Trunks sintió surgir en él la necesidad de apresurarse y estaba temblando casi tanto como ella cuando sus manos le aferraron las caderas para alcanzar por fin el momento tan esperado. Pero un sonido distante llegó de repente despertando su mente con brutalidad.
-¿Qué pasa? –susurró Pan mientras él levantaba la cabeza para escuchar.
Sus ojos se agrandaron al oír los cascos de los caballos que se detenían fuera de la casa.
-¡Viene alguien! –respondió Trunks, sorprendido por la intromisión inoportuna.
Pan gimió con desesperación cuando él se apartó de ella y rodó hacia el borde de la cama. Recogió sus ropas, se puso un par de calzas, las alzó hasta la cadera, apurado.
-¡Vístete, Pan! –le ordenó-. ¡Date prisa!
Ella sólo podía mirarlo, helada por la súbita revelación de lo que había hecho. A pesar de su cambio de idea, todo estaba ocurriendo exactamente como lo había planeado. En un momento, N°17 ordenaría a sus hombres que tiraran abajo la puerta y Trunks quedaría atrapado en el medio, justo en el lugar donde ella lo había situado.
Al ver su mirada de horror, Trunks la tomó de los brazos.
-Por Dios, Pan, ¿Qué te pasa? ¿No entiendes nada? Hay hombres fuera de la casa y en cualquier momento estarán aquí. ¡No podemos defendernos si tú estás aquí así, desnuda!
La arrastró fuera de la cama y la puso de pie mientras reunía sus ropas. Las arrojó sobre la cama cerca de su alcance y le alcanzó la camisa en el mismo momento en que duros puñetazos sacudían la puerta principal y una voz atravesaba la barrera.
-¡Coronel Brief! ¡Debo hablar con usted!
-¡Levanta los brazos! –ordenó Trunks a la azorada Pan en un susurro ansioso, ignorando por un momento las palabras que provenían del exterior. Pan acató la orden, y él le colocó la camisa en la cabeza y luego la deslizó por el cuerpo.
-Sé vestirme sola –declaró, recuperando sus sentidos mientras tomaba conciencia de que los de Trunks se apresuraban a cerrar los pequeños botones entre sus pechos-. ¡Será mejor que te vistas y te vayas!.
-¿Qué? ¿Y dejarte aquí sola frente a esos hombres? – Trunks se echó a reír sin ganas, negando la posibilidad-. Si llego a irme, Pan, te llevaré conmigo.
Desde abajo, se escuchó la rotura del cerrojo acompañada de una pregunta.
-Coronel Brief, ¿está ahí?
Era obvio que la puerta no cedía con facilidad pues se oían golpes contra el pomo. Los empellones comenzaron a actuar sobre las planchas de madera exigiendo la entrada.
-¡Coronel Brief, sabemos que está ahí!
Trunks se acercó a la puerta de su dormitorio y gritó hacia abajo.
-¡Bajaré en un momento!
-¡Debe venir ahora mismo, coronel! –se escuchó la abrupta réplica-. Sé que la condesa Son Pan está con usted. Si no abre de inmediato esta puerta, mis hombres la romperán.
-¡N°17! – susurró Pan. Al encontrar la mirada inquisidora de Trunks, se sonrojó y levanto los hombros en un gesto de dolor-. Ha contratado hombres para vigilar la casa de N°18.
-¡Por Dios, Pan! ¿Por qué no me lo dijiste antes? Podríamos haber ido a otra parte.-Trunks la sentó con delicadeza en la cama-. Ahora ponte los zapatos. ¡Tenemos que salir de aquí!
Al ver ahora una posibilidad de escapar a las consecuencias de su plan y, por lo tanto, una razón para apresurarse, Pan obedeció de inmediato, mientras Trunks se apresuraba a vestirse. Se puso la espada, la cogió de la mano y se encaminó hacia abajo. Hizo una pausa para estimar las consecuencias de otro ataque contra la puerta de entrada y estimó el tiempo que quedaba antes de que las planchas cedieran. Luego recogió la capa de Pan del suelo y, envolviéndola alrededor de los hombros, se dirigió con ella hacia la puerta trasera.
