Consuélate, mi querida. Tu adorado coronel Brief todavía está vivo, pero pronto deseará la muerte.
-¡No puede echarle la culpa por lo que yo hice! - gritó Pan girando de un salto para mirarlo a los ojos.
Sí que puedo, Pan - le aseguró N°17 casi con placer. Levantó sus hombros con indolencia mientras el coche se ponía en movimiento. Hasta en la luz plateada de la luna, podía ver las lágrimas que le humedecían los ojos y creaban canales brillantes en su rostro. Lo irritaba más allá de toda medida que ella pudiera demostrar tanta preocupación por el coronel Brief cuando no había sentido el más mínimo remordimiento por las heridas que le había infligido a él. Todavía su nariz era sensible al tacto, para no mencionar el pequeño promontorio que se le había formado sobre la cabeza-. El coronel Brief me ha quitado un placer muy especial que me había reservado, querida, y por esa razón, voy a hacerlo pagar. - Rió sombríamente mientras se inclinaba hacia ella para prometerle: - Y tú serás testigo de todo, mi hermosa Pan, como parte de tu castigo.
Los ojos oscuros se helaron de odio.
- ¿Reservada para usted, N°17? Pensé que su intención era guardarme sin mancha para el príncipe Nappa.
- Le habría permitido a su esposo el primer bocado, pero no sé, tal vez no.
Pan contuvo la lengua, sabiendo que sólo lo provocaría más si ventilaba los epítetos que consideraba justos. Con la idea de sentarse a su lado, levantó la cabeza de Trunks con sumo cuidado y se deslizó en el asiento sin preocuparse si su sangre le manchaba el vestido al acomodarlo sobre su regazo.
- ¡Qué gentil y dulce eres con él! - la ridiculizó N°17 - . Una vez que informe al coronel que no fue más que un peón en tu frívolo juego, estoy seguro de que se sentirá en deuda contigo. Sin duda querrá hacerte un homenaje por tu astuto plan cuando le arranque de su ingle las joyas de su masculinidad.
Pan se llevó una mano temblorosa a la garganta y apartó el rostro, atormentada por la amenaza y por el papel que había jugado en entregar a Trunks a las manos de su enemigo. Supo que no iba a ser capaz de vivir en paz consigo misma si N°17 cumplía lo que había prometido.
N°17 se inclinó hacia adelante para atormentarla un poco a ver si así podía aplacar parte de su rabia y sus celos.
- ¿Sabes lo que eso significa para un hombre, Pan? - Se tornó explícito y vulgar en sus palabras consiguiendo que ella se ahogara con su aliento y pusiera un gesto horrorizado.- Ya no eres una inocente, Pan, de modo que sabes que lo que digo es verdad. Nunca volverá a tener la misma capacidad, y no podrás echarle la culpa a nadie, excepto a ti misma. Te lo advertí, pero no quisiste escucharme.
Si Pan hubiera sido capaz de mantener la más mínima esperanza de que N°17 escuchara sus ruegos de clemencia, se habría puesto de rodillas delante de él y le habría suplicado que liberara a Trunks, pero era claro que él tenía un ánimo vengativo y no se contentaría hasta que sus amenazas se llevaran a cabo. Sabía que no las hacía en vano y, a pesar de que buscaba frenéticamente alguna forma de que Trunks escapara de esa situación comprometida en que ella lo había metido, era consciente de que con cada vuelta de las ruedas ella y su valiente perseguidor desmayado se acercaban al momento de la verdad.
Cuando el vehículo dobló en el sendero que llevaba a la mansión de N°17, Pan se dio cuenta de que no estaba ni física ni mentalmente preparada para enfrentar la perturbadora masacre que N°17 había planeado para ellos.
Black y sus hombres desmontaron y rodearon el coche, como si esperaran que Trunks estuviera despierto y enfurecido. Probablemente experimentaron un gran alivio cuando lo vieron insensible e incapaz de presentar batalla.
N°17 ordenó a cuatro de los corpulentos ladrones que llevaran al prisionero al establo y que lo colgaran de los cabestros. Como medida de seguridad, Black ordenó a varios más que se quedaran de guardia con sus pistolas preparadas en caso de que el coronel se recuperara antes de que estuviera bien atado.
