cabeza hacia las angostas escaleras que conducían a un oscuro pasillo.
-Iré arriba a encender algunas velas para nosotros.
Pan levantó su vista dubitativa hacia el vacío oscuro que se extendía por encima de las escaleras.
-¿Qué hay allí?
-Mi dormitorio -respondió Trunks, y levantó una ceja curiosa al verla temblar-. Es más cómodo que esto, Pan. -Con una mano señaló los muebles que los rodeaban-. Como tú misma puedes ver.
-Por supuesto -repuso, aceptando su declaración.
Ahora que se aproximaba con rapidez el momento en que rediría su virginidad en el camastro de Trunks Brief, Pan se dio cuenta de que le quedaba poco tiempo para poder escapar, pero permaneció allí. Aun cuando intentaba calmar los temores que la asaltaban, sentía como si fuera otra persona la que estaba en su lugar, haciendo todo lo que habría condenado dos semanas o un mes atrás. Era un hecho incontrastable que, en un unos pocos instantes, todo lo que ella había alentado con sus juegos de seducción terminaría en la culminación de los deseos de Trunks, no necesariamente los suyos. Afrontaba la verdad de lo que había instigado y le resultaba imposible volver a mirarlo a los ojos.
Trunks era demasiado sensible a los estados de ánimo de la mujer de la que se había enamorado como para no detectar un abrupto cambio en su disposición. Aunque estaba enloquecido por el enfriamiento de su ardor, se le antojaba evidente que Pan no estaba del todo decidida a dejar que él le hiciera el amor. Tenía serias dudas de que sus besos pudieran calmar los miedos que ella estaba afrontando, y le pareció prudente dejarla un momento a solas para que considerara sus opciones.
Resignado a la posibilidad decepcionante de verse privado del dulce solaz de su pasión, Trunks se acercó a las escaleras y comentó por encima del hombro:
-Volveré en un instante.
Pan se enfrentaba a la última posibilidad de oposición a su plan. Con el juego casi en su etapa final, su conciencia había despertado y objetado sus perversos designios, y ahora trataba de destruir su resolución con golpes que parecían demasiado dolorosos para resistir. ¡Honestidad! ¡Integridad! ¡Modestia! ¡Escrúpulos! ¡Virtud! ¡Bondad! Todo lo que su madre y su padre habían valorado en la vida, ella lo estaba reduciendo a un cúmulo de engaños y conductas escandalosas con su mal comportamiento, todo porque quería como marido a un hombre a quien amara. El camino que había elegido distaba mucho de poder ser considerado ético. Había tentado deliberadamente a un hombre que sabía que la deseaba, permitiéndole alcanzar cierta intimidad con ella, y pronto estaría destruyendo las esperanzas de otro que había aspirado a casarse con ella. Su conciencia no dejaba de preguntarse por qué no podía soportar por el bien de su honor lo que otras mujeres no tenían problemas en tolerar. ¿Qué le hacía tan obstinada como para romper las reglas de la sociedad para obtener sus propios fines, destruyendo en el camino a los seres que había lastimado?
Pan se sobrecogió al pensar que Trunks sería el primero entre aquellos herido por su engaño. Por alguna razón no podía seguir considerando que su papel en el plan no tendría mayores consecuencias. ¡Era un ser humano! ¡Tenía sentimientos! ¡Era susceptible a las heridas causadas por su extravagante comportamiento!
¿Qué debía hacer? ¿Cómo podía escapar de todo lo que había planeado?
¡Márchate!
Pan pestañeó dolorida cuando la orden emitida desde la culpa atravesó su mente, y avanzó tambaleándose hacia la puerta mientras sollozos incontenibles le formaban un nudo en el pecho. Se detuvo abruptamente, con el corazón herido, sabiendo lo que su partida supondría. Había algo dentro de ella que la urgía a huir, pero otra voz conflictiva le ordenaba resistir si no quería luego sufrir las consecuencias.
Sus ojos recorrieron la chaqueta que yacía en la silla y Pan gimió en su interior, pues supo que no podía seguir adelante con su plan. El coronel Brief era todo lo que N°18 le había dicho; no se merecía caer en la trampa de una intrigante.