Desenvainó la espada, hizo un gesto con su dedo contra los labios y le indicó sin palabras que se quedara allí. Tras comprobar que su seña había sido comprendida, deslizó con cuidado el cerrojo y abrió la puerta. Su paso fue lento, cauto y sin ruidos cuando atravesó el portal. Hizo una pausa con la espada preparada y escrutó las sombras con detenimiento. El atacante había trepado a un par de barriles de madera que se apoyaban contra la casa. El grito del hombre atrajo el sonido de pies en movimiento mientras Trunks preparaba su próximo golpe, pero cualquier esperanza de escapar con Pan se disolvió al ver que una docena de hombres se aproximaban desde la esquina de la pequeña casa. Trunks se replegó al instante, cerró la puerta de un golpe y echó el cerrojo.
-¡Sube! – Sacudió la cabeza en dirección al dormitorio-. ¡Trataré de mantenerlos a raya!
-¡Pan, haz lo que te digo! – urgió Trunks-. ¡No voy a dejarte sola!
Frustrada por el tono autoritario de sus palabras, Pan cerró los puños y trató de convencerlo de nuevo, levantando la voz para que se escuchara por encima de los golpes de ambas puertas.
-¡Haz el favor de escucharme, Trunks! ¡Sé lo que estoy diciendo!
-¿Qué? ¿Y darle a N°17 la oportunidad de que te viole antes de que te lleve a un lugar seguro? ¡Haz lo que te digo!
Gruñendo de desesperación, Pan subió las escaleras en el mismo momento en que la puerta de entrada caía a raíz de los golpes y varios hombretones penetraban tambaleando detrás de ella. Esa entrada apuró la huida de Pan, aunque pudo escuchar a N°17 desde una distancia segura detrás de la primera batería de hombres. Trunks saltó para cubrirle la retirada con la larga espada desenvainada.
-¡Atrapadlo! – ordenó N°17 apuntando con el dedo al coronel Brief.
Trunks se echó a reír burlándose de él.
-¿No sabe cómo hacerlo usted mismo?
Una media docena de hombres se adelantaron para cumplir la orden, pero se replegaron de inmediato por el dolor de las heridas que su oponente les infligió.
-¡Habrá una importante recompensa para quien capture a este bribón!
–Prometió N°17, enfurecido por la tenacidad de Trunks-. ¡Vosotros lo queríais! ¡Ahora está aquí! ¡Haced con él lo que él hizo con vosotros y con todos los que os acompañaban!
Trunks no tuvo posibilidad de responder cuando una docena de tipos musculosos se abalanzaron sobre él forzándolo a replegarse escaleras arriba. Al llegar al piso superior, cerró la puerta de un golpe detrás de él, y empujó un armario grande y pesado contra la puerta para reforzar la resistencia de las planchas. Pan lo miraba azorada mientras él recorría la habitación hasta llegar a la ventana y romperla de golpe. Con una de las sábanas hizo un nudo en uno de los extremos y se colocó al lado de la abertura para observar la pequeña cornisa que había debajo de la ventana, así como el suelo mucho más abajo. Con una seña, Trunks le ordenó que se acercara.
-Te bajaré al suelo desde la cornisa, y luego yo bajaré detrás de ti.
Miró hacia la puerta, donde se escuchaban golpes cada vez más sonoros, y levantó la voz un poco hasta llegar a un susurro audible que fuera escuchado por encima del escándalo.
-Si no logro bajar, corre hacia el carruaje y pídele al cochero que te lleva a casa de N°18. ¿Me entiendes?
-Sí, Trunks, pero te suplico que te marches antes de que te atrapen.
Trunks no respondió; la tomó entre sus brazos y la sacó por la ventana, sosteniéndole la mano mientras ella se balanceaba con en la cornisa. Pero luego, escuchó una risa estridente procedente de abajo. Trunks se inclinó y vio a un hombre musculoso y alto que caminaba hacia la ventana con los brazos extendidos.
-¡Ja, ja! ¡Coronel Brief! Volvemos a encontrarnos, ¿eh? ¡Gracias, por entregarme a la muchacha en los brazos-. La pequeña palomita es dulce y sabrosa, ¿no?.