N°17 apenas consideraba la idea de que Pan pudiera escapar ahora, pues parecía tener la intención de seguir la procesión que él encabezaba. Su atención se centraba en dar órdenes a sus contratados y estaba tan complacido con esta tarea que no notó que una figura se escurría por detrás de unos arbustos mientras él y los hombres de Black pasaban con su carga. Tampoco se dio cuenta de que la pequeña sombra se acercó a Pan y la tomó del brazo para llevarla detrás del mismo arbusto.
¡Milk! - Aunque la palabra emitida no fue más que un leve susurro, Pan podía haber gritado de alegría el nombre de su leal ama de llaves, tan sobrecogedor era el alivio que sintió al ver a alguien que pudiera ayudarla. - ¿Por qué estás aquí todavía?
Como es obvio, querida, Roshi se está tomando su tiempo para venir a buscarme. - Milk miró con curiosidad a los hombres que se alejaban. - ¿Qué está haciendo ese rebelde de Black aquí? ¿Y el príncipe N°17 con él?
¡Milk, debes ayudarme! -Pan no tenía tiempo para responder preguntas. - El coronel Brief está en grave peligro.
Bueno, me lo imaginaba, viendo cómo lo custodian todos esos hombres -comentó Milk con sequedad-. Pero no tengo la menor idea de qué puedo hacer para salvarlo de esos bandidos.
TÚ eres mi única esperanza, Milk, de modo que escucha bien - le ordenó Pan - . Debes irte rápido de aquí y detener el coche en la calle antes de que estos hombres te vean. Una vez que encuentres a Roshi, haz que te lleve de inmediato al palacio del zar Piccolo y urge al guardia que busque al comandante Ten Shin Han. Dile al comandante que Black está aquí en la ciudad y que el coronel Brief está en peligro. Es imperativo que una fuerza de hombres venga de inmediato en su rescate. ¿Me entiendes?
Sí, por supuesto, mi niña - susurró Milk - , pero tengo que irme ahora. ¡Me parece escuchar a Roshi! - Con rápidos movimientos llegó a la calle en el momento en que el carruaje doblaba para tomar el sendero que llevaba a la mansión.
Ahora, con una pequeña esperanza de que Trunks fuera rescatado, Pan tomó sus faldas y corrió detrás de los hombres que se apiñaban en el interior del establo para ver cómo se administraba justicia en el cuerpo del coronel Brief. Habían encendido algunas lámparas en varios lugares y Pan se deslizó a través de una estrecha brecha en las filas de los bandidos hasta que alcanzó el espacio abierto donde se encontraba N°17. El príncipe la enfrentó e hizo una mueca de satisfacción mientras qué con la mano la invitaba a adelantarse.
- Llegas justo a tiempo, Pan. - Le señaló el largo cuerpo suspendido de un cabestro. - Estábamos a punto de despertar a tu apuesto amante con un baño frío. ¿Te gustaría admirarlo un momento más antes de que esté mutilado y dañado para siempre?
La fuerza se escurrió de las piernas de Pan mientras sus ojos corrían en busca de Trunks. Su cabeza colgaba, como sin vida, entre sus brazos desnudos, mientras que sus tobillos estaban separados y encadenados a un par de pesados yunques, colocados a poca distancia de cada uno de los lados. Sólo vestía el par de calzas que llevaba debajo de los pantalones, y su cuerpo estirado hacia arriba.
Pan emitió un gemido angustiado cuando Black levantó una mano y tomó un mechón de cabello y tiró la cabeza de Trunks hacia arriba. Con una mueca de burla la dejó caer de nuevo, y un momento después, un cubo lleno de agua se derramó sobre el rostro de Trunks, llevándolo a un estado de semiinconsciencia. Su cabeza colgaba sin fuerzas entre los hombros mientras el agua caía en cascadas por su cuerpo, mojando las calzas que se le adhirieron por completo al cuerpo. Una vez más llenaron el cubo y lo descargaron sobre el rostro de él. Pero esta vez lograron despertar a Trunks, que no pudo contener su sorpresa. Pequeñas gotas de agua se esparcieron por el establo cuando sacudió la cabeza y miró a su alrededor. Su mirada se suavizó por un momento al detenerse en Pan, pero sus ojos se endurecieron con rapidez al notar el oscuro golpe que le teñía la mejilla y la cortadura que le hinchaba el labio inferior.
-¡Monstruos!