Se tragó los sollozos, pues escuchó que él bajaba las escaleras. Cogió la capa y voló hacia la puerta. Presa del pánico, asió el picaporte lista para escapar, pero en el apuro la manija se rompió en su mano, frustrando sus esfuerzos de partir antes de tener que enfrentarse con él.
-Pan...
Giró al escuchar su nombre y lo miró con lágrimas que enturbiaban su visión. Estaba de pie en el último escalón con una mano en la viga que estaba por encima de su cabeza. Sólo la miraba. Podía ver el dolor en el rostro de Trunks, sentirlo en su corazón; lo lamentaba por él y por ella, pero no lo podía evitar. ¡Tenía que huir!
-No te vayas –le rogó-. No me dejes.
Pan trató de encontrar la fuerza para negarse, pero había enmudecido, y sólo podía abrir y cerrar la boca mientras luchaba en muda agonía por encontrar las palabras que harían efectiva su huida.
-Quédate conmigo... por favor...
Su llamada le atravesó el alma y su corazón se hizo trizas. La capa se deslizó de su mano mientras ella caminaba, titubeante, hacia él.
-¡Debemos darnos prisa! ¡Es urgente que me vaya...!
De pronto, Pan lo encontró de pie delante de ella, levantándola en sus brazos mientras ella se aferraba a su cuello. Pareció que sólo tres pasos habían bastado para encontrarse arriba. Al entrar en el dormitorio, él la depositó al lado de una enorme cama.
La boca de Trunks se hundió en la de ella en un beso salvaje y posesivo que la atravesó como un rayo en medio de una tormenta. Sus emociones eran como una flecha incendiaria que recorría a toda velocidad sus sentidos, quemándolos a su paso. No había modo de detener ese vuelo ahora que su pasión se había desbocado, pues se dirigía sin pausas hacia su objetivo, hundiéndose en el corazón del hombre que la deseaba.
Los dedos de Trunks desataron los lazos que sujetaban el vestido por la espalda, y en un segundo estaba deslizando la prenda junto con la camisa para dejar al descubierto el cuerpo sedoso. Siguió el descenso con las manos hasta que cayeron en un blando montículo alrededor de las pantorrillas. Estaba tan ansioso de quitarse él también la ropa que se deshizo de ella con gran rapidez, mientras Pan esperaba tímidamente en el borde de la cama sacándose las medias. Subrepticiamente observó cómo se desvestía Trunks, permitiendo que su mirada vagara por su cuerpo mientras se pasaba una mano por la frente para ocultar su escrutinio. Los hombros anchos y musculosos, la cintura estrecha, el vientre plano, todo era tal como lo recordaba, pero era la audaz evidencia de sus deseos lo que provocó que el rubor cubriera sus mejillas.
Consciente de aquella mirada, Trunks se acercó y le retiró el brazo del rostro para poder verla mejor. Aunque podía detectar el sonrojo, trató de tranquilizarla en un susurro.
-No tienes que avergonzarte de nada, Pan. Te doy permiso para que me mires Hasta puedes tocarme si lo deseas.
Pan lo miró dolorida, incapaz de comprender del todo su imperturbabilidad. Parecía no importarle su desnudez.
Trunks se encogió de hombros al percibir su incomodidad.
-No estoy avergonzado del hecho de ser un hombre y de quererte, Pan. Te daré todo lo que soy.
Sus ojos se encendieron con una llama más brillante cuando se entregaron por entero a la deleitosa actividad de observarla. Le tomó de la mano y la acercó a él hasta que sus suaves senos chocaron contra los músculos endurecidos en su pecho. Comenzó a recorrerla con los pulgares hasta dejarla sin aliento con sus voluptuosas caricias. Luego la besó con una ferocidad que le impidió respirar.
Pan apoyó, cauta, las manos en sus anchos hombros mientras él la levantaba del suelo y la apoyaba íntimamente contra él. Su postura era mucho más deliberada que la de la sala de baños; sin embargo, él no hizo ningún intento de atravesar la frágil barrera mientras jugaba con lentos movimientos provocativos en su cadera. El calor que emanaba se expandía a través de las fibras de sus sentidos y su aliento se entrecortaba a medida que la excitación crecía en su interior haciéndola temblar de éxtasis.