-¡Broly! – susurró Pan conmocionada, y dirigió su mirada hacia Trunks que estaba maldiciendo entre dientes.
-¡Esto significa que Black está aquí también! – murmuró-. Debo cuestionar el tipo de amigos con que se asocia el príncipe N°17. –Ayudó a Pan a pasar otra vez la ventana y ponerse de pie-. Me temo que el príncipe se ha asegurado de que no podamos escapar contratando a esos bandidos para que me atrapen. Puedes tener la certeza de que tienen sed de venganza, un hecho que no se le pasó por alto a N°17 cuando fue a buscarlos.
-¿Cómo sabía dónde encontrarlos? –preguntó Pan confundida.
-Es una pregunta que pienso hacerle a N°17 si tengo oportunidad.
-Tendrás más oportunidades de escapar sin mí –replicó Pan, deslizando su mano dentro de la camisa abierta y apoyándola en su pecho musculoso-. ¿Lo intentarás? Te lo aseguro, N°17 no permitirá que esos hombres me hagan nada, no mientras exista una posibilidad de que el zar Piccolo lo descubra...
Trunks rechazó la idea.
- N°17 quizá no tenga ocasión de hacer algo si Black está con ellos. Ese bandido ya quiso poseerte antes. No se detendrá hasta que se asegure de tenerte esta vez.
-Por favor, ¡escúchame, Trunks! No me gusta la idea de quedarme con N°17 o con Black, pero si me dejas y buscas ayuda, entonces tal vez puedas planear un contraataque y liberarme. Ya me liberaste de los brazos de Black una vez. ¿No puedes hacerlo de nuevo?
Trunks levantó una ceja pensativa mientras consideraba la sugerencia. Era cierto que, si los capturaban a los dos juntos, no podría llevar a cabo su rescate contra una fuerza tan abrumadora deseosa de atraparlo.
-Quizá pueda arreglar algo así. Algunos amigos míos viven cerca de aquí. Oficiales ingleses. Si puedo salir, ellos me ayudarán.
En medio del bombardeo ensordecedor, la madera que rodeaba el picaporte comenzó a astillarse y Trunks, decidido, asió la espada. Mientras guardaba el arma, las pequeñas manchas rojas que resaltaban en la blancura de la sábana llamaron su atención. Hizo una pausa por un breve instante para considerarlas antes de volver a dirigirse a Pan.
-Pronto volveré para terminar lo que comencé –le prometió en un tibio susurro, y depositó un beso apresurado sobre sus labios-. ¡Cuidate!
Pan luchó contra un torrente de lágrimas y le ofreció una valiente sonrisa.
-¡Ten cuidado!
Trunks le devolvió la sonrisa, se apresuró hacia la ventana y dijo por encima del hombro: -Puedes decirle tanto a N°17 como a Black que los mataré si te ponen una mano encima.
Pan voló hacia la ventana para observar cómo salía por la abertura y se sostenía en la cornisa. Desde allí, con los pies bien abiertos para conservar el equilibrio, puso los dedos en su boca y, para gran sorpresa de Pan, silbó con todas sus fuerzas, atrayendo a Broly. El gigante musculoso miró hacia arriba mientras Trunks le sonreía y se burlaba de él con una cortesía.
-Qué suerte que acudiste a mi llamada, Broly. Ahora, atrápame si puedes –lo provocó con una risotada y, saltando de la cornisa, se lanzó directamente contra el bandido, que cayó hacia atrás, estupefacto.
Pan se tapó la boca con una mano para contener un grito asustado, pero cualquier sonido que pudiera haber escapado de su boca se vio empañado por los ruidos inarticulados que emanaron de la garganta de Broly. Sus gritos se convirtieron en un gruñido ensordecedor que terminó abruptamente en el silencio bajo el peso de Trunks.
Como Trunks había esperado, su osado salto fue aplacado por la masa corporal del ladrón, y, sin perder tiempo, descargó un poderoso golpe en la mandíbula de Broly, que ya estaba atontado, dejándolo completamente sin sentido. La enorme cabeza cayó hacia un lado sin fuerzas cuando Trunks se prevenía de la respuesta del bribón. Satisfecho, se puso en pie de un salto y quitó el polvo de sus ropas como si lo que acabara de hacer fuera algo normal. Se dio la vuelta con una sonrisa ladeada y volvió a hacer una cortesía galante pero esta vez hacia su amada Pan, que lo contemplaba boquiabierta desde la ventana del cuarto.