N°17 dio un paso hacia adelante con desenvoltura y acercó una lámpara de aceite a la cara Trunks para verlo mejor.
Muy bien, coronel Brief, por fin nos conocemos.
Evitemos las presentaciones- gruñó Trunks y entrecerró los ojos contra la luz para mirar al hombre con su mirada penetrante -. Ya sé quién es usted. Es el escuerzo que trató de obligar a la condesa Pan a que le brindara placer. Es un cobarde, debe molestarlo sobremanera el pensar que ella me prefiere a mí antes que a usted.
N°17 rió con una mezcla de odio y desprecio.
- Por mucho que a usted le moleste, debo decirle que ella sólo lo usó para conseguir sus propios fines. Hace unos días apenas, la condesa Pan, que estaba a mi cargo, quedó formalmente comprometida con el príncipe Nappa. Juró que se vería degradada por gente como usted antes de someterse al matrimonio. Así que como ve, mi amigo, usted ha sido engañado para que creyera que ella se preocupaba por usted. Fue sólo un ardid que inventó para liberarse de un acuerdo matrimonial que aborrecía.
Trunks tornó sus ojos hacia Pan, sintiendo que el dolor de la traición le penetraba en el corazón como una espada de acero bien afilada. Aunque ella se adelantó abruptamente y luchó en vano por decir las palabras que se le atragantaban en la boca, él supo de pronto que todo lo que había dicho N°17 era verdad. ¡Había sido utilizado! ¡Engañado! ¡Tratado como un tonto! Y ahora tendría que pagar por eso!
Sus ojos azules se alejaron de ella con frialdad y se dirigieron a los rostros feroces de los hombres que lo observaban con detenimiento. Había escuchado las risotadas cuando alguien hizo la traducción al ruso, y ahora que miraba a su alrededor reconocía a varios hombres de su primer encuentro con la banda de Black.
Así que ahora me tiene en su trampa. - Miró a N°17 al hacer esta declaración. - ¿Qué piensa hacer conmigo?
Oh, me he reservado un castigo muy especial, coronel Brief, uno que estoy seguro de que va a lamentar para siempre, pero servirá para recordarle la locura que cometió al mancillar a una boyardina rusa. En realidad, amigo mío, después de esta noche, nunca podrá volver a hacer el amor a otra mujer mientras viva. Después de recibir los merecidos azotes, será castrado y la muchacha estará obligada a mirar.
Trunks apretó los dientes mientras intentaba liberar sus piernas para darle de lleno al hombre en medio de la cara. Un grito de advertencia vino de uno de los hombres de Black, pero los pesados bloques de hierro sólo se movieron un poco y se resistieron a salir disparados hacia adelante a pesar de la enorme fuerza de Trunks. De todos modos, N°17 se alejó a una distancia segura y miró al coronel con ojos que, por un momento, revelaron cierto atisbo de temor. Cuando recuperó su aplomo, N°17 hizo una señal tajante al individuo alto y gordo. Era Majin buu que: parecía que encontraba placer en ser el encargado de castigar a su adversario.
Majin buu portaba un látigo de varias lenguas y se acomodó en un punto atrás, a la derecha de Trunks.
- ¡Prepárate, inglés! –dijo burlón-. Puedo asegurarte que desearás un final rápido cuando termine contigo.
N°17 sonrió en ansiosa anticipación. Separó los pies y cruzó los brazos como un sultán de piel cetrina mientras esperaba el primer latigazo. Majin buu llevó su brazo hacia atrás y sacudió el azote para prepararse.
iN000000! ¡Por favor! ¡No lo haga! - Pan se arrojó a los pies; de N°17 y entre sollozos le suplicó: - ¡Ha ganado, N°17! ¡Me entregaré a usted! ¡Por favor, se lo ruego! ¡Me entregaré a usted! ¡Pero por favor, no lo lastime!
¿Piensas que me conformaré con los restos? - replicó N°17 mientras la miraba - . ¡Fuiste una de las tantas conquistas del coronel, querida mía! ¿No lo sabes acaso? Acostarse con todas las doncellas que se le cruzan por el camino es lo mejor que hace un soldado cuando no está persiguiendo al enemigo. ¡Pero, no! ¡Tenías que entregarte a él! Bueno, ahora no te quiero. Después de esto, en lo que a mí concierne, puedes darle placer a Black y pertenecerle a él. Será el castigo adecuado por ignorar mis advertencias.- Levantó la cabeza y miró, inquisitivo, al jefe de los ladrones. - ¿Qué dices, Black? ¿Será suficiente paga para ti?