Trunks volvió a dejarla en el suelo mientras comenzaba a recorrer con sus besos los pálidos pechos. De pronto, Pan no supo dónde poner las manos, y casi en un ansioso frenesí empezó a frotarlas con dureza contra su pecho, sintiendo los músculos firmes debajo de sus palmas. Siguió buscándolo con los brazos hasta que se detuvieron en las caderas en un intento por calmar el indescriptible vacío que pedía a gritos ser saciado, pero no encontró alivio. Con los dientes apretados por la frustración, deslizó una mano entre los dos cuerpos con un propósito audaz, y casi cortó la respiración de su amante.
-¡Date prisa! – le urgió, arrastrándolo con ella a la cama.
Cualquiera que fuera el instinto que la guiaba, por encima de todo estaba el pánico de ser descubierta por N°17.
-Ten cuidado, Pan –advirtió Trunks con voz ronca. Había sido llevado hasta el límite de su control y no estaba seguro de poder resistir mucho más ese delicioso tormento-. El placer es demasiado dulce. NO puedo contenerme por mucho tiempo.
Abandonándose, Pan se estiró encima de la cama y se retorció con sensualidad sobre la fría sábana para hacerle un lugar a él. Trunks la siguió, apoyándose en una rodilla a su lado y devorándolo con el fuego de sus ojos, como si quisiera capturar la totalidad de su belleza antes de inclinarse sobre ella y cubrir sus labios separados con su boca, besándola con tal al pasión y el deseo de un hombre famélico a punto de alcanzar el tan ansiado alimento. Deslizó un brazo por debajo de su cintura, la levantó un poco y luego se estiró contra su suavidad de seda, separando los muslos mientras sus estrechas caderas descendían entre ellos. Pan se puso tensa, esperando el momento en que el dolor la inundara, pero él le susurró palabras de alivio mientras sus labios acariciantes recorrían la frente de ella.
-Pronto habrá pasado todo. Trata de relajarte.
Aún temerosa del instante en que Trunks franqueara la barrera, Pan apartó el rostro y trató de dominar sus temblores mientras él la penetraba probando el delicado y resistente escudo. Un dolor ardiente se expandió por su bajo vientre y dio un salto hacia arriba, haciendo que Trunks perdiera el pequeño terreno que había conquistado. Arrastrado por su incontenible deseo, casi la hundió hacia abajo para completar su entrada, pues estaba temblando hasta en lo más íntimo de su ser. Pero con un gran esfuerzo de control, refrenó los instintos que se habían apoderado de él. Se retiró, permitiéndole un momento para calmarse y comenzó a besarla y acariciarla de nuevo, aunque tuvo que poner a prueba su fuerza de voluntad para mantener esa actitud caballerosa.
-Lo siento –susurró Pan entre lágrimas-. Lo siento.
-Shhh, amor –la tranquilizó Trunks, acariciando la sueva piel acalorada.
Esta vez Pan se rindió a él, totalmente avergonzada de haber actuado como una estúpida cobarde cuando había deseado la consumación con tanto fervor como él.
La mano de Pan se apoyó, tentativa, en su pecho.
-¿Puedo volver a tocarte?
-Todavía no, amor –respondió Trunks, perturbado por el dolor de su creciente excitación-. Relájate y deja que yo te dé placer, luego yo tendré mi parte.
Pareció que sólo pasó un momento antes de que Pan descubriera que su dolor y su vergüenza se habían eclipsado por la excitación que él había despertado en ella. Abrumada por el placer de sus caricias persuasivas, comenzó a temblar y a suspirar con los ardientes besos que la recorrían, hasta que extrañas sensaciones la atravesaron en crecientes oleadas. Trunks continuó con su magia hasta que los suaves suspiros de su amada se transformaron en jadeos y comenzó a retorcerse debajo de sus caricias. El deseo se adueñó por completo de ella y, sin darse cuenta, comenzó a empujarlo hacia sí y a arquear sus caderas contra él.
Trunks sintió surgir en él la necesidad de apresurarse y estaba temblando casi tanto como ella cuando sus manos le aferraron las caderas para alcanzar por fin el momento tan esperado. Pero un sonido distante llegó de repente despertando su mente con brutalidad.