El armario comenzó a deslizarse hacia dentro, y un momento después Pan giró para ver a los hombres que se abalanzaban dentro de la habitación. Black los guiaba, pero se detuvo en cuanto entró, y comenzó a recorrer con sus ojos cada centímetro del dormitorio en busca del inglés. Caminó hacia la cama, reflexionó un momento antes de posar su mirada en Pan, y luego en las sábanas que colgaban de la ventana. Cruzó la habitación con pasos largos, se inclinó por la abertura y miró hacia abajo, hacia la forma que se escurría en el suelo.
Pan levantó el mentón e hizo el mejor intento de mostrar una actitud altiva cuando se le acerco con una sonrisa.
-Es demasiado tarde –anunció-. El inglés se ha ido.
-Puedo verlo con mis ojos, condesa. También puedo ver la hermosa joya que ha dejado atrás. –Los ojos oscuros recorrieron su figura cubierta por la capa. Se acercó para tomar entre sus dedos un mechón suave que caía sobre la frente de Pan. –Has permitido que mi enemigo se alimentara con tus ricos tesoros, hermosura. Te perdonare por eso, pues es evidente que hay mucho para compartir, pero primero debo saber adónde ha ido.
-¿Y de verdad crees que voy a decírtelo? – preguntó asombrada.
N°17 atravesó la puerta, seguro detrás de una horda de ladrones.
-No pierdas el tiempo tratando de conseguir una respuesta de ella –le espetó-. Nunca te dirá adónde ha huido su amante. Tendrás que averiguarlo por ti mismo. –Se dio la vuelta, y con un chasquido de sus dedos envió a los bandidos en busca del coronel-. ¡Recordad! –les gritó-. ¡Una suculenta recompensa al que lo atrape!
N°17 esperó hasta que todos se hubieran retirado de la habitación, y luego miró desafiante a Black.
-¿Y? ¿Dejarás que tus hombres rastreen solo el área o irás a buscarlo tú mismo? – Arqueó una ceja mientras trataba de ridiculizar a Black-. ¡No me digas que le tienes miedo!
Black desdeñó la broma de N°17.
-Aquí hay un solo cobarde, y estoy mirándolo.
Los ojos de N°17 se encendieron de ira con el insulto.
-Por lo que he escuchado, saliste corriendo cuando el inglés apareció en escena.
-Ten cuidado –le advirtió Black-. Nadie echaría de menos a un boyardo en la ciudad.
Pan observaba a los dos con la esperanza de que se enzarzaran en una violenta discusión y se olvidaran de Trunks el tiempo suficiente como para asegurar su huida. Sonrió provocativa.
-El hombre que contrató no muestra demasiado respeto por su posición, N°17. ¿Hace mucho tiempo que trabaja para usted?
El señor de los ladrones bufó de un modo audible al escuchar la pregunta.
-Black no trabaja para nadie. Tu precioso príncipe salió de Moscú para buscarme cuando hice saber aquí en la ciudad que estaba buscando el paradero de cierto inglés. De otro modo, no estarías viéndonos juntos.
-¿Tienes intención de matar a Trunks? –preguntó preocupada.
-Dejaré que el príncipe cumpla con su cometido y después será mi turno –replicó Black y le sonrió burlón-. De todos modos, condesa, después de que hayamos terminado con el coronel, te quedará muy poco de qué disfrutar.
-¡Si es que logras atraparlo! –interrumpió N°17 con rencor-. Estoy seguro de que esta demora te costará su captura.
-Te prometí que lo atraparíamos, y eso haremos.
Con estas palabras, Black giró sobre sus talones y salió de la habitación. Unos momentos después su voz se escuchaba fuera de la venta. Daba severas órdenes a Broly, que se recuperaba de su estupor.