La cabeza de Pan dio un salto hacia atrás para observar, con horror, a Black cuyos ojos brillaban sobre una enorme sonrisa - iOh, Mi Elevado Príncipe! - exclamó en tono burlón - . Después de que el coronel haya recibido su merecido, ella será más que suficiente para mí. Sin embargo, mis hombres recibirán oro en pago, como usted lo prometió. Volviendo a enfrentar a N°17, Pan no pudo contenerse. - ¡No se atrevería a cometer semejante acto! El zar...
N°17 interrumpió lacónicamente.
- La condesa N°18 era responsable por usted durante la ausencia de mi esposa. Si ella permitió que usted se escapara con el inglés, y ninguno de los dos volvió a ser visto... entonces la culpa de su desaparición recaerá sobre N°18. Es todo lo que el zar sabrá sobre este asunto.
Sin darle importancia a ella, N°17 inclinó la cabeza a Majin buu que llevó el látigo hacia atrás. Un instante después cayó el arma, en el momento en que una mueca de dolor se dibujaba en el rostro de Trunks y un sollozo escapaba de los labios de Pan que se arrojó entre su amado y el hombre encargado del castigo. Con sus delgados brazos se aferró a la cintura de Trunks y se mantuvo como escudo, atreviéndose, con la mirada a desafiar al resto de los hombres. Pero su protección fue rechazada por el principal interesado.
La furia de Trunks era suprema; vio las sonrisas burlonas de sus enemigos a través de una niebla rojiza de rabia, pero no hubo necesidad de que ellos lo llamaran tonto por haber permitido que Pan jugara con él. El dolor palpitante en su espalda no tenía comparación con el que vibraba dentro de su corazón y su cerebro. Apretó los dientes de un modo casi salvaje y la empujó de su lado con una sacudida de su cuerpo.
- ¡Maldita sea! ¡Vete de aquí! Aunque estos salvajes quieran despellejarme vivo, no aceptaré nada de ti, menos que nada tu piedad y tu protección. En lo que a mí respecta, ¡Black puede poseerte! ¡Con mi más sincera bendición!
N°17 rió divertido mientras contemplaba el hermoso rostro de Pan completamente demudado.
- Parece que ninguno de nosotros te quiere más, Pan. Eso debe de ser una nueva revelación, que no sólo uno, sino dos hombres rechacen tus atenciones. - Tomó un rastrillo y, blandiéndolo como una espada, la alejó más de Trunks, temeroso de acercarse demasiado a él.- Conténtate con que Black todavía te acepte.
Con un gesto imperioso, N°17 ordenó a Majin buu que continuara, pero se retiró a una distancia prudencial antes de que cayera el segundo azote. Cegada por un torrente de lágrimas, Pan trastabilló hasta una esquina oscura donde se recogió en silencio, agonizando de angustia cada vez que la tira de cuero repetía su descenso vengativo. No escuchó ningún sonido, ninguna súplica de piedad o perdón salida de los labios de Trunks, a pesar de que colgaba, indefenso, delante del látigo. Pero cada golpe que se descargaba en la espalda rasgada la atravesaba con la misma crueldad.
Aunque se cubrió la cabeza con los brazos mientras continuaban los azotes, Pan no pudo contener los violentos temblores convulsivos. Había perdido la cuenta de su propio tormento infinito, pero tenía conciencia de la ominosa repetición del castigo. Cada vez que caía el látigo, se estremecía de horror, luego comenzaba a agitarse por el agonizante temor mientras el arma se replegaba para volver a caer. La tensión parecía imposible de soportar.