Con desprecio, N°17 echó una mirada a la habitación. Luego sus ojos se encendieron al ver las pequeñas manchas de sangre en la sábana. Furioso, giró hacia Pan y le cruzó la mejilla con el revés con la mano haciéndola tambalear por la habitación hasta chocar contra la pared.
-¡Perra! ¡Así que es verdad! ¡Te has entregado a ese sinvergüenza!
Pan temblorosa, se palpó la mandíbula y el labio inferior que sangraba. Apenas era consciente de la sangre que goteaba de la comisura de sus labios, pero ignoró el hecho mientras enfrentaba al príncipe con frío desprecio.
-En un momento me habría entregado al coronel Trunks Brief sólo para hacer fracasar sus planes, pero a partir de ahora, buscaré su compañía con todo mi afán. Sin duda, es más hombre de lo que usted jamás podría ser.
-¡Y todavía lo llamas por su nombre! ¡Verás cómo paga por esto! –gritó N°17, inflamado por su desvergüenza. Su orgullo había sido sometido a una dura prueba, pues ella había llevado a un extranjero a su lecho después de haberle negado ese mismo privilegio-. ¡Me encargaré de que sufra los peores tormentos por tu causa!
-Primero tendrá que atraparlo, y la verdad, no creo que usted o sus contratados tengan la suficiente destreza como para lograrlo –opinó cáusticamente Pan.
-Yo tengo una opinión diferente, querida. –N°17 hizo una mueca de desprecio-. Mira, Black y sus hombres odian al inglés casi tanto como yo. Será sólo cuestión de tiempo antes de que el buen coronel caiga en sus manos. Lo esperarán hasta que aparezca, luego se arrojarán sobre él como si fuera un perro rabioso que se ha liberado de su jaula. –El príncipe se acercó a ella y rió en su cara-. Una vez que lo tenga en mis manos, me aseguraré de que recuerde esta noche para siempre. Antes de que termine con él, provocaré que no le quede piel en la espalda y luego me aseguraré de que nunca vuelva a acostarse contigo o con ninguna otra mujer mientras viva.
A cierta distancia de la casa, un grupo de árboles que crecían cerca de un estrecho camino de tierra aseguraba una densa oscuridad, y allí había hecho una pausa Trunks antes de aventurarse a través de la extensión descubierta que tenía por delante. Con cuidado miró a un lado y otro del sendero, luego analizó el área que lo bordeaba. No había ninguna imagen oscura o sombra que se moviera más allá del matorral, ni siquiera el cochero que había detenido el carruaje un poco más lejos. En silencio, Trunks desenvainó la espada y, sin incorporarse, se movió hacia el límite del área arbolada mientras volvía a analizar el terreno. Era incapaz de dejar de lado una sensación de incomodidad que se había adueñado de él desde la entrada en aquel soto, pues le parecía que algo no funcionaba a pesar de la apertura del espacio que tenía por delante. Sin embargo, era incapaz de detectar un movimiento o siquiera un cambio en la forma de las sombras que pudiera alertarlo de la presencia de alguien. Pero era un hombre que había aprendido a prestar atención a sus sentidos cuando le advertían de un peligro. Por precaución, dio un paso hacia atrás, y estaba a punto de emprender la retirada cuando un dolor repentino explotó dentro de su cabeza. Cayó de rodillas y lentamente, todo fue tornándose gris. A través de las tinieblas, tuvo la conciencia vaga de que una forma oscura se detenía cerca de él y de que un brazo se levantaba por encima. Pero sus facultades estaban seriamente dañadas y no tuvieron rapidez para reaccionar cuando volvieron a golpear su cabeza. El golpe oscureció las pocas sombras que veía convirtiéndolas en una noche cerrada.
...
En el silencio de la noche, un ruido creciente captó la atención de N°17, que levantó la cabeza para escuchar el sonido de ruedas y cascos trepidantes que anunciaban la cercanía de un coche y una enorme partida de jinetes. Gritos y órdenes acompañaron la llegada del vehículo y su escolta delante de la casa del coronel, y un momento después, se escuchó la voz de Black desde abajo.
- Puede venir, Su Alteza Benemérita. – El desprecio de su voz era demasiado evidente para no ser detectado. - ¡Hemos atrapado al inglés!
Las palabras del gigante hicieron trizas la confianza de Pan, cuyo corazón se heló de miedo. Estaba tan segura de que Trunks escaparía, pues su habilidad parecía superar a la de la mayoría de los hombres, pero ahora lo único que podía hacer era temblar en espera de lo que N°17 y los asaltantes de caminos pudieran intentar.
- ¡Ahora verás! – N°17 se regodeó en su triunfo con una risotada.
Tomó del brazo a Pan con crueldad y la arrastró detrás de él escaleras abajo. El coche alquilado se había detenido delante de la casa, donde Black ahora esperaba con Broly y varios de sus hombres. Otra veintena de bandidos o más estaban montados en sus caballos detrás del coche.
Enfrentada a la vastedad del número de hombres contratados, Pan entendió por qué Trunks no había tenido éxito. Había suficientes ladrones como para formar una tela de araña humana alrededor de una amplia área, reduciendo las posibilidades de escape. Era evidente que N°17 había prometido a Black y a sus hombres una buena paga para que llevaran a cabo sus órdenes de un modo u otro.
Los largos dedos de N°17 sujetaron con fuerza el brazo de Pan y le causaron un agudo dolor mientras la empujaban contra el vehículo. Con una mano apoyada en la pared exterior del coche, se inclinó hacia ella e hizo una mueca de satisfacción al apretarle la delgada muñeca, haciéndola retorcerse en silencioso dolor.
- Te advierto, mi pequeña. Si intentas algo, te prometo que todo será peor para él.
Al ver la intimidación, Black se colocó al lado de ellos, y con una mirada cínica contempló con fijeza al boyardo hasta que logró conseguir su atención. Luego, divertido por la mirada molesta del príncipe, le sonrió y abrió la puerta del carruaje.
-Su presa está dentro, gran príncipe N°17 - le anunció señalando con el pulgar - . Está bien atado, como un pavo que espera ser puesto al asador, justo como usted lo quería. Ahora no hará más daño.
-¡Excelente! - exclamó N°17 con vigor.
Con una mezcla de terror y repulsión, Pan se soltó de la mano tenaz de N°17 y lo empujó con todas sus fuerzas logrando tomarlo por sorpresa. El príncipe se tambaleó hacia atrás, y Pan se dio la vuelta sin perder un momento para escurrirse en el oscuro interior del coche. De inmediato, N°17 recuperó el equilibrio y a gritos ordenó a los bandidos que aseguraran las puertas del otro lado para que no escapara y se lanzó también al interior del vehículo. La tomó del brazo para detener su huida, pero pronto se dio cuenta de que no había necesidad de usar la fuerza.
La imagen de Trunks tan rígido como un muerto congeló la mente de Pan con un horrible temor. Con un gemido de desesperación, se hundió de rodillas al lado del asiento en que yacía el coronel, de lado con las muñecas y los tobillos atados y ligados con una única soga de cuero. Semejante precaución intentaba restringir al máximo su movilidad contra la amenaza de que lanzara un ataque al despertarse, lo cual le aseguraba a Pan que, al menos, estaba vivo.
Temerosa por la seriedad de sus lesiones, Pan buscó una herida abierta debajo de su camisa y en el torso. Sus esperanzas se vieron por un momento recompensadas, pues no encontró ninguna evidencia. Pero su preocupación se intensificó y se convirtió en pánico cuando sus dedos se deslizaron por el cabello revuelto para tocar una protuberancia hinchada cuyos bordes estaban pegajosos de sangre. Un gemido escapó de sus labios cuando levantó la mano delante de su rostro y contempló la mancha oscura que brillaba, húmeda, en la penumbra.
- Esto es sólo el comienzo - la azuzó N°17, reconociendo sus crecientes temores. Su arrogancia se veía aumentada por el poder que ahora tenía entre sus manos. Mientras el coronel Brief fuera su rehén, podía hacer que Pan se arrodillara ante él para pedirle clemencia. Se prometía que antes de terminar con él la tendría a sus pies. Paso a paso, se vengaría del coronel y la reduciría a ella a una masa temblorosa de temor-. Consuélate, mi querida. Tu adorado coronel todavía está vivo, pero pronto deseará la muerte.