Trunks colgaba ahora de sus cadenas sin fuerza siquiera para levantar la cabeza, pero su valor y su espíritu no habían sido todavía doblegados. Su demostración de tenacidad inquebrantable capturó la reticente adminiración de aquellos que habían tratado de imponer su propia justicia en su cuerpo. Black y sus seguidores eran una banda de marginales que habían vivido y peleado durante muchos años con el olor de la muerte al acecho. Habían sufrido lo peor que el coronel tenía para darles. Algunos habían muerto bajo su espada, pero había sido un destino honorable, con el arma en la mano. En sus mentes consideraban que el valeroso enemigo merecía la misma consideración. Los azotes se reservaban para perros cobardes y débiles, y como sabían muy bien, el coronel Brief era un guerrero de habilidad y coraje inigualables. Por lo tanto, como un todo, los bandidos dejaron de disfrutar con los latigazos. Por el contrario, comenzaron a murmurar entre ellos, cada vez más agitados cuando N°17 insistió en que le dieran al menos un centenar de azotes más. Treinta marcas ya cruzaban la espalda de Trunks antes de que el castigo por fin cesara, pero sólo fue porque Majin buu que lo infligía arrojó su látigo disgustado y se negó a volverlo a tomar.
-¿Estás loco? - gritó N°17 furioso y atónito a la vez- . ¡Yo soy el que da las órdenes! ¡Y digo que deben continuar con el castigo hasta que diga basta... o juro que no les pagaré!
-¡Le hemos hecho un servicio! - vociferó Black mientras se adelantaba para enfrentarlo -. ¡Nos pagará o morirá!
Broly sonrió y sacó un puñal brillante cuya punta hizo girar entre el pulgar y el índice.
Le sacaremos el pago con el pellejo, del mismo modo que usted quiso que pagara él.
Les pagaré después que lo hayan castrado, ¡ni un minuto antes! - insistió N°17, demasiado furioso por la falta de respeto.
¡Hágalo usted, entonces! - replicó Black con desprecio - . ¡Nosotros no vamos a seguir lastimándolo por tipos como usted! En lo que respecta a nosotros, él ya ha tenido su merecido. Somos hombres de lucha y le concedemos su honor con la espada. Si usted hubiera querido que nos batiéramos en duelo con él, entonces lo habría visto muerto por nuestra espada, pero no a su manera. - Con desdén, el bandido señaló con el mentón la espalda ensangrentada. - Su manera es el castigo de los cobardes sin agallas. El coronel fue apresado y abusado por su decreto, pero escuche bien, ¡él es más hombre de lo que usted puede llegar a ser en toda su vida!
Era la segunda vez en esa noche que N°17 escuchaba ese insulto en particular, lo que lo enfureció todavía más. Luego dio media vuelta y sacó una espada afilada que empuñó hacia adelante hasta el borde de las calzas.
Trunks luchó para protegerse de la mutilación y defenderse, pero en su estado tan debilitado, fue Pan la que se arrojó contra N°17 con feroz determinación. Estaba dispuesta a todo con tal de impedirle lo que se había propuesto, aunque tuviera que aceptar el golpe de la espada con el sacrificio de su propia vida. Lo golpeo en la cara y peleó, enloquecida, tratando de hacerlo a un lado. Cuando él intentó deshacerse de la espada, Pan le clavó los dientes en la mano que portaba el arma. Un grito de dolor escapó de la garganta de N°17. Pero Pan no le prestó atención y siguió apretando los dientes hasta que arrancó sangre de la herida y obligó a que aflojara la presión con que sujetaba la espada que terminó por caer al piso. Liberada, Pan se agachó para recuperar el arma.
Con una maldición, N°17, la tomó de la amplia capa y la hizo girar con todas sus fuerzas, lanzándola hacia un poste bien sólido.
Con una sonrisa satisfecha por su triunfo, N°17 recogió el arma y se dirigió hacia el objeto de sus celos, pero el establo tembló con un profundo grito de rabia cuando Black saltó y arrojó el arma de la mano del príncipe enviándola contra las rústicas planchas del piso.
- ¡Basta! ¡No permitiré que haga algo así! Ahora, ¡quédese satisfecho o me encargaré yo mismo de quitarle a usted su masculinidad!
¡Sucio bárbaro! ¡Cómo te atreves a tratarme así! ¡He hecho que hombres mucho mejores que tú sean azotados y partidos en dos porque se atrevieron a oponerse a mí!
No me asusta, amigo mío - replicó Black con una sonrisa, e hizo un gesto casual por encima del hombro para que sus hombres los rodearan - . Tal vez deba considerar el error de dos maneras. No nos gustan los boyardos como usted.
De pronto las puertas del establo se abrieron de par en par, y Black y sus hombres saltaron de la sorpresa cuando el comandante Then Shin Han entro seguido, al menos, de una docena de soldados armados. Black decidió que era el momento de que él y sus hombres emprendieran una rápida retirada. Una cosa era molestar a un pequeño destacamento de soldados en los bosques, pero otra cuestión muy distinta era luchar contra la guardia del Zar Piccolo, donde innumerables tropas podían estar esperándolos para atraparlos.
No tenía grandes posibilidades de quedarse con Pan, pues sabía por experiencia que llevarla le implicaría otra pelea con el comandante, lo cual, en ese preciso momento, deseaba evitar. Con grandes pasos, recorrió el establo mientras gritaba advertencias a sus compatriotas que escapaban en todas direcciones por cualquiera de las aberturas o puertas disponibles. Lucharon para llegar hasta sus caballos, y una vez montados, no miraron hacia atrás en su carrera por dejar atrás las puertas de la ciudad.
N°17 no fue tan astuto. Dio un paso adelante para protestar por la intromisión en sus asuntos privados, pero se detuvo, asombrado, al reconocer a uno de los que estaba atravesando la barrera de soldados. Sin habla, cayó de rodillas delante del soberano.
¡Su Majestad! ¿Qué lo trae por mi casa a esta hora de la noche?
¡Maldición! - explotó el zar Piccolo mientras sus ojos oscuros recorrían el interior. Reconoció a Pan que, con rapidez, ejecutó una cortesía y notó su rostro herido y su aspecto desordenado antes de acercarse al coronel Brief. Trunks había vuelto a perder la consciencia y pendía de las cuerdas que lo sostenían a los cabestros. No se daba cuenta de la presencia del zar Piccolo, que no pudo soportar la visión de la desnuda espalda ensangrentada.
¡Bajen de allí al coronel ya mismo! – ordenó Piccolo haciendo gestos al comandante Ten Shin Han, que corrió con otros hombres a liberar a Trunks de sus cadenas - . Llévenlo a mi carruaje. Será atendido por mis médicos esta misma noche.
Ten Shin Han miró hacia Pan mientras sus hombres llevaban a cabo la tarea, pero ella no le prestó ninguna atención mientras recogía las ropas de Trunks entre sus brazos y hacia un lío para entregárselo a uno de los guardias.
- Por favor, tengan cuidado con él - rogó Pan a través de lágrimas mientras llevaban a Trunks a la puerta.
Piccolo levantó una ceja mientras tomaba en cuenta su preocupación. Luego se dirigió a N°17 con una pregunta punzante.
- ¿Tenía alguna razón para azotarlo?
Perdone, Su Excelentísima Majestad - farfulló N°17 mientras hacía una reverencia mostrando cierto pesar-. El coronel Brief fue encontrado en su casa con nuestra custodiada, la condesa Son Pan. Él la había mancillado en su cama. Nosotros no podíamos permitir que esta ofensa a una boyardina rusa quedara sin castigo y estábamos en el proceso de administrarlo.
¿Y usted se asoció con ladrones para cumplir con ese objetivo?
- ¿Ladrones, Su Majestad? ¿Cómo puede ser eso?.
¿No sabía con quién estaba tratando?
N°17 trató de hacer el papel de inocente.
Era la primera vez que veía a esos hombres. Dijeron que estaban buscando un trabajo y los contraté para enseñarle al coronel la locura de insultar a una doncella rusa.
Piccolo frunció el entrecejo y se dio la vuelta para observar a Pan, que había conseguido recuperar algo de su compostura.
¿Tiene algo que decir en este asunto, condesa Pan?
Su Majestad... - Habló, suplicante, desde la distancia, como preocupada porque su culpabilidad no irritara al zar. - ¿Me permitiría adelantarme para hablar en defensa del coronel Brief?
Piccolo se acercó.
Venga, Pan. Estoy interesado en escuchar lo que tenga que decir.
Delante de él, se hincó de rodillas y se negó a levantar los ojos, pues sentía la vergüenza y el terrible peso de lo que había hecho y de lo que había generado como consecuencia.
Le pido su más humilde perdón, Su Majestad. No podía encontrar en mí nada que me hiciera aceptar las circunstancias de mi compromiso con el príncipe Nappa y seduje intencionalmente al coronel Brief para que me llevara a su cama. Preferí poner en juego mi virtud en lugar de quedar atada por el contrato matrimonial que habían arreglado para mí. Haga conmigo lo que le parezca, Su Majestad, pues soy la culpable de este desastre que ha caído sobre las espaldas del coronel Brief.
